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46.57% La Leyenda del Scire / Chapter 34: Prólogo: Un destino sólo para ti  

Chương 34: Prólogo: Un destino sólo para ti  

Remia, Isla Rem, Palacio Real - 14 de Mayo - Año 495

 

El olor a podredumbre y humedad era intenso en los calabozos del subsuelo del Palacio Real de Rem. En sus dieciocho años habían sido incontables las veces que estuvo ahí, pero no paraba de caer en el mismo lugar luego de enfrentar a su padre. Este lo golpeaba y lo encerraba por días, una vez llegó a estar un mes entero en ese lugar. Cada vez que sucedía, su corazón no paraba de latir con fuerza en ningún momento... Pero no era miedo, ni cobardía, ni se sentía intimidado por él... Era ira, odio, desprecio... Asco... Era todo lo malo que alguien podría llegar a sentir hacia otra persona, eran unas ganas intensas de destruirlo, de quitarlo de su vida para siempre... Acabar con él, acabar con todo.

Sentía muchas cosas hacia él. Todo, menos amor... Ese sentimiento sólo se guardaba para la única persona que siempre lo sacaba de ese lugar. Y que sufría incluso más que él todo lo que ese hombre le hacía. A él no le importaba salir dañado con tal de protegerla... Pero ella, ella se preocupaba por él, y siempre ponía su vida en riesgo para protegerlo... En vano, porque nada hacía que él parara, y ella... Ella sólo salía dañada... Tal situación hacía hervir la sangre del chico. Ver a su madre en ese estado era lo que más lo motivaba a acabar con todo, a pelear por ella... A sacrificar su vida si era necesario... Pero ella... Quería todo lo contrario.

 —Rygal... ¿Estás ahí?

Recostado en una esquina de la pequeña y fría celda, entre tanta oscuridad y suciedad, ahí la voz de su madre le dio un poco de luz.

 —Mamá... ¿Qué haces aquí? Si él te viera. —Sólo pensar en eso lo hizo estremecerse.

 —Shh... No pienses en eso... Se fue, no creo que venga por algunos días, quédate tranquilo —dijo Linda, abriendo el candado de la celda—. Ayúdame, no puedo abrir la puerta... Está atascada. —Su fuerza no era suficiente, pero cuando la pudo mover un poco, al fin sintió la mano de su hijo posándose sobre la suya.

 —No lo hagas... Vete —dijo Rygal, acercándose a los barrotes de acero.

 Linda quiso llorar cuando vio el rostro de su hijo. Destrozado, el hermoso rostro de su hijo estaba indistinguible, tenía manchas de sangre seca alrededor de sus labios y saliendo de su nariz, sus ojos negros y una cicatriz que cruzaba su frente.

 —Por Sun... ¿Qué te hizo? —preguntó horrorizada.

 —Nada, mamá... Lo de siempre, de todas formas, no importa... ¿Te hizo algo a ti? —preguntó Rygal, acercando su mano al rostro de su madre. No podía ver muy bien, con la oscuridad del lugar y sus ojos medio cerrados apenas podía distinguir la figura de su madre frente a él. Pero cuando la pudo acariciar supo que ella estaba sana y salva—. No te hizo nada... Mejor así —agradeció bajando el rostro.

Se retrajo en la celda y volvió a su lugar. Le tocaría esperar su turno. 

 —Rygal, por favor, déjame sacarte de aquí... ¿Vas a hacerme siempre lo mismo? —protestó Linda.

 —Siempre que hago lo contrario terminas pagando las consecuencias... Él no te hizo nada, mientras esté aquí estás a salvo, y si tengo que estar aquí el resto de mi vida, mejor... No vas a sufrir más, mamá.

 —Te necesito, Rygal... Me siento sola sin ti... No sé qué hacer, no puedo seguir viéndote en ese estado.

Con el apenado pedido de su madre, Rygal abrió la puerta de la celda y se paró frente a ella. Lo último que quería en ese momento era hacerla llorar.

 —Rygal. —Ella alzó su mano hasta tocar el rostro de su hijo, lo acarició y sintió la superficie de su piel áspera. Eran las heridas que todavía no se habían cerrado—. Vamos, te curaré —añadió, tomándolo de la mano.

Rygal sólo la siguió.

 Caminar detrás de su madre no le daba nada de valor, la seguridad de ella siempre fue su prioridad y nunca tuvo la fuerza necesaria para evitar que sufriera los maltratos de su padre. Habían sido unos largos dieciocho años, donde la violencia que vivía en su casa había afectado demasiado su mente. Los pensamientos más oscuros que alguien podría pensar habían estado ahí desde que él se dio cuenta de la realidad de su familia... Un padre golpeador y una madre sumisa. Y culpa del poder e influencia de su padre sobre ellos jamás pudo verse como su igual. Jamás pudo vengarse de él y salvar a su madre... Jamás pudo hacerle pagar por todo lo que le había hecho... Jamás.

 Nació sólo dos años después de que Remia fuera fundada. En ese momento no era más que una isla en crecimiento, apenas algunas viviendas de piedra y calles de polvo, ni siquiera existía el palacio donde comenzó a vivir a la corta edad de cinco años. Este fue construido por su padre y los líderes de las cinco familias fundadoras. La antigua élite del desaparecido Imperio Indil.

 Sus padres se conocieron sólo dos años antes que él naciera, al final de la Cuarta Guerra Mundial. Linda era una joven enfermera nacida en Indil, en esa época sólo tenía dieciocho años. Ella había aprendido el arte medico gracias a su madre, quien también había sido medica de guerra pero que lastimosamente había muerto en un ataque a la frontera este de Fons e Indil. Linda siempre fue una persona altruista, siempre pensaba en los demás, y su vocación de medica fue consecuencia de su mayor deseo: Salvar a la mayor cantidad de personas posibles. Ella le daba un valor especial a la vida de los demás, y siempre que alguien a quien curaba perdía la vida se sentía muy mal, y pasaba días bajó una profunda tristeza. Tal como su madre, ella curaba a los heridos en batalla, aquellos que luchaban contra las potencias de Fons y Bellum Giant. Una defensa comandada por Ryhan Di Rem... El poseedor del Scire. Y cuando al final de la guerra los habitantes que quedaban de Indil se unieron para escapar hacia el norte, más concretamente hacia una isla lejos del Continente Central, ellos lideraron el desembarco en la Isla Rem, ahí se enamoraron, o quizás sólo lo hizo ella... Ya que en ese momento jamás creyó que podría llegar a vivir ese infierno a su lado.

Lastimosamente, la guerra entre Indil y Fons, respaldada por Bellum Giant, tuvo devastadoras consecuencias para los indiles, su cultura y nación fueron erradicados completamente, y junto a ellos, todo su territorio fue tomado por Fons. Apenas quedó una cuarta parte de toda la población inicial. Algunos huyeron hacia el oeste, más allá del Gran Desierto de Infiana, y los demás siguieron a su líder, Ryhan, hacia lo que él llamaría: «La tierra prometida».

 Ryhan y Linda se casaron apenas unos meses después de instalarse, cuando la sociedad de Remia apenas comenzaba a formarse, desde cero. Vivieron bien el primer año, aunque Ryhan no era tan joven como ella, él tenía veinticinco años, todavía no había estado en una relación, así que su primera experiencia se vería con Linda, esa primera experiencia floreció cuando engendraron a Rygal. 

 Hasta que el niño nació todo parecía rosas y colores para Linda. Ryhan no podría considerarse un mal hombre, se había tomado el trabajo de formar un Consejo que liderara al nuevo pueblo remiano, se había proclamado su rey, y se había hecho cargo de todo: Economía, relaciones internacionales, militarismo, y sociedad. Tenía madera de líder, tenía un carisma excepcional para inspirar a las masas, pero eso no lo convertía en alguien infalible, porque detrás de todo, el infierno comenzó. 

 La primera vez que Rygal comenzó a sospechar que algo extraño sucedía en su casa fue con cuatro años. Su madre lo había llevado a la cama como todas las noches, le contó un cuento y le dio un beso antes de dormir, luego se fue, apagando la luz y cerrando la puerta. Rygal se durmió. Esa misma madrugada su sueño se vio interrumpido por varios golpes y gritos, él al principio creyó que estaba soñando, pero apenas abrió los ojos y se despertó completamente estos habían acabado. No le dio demasiado interés, no hasta que al otro día vio el rostro de su madre: «Me tropecé en el baño, cariño», fue lo que ella le respondió cuando Rygal indagó en el motivo por el cual tenía un moretón en el ojo. Ese tipo de mentiras se hicieron frecuentes desde ese punto hacia delante, incluso luego de haberse mudado al palacio, Rygal seguía escuchando los gritos y golpes por los anchos y largos pasillos que eran invadidos por la oscuridad de la noche.

 Seis años... Esa fue la edad que tenía en el momento el cual llegó ese punto de inflexión en su vida. Una noche fría de noviembre no podía dormir, su madre había estado todo el día en cama, al parecer estaba enferma, así que fue una empleada del palacio quien lo llevó a la cama, pero la comodidad no era la misma, él ya estaba acostumbrado al trato de su madre, a su cuento antes de dormir y su beso de buenas noches. Ella estaba enferma, así que lo mejor que se le ocurrió fue ir a su cuarto y esta vez ser él quien hiciera eso por ella. Pero cuando llegó a la puerta de su habitación todo se unió en su mente, y con los gritos de su madre aturdiendo sus oídos se paralizó. La puerta estaba semiabierta, y esa línea que dejaba ver hacia dentro era lo suficientemente ancha como para que el ojo de Rygal se colara por ella y viera la peor imagen que alguna vez pudo ver en su corta vida. Quizás ese fue el momento que cambió su mente, que lo afectó hasta el punto de convertirlo en un ser sediento de sangre y venganza... Quizás ese fue el momento que erradicó la última chispa de inocencia de su alma... Quizás ahí fue cuando su destino se marcó.

 Él sabía que no había sido la primera ni la última vez. Cada vez era peor, incluso cuando comenzó a meterse para intentar defender a su madre, no podía con la fuerza de su padre. Pero su peor y más traumática vivencia fue aquella en la cual su padre abusó sexualmente de su madre enfrente de él. 

 Nunca pudo quitarse esa horrible y asquerosa imagen de su mente, ni tampoco la sensación tan ruin que en su cuerpo se atizó, como una eterna cicatriz. El desconsolado llanto, y los desgarradores gritos de su madre eran una y otra vez repetidos hasta el hartazgo en sus pesadillas. No podía olvidar la repulsiva y perversa sonrisa que Ryhan tenía enmarcada en su rostro, esa mirada de superioridad que lo rebajaba hasta el punto de no poder moverse de la impresión y el dolor que esa escena le causaba. No podía limitarse a ignorar el hecho, Ryhan no lo dejaba desviar la mirada, y su llanto no cesaba. «Mamá, mamá, mamá... Deja de sufrir por favor», rogó... Pero no había otra cosa que entrara en su cabeza en ese momento, no podía dejar de sufrir. Era el acto más cruel al cual alguien podía recurrir para intentar demostrar su dominio, su poder o su influencia... Pero no daba más que repugnancia, asco y abominación. Rygal recordaba perfectamente como su garganta fue destruida al su voz desgarrarse de tanto gritar el nombre de su padre... Pero la respuesta siempre era la misma: «Soy tu padre... Tú nunca podrás decirme que hacer».

 Cuando el momento terminó, Ryhan abandonó la habitación. Rygal no podía moverse, su madre se había desmayado. El ambiente era tan decadente y crudo que él podía asegurar que nunca vería algo igual. La muerte y el sufrimiento no era nada comparado con todo lo que había pasado esa noche en esa habitación. Los ojos de Rygal habían sido espectadores de la bajeza más baja de la humanidad, y esa mente algo perturbada terminó por absorber tanto odio, oscuridad e inhumanidad que desde ese momento nada iba a poder pararlo en su camino de venganza, incluso aunque en su camino tuviera que perderlo todo... Porque si no pudo salvar a su madre, el resto nunca iba a importarle tanto como sí lo hizo ella... Alguna vez en su camino quizás encontraría la manera de vencer a su padre, pero hasta que ese momento llegara sólo tenía que seguir soportando y soportando todo lo que esa basura incapaz de llamarse ser humano les hacía pasar. 

Y vivió con esa espina clavada hasta que el momento de elegir llegó, y sólo pudo hacer una sola cosa para salvar a su madre del eterno sufrimiento... Sacrificó su vida y se convirtió en el poseedor del Scire, como ella se lo había pedido, quizás... Para también escapar. Nunca dejó de pensar en ella, ni en todo lo que tuvo que pasar por la mierda que tenía como padre, nunca se olvidó de su sonrisa, de su cariño, de su hermoso rostro que detrás guardaba una infinita angustia y tristeza a causa de la agonía que siempre vivió. Y más que nada... Nunca olvidó el mayor pedido de su madre.

«Si vas a vivir para la venganza, nunca te arraigues a nadie, nunca ames a nadie, porque el amor te hace débil... Si vas a vivir para la venganza, hazlo en soledad, porque la oscuridad te consume a medida que esta aumenta... Si vas a vivir para la venganza resígnate a nunca poder ser feliz, porque lastimosamente... Ese destino es solamente para ti».

Debió hacerle caso, pero todo llegaba siempre tarde en su vida, y él ya había comenzado una relación con Clio Windsor. Se había enamorado de esa chica luego de salvarla de su sufrimiento. Ella vivía una vida parecía a la de su madre, padeciendo ante la violencia que su padre le otorgaba, y él la había traumatizado tanto que ella ni siquiera se sentía un ser humano... Pero cuando lo conoció, vio en él un mundo en el que quiso vivir... Y se quedó a su lado... Al menos, a ella sí la pudo salvar... A ella sí la pudo proteger... A ella... A ella le pudo otorgar su amor... Como a su madre no.

Amaba a Clio, quería hacerla feliz, pero con lo dicho por su madre, no sabía si era sensato quedarse a su lado, ya que sabía que, con el camino que pretendía seguir, la iba a lastimar, y no quería ese destino para ella. Tampoco podía sólo separarse de ella sin más, ella no tenía a nadie más que a él, estaba sola en el mundo, porque su mundo era lo que él le iba a dar, lo que le había prometido dar... Y sólo tenía esa opción, darle una familia... Y de esa manera... Por fin dejarla ser feliz con lo que ella más amara... Porque ese destino que aguardaba por su decisión, era sólo para él... Y no podía llevarla por ese camino... Clio no se lo merecía. Por eso, el día del funeral de su madre hizo esa promesa consigo mismo... Esa promesa que nunca en su vida estuvo cerca de romper.

 

Un mes más tarde...

 

Remia, Isla Rem, Parque Real, Cementerio Privado - 8 de Junio - Año 495

 

 «Linda Di Rem, 457 - 495» se leía en la lápida que Rygal miraba de brazos cruzados. Serio, no se había movido de ahí en horas, con la tarde comenzando a esfumarse y la noche emergiendo desde el horizonte, el cielo formó un brillante y encantador color púrpura mezclado con rosa.

Rosa, el color favorito de su madre... Había sido una digna despedida... Ella se lo merecía.

 —Tan solo treinta y ocho años... Viviste una corta vida mamá... Pero amar fue tu peor maldición, no pretendo tener el mismo destino que tú, te prometo que me haré fuerte y acabaré con ese tipo para siempre... Y luego... —paró, dejando paso a sus pensamientos, estuvo algunos minutos en silencio. Al final cerró sus ojos y alzó su cabeza, los abrió de nuevo y el cielo acaparó toda su vista, con ese panorama frente a él, suspiró—. Vaya, no he pensado que hacer de mi vida luego de convertirme en un asesino... Pero se me ocurrirá algo, no pretendo desperdiciar el poder que me dejaste... No pretendo que nuestros nombres queden en el olvido, mamá... Juro que todos conocerán mi nombre, no importa el camino, no importa la razón, no importa la manera... Lo haré solo, esa es la maldición que me dejaste, la soledad es mi único camino... Seré la última persona en pie... Y el mundo que no te pude otorgar será mío... Y al final me encontraré solo, en un mundo destruido... En una inmensa oscuridad... Pero con tu recuerdo siempre en mi mente... Sólo tú, y yo, por siempre... Quédate a mi lado, ¿Si? No me dejes solo, mamá... Porque este destino es sólo para mí.

 

Un año después...

 

Remia, Isla Rem, Palacio Real - 25 de Agosto - Año 496

 

 Las puertas se abrieron de par en par con fuerza a causa de un golpe desde afuera. Ryhan alzó la mirada al escuchar el ensordecedor golpe y vio entrar a Rygal. Con su tranco casual, para nada formal ni respetuoso; un caminar arrogante y grosero. Ignorando el hecho de que casi destruía las puertas de madera de pino, caminó hasta el escritorio de su padre y con un gesto soberbio se lanzó en uno de los sillones de cuero que lo flanqueaban.

 —He venido a hablar contigo. —Se impuso en la conversación. Ni siquiera había comenzado y ya desbordaba confianza.

 —¿Qué quieres, Rygal? —preguntó Ryhan dejando de lados los documentos que estaba firmando, y dirigiendo su mirada a su hijo a través de sus gafas.

 —He decidido casarme con Clio, la hija de Mark, el líder del clan Windsor... Ella se vendrá a vivir al palacio conmigo luego de esto... Ah, y está esperando a mi hijo... Era sólo eso.

Como un relámpago, apenas terminó su aviso, se puso de pie, y encaminó hacia la salida, pero interrumpió su andanza cuando su padre le alzó la voz.

 —¿Esto es una broma, Rygal? —preguntó, apoyando sus manos con fuerza sobre su escritorio y poniéndose de pie con furia.

Rygal se dio la vuelta y lo miró con indiferencia.

 —No, no me caes tan bien como para bromear contigo... Es totalmente en serio, quisiera que comenzaras pidiéndole dinero al Maestro de Moneda... Quiero una gran boda, que todos se enteren que me casaré con ella... ¿Se entendió? —preguntó, con reticencia, y mirando a su padre con una sonrisa altanera.

 —Estás muy equivocado, Rygal... Las cosas no funcionan así en este reino... Esa chica es la falla de los Windsor, tú no puedes estar por sobre un cabeza de clan, no puedes estar por sobre un consejero del reino... No tienes ese poder, si él no lo permite no puedes hacerlo.

 —Clio tiene dieciocho años, ella puede tomar sus propias decisiones, no necesita pedirle permiso a un imbécil que la trató como basura toda su vida... Si a Mark le molesta puede venir a hablarlo personalmente conmigo... Yo lo estaré esperando, y sabré perfectamente que decirle.

 —Tú sabes que Mark no se quejará contigo... Rygal, el clan Windsor es uno de los más importantes del reino, no puedo sólo desobedecer las órdenes de su líder sin más, soy el rey, pero no estoy ausente de la ley.

 —Vaya, dices eso ahora... Que maldito hipócrita eres —rio Rygal, al negar con su cabeza—. No lo sé, Ryhan, tú sabrás como lidiar con él.

 —¿Por qué haces esto, Rygal? ¿Acaso una boda privada no te alcanza?

 —Quiero que el mundo entero sepa que ella será mi reina cuando yo sea el rey de este lugar... No pienso discutir lo contrario, Ryhan... Clio se va a casar conmigo frente a los ojos de Remia... Y tú harás lo que yo te pido... Porque es por ella, ¿Me has entendido? —Las intromisiones de su padre parecían demostrar el desacuerdo con su pedido, pero él no iba a dejar que ese estúpido viejo le dijera que hacer, ya se lo había hecho saber un año atrás luego de la muerte de su madre. Al parecer no le había quedado muy claro, quizás tenía que refrescarle la memoria—. Apenas pasó un año, Ryhan... Pero ya soy más fuerte que tú, no te pases de listo conmigo, recuerda que te perdoné la vida únicamente porque eres el rey y sería extraño que desaparecieras de un día para el otro... Pero todo esto puede dejar de importarme en sólo un momento y tú terminarías enfrentando tu castigo... Haz lo que creas mejor para ti, Ryhan, pero recuerda todo lo que hiciste en tu vida, y recuerda como terminó mi madre por tu culpa... Recuerda todo y púdrete en ese recuerdo, no te daré el lujo de que tengas una muerte rápida... Te haré sufrir hasta el último segundo de tu mísera existencia... Así que hazme caso y comienza preparar esa boda... La quiero para dentro de un mes.

 No esperó respuesta y desapareció por el pasillo. Ryhan había bajado la mirada en el momento en el cual su hijo había empezado a hablar en serio, sus ojos se habían vuelto fríos, vacíos y oscuros, una intimidante mirada capaz de paralizar cualquier sentido. Tragó saliva cuando se fue, el alivio era inmenso. No podía llevarle la contra, era su pedido, y él no podía hacer nada más que cumplir con sus demandas. Las demandas de la persona que inminentemente terminaría acabando con su vida. Por el momento... Sólo quedaba esperar. 

 

Un mes después...

 

Remia, Isla Rem, Palacio Real - 15 de Septiembre - Año 496

 

 Las campanas sonaron al momento exacto en el que Clio dijo el «sí», y todo el lugar estalló en aplausos. Remia entera estaba expectante al evento, tal como Rygal había querido, fue una boda de dimensiones nacionales. El evento había abarcado todo el Palacio Real, más allá de los cerca de cinco mil invitados, había aproximadamente cincuenta mil personas de la Isla Rem fuera de este esperando la salida de la pareja.

 Al salir del salón de eventos del palacio caminaron por extenso pasillo que llevaba a la salida... Como una escalera al cielo, Clio lo vivió como una ascenso a la felicidad. Ella nunca en su vida había estado tan emocionada, apretaba la mano de su esposo con fuerza. Estaban a punto de enfrentar una multitud de gente que ella no conocía. Ella no era Rygal, no era famosa, no era la princesa. No era nadie. Pero mientras fuera su mundo, estaría conforme.

 Aunque ese pensamiento desapareció cuando salieron al balcón y la multitud los enalteció. Rygal alzó su mano y la de ella, y saludó con una gran sonrisa. Clio lo miraba sorprendida, nunca lo había visto sonreír tanto, pero no podía ignorar lo emocionante que era la situación. Quizás luego de diecisiete años siendo miserable al fin podría conocer la alegría, la sonrisa de su esposo parecía demostrar eso, y el niño que llevaba en su vientre también. Pero no fue sólo un pensamiento aislado de ella, ya que se reforzó aún más cuando Rygal bajó la mirada hacia ella y le guiñó un ojo. Un simple gesto que la encandiló. Nada iba a ser igual desde ese momento.

 «Te amo Rygal Di Rem», pensó Clio, atiborrada de un estremecimiento causado por esa sensación única, esa sensación que tanto buscó... Esa sensación que huyó de ella por diecisiete años, creyó que nunca la iba a conocer. Pero ahí estaba... Ella era feliz.

Rygal estaba harto de mantener esa sonrisa en su rostro. Pero era Clio quien estaba a su lado, y le quería dar ese momento, quería otorgarle de una vez por todas esa confianza que necesitaba para comenzar a dar pasos agigantados hacia sus sueños, porque ella se lo merecía, y aunque su propia mente no estuviera preparada para seguir sus pasos, ella se iba a dar cuenta algún día, y cuando ella estuviera lejos de él, y se quedara completamente solo, podría al fin suspirar y lanzarse al vacío... Volver al pasado, para estar con su madre, para nunca haber caído en la oscuridad, para nunca haber sufrido tanto... Le hubiera gustado sólo haber sido un niño normal, sin nada que lo atormentara por la eternidad, sin estar roto, solo, triste... Sin sentirse muerto por dentro... Sólo eso.

Pero el camino hacia el final apenas comenzaba... El primer paso de su venganza ya estaba hecho, y para sí mismo no habría salvación, ya lo había aceptado hacía mucho tiempo... Sólo tenía que esperar a que su hijo naciera... Y que ese chico hiciera a Clio feliz, para dejarla ser libre, y él al fin dar su punto de partida... El punto de partida para la destrucción de su humanidad.


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Chương 35: Capítulo 1: Un ángel para tu soledad  

Fons, Ash, Residencia Harch - 17 de Octubre - Año 525

 

VLAS

 

Luego de todo lo sucedido en Remia decidí irme con Rhys y su esposa Lara, a Fons. Dejé todo atrás, mi vida, el colegio, mi futuro, mis memorias, lo que sentí junto a ella... Y a mamá y Kora.

De todas formas, aunque lo quisiera, no puedo olvidar nada. Por eso, luego de cuatro meses viviendo con Rhys, Lara y Leah, todavía no he podido encajar muy bien en mi nueva vida. He intentado hacerlo, más que nada, su calidez es demasiada, su trato hacia mí es algo que ni siquiera viviendo en Remia llegué a tener. Me comprenden, me ayudan, y se preocupan por mi más que nada... Pero sigo sin poder lograrlo, no sé cómo seguir adelante. Y es lo único que quiero conseguir.

Quizás sea culpa por dejar todo atrás sin siquiera pensarlo, quizás sea miedo de salir de nuevo lastimado al tener sentimientos por otras personas, quizás sea que todavía no puedo superar el dolor que me dejó la muerte de Zenda, o quizás sea todo eso junto, y más. Todavía sigo atado a Remia, a todo lo que eso conlleva. A su risa, a su cariño, a su amor, a su recuerdo... Sigo atado a ella, y a todo lo que perdí luego de ese fatídico día... Ese día que me marcó para siempre

Pero no había vuelta atrás, ya no podía seguir pensando en el pasado, seguir adelante fue lo que decidí para mi vida, y no podía continuar intentando sobrevivir en medio de un mar de tristeza, ahogado de recuerdos, de sucesos pasados, que ya no iban a volver. Y realmente no era lo que quería hacer, estaba perdiendo una gran parte de mi vida, estaba fracasando en mi propósito... Estaba dejando en vilo una promesa a punto de romperse... Estaba decepcionando a Zenda. Ya que cuando llegara mi momento de morir, quisiera hacerlo sin remordimientos, y con un sentido más allá que solo haber existido sin más, tal y como ella decidió para la suya, por lo que mi destino desde ese día... Sólo dependía de mí.

 

En la tarde...

 

—Ey... ¿No saben a dónde fue Vlas? —preguntó Rhys, entrando a la sala. Lara y Leah lo miraron confundidas mientras negaban con la cabeza—. Lo he estado buscando y no lo encuentro, además dejó su celular en su habitación —agregó, mostrando algo de preocupación.

—Lo vi salir hace algunas horas... Quizás iría a caminar por ahí, como hace siempre —indicó Leah, llevando algunas palomitas que tenía en un pote a su boca. Su vista estaba muy concentrada en la televisión.

—Ya veo, entonces lo dejaré solo por un rato, al igual que todos los días, volverá —se

le notó algo apenado al decir esas palabras.

Lara se dio cuenta rápidamente y se acercó.

—¿Necesitabas algo de él? —preguntó, apoyando su mano en el hombro de su esposo.

—No... Pero no puedo dejar de verlo cada vez más extraño, quiero hablar con él para saber qué le pasa, pero cada vez que lo busco no lo encuentro, ni siquiera su energía puedo sentir... No sé qué pasa —respondió Rhys al bajar su rostro.

Tenía una inexplicable sensación de impotencia que lo atormentaba, habían sido cuatro largos meses, Vlas parecía ser que no se recuperaba, y él no podía hacer nada... No sabía que decirle, él no podía ponerse en el lugar de su hermano porque, aunque la situación que vivió se asemejaba a la suya, él tomó el peor camino posible y no supo cómo actuar. Pero también entendía que tenía que alentarlo, quizás no necesitaba siquiera hablarle, con acciones, haciéndolo sentir parte de la familia o intentando demostrarle que él estaba ahí, y que no se iría de su lado... Si es que eso era lo que su hermano temía... Pero se acobardaba, tenía miedo de no poder hacerle llegar su mensaje y empeorar la situación, en esos momentos deseaba ser más como Lara... Comprender a las personas siempre se le hizo complicado. 

—Claro, pero recuerda lo que le sucedió... Además de que todo esto es nuevo para él, quizás se siente incómodo pensando que es una carga, o sólo tiene miedo de que lo juzguemos... Rhys, todavía es un adolescente, no podemos presionarlo para que hable, debemos dejar que él decida cuando hacerlo —explicó Lara.

—Si... Entiendo tu punto, también comprendo que esto pudo haber sucedido en el peor momento posible... La adolescencia es una etapa compleja para cualquier persona.

—Es un proceso de asimilación, Rhys... Nadie tiene determinado cuantos días de duelo serán luego de perder a lo más importante que tenías, no sé realmente a dónde irá, pero quizás en ese lugar él se siente bien y se encuentra consigo mismo, dejemos que siga así por un tiempo más, hablaremos con él cuando sea el momento.

—Lo sé, Lara, pero el momento se está alejando, no quiero dejarlo solo, cuatro meses es mucho tiempo... ¿Y si piensa hacer una locura?

Esa pregunta vino acompañada de un fuerte estremecimiento, y una agonizante sensación de no saber qué hacer. De nuevo.

—Ey, créeme que si pensara hacer una locura ya la hubiera hecho... Vlas es un chico fuerte, tú más que nadie sabes lo que significa enfrentarte a tu destino y lo difícil que puede llegar a ser —respondió Lara, acercándose a él—. ¿Por qué no le pides ayuda a Leah para que lo busque? Ella también perdió personas importantes en su vida, e hizo mucho por él cuando estuvimos en Remia... Quizás puede volver a ayudarlo, ellos se entiendes —añadió, en voz baja, moviendo sus ojos hacia Leah.

—Quizás puede funcionar... Aunque ahora mismo creo que hay una persona más indicada para esto —dijo él, tomando su celular—. Vuelvo luego —agregó, saliendo de la sala. 

—Sí... Ten cuidado. —Lara apreció como se fue—. Esto es complicado —dijo, moviendo su mirada hacia su hija, recostada en el sillón, ella parecía no haberse interesado mucho en lo que ellos estaban hablando, seguía concentrada en la televisión—. Por cierto, ¿Tú no tenías que estudiar para un examen? —le preguntó.

—Emm... Sí, pero me tomé un descanso —respondió Leah.

—¿Un descanso de tres horas? —preguntó Lara, señalando su reloj—. Vamos, no te hagas la loca... Vuelve a estudiar —ordenó.

—Ah, mamá... Déjame descansar por hoy —pidió su hija, acomodándose en el sillón, en el proceso se le cayeron algunos de las palomitas al suelo—. Te prometo que mañana estudiaré el doble de tiempo, también limpiaré este desastre... Por favor. —Casi se pone de rodillas ante su madre.

—Está bien, pero la cumples, esta vez es la última que te creo, vienes con el mismo cuento hace días —recordó Lara—. Si no lo haces, no te permitiré volver a tomar un descanso hasta el próximo receso de clases —indicó, caminando hacia la salida—. Iré a hacer las compras, vuelvo luego.

—Está bien —respondió Leah. Lara ya había salido de la habitación para ese momento—. Maldita sea, ella cumple con sus amenazas... Mejor estudio mañana.

 

Mientras tanto...

 

Fons, Ash - 17 de Octubre - Año 525

 

 Vlas había encontrado un lugar en la cima de una colina al este de Ash, que daba una hermosa vista hacia la ciudad, donde admiraba el atardecer todos los días, ese lugar le recordaba a la playa de Remia, donde había vivido recuerdos inolvidables.

 Se encontraba sentado en el césped, apreciando como la ciudad se encendía en la noche, ahogado en sus pensamientos, con la música de sus auriculares calmando su mente. Luego de lo sucedido en Remia se había vuelto más perceptivo, a veces sentía que sus pensamientos eran más fuertes de lo que eran antes, sentía como sus sentidos se habían agudizado, se sentía más liviano, más indiferente al dolor físico, y no podía ignorar su obvio crecimiento físico también.

Obviamente todo eso que le estaba sucediendo era consecuencias directas de haber conseguido un Scire, y aunque a veces se le hacían molestas, otras tantas, como en ese momento, le ayudaban demasiado, para prevenir cualquier tipo de problemas.

Fue un instinto aislado, sintió que algo se acercaba a él, no parecía ser una amenaza, pero era mejor prevenir que lamentar, por lo que se quitó sus auriculares y alzó su mirada cuando siguiente a eso escuchó unos pasos detrás de él, para que un momento después una persona se sentara a su lado.

—¿Qué tal? —preguntó amistosamente el extraño, mientras Vlas lo miraba anonadado.

—Hola, ¿Nos conocemos? —preguntó Vlas, confundido. Obviamente no, él jamás lo había visto en su vida.

—No, pero eres Vlas Windsor, ¿Cierto? 

—Sí... ¿Cómo sabes mi nombre? —Vlas lo miró sorprendido, y su cabeza se llenó de preguntas.

 Él no conocía a ese chico, pero parecía que él sí, y además de eso tenía demasiada confianza para hablar con otros desconocidos. No parecía pasar los veinte años, estaba sentado, pero podía notar que él también era muy alto incluso superaba su altura en esa posición. Vestía una sudadera color amarillo pastel y un pantalón azul oscuro, además de unas botas negras. Vlas se quedó con la misma idea, realmente no parecía superar los veinte. Su vestimenta era algo que Vlas podría llegar a usar, algo casual. Tenía el cabello corto y revuelto, pero este parecía ser más corto en sus costados que arriba, y era de color negro, ojos azul oscuro, levemente afinados, además de usar aretes de oro en su oreja izquierda... Era bastante atractivo.

—Porque eres el hermano de Rhys, te conocí en Remia, tú estabas noqueado luego de que Cole te haya atacado por eso no sabes quién soy, al igual que te sucedió con Mya —explicó Kit, sacando una barra de cereal de su bolsillo—. ¿Quieres? —le ofreció otra.

—No, gracias —Vlas lo rechazó formalmente cuando recordó lo que Rhys le había dicho al conocer a Mya—. Oh, claro... Tú debes ser parte del grupo de Rhys —declaró emocionado.

Unió los cabos rápidamente, él debería de ser Dean o Kit, los miembros restantes que todavía no conocía.

—Sí, soy Kit Miracle... Mucho gusto, Vlas.

Extendió su mano y Vlas replicó.

—El gusto es mío, Kit... Así que tú eres amigo de Rhys, ¿Cierto?

—Algo así, en realidad lo veo más como un maestro, un líder... Mi modelo a seguir —respondió Kit, con cierta admiración.

—Claro, es lo que todos dicen de él. —Persona que conocía, persona que hablaba maravillas de Rhys, ya casi no le sorprendía lo que su hermano era capaz de producir en los demás—. ¿Dónde se conocieron? —preguntó con curiosidad.

—En realidad me hizo conocerlo, apareció un día frente a mí diciéndome que me entrenaría para despertar el potencial que tenía dentro, me contó su sueño y desde ese momento lo seguí sin pensar en nada, pensé que eso me ayudaría a encontrar lo que no tenía.

—¿Lo que no tenías?

—Sí, yo no tengo pasado... O sea, obviamente tengo, pero no lo conozco, parece que a los quince años tuve un accidente que me hizo estar dos años en coma, cuando desperté no recordaba nada, ni mi nombre, mi familia, mi pasado, mi historia, nada... Era solo un fantasma, intenté buscar quién era, lo hice por mucho tiempo, pero como te dije, un día apareció Rhys y me prometió que si lo ayudaba me daría una mano para encontrar pistas sobre mi pasado, al principio lo seguí por interés, pero al final terminé por compartir su sueño luego de ver lo que realmente era el mundo, y lo interesante que era Rhys, seguirlo quizás fue la mejor decisión de mi vida, sin él probablemente ya estaría bajo tierra.

Vlas lo escuchó con atención y sonrió levemente.

Kit quedó en silencio mientras terminaba su aperitivo. Vlas sólo permaneció con sus ojos todavía puestos en Kit unos momentos, para luego hablar en respuesta a su historia.

—Eso suena algo duro... ¿Entonces todavía no recuerdas nada sobre tu pasado? 

—Mi nombre... Rhys consiguió archivos de mí en la clínica que pase los dos años en coma... «Kit Miracle: 17 de Octubre 504»... Sólo decía eso, mi apellido viene de Bellum Giant, todavía no sé cómo termine aquí, pero no puedo volver a ahí para descubrir todo lo que mi pasado oculta... La dictadura que lleva casi treinta años no permite que nadie entre ni salga de ese lugar por lo que sí quiero volver debo seguir a Rhys para que cuando lleguemos al final y acabemos con «los fuertes» obtenga las respuestas a mi pasado

—Claro, pero... ¿Realmente quieres conocer ese pasado?

—Es una pregunta interesante, a su vez ambigüa, si me la hubieras hecho hace dos años te hubiera dicho que si sin siquiera pensarlo, pero ahora he perdido esa necesidad y anhelo de conocerlo, encontré mi lugar en el mundo con ellos, ya tengo una familia, personas que me importan y que por ellos realmente daría la vida, quizás mi pasado no es el que espero y terminaría decepcionándome... Pero eso no lo sabré hasta que acabemos con esto.

—Espero que lo logres, ojalá todos pudiéramos recuperar lo que perdimos, pero a veces termina siendo un sueño imposible. —Vlas levantó su mirada, y las estrellas ya se habían formado frente a él.

Ahí estaba de nuevo, la más brillante en el mismo lugar de siempre... Cuatro meses en el mismo lugar de siempre.

—Sé por qué lo dices, conozco tu historia... Yo al principio me sentía vacío... Bueno, en realidad lo estaba, era extraño saber que no sabía nada de nada, tenía la mente en blanco, y al igual que tú, sólo tenía sueños imposibles, pensaba que el mundo era una utopía, pero cuando desperté estábamos en plenas consecuencias de la guerra, todo a mi alrededor era sufrimiento y destrucción, eso terminó por angustiarme a mí, y me hizo replantear el mundo en el que había despertado... Tenía que pelear para sobrevivir, y no era fuerte, todo lo contrario... Por eso que Rhys haya aparecido en ese momento y me haya salvado de ese camino me devolvió las esperanzas, en todo, el mundo que me rodeaba no sólo era maldad y destrucción, también había personas como él o Lara, Mya, Dean y Leah también, ellos me aceptaron incluso cuando no tenía una identidad... Pero siempre recordaré una frase que Rhys me dijo una vez... «Aunque las dudas te carcoman, aunque no le encuentres sentido a tu vida, aunque ya no tengas más para dar... Nunca lo olvides, siempre estaremos aquí para ayudarte, de ningún modo intentes seguir este camino solo... Acompañado te irá mejor».

Eso era para él... Vlas lo entendió al instante, ese chico estaba ahí por él, y le estaba dando la mano para alzarlo en su camino... ¿Pero por qué? Apenas se conocían, no habría razón para ayudarlo.

—Mi hermano realmente es una persona de admirar... Y escuchando tus vivencias puedo comprender que ellos también lo son —dijo Vlas con una sonrisa, refiriéndose a Dean, Mya, Lara y Leah—. Yo también le debo mucho a Rhys y Lara... Si no fuera por ellos tampoco estaría aquí ahora mismo, pero estoy algo aislado de lo que me rodea, no sé lo que es, creo que todo se debe a que perdí a alguien muy importante para mí, y aunque he seguido sin ella, todavía siento que me hace falta, por eso aún no encuentro mi camino... Y con lo único que cargo es con la esperanza de algún día poder hacerlo —agregó, con un poco de angustia e ilusión entremezcladas en su corazón.

—Lo harás, te lo aseguro... Rhys no te dejará atrás, Lara tampoco lo hará... También nos tendrás a nosotros, y a Leah... No estarás solo, Vlas... «Acompañado te irá mejor» —declaró Kit, apoyando sus manos en el suelo para así impulsarse y ponerse de pie.

—¿Ya te irás? —preguntó Vlas, siguiendo el movimiento de Kit con su mirada.

—Sí, iré a festejar mi cumpleaños con mis amigos, después de todo, no se cumplen veintiún años todos los días —respondió, soltando una risa.

—Oh claro, hoy es 17 de Octubre... Feliz cumpleaños.

—Gracias, Vlas... ¿No quieres venir? —preguntó, con una sonrisa, alzando su pulgar al señalar detrás de él.

—No, no podría... Todavía no los conozco lo suficiente, además, dijiste que son tus amigos, y no quiero sentirme desubicado en su reunión.

—Tampoco nos conocerás si no aceptas mi invitación... Vamos, no estarás fuera de lugar, te prometo que no te haremos sentir incómodo en ningún momento, ¿Qué dices? ¿Vienes? —insistió Kit.

—Ahora que lo pienso, creo que algo de interacción con personas me hará bien... Me apunto.

El impulso de confianza que tuvo de repente lo sorprendió, pero no le desagradó, lo había ayudado en ese momento.

—Excelente, también estarán Leah y Mya, así que no te preocupes por no conocer a nadie... No es que tenga demasiados amigos —dijo, comenzando a caminar hacia debajo de la colina—. Sígueme, es cerca de aquí —agregó alejándose, y Vlas tomó camino a su lado.

 

Después...

 

Fons, Ash, Distrito Central - 17 de Octubre - Año 525

 

 Entraron al lugar que Kit lo había llevado. Vlas miró alrededor apenas dar algunos pasos dentro: Candelabros, pista de baile, escaleras a un segundo piso donde había mesas y barras de bebidas, un DJ, bola disco... Claro, estaban en un antro. Para sorpresa de Vlas, quien no solía frecuentar ese tipo de lugares, parecía ser más tranquilo de lo que señalaban, incluso creyó que a esos lugares solo podían asistir personas mayores de edad.

—Hola chicos, estoy de regreso... También les traigo una sorpresa, con ustedes... Vlas Windsor. —Kit se había acercado con demasiada confianza a dos personas que estaban de espaldas a la puerta, sentadas en los taburetes de la barra del bar.

 Ellos se dieron vuelta rápidamente al escuchar su nombre, y Vlas pudo notar que la chica de la izquierda era Mya, también estaba otro chico que parecía ser amigo de ellos también... Así que Dean. Su cabello estaba desordenado, color rubio oscuro, grandes ojos color lila, y una gran sonrisa brillante, incluso sin haberlo escuchado percibió al instante que ese chico desbordaba confianza y carisma. Tenía puesta una camiseta manga corta blanca y un pantalón básico azul marino, adicionando unas zapatillas deportivas blancas con parches de equipos de futbol... A Vlas le terminaron por encantar.

—Oh, así que viniste, Vlas... ¿Bienvenido? —Ella sonrió con algo de confusión ante la sorpresiva aparición de Vlas.

 Él no había olvidado lo hermosa que ella era, incluso en ese momento estaba aún más linda que cuatro meses atrás. Quizás era el vestido plateado ajustado al cuerpo que hacía resaltar sus atributos, o el hermoso cabello negro azulado que brillaba como su sonrisa... Una chica tan atractiva que hasta parecía un sueño.

 —Ey... Mya te saludó —dijo Kit, pellizcándolo en el brazo

 Maldita sea, se había quedado en blanco mirándola a ella... Quizás parecía un maldito baboso.

—Oh sí, claro... ¿Qué tal Mya? —Levantó su mano, pero bajó su cabeza al estar avergonzado de su accionar, quizás Mya no lo había notado, pero disimular no se le daba muy bien.

—Hola... Yo soy Dean, gusto en conocerte Vlas, me han hablado mucho de ti.

Vlas no se equivocó, Dean era alguien que tomaba confianza demasiado rápido, cuando él menos se dio cuenta, ya estaba a su lado, y había pasado su mano alrededor de su hombro.

—Ho... Hola Dean, un gusto también. —Automáticamente Vlas se puso nervioso y el tartamudeo comenzó de nuevo.

—Por favor Dean, no comiences a ser pesado con los nuevos... No lo hagas sentir incómodo. —Mya se puso de pie y lo alejó, tomando la mano de Vlas—. Ven, siéntate en aquí, Vlas, ¿Quieres algo de tomar? —preguntó guiándolo, hacia la parte de la barra en la cual ella estaba sentada.

—Agua, nada más. —Alzó sus hombros ligeramente.

—¿«Agua, nada más»? ¿Ni siquiera una cerveza?

—Soy menor de edad, no puedo tomar alcohol.

—En Ash no hay edad reglamentaria para tomar alcohol, así que puedes hacerlo —luego de decir eso, Mya levantó la mano e hizo un gesto con sus dedos—. Cinco cervezas aquí —señaló al barman, y este asintió.

—Entonces, Vlas, ¿Qué puedes decirnos sobre ti? Nosotros apenas te conocemos gracias a lo que Rhys nos ha contado, pero nada más que eso —preguntó Kit, sentándose a su lado.

—Emm... No sé qué puedo decirles, tengo dieciséis años, me gustan las ciencias y la música, también leer... No me gustan pocas cosas, pelear es una de ellas, sólo lo hago si es necesario, tampoco me gustan las personas con malas intenciones, pero puede que llegue a darles una segunda oportunidad si se permiten el perdón... Creo en que si pensáramos menos en nosotros y más en los demás el mundo sería un lugar mejor, eso también lleva a que me atraigan las personas que piensan en los demás de la forma en que lo hacia ella, podría decir que esa también es mi mayor debilidad, ya que me hace recordar demasiado a lo que me cautivó de ella en primer lugar... Soy bueno en los deportes, pero prefiero los videojuegos, principalmente los de carreras, he pasado noches enteras jugando a estos... A veces soy algo terco cuando creo que tengo razón, eso me puede llevar a discusiones muy largas de las que no cederé hasta que gane... Tan solo me falta hablar del futuro, no pienso demasiado en este, aunque tengo una naturaleza algo ambiciosa, de todas maneras sólo hay algo que quiero que perduré en él... Lo último que me queda de lo que alguna vez fue mi vida en Remia... El recuerdo de haberlas tenido a ellas en mi vida. —No paró.

Fue la primera vez en cuatro meses que había tomado la suficiente confianza como para abrirse a alguien más y lo hizo todo de un solo golpe... «Acompañado te irá mejor»... Esas palabras lo influenciaron, quizás Rhys y Kit tenían razón, eso se vio reflejado en las reacciones de ellos... Asombro.

—Wow, eso sí que fue una presentación. —Mya intentó dispersar el extraño silencio que se había formado luego de las palabras de Vlas—. Así que... ¿Perdiste a alguien importante para ti?

—Sí... Zenda, ella era el amor de mi vida... Ella me presentó un mundo de una manera distinta a la cual lo veía yo... Su optimismo y esperanza iluminaban donde fuera que ella se encontrara, era radiante, hermosa y encantadora, en todos los sentidos... Su luz fue lo que impidió que mi vida se apagara en el peor momento de esta, y su recuerdo es lo que todavía me mantiene a flote, incluso luego de su partida. —Su garganta se cerró con esa última frase, tan solo habían pasado cuatro meses... Muy poco tiempo como para poder superar ese momento, y más para él.

—¿Ella fue tu sacrificio? —Mya indagó.

—Así es —respondió Vlas, dándole una mirada a su sello—. Esto fue lo que me la quitó —agregó, mostrando su mano.

—Oh claro, tú eres el actual poseedor del Scire... ¿Y qué tal te ha ido con eso? —preguntó Kit.

—No he hecho nada aún... Tengo el pensamiento de que puedo lograr cosas inimaginables con él, pero todavía no puedo hallarle un uso que a su vez me beneficie a mí, siento que no lo haré hasta que me encuentre a mí mismo, pero tampoco sé que quiero para mí... Le dije a Rhys que lo ayudaría en su sueño, pero ni siquiera he hablado con él desde que vinimos aquí, y sólo he estado corriendo de mis responsabilidades como un cobarde —dijo, con frustración.

Él no quería estar en ese lugar, no quería ser un barco a la deriva, quería tener motivaciones, un propósito al cual llegar... Inevitablemente quería ser como Rhys, verlo superar cada obstáculo lo inspiraba, pero él no era Rhys, no tenía sus capacidades, fuerza o habilidades... No tenía su carisma ni su personalidad, ellos eran totalmente diferentes, quizás esa era la razón por la cual a su vez lo afrontaron de diferentes maneras... Aun así él era su figura, si no podía llegar a ser como Rhys... ¿Quién terminaría por ser?

—¿Y por qué no lo haces? Rhys es quien menos te reprocharía tus actitudes, ha estado deseando reunirse contigo desde que lo conocí, ¿Hay algún problema entre ustedes? —preguntó Dean, con curiosidad.

—No, para nada... Rhys es un gran hermano y sé todo lo que hizo en Remia para que yo esté seguro, sé lo de Cole, sé lo de mi padre, y lo de los asesinos, también sé todo lo que hizo los últimos diez años para mantenerlos a salvo a ustedes, a Leah, y obviamente a Lara, eso hace que no pueda siquiera desconfiar de él, pero es un problema mío, soy yo el que no sabe qué hacer consigo mismo, creo que si no me decido pronto... Terminará siendo muy tarde. —Vlas bajó su mirada. ¿Tarde?

—¿Tarde para qué? —preguntó Mya, confundida. Casi pensando lo mismo que él.

—Tarde para volver por ella... Y también para llegar a ser feliz.

Esa respuesta llamó al silencio.

Mya notó que Vlas no estaba animado, y disimuladamente acarició su mano mientras se acercaba a él.

—Todos estuvimos en tu lugar, Vlas... No voy a mentirte con frases optimistas cuando conozco la realidad y sé que no es para nada agradable, pero eso no quita que pueda decirte que todo depende ti... Debes de tener fuerza de voluntad y podrás salir adelante, tienes las herramientas y el entorno para hacerlo posible, sólo falta que des ese paso... Y no importa el tiempo que pase, nunca será un impedimento para poder llegar a ser feliz... Nunca será un impedimento para reencontrarte con esa persona que dejaste atrás... Créeme, nunca lo será. —Los ojos de Mya brillaban en su discurso motivador.

Vlas notó cierta emoción en su voz, como si estuviera hablando con conocimiento propio... Ella parecía estar bien parada en su mundo, comprendiendo objetivamente lo que la rodeaba y no haciéndose ideas imposibles. Vlas no quiso preguntar nada sobre su vida, pero pudo percibir que una historia sin misericordia se encontraba plasmada en su ardiente mirada... Esos ojos estaban llenos de fuego y confianza, misma confianza que vio cuando la conoció en Remia... No pareció haberse equivocado al suponer eso sobre ella, sí que era una chica valiente y admirable, con tan solo unas pocas palabras contó su vida sin mencionar nada de esta, e hizo alusión a su sueño sin demostrar que tenía uno, porque no podía ocultarlo, esa mirada tan decidida lo demostró... Ella también era una soñadora.

—Gracias, Mya... En tan solo unas horas tú y Kit me hicieron darme cuenta de cosas que no vislumbré en cuatro meses... Se siente bien conocer personas sensatas que tienen los pies sobre la tierra, y a su vez soñadoras... Rhys fue inteligente al elegirlos a ustedes. —Sonrió en respuesta a lo dicho por Mya.

Cruzaron miradas por un momento y ella le sonrió con simpatía también. Vaya momento el que había sucedido entre ellos, extrañamente Vlas se sintió motivado con su actitud, era contagiosa e influenciable hasta cierto punto. Pero tampoco pudo evitar sentirse inservible, que todos le dijeran lo útil y fuerte que era lo hacía sentir de forma contraria, ¿Cómo era posible que todos comprendieran algo sobre él mismo que ni siquiera él podía darse cuenta? 

Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando una voz conocida hizo presencia en el lugar. 

—Ya estoy aquí... ¿Me extrañaron? —Todos voltearon y contemplaron a Leah acercándose con un gran ánimo—. ¿Vlas? —Lo miró extrañada, pero con un poco de alegría representada en su sonrisa.

El hermano de Rhys... Para Leah, Vlas era sólo eso, sin embargo, su casi nula interacción desde que habían vuelto de Remia no impidió que ese interés hacia él que había despertado en ella cuando lo conoció en Remia creciera. Su mayor sorpresa vino cuando entrevió lo distinto que él era comparándolo con Rhys, los más de cinco años de convivencia con él lo hicieron conocerlo muy bien, y a su vez crear ciertas suposiciones de su hermano, ya que Rhys hablaba demasiado de él. Cuando conoció a Vlas en Remia todas las especulaciones que tenía sobre él se vinieron abajo, y hasta cierto punto se sentía agradecida. No es que odiara a Rhys pero mayormente ese tipo de personalidades le causaban rechazo, tuvo suerte de conocerlo bien, si no fuera por eso, su relación con Rhys hubiese sido distinta.

Esa fue la razón de su alivio cuando descubrió que Vlas era distinto a su hermano, era alguien de su edad que a su vez era importante para alguien que amaba y que se iría a vivir con ella tarde o temprano. Cuando el momento llegó, intentó de todas las formas posibles relacionarse con él para lograr una convivencia cómoda. Ellos ya habían tenido algunos momentos lindos en Remia, ella había notado que Vlas le causaba sentimientos encontrados, unos que ella no había sentido antes. Y cuando conoció su historia, meses atrás, quiso ayudarle, y en Remia hizo sólo un poco, creyendo que cuando él se fuera con ellos a Fons, podría seguir a su lado, y él aceptaría esa ayuda que ella le ofreció antes de despedirse esa mañana. Pero él estaba demasiado encerrado en su mundo luego de lo que le pasó como para que ella, siendo una persona que apenas conocía, pudiera siquiera ayudarlo a superar su sufrimiento.

Esa sonrisa de alegría se debía al verlo por fin relacionándose con personas, Vlas no era un mal chico y con el paso de los meses le tomó mucho más aprecio del que le había tomado en Remia, al ver a Rhys y Lara algo angustiados con su situación, ahora que él estaba comenzando a avanzar ellos por fin podrían estar tranquilos... Y ella también. 

—Hola Leah, me invitaron también —respondió Vlas.

—Ya veo. —Advirtió Leah, con una sonrisa—. Al fin saliste de casa —bromeó.

—Kit me insistió que viniera y vi una gran oportunidad para relacionarme con más personas... Aunque últimamente no estaba hablando con nadie.

—Así es... Pero venir aquí hoy ya es un avance... Felicidades Vlas. —Se acercó y acaricio su cabello con una sonrisa.

—Gracias, Leah... ¿Sabes? Esta es la conversación más larga que hemos tenido desde que volvimos de Remia —rio el chico.

—Y la más encantadora también —respondió ella, guiñándole un ojo.

 

Unas horas después…

 

La incomodidad y timidez de Vlas se fueron desvaneciendo a medida que la noche pasaba. Los chicos eran muy agradables, y lo hicieron sentir como si fuera parte de su grupo, lo integraron sin juzgarlo y eso se apreciaba... No tenía palabras para agradecerles lo que estaban haciendo por él. 

—Vamos a bailar... ¿O se quedaran aburridos aquí toda la noche? —Dean se puso de pie y comenzó a animar a los demás—. Vamos, vamos. —Tomó a Vlas y Kit del hombro, y los llevó con él.

Vlas miró Kit y este asintió con una sonrisa, ya lo había entendido, no había manera de convencer a Dean de lo contrario así que ambos sólo lo siguieron hacia la pista de baile.

—¿Vienen? —preguntó Kit, volteando hacia las chicas.

—Si, claro —respondió Mya, y ambas comenzaron a caminar detrás de ellos—. Ey, ¿Crees que no lo noté? —preguntó, volteando su mirada a Leah.

Ella le devolvió la mirada y notó la insinuación en sus ojos, que luego se dirigieron hacia adelante, más concretamente a Vlas.

—¿A qué te refieres? —preguntó confundida.

—«Parece que el menor de los Windsor te cautivó, Leah» —respondió riendo.

—Mya, sigues con eso... Ya te dije que no, Vlas no es mi tipo —dijo volviendo su mirada hacia delante—. Creo... —añadió titubeando. ¿Seguir haciéndose la desentendida con ese tema era sensato?

—¿O sea que te gusta?

—Ya te dije que no... Vlas es el hermano de Rhys, e inevitablemente me interesé en él, pero no es el tipo de interés que tú crees... Es un chico con muchos problemas, traumas y heridas, sólo creo que puedo llegar a ayudarle para que salga adelante... Sólo eso.

Siguió mirando su espalda y lo escuchó reír en respuesta a un chiste de Kit... ¿Ese mismo chico era el que había estado viviendo con ella por cinco meses? Al final la solución a su actitud era sencilla, sólo había que hacerlo sentir parte, no importaba de qué manera, mientras él se sintiera cómodo todo sería más fácil en su camino... Y ella quería darle esa comodidad.

 

Unos minutos después...

 

 Leah abandonó la pista, y se alejó hacia una zona de descanso rodeada de sillones y mesas de cristal. Vlas la vio irse, e hizo lo mismo, yendo detrás de ella.

 —¿Te cansaste? —preguntó, cuando al alcanzarla, se sentó en el sillón que se encontraba al lado de ella.

 —Ni que lo digas... La última vez que salí a bailar fue en mi cumpleaños, y ya han pasado más de diez meses desde ese día —respondió Leah, llamando al mozo con la mano—. ¿Quieres algo de beber? —le preguntó a Vlas.

 —Si... Un Mojito. —Él sabía poco de bebidas, casi nunca tomaba alcohol, pero una vez en una fiesta en el palacio oyó ese nombre, y le pareció gracioso, por lo que quiso probar que tal era.

 —Buena elección... A mi tráeme un vodka con jugo de fresa, por favor —indicó al mozo.

 —Ya se los traigo, señorita —respondió este, alejándose con sus órdenes.

 —Gracias —agradeció Leah luego de que este se alejara. Aprovechó para atar su cabello de paso.

—No sabía que te gustaba bailar, Leah... Sabes moverte.

El halago de Vlas vino con una sonrisa a la que Leah respondió.

—Aunque no lo creas, Lara es una persona a la que le gusta salir de fiesta... A veces ponía música en la casa y bailábamos juntas, al final terminé por acostumbrarme a sus movimientos, ella es una belleza hasta en ese sentido —explicó la chica, entre risas—. Lo que sí me sorprendió fuiste tú... No creí que fueras tan bueno bailando.

—Tomé clases de baile cuando era pequeño, mi madre insistía que lo hiciera para las galas o reuniones en el palacio, así que supongo que viene de ahí.

—Es algo interesante, también había olvidado que eres un príncipe... Rhys había dicho algo por el estilo una vez, pero casi nunca habla de eso.

—Si... Rhys era no sólo el príncipe de Remia, sino que el heredero al trono... Si no se hubiera ido de Remia tan joven habría sido rey, probablemente el rey más joven de la historia de nuestro reino... Mi abuelo tenía treinta y tres años cuando asumió, y mi tío veinte.

—¿Y Rhys cuántos hubiese tenido?

—Habría sido apenas se graduara de la universidad... Asi que quizás a los dieciocho.

—¿Dieciocho años y rey de una potencia mundial? ¿Él podría haberlo aguantado?

—Sí, claro que sí... Tú conoces a Rhys, sabes de su talento, él hubiera sido el mejor rey de todos los tiempos... No tengo dudas —respondió, la admiración hizo eco en su voz—. Pero no pasó... A los dieciocho se fue de Remia y rechazó para siempre a la Familia Real, dejó de lado todo lo que lo convertía en un príncipe además de su título de marqués proveniente de nuestro clan... Ahora Rhys no es más que un civil con un pasado de noble.

—Claro... Pero ahora que lo pienso bien... ¿Eso no afecta a tu familia? O sea, normalmente alguien que tenga ese estatus no puede rechazarlo y abandonar la Familia Real sin el permiso del líder... En este caso, el rey.

—No, en Remia no funciona así... Las leyes son distintas.

No había normas dentro de la casa Di Rem. No por haber nacido con ese apellido un individuo de esa familia tenía que vivir como un esclavo, se permitía decidir todo. Por esa razón, la opción de que a los dieciocho años podías abandonar la familia existía. Obviamente había nobles que despreciaban a las personas de clases inferiores a ellos, como en cualquier tipo de pirámide social donde alguien tiene más poder e influencia que otros, así eran los seres humanos. Pero siempre había excepciones, por lo que si por alguna razón un noble decidía casarse con un plebeyo, o alguien de una casa inferior, nadie en todo el reino se lo podía impedir.

El sistema de gobierno en Remia era el de una monarquía constitucional... Existía un rey, pero él no decidía todo. De las pocas tareas que el rey tenía, había dos muy importantes para el liderazgo del reino: La primera era elegir a los jefes de gobierno, dándole así el título de líderes totales de la nación al Primer Ministro y su Consejo, que gobernaban en el Parlamento, donde se llevaban a cabo las reuniones entre gobernantes de ciudades y ministros elegidos cada cinco años en las elecciones nacionales. La segunda era elegir a su propio Consejo, integrado por los cinco líderes de las familias fundadoras y los comandantes del Ejército Real. El rey solo gobernaba en Rem, una isla con una constitución diferente a la de la nación de Remia, pero uniéndose ambas formaban el gran Reino de Remia.

—Ahora entiendo por qué Rhys es una persona que se mueve con tanta libertad a pesar de haber pertenecido a la élite de Remia... No voy a negar que eso es algo admirable, creo que todas las familias reales deberían de tomar esa decisión, es algo arcaico limitar tanto la vida de los integrantes.

—Ni que lo digas.

—Pero volviendo al inicio... Aparte de baile... ¿Sabes más cosas?

—Si... Artes marciales, baloncesto, patinaje, surf, ciencias, piano y algo de ajedrez... Mi amiga me enseñó. 

—¿Qué? —Lo miró sorprendida.

—Si... No es común que me jacte de mis logros, pero parece ser que tengo muchos. —Sonrió con modestia.

—¿Bromeas, Vlas? Eres un genio, eres demasiado versátil, ¿Cómo puede ser que seas tan bueno en tantas cosas?

—En realidad no es que tenga mucha idea... Genética quizás, Demian era muy bueno en los deportes y en los estudios también... Y creo que ya ni siquiera es necesario hablar de Rhys.

—Sí, tienes razón... ¿Entonces tus padres son personas talentosas, cierto?

—Más o menos... Mi padre sí, aunque desearía decir que no, en realidad es un genio bastante avanzado, es inteligente, frío, calculador, vertiginoso, y perspicaz... Mi madre quizás no esté al nivel de él o el de Rhys, pero sigue siendo una mujer demasiado inteligente y capaz... Después de todo, ella controla enteramente la economía de Remia, todo pasa por su cabeza, sabe qué hacer en todo momento... Podría decirse que inversamente a nosotros ella solo se centró en una disciplina en toda su vida, pero no quita que sea la mejor en eso.

Una extensa descripción de los padres de Vlas que asombró a Leah.

 Vlas no estaba tan equivocado, aunque él no lo había visto todo. Rygal era mucho más de lo que su hijo pretendía saber. Rygal no demostraba nunca ser alguien cruel, aunque lo era, o alguien manipulador, aunque lo era, o alguien carismático, aunque lo era. Quizás la vasta experiencia que los años le habían otorgado lo ayudó a crear diferentes rostros y personificaciones de él mismo para poder tener todo bajo su control sin necesidad de usar más de algunas palabras.

Usaba cada una de sus virtudes dependiendo con quien o quienes debía de tratar, usaba su carisma, su crueldad o su influencia siendo ágil en cada una de estas. Sus monstruosas aptitudes fueron lo que lo hicieron apto de gobernar Remia por casi treinta años, y no mostrar ni una sola recaída luego de lo sucedido en el infame Incidente de Ajax, donde todos los anteriores líderes de la nación incluido su propio padre fueron asesinados misteriosamente, jamás se supo quién fue el autor o las razones de tal masacre, pero no se necesitaron, las capacidades de Rygal convencieron a la población y desde ese momento no dejó el liderazgo otra vez, hasta que su hijo nació y todas sus esperanzas se volcaron hacia él.

Pero Rhys Windsor era igual que su padre, nunca se dejaría controlar por nadie sabiendo que tiene las capacidades para tener el control él mismo... Por esa razón ambos tomaron roles antagónicos en los planes y camino del otro... Vlas, Clio, Cole, Lara, Leah y todos los demás sólo estaban en el medio de una guerra entre dos genios con diferentes puntos de vistas e ideologías contrarias, una guerra que conllevaba mucho más que solo un Scire o Remia... Una guerra que conllevaba el mundo entero que los vería luchar... Hasta que uno de los dos cayera a los pies del otro.

Hasta que el Demonio de Remia o el Príncipe de las Tinieblas llegaran a su final... Cumplieran su destino... Hasta que la mirada del otro sea lo último que el otro vea... Antes de desaparecer por la eternidad.

—Igualmente no lo veo tan sorprendente... He conocido personas que también han tenido un talento monstruoso para demasiadas cosas, quizás no al nivel de Rhys o mi padre, pero sí que han dejado marca a su manera —dijo Vlas, tomando la bebida que el mozo había dejado encima de la mesa un rato antes.

Al decir eso sólo la imagen de Kora vino a su cabeza, entraba demasiado bien en esa descripción, estúpidamente Vlas lo dijo inconscientemente, ella era la mayor demostración de que él realmente conocía personas talentosas... La extrañaba mucho también, jugar ajedrez con ella era entretenido, aunque casi siempre terminara perdiendo, ir a la heladería juntos, pasar por alguna tienda de ropa y ayudarla a elegir vestidos. Probablemente la persona con la que más tiempo pasaba era Zenda, pero también tenía recuerdos con Kora y estos formaban una extensa parte de sus diez años vividos en Remia con ellas... Todavía había una promesa entre ellos, una promesa que se prometió a sí mismo no romper, una promesa que le hizo a Zenda, y la única que podría darle algo de tranquilidad antes de que la culpa lo consumiera por completo, una promesa que debía cumplir para poder verla feliz... Tenía que volver por ella... Tenía que mirarla a los ojos una vez más.

—Ah sí... ¿Quién es? —preguntó Leah, dando un sorbo de su vaso también.

—Kora Allen... Mi mejor amiga.

—¿Tu mejor amiga? —preguntó Leah, dándole una mirada de reojo—. ¿Ella era...?

—Sí —la interrumpió Vlas, dándose cuenta por donde venía la pregunta—. Es su hermana gemela... La conociste ese día que fuimos al muelle —añadió, dejando la copa vacía arriba de la mesa luego de tomar todo de un trago. Esa bebida con nombre gracioso estaba muy buena, debería pedir otro.

—Ya veo... La recuerdo sí, ¿Kora es la jugadora de ajedrez, cierto? —Leah hizo memoria.

—La mejor jugadora de ajedrez... No hay nadie mejor que ella —respondió Vlas, con una sonrisa—. Excepto Rhys, solo él pudo ganarle —rio al final.

—Ese tipo —rio también Leah—. ¿Por qué eres tan diferente a él? Eso fue lo que más me sorprendió de ti cuando te conocí, si no fuera por tu apariencia no me hubiera creído que ustedes eran hermanos.

—Soy doce años menor a Rhys, mi madre me crio de una forma distinta, además de que la mayoría de mi vida fui casi un hijo único, tampoco tengo la personalidad arrogante y orgullosa de Rhys, quizás él la veía necesaria para su camino, después de todo ser un rey sin seguridad no tiene demasiado sentido... Creo que también por esa razón ya no es tan engreído con antes, o tal vez sea por la presencia de Lara... No lo sé.

—Es un misterio, ¿No es así?

—Ni que lo digas... Incluso sabiendo un poco de su historia todas sus acciones tienen un doble significado que no llegas a descifrar... Hasta su decisión —respondió Vlas, cuando la idea de su padre matando a Demian entró en su cabeza otra vez—. Ninguno de nosotros estaría aquí si Rhys hubiera tomado la decisión antes de tiempo... Pero supongo que ya mucho no se puede hacer... Él ya lo hizo, yo ya lo hice, y demasiadas personas ya lo hicieron, el tiempo para arrepentirse no llegará, porque no vamos a revivir a las personas que murieron por nosotros —lo dijo con un poco de amargura creciendo hasta su garganta, pero que se llegó a desvanecer cuando sintió una cálida mano situándose sobre la suya.

—¿Vas a seguir atormentándote la existencia cada vez que pienses en todo lo que perdiste, o pensarás en lo que quieres para tu futuro? —Leah lo miró con entereza, y esperó una sensata respuesta a su pregunta.

—Creo que todavía es muy temprano para eso... No ha pasado demasiado tiempo.

—Tú lo dijiste: «El tiempo para arrepentirse no llegará», no sé qué buscas, pero creo que es momento para que empieces a pensarlo... No vivirás por siempre, y aunque el arrepentimiento no llegue nunca, el final si lo hará... Y ahí quizás sí puedas sentirte algo arrepentido por lo que no hiciste sabiendo que tenías todo para que fuera así.

Vlas no pudo responder luego de que Leah lo haya dejado en una encrucijada. Ese pensamiento había crecido al mismo tiempo que ella superaba la muerte de sus padres, Vlas lo pudo vislumbrar cuando a medida que hablaba su mano se aferraba más a la de él, y escuchó latir su corazón a una gran velocidad. No había una explicación más adecuada para esa reacción que el recuerdo de su propio camino hacia su concerniente búsqueda... Esa búsqueda la cual él también tenía que explorar... Como a sí mismo.

—Chicos, el lugar está por cerrar pero tenemos planeado ir a la playa para terminar la noche ahí, ¿Se suman? —Ambos volvieron a tierra cuando la voz de Mya se asomó por sus espaldas, para en seguida colocarse entre ellos—. ¿Están bien? —preguntó, notando una cierta fluctuación en el entorno a ellos dos. y la mano de Leah tomando la de Vlas.

—Claro... ¿Qué decías? —preguntó Leah, alzando la mirada hacia Mya.

—Les decía si querían acompañarnos hasta la playa que se encuentra atrás del lugar, pensábamos estar ahí algún tiempo más.

—Emm... Yo no tengo ningún problema —respondió Leah, negando con la cabeza—. ¿Tú, Vlas? —preguntó, al dirigir su mirada hacia él.

—De hecho luego tenemos que volver al mismo lugar, así que supongo que también me sumo —respondió Vlas, moviéndose en el sillón y poniéndose de pie.

—Excelente... Nosotros iremos a pagar la cuenta, ¿Pueden esperarnos fuera?

—Si claro... Los esperamos —Leah asintió, y se paró rápidamente para tomar a Vlas de la mano y salir del lugar.

 

Unos minutos después…

 

Fons, Ash, Playa de Ash - 18 de Octubre - Año 525

 

 El sol se asomaba por la línea del horizonte tornando así al cielo de un color naranja brillante que se mezclaba con el azul oscuro de la noche mientras esta se desvanecía por el otro lado. A lo lejos se comenzaba a escuchar el canto de las aves, y el de los grillos y las ranas se disipaba. Se veían las luces de la ciudad apagándose para darle paso a una nueva mañana en la inmensa capital de Fons poblada de característicos rascacielos que acompañaban las estructuras antiguas que envolvían la ciudad, y el palacio en el centro de esta. Inmenso, alzándose como una fortaleza colosal e impenetrable. Demasiado agradable a la vista.

—Chicos, no quisiera ponerme sentimental, pero créanme que fue el mejor cumpleaños que tuve jamás —declaró Kit, mientras sentado en la arena jugaba con esta escurriéndose en sus dedos.

—Eso no suena muy prometedor cuando sabemos que no recuerdas trece de ellos —bromeó Dean, que se encontraba sentado a su lado.

—Quince de hecho, recuerda que pase dos años en coma.

—Tienes razón, olvide ese pequeño detalle. —Dean comenzó a reír, y Kit sonrió levemente acompañando a su amigo.

—Ustedes dos ya están borrachos y comienzan a hablar estupideces. —Mya empujó a Kit y Dean, quienes cayeron a carcajadas en la arena—. Y ustedes dos ya se pusieron cariñosos... Así que realmente soy la única sobria aquí. —Dirigió su mirada a Leah, y comenzó a reír luego de divisar como Vlas dormía recostado a ella.

—Parece que su cuerpo no aguantó y terminó por dormirse —dijo Leah, con una suave risa.

Al bajar su mirada hacia el chico, encontró en sí misma una linda sensación haciendo presencia en su corazón, ese rostro tan lindo siempre le causaba lo mismo. Su mano ya se había afianzado a la de él, y ambos llevaban tomados de estas mucho tiempo.

—¿Quieren que los lleve hasta la casa de Lara? Tengo el carro en el estacionamiento del club —preguntó Mya, sacando las llaves de su bolsillo.

—No, quédate tranquila, llamáremos un taxi —respondió Leah, encogiéndose de hombros.

—Creo que «llamaremos» no es la palabra adecuada —rio Mya, dando una señal hacia Vlas.

—Sí, lo sé, pero quédense tranquilos, yo puedo llevarlo.

—Aun así no los dejaremos solos, esperaremos aquí hasta que llegué el taxi —dijo Kit, moviéndose hacia ellos.

—Bien, gracias.

 

Luego...

 

Kit convenció a Mya y Dean de que se fueran, ya que él podía despedir a Leah y Vlas, ellos siguieron su consejo y abandonaron el lugar unos minutos después. Kit acompañó a los chicos hacia la acera de la avenida esperando un taxi que llegó cerca de diez minutos después.

—Gracias por la noche de hoy, creo que él hubiera dicho lo mismo pero ya debe estar en su quinto sueño —declaró Leah, señalando a Vlas entre risas, mientras lo subía al taxi.

—De nada Leah, saluda a Rhys de mi parte... Y cuídalo, aunque apenas pudimos conocerlo esta noche, sé que es un buen chico —dijo Kit, con estima, inclinando su cabeza levemente hacia Vlas. 

—Lo sé, yo también creo lo mismo, la vida lo golpeó demasiado pero quizás sí lo ayudamos puede llegar a salir adelante. —Leah se sentó en el asiento y le echó una mirada, Vlas todavía se encontraba dormido a su lado. Sonrió sutilmente después de eso.

—Así es, tengan cuidado, nos vemos luego. —Kit cerró la puerta, para luego despedirse cuando el taxi arrancó, y lo dejó con la mano en alto mientras los veía alejarse del lugar—. Gracias por todo, chicos. —Sonrió dándose la vuelta, y comenzando a caminar hacia su casa... Sería un camino largo.

 

Al llegar a la casa...

 

Fons, Ash, Residencia Harch - 18 de Octubre - Año 525

 

 El taxi estacionó frente al inmenso portón de la casa de Lara... Leah abrió la puerta y suspiró al notar que Vlas todavía seguía dormido.

—Ey Vlas... Despierta, ya llegamos —lo llamó, intentando sacarlo del auto jalándolo del brazo.

—Leah, ¿Eres tú? —su voz se arrastraba a medida que pronunciaba esas palabras semidormido.

—Sí, soy yo, lindo... Ven, entremos a la casa. —Lo jaló con más fuerza luego de que él cerrara sus ojos y apoyara su cabeza en el asiento de nuevo—. Maldita sea —refunfuño, viendo lo difícil que se le estaba haciendo.

 Cuando lo pudo lograr, lo apoyó en su hombro sosteniéndolo al pasar su brazo por alrededor de su cuello mientras el de Vlas seguía apoyado en su hombro, cuando este quedó quieto, pagó el taxi y lo vio alejarse mientras abría la puerta de la casa. Se agachó y lo subió en su espalda para dirigirse hacia dentro con más facilidad, intentando no hacer mucho ruido a medida que esquivaba los muebles y subía las escaleras. Caminó con él todavía sobre ella por la planta alta, Vlas era pesado y subir las escaleras con él a cuestas la cansó. Llegó hasta su habitación y lo lanzó en la cama de espaldas, cuando lo hizo, soltó un suspiro de alivio, lo movió un poco en la cama y le quitó sus zapatos, para luego apoyar su cabeza en la almohada, y por último le dio un beso en la mejilla.

—Descansa Vlas —dijo, dándose la vuelta y alejándose de su lado, cuando notó que algo la jalaba de su mano.

—Espera... No te vayas.

Escuchó la voz ronca de Vlas en la oscuridad

—¿Qué sucede? —preguntó confundida, dirigiéndose a la cama de nuevo.

—Quédate a dormir conmigo, no quiero dormir solo —respondió él, sin soltar su mano.

Ese pedido la tomó por sorpresa y agradeció que la luz estuviera apagada, así Vlas no podía notar el sonrojo que en ese momento se había plasmado en su rostro.

—¿Qué dices, Vlas? ¿Acaso eres un niño pequeño que tiene miedo de dormir solo? No pierdes el tiempo —preguntó ella con una sonrisa, y Vlas le devolvió otra.

—Ojala así fuera y mi vida volviera ser a como cuando era un niño pequeño y mamá dormía conmigo —respondió, en voz baja.

—¿Quieres hablar de algo? —preguntó Leah, subiéndose a la cama, y acostándose a su lado.

—Quizás... Realmente no lo sé, hay muchas cosas que he pensado, pero no quiero aburrirte.

—No lo harás... Habla, aquí estoy escuchándote. —Tomó a Vlas del brazo y lo llevó hacia ella apoyando su cabeza en sus piernas—. No gires tu cabeza, verás debajo de mi falda —bromeó.

—Claro —asintió Vlas, también riendo.

—Ahora sí, ¿Qué sucede?

—Es que, no lo sé, tengo algo de miedo —respondió Vlas. con su voz palpitando. Si tenía miedo, en ese momento lo estaba comenzando a demostrar.

—¿Miedo? —Leah expresó su confusión en su pregunta.

—Si... Tengo miedo de no ser capaz de controlar este poder, y de decepcionar a Rhys al no poder ayudarlo en su sueño.

—¿Cómo? ¿Por qué lo decepcionarías?

—Yo le hice una promesa y él espera mucho de mí... De hecho yo también, creo que puedo lograr más que lo que he hecho estos meses, pero a la vez siento que no tengo ninguna razón para seguir adelante... Y no sé qué hacer con mi vida.

—Vlas... ¿Recuerdas lo que te dije hoy antes de irnos de la discoteca?

—Sí... Cada palabra.

—Bien... Entonces, ¿Lo has pensado? ¿Qué quieres para tu vida, Vlas Windsor? ¿Cuál es tu meta?

Era una respuesta fácil, pero Vlas osciló algunos segundos antes de darle una contestación coherente a Leah, quien todavía tenía su mirada encima suyo.

—Quiero poder volver a Remia para proteger lo único que me queda de Zenda... Y también pretendo impedir que las personas que quiero sufran, eso sólo mostraría mi incompetencia y terminaría por hacerme ver que no sirvo para esto —respondió Vlas con la mayor honestidad posible.

—Ves, al final no era una respuesta muy elaborada —bromeó ella, revolviendo el cabello mientras lo miraba con cariño... Él le sonreía tiernamente, y eso no paraba de hacer que su corazón latiera cada vez más fuerte—. Ahora dime... ¿Cómo piensas hacer eso?

—No lo sé, haciéndome fuerte quizás —supuso, levantando ligeramente sus hombros.

—¿Y realmente crees que podrás hacerte fuerte sin luchar? —preguntó ella con ironía, levantando la mirada—. Así no funciona el mundo, Vlas, si quieres protegerlos tienes que luchar.

—¿Luchar? —Vlas sabía a qué se refería pero instintivamente hizo esa pregunta, aguardando la continuación de Leah.

—Sí, luchar, luchar por los que quieres, luchar por Rhys, luchar por ella y luchar por ti... Si no lo haces no avanzarás, deja atrás ese arrepentimiento, esa culpa, ese miedo, deja atrás todo lo que te limita, desafía tu propio destino para lograr cumplir tu objetivo, si no eres capaz de eso, entonces debes abandonar tus sueños, tus esperanzas, tus seres queridos, y hasta tu propia vida... Pero sé que tú no quieres eso, por esa razón debes de luchar, no te rindas sin siquiera intentarlo... Eso es lo que terminaría demostrando que no sirves para esto.

Ese marrón claro de sus vehementes ojos que comenzaron a irradiar luz lo hipnotizaron, y sólo la miró embriagado por esas palabras que habían entrado por su oído como una melodía hermosa. 

 Para Vlas, ese discurso antes dicho por la dulce e impasible voz de Leah se asimiló a las palabras que aquella vez Zenda le dijo antes de morir... «Vive por ti»... «Lucha por ti»... Con una casi obligación en sí mismas, enseñaban un largo camino el cual debía comenzar a recorrer. Para vivir necesitaba luchar, una lucha contra sí mismo antes de querer luchar contra el mundo... Una lucha interna que apenas iniciaba, no iniciaba ni para bien ni para mal, iniciaba para que él al fin lograra activar ese sello sin sentirse culpable, para que él pudiera mirar a su hermano a la cara sin apreciar la vergüenza, para que él consiguiera dar un paso adelante sin olvidar todo lo que fue en Remia, o en cualquier otro lugar en el que haya estado... Para que él al fin alcanzara a cumplir su promesa con Zenda, Kora y Rhys... Lo único que le quedaba en esta vida.

 Entrenar, hacerse fuerte, y pelear, contra todo lo que se interpusiera en su camino, eso era lo mínimo que podía hacer... Si, lo mínimo, lo mínimo para sobrevivir... Pero él recordó también lo que pensaba antes de llegar a Fons, él no quería sobrevivir, quería vivir y llegar hasta el final de sus días sin remordimientos... Y sin promesas rotas también, esta vez iba en serio... No sólo su destino, no sólo sus promesas, y no sólo su futuro, toda su vida dependía de sí mismo, y había algo que tenía que hacer antes de pretender proteger a los demás... Primero debía protegerse a sí mismo, debía vivir por él y nadie más... Y había una sola forma de conseguirlo

—¿Tú me enseñarías a controlar mi Energía del Alma? —Apretó la mano de Leah con una propuesta saliendo de sus labios.

—¿Quieres que sea tu maestra? —El asombro de Leah era inmenso, y su pregunta casi insólita lo demostró.

—Sí... Te vi enfriar tú bebida muchas veces esta noche sólo usando tu mano, sé que eres capaz de utilizarla tú también.

—Eres muy perspicaz pequeño Windsor... ¿Hasta qué nivel quieres que llegue contigo? —preguntó Leah, con reticencia.

—Al menos hasta que sepa lo básico, o hasta tu nivel... Luego de que llegues a tu límite, Rhys puede seguir con el resto, creo que después de eso sólo quedaría controlar mi Scire.

—Ya veo —dijo Leah, dando un pequeño bostezo, y peinándose hacia atrás al pasar sus dedos por su cabello—. ¿Tienes pensado cuando quieres comenzar? 

—No lo sé, esta tarde quizás —lanzó esa opción al aire, poniéndola en consideración—. ¿Tú qué piensas? —Buscó la recomendación de Leah al elevar su mirada hacia ella.

—En la tarde está bien... Por la mañana tengo colegio y no es que pueda sólo faltar a clases por tu entrenamiento. —Leah bostezó esta vez más fuerte, y lanzó su cuerpo hacia atrás, apoyando la espalda en pared—. Antes de pensar en entrenar debes descansar adecuadamente... Son las 6:30 a.m, duérmete y vemos que sucede en la tarde, recuerda que también debemos hablar con Rhys —agregó, trasladándose en la cama hasta quedar al lado de Vlas, y al llegar a ese lugar, logró recostar su cabeza en la almohada restante.

—¿Así que dormirás aquí hoy? —preguntó Vlas, y al voltear su rostro quedó cara a cara con Leah.

—Tú me lo pediste, ahora no me moveré, estoy demasiado cansada y encontré comodidad —respondió ella, sonriendo con confianza.

—Entiendo, descansa entonces —indicó Vlas, poniéndose boca arriba, y unos momentos después, cerró sus ojos.

—Tú también, Vlas —respondió Leah, haciendo lo mismo.

Vlas sintió como ella tanteaba la cama buscando su mano, rio levemente y terminó moviendo la suya hasta que llegó a tocar la de ella, estaba cálida y era más pequeña que la de él, sin contar que se sentía muy suave, casi como si estuviera acariciando seda, no había notado esos detalles las otras veces que lo habían hecho. Cuando enlazaron sus dedos la escuchó riendo con ternura.

—Gracias.

Su suave voz se coló por sus oídos.

Él solo asintió y ella apoyó cuidadosamente su cabeza en el pecho de Vlas. Esto lo puso nervioso, y apretó sus ojos más fuerte, anhelando dormirse rápido. Su cuerpo le hizo caso, o quizás estaba demasiado cansado como para seguir despierto, ya que no pasaron muchos minutos cuando cayó en un profundo sueño.

Todavía sin soltar la mano de la chica que en ese mismo momento se encontraba acostada a su lado.

—Te quiero, Leah... —dijo, dormido.

Ella lo había escuchado, todavía seguía despierta... Tal declaración era complicada de asumir, pero sabiendo que él lo había dicho inconscientemente, no lo tomó como una verdad absoluta de sus sentimientos... Aun con lo bien que la hizo sentir.

—Yo también, Vlas... —sólo respondió... Y cuando menos se dio cuenta... También cayó dormida.


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