Tải xuống ứng dụng
91.78% La Leyenda del Scire / Chapter 67: Capítulo 32: Ser un padre significa ser; a veces héroe, y a veces villano  

Chương 67: Capítulo 32: Ser un padre significa ser; a veces héroe, y a veces villano  

Fons, Ash, Residencia Harch - 3 de Mayo - Año 526

 

Mañana. Dulce cantar de las aves invadiendo su campo auditivo. Mañana. Brillantes rayos de sol invadiendo su campo visual. Mañana. Tal sensación de ligereza invadiendo su cuerpo. Estaba solo en la cama. Era la habitación de Leah. Tuvo que hacer maquinar su cabeza temprano para recordar lo que había sucedido para que todo acabara así, y revivió ese instante de la madrugada cuando la llevó en sus brazos a la habitación y se acostó a su lado. Pero ella no estaba a su lado en ese momento.

 El sonido de la regadera venía de su izquierda, y al mirar en dirección a la puerta del baño divisó la luz encendida por el espacio de debajo de la puerta. Ella estaba dentro. Quiso entrar a este, acompañarla en su baño, pero ante todo, sabía que aunque hubiesen llegado a un nivel de confianza demasiado alto, todavía había pasado poco tiempo, y tal vez ella se sentiría avergonzada. Por lo tanto, eliminó esa idea de su cabeza.

 —Carajo, estoy tan cansado —dijo, cuando al sentarse en el borde de la cama, el día entero se le vino encima—. ¿Cuánto tiempo dormí anoche? —se preguntó.

 Era tarde cuando se despertó, casi la noche, y desde ese momento hasta la madrugada, tal vez no había dormido más de tres horas. Cuando se despertó a mitad de la noche estuvo cerca de dos horas sin poder dormirse, más que nada porque no podía dejar de apreciar el rostro de Leah, a su lado, tan tierno, casi indefenso, bajo sus brazos ella encajaba perfectamente, y obviamente la idea de no soltarla jamás dio vueltas por su cabeza todo el tiempo.

 —Vlas. —Una voz lo nombró desde ese lugar

 El sonido de la regadera se había dejado de oír, a este lo reemplazó el de la puerta del baño abriéndose. Y cuando Vlas miró detrás de él al girar su espalda, apreció tal belleza en su figura parada a unos metros suyos. Con su pelo caído, empapado, casi cubriendo su rostro en su totalidad, aunque no pudiendo ocultar ese sonrojo que la hacía verse inocente, casi angelical.

 —Despertaste temprano —dijo él. Ya había una sonrisa en su rostro desde antes.

 —Dormí como un bebé recién nacido, sabes... No lo sé, supongo que fue la comodidad que encontré a tu lado —dijo ella, pero bajó su rostro al decir lo último, obviamente avergonzada—. Por cierto. —No sabía si quería decirlo—. Lo de anoche... —comenzó—. ¿Cómo te sentiste? —preguntó.

 Desde que se había despertado, en su cama, sin haberse percatado cómo llegó a ese lugar, su mente había tenido una sola cosa rondando de un lado al otro en esta toda la mañana. Y su baño sólo funcionó como catalizador de tales sentimientos. Quería saber qué había sentido Vlas, porque reconocer los sentimientos de haber hecho el amor con él fue lo primero que ella hizo, y todos sus miedos fueron sosegados ese noche, cuando se unió a él en cuerpo y alma. Él fue tan cuidadoso en todo momento, acariciando su piel con suavidad, y en el primer momento, yendo despacio, preguntando a cada instante si ella se encontraba bien con eso, procurando su comodidad. Y fue tal como ella lo imaginó, esos miedos que tuvo al inicio, esas sensaciones de no saber cómo sería todo, de no saber cómo reaccionar, de haber tardado tanto en dar su permiso, fue todo calmado. Por sus besos. Por la sensación de calor que él le otorgó al ella encontrarse bajo sus brazos... Bajo su cuerpo.

 Había anhelado sentirse así mucho tiempo. Y no porque quisiera a toda costa tener su primera vez, si así hubiese sido, no habría tardado tanto en dar ese paso. En realidad, había anhelado eso porque quería sentir la sensación de que su unión con Vlas al fin era concertada, y de que, dar ese paso, era también dar un paso ella misma en su vida, en su madurez, en su camino. No se consideraba adulta, ya que eso conllevaba mucho más que sólo haber dejado de ser virgen, pero, haber escalado hasta ese punto, era una muestra de que podía comenzar a tomar decisiones por ella misma, a sentirse responsable de sus actos, de que su vida no se descarrilara en consecuencia a ser insensata. Haber tomado esa decisión significaba tener consciencia de las consecuencias que esta acarrearía, y así, desde ese gran paso en su relación con Vlas, hasta su propia sensación de no ser la misma desde ese momento, todo confluía en que esa Leah que fue por dieciocho años de su vida al fin podía decir que no tenía miedo, de que, había encontrado ese punto en el que arriesgarse no significaba un retroceso, más bien, una oportunidad... Una forma de aprender de sus errores, o de sus aciertos... De querer sentir una y otra vez sensaciones nuevas, o pasadas, pero no dejar de sentir... Ese era su deseo.

 —Leah. —Vlas se puso de pie y caminó hacia ella. Al llegar, acarició su mejilla con su palma, corriendo un poco del cabello de Leah con su otra mano—. Eres tan hermosa. —La besó—. Todo lo que sucedió anoche, hacía mucho tiempo no me sentía así, Leah... Fue algo hermoso, haber estado contigo fue todo lo que había querido desde que me di cuenta que te amaba... Era eso, esa necesidad de amarte, de dejártelo en claro, en cada momento —declaró.

 —Puede volver a suceder —dijo ella, sugerente, acercándose a él en cortos pasos.

 —Sí, pero, ¿Ahora? —él preguntó, su mano ya se había posado en la cintura de ella, mojándose un poco al sentir la humedad de la toalla.

 —No quiero sentir que es lo único que podríamos hacer, pero... Cuando das ese paso, ya no hay forma de volver, y si cruzamos tal línea, no deberíamos resistirnos. —Leah lentamente soltó su toalla.

 «Gracias por decírmelo», pensó Vlas, porque antes de pensar dos veces si realmente era sensato tomar la situación por ese lado, ambos ya estaban enredados en sí mismos en la cama.

 

Días después...

 

Fons, Ash, Residencia Harch - 5 de Mayo - Año 526

 

 —¿Y este? ¿Te gusta? —preguntó Rhys, volteando la laptop hacia Lara.

 —Hmm, no lo sé, me gustaría algo más... ¿Variable? —respondió ella, inclinando un poco su cabeza.

 —¿En qué sentido? —preguntó Rhys, volviendo a su búsqueda en internet.

 —No lo sé, faltan algunos meses para que sepamos si será una niña o un niño, y quiero esperar hasta ese momento para decidir el diseño de su habitación —explicó Lara, caminando por alrededor de la mesa hasta sentarse al lado de su esposo—. Por cierto, con respecto a ese tema, ¿Que te gustaría que fuera?

 —No lo sé, una niña sería muy bonito, digo, con todo lo que pasó con Leah, y eso que logré sentir gracias a su reconocimiento como su padre... Sería lindo volver a revivirlo —dijo Rhys, esbozando una sonrisa al pensar en eso. En realidad, aunque cada persona tuviera su propia sensación y deseo en base a un hijo, él no quería preocuparse mucho por eso, fuera niño o niña iba a ser su bebé igualmente. Eso era lo realmente importante—. Aunque un niño... Tal vez, ese sea mi deseo —musitó.

 —¿Recuerdas esa charla que tuvimos hace diez años? Cuando decidimos el nombre de ella o él —preguntó Lara, envolviendo su brazo alrededor del de su esposo, recordando esa sensación que tuvo aquella vez. Habían pasado tantos años, en ese tiempo eran sólo sueños, un futuro que veían lejos, pero, en ese momento lo estaban viviendo, y todo lo que dijeron en su juventud, se volvió realidad—. Ha pasado tiempo, Rhys.

 —Demian o Isla... No importa —dijo él, recordando los nombres que habían elegido—. Lo vamos a amar igual, será nuestra vida, igualmente... Será todo para nosotros, y eso es lo más importante.

 —Sí, cariño... Eso es lo más importante.

Lara le dio un beso en los labios, y él se puso a tono al instante, besándola de igual manera.

 En ese momento, las voces de los chicos se escucharon bajando la escalera. Ambos entraron a la cocina sólo para ver a la pareja en un momento cariñoso. Ellos se miraron, sonrientes... Recordando lo que venía pasando entre ellos últimamente. Antes les daba cierta incomodidad verlos siempre tan pegados el uno al otro, ya que les recordaba a esa vez que los escucharon teniendo intimidad, aunque, ahora... Los entendían.

 —Ey, buenos días —saludó Vlas, al notar que su hermano y su esposa no se habían percatado de que ellos habían entrado a la cocina.

 —Buenos días chicos —Lara les devolvió el saludo. Fue rápida al notar ese detalle en el cabello de ambos, mojado. Miró a Rhys luego de que él volteara a ella, y como si ambos se hubiesen leído los pensamientos al mismo tiempo. Se sonrieron con complicidad—. Durmieron hasta tarde —añadió, señalando el reloj en la pared, que marcaba las 11:00 a.m.

 —Fue una noche larga —declaró Vlas, luego de tomar asiento en la mesa. La madrugada anterior se les había hecho extensa, comenzaron mirando una película que ni siquiera llegaron a terminar, y cuando menos se dieron cuenta eran las 5 a.m y no se habían separado en ningún momento. Quería pensar que estaban siendo algo extremos en ese sentido, pero sólo se estaban divirtiendo como pareja, y eran jóvenes, por lo que era tonto creer que se estaban sobrepasando cuando era algo que ambos querían. Y que les encantaba hacer—. Miramos una película hasta tarde —dijo, en cambio, intentando ocultar la verdadera razón.

Leah había seguido de largo hasta la parte de la cocina, más específicamente a la mesada, donde estaba la cafetera con su jarra repleta de café.

—¿Quieres un café, tonto? —le preguntó a Vlas.

—Sí, negro —él respondió.

Ella volvió con dos tazas, y se sentó a su lado.

—Gracias, bonita. —Vlas sonrió luego de que Leah le dejara la taza en la mesa.

Rhys y Lara divisaron la situación, sorprendidos, al mismo tiempo que impactados y confundidos. No pudieron evitar mirarse luego de verlos a ambos sonreírse y coquetear, así como ellos hacían siempre. Y era una situación hilarante, porque los roles se habían volteado, y no sabían qué pensar.

—¿Acaso ustedes se casaron y no nos enteramos? —preguntó Rhys, riendo.

—¿Eh? ¿Por qué lo dices? —Vlas notó esa sonrisa demasiado insinuante en el rostro de su hermano al alzar su mirada hacia este.

—¿Cuándo pasaron a tratarse de esa manera tan... Cariñosa? —Rhys hizo una mueca de desconcierto.

—Papá, somos novios, ¿Cómo quieres que nos tratemos? Es normal supongo, ¿Cierto, mamá? —Leah buscó el apoyo de Lara al dirigir su mirada a ella. Lara sólo sonreía, en silencio, apreciando todo el intercambio entre su esposo y los chicos, entretenida—. ¿Cierto, mamá? —Leah le volvió a preguntar al notar que ella casi no había reaccionado.

—Oh, sí... Es normal, no le hagan caso a Rhys, sólo está celoso —bromeó Lara, dándole algunas palmadas en la espalda a Rhys.

—¿Celoso? Pff... ¿Cómo estaría celoso? —Rhys se negó, no parecía querer cambiar de opinión.

—¿Estás celoso de que esté saliendo con Leah, Rhys? —preguntó Vlas, en realidad, no quería sonar de tal manera, pero no pudo evitar ser algo provocativo, sabiendo que desde el inicio su hermano no había dejado pasar ese detalle, y aunque ya les hubiese hecho saber mil veces lo que pensaba de su relación... No había dicho cómo se sentía ante esa demostración de afecto cada vez más persistente en ellos.

—¿Ustedes creen que soy ese tipo de persona? No me importa demasiado que ustedes sean novios, sólo que... —paró. Si contaba lo que había visto noches atrás probablemente su hermano sentiría que no tenía su confianza, tampoco quería avergonzar a Leah, ella parecía no querer hablar mucho de eso tampoco. Y aunque Lara no lo sabía, era obvio que al menos lo sospechaba, por lo que en algún momento lo sabría, de tal manera, ¿Qué sentido tenía sacar el tema en ese momento?—. Nada. —No llegó a su conclusión.

—Sé qué quieres decir. —Lara se percató de la actitud de Rhys, y lo que había pasado con anterioridad cuando ambos distinguieron el detalle del cabello de los chicos regresó a su mente. Rhys quería hablar de eso, pero como había dicho que no se iba a involucrar, iba contra su propio orgullo buscar explicaciones—. Ustedes. —Llamó la atención de los chicos—. ¿Ya han tenido relaciones, cierto? —preguntó, sin demasiadas vueltas.

—Lara... —Rhys la miró, sorprendido.

¿Cómo había hecho para no tener ni un poco de reparo en preguntarlo? A veces no entendía muy bien cómo ella actuaba, le sorprendía que fuera tan cuidadosa y considerada en ciertos sentidos, pero inesperada y abrupta en tantos otros. Aunque, en realidad, no podía hacerse el otro tampoco, ya que esa era la pregunta que él había querido hacer en primer lugar. Ella sólo era menos desvergonzada que él en ese sentido.

—¡Mamá! —El rostro de Leah se tornó rojo, y su protesta vino acompañada de una sensación de avergonzamiento suficiente como para hacerla bajar la mirada, queriendo hundir su rostro bajo la tierra, como un avestruz. No sabía dónde meterse.

Vlas no se sintió tan avergonzado como Leah, pero en lugar de responderle a Lara, sostuvo su mirada en el rostro de su hermano, ya que la de él estaba en el suyo también. Él sabía que Rhys no era alguien a quien podía tomar por tonto, y que sabía que ellos ya lo habían hecho, muchas veces, y lo sabía desde ese día, porque esa noche sucedió algo que sólo ellos dos sabían.

Esa madrugada cuando llevó a Leah a su habitación luego de haberse quedado dormidos en el sillón, salió al baño unos momentos, pero al regresar a la habitación, se encontró con que Rhys estaba saliendo de la suya, y como si no hubiesen esperado cruzarse, el asombro se hizo parte de sus rostros. Ninguno se dijo nada, sólo estuvieron mirándose unos segundos, y antes de lanzarse algunas sonrisas cómplices, ambos comprendieron sus pensamientos mutuos: «Esto no pasó».

—¿Que te avergüences qué significa? —Lara fijó su atención en la actitud de su hija.

—Mamá... Por favor —Leah insistió en que su madre parara—. ¿Por qué tenemos que hablar de esto justo ahora? —Apenas alzó su mirada.

«Tal vez estoy siendo algo intrusiva», pensó Lara, notando como en los ojos de la chica se veía ese reflejo de vergüenza, casi como rogando que dejara de hablar de eso. No es que no estuviera tanto emocionada como preocupada por el paso a la adultez que su hija había dado, porque aunque no quisiera dejarlo en claro, ella la conocía, y su actitud era evidencia suficiente para responder la pregunta que le hizo en primer lugar.

Así que Leah ya había tenido su primera vez. No lo iba a negar, ella realmente se sentía algo confundida, ¿Por qué no se lo dijo? Ellas habían tenido muchas charlas a lo largo de los años, en cada nuevo proceso que le daba cierta madurez a Leah, y que ella notaba, siempre hablaban de cosas que inminentemente ella aprendería o viviría, y la sexualidad no era la excepción. Leah siempre dejó en ella la confianza necesaria para saber todos sus nuevos sentimientos, hablaron de Vlas cuando ni ella sabía que lo amaba, hablaron de Rhys antes de ella misma darse cuenta que lo quería como un padre, hablaron de ellas mismas, cuando ni siquiera la veía como una figura materna. En la vida de su hija, ella había sido siempre la brújula que la guiaba cuando ella se sentía perdida, y le encantaba ser poseedora de tal estatus, porque ser su madre era lo único que quería sentir, desde siempre. Sin embargo, ¿Qué había cambiado desde ese momento para ahora? ¿Por qué no lo supo? ¿Por qué Leah no se lo contaría, y en su lugar se avergonzaría cuando ella se lo preguntara?

Volviendo al pasado, en su adolescencia, cuando tenía la misma edad que Leah, ella también había tenido su primera vez, con Rhys. No recordaba muy bien cómo había sucedido todo, lo que sí sabía era que ella no lo había compartido con su madre al instante tampoco, sin ir más lejos, Marie no lo supo hasta que ella y Rhys volvieron a reencontrarse en Fons, y Rhys se fue a vivir con ella a su hogar. «¿Por qué no lo hice?», pensó. En ese entonces se creía una adulta por dar tal paso, por haber decidido por ella misma entregarse a Rhys, a pesar de todo lo que los rodeaba, de la extraña oposición de los padres de Rhys hacia su relación, y de la obligada aceptación de los suyos, porque la amaban y no querían negarle algo que aparentemente la hacía feliz. Creía que hacer eso era un enfrentamiento directo a aquellos que no los dejaban estar juntos, se creía que sabía mucho, que era superior a todos, que nadie comprendería sus sentimientos. Pero estuvo equivocada, y toda esa idea de ir contra todo por el amor que profesaba por Rhys se derrumbó al instante cuando luego de que todo con él se acabara en consecuencia a su partida, la única persona que estuvo a su lado, consolando esa pena que emanaba pérdida, fue su madre.

«¿Por qué fui tan injusta contigo?», le preguntó a su madre, ahogada en un llanto que sólo ella podía oír: «Los padres deben saber comprender a sus hijos, cariño... No quería forzarte a nada, quería que tú entendieras tus sentimientos por ti misma, porque forzarte a esto demasiado temprano se volverá en tu contra en algún momento, y en ese momento, la persona que se sentirá mal viéndote sufrir seré yo, ¿Y sabes qué? Será mi culpa, y no podré hacer nada para ayudarte... Si sufres por tus errores, aprenderás por ti misma, y yo estaré ahí, para guiarte si necesitas un poco de ayuda, en cambio, si sufres por mis errores... No habrá solución, jamás podre darte de mí ayuda... ¿Y qué queda para un chico sin la ayuda de sus padres? No quiero verte perdida, cariño, sólo quiero que hagas tu propio camino... El resto, ya se verá, la vida es larga, y todo se aprende».

«Creo que ahora te entiendo, mamá», pensó, sabiendo que había hecho todo lo contrario a lo que su propia madre le había enseñado. Marie no había sido una mala madre con ella, aunque tuviera ciertos comportamientos extraños que ella jamás llegó a comprender, así como su actitud conservadora, derivada de su devota creencia en la religión, o sus miradas un poco desaprobadoras cuando ella no actuaba como esa chica «respetuosa» que se suponía debía ser al venir de una casa noble. No tenía de ejemplo a su madre en ese sentido, pero tampoco desechaba todas sus actitudes, y así como esa charla que tuvieron aquel día, varias de sus enseñanzas todavía persistían en su propio rol de madre con Leah, aunque a veces la cegaba su propia personalidad y algunos sentimientos egoístas que anhelaban cierto espíritu de desear ser la única en quien Leah confiara.

Marie la amó con su vida, hizo de todo por su bienestar, murió bajo su propia consideración ante su amor por ella, protegiéndola hasta su último aliento. A veces no podía evitar compararla con Clio, cuando Rhys le hablaba sobre ella, y sobre todo lo que hizo por él. Entre esas charlas, a veces su mente se alejaba de eso, y se ponía a pensar que, en realidad, todo lo que pensó que Marie hizo mal con ella, en realidad nunca lo fue así, sino que era demasiado joven para entenderla... Y sí, le molestaba que ella le recordara a cada instante lo educada que debía ser, o lo mucho que se tenía que cuidar con los hombres, con Rhys inclusive. A pesar de todo de lo que se rehusó en su adolescencia y entrada a la adultez a causa de las actitudes y advertencias de su madre, años más tarde, cuando se convirtió en madre, ella misma pensó lo mismo de Leah, y al percatarse de eso, sólo podía sonreír y resignarse a haber estado equivocada con su madre. Ya que, al final... Sólo se podía entender a un padre luego de serlo.

No importaba la razón por la cual Leah no se lo quiso contar, o la razón por la cual ella no quería que su madre se involucrara hasta tal punto en su intimidad. La entendía, a pesar de lo preocupada que estaba, la entendía porque ella fue igual, y porque, así no fue como sus padres actuaron con ella, jamás invadieron su intimidad o buscaron explicaciones forzadas, sólo la dejaron ser... Y aunque quería que Leah fuera mejor que ella, no subestimaba lo que la chica podía llegar a decidir por su propia cuenta, porque tenía conocimiento de su mente abierta y de su propia inteligencia, ya que, a pesar de haberse reducido, esas charlas que tuvieron en el pasado le permitieron conocer a Leah en profundidad... Le debía una disculpas, así como una posición autocrítica hacia ella misma.

Aprender de sus errores era algo que iba a seguir haciendo hasta el final de sus días. Porque ser perfecta nunca fue su punto, y porque incluso en esa adolescencia rebelde en la que quiso hacer todo sola, necesitó de la presencia de sus padres y ese cariño que ellos le otorgaban. Así como en ese momento lo que más necesitaba y anhelaba era el amor y la confianza de Leah, que iba a perder si seguía desconfiando de ella, y actuando como había actuado, ya que, al final, todo era mutuo, y no podía hacer lo que no le gustó que le hicieran a ella en el pasado... «Pídele disculpas, hazlo ahora o te arrepentirás», se dijo.

—Leah, yo... —quiso comenzar.

—Mamá, ¿No crees que puedo guardarme mi propia intimidad para mí? Sé que somos familia, y que, no son tontos, que hay cosas que saltan a la vista, pero... ¿Por qué dejarme en evidencia de esa manera? Yo... —Leah estuvo a punto de quebrarse, pero aguanto ese nudo en su garganta—. Sí, Vlas y yo lo hemos hecho... ¿Era eso lo que querías saber? Bien, ahí lo tienes —reveló. El sentimiento de vergüenza llegó a un punto en el que la hizo querer salir corriendo del lugar, y aunque no lo hizo, sabía que no podía estar ahí por más tiempo—. Lo siento, debo irme —dijo, poniéndose de pie. Abandonó la habitación lo más rápido que pudo.

«¿Qué has hecho, Lara Harch?», pensó ella, su mirada acompañó el movimiento de su hija, hasta que la perdió de vista luego de que ella abandonara la cocina. ¿Estaba decepcionada, cierto? En su mirada no se veía como tal la decepción, sin embargo, ese tono de voz, al final sólo usó un poco de ironía, para luego sólo pedir disculpas en voz baja. Había sido una estúpida, se sintió una invasora del propio espacio que su hija había creado para ella misma, ¿Cuándo llegó a ese punto? Entendía que verla crecer le estaba afectando, y que asumir que ella no era más una niña también, pero, eso había sido demasiado. 

—Vaya, la hice sentir muy mal —declaró, ante Vlas y Rhys, claramente angustiada.

—Está bien, Lara... Supongo que como su madre sólo estabas preocupada por ella, es entendible. —Vlas fue receptivo—. Iré a ver si está bien, los dejo —añadió, y rápidamente salió detrás de su novia.

Lara miró a su esposo a su lado. Él estaba tranquilo, había visionado toda la situación con calma, como si lo hubiese esperado.

—¿Qué pasó? —preguntó ella, su aflicción había llegado hasta ese punto en el que lo único que le quedaba era ese deseo de morir en los brazos de Rhys.

—Llegó a esa edad, cariño... A la que siempre tuvimos miedo que llegara, y entre todo, nunca nos dimos cuenta de lo mucho que había crecido —respondió Rhys, recibiendo esa caída de ella a él con los brazos abiertos.

—Fui egoísta, no pensé en ella —dijo, arrepentida.

—Sí, lo hiciste, pero pensaste en Leah como la chica que criaste seis años, la chica que ves con esos ojos arraigados al pasado... No como la chica en la que se ha convertido, casi una mujer... Y hemos hablado de esto mil veces, previniendo que sucediera, pero, al final, sucedió igual, y era de esperarse, hay muchas cosas que no sabemos, de las que nuca podríamos habernos hecho cargo, y que si lo hubiésemos intentado hacer, nos habría salido mal... Lo que acaba de pasar es el ejemplo de eso, pero no tienes que sentirte mal por eso, cariño... Era inevitable.

—Rhys... ¿Sabes? Luego de enterarme del embarazo, de todo eso que sucedió en la coronación, de tantas responsabilidades que llegaron a mí, el futuro, el pasado... No lo sé... He sido muy ilusa con todo esto, años atrás creí que sería fácil luego de que me acostumbrara, ¿Pero ahora? Ha pasado tiempo, y tengo la misma sensación que tuve esa noche —dijo ella, pero estremecerse por tal recuerdo no fue intencional.

—Lara, ¿Qué dices? Eso fue hace seis años, más de seis años... Y eso... —Rhys sintió su garganta quemar al tragar saliva, esta sensación bajo hasta su pecho y se extendió en su estómago—. Carajo, Lara, ¿Qué piensas? No me hagas esto ahora, por favor. —Él la sostuvo en sus brazos, aferrándose a ella, invirtiendo los roles iniciales. Angustiado.

—Rhys... —Ella entendió esa actitud—. No me refería a eso, Rhys... No es así —dijo, luego de percatarse lo que él había interpretado—. Rhys... No pensaría eso de nuevo, jamás.

«Mi intento de suicidio»¸ pensó ella. ¿Por qué él había asumido eso? No le pareció tan extraño de igual manera, sin embargo, borrar esa sensación de su cuerpo, esa idea de su mente, todo lo que sucedió esa noche, fue su trabajo más duro en el correr de los años, y él... Él había estado en todo ese proceso. En cada paso que dio en su recuperación luego de salir de la clínica, de aquella charla que tuvieron donde decidieron adoptar a Leah, y hasta cuando él, en ese campo de rosas que se encontraba en aquella colina en Koella, le pidió matrimonio.

¿Qué decir de Rhys? De su esposo, de ese hombre que amaba, como a nadie amó jamás, ¿Qué decir de esa persona que la ayudó en su más bajo momento? Que le quitó el arma de la mano instantes antes de que su dedo jalara ese gatillo. Rhys lloró en sus pies ese día, ni siquiera ella lo hizo, no entendía el mundo al cual se había arraigado, disociada de la realidad luego de que su mente dijera: «Basta». No entendió su llanto. No entendió su actitud. «¿Por qué lloras?» se preguntó, sin decirlo, porque no podía siquiera dejar salir su voz, paralizada ante el llanto de su novio, en ese momento. Rhys nunca le dijo por qué lloró, ella tenía muchas interpretaciones de esa reacción, entre pena, culpa, amor, impotencia o alivio. En realidad, él nunca habló del suceso en general, luego de ella superar esa etapa, él no volvió a tocar el tema. Ella suponía que era porque sabía que la lastimaba, que era algo que al mismo tiempo la avergonzaba y la martirizaba, y él, como tantas cosas que pasaron entre ellos las cuales habían dejado pasar... Sólo lo enterró en el pasado, en lo más profundo de su mente.

Sin embargo, en ese momento, ¿Por qué tal pensamiento había llegado a él de la nada? Con sólo una mención de una noche en su pasado, entre tantas. El pasado de ambos era doloroso y oscuro, era triste, los marcó a ambos. Ella sabía que los dos habían cometidos errores, entre ellos, y en ellos. Se lastimaban mutuamente como se lastimaban a sí mismos. Estúpidamente, por egoísmo, por pensar en que eran las víctimas de un mundo que no les debía nada, un mundo que era así, y que si querían vivir de una manera distinta, al menos debían atentar a intentar cambiarlo, de ahí, nació su sueño... El de ese mundo que llevara con él un futuro para todos... Felices... Libres.

«Ya no es la vida de Lara... Ya no es la vida de Rhys... Es la vida de Lara y Rhys... Nuestra vida», él afirmó, años atrás, esa noche a la cual ella se refería, una noche donde ella llegó borracha a la casa y todos sus sentimientos decidieron salir a la luz, y se lo hizo saber a Rhys. «¿Nos merecemos el uno al otro?» le preguntó. No supo por qué, pero, en ese momento, no sabía nada. Tenía veinticinco años, y miles de preguntas en su cabeza, sin respuesta y sin forma de ser respondidas tampoco. Rhys fue un caballero con ella esa noche, cuidó su cuerpo, su mente, ayudándola en su borrachera, cuidó sus pensamientos y sus palabras, quiso hacerle entender muchas cosas que ella sólo se había guardado para sí misma, de las cuales siempre pensó inseguras, no queriendo agobiar a Rhys con cuestiones triviales. Y todo vino a ellos esa noche, desde ese enamoramiento adolescente de ambos tanto tiempo atrás, sus relaciones con las demás personas, sus separaciones, sus intenciones, su mutua relación con Leah, sus responsabilidades, su propio matrimonio y el destino de ambos. Estuvieron horas y horas hablando, hasta la madrugada. Nunca se habían dejado tantas cosas en claro como esa vez. Esa vez fue el punto de partida para su verdadera relación, el verdadero comienzo de la vida de Lara y Rhys, de su familia, y de la decisión de su sueño... De tanto que pasó. Y que iba pasar.

—Ese día, ese día... Sólo me gustaría olvidarlo, imaginar que nunca pasó... Y sé que aunque hubiese sido doloroso para ti, no puedes olvidarlo, pero... Odio tener que arraigarme al pasado para seguir adelante, porque de tanto que hemos pasado... Lara, quiero soltar todo, en serio, pero no puedo, por ti, o por los chicos... Maldita sea... Y ahora esto, ¿Y yo qué puedo hacer?

Intentó tomarse la situación con tranquilidad, intentó ser la voz de la razón en su familia. Vio a Leah correr a punto de quebrarse en llanto, y quiso hacerse el que no le afectó. Su esposa se había angustiado ante esto, y él, sólo la abrazó queriendo decirle que todo estaba bien, aun sabiendo que no, que la relación de ambas era hermosa, y que no podía romperse de tal manera por un simple malentendido... Pero, eso que Lara había dicho, ese recuerdo, esa sensación, justo tuvo que llegar a él... Era tan angustiante, ese remordimiento y esa culpa que sintió, nunca se había sentido tan mal por nadie, además del dolor que le dejó la muerte de Demian. Pero, ver a Lara en ese estado fue aterrador, sólo pensar en el «¿Qué hubiera pasado sí...?» le hacía encoger el pecho... Haberla perdido hubiese destrozado su alma, y todo lo que iba a suceder a eso, jamás habría sido igual.

—Mi amor... Yo... —ella no supo qué decir, se enredó en sus ideas, sin encontrar una forma de actuar—. No te haría pasar por eso de nuevo, te lo prometo —dijo, al fin, ya que sin conocer el verdadero pensamiento de Rhys en torno a eso, sabía que era una idea que lo afectaba. Y ella había decidido compartir su vida con él, a pesar de todo, y Rhys, luego de todo lo que sufrió, se aferró tanto a ella, que sería egoísta de su parte pensar en dejarlo solo.

—Lara, sólo... Habla con Leah, por favor, no estén peleadas... No... ¿Somos una familia, cierto? —él preguntó, su mirada se dejó ver un poco.

—Sí, lo somos, somos una familia, cariño... Es nuestra vida —ella remarcó.

—Es lindo que eso siga tan vigente —dijo él, sonriendo.

—¿Sabes? A eso me refería con la sensación de esa noche, pero, cada vez que vuelvo a ese lugar, recuerdo tus palabras, todo lo que me dijiste e hiciste por mí, y ese último abrazo que llegó hasta mi alma... Luego de todo eso... Regreso a la realidad, veo la familia que formarnos, y pienso que siempre tuviste razón, que tú... Nunca te equivocaste con lo nuestro.

—Me he equivocado muchas veces, Lara... Pero desde que somos una familia, ese significado que le he dado a mi poder y a mi propio destino, sólo depende de ustedes, ya no de Rhys Windsor, ya no... Del príncipe de Remia, o del Niño Maravilla... Ya no del... Demonio de Remia... Dependerá de ti, de Leah, de Vlas, de mamá, y de nuestro bebé... Y listo, es definitorio, hace mucho tiempo... Pero, verlos separados, ¿Dónde pone tal significado? Por eso, Lara, arregla las cosas con Leah, sólo quiero eso, por favor... Ni siquiera por mí, por ustedes, sólo eso.

—Está bien, lo sé, sé que cometí un error, y hablaré con ella, yo tampoco quiero que ella esté enojada conmigo, y esta vez sabiendo que es mi culpa, me haré cargo... Soy su madre, y es mi responsabilidad —aseguró Lara.

—Eres la mejor madre del mundo, ella te va a entender. —Rhys intentó animarla—. Yo hablaré con Vlas.

—¿Lo harás? ¿Por qué? —Lara lo miró, ciertamente interesada, él había dicho que no se iba a involucrar en su relación, aunque al menos lo había dejado en claro, ella lo veía extraño desde ese día en el cual ellos se lo confirmaron. Rhys no parecía ser ese tipo de padre celoso, ni ese hermano pesado, sin embargo, tal vez sólo lo estaba ocultando para que no pasara lo mismo que pasó entre ella y Leah, pero con él—. O sea, hay muchos motivos, pero... Creí que no te querías involucrar.

—De hecho no, no lo iba a hacer, aun así... Vlas tiene dieciséis, Lara, sé que este camino es algo que él va a recorrer de igual manera, pero quisiera al menos tener en cuenta su visión, y ofrecerle mi ayuda, si es que la necesita, no sé si mamá ha hablado mucho con él sobre este tipo de situaciones, sé que Rygal no lo hizo, así que... Sólo quedo yo —él explicó.

—Cierto —Lara coincidió—. Por cierto, ese tema de su diferencia de edad... ¿Crees que tendríamos que hacérselos saber? —preguntó.

—Está bien, sólo es un año y medio, creo que ya lo saben... En realidad, eso, dentro de todo, es lo que menos preocupación me trae, ya que, lo de Leah siendo nuestro hija legalmente es el mayor problema. —Rhys recordó esa charla que había tenido con Ashley.

—Ella luego de los dieciocho años puede decidir si seguir unida legalmente a nosotros o ser independiente —informó Lara.

—No es necesario hablar de eso por ahora igualmente, ellos no se van a casar a esta edad, ni tampoco a tener un hijo, creo... —dijo él, soltando una ligera risa nerviosa.

—Tus mejillas se tornaron rojas por unos instantes —señaló Lara—. No me has dicho qué sientes sobre que ellos sean novios... ¿Te toca el ego, cierto? —preguntó, dejando salir un de sus insinuantes sonrisas, intentó molestarlo un poco.

—¿A mí? ¿Por qué me tocaría el ego? Son un chico y una chica, jóvenes y bastante atractivos, viven juntos, desde el inicio tuvieron química, ya me lo esperaba... Te lo dije ese día, ¿Cierto? —Rhys apaciguó las insinuaciones de su esposa.

—Rhys, tú amas a Leah, la amas de una forma paternal, ella es tu hija, lo aceptaste, siempre lo deseaste... Y Vlas es tu hermano, lo conoces, ¿No tiene cosas de ti? Sé que no quieres pensar en eso... Pero... ¿No te afecta ni un poco? ¿Ni siquiera lo has pensado? ¿Tú? ¿Rhys Windsor haciendo la vista gorda de algo tan obvio? Es extraño —Lara siguió insistiendo.

—Veamos... ¿Leah es mi hija? Sí... ¿Vlas es mi hermano? También... Pero, ¿Qué puedo hacer? O sea, piense lo que piense, los que tienen las riendas de su relación son ellos mismos, y listo, no tiene sentido que me afecte o que no me afecte, no quiero interferir. —Rhys dejó salir algo de su descargo.

—El otro día... Lo que le dijiste a Vlas: «Si la haces sufrir... Jamás te lo perdonaré», ¿Eso que significó? —preguntó Lara.

—Lo que dije, que si la hace sufrir jamás lo perdonaré —Rhys aludió, con obviedad.

—¿Y eso no es involucrarse? Le estás dando una condición, algo así como una sentencia... Haces esto y yo hago lo otro... Indirectamente eso terminará afectando su relación, ya que Vlas se verá condicionado por tal sensación de que tus ojos están sobre él.

—Lara... No importa lo que yo le haya dicho, ni siquiera es por mí... Él no debe lastimar a Leah bajo ninguna circunstancia, eso es algo que no está a discusión, y es algo que él mismo debió haberse propuesto, incluso antes de comenzar a salir con ella.

—¿En serio no lo perdonarías? —inquirió su esposa.

—No —respondió Rhys, al instante—. Si lastima a Leah lo lastimaré a él.

—Rhys, eso es muy extremo.

Tal declaración de Rhys sorprendió a Lara, no sólo había sido serio y directo... Había ciertos vestigios de un tono de enojo en tal decisión.

—Todos tenemos un pasado de mierda, Lara, todos hemos cometidos errores que nos lastimaron, y que al día de hoy siguen doliendo... Pero Leah, Leah jamás se mereció todo lo que sufrió... Y Vlas sabe lo que eso se siente, porque él tampoco se mereció ese sufrimiento que tuvo... Si Vlas pretende lastimarla, aun sabiendo lo mucho que le puede afectar, yo me preguntaré: «¿Este tipo es un imbécil?», y de paso, haré lo que sea para que me dé una explicación sensata a su actitud, luego de golpearlo por cierto —aseguró Rhys—. ¿Quién podría lastimar a una chica como ella? Por Sun... No, no lo aceptaré, es mi decisión... Leah es intocable, y eso no va a cambiar.

—Vaya... Te tomaste el papel de ser su padre muy en serio —dijo Lara, altamente sorprendida. Aunque orgullosa al mismo tiempo, le gustaba verlo tan protector, aun sabiendo que era chocante que hablara así de su hermano... No obstante, seguía pensando que no era sólo por él, lo haría con cualquier persona que lastimara a Leah... Fuera Vlas, o fuera él mismo inclusive.

—¿Sabes? Cuando ves a una persona que ha sufrido injustamente, quieres que eso se acabe... Yo conozco el sufrimiento, pero es un sufrimiento autoimpuesto, yo he hecho cosas que desembocaron en él, por lo tanto, es una consecuencia de mis propios actos, y es algo horrible, duele, duele mucho, y sólo deseas que se acabe, a pesar de saber que tienes la culpa de tal sufrimiento... Pero... Un sufrimiento que no es una consecuencia de tus actos, ¿Es más doloroso que uno que causas tú mismo, cierto? Como el de mamá... O el de Thomas y Marie... O el de Demian... O el de Leah... —El cerró sus puños, y respiró hondo—. Lara, prometí que nadie de las personas que amo volvería a sufrir, nadie... Eso es sagrado.

—Lo inesperado siempre duele más, cariño, entiendo tu punto, y está bien, aun así, yo sé que Vlas jamás le haría daño a nuestra chica... Tenlo por seguro... Él la ama —dijo Lara, con seguridad.

—Lo sé... Sólo, habla con ella, ¿Sí? —preguntó él, luego de separarse de su esposa y ponerse de pie.

—Lo haré... ¿Te vas? —preguntó Lara, observando como él se colocaba su chaqueta.

—Tengo que reunirme con Ash, me pidió ayuda con algunos temas de finanzas —respondió Rhys.

—¿Solos? —Lara hizo un gesto con sus cejas. Rhys rio al darse cuenta de su pensamiento—. ¿Y Lee?

—Lee está en Alfa, en un evento de no sé qué... Tú sabes, es el rey, hace cosas de reyes que en algún momento pude haber hecho yo, y que por suerte nunca hice, me hubiese muerto del aburrimiento. —Rhys suspiró varias veces—. ¿Por qué preguntas? ¿No quieres que vaya? —le consultó.

—Está bien... Ve —Lara aceptó, cruzándose de brazos al recostarse en su silla.

Rhys sintió que lo había hecho a regañadientes, y que, aunque no lo quisiera decir, estaba un poco fastidiada con que él se fuera a reunir con Ashley a solas. El hecho de que ellos hubiesen pasado una noche juntos en el pasado aún era extraño, tal vez Lara lo había aceptado y los había perdonado a ambos, pero ella, más que nadie, sabía lo que él y Ashley habían pasado, lo que ellos llegaron a sentir el uno del otro, por lo tanto, cada nuevo encuentro entre ellos, revivía la sensación de no querer sentirse traicionada de nuevo.

—Está bien, no iré, le diré. —Rhys tomó su celular, pretendiendo enviarle un mensaje Ashley. Pero Lara tomó su antebrazo, y lo jaló hacia ella.

—Si lo haces, me enojaré contigo —dijo ella.

—¿No te molesta?

—Es trabajo, sólo eso, ¿Por qué me molestaría? Lo de Ashley quedó en el pasado, no vaya a ser que cada vez que se encuentren solos tenga que sentirme insegura, confío en ti, y confío en ella... Eso es suficiente. —Lara llevó el rostro de su esposo atrapado ente sus palmas hacia ella y le dio un suave beso—. Cuídate, nos vemos más tarde.

—Bien, nos vemos amor, te amo. —Rhys se fue de la habitación rápidamente. La puerta de la entrada se oyó al final cuando abandonó la casa.

Lara se quedó en su lugar. Pensativa. Ella sabía que Rhys no la traicionaría jamás, de hecho, nunca lo hizo, todo lo que sucedió con él y otras mujeres, incluida Ashley, fue cuando ellos estaban separados. De tal manera, nunca le fue infiel, ni la traicionó, y sabiendo que él le había contado todo lo que había hecho en su vida, era sensato pensar que no le ocultaba alguna mujer que hubiese pasado por esta mientras ella estaba también.

No sabía si le perdonaría una infidelidad. Pensarlo tampoco era algo que quería, tenía que desarmar la imagen real de Rhys, y convertirlo en algo que no era, colocarlo en tal hipótesis como un hombre infiel, alguien que no se preocupara por ella, que no viera tal respeto en su unión, y que entre tantas cosas, no obtuviera de ella lo que buscaría en otras mujeres. Y eso era imposible, porque él tenía veintinueve años, una personalidad formada y una mente lo suficientemente madura e inteligente como para no volver a cometer los mismos errores del pasado. Además, aparte de todo eso... Él la amaba, muchas veces le había dicho: «Eres la mujer de mi vida» o; «Te amo a ti y a nadie más». Y era hermoso oír eso de su parte, le encantaba sentirse amada por él, por esa razón, odiaría que él no la amara, su corazón no aguantaría. Tal vez en ese sentimiento se encontraba la respuesta a la cuestión inicial... Tal vez, si Rhys no la amara... Ella no se lo perdonaría jamás.

 


next chapter

Chương 68: Capítulo 33: Elegir un futuro condenado por ese pasado  

Fons, Ash, Casa de Dean - 6 de Mayo - Año 526

 

—¿Es aquí? —Leah le preguntó a Vlas, al ambos parar en una de las tantas puertas que tenía ese pasillo de edificio. Era un complejo de apartamentos gigante, los pasillos eran extensos, podía haber más de cien puertas en cada uno—. ¿Recuerdas el número?

 —Emm... Sí, «205» —indicó Vlas, dirigiendo su mirada al número de puerta—. Es este —reconoció—. ¿No debería tener el apellido del propietario? Todas tienen.

 —Lo tiene, sólo que está desgastado. —Leah señaló una placa casi camuflada al ser del mismo color de la puerta, con el contexto de la noche era imposible siquiera distinguirla.

 Leah tocó el timbre. Lo escuchó desde afuera incluso. Ambos esperaron algunos minutos, parados afuera, no reconocieron movimiento dentro. Era extraño. Estaban ahí porque Mya los había invitado. Ese día era su cumpleaños número veintidós, y ella quiso hacer una pequeña reunión con sus amigos. La excusa de que su casa era muy pequeña como para albergar a tantas personas fue perfectamente aprovechada por Dean para ofrecerle la suya, y así, seguir afianzando la relación que ambos ya habían comenzado.

 —¡Chicos, llegaron los dos tortolitos!

 El grito de Dean fue lo primero que oyeron de bienvenida cuando les abrieron la puerta.

 —Siempre tú, ¿No? —Leah fue irónica.

 —Pero si es la joven Leah Foster, que ya no es tan joven como lo era antes... Te ves muy bonita hoy, joven Leah —indicó el chico, en un tono entre el halagador y risueño.

 Leah se había colocado el vestido que Vlas le había regalado en su cumpleaños, ya que no lo usaba desde ese día justamente. A la prenda la acompañaba un colgante de plata con un dije de mariposa, y unos pendientes de perlas.

 —Gracias, tonto. —Leah sonrió.

 —Y tenemos al príncipe. —Dean volteó hacia Vlas—. ¿Qué sucede contigo?

 —¿Eh? ¿Qué pasa? —preguntó Vlas, confundido.

 —Esa apariencia, debería decir que tengo suerte de que tú y tu hermano no piensen de esa manera, o no quedaría ninguna chica para los demás —bromeó Dean, dándole algunos toques en el hombro—. Pasen, están todos dentro. —Se dio la vuelta y entró a su casa.

 Leah no había comprendido muy bien lo sucedido, y no lo siguió. Vlas menos. Aunque ella alzó su mirada hacia el chico cuando notó que él no se había movido tampoco, y se percató, a pesar de la noche, de un poco de rubor en su rostro. «No puede ser», ella pensó.

 —¿No me digas que te hizo sonrojar? —preguntó Leah.

 —¿Eh? No, no fue por eso. —Vlas rascó su nuca, algo nervioso—. Lo que dijo, de las chicas... No quiero que pienses eso de mí, no soy un mujeriego —dijo, desviando un poco su vista, en un intento de no mirar a Leah.

 —¿Ni aunque vieras una chica más hermosa que yo? —Leah se inclinó hacia él, y quiso alcanzar sus labios colocándose en puntas de pie—. ¿Nadie? —insistió.

 —¿Qué quieres conseguir, Leah? —preguntó Vlas, inclinando él su rostro hacia el de ella.

 —Dame un beso, si me das un beso confirmaré tu afirmación... De que no eres un mujeriego. —Ella continuó con su juego.

 —¿Quieres que sea un mujeriego? Si no, no entendería tu actitud —Vlas replicó.

 —Sólo quiero un poco de competencia, haría nuestra relación divertida, ¿Cierto? —preguntó ella.

A pesar de sentir que lo decía juguetonamente, a Vlas también le pareció que estaba siendo más seductora de lo normal.

—No tienes competencia, Leah... ¿Alguna vez te has visto al espejo? ¿Cómo una chica como tú tendría competencia? Sea yo, o sea cualquier otro hombre en este mundo, serías la predilecta para cualquiera, y el que no lo quiera ver es un imbécil. —Él alcanzó los labios rojos de su novia con los suyos.

Sonaba tan enamorado que hasta él mismo se sorprendió. Pero nunca se había puesto a pensar en que, él adoraba a Leah por su personalidad, claro que sí. Aun así, Leah era probablemente la chica más hermosa que conocería jamás, y no estaba siendo para nada subjetivo ni un cegado por su amor hacia ella, aunque quizás un poco, sin embargo, podía confirmarlo, ya la había apreciado mucho tiempo como para discutir con quien fuera ese pensamiento que, ante todo, era inmutable. La vio casi un año atrás por primera vez, y ella, en ese momento, era distinta a la Leah actual, aun no habiendo pasado tanto tiempo, su crecimiento y madurez había sido abismal.

En ese momento, Leah era una chica en la cual, sobre todo, resaltaba su ternura en su belleza, era lo que enmarcaba tal rostro y apariencia. Su mirada era inocente, además, ayudaba mucho su manera de ser, como se vestía, o incluso como usaba su cabello. La Leah que conoció más a profundidad, cuando se fue a Fons, no era tan distinta a aquella que lo ayudó en Remia, aunque había cambiado un poco, y su crecimiento fue más notorio. A él no le gustaba fijarse mucho en ello, aunque, a veces se le hacía imposible, porque la veía en todas sus facetas, y al acostarse con ella era cuando más lo notaba, ya que su cuerpo era perfecto, era sensual, y era, aunque quisiera negarlo, aquello que lo llevaba hasta su propio límite, el motivo por el cual pasaba tantas noches a su lado, haciendo imposible que se separara de ella. Todo eso sumado a ese bello rostro, que seguía regalándole ternura e inocencia, a ese cabello que cada vez crecía más, y con él, la certeza de que Leah se estaba convirtiendo en una mujer... Era guapa, era atractiva, era linda... Y esa actitud, al mismo tiempo que rebelde y madura se mezclaba en su carácter, haciéndolo sentirse a él un niño a su lado, anhelando que ella mandara en su relación. Él sólo haría todo lo que ella le dijera: «¿Por qué tienen que gustarme las chicas más grandes», pensó. No iba a negar que a pesar de él mismo tener un carácter bastante fuerte, le gustaba que hubiese cierto control sobre él, y aunque no leía los pensamientos de Leah, sabía que a ella le gustaba ser quien lo tuviera... De tal forma, él... Sólo podía estar a sus pies.

—Que niño hermoso eres, me encanta cuando te pones tan dulce... Me dan ganas de comerte entero, bombón. —Ella apretó las mejillas de Vlas, notando la calidez de estas, y el continuo sonrojo de él... Sí, le encantaba verlo tan lindo y tímido.

—¿Por qué hoy estás tan coqueta? —Vlas intentó preguntar, con sus mejillas apretadas apenas podía mover sus labios.

—Tranquilo, estoy jugando, no te atacaré frente a los chicos, no quiero que piensen que soy una novia controladora —ella bromeó.

—Por cierto, ¿Pasarán? ¿O seguirán coqueteando en la puerta de mi casa? Si es por mí, pueden seguir haciéndolo, se estaba volviendo interesante.

Dean había regresado, esa era su voz. Cuando los chicos voltearon hacia la entrada lo vieron apoyado en el borde la puerta, con su mirada entretenida en el intercambio de los chicos, dejando ver en su rostro una mueca entre el entusiasmo y la sorpresa.

—Dean, estabas ahí —Leah rio, nerviosamente.

—Carajo. —Vlas bajó su mirada, no quería seguir sintiéndose más avergonzado que antes, y ahora Dean los había visto. ¿Qué tan peor se iba a poner? ¿Dónde estaban Mya y Kit? Ya podían formar el escuadrón.

—Estos chicos. —Dean dejó escapar varias carcajadas—. «Bombón» —repitió, con sagacidad, luego de darse la vuelta para irse caminando por el pasillo.

Leah no quiso decir nada más, eso había sido bastante vergonzoso para ambos, creyó que nadie los estaba viendo, por eso se puso sugerente con Vlas. No tenía en su cabeza justo el pensamiento de hacer el amor con él, ni que estuviera muy necesitada, era sólo un ida y vuelta casual, sólo quería bromear. Y justo tuvo que estar Dean. Ni siquiera quiso alzar su mirada en su caminata por el pasillo, luego de entrar a la casa. Oyó los pasos de Vlas detrás de ella, cuando volteó notó que él estaba igual que ella, cabizbajo y en silencio.

Cuando entraron a la sala, Dean ya se había metido a la parte de la cocina, no lo vieron, pero en la sala estaban Kit y Mya, concentrados en una charla, nos los habían visto. Leah se aclaró la garganta para llamar su atención, y funcionó.

—¡Leah! ¡Vlas! —Mya se puso de pie emocionada luego de verlos—. Vinieron. —Les dio un fuerte abrazo a ambos.

—Sí, vinimos... Feliz cumpleaños, Mya. —Leah aprovechó para dejarle una bolsa en sus manos—. Te compramos un regalo, papá y mamá también te mandan saludos, ellos te deben su regalo.

—Oh, no es necesario... Veamos que me trajeron. —Mya abrió la bolsa, esta no tenía papeles de regalo, era una bolsa de cartón, de una tienda, aunque de una marca extraña, ella no la conocía, seguramente era alguna tienda de lujo—. Oh, me encanta... ¿Saben lo caras que son estas chaquetas?

Sacó una chaqueta de cuero de la bolsa, color negro, con muchos parches de tela en ellas. Desde flores hasta insectos, muy coloridos. Ella sabía que esa era una chaqueta de colección, y no se había equivocado en su suposición, era de una marca de ropa de lujo, como todo lo que ellos usaban. Agradecía tener amigos millonarios, ellos podían conseguir cosas que ella no, aun teniendo el dinero no tenía el contacto especifico que los hacía conseguir esos productos.

—Puedes cambiarla si no te queda, la reservé hace unos meses —explicó Leah.

—Oh, sí, el talle. —Mya se quitó la chaqueta que llevaba puesta y se puso la que Leah le regaló. Perfecta, ella había atinado con el talle, era justo—. Me queda bien, ¿Te gusta, Dean? —preguntó, volteando a él.

Dean se encontraba parado del otro lado de la sala, acababa de salir de una de las habitaciones del pasillo. Detrás de él se encontraba su hermana, la había ido a buscar.

—Oh... —Tragó saliva—. Te queda bien, sí.

—No te pregunté si me queda bien, eso es obvio, te pregunté si te gusta. —Mya caminó hacia él, hasta pararse justo adelante suyo—. ¿Te gusta? —preguntó, de nuevo.

—A mí me encanta, Mya —respondió Cassie, apoyándose en el hombro de su hermano.

—Gracias bella... Al parecer tu hermano se quedó sin palabras, no ha respondido mi pregunta. —Mya fue sagaz. Su mirada siguió firme en el rostro de Dean, quien la miraba casi inmutado, aunque con una media sonrisa casi escapándosele—. ¿Qué pasa, Jackson?

Vlas y Leah ligeramente se movieron hacia la parte de los sillones de la sala mientras Mya y Dean tenían su momento. Kit estaba ahí, los saludó sonriente, probablemente ya estaba borracho, llevaba muchas botellas de cerveza vacías sobre la mesa.

—¿Ya son novios? —le preguntó Vlas, sentándose en uno de los sillones. Eran tres, uno largo, que se encontraba en el medio, tal vez para cuatro personas, y otros dos más pequeños, de dos personas, uno a cada lado del grande. Los tres alrededor de una mesa ratona, repleta de botellas de cerveza y aperitivos—. Ven aquí si quieres, bonita —le dijo a Leah, apoyando su mano en su regazo.

—Bueno —ella asintió, sentándose en sus piernas.

—Ellos todavía no son novios, no lo quieren aceptar, aunque están en eso... Pero ustedes, veo que sí —declaró Kit, entre risas—. Tomen una —agregó, destapando dos botellas de cerveza que ellos tomaron.

—Algo así, ¿No? —preguntó Vlas, dándole un beso en la mejilla a Leah.

—Algo así —ella respondió, igualmente.

—Esos dos dan muchas vueltas —señaló Kit, los tres dirigieron su mirada a Dean y Mya. Ellos seguían en ese ida y vuelta, divertido, Mya insistiendo que él le dijera si le gustaba como le quedaba su chaqueta, y Dean en silencio, mientras Cassie jugaba con su espalda, intentando empujarlo—. Desde el día de la coronación están así, en cualquier momento los tomaré a ambos y los obligaré a besarse... Me están hartando.

—Ey, debes darle su tiempo, ellos han pasado por mucho, tal vez no saben cómo actuar en este tipo de situaciones —dijo Leah.

—¿Por mucho? —preguntó Vlas, con curiosidad.

—Ninguno tuvo una infancia o adolescencia fácil, no pudieron vivir todo lo que nosotros vivimos para aprender a entender nuestros sentimientos, Vlas... Imagina, si para nosotros fue complicado, ¿Qué podemos esperar de ellos? —explicó Leah. Vlas asintió.

—En cierto punto —dijo Kit, entre algunos tragos de su cerveza—. Y con lo que pasó con Dean y eso... No lo sé, ella lo ha ayudado igualmente, ¿Les contó que todos los días viene a visitarlos? Les cocina, los ayuda con la limpieza de la casa y cuida de Cassie cuando Dean trabaja hasta tarde... Yo diría que ya son pareja, sólo que como dijo Leah... Es complicado que entiendan lo que sienten.

—¿En serio hace eso? Que atenta, se nota que los quiere mucho, a ambos —aseguró Leah, su mirada volvió a ellos, seguían jugando, entre risas.

—Cuando conocimos a Mya, era tan irascible que era insoportable, no confiaba en nada ni en nadie, hasta cierto punto creí que nos odiaba sólo porque éramos hombres, ya que en realidad contigo y con Lara no era así, y con Rhys era complicado... Jamás se me ocurrió pensar en que tal vez ella había pasado una situación traumática que le diera tal actitud, no lo sé, no quise hacerlo, si lo hubiese sabido, la habría ayudado desde el inicio... Dean lo supo, él no es un tonto que se toma todo a broma, ni un insensible que sólo piensa en mujeres, él sólo quería dispersar todo ese enojo que siempre sintió a través de esa máscara de chico malo y extrovertido... Ellos son el uno para el otro desde el inicio, supieron sanar sus heridas mutuamente... Se merecen este momento que tienen, después de tanto. —Kit también mantuvo su mirada fija en la interacción de sus amigos. 

Ellos volvieron a la parte de los sillones luego de que Mya convenciera, de una vez por todas a Dean de que le gustaba como le quedaba la chaqueta: «Sí, me gusta», él le dijo, a regañadientes. Cassie y Mya festejaron esas palabras como si se hubiese tratado de la ubicación de un tesoro descubierta por ellas, pero no... Era sólo una forma de molestar a Dean.

—Lo hice —declaró Mya, llegando a donde Kit y los chicos estaban—. Me dijo que le gusta como me queda —agregó, orgullosa, y encantada también—. Por cierto, ¿Y ustedes? —Señaló a Leah y Vlas.

—¿Qué pasa? —preguntaron ambos al mismo tiempo.

—¿Saben? Hay una habitación al fondo, está vacía, digo... Por si quieren usarla —bromeó Mya, señalando con su pulgar a donde había dicho.

—Mya, tú también —protestó Leah, notando el movimiento en las manos de Vlas.

Él parecía querer alejarse suyo, ¿Qué le pasaba? Se estaba tomando todas las bromas en serio. Entendía que fuera algo tímido y vergonzoso, más cuando se trataba de ellos y su intimidad. El día anterior luego de que él la fuera a buscar tras ella haber discutido con su madre sobre exactamente la misma situación, él le dijo que también se había sentido avergonzado, pero que no quería dejarlo en claro ante nadie, porque comprendía que era algo normal, y que, a pesar de todo, no iban a poder escapar de las bromas y las molestias de sus amigos, porque así era como funcionaba.

Ella lo entendió, también se replanteó la idea de haberse enojado con su madre el día anterior, aunque no quiso darle demasiadas vueltas al asunto, porque pensar en que había discutido con Lara le chocaba un poco, y la hacía sentirse triste. Lo último que quería era que las cosas con su madre se fueran a la borda por una tontería, y claro, entendía también la base de su molestia, pero no quiso ponerse en el lugar de Lara, no quiso comprender un preocupado pensamiento maternal que vino de su parte... Lo iba a hacer cuando se dieran la oportunidad de hablar.

—Ey, no molestes a la joven Leah, y al «bombón» —Dean se acercó por detrás de ella—. ¿No ves que se avergüenzan? —preguntó, a las carcajadas.

—¿«Bombón»? —le preguntó Mya, confundida.

—Estaban coqueteando en mi puerta antes de entrar, Leah le dijo: «Bombón», y el príncipe se sonrojó —contó el joven, a detalle, sin parar de reír.

Leah y Vlas cruzaron miradas, sin saber dónde meterse. Debieron estar preparados para tal situación, ambos sabían que cuando los chicos se enteraran de su relación comenzarían a molestarlos hasta ese punto. Sin ir más lejos, los días anteriores, Leah había tenido algunas salidas con Mya, y le había contado sobre... Lo que había pasado entre ellos, sin mucho detalle, aun así, fue suficientemente clara como para que Mya captara la situación. Ella era su mejor amiga, y la única persona con la que mayormente habla de esas cosas, sabía que la comprendería, y que podría compartir con ella su alegría: «Así que el pequeño y tierno príncipe terminó siendo todo lo contrario a tierno y pequeño, eh», le dijo Mya, con su característico sarcasmo, entre risas. Leah rio en ese momento, y le siguió el juego, después de todo, era Mya con quien bromeaba, sólo ella entendía a lo que podía referirse, y sabría cuándo parar.

 Sin embargo, dentro de su grupo de amigos también estaban Kit y Dean. Ella los conocía bien, sabía lo bromistas y pesados que ellos podían llegar a ser en cuanto a algo así, Dean siempre se llevaba las fastidiadas de Kit cuando una chica lo rechazaba, y viceversa. Ellos no eran así con Mya, ya que conocían su carácter, e incluso antes de hacerlo, ella siempre los terminaba golpeando a ambos. Y con respecto a ella, jamás se sobrepasaban de esa manera, el respeto que ambos le tenían a Rhys y Lara impedía que actuaran de esa forma, y ciertamente a ella no le molestaban tanto sus bromas, los llegaba a comprender, y cuando recibía alguna, la aceptaba y a veces les seguía el juego. Pero, volviendo a su pensamiento inicial, ella en realidad se había preocupado por Vlas. Él no era ella, él no iba a actuar como Mya, ellos veían en él a un chico, casi de su edad, con el cual podrían bromear tal vez sin esas consecuencias que veían en ellas. Ella no quería que Vlas se convirtiera en su punto, aun sabiendo que Kit y Dean eran buenos chicos, que sabrían parar cuando alguien se los pidiera, pero Vlas... ¿Se los pediría?

Él ya se había avergonzado varías veces con distintas situaciones, a veces se veía retraído ante la presencia de tantas personas, tenía un personalidad un poco tímida, y con personas a quienes no conocía tanto, también aislada. Sabía que si él se llenaba de confianza podría comenzar a replicar esas bromas, ya que era ocurrente y divertido, sin embargo, ¿Cuánto podría tardar para acostumbrarse a un ambiente así? Lo último que quería era que él se sintiera incómodo ante todos. Aunque, esa vez en la disco no lo hizo, tal vez el alcohol ayudó mucho, también el hecho de que ella estaba ahí, y su propia voluntad de relacionarse con otras personas, pero todos habían sido cuidadosos con él ese día, sin querer tocar algún tema que lo lastimara o lo hiciera sentirse desubicado... Ya no era ese día, ya había pasado tiempo, se había relacionado con los chicos varias veces, y hasta había cultivado una especie de amistad con Mya. No lo sabía, iba a tener que esperar a ver cómo se desenvolvían las cosas, aun así, estaría para él, eso se había propuesto a sí misma. Quería verlo avanzar.

—¡No! ¡¿En serio?! —exclamó Kit, uniéndose a las carcajadas de su amigo—. ¿Cuándo te volviste tan mimosa, Leah? —preguntó, dirigiéndole una mirada a ella, con un divertido gesto al mover sus cejas.

—¡Cierra la boca, imbécil! —Leah le lanzó un almohadón. No pudo contener la risa cuando este golpeó a Kit de lleno en el rostro—. Ey, no bromeen con mi chico, él se puede poner un poco tímido —dijo, envolviendo la cabeza de Vlas en sus brazos.

El chico sonrió. Sostuvo sus manos alrededor de la cadera de Leah, ella seguía sentada en sus piernas, no parecía querer dejar ese asiento en ningún momento.

—Igualmente, puedo defenderme —dijo él, de la nada—. Mya, ¿Le recuerdas a Dean el apodo que me pusiste? Tal vez se le olvide la idea de que es gracioso que alguien me llame por uno —agregó, con sagacidad.

Él sabía que poner ese tema en la discusión era una buena forma de tranquilizar las bromas que Dean había enviado hacia él incansablemente. Al darse cuenta que realmente él tenía algo con Mya, pensó que sería gracioso ver su rostro cuando se enterara que la chica que le gustaba lo llamaba: «Solecito». ¿Dónde se metería su lógica luego de eso?

—Uy, golpe bajo —adhirió Kit. Él seguía jugando con el almohadón que Leah le había lanzado.

Vlas le dirigió una mirada cómplice, él le guiñó un ojo. Esa tarde luego de todo lo sucedido en la coronación, cuando tuvieron la charla en la cual Kit más o menos lo puso al día con las cuestiones de su grupo de amigos, él aprovechó para comentarle el apodo que Mya le había puesto. Kit comenzó a reír, y le contó que, en realidad, ella le ponía apodos a todos, a él lo llamaba: «Mr. K», haciendo alusión a su inicial e imitando el nombre del villano de una película de acción que a ella le gustaba mucho. A Leah la llamaba: «Ricitos de oro», ya que, cuando se conocieron, años atrás, Leah llevaba rizos en su cabello. En realidad, tal apodo dejó de tener validez cuando Leah volvió a usar su pelo natural, lacio, sin embargo, Mya lo siguió usando, ya que le parecía tierno, aunque luego de que Leah creció ya no lo hizo más. Y sólo la llamaba por su nombre. Aun así, la única persona que no tenía apodo de su parte, además de Rhys y Lara por motivos de respeto, era Dean.

Ninguno sabía por qué Mya jamás le puso un apodo, o por qué siempre lo llamó por su nombre, a veces usaba su apellido, pero sólo cuando quería molestarlo. Él tampoco hablaba de Mya de manera informal, siempre la llamaba por su nombre, y al contrario que ella, jamás usaba su apellido.

—¿Qué? —preguntó Dean, cambiando radicalmente el rostro que tenía, a uno de confusión—. ¿Ya te dio un apodo?

En ese momento, todos voltearon a Vlas, queriendo conocerlo.

—Vaya, se me dio vuelta situación... —él rio, incómodamente—. Emm... Sí, me dio uno —asintió, al mismo tiempo que bajaba la mirada.

—¿Y cuál es? —preguntó Leah, curiosa.

—Sí, dinos —insistió Dean.

Mya había estado en silencio, sólo mirando a Vlas, impasible, pero con una sonrisa en su rostro. Él alzó su mirada hacia ella, y encontró cierta confianza en su sonrisa. «Dilo», ella le dijo, sin decirlo, sólo moviendo sus labios.

—«Solecito» —reveló Vlas, y bajó su mirada, otra vez, sintiendo la de los demás sobre sí. Hasta que las carcajadas se permitieron aparecer.

 

Minutos después...

 

 Concentrada en su charla con Cassie, la hermana de Dean, Leah había parecido ignorar lo que él dejó salir momentos atrás. Todos sólo rieron ante su respuesta, incluida Mya, ella lo estaba esperando, él debió saberlo. Pero, a pesar de que todos se estaban riendo de lo mismo, Leah no, ella sostuvo su mirada sobre él en todo momento, con un poco de interés fulgurando en sus ojos marrones. No le dijo nada, e incluso se le escapó una ligera media sonrisa que no dio le dio más detalles de su pensamiento a Vlas. Ella aún seguía sentada en sus piernas, aunque inclinada hacia el otro lado, donde la chica que se había presentado ante ellos momentos atrás había captado su interés.

 —Y dime, cariño... ¿Te gustaron esos vestidos que te regalé? Le dije a Dean que tal vez algunos te iban a quedar grandes, pero con algunas modificaciones podían quedarte bien —preguntó Leah.

 —Oh, sí... Estaban bonitos, usé uno el otro día, el carmesí con detalles en plateado, mis amigas me dijeron que era el vestido más lindo que habían visto nunca —respondió la chica, con emoción.

 Vlas notó que no era tan joven como él había creído. En su propia interpretación a lo que Kit le había dicho ese día cuando hablaron de Dean, su hermana era una niña pequeña, no una adolescente de casi su edad, más o menos, ¿Cierto? No le quiso preguntar la edad, ni siquiera había intercambiado más que algunas palabras como un saludo y su nombre al presentarse, Leah se encargó del resto. Al parecer ella la conocía, y le caía bien, porque estaban hablando de cosas que sucedieron antes incluso de que él se fuera a vivir a Fons, muchos meses atrás.

 —Por cierto —habló, luego de asegurarse de que ellas hubiesen terminado ese tema de los vestidos, o lo que fuera—. ¿De dónde se conocen? —preguntó.

 —Cassie es la hermana de Dean, ¿No te lo dijo? —Leah inclinó su cabeza hacia el lado del chico, en un gesto de obviedad.

 —Sí, lo sé, son idénticos —indicó Vlas, mirando de reojo a la chica. ¿Era normal ser tan parecido a tu hermano mayor? O sea, él no iba a negar que era demasiado igual a Rhys, pero, ella era una chica, incluso aunque hubiesen salido con los mismos genes, ¿No había algo que evitaba eso? No era mellizos después de todo, sólo eran así, muy iguales—. Me refería a, bueno... Esto —dijo, intentando explicarse mejor.

Se quería referir a la situación de que estuvieran hