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93.15% La Leyenda del Scire / Chapter 68: Capítulo 33: Elegir un futuro condenado por ese pasado  

Chương 68: Capítulo 33: Elegir un futuro condenado por ese pasado  

Fons, Ash, Casa de Dean - 6 de Mayo - Año 526

 

—¿Es aquí? —Leah le preguntó a Vlas, al ambos parar en una de las tantas puertas que tenía ese pasillo de edificio. Era un complejo de apartamentos gigante, los pasillos eran extensos, podía haber más de cien puertas en cada uno—. ¿Recuerdas el número?

 —Emm... Sí, «205» —indicó Vlas, dirigiendo su mirada al número de puerta—. Es este —reconoció—. ¿No debería tener el apellido del propietario? Todas tienen.

 —Lo tiene, sólo que está desgastado. —Leah señaló una placa casi camuflada al ser del mismo color de la puerta, con el contexto de la noche era imposible siquiera distinguirla.

 Leah tocó el timbre. Lo escuchó desde afuera incluso. Ambos esperaron algunos minutos, parados afuera, no reconocieron movimiento dentro. Era extraño. Estaban ahí porque Mya los había invitado. Ese día era su cumpleaños número veintidós, y ella quiso hacer una pequeña reunión con sus amigos. La excusa de que su casa era muy pequeña como para albergar a tantas personas fue perfectamente aprovechada por Dean para ofrecerle la suya, y así, seguir afianzando la relación que ambos ya habían comenzado.

 —¡Chicos, llegaron los dos tortolitos!

 El grito de Dean fue lo primero que oyeron de bienvenida cuando les abrieron la puerta.

 —Siempre tú, ¿No? —Leah fue irónica.

 —Pero si es la joven Leah Foster, que ya no es tan joven como lo era antes... Te ves muy bonita hoy, joven Leah —indicó el chico, en un tono entre el halagador y risueño.

 Leah se había colocado el vestido que Vlas le había regalado en su cumpleaños, ya que no lo usaba desde ese día justamente. A la prenda la acompañaba un colgante de plata con un dije de mariposa, y unos pendientes de perlas.

 —Gracias, tonto. —Leah sonrió.

 —Y tenemos al príncipe. —Dean volteó hacia Vlas—. ¿Qué sucede contigo?

 —¿Eh? ¿Qué pasa? —preguntó Vlas, confundido.

 —Esa apariencia, debería decir que tengo suerte de que tú y tu hermano no piensen de esa manera, o no quedaría ninguna chica para los demás —bromeó Dean, dándole algunos toques en el hombro—. Pasen, están todos dentro. —Se dio la vuelta y entró a su casa.

 Leah no había comprendido muy bien lo sucedido, y no lo siguió. Vlas menos. Aunque ella alzó su mirada hacia el chico cuando notó que él no se había movido tampoco, y se percató, a pesar de la noche, de un poco de rubor en su rostro. «No puede ser», ella pensó.

 —¿No me digas que te hizo sonrojar? —preguntó Leah.

 —¿Eh? No, no fue por eso. —Vlas rascó su nuca, algo nervioso—. Lo que dijo, de las chicas... No quiero que pienses eso de mí, no soy un mujeriego —dijo, desviando un poco su vista, en un intento de no mirar a Leah.

 —¿Ni aunque vieras una chica más hermosa que yo? —Leah se inclinó hacia él, y quiso alcanzar sus labios colocándose en puntas de pie—. ¿Nadie? —insistió.

 —¿Qué quieres conseguir, Leah? —preguntó Vlas, inclinando él su rostro hacia el de ella.

 —Dame un beso, si me das un beso confirmaré tu afirmación... De que no eres un mujeriego. —Ella continuó con su juego.

 —¿Quieres que sea un mujeriego? Si no, no entendería tu actitud —Vlas replicó.

 —Sólo quiero un poco de competencia, haría nuestra relación divertida, ¿Cierto? —preguntó ella.

A pesar de sentir que lo decía juguetonamente, a Vlas también le pareció que estaba siendo más seductora de lo normal.

—No tienes competencia, Leah... ¿Alguna vez te has visto al espejo? ¿Cómo una chica como tú tendría competencia? Sea yo, o sea cualquier otro hombre en este mundo, serías la predilecta para cualquiera, y el que no lo quiera ver es un imbécil. —Él alcanzó los labios rojos de su novia con los suyos.

Sonaba tan enamorado que hasta él mismo se sorprendió. Pero nunca se había puesto a pensar en que, él adoraba a Leah por su personalidad, claro que sí. Aun así, Leah era probablemente la chica más hermosa que conocería jamás, y no estaba siendo para nada subjetivo ni un cegado por su amor hacia ella, aunque quizás un poco, sin embargo, podía confirmarlo, ya la había apreciado mucho tiempo como para discutir con quien fuera ese pensamiento que, ante todo, era inmutable. La vio casi un año atrás por primera vez, y ella, en ese momento, era distinta a la Leah actual, aun no habiendo pasado tanto tiempo, su crecimiento y madurez había sido abismal.

En ese momento, Leah era una chica en la cual, sobre todo, resaltaba su ternura en su belleza, era lo que enmarcaba tal rostro y apariencia. Su mirada era inocente, además, ayudaba mucho su manera de ser, como se vestía, o incluso como usaba su cabello. La Leah que conoció más a profundidad, cuando se fue a Fons, no era tan distinta a aquella que lo ayudó en Remia, aunque había cambiado un poco, y su crecimiento fue más notorio. A él no le gustaba fijarse mucho en ello, aunque, a veces se le hacía imposible, porque la veía en todas sus facetas, y al acostarse con ella era cuando más lo notaba, ya que su cuerpo era perfecto, era sensual, y era, aunque quisiera negarlo, aquello que lo llevaba hasta su propio límite, el motivo por el cual pasaba tantas noches a su lado, haciendo imposible que se separara de ella. Todo eso sumado a ese bello rostro, que seguía regalándole ternura e inocencia, a ese cabello que cada vez crecía más, y con él, la certeza de que Leah se estaba convirtiendo en una mujer... Era guapa, era atractiva, era linda... Y esa actitud, al mismo tiempo que rebelde y madura se mezclaba en su carácter, haciéndolo sentirse a él un niño a su lado, anhelando que ella mandara en su relación. Él sólo haría todo lo que ella le dijera: «¿Por qué tienen que gustarme las chicas más grandes», pensó. No iba a negar que a pesar de él mismo tener un carácter bastante fuerte, le gustaba que hubiese cierto control sobre él, y aunque no leía los pensamientos de Leah, sabía que a ella le gustaba ser quien lo tuviera... De tal forma, él... Sólo podía estar a sus pies.

—Que niño hermoso eres, me encanta cuando te pones tan dulce... Me dan ganas de comerte entero, bombón. —Ella apretó las mejillas de Vlas, notando la calidez de estas, y el continuo sonrojo de él... Sí, le encantaba verlo tan lindo y tímido.

—¿Por qué hoy estás tan coqueta? —Vlas intentó preguntar, con sus mejillas apretadas apenas podía mover sus labios.

—Tranquilo, estoy jugando, no te atacaré frente a los chicos, no quiero que piensen que soy una novia controladora —ella bromeó.

—Por cierto, ¿Pasarán? ¿O seguirán coqueteando en la puerta de mi casa? Si es por mí, pueden seguir haciéndolo, se estaba volviendo interesante.

Dean había regresado, esa era su voz. Cuando los chicos voltearon hacia la entrada lo vieron apoyado en el borde la puerta, con su mirada entretenida en el intercambio de los chicos, dejando ver en su rostro una mueca entre el entusiasmo y la sorpresa.

—Dean, estabas ahí —Leah rio, nerviosamente.

—Carajo. —Vlas bajó su mirada, no quería seguir sintiéndose más avergonzado que antes, y ahora Dean los había visto. ¿Qué tan peor se iba a poner? ¿Dónde estaban Mya y Kit? Ya podían formar el escuadrón.

—Estos chicos. —Dean dejó escapar varias carcajadas—. «Bombón» —repitió, con sagacidad, luego de darse la vuelta para irse caminando por el pasillo.

Leah no quiso decir nada más, eso había sido bastante vergonzoso para ambos, creyó que nadie los estaba viendo, por eso se puso sugerente con Vlas. No tenía en su cabeza justo el pensamiento de hacer el amor con él, ni que estuviera muy necesitada, era sólo un ida y vuelta casual, sólo quería bromear. Y justo tuvo que estar Dean. Ni siquiera quiso alzar su mirada en su caminata por el pasillo, luego de entrar a la casa. Oyó los pasos de Vlas detrás de ella, cuando volteó notó que él estaba igual que ella, cabizbajo y en silencio.

Cuando entraron a la sala, Dean ya se había metido a la parte de la cocina, no lo vieron, pero en la sala estaban Kit y Mya, concentrados en una charla, nos los habían visto. Leah se aclaró la garganta para llamar su atención, y funcionó.

—¡Leah! ¡Vlas! —Mya se puso de pie emocionada luego de verlos—. Vinieron. —Les dio un fuerte abrazo a ambos.

—Sí, vinimos... Feliz cumpleaños, Mya. —Leah aprovechó para dejarle una bolsa en sus manos—. Te compramos un regalo, papá y mamá también te mandan saludos, ellos te deben su regalo.

—Oh, no es necesario... Veamos que me trajeron. —Mya abrió la bolsa, esta no tenía papeles de regalo, era una bolsa de cartón, de una tienda, aunque de una marca extraña, ella no la conocía, seguramente era alguna tienda de lujo—. Oh, me encanta... ¿Saben lo caras que son estas chaquetas?

Sacó una chaqueta de cuero de la bolsa, color negro, con muchos parches de tela en ellas. Desde flores hasta insectos, muy coloridos. Ella sabía que esa era una chaqueta de colección, y no se había equivocado en su suposición, era de una marca de ropa de lujo, como todo lo que ellos usaban. Agradecía tener amigos millonarios, ellos podían conseguir cosas que ella no, aun teniendo el dinero no tenía el contacto especifico que los hacía conseguir esos productos.

—Puedes cambiarla si no te queda, la reservé hace unos meses —explicó Leah.

—Oh, sí, el talle. —Mya se quitó la chaqueta que llevaba puesta y se puso la que Leah le regaló. Perfecta, ella había atinado con el talle, era justo—. Me queda bien, ¿Te gusta, Dean? —preguntó, volteando a él.

Dean se encontraba parado del otro lado de la sala, acababa de salir de una de las habitaciones del pasillo. Detrás de él se encontraba su hermana, la había ido a buscar.

—Oh... —Tragó saliva—. Te queda bien, sí.

—No te pregunté si me queda bien, eso es obvio, te pregunté si te gusta. —Mya caminó hacia él, hasta pararse justo adelante suyo—. ¿Te gusta? —preguntó, de nuevo.

—A mí me encanta, Mya —respondió Cassie, apoyándose en el hombro de su hermano.

—Gracias bella... Al parecer tu hermano se quedó sin palabras, no ha respondido mi pregunta. —Mya fue sagaz. Su mirada siguió firme en el rostro de Dean, quien la miraba casi inmutado, aunque con una media sonrisa casi escapándosele—. ¿Qué pasa, Jackson?

Vlas y Leah ligeramente se movieron hacia la parte de los sillones de la sala mientras Mya y Dean tenían su momento. Kit estaba ahí, los saludó sonriente, probablemente ya estaba borracho, llevaba muchas botellas de cerveza vacías sobre la mesa.

—¿Ya son novios? —le preguntó Vlas, sentándose en uno de los sillones. Eran tres, uno largo, que se encontraba en el medio, tal vez para cuatro personas, y otros dos más pequeños, de dos personas, uno a cada lado del grande. Los tres alrededor de una mesa ratona, repleta de botellas de cerveza y aperitivos—. Ven aquí si quieres, bonita —le dijo a Leah, apoyando su mano en su regazo.

—Bueno —ella asintió, sentándose en sus piernas.

—Ellos todavía no son novios, no lo quieren aceptar, aunque están en eso... Pero ustedes, veo que sí —declaró Kit, entre risas—. Tomen una —agregó, destapando dos botellas de cerveza que ellos tomaron.

—Algo así, ¿No? —preguntó Vlas, dándole un beso en la mejilla a Leah.

—Algo así —ella respondió, igualmente.

—Esos dos dan muchas vueltas —señaló Kit, los tres dirigieron su mirada a Dean y Mya. Ellos seguían en ese ida y vuelta, divertido, Mya insistiendo que él le dijera si le gustaba como le quedaba su chaqueta, y Dean en silencio, mientras Cassie jugaba con su espalda, intentando empujarlo—. Desde el día de la coronación están así, en cualquier momento los tomaré a ambos y los obligaré a besarse... Me están hartando.

—Ey, debes darle su tiempo, ellos han pasado por mucho, tal vez no saben cómo actuar en este tipo de situaciones —dijo Leah.

—¿Por mucho? —preguntó Vlas, con curiosidad.

—Ninguno tuvo una infancia o adolescencia fácil, no pudieron vivir todo lo que nosotros vivimos para aprender a entender nuestros sentimientos, Vlas... Imagina, si para nosotros fue complicado, ¿Qué podemos esperar de ellos? —explicó Leah. Vlas asintió.

—En cierto punto —dijo Kit, entre algunos tragos de su cerveza—. Y con lo que pasó con Dean y eso... No lo sé, ella lo ha ayudado igualmente, ¿Les contó que todos los días viene a visitarlos? Les cocina, los ayuda con la limpieza de la casa y cuida de Cassie cuando Dean trabaja hasta tarde... Yo diría que ya son pareja, sólo que como dijo Leah... Es complicado que entiendan lo que sienten.

—¿En serio hace eso? Que atenta, se nota que los quiere mucho, a ambos —aseguró Leah, su mirada volvió a ellos, seguían jugando, entre risas.

—Cuando conocimos a Mya, era tan irascible que era insoportable, no confiaba en nada ni en nadie, hasta cierto punto creí que nos odiaba sólo porque éramos hombres, ya que en realidad contigo y con Lara no era así, y con Rhys era complicado... Jamás se me ocurrió pensar en que tal vez ella había pasado una situación traumática que le diera tal actitud, no lo sé, no quise hacerlo, si lo hubiese sabido, la habría ayudado desde el inicio... Dean lo supo, él no es un tonto que se toma todo a broma, ni un insensible que sólo piensa en mujeres, él sólo quería dispersar todo ese enojo que siempre sintió a través de esa máscara de chico malo y extrovertido... Ellos son el uno para el otro desde el inicio, supieron sanar sus heridas mutuamente... Se merecen este momento que tienen, después de tanto. —Kit también mantuvo su mirada fija en la interacción de sus amigos. 

Ellos volvieron a la parte de los sillones luego de que Mya convenciera, de una vez por todas a Dean de que le gustaba como le quedaba la chaqueta: «Sí, me gusta», él le dijo, a regañadientes. Cassie y Mya festejaron esas palabras como si se hubiese tratado de la ubicación de un tesoro descubierta por ellas, pero no... Era sólo una forma de molestar a Dean.

—Lo hice —declaró Mya, llegando a donde Kit y los chicos estaban—. Me dijo que le gusta como me queda —agregó, orgullosa, y encantada también—. Por cierto, ¿Y ustedes? —Señaló a Leah y Vlas.

—¿Qué pasa? —preguntaron ambos al mismo tiempo.

—¿Saben? Hay una habitación al fondo, está vacía, digo... Por si quieren usarla —bromeó Mya, señalando con su pulgar a donde había dicho.

—Mya, tú también —protestó Leah, notando el movimiento en las manos de Vlas.

Él parecía querer alejarse suyo, ¿Qué le pasaba? Se estaba tomando todas las bromas en serio. Entendía que fuera algo tímido y vergonzoso, más cuando se trataba de ellos y su intimidad. El día anterior luego de que él la fuera a buscar tras ella haber discutido con su madre sobre exactamente la misma situación, él le dijo que también se había sentido avergonzado, pero que no quería dejarlo en claro ante nadie, porque comprendía que era algo normal, y que, a pesar de todo, no iban a poder escapar de las bromas y las molestias de sus amigos, porque así era como funcionaba.

Ella lo entendió, también se replanteó la idea de haberse enojado con su madre el día anterior, aunque no quiso darle demasiadas vueltas al asunto, porque pensar en que había discutido con Lara le chocaba un poco, y la hacía sentirse triste. Lo último que quería era que las cosas con su madre se fueran a la borda por una tontería, y claro, entendía también la base de su molestia, pero no quiso ponerse en el lugar de Lara, no quiso comprender un preocupado pensamiento maternal que vino de su parte... Lo iba a hacer cuando se dieran la oportunidad de hablar.

—Ey, no molestes a la joven Leah, y al «bombón» —Dean se acercó por detrás de ella—. ¿No ves que se avergüenzan? —preguntó, a las carcajadas.

—¿«Bombón»? —le preguntó Mya, confundida.

—Estaban coqueteando en mi puerta antes de entrar, Leah le dijo: «Bombón», y el príncipe se sonrojó —contó el joven, a detalle, sin parar de reír.

Leah y Vlas cruzaron miradas, sin saber dónde meterse. Debieron estar preparados para tal situación, ambos sabían que cuando los chicos se enteraran de su relación comenzarían a molestarlos hasta ese punto. Sin ir más lejos, los días anteriores, Leah había tenido algunas salidas con Mya, y le había contado sobre... Lo que había pasado entre ellos, sin mucho detalle, aun así, fue suficientemente clara como para que Mya captara la situación. Ella era su mejor amiga, y la única persona con la que mayormente habla de esas cosas, sabía que la comprendería, y que podría compartir con ella su alegría: «Así que el pequeño y tierno príncipe terminó siendo todo lo contrario a tierno y pequeño, eh», le dijo Mya, con su característico sarcasmo, entre risas. Leah rio en ese momento, y le siguió el juego, después de todo, era Mya con quien bromeaba, sólo ella entendía a lo que podía referirse, y sabría cuándo parar.

 Sin embargo, dentro de su grupo de amigos también estaban Kit y Dean. Ella los conocía bien, sabía lo bromistas y pesados que ellos podían llegar a ser en cuanto a algo así, Dean siempre se llevaba las fastidiadas de Kit cuando una chica lo rechazaba, y viceversa. Ellos no eran así con Mya, ya que conocían su carácter, e incluso antes de hacerlo, ella siempre los terminaba golpeando a ambos. Y con respecto a ella, jamás se sobrepasaban de esa manera, el respeto que ambos le tenían a Rhys y Lara impedía que actuaran de esa forma, y ciertamente a ella no le molestaban tanto sus bromas, los llegaba a comprender, y cuando recibía alguna, la aceptaba y a veces les seguía el juego. Pero, volviendo a su pensamiento inicial, ella en realidad se había preocupado por Vlas. Él no era ella, él no iba a actuar como Mya, ellos veían en él a un chico, casi de su edad, con el cual podrían bromear tal vez sin esas consecuencias que veían en ellas. Ella no quería que Vlas se convirtiera en su punto, aun sabiendo que Kit y Dean eran buenos chicos, que sabrían parar cuando alguien se los pidiera, pero Vlas... ¿Se los pediría?

Él ya se había avergonzado varías veces con distintas situaciones, a veces se veía retraído ante la presencia de tantas personas, tenía un personalidad un poco tímida, y con personas a quienes no conocía tanto, también aislada. Sabía que si él se llenaba de confianza podría comenzar a replicar esas bromas, ya que era ocurrente y divertido, sin embargo, ¿Cuánto podría tardar para acostumbrarse a un ambiente así? Lo último que quería era que él se sintiera incómodo ante todos. Aunque, esa vez en la disco no lo hizo, tal vez el alcohol ayudó mucho, también el hecho de que ella estaba ahí, y su propia voluntad de relacionarse con otras personas, pero todos habían sido cuidadosos con él ese día, sin querer tocar algún tema que lo lastimara o lo hiciera sentirse desubicado... Ya no era ese día, ya había pasado tiempo, se había relacionado con los chicos varias veces, y hasta había cultivado una especie de amistad con Mya. No lo sabía, iba a tener que esperar a ver cómo se desenvolvían las cosas, aun así, estaría para él, eso se había propuesto a sí misma. Quería verlo avanzar.

—¡No! ¡¿En serio?! —exclamó Kit, uniéndose a las carcajadas de su amigo—. ¿Cuándo te volviste tan mimosa, Leah? —preguntó, dirigiéndole una mirada a ella, con un divertido gesto al mover sus cejas.

—¡Cierra la boca, imbécil! —Leah le lanzó un almohadón. No pudo contener la risa cuando este golpeó a Kit de lleno en el rostro—. Ey, no bromeen con mi chico, él se puede poner un poco tímido —dijo, envolviendo la cabeza de Vlas en sus brazos.

El chico sonrió. Sostuvo sus manos alrededor de la cadera de Leah, ella seguía sentada en sus piernas, no parecía querer dejar ese asiento en ningún momento.

—Igualmente, puedo defenderme —dijo él, de la nada—. Mya, ¿Le recuerdas a Dean el apodo que me pusiste? Tal vez se le olvide la idea de que es gracioso que alguien me llame por uno —agregó, con sagacidad.

Él sabía que poner ese tema en la discusión era una buena forma de tranquilizar las bromas que Dean había enviado hacia él incansablemente. Al darse cuenta que realmente él tenía algo con Mya, pensó que sería gracioso ver su rostro cuando se enterara que la chica que le gustaba lo llamaba: «Solecito». ¿Dónde se metería su lógica luego de eso?

—Uy, golpe bajo —adhirió Kit. Él seguía jugando con el almohadón que Leah le había lanzado.

Vlas le dirigió una mirada cómplice, él le guiñó un ojo. Esa tarde luego de todo lo sucedido en la coronación, cuando tuvieron la charla en la cual Kit más o menos lo puso al día con las cuestiones de su grupo de amigos, él aprovechó para comentarle el apodo que Mya le había puesto. Kit comenzó a reír, y le contó que, en realidad, ella le ponía apodos a todos, a él lo llamaba: «Mr. K», haciendo alusión a su inicial e imitando el nombre del villano de una película de acción que a ella le gustaba mucho. A Leah la llamaba: «Ricitos de oro», ya que, cuando se conocieron, años atrás, Leah llevaba rizos en su cabello. En realidad, tal apodo dejó de tener validez cuando Leah volvió a usar su pelo natural, lacio, sin embargo, Mya lo siguió usando, ya que le parecía tierno, aunque luego de que Leah creció ya no lo hizo más. Y sólo la llamaba por su nombre. Aun así, la única persona que no tenía apodo de su parte, además de Rhys y Lara por motivos de respeto, era Dean.

Ninguno sabía por qué Mya jamás le puso un apodo, o por qué siempre lo llamó por su nombre, a veces usaba su apellido, pero sólo cuando quería molestarlo. Él tampoco hablaba de Mya de manera informal, siempre la llamaba por su nombre, y al contrario que ella, jamás usaba su apellido.

—¿Qué? —preguntó Dean, cambiando radicalmente el rostro que tenía, a uno de confusión—. ¿Ya te dio un apodo?

En ese momento, todos voltearon a Vlas, queriendo conocerlo.

—Vaya, se me dio vuelta situación... —él rio, incómodamente—. Emm... Sí, me dio uno —asintió, al mismo tiempo que bajaba la mirada.

—¿Y cuál es? —preguntó Leah, curiosa.

—Sí, dinos —insistió Dean.

Mya había estado en silencio, sólo mirando a Vlas, impasible, pero con una sonrisa en su rostro. Él alzó su mirada hacia ella, y encontró cierta confianza en su sonrisa. «Dilo», ella le dijo, sin decirlo, sólo moviendo sus labios.

—«Solecito» —reveló Vlas, y bajó su mirada, otra vez, sintiendo la de los demás sobre sí. Hasta que las carcajadas se permitieron aparecer.

 

Minutos después...

 

 Concentrada en su charla con Cassie, la hermana de Dean, Leah había parecido ignorar lo que él dejó salir momentos atrás. Todos sólo rieron ante su respuesta, incluida Mya, ella lo estaba esperando, él debió saberlo. Pero, a pesar de que todos se estaban riendo de lo mismo, Leah no, ella sostuvo su mirada sobre él en todo momento, con un poco de interés fulgurando en sus ojos marrones. No le dijo nada, e incluso se le escapó una ligera media sonrisa que no dio le dio más detalles de su pensamiento a Vlas. Ella aún seguía sentada en sus piernas, aunque inclinada hacia el otro lado, donde la chica que se había presentado ante ellos momentos atrás había captado su interés.

 —Y dime, cariño... ¿Te gustaron esos vestidos que te regalé? Le dije a Dean que tal vez algunos te iban a quedar grandes, pero con algunas modificaciones podían quedarte bien —preguntó Leah.

 —Oh, sí... Estaban bonitos, usé uno el otro día, el carmesí con detalles en plateado, mis amigas me dijeron que era el vestido más lindo que habían visto nunca —respondió la chica, con emoción.

 Vlas notó que no era tan joven como él había creído. En su propia interpretación a lo que Kit le había dicho ese día cuando hablaron de Dean, su hermana era una niña pequeña, no una adolescente de casi su edad, más o menos, ¿Cierto? No le quiso preguntar la edad, ni siquiera había intercambiado más que algunas palabras como un saludo y su nombre al presentarse, Leah se encargó del resto. Al parecer ella la conocía, y le caía bien, porque estaban hablando de cosas que sucedieron antes incluso de que él se fuera a vivir a Fons, muchos meses atrás.

 —Por cierto —habló, luego de asegurarse de que ellas hubiesen terminado ese tema de los vestidos, o lo que fuera—. ¿De dónde se conocen? —preguntó.

 —Cassie es la hermana de Dean, ¿No te lo dijo? —Leah inclinó su cabeza hacia el lado del chico, en un gesto de obviedad.

 —Sí, lo sé, son idénticos —indicó Vlas, mirando de reojo a la chica. ¿Era normal ser tan parecido a tu hermano mayor? O sea, él no iba a negar que era demasiado igual a Rhys, pero, ella era una chica, incluso aunque hubiesen salido con los mismos genes, ¿No había algo que evitaba eso? No era mellizos después de todo, sólo eran así, muy iguales—. Me refería a, bueno... Esto —dijo, intentando explicarse mejor.

Se quería referir a la situación de que estuvieran hablando con tanta confianza, eso no pudo haber sucedido sólo porque la chica era la hermana de Dean, se habían tenido que relacionar antes sí o sí, y más conociendo la actitud algo reservada de Leah. Ella no tenía muchas amigas, más allá de Mya.

—Oh, eso... Cuando Dean apenas se unió al equipo de papá, ellos eran muy pequeños, no tenían hogar, y se habían escapado de un orfanato, por lo tanto, estaban en problemas, así que esos meses en los que papá y mamá se encargaron de arreglar esa situación, y mientras le conseguían un hogar y eso, ellos se quedaron en la casa de mamá... Ahí nos hicimos amigas —contó Leah.

—Ya veo. —Vlas movió su cabeza hacia delante—. Por cierto, me gusta mucho ese color de ojos, no sabía cuándo agregarlo a la charla, lo siento —dijo, refiriéndose a la chica.

—¿Cierto? Son hermosos, a ella le quedan mejor, no le dan la apariencia intimidante que Dean posee, ella se ve más tierna y linda. —Leah concordó con él, y de paso, se deshizo en elogios a la chica.

—Los heredamos de mi mamá —dijo la chica, en un suave tono de voz. Los halagos siempre la ponían vergonzosa.

—¿Tu mamá? —preguntó Leah, sorprendida.

Ella sabía que ellos; Dean y Cassie, nunca hablaban de su madre o su padre, más que nada de parte de Dean, él vio la muerte de ambos, y, según sus propias palabras, lo perdió todo sin poder hacer nada, ese pensamiento hacía que se martirizara siempre que podía, de tal manera, Cassie sólo lo hacía para no hacerlo sentir triste ante tal recuerdo, ya que a ella le afectaba mucho más ver a su hermano en ese estado que recordar a sus padres, ya que no recordaba nada de ellos, y ese dolor ante la pérdida de ambos... Nunca lo sintió.

—Sí, Dean me contó que ella era una mujer hermosa, y que... Tal vez, cuando yo crezca sea igual o más hermosa que ella —declaró la chica, sus mejillas se fueron tornando cada vez más rojas.

—¿Él habla de sus padres? —Leah preguntó, de nuevo.

—Más que antes, sí... Desde ese día en realidad, siempre que le pregunto me cuenta lo que recuerda de ellos, se lo ve emocionado, antes no lo hacía... Apenas los mencionaba... Supongo que, su recuerdo ya no le afecta tanto —respondió Cassie, y una sonrisa se dejó ver en su rostro.

El pastel de cumpleaños llegó a la mesa ni bien ellas terminaron de hablar. Dean lo dejó sobre esta y prendió todas las velas que este llevaba con un llama de sus dedos. Mya, como cumpleañera, se acercó a este, y todos la rodearon, mientras le cantaban el «Feliz cumpleaños». Luego de esto vino compartirlo, un poco de charla también, con todos. Hablaron de uno que otro tema, se rieron de muchas cosas, el alcohol ya le había afectado a la mayoría. Vlas quiso tomar poco, la última vez que se sobrepasó con este tuvo pesadillas, y aunque esa vez acabó en la habitación de Leah, tal vez si lo hacía de nuevo no iba a terminar tan bien.

Casi al final de la noche, cuando todos estaban en las últimas. Dean les ofreció que se quedaran a dormir. Todos aceptaron, menos Kit, según él, al otro día tenía que trabajar temprano, y si se quedaba iba a ser imposible que se levantara. Luego de él irse, organizaron las habitaciones. Dean les dejó la habitación grande, la suya, a Mya y Cassie, ellas dormirían ahí y él dormiría en la habitación de Cassie. La única habitación libre de la casa se las dejó a Vlas y Leah, no sin antes bromear con que necesitaban «intimidad» y miles de cosas más que sólo él llegó a comprender en su actitud alcoholizada.

—¿Cómo terminamos así? —preguntó Vlas, con su cabeza apoyada en una de las almohadas del futón que Dean les había prestado para que pudieran dormir al menos cómodos, ya que la habitación estaba vacía, no tenía ningún mueble, ni siquiera una cama.

—Fue una noche bonita, desde el cumpleaños de Kit no teníamos una reunión con los chicos, ya las extrañaba —respondió Leah. Ella se encontraba recostada en la otra almohada.

—Esta habitación está oscura, y es extraño que la casa esté tan silenciosa —dijo Vlas, girando su rostro hacia arriba, no vio nada, ni siquiera supo si estaba apreciando el techo o alguna otra cosa.

—Bueno, Mya ya se había acostado a dormir luego de llevar a Cassie a la habitación, el único que quedaba era Dean, supongo que estaba limpiando la casa o algo, aunque creo que ya se fue a dormir también.

 —¿Lo tenías así?

 —¿Cómo?

 —Tan responsable, te juro que desde lo conocí me hice una figura de él en mi mente, una figura de un chico rebelde, sabes... Es gracioso y carismático, pero tiene cierto tono de que no le importan muchas cosas, no lo sé... Es extraño, diría que es algo así como Rhys, pero sé que Rhys es así porque es un tipo egocéntrico desde nacimiento, sin embargo... Dean no es egocéntrico, es más bien... Escapista.

 —¿Escapista?

 —Sí, no lo conozco demasiado bien para confirmarlo, pero entre lo que dijo Kit de él, sobre que es un chico que sólo quería dispersar ese enojo que poseía a través de una máscara, y luego lo que dijo su hermana, eso de que cambió desde lo que pasó en la coronación... ¿No crees que es algo interesante? Dean no parece alguien que actúe al azar, nadie lo hace en realidad, todas las actitudes tienen un trasfondo y una intención.

 —Mya me ha hablado un poco de su cambio, en realidad no es muy concreta con ese tema, porque dice que no le gusta hablar de Dean cuando él no está, pero, me ha dicho cosas interesantes... Él tenía varias formas de divertirse antes, creo que ya lo dejaron en claro los chicos muchas veces, él era un mujeriego, salía mucho de fiesta, a veces usaba drogas y siempre se lo veía con un cigarrillo en la boca... Ya no es ese Dean, no sé hace cuanto tiempo, según Mya, desde una charla que tuvieron en Remia, donde ambos, bueno... Se declararon sus sentimientos... Yo sé que él la ama, no es algo secreto para nadie, aun así, no sé si tal cambio haya sido sólo por Mya, creo que... Hay algo más allá que eso.

 —Mya es una buena chica, ella lo ama también, y al parecer ha estado para él desde ese momento, no sé si tal cambio fue sólo por ella, pero lo que es claro es que ella ha tenido una gran influencia en este.

 —Ciertamente —asintió Leah, ella también había volteado su rostro hacia arriba—. «Solecito» —rio.

 —¡Ey! —protestó Vlas—. ¿No te molestó? Creí que te había molestado, no te habías referido a eso en toda la noche.

 —No me molestó, para nada, en realidad sólo estuve pensando... Hasta Mya tiene una forma específica de llamarnos a ambos, y ella sólo es nuestra amiga —respondió Leah, volteando a él. Él ya lo había hecho antes, y aunque la habitación estaba a oscuras, logró divisar su rostro—. Vlas, pongámonos un apodo que sólo podamos utilizar nosotros —propuso.

 —¿Un apodo que sólo podamos utilizar nosotros? ¿Cómo qué? —preguntó Vlas, la propuesta le había interesado, él sentía que llamarla «bonita» era un cliché, y había estado pensando muchas formas de llamarla, pero todas volvían a lo mismo.

 —No lo sé, algo así como, «cariño» o «mi amor», pero que tenga que ver con nosotros, algo que sólo le dirías a tu pareja, yo podría llamar así a Rhys o a Lara, no lo sé... ¿Me entiendes?

 —Lo hago... —respondió Vlas, pensativo... Era una tarea difícil, sin embargo, no tenía que ser algo sumamente original, mientras fuera algo que sólo le pudiera decir a ella, tendría sentido e iba ser significativo... Tal vez algo como—: ¿Y qué tal «cielo»?

 No estaba tan oscuro, lo supo cuando sus ojos se acostumbraron a la falta de luz de la habitación, y encontró los de Leah al voltear a ella. Brillantes y osados, como siempre, aunque, de la misma forma, encantados y embelesados.

 —«Cielo» —ella musitó, y de sus labios se escapó una sonrisa.

 

Más tarde...

 

Fons, Ash, Casa de Dean - 7 de Mayo - Año 526

 

 Vlas salió de la habitación a media madrugada. Leah se había dormido unos minutos atrás, y él necesitaba ir al baño urgentemente. Luego de salir del baño quiso tomar un poco de agua, y cuando caminó hacia la cocina notó la luz de la sala encendida.

 —Es horrible dormir en ese futón, ¿Cierto? —le preguntó Dean, con su voz viniendo del centro de la sala.

 —Ey, Dean, ¿Qué haces despierto? —Vlas se inclinó en la mesada hasta divisarlo sentado en el sillón que justo no se veía desde la cocina.

 —Muchas cosas, pero mayormente, tomando las cervezas que quedan. —Dean alzó la botella que llevaba en su mano—. ¿Quieres acompañarme?

 —Claro. —Vlas se sentó a su lado y tomó una botella.

 —¿Qué tal todo, príncipe? Veo que tu relación con Leah va viento en popa, y tu entrenamiento también, tal vez no te des cuenta, pero emanas un aura monstruosa —indicó el joven. Sabía que Vlas era un Windsor, el hermano de Rhys y el hijo de Rygal, así como también el poseedor del Scire, por tal motivo, no se sorprendió de notar el abrumador poder del chico—. Rhys ha estado haciendo un buen trabajo contigo.

 —¿Tú crees? En realidad no hemos entrenado mucho últimamente, Rhys ha estado ocupado con algunos temas políticos de Fons, sabes que es amigo de Lee y Ashley, además de que Lara ya es parte del Consejo, por lo que cuando ellos llaman a su ayuda él acude. —Vlas dio algunos sorbos.

 —Sí, claro... Alguien con tal influencia siempre tendrá muchas cosas de las cuales ocuparse, yo no podría encargarme de tanto, jamás —aseguró Dean.

 —Tienes una buena organización en este lugar igualmente, así comienza todo el mundo, Rhys tiene sus prioridades bien claras, eso es lo que hace que pueda encargarse de tantas cosas al mismo tiempo, él sabe qué es lo realmente importante —expresó Vlas.

 —Bueno, Lara lo ayuda mucho también, no es que hace todo solo, ella es una magnifica mujer, y con él, una gran esposa, cuando tienes a alguien así a tu lado, supongo que las cosas se te facilitan un poco —Dean reconoció.

 —Sí, se podría decir que sí —Vlas concordó con él—. ¿Tú la tienes? —preguntó, interesado en la respuesta de Dean. Rápidamente la imagen de Mya invadió su mente, tal vez ya sabía la respuesta.

 —Sí... Tal vez... No lo sé —Dean titubeó—. Cassie me ayuda mucho, sin embargo, ella es mi prioridad, así que, las cosas que hago por ella no son parte de su responsabilidad, por lo que no me puede ayudar tanto en eso.

 —¿Ella es tu prioridad? —Vlas le dirigió su mirada.

 —Cassie es lo único que tengo, nada más que ella importa en esta vida, todo lo que llegué a tener, se fue, y sólo me quedó ella, siempre será mi prioridad, a pesar de todo. —No dejó de lado su firmeza en ningún momento.

 —¿Y Mya? —Vlas preguntó, con atrevimiento, él sabía que tal vez había sido un poco intrusivo en la privacidad de la vida de Dean, pero lo que él sentía por Mya era algo que saltaba a la vista, y Dean no se lo iba a poder negar.

 —¿Qué pasa con ella? —preguntó el joven, esbozando una sonrisa.

 —¿Ella no forma parte de tus prioridades? —inquirió Vlas.

 —Bueno. —Dean inclinó su cabeza, su mirada se dirigió al suelo—. Más o menos.

 —¿Más o menos bien? ¿O más o menos mal?

 —Mya tiene su vida, muchas cosas de las cuales se encarga por sí misma, y sus propias prioridades, no quiero agobiarla con tonterías de niño enamorado, ella lo sabe, y aunque sí, puede considerarse una de mis prioridades... Siento que ella misma es independiente de todos, y tal independencia le impide ser la prioridad de alguien.

 —También va en su anhelo, ¿Nunca le preguntaste sobre eso?

 —Sí, pero ambos concordamos con que en este momento no estamos para algo así.

 —¿Para una relación?

 —Claro —Dean asintió—. Pero ella está ahí, igualmente, y se preocupa por mí como si realmente fuera mi novia, pasa más tiempo en casa que en la suya, Cassie hasta parece su hija, la cuida tanto... Yo había esperado algo así para ella hace mucho tiempo, Cassie jamás tuvo la experiencia de tal afecto maternal, y me gusta que Mya entienda eso y esté para ella, pero al mismo tiempo tengo miedo de no saber manejarlo, y que todo se acabe.

 «Ahí viene», pensó Vlas, recordando las palabras de Kit y Leah.

 —¿Cómo vas llevando todo eso de tu pasado y lo que pasó en la coronación?

 —Intento no pensar demasiado en eso, en lo que pasó, sino más bien en lo que pasará... En Cassie, y, aunque quiera decir que no, es algo imposible negar lo importante que es para mí, así que también en Mya.

 —Pero, aunque no intentes pensarlo... Pasó, y eso te dejó algo, ¿Cierto?

 —Me dejó un vacío enorme —Dean respondió, al instante—. Un vacío enorme que intento llenar con la presencia de ambas en mi vida, con vivir el día a día apuntando hacia adelante, un vacío que intento... Dejar atrás, pero, no lo sé... Se siente tan irreal esta paz que estoy sintiendo, es como que... No fuera lo que me merezco. —Miró sus manos, tan limpias, tan... Vacías. Las mismas manos que se encontraban manchadas de sangre aquel día.

 —Te mentalizaste demasiado para asesinarlo, ¿Cierto?

 —Ni que lo digas, han pasado diez años desde que todo comenzó, y hasta hace un mes... Yo tenía la certeza de que me convertiría un asesino, de que... Al fin podría darle ese descanso a mi padre, de dejar de pensar en si podía, o no podía... En deshumanizar a Dean Jackson hasta el punto en el cual vomitaba con sólo pensar en hacerlo... Y ahora... Estoy aquí, sentado en el sofá de mi sala, luego de haber festejado el cumpleaños de una persona a la que amo pero de la que tengo miedo hacerle saber de mi amor... De hablar de mi hermana, de al fin darle esa idea de lo que fueron nuestros padres, que ella, pueda, al menos... Elegir qué sentir al recordarlos... De admirar más a Rhys por haberme salvado de ese destino, de sentir que no decepcioné a nadie, ni a Kit, ni a Mya, pero... De que me perdí, y que ahora no tengo nada a lo que aferrarme, y me siento vacío... Muy vacío.

 —La venganza no era algo bueno a lo que aferrarse, Dean... Por lo menos, escapaste de ese infierno, y ahora... Puedes elegir un camino que tú desees seguir... Sin estar condenado, sin estar obligado... Nada más, ya no tienes el peso de la muerte de tu padre en tus espaldas, ahora todo tiene un nuevo sentido, ¿No es así?

 —Tengo diecinueve años, Vlas... Desperdicié muchos de mi vida en un propósito sin sentido que revivía a cada instante una imagen que me daba mucho dolor, y para sosegar tal dolor, hice tantas cosas tan hedonistas y superficiales... Lastimé a Cassie y a Mya, preocupé a Kit, y llevé a que Rhys tuviera que resolver las cosas por mí, por idiota, por terco, por inmaduro. —Dean cerró su puño—. Obviamente falta mucho para que pueda decidir qué camino realmente tomar para mi vida, falta mucho para que este sentimiento que conseguí luego de librarme de tal peso tenga sentido en mí, falta mucho para sentir que puedo amar a Mya, que puedo ser para Cassie ese ejemplo a seguir... Falta mucho, y me resigné a esperar... No quiero volver a caer en eso... Y al menos, ellas están a mi lado.

 Fueron días los que estuvo encerrado en su habitación luego de lo sucedido en la coronación. Kit lo había llevado desde Pines, donde había estado los primeros días en la propiedad de Lara, hasta su hogar, a las afueras de Ash. Cassie intentó animarlo luego de que él no quisiera salir de su cama, varias veces, pero ver su rostro, saber que la hizo sufrir, que la hizo llorar, lo hacía despreciarse, lo hacía anhelar haberlo hecho, haber matado a Michael, y al fin sentirse miserable, pero con significado, ya que en ese momento se sentía miserable, pero no tenía explicación. Así como no tenía explicación su vacío, su futuro en blanco, su depresión.

 Uno de esos días intentó ponerse de pie, logró abrir la ventana, pero la luz del sol lo encandiló. Como lo encandiló ese día en el medio del desierto. Y cesó sus intentos de salir adelante, volvió a su cama... Y se atrincheró en ese lugar por semanas. No podía pensar, todo lo que pensaba volvía al inicio, nada concluía en lo que él quería que concluyera, y volvía a recordar el rostro de sus padres, el de Michael, sus manos llenas de sangre, y las lágrimas de Mya y Cassie. Todo era un ida y vuelta, un lugar del que no podía salir, su mente no ayudaba para nada, y su alma, quería dejar de sentir que nada tenía sentido... Que toda su vida había sido en vano, y desde ese momento, no tenía nada... Nada.

 Mya lo visitaba seguido. Ella en realidad sólo limpiaba la casa y cuidaba de Cassie mientras él se encontraba en su propio mundo encerrado en su habitación, cada vez peor. Ella entraba a esta a veces, limpiaba un poco, le llevaba algo de comida, que él no comía, y se iba. No le decía nada. «¿Sigues enojada conmigo?», le preguntó un día, de la nada, no quería una respuesta certera, pero al menos quería oír su voz, había visto poco a Cassie ya que sus intentos de animarlo habían cesado, y se sentía más solo que nunca. «No voy a hablar contigo hasta que salgas de esa cama», le respondió ella, siguiendo con su limpieza, y ambos volvieron a quedarse en silencio. Ella abandonó su habitación unos minutos después, y él volvió a quedarse solo... Otra vez con tantas ideas estúpidas en su mente, que sin conclusión... Sólo buscaban una, una conclusión... Demasiado fácil, ¿Cierto?

 Pero no... Su vida había perdido mucho sentido, demasiado, fueron diez años de su vida, día tras día, repleto de ira, de odio, de rencor, y la venganza había escarbado hasta lo más profundo de su alma, lo había consumido, y cada vez que se miraba al espejo sabía que esa persona que estaba ahí, había sobrevivido a tal infierno, o de alguna manera seguía de pie... Reconocer su propia voluntad no era algo que quería hacer, él no pudo haberlo hecho jamás, ya estaba decidido desde el momento en el cual logró hacerlo caer... No iba a parar hasta matarlo, él no iba a parar... Ellos lo hicieron parar.

 «Mya... ¿Me ayudas?», él le extendió su mano. Ella volteó a él, sorprendido al igual que emocionada, «¿Qué?»¸ le preguntó, pero no esperó una respuesta, y lo ayudó. Cuando Salió de su habitación, Cassie lo recibió con lágrimas en sus ojos, y él no pudo evitar contagiarse de estas. Eso era una emoción, una emoción, algo que no sentía hacía semanas, al final, no estaba tan vacío como creía. Esa noche tuvieron una cena los tres juntos, Cassie le hizo muchas preguntas de sus padres luego de que él se ofreciera a responder todas, y así pasó hasta que ella cayó dormida en el sillón de la sala. Era tarde, así que también le ofreció a Mya quedarse... Y esa noche... Sucedió.

 

Semanas atrás...

 

Fons, Ash, Casa de Dean - 26 de Abril – Año 526

 

 Dean se encontraba durmiendo en el futón de la vacía y oscura habitación restante y solitaria que su casa tenía. Dormiría en su habitación, como lo venía haciendo hacía semanas, pero Mya se quedaba en su casa esa noche, y como buen anfitrión terminó dejándole su cama.

 —¿Estás despierto?

 La puerta de la habitación se abrió, y por primera vez desde que se había acostado, vio un poco de luz viniendo desde ese lugar.

 —¿Mya? —preguntó Dean, colocando su antebrazo apenas por encima de sus ojos, la luz que cayó en su rostro de repente lo encandiló.

 —Oh, estabas despierto. —Ella caminó dentro luego de cerrar la puerta y desaparecer la única luz que había logrado entrar a la habitación—. ¿Te molesto? —preguntó, parándose justo al lado del futón.

 —Emm, no... ¿Pasa algo? —preguntó él, confundido, luego de alzar su mirada hacia ella. Estaba oscuro, pero la pudo ver igual... ¿Ella estaba usando un negligé?—. Mya, tu ropa.

 —Oh, es lo que uso siempre para dormir, ¿Algún problema? —Ella se arrodilló a su lado.

 Dean logró ver el rojo en sus mejillas. Ella obviamente estaba haciendo eso obligada, no sabía si por sí misma, o quería hacerlo sentir bien sin pensar en lo que ella quería... No sabía nada, pero... Lo estaba haciendo.

 —No, para nada... ¿Y a ti?

 —No, a mi no... ¿Puedo...? —Ella tanteó el futón—. ¿Puedo acostarme? —preguntó, y la suavidad de su voz dejó paso a un silencio. Algo cómodo.

 —¿Quieres? —Dean se aseguró de que fuera totalmente de su parte, él no pretendía aprovecharse de lo que fuera que ella quisiera hacer.

 —Sí —ella asintió, y se recostó a su lado. Justo había otra almohada por ahí, ella la tomó y la colocó bajo su cabeza—. ¿Cómo te sientes?

 —Bien, algo incómodo, ya me había acostumbrado a mi cama, y ahora me duele la espalda —respondió él, entre risas.

 —Podemos ir si quieres —dijo Mya, y al mismo tiempo bajó su mano, intentando ubicar la de Dean.

 —¿Qué pasa contigo, Mya? ¿A qué quieres llegar? —Dean apenas se giró un poco, había percibido las intenciones de Mya desde el inicio, por eso tomó su mano antes de que ella lo hiciera, y se acercó más a su cuerpo.

 —Te sientes solo, lo sé... También vacío... Solamente quiero ser tu compañía, no pude serlo cuando estuviste esos diez años luchando solo contra tal martirizante dolor, y yo... Sólo quería hacértelo saber. —Ella se fue moviendo cada vez más a él, cuando tuviera la oportunidad, lo haría.

 —¿Hacerme saber qué?

 —Te amo, Dean... Te debía esa respuesta, ¿Cierto? —Con su pregunta aprovechó para, con un rápido movimiento, pasar sus piernas por encima suyo y verse encima de él.

 —No era obligación que me la dieras en este momento, Mya... Yo, puedo esperar.

 —Yo no... Quería decírtelo ahora, Dean... ¿Tiene sentido que sigamos perdiendo tiempo? Hace no más de un mes casi mueres en una pelea, casi, te llevas al límite, casi te conviertes en un asesino... No ibas a seguir a nuestro lado luego de eso, seguramente te hubieses ido, a otro lugar, lejos, para no dañarnos... No lo iba a permitir, Dean... No lo voy a permitir jamás, ¿Está bien? —Ella apoyó sus manos en el pecho del chico, sabía que se estaba poniendo eufórica cuando notó que lo estaba haciendo con mucha fuerza—. Oh, perdón. —Las levantó despacio.

 —Está bien... No lo hagas. —Dean tomó sus manos antes de que ella las quitara de encima suyo—. No lo hagas, yo no quiero que lo hagas. —Las envolvió en las suyas.

 —Dean.

 —Mya... ¿Puedo besarte? —preguntó, llevando una de sus manos hacia la mejilla de ella.

 —¿Y luego? —preguntó ella, y esbozó una cálida sonrisa.

 —Y luego, podríamos dormir acurrucados, o volver a nuestros lugares... No lo sé... Lo que quieras.

 —¿Y si? —Ella tomó aire—. Dean... Yo. —Le dirigió una mirada reflejada con sus intenciones, él tenía que entenderlo, no era estúpido.

 —Mya... Tranquila. —Dean se alzó un poco, levantando ligeramente su espalda del futón—. Lo entiendo... No es necesario que digas más. —Y la besó.

 Se dieron vuelta en el futón, él quedó sobre ella, y permitió que su mano trazara un rastro suave en los muslos de Mya. Lo había hecho con muchas mujeres en su vida, recordar el rostro de alguna era un arduo trabajo, sin embargo... Estaba frente a Mya. No podía dejar de mirar su rostro, ese hermoso rostro que conoció como un mocoso de catorce años cuando ella tenía ya diecisiete. Y del cual se enamoró. Ese rostro que en ese momento estaba recostado a una de sus palmas, y que tenía en él unos labios que clamaban su nombre, suavemente, aunque con fervor.

 Esa noche... Hizo el amor con Mya.

 

Presente...

 

Fons, Ash, Casa de Dean - 7 de Mayo - Año 526

 

 —Tener el conocimiento de ese deseo de no querer volver a ese lugar es un gran avance... Diez años no se van a borrar de tu mente en un mes, ni en dos... Tal vez nunca, pero... Si tú te ves capaz de seguir adelante, entonces siempre será un buen futuro —dijo Vlas. Notó que Dean se había quedado unos momentos envuelto en su mente, cabizbajo y sonriente.

 —Sí, lo será —él afirmó—. Quiero que así sea, y aunque no sepa qué aguarda ese futuro para mí, haré un esfuerzo para descubrirlo. —Pensó en Mya y sonrió de nuevo—. ¿Quieres otra? —le preguntó a Vlas, sacando dos botellas más de la caja que tenía a su lado.

 —Claro, una más —asintió el príncipe.

 No supieron cuánto tiempo más pasó. Pero podían asegurar que fue casi toda la noche, llegando al momento en el que el cielo reveló el alba... Las cervezas parecían no acabarse jamás... Como la charla, como los sentimientos... Como el futuro que les esperaba.


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Chương 69: Capítulo 34: El legado de los Harch  

Fons, Koella, Residencia del Clan Harch - 9 de Mayo - Año 526

 

Casa Harch de Koella. Ese era el nombre completo y oficial de la casa Harch, un clan familiar que remontaba su fundación a quinientos años atrás, al comienzo de la conquista de Delta Ex Fons en el Continente Central, cuando el primer miembro de la familia: Angus Harch, ofreció su poder al conquistador y, junto a otras cuatro familias, formó parte del Ejército Real que lo nombró rey del Reino de Fons al final del año 15. La familia Harch pasó a formar parte fundamental de la política de Fons desde ese momento, junto con su riqueza y poder, así como miembros influyentes en el reino. Delta les otorgó como arma ancestral a Devoradora de Almas y como emblema una pantera negra con fondo azul oscuro, ya que el cabeza de clan; Angus, poseía de mascota este animal, luego de salvarlo como un cachorro en la selva que rodeaba la ciudad de Koella, el hogar de su familia. 

 Históricamente, el clan Harch fue la familia principal del reino, sólo por detrás de la Familia Real, y, luchando por este puesto con la Casa Relty de Raven, rivalidad que persistió por siglos, hasta la actualidad. Tal rivalidad nació como consecuencia de la elección del rey, Zack Ex Fons, para que la, en ese momento era su prometida y líder del clan Harch, Larissa Harch, se ocupara del liderazgo del reino mientras él peleaba la Primera Guerra Mundial, dejando de lado el pedido del líder del clan Relty, Rino Relty, quien se creía el más indicado para sustituir al rey en épocas de guerra. El rey Zack Ex Fons murió en batalla, y jamás llegó a casarse, por lo que al final de la guerra Larissa Harch fue destituida de su cargo de regente y en su lugar, el sobrino de Zack y primogénito de Delta, Ralph Ex Fons, fue proclamado rey. Ralph comprendió el error que había cometido su tío con su elección ante su reemplazo mientras él estaba en guerra, y lo que desató un enfrentamiento entre las dos familias más poderosas del reino, de tal manera, decidió unirse en matrimonio con la hija del líder del clan Relty; Marsha Relty, y permitió que su hermano se casara con la sobrina de Larissa; Lena Harch, sosegando las demandas de ambas familias que buscaban influencia en el Consejo.

 El estatus e influencia de clan Harch se mantuvo constante por cerca de sesenta años, hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. El entonces líder del clan en ese momento, Sam Harch, comenzó a negociar con el gobierno la tecnología que su familia había comenzado a fabricar luego de décadas de estudio e investigaciones. Tal negociación se llevó a cabo entre él y el rey, Joe Ex Fons, que en ese momento estaba casado con la hermana mayor de Sam, Shirley Harch. Al inicio, como una ramificación del reino, la empresa familiar del clan Harch se encargó de proveer armas, vehículos y tecnología, la más avanzada del mundo en ese momento, al Ejército Real mientras se peleaba la Segunda Guerra Mundial. Tal rol fundamental en la victoria del reino al final de la guerra condujo al clan Harch a la cima del mundo con la independencia económica del reino y la fundación de la Corporación Harch convirtiéndose así en la familia más importante del Reino de Fons, dejando atrás al clan Relty, en demasía. Y su emblema, además de su lema: «Sobre nosotros, sólo el cielo», se volvieron conocidos en el mundo entero.

 —¿Quieres otro café? —preguntó Lisa, acercando la jarra que llevaba en su mano a la taza de su hermano sobre la mesa, vacía.

 —No —respondió Vince, colocando su mano sobre esta—. ¿Cuándo llegará Lara? Vine porque ella me pidió que lo hiciera, no para que tú me sirvieras café, Lisa.

 —Lo hago porque soy la anfitriona, Vince, no porque quiera quedar bien contigo —respondió Lisa, alejándose de la mesa. Su hermano había sido mezquino con ella desde que llegó temprano esa mañana—. Serina también está por llegar, tal vez su presencia sea más de tu agrado. 

 —No te enojes por eso, Lisa, no es que tu presencia me moleste... Sólo que, ha pasado tiempo, y ya no es lo mismo que antes —explicó Vince, suavizando su tono de voz, él también se había dado cuenta de su actitud hacia su hermana mayor.

 —Lo que pasó hace años ya pasó, Vince... Y eres mi hermano, eso jamás lo olvidé. —Serina llegó a la parte de la encimera, apoyando sus manos en ella al inclinar su cuerpo de espaldas a su hermano—. No sé si tú lo hiciste.

 —¿Yo? ¿Por qué lo haría? —preguntó Vince.

 —Por nada... Sólo esperemos a Lara y Serina. —Lisa sacudió su cabeza, y caminó hacia la nevera, necesitaba tomar algo de agua.

 —Lisa. —Vince se puso de pie y caminó hacia ella—. ¿Cómo va tu vida? ¿Robert? ¿Las chicas? —preguntó, cuando llegó a la parte de la encimera, donde ella había dejado la jarra de café. Se sirvió otro.

 —No vas a convencerme. —Lisa volteó a él—. Nunca preguntaste demasiado sobre mí, todos sabemos que tu preferida es Serina.

 —Porque Serina es la más cercana a mí, no es mi culpa que nuestras madres nos hayan criado tan separa dos hasta la muerte de papá, ¿Yo qué podía hablar contigo? Si cuando era un niño tú ya eras una mujer.

 —Tampoco me mates de esa manera, sólo nos llevamos nueve años, tenía más diferencias con Thomas que contigo en realidad. —Lisa se acercó a la encimera, enfrentando a su hermano—. Las pocas veces que hablamos en nuestra juventud, eran charlas amenas, ¿Por qué luego de la muerte de Thomas todo cambió entre nosotros? Sé que él nos unía mucho, pero... Yo seguía siendo tu hermana a pesar de todo, me dejaste sola, para que lidiara con Michael, y con todo lo que él dejó... Jamás te reprocharía algo, Vince, sé lo que fue Michael con ustedes, sé que tu vida estaba en peligro, pero al menos una carta cada tanto, no lo sé... Algo... ¿No lo crees?

 —Lisa, hay cosas que no se pueden cambiar... Yo no quería abandonarte, mucho menos dejar de lado a mi familia, pero, era eso, o acabar como Thomas... Tuve que tomar una decisión, muy dura, donde mi esposa y mi hijo recién nacido estaban involucrados, sólo... Organicé mis propiedades —dijo Vince, no pudo alzar su mirada en ningún momento. Los ojos azules de Lisa no parecían querer permitirle que pidiera disculpas—. Lo siento, lo siento si te sentiste sola, si hice mal, o si todo lo que pasó luego de la muerte de Thomas te afectó... Realmente lo siento, pero no podía hacer nada, ninguno podía. —Al fin alzó su mirada. En los ojos azules de su hermana sólo había lágrimas.

 —Debo organizar algo en la oficina, avísame cuando lleguen Lara y Serina. —Lisa se dio la vuelta y caminó por alrededor de la isla de la cocina. Abandonó la sala por la puerta del fondo a toda velocidad.

 Vince bebió el café que se había servido. Y luego volvió a su lugar. En silencio. Aun así, recorrió toda la habitación con su mirada, de una lado al otro, y lo notó, ¿Por qué había una foto colgada en la esquina de la habitación? Eso sí era extraño, nunca había visitado una cocina que tuviera fotos colgadas por ahí, esas siempre se guardaban para los vestíbulos o salas principales de las casas.

 —Thomas... —musitó, al llegar a esta—. ¿Cuántos años pasaron de esta foto? Por Sun —preguntó, dejándose llevar por la risa. Ni siquiera recordaba mucho su época de niño, ni siquiera había vivido en la mansión de Koella en esa etapa, vivía con su madre, pero ahí estaba, una foto de él de niño... Junto a su hermano mayor... Su único hermano mayor.

 Ambos eran tan parecidos. Ese cabello marrón oscuro, esos ojos azules. No tenían facciones finas, eran más toscos en ese sentido, probablemente habían salido a su padre... Y las chicas a sus respectivas madres. Thomas le llevaba una considerable diferencia de edad, cuando él era un niño, él ya estaba casado y tenía una hija, era el líder del clan y el Director Ejecutivo de la empresa. Thomas Harch ya era el hombre más respetado de Fons, y uno de los más importantes e influyentes del mundo, además, de su ídolo. La muerte de Thomas le afectó más allá de saber que se había quedado bajo el control tan maquiavélico de Michael, ni porque su familia y sus hermanas corrían peligro, ni porque sabía que aunque Lara tuviera el espíritu de Thomas no iba a poder evitar que Michael hiciera lo que quisiera... Como le dijo a su hermana, nadie lo iba a poder hacer. Le afectó porque él amaba a su hermano como a un padre, ya que cuando este no estuvo en su vida, al haber muerto cuando él sólo era un niño de tres años, Thomas llegó y se ocupó de él, de su madre, y de Serina, como si fuera su obligación, aun sabiendo que no tenía que hacerlo ya que él sólo era el heredero del verdadero responsable. Thomas siempre puso a su familia por encima de todo, a Lara y a Marie, a sus hermanas, a él... Y haberlo admirado fue consecuencia de ese accionar, de esa actitud... De lo que fue con él, a pesar de todo.

 Sin embargo, detrás de su miedo y anhelo de escapar luego de la muerte de Thomas, se encontró con las palabras de su hermano en su mente, aquellas que le dijo la última vez que se vieron, él... Conociendo su destino: «Se llama Rhys Windsor, no olvides su nombre, ni Lara lo hará, él no pelea por nadie, ni por nuestra familia, ni por el legado de esta, pero pelea por Lara, y ella sí pelea por nuestra familia... Él también lo hará». Con lo dicho por Thomas, anheló conocerlo, y lo hizo en el transcurso de la guerra, aquel guerrero feroz e invencible al que su hermano le dejó su último deseo llegó a él una tarde... «Conocí a Thomas, él fue mi maestro, yo lo admiraba mucho», le dijo. Ambos sentían lo mismo en torno a Thomas, y cómo para no hacerlo, Thomas era digno de admirar. Rhys fue quien le dijo que escapara luego de su victoria en la guerra: «Lara se encargará de todo, tal vez parezca mucho para ella, pero saldrá adelante, yo estaré a su lado, para que Michael no pretenda hacer con ella lo que hizo con Thomas y Marie», le prometió... Él vio en sus ojos verdes la determinación que tenía su hermano ese día que le habló de él... Y supo que todo estaría bien.

 —Thomas... ¿Qué pasó? ¿Cómo lo supiste? Lara está a salvo, Lisa y Serina también, Michael recibió su castigo... Y Rhys Windsor... —Su mirada no escapó de la foto de su hermano, como él sí lo hizo en el pasado—. Thomas.

 —¿Qué pasa con papá? ¿Lo extrañas? —Una voz femenina recorrió la habitación.

 —Pero mira a quien tenemos aquí. —Vince volteó hacia la entrada. Vio a su sobrina parada en ella—. Has crecido, pequeña Lara.

 —Claro, como si nos lleváramos muchos años, joven Vince —ella bromeó, mientras caminaba hacia él—. Tanto tiempo, tío —lo saludo, luego de darle un fuerte abrazo.

 —¿Y a quién llevas ahí? —preguntó Vince, notando el pequeño bulto que ella llevaba en su barriga. Ya se estaba notando su embarazo.

 —Bueno, digamos que pasaron cosas, y llegó para mí el momento de convertirme en una madre —respondió Lara, sonriente.

 —¿No lo habías hecho ya? —preguntó Vince.

 —¿Te refieres a Leah? Bueno, sí... Tienes razón, ella es mi chica más grande, y ahora llegará su hermanito, o hermanita, veremos qué será.

 —Será un precioso bebé, tenlo por seguro, sé que a veces el primer niño puede ser un miedo constante, la inexperiencia siempre vence a la seguridad, pero no debes preocuparte por tales pensamientos, recuerdo que Mina también los pasó en el embarazo de Bruce, pero fueron pasajeros, luego de que él nació fue todo alegría.

 —Gracias tío... ¿Y Mina y Bruce? —Lara preguntó por la esposa e hijo de su tío.

 —Están bien, Bruce ha crecido, ya tiene seis años, y Mina, bueno... Ella está embarazada —dijo Vince, emocionado. Sus ojos fulguraron ilusión.

 —¿Sí? Que bien, felicidades tío —Lara lo felicitó regalándole una sonrisa—. Por cierto, ¿Sabes por qué te llamé, no es así? —preguntó, cambiando de tema. El ambiente se volvió serio.

 —Más o menos. —Vince movió su cabeza de un lado al otro, con intriga—. Por cierto, Lisa me dijo que cuando llegaras le avisara, así que, deberíamos decirle —recordó.

 —Sí, claro. —Lara tomó asiento en la mesa, luego encendió su celular y llamó su tía—. Ahora viene —dijo, al cortar luego de decir algunas palabras en su llamada—. ¿Serina también vendrá, no?

 —Me dijo que sí, estaba un poco complicada con sus niños, la escuela y eso —respondió Vince, tomando asiento junto a su sobrina.

 Ambos esperaron unos minutos a que Lisa volviera. La mujer saludó a Lara apenas llegar, y se sentó en una de las sillas libres en la mesa del comedor. Preguntó por su hermana, ella todavía no había llegado, así que tomaron la decisión de esperar a comenzar la charla cuando ella apareciera. Fueron una treinta minutos hasta que Serina llegó.

 —Perdón por la tardanza —se disculpó Serina, dejando el abrigo que se había quitado al entrar sobre el respaldar de la silla que le correspondía—. Hola hermanito —saludó a Vince, con un beso en la mejilla.

 —Hola hermana. —Vince le sonrió.

 —Hola Lara —saludó a Lara también. Ella respondió igual—. Y mi hermana mayor preferida. —Abrazó a Lisa desde la espalda y le dio un beso en la mejilla. Ella sólo sonrió, en silencio. Algunas miradas de Vince llegaron a ambas, y asintió, también en silencio—. ¿Y bien? ¿Por qué estamos aquí? —preguntó, interesada, luego de tomar asiento tras saludar a todos los presentes en una vuelta a la mesa.

 —Bueno, ustedes ya tenían algo de conocimiento sobre lo que pretendía charlar en esta reunión, en realidad es algo que hubiese hecho aquella vez, pero faltaba Vince —explicó Lara, primero dándole algunas miradas a sus tías, para luego hacerla recaer sobre su tío. Él la miraba confundido.

 —¿Sobre? —Vince afinó su mirada, con un poco de sospecha en esta.

 —Tío... Como sabes, luego de lo sucedido con Michael, pasé a ser la líder del clan y la consejera que representa políticamente a la familia frente al reino, hace años también vengo haciéndome cargo de la empresa, ya que, como decía el testamento de mi padre, esta era mi única responsabilidad, sin embargo, ahora que Michael ya no está para encargarse del resto de responsabilidades que no me involucraban, tuve que tomar las riendas de la familia —ella explicó, en detalle,

 —Lo sé, ¿Y a qué viene todo eso? —preguntó Vince.

 —Con Lisa y Serina llegamos a un punto muerto en el liderazgo del clan, ya les expliqué los motivos por los cuales no puedo hacerme cargo de todo, entre mi familia aparte del clan, la empresa, el Consejo y mi embarazo... Así que, tomé una decisión. —Lara sacó unos papeles de su bolsa, y los apoyó sobre la mesa—. Tío, necesito que te hagas cargo del clan por un tiempo... Estos papeles que ves aquí, son la sucesión... Los he guardado por años, esperando este momento, porque en realidad... Yo nunca la firmé, la empresa siempre ha pertenecido al clan, a ustedes, a nadie más... Es el legado de la familia después de todo, y yo sólo seguí los deseos de mi padre.

 —Espera —la interrumpió Lisa—. ¿Me estás diciendo que Thomas jamás te dejó a cargo de la empresa?

 —Sí lo hizo, pero... Yo no acepté ese cargo... En realidad... No he sido la Directora Ejecutiva de la empresa jamás, ya que, al firmar la sucesión, esta dejaba en claro que nadie además de yo podía tomar decisiones en la empresa, supongo que papá nunca quiso arrebatarle la empresa al clan para dármela a mí y la familia que tendría aparte de este, pero él sabía lo que pasaba con Michael, y que, a pesar de todo, él haría lo imposible para arrebatarme la empresa y hacer lo que quisiera con ella —aclaró Lara.

 —Entonces... Si jamás firmamos la sucesión, ¿Cómo es posible que te hayas hecho cargo de la empresa y Michael del clan? —Serina estaba demasiado confundida.

 —Es que... Hice una falsa, donde... Bueno... Dejaba en claro que el sucesor del clan tenía que ser elegido a través de una votación... Como pasó... Pero tengo explicaciones. —Lara intentó anticiparse a todo lo que sus tíos tuvieran para decirle

 —¿Cómo? —Lisa se acomodó en su silla, sorprendida.

 —Espera, eso es ilegal, Lara... —Vince no pudo creerlo.

 —Comparto la reacción —asintió Serina.

 —Tuve un poco de ayuda externa... Tengo una amiga que estudió derecho, y me ayudó con eso, recuerden que tenemos mucha influencia, a veces podemos saltarnos la ley sin saltárnosla... La mejor forma de hacerlo es hacer creer que la estamos siguiendo... De tal manera, tuve que ocultarle la verdadera sucesión a Michael... Porque esta es algo distinta. —Lara abrió la carpeta, en la primera página, ya se daba sentido a todo—. En realidad, papá nombró a dos sucesores... Yo me encargaría de la empresa... Pero alguien más se tendría que encargar del clan. —Giró hacia el lado de su tío, y le deslizó los documentos por la mesa. Estos llegaron a sus manos. Y su rostro dijo todo—. El verdadero heredero del clan eres tú... Vince Harch.

 —¿Qué? —Vince tragó saliva, sorprendido. No supo a quien mirar en la mesa, sus hermanas estaban igual de sorprendidas que él—. Lara, ¿Estás segura de lo que estás diciendo? —Tomó los papeles y buscó la página exacta en donde indicara tal afirmación.

 —Papá escribió esto hace mucho tiempo, años antes de su muerte, él siempre tuvo en claro quiénes serían sus sucesores, pero las cosas se desvirtuaron, nadie podría esperarse el actuar de Michael y las atrocidades que cometió, por lo tanto, tuve que tomar algunas precauciones para mantenernos a salvo a todos... O al menos a ustedes, yo sabía que hiciera lo que hiciera, Michael no se metería conmigo —explicó Lara—. No podía firmar esta sucesión, porque Michael sería avisado en la audiencia, si él sabía que el liderazgo del clan se te era dado a ti, tío, vaya alguien a saber lo que habría hecho contigo... Lo siento por mentirles, lo siento por ocultar la verdad por tanto tiempo, pero no quería que nadie terminara como papá y mamá. —Apretó sus puños que se encontraban sobre la mesa, y al bajar su mirada notó lo enojada que estaba. Siempre era igual con ese recuerdo, estaría enojada el resto de su vida.

 —Está bien, pequeña, te tuviste que encargar de mucho a una edad muy temprana, y dentro de todo, pudiste salir airosa luego de luchar contra tanto, ¿Qué podemos reprocharte? —Lisa estiró su mano sobre la mesa, y llegó a la de Lara, acarició suavemente por encima de la palma de su sobrina.

 —Lisa tiene razón, a pesar de todo, estamos aquí... Los que debíamos estar. —Serina hizo lo mismo que su hermana.

 —Gracias tías... Y yo que desconfié de ustedes en el pasado, lo siento. —Lara apenas esbozó una sonrisa, casi arrepentida.

 —No podías hacer otra cosa, todo se volvió en tu contra en esos momentos, te entendemos, y perdonamos. —Lisa le regaló otra sonrisa.

 En ese momento, la hermana mayor de los Harch, le dirigió una mirada a su hermano. Este las miraba, ciertamente envuelto en sus propios pensamientos. Casi anonadado. El impacto que tuvo la noticia de Lara en él lo hizo casi aislarse de lo que estaba pasando en ese lugar, sintiéndose alienado. Sólo la figura de Thomas estaba en su mente, la de su hermano mayor, su héroe, su ídolo... ¿En serio él le había dejado tal responsabilidad legada aun sabiendo lo que significaba liderar al clan Harch? No podía creerlo, no estaba mental ni emocionalmente preparado para enterarse de tal acto de confianza que su hermano le terminó dejando al final. Y su hija, su mayor legado, estaba en ese momento otorgándole el derecho a aceptar la voluntad de su padre... Como él quisiera. Era hermoso, era satisfactorio al mismo tiempo, pero también tenía mucho miedo, sabía que jamás iba a estar a la altura de Thomas Harch en ese sentido, él estaba en podio de los líderes históricos del clan, junto a grandes figuras; como Angus o Sam Harch. Sin embargo, Thomas siempre confío en él, y hasta cierto punto le transmitió muchas de sus costumbres, le enseñó casi todo en la vida, y hoy en día era el hombre que era gracias a su hermano mayor. Tomar esa decisión era, de alguna manera, una forma de devolverle algo de lo que Thomas le dio a él... Tenía que cumplir su legado... Seguir con la historia... Dar la vuelta la página oscura que había atravesado el clan Harch, y recuperar en demasía el poder que emanaba aquel lema: «Sobre nosotros, sólo el cielo».

 —Ellas tienen razón —dijo Vince, su mirada concentrada en su nombre escrito en ese documento no hizo ningún movimiento—. Nada de lo que pasó es tu culpa, Lara, ni de tu padre, ni de ninguno de nosotros... Y al final, las cosas dejaron a cada uno en su lugar.

 —Tío... —Lara apenas acarició la punta de la hoja con su dedo—. ¿Qué piensas de esto?

 —Lo haré. —La decisión se enmarcó en su firme mirada al alzarla—. Me haré cargo del liderazgo del clan.

 

Más tarde...

 

 —Felicidades. —Lisa regresó a la cocina. Sólo estaba su hermano ahí, Serina y Lara ya se habían retirado minutos antes. La reunión había acabado.

 —¿Tú dices? —preguntó él. Ella no le había hablado desde que su hermana y su sobrina se habían ido, lo que le dijo fue abrupto.

 —Eres el líder de clan ahora, ¿Cierto? Te felicito, te lo merecías... Mejor tú, que nadie —respondió Lisa, y tomó asiento al lado de su hermano—. Mejor tú que nadie, Vince Harch —musitó, al recostar su cabeza en el hombro de él.

 —Te amo, hermana. —Vince hizo el mismo movimiento—. Tanto como a Serina, o a Thomas... Tanto como a mi esposa o a mis hijos... En serio... Te amo demasiado.

 —No tienes que decirlo, no es necesario... ¿Tomaste este puesto por él, cierto? —preguntó Lisa.

 —¿Por Thomas? Tal vez —Vince afirmó, alzando sus hombros—. Supongo que es una consecuencia directa a todo lo que Thomas hizo por mí... Y fue tanto.

 —Por todos hizo tanto, él era único, creo que jamás se importó tanto a sí mismo como si le importamos nosotros... Por eso, sólo se dejó morir, porque aunque no pareciera, él sí tenía el poder para hacerle frente a Michael... Era muy fuerte, pero aceptó su destino... Y eligió ese final, supongo que sabía lo que hacía, más que nadie.

 —¿Tú crees que no pensó en su esposa e hija? Con lo mucho que las amaba.

 —Siento que en realidad, fue un aceptación mutua entre ellos para salvar a Lara, ya que; ¿Qué pasó con Marie al final también? ¿Me entiendes? Era eso, o el final de todos, y ellos no querían perder a Lara, pero sabían que la chica, aun sin ellos, podía llegar lejos... Y mírala ahora, mira quien es, todo lo que consiguió... Es la vida de la persona más fuerte del mundo sólo por haber sido ella misma siempre... ¿Sabes? He querido proteger a Lara hace mucho tiempo, y aunque sé que Rhys Windsor es capaz de eso y más, a veces sólo quiero que a esa chica le salga todo bien, y sea feliz, porque es la firme representación de los deseos de Thomas, de todo lo que él quiso para el mundo, para nosotros, ella es la imagen de su mayor propósito... De todo su amor... Ella es Thomas, ella es una Harch hecha y derecha, ¿Y quién más que ella para representarnos a todos, cierto? 

 —Realmente... Y yo estoy muy honrado de haber sido aquel que ella eligió para tal puesto siguiendo los deseos de su padre, eso significa que Thomas aún sigue vivo en ella, y que si me eligió por encima de sí misma... Significa que no busca grandeza o satisfacer su ego... Sólo quiere que todo vuelva a la normalidad... Como lo fue hace tanto tiempo atrás.

 —Es imposible.

 —Sí, ella lo sabe... Todos los sabemos.

 El silencio funcionó de conclusión. Casi como una puerta que cerraba la idea que no tenía respuesta.

 Vince dio un vistazo a su reloj luego de unos minutos, se le había hecho tarde para ir a buscar a su hijo a la escuela, su esposa estaba embarazada así que ella no iba a poder hacerlo. Se puso de pie y al voltear a la silla tomó su chaqueta colgada sobre el respaldar de esta. Le dio una mirada a su hermana, ella le respondió con una sonrisa. Fue una despedida silenciosa. Calma.

 —Vince —Lisa lo llamó, luego de que él casi llegara a salir por la puerta.

 —Dime. —Él apenas giró su cabeza.

 —Yo también te amo —declaró Lisa.

 Vince volvió su mirada hacia adelante. Y con una ligera risa, abandonó el lugar... Tal declaración no necesitaba respuesta... Era una respuesta a la suya. A Lisa siempre le encantaba ser la última en dejar en claro lo que sentía... Supo acostumbrarse a tal actitud de su hermana.

 «Claro que sí... Lisa».


Chương 70: Capítulo 35: Hacia la eternidad, sólo queda el recuerdo de haber amado a esa persona – Memorias del pasado I  

Remia, Ajax, Parlamento - 20 de Abril - Año 526

 

Seguía siendo la misma puerta de madera ébano sin barnizar, tan insípida como lo fue por más de treinta años. Ese lugar que guardaba siempre un aura oscura, silenciosa y seria. Detrás de esa puerta se encontraba la emblemática oficina del Primer Ministro de Remia. Ubicada en el Parlamento. La oficina de Rygal Di Rem.

 No quiso tocar, su mente dudó cuando posó su mano en esa cerradura de perilla. Hacia su derecha era el movimiento indicado para desbloquear la cerradura, pero su mano se trabó cuando intentó hacerlo, y comenzó a temblar. No era miedo, no era inseguridad. Estaba ligeramente emocionado, tanto como ansioso. Luego de pasar esa puerta ya no habría forma de volver esos pasos hacia atrás y huir de ese lugar, aunque ese tampoco era su plan, nunca fue su manera de afrontar las situaciones. Sin embargo, sin importar lo que pasara dentro de esa habitación desde ese momento, al irse de ese lugar, más tarde, cuando tuviera que reunirse con su madre, con su hermano, y al volver a su hogar, con su esposa e hija, tendría que hacer como que jamás sucedió. Ignorar todo lo que su padre le fuera decir, sólo guardárselo para sí mismo. Porque era su problema, era lo único que le pertenecía intrínsicamente, a pesar de todo, era esa forma de ver la vida desde que nació, la cual, aunque siempre tomó caminos distintos que lo llevaron a ciertos lugares que amó o despreció, no importaba, seguía teniendo en sí, y esa actitud de siempre chocar con su contraparte, ese detalle de tener un antagonista en su vida que le diera más a esta misma que todo lo que hizo en ella, era lo que de alguna u otra manera también lo hacía sentir un poco vivo.

 No sabía qué pasaría con él cuando lograra quitar la figura de su padre de su camino. Tal vez faltaba tiempo para analizar algo así, no estaba preparado para ponerse a pensar esas cosas, no había vivido suficiente, y siempre pensó que esa era la razón por la cual muchas veces aplazó ese enfrentamiento. No era el miedo a morir, aunque cupiera la posibilidad. Ni tampoco era el miedo a matar a aquello que le dio la vida, irónicamente. No era el miedo a terminar con todo, y tal vez no saber encontrarse en el mundo que quedaría luego de eso... Sentirse vacío. Ya que sabía que pasara lo que pasara con él, con Rygal, o con su familia. Alguien estaría al final, alguien le daría una nueva razón para seguir. Pero era eso, era seguir viviendo, era seguir creando razones, rellenando ese vacío que jamás estaría completo, por todo lo que dejaba atrás, por todo lo que aún le quedaba por conseguir... Todavía faltaba eso, responder ese: «¿Quién eres?» que vino de parte de Lara, catorce años atrás.

 Su mano dejó de temblar cuando notó una señal, aunque casi imperceptible, lo suficiente para que sólo él se diera cuenta. Rygal lo estaba llamando. Él ya sabía que estaba ahí. Por esa razón... Giró la perilla, y abrió la puerta... Entrando a la habitación.

 Frialdad y solemnidad. Eso representaba el rostro de su padre, aquel que logró apreciar apenas la puerta dejó de cegar su mirada dentro de la oficina. Cerró la puerta al pasar, y caminó por la inmensidad de habitación con lentitud. Tan gigante y tan vacía, sólo algunas bibliotecas en las esquinas, y cuadros que adornaban las paredes. Lo más resaltante era ese colosal escritorio de madera oscura, que ocupada de un lado al otro de ancho, con pilas y pilas de archivos, en cajas y en carpetas, algunos se desbordaban, hasta había un par en el suelo. Rygal se encontraba sentado en su silla, detrás de este, inmóvil.

 —Tomaré asiento —Rhys habló primero. No había un asiento para que alguien pudiera hacer compañía en ese lugar, por lo que formó uno con su propia energía. Un sillón de madera revestido de cuero negro.

 —Tienes buen gusto, Windsor —señaló Rygal, con gracia.

 —Mis años en la nobleza habrán servido de algo —replicó Rhys, luego de tomar asiento.

 —¿Deberé hacer la pregunta o sólo comenzarás a hablar? —preguntó Rygal, sonó apurado, aunque aún se sentía curioso, quería saber la razón por la que su hijo estaba en su oficina.

 —Te daría la respuesta sin que te pusieras tan ansioso, pero notando que realmente quieres saberlo rápido... Lo haré... Mamá... Vine por ella —reveló Rhys.

 —¿Qué pasó con Clio? —Rygal se acomodó en su asiento, intentando limitar el movimiento de sus manos. No estaba nervioso por la presencia de Rhys, sólo que el nombre de Clio a veces le daba cierto estremecimiento.

 —Nada preocupante, nada tan malo como lo que le ha pasado toda su vida... Solamente quiero que me digas qué pretendes con ella, nada más.

 —¿Qué pretendo con ella? —Rygal afinó su mirada, en señal de confusión.

 —Sí, ¿Ella vino aquí ese día, cierto? ¿Qué le dijiste? —inquirió Rhys.

 —Ciertamente, no le dije nada más allá de la verdad... En realidad, fue ella quien vino buscando explicaciones, quería saber lo que había sucedido en Fons.

 —¿Y no se lo dijiste?

 —No.

 —¿Por qué?

 —Porque ella y yo ya no estamos juntos.

 —Hace mucho tiempo, Rygal... Más de diez años, ¿No es así?

 —En realidad... —Rygal bajó su mirada, y con su pulgar apoyándose en su labio inferior, comenzó a recordar... Y su mente lo transportó a ese día, catorce años atrás, cuando todo se terminó de verdad—. Clio sólo seguía a mi lado por ustedes, no hemos estado juntos desde el nacimiento de Vlas —confesó.

 —¿Qué? —Rhys preguntó, sorprendido.

Era algo que podía esperarse, él sabía que la relación de sus padres estuvo quebrada muchos años, inclusive antes de que él se fuese de Remia, antes de lo de Demian, de lo de su infidelidad, antes de muchas cosas... Pero, ¿Diecisiete años viviendo en una farsa? ¿Qué significaba todo?

—¿Tu madre nunca te contó lo que pasó esa noche? —preguntó Rygal.

—¿A qué noche te refieres? —Rhys preguntó, con curiosidad.

—La del cumpleaños de Rudd... Seguro la recuerdas —respondió Rygal.

Claro que la recordaba. Esa noche habían sido la noche de su primer beso con Lara. Cuando esos sentimientos que creyó equivocados e impropios se volvieron parte de sí, y ella le dejó en claro la verdadera esencia de Rhys Windsor. La noche de su hermano y Ashley, la noche que vio a su madre llorar en su habitación... Cierto, era eso... Así que a eso se refería ella cuando le dijo: «Todo estará bien, mi amor... Mamá jamás se separará de ustedes». Eso... Todo hacía sentido en su cabeza. Ella se refería al quiebre de su relación con su padre.

—Espera... Ese día... —comenzó, parando para volver a recordar la sucedido—. ¿Fuiste tú? Tú fuiste el causante de su llanto... Por eso lloraba, ¿Qué le hiciste, Rygal? —preguntó, un poco molesto. No del todo, habían pasado tantos años que no tenía sentido enojarse por eso, pero estaba seguro de recordar que en ese momento sí se sintió mal por ver a su madre llorar... Esa imagen, no se la podía borrar de la mente.

—No del todo... Ella, lloró porque se dio cuenta de su propio error... Ese día... Ella me rompió el corazón —dijo Rygal. Su voz apagada daba paso a cierto arrepentimiento en sus palabras. Recuerdos que quiso olvidar. Ese día, ¿Fue el inicio de todo?

 —¿Mamá te rompió el corazón? ¿Qué dices? Ella jamás haría algo así —Rhys se negó, tenazmente.

 —Le propuse tener otro hijo... Una niña... Ella me había dicho muchas veces desde el nacimiento de Demian que sólo nos faltaba eso... Se lo dije casualmente, como un plan a largo plazo, éramos jóvenes, ella tenía treinta y cuatro, y yo treinta y cinco... Pero ella se negó —Rygal dijo todo con cierta nostalgia, pero no una nostalgia feliz... Una nostalgia triste... Recordando la única vez en su vida, que se sintió tan humano como para llorar.

 —¿Por qué se negó?

 —«No estamos bien», dijo ella... Yo la entendía... Ella se había enterado que le estaba siendo infiel con la madre de Cole... Antes de que supiera que tenía un hijo... Le dije su nombre esa noche, le dejé en claro que esa mujer nunca significó nada, como si ella para mí... Que sólo lo hacía para sentir que su amor por mí era inmerecido, y que no podía estar a su lado... Ese día, realmente quise hacer las cosas bien... Ese día... Luego de verla frente al espejo, sonriendo, con ese hermoso vestido azul oscuro... Ese día quise creer que tal vez había una escapatoria, había salvación... Quise creer que podía ser feliz con Clio y ustedes a mi lado... Rhys... No siempre fui un monstruo... En algún momento quise ser feliz.

 Rygal alzó su mirada. La frialdad en sus ojos de plata desapareció por un instante. Y lo que había en ellos, ¿Qué era? ¿Arrepentimiento? ¿Tristeza? ¿Soledad? ¿Qué era tal gesto? Su alma, su alma salió a la luz. Rhys no lo quiso creer, lo que había escuchado de parte de su padre era inaudito, pudo haber aceptado que fuera una mentira, como todas las que hizo en su vida. De él... Se podía esperar cualquiera cosa menos honestidad. Pero Rhys al mismo tiempo sabía que todas la veces que hablaron Rygal fue honesto con él, porque entre ellos no tenía mucho sentido seguir actuando... Menos si se trataba de Clio. La mujer a la que ambos amaban.

 «¿Por qué me lo dice ahora?», se preguntó Rhys. Y entre tantas preguntas que no tenían sentido cuando de Rygal se trataba, y de ese ataque de honestidad y vulnerabilidad que había tenido en ese momento, intentó encontrar respuesta a una sola... Si no siempre fue un monstruo, entonces, ¿Qué fue lo que lo convirtió en uno? ¿Su madre? ¿Clio? ¿Ellos? ¿Qué pasó para que al final, terminara siendo tan inhumano como para matar a su propio hijo? ¿Por qué?

«¿Por qué, Rygal?».

—Yo... Yo no puedo creer lo que estoy escuchando —declaró Rhys, aun pasmado.

—Ni yo lo que estoy diciendo —replicó Rygal, su humor se prestó para que él esbozara una ligera sonrisa.

—¿Qué pasó entonces? ¿Por qué rompió tu corazón? —Rhys quiso saber más.

—Insistí... Sólo la quería a ella... No quería nada más... Ni mi puesto, ni mi poder... Ni esa maldición que no podía exorcizar... No quería nada más en este mundo que a Clio tomándome de la mano, y dejándome en claro que no estaba solo... Pero ella, a diferencia de mí... No estaba sola, y no iba a hundirse hasta lo más profundo de una mente rota para poder sacarme de ese lugar... Ella, siempre los puso a ustedes por delante de todo... Incluso de mí.

—¿Nosotros? Fue eso... Así que... Ella nos eligió por sobre ti —Rhys cayó en cuenta.

—Nunca iba a poder ser para ella lo que eras tú, Rhys... O lo que era Demian, o Vlas... Nunca... A pesar de que ella me amaba, de que era parte fundamental de su vida... A pesar de todo... Ella juró acabar con mi vida si era por ustedes... ¿Entiendes lo que eso significaba? Yo no era todo para Clio, pero ella si era todo para mí.

—Sólo querías que ella te quisiera a ti... Eso es egoísta, sabías que jamás iba a pasar, porque todo lo que le diste a ella, fuimos nosotros... ¿Cómo no previniste eso? Era obvio que sucedería.

—Yo no quería que ella dejara de amarlos, en realidad, quería que siguiera ese camino, porque yo no merecía su amor, y ustedes sí, y a ella le hacía bien, le hacía bien tenerlos en su vida, purificaba su alma... Sin embargo, una vez alguien me amó de la misma manera que ella los amaba a ustedes... Y yo... Yo sólo quería volver a sentir esa sensación para no perderme para siempre... Para no seguir ese camino que guio a mi madre hacia la muerte, hacia la soledad perpetua... Yo quería que Clio no me dejara solo... Rhys... Yo quería...

—Que ella te amara como te amó tu madre... —Rhys se le adelantó. Al final, era más parecido a su padre de lo que alguna vez pensó.

—No quería volverme mi padre... Pero fue inevitable. —La voz de Rygal casi se quebró.

«No puede ser», pensó Rhys... Ese deseo... ¿Qué era? ¿Por qué se le estremecía hasta el alma al oírlo?

—Y yo... ¿Por qué me llevaste hasta ese lugar entonces? Todo se hubiese resuelto si tan solo tú no... Tú no me hubieses querido convertir en ti... Tú fuiste el culpable de tu propia desgracia, Rygal... Y junto con eso... Nos llevaste a todos al infierno —dijo Rhys, apretando sus puños con fuerza.

Rygal le estaba diciendo todo eso en un papel de víctima, ¿Y dónde quedaba la autocrítica? Aunque su madre hubiese rechazado su pedido, ella no era la responsable de tal accionar, ella sólo, era algo más que él tomó para justificar su inhumanidad... Nadie tuvo la culpa, y Rygal sólo veía a todos de la misma forma... ¿Por qué no aceptaba que el único culpable era él?

—Estás equivocado, Rhys... Yo no soy culpable del destino que te esperaba, yo quise hacer lo posible para que tú no cometieras ese error... Porque sabía lo que Clio sentía por ustedes... Porque sabía que... Sin ti... Ella terminaría de la peor manera.

—Y si lo sabías... ¿Por qué no me dejaste sólo elegir por mí mismo? ¿Por qué mataste a Demian? —preguntó... Ese verde de sus ojos, relució... No quería llorar, pero ese recuerdo era una y otra vez el mismo... Quería de una vez por todas... Saber la verdad.

—Yo no maté a Demian... Rhys... Nunca lo hubiese hecho... Él... Es mi hijo —aseguró Rygal, con firmeza.

—¿Qué? ¿Qué dices? —Rhys se puso de pie al instante. Su cuerpo se movió automáticamente. Pero... No... No lo quería hacer... Eso que él le había revelado... Era verdad... Sí... No era una mentira—. Demian... ¿Qué pasó con Demian?

—Demian... Demian no murió, Rhys... Demian... Está vivo.

 Latidos.

 Ese golpe de su corazón. A punto de estallar. Casi con la necesidad de no querer seguir bombeando. Parecía que todo iba a acabar en ese instante. Como todos los instantes de su vida que sintió lo mismo. Un grito ahogado, mudo. Una vista borrosa, casi blanca, casi ciega. Ese estremecimiento casi capaz de partir su alma en trizas... Otra vez el pánico de la inminente muerte que llegaría algún día... De su vida consumiéndose paso a paso. Como una hoja de papel volviéndose cenizas gracias al fuego... Como todo lo que tuvo en sus manos y perdió, que se deslizó por estas como arena. Como el sufrimiento por el duelo. Por los arrepentimientos. Por la vida que pudo vivir... Que perdió en el infierno que visitó. Por esa persona que fue, y que no quería volver a ser... Como todo. Como ese poder... Que le había quitado todo... O nada.

 «Un ataque de pánico», pensó, luego de comenzar a volver en sí, unos segundos después de esa revelación. Tal sensación pareció durar una eternidad. Pero logró controlarlo. Sólo respirar. Poco a poco.

 —Así que así se ven.

Una voz llegó a sus oídos. ¿Tan lejos? Pero estaba a su lado.

—Windsor... ¿Tan débil eres?

Otra vez la misma voz.

«¡Cállate! ¡Cállate!», rogó internamente. Sus palabras aún no salían. Se estaba hundiendo sin freno en ese mar de desesperación que siempre rodeaba su consciencia. Pero... Algo siempre lo calmaba cuando caía en ese espiral de negrura infinita:

«Demian no murió... Demian... Está vivo». Y ese rostro... Otra vez.

Su hermano menor... Había vuelto.

—Demian —pudo decir—. ¿Qué pasó con él? ¿Dónde está Demian? —preguntó, cuando la normalidad ya era parte de sí.

—Vaya, es interesante ver como logras recuperarte... Así que eso era lo que siempre te sucedía en tu adolescencia... La razón por la cual te enfrentaste a mi infinidad de veces. —Rygal siguió con su atenta mirada sobre él, y ese imborrable gesto de curiosidad.

—¡Dime qué pasó con Demian! —Rhys gritó. Él no daba respuesta. Él sólo dejó en claro eso, ¿Y luego? ¿Por qué no dijo más? ¿Le mintió? ¿Entonces que fue eso que vio en sus ojos? No pudo haberse equivocado.

—Ya te lo dije, ¿No me crees? —Rygal no cambió de posición.

—No me puedes estar diciendo esto ahora, Rygal... ¿Dónde está? —Rhys no podía parar de respirar con rapidez. Esa agitación era la prueba de su ansiedad. Era la prueba del anhelo de saber qué había pasado con su hermano.

 —Rhys... Demian... Está en otro lugar, y él... No creo que quiera que sepas donde está.

 El corazón de Rhys paró. Siguió. Y volvió a parar. ¿Eso era dolor?

 —¿Cómo? ¿Por qué Demian no quisiera algo así? Soy yo... ¿Por qué no querría verme?

Era inadmisible pensar en que su hermano no quería volver a verlo. Al menos sentir su presencia. Al menos... Luego de diez años, oír su voz. ¿Por qué? No podía aceptar algo así. No podía. Demian no era así.

—Demian ya no tiene doce años, Rhys... Nada es como antes.

«Demian», Rhys pensó... El sacrificio de su Scire. Su mayor arrepentimiento. El enlace de su alma y su poder. Su vida... ¿Por qué? ¿Qué sentido tenía todo lo que vivió si él estaba vivo? ¿Qué sentido tenía su pasado? Esa tragedia. Su dolor. Su sufrimiento. ¿Qué sentido tenía haber soñado noches eternas con esa pesadilla? Donde él volvía a morir, una y otra vez. Ese recuerdo tan atroz y martirizante. ¿Qué sentido tenía su vida con Lara? Lo que sufrieron. El llanto y sufrimiento de su madre. Su culpa por haber desaparecido diez años. Lo que le hizo pasar a Vlas. Esos errores. Haberse vuelto un asesino. Ese sentido que buscaba, que iba a buscar por siempre. La vida que había elegido vivir a pesar de todo. ¿Por qué? Todo eso se había resumido a la muerte de Demian. Y si él no había muerto, ¿Por qué todo eso pasó? ¿Por qué? No podía dejar de preguntárselo... No podía... No iba a poder... ¿Seguir?

—Si no me dices dónde está... Te lo sacaré a la fuerza —amenazó, apuntando con su dedo índice a Rygal. Su Scire ya se había activado.

—Yo tampoco sé dónde está Rhys... Te dije que no tiene doce años —explicó Rygal.

—No... No... Mierda... ¡¿Por qué?! —Rhys pateó el sillón, furioso, destruyéndolo completamente—. ¡Maldita sea contigo, Rygal! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué carajos soy un maldito poseedor del Scire si él no murió?! ¡Dímelo!

Nada. Todo se había reducido a nada. A un absurdo inmenso sin justificación. Si ese nunca fue su destino. ¿Eso que tanto quiso comprender por diez años? ¿Qué era? Al final, ni siquiera esa charla que tuvo con Demian en la guerra, en su alma... Allí, donde supo por primera vez en mucho tiempo el significado de ser Rhys Windsor... ¿Qué había significado? Si ni siquiera fue Demian. Nadie fue... Nada de nada... Rhys Windsor... Estaba vacío. Vivió en una mentira... Otra vez.

—No lo sé... Sólo pasó... Supongo que fue un milagro.

—¿Un milagro? Sí... Es un milagro que en este momento no pueda matarme... Ya que sólo tú sabes dónde está Demian —dijo, entre dientes. Era injusto, era injusto y frustrante.

—No se lo digas a Clio, Windsor... No la hagas sufrir en vano —pidió Rygal.

—No lo haré... Nadie lo sabrá... Pero ten por seguro que hallaré a mi hermano, Rygal... Él... Volverá a mi lado... Aunque tenga que dar vuelta el mundo entero con tal de hacerlo —prometió... Y esa promesa... Brilló junto con sus Rexyss.

—Eso no te hará hallarlo, Windsor —señaló Rygal.

—Lo sé. —Rhys se dio la vuelta. Debía salir de ese lugar lo más rápido posible—. Pero hay algo que es obvio... Él no podrá ocultarse por la eternidad.

Antes de abrir la puerta oyó la silla de su padre rechinar. Él se había puesto de pie. Volteó cuando percibió ese movimiento, y el verde y la plata se cruzaron en el camino de sus miradas.

«Los ojos de Demian», pensó Rhys.

—Tal vez así sea, Windsor... Tal vez... No haya eternidad... Aun así... Algo quedará, algo que perdure, y nos deje en claro quien tuvo razón al final. —Rygal dio paso a una seguridad inmensa en sus palabras. Y el tono sencillo y honesto que había usado en toda la charla... Desapareció. Su seriedad y frialdad hicieron presencia de nuevo.

 —Pronto lo sabremos... Rygal Di Rem.

 —Tenlo por seguro... Rhys Windsor.

 Sus sentencias se desvanecieron cuando la puerta se cerró luego de que Rhys abandonara el lugar.

«¿Vas a ser infeliz toda tu vida solamente para que nosotros podamos disfrutar de las nuestras? Si piensas hacer eso déjame decirte que jamás lo aceptaré... No pienso permitir que jamás seas feliz por tu «destino», Rhys... Porque eso no existe».

En su regreso a la mansión de su clan. Todo lo que Demian Windsor alguna vez le dijo cayó en su mente como una avalancha de recuerdos. Todo. El niño siempre vio en él algo que nadie vio jamás, y cuando él murió, creyó que jamás volvería a haber otra persona con la misma capacidad. Estuvo equivocado en eso también. Con el tiempo se dio cuenta de que muchas personas lo hacían, pero que en realidad, el único con el valor suficiente para dejárselas en claro era Demian. Luego Lara, y más tarde, Vlas. Aun así, Demian Windsor fue el comienzo de todo, y el eje de lo que su persona decidió ser, siguiendo todo lo que su hermano le dejó luego de su muerte. Paso a paso, aun habiendo errado en algunos, que lo hicieron caer. Pero, a pesar de eso, Demian siempre volvía a él. Sus preguntas que hallaron respuestas años después. Sus recordatorios que le regresaban la nostalgia de lo que significó ese pasado a su lado. Demian fue para él el guía de un camino que aún no se había creado, pero que, al parecer, él ya conocía.

Si Demian Windsor no hubiese muerto. Rhys Windsor no hubiese sido lo que fue. Eso era un dictamen indubitable. El camino que marcó fue condicionado por ese dolor, por ese recuerdo, y por el poder que la muerte de su hermano le dejó. Y aun así, enterarse que seguía vivo, ¿Qué le dejaba? Tal vez la duda que tuvo al momento de saberlo no era tan incontestable, porque a pesar de que la muerte de su hermano hizo de sí mismo la persona que era. También lo hizo la presencia de Lara, de su madre, de su hija, de su hermano, y de todos. Y ellos, ellos no sabían lo que significó que Demian hubiese existido en su vida, por tal motivo, nadie hizo lo que hizo por él pensando en lo que Demian le dejó, ellos sólo actuaron por sí mismos... Por esa razón no quería dejar de lado a nadie, y aunque le ganara el sentimiento de negación y de sentirse vacío tanto como perdido al creer que nada tenía sentido si su hermano estaba vivo, no podía dar vuelta su propósito o su vida sin más, y dedicar todo lo que hacía a buscarlo. No podía porque su hija estaba por nacer, porque su hermano tenía su propio propósito al que él mismo había decidió apoyar... Y no podía más que nada, porque les había prometido a todos ellos darle ese futuro donde pudieran ser felices.

 Tal vez la pregunta que se hizo ese mismo día antes de entrar a la oficina de su padre podía esperar la respuesta. Porque no sólo Lara se la había hecho. También su madre. También Vlas... También Demian. Y la respuesta llegaría cuando pudiera comprender lo que realmente cada uno dio a su vida, y si al final, lo que Demian le dio, no era lo que siempre pensó, la respuesta a esa pregunta sería una incógnita hasta que lo encontrara y ese sentido que asumió, tuviera su explicación... Aun si su padre estaba detrás de eso. Aun si Demian no era esa persona que fue. Aun si... Su hermano nunca fue lo que él creyó... Aun si el poder que tenía no era suyo, o su destino, o él el elegido para poseerlo. No importaba. Podía pensar todo eso luego, lo había pensado... Todavía le faltaba mucho camino. Y en ese camino, habría personas que volverían, y otras que se irían... Por eso... Demian, vivo o muerto... Le daría su respuesta tarde o temprano. La respuesta que sólo él podía dar.

«Deberé hallarlo por mí mismo... Nadie lo puede saber... Tal como te lo dije esa vez... Nos volveremos a ver, Demian Windsor».


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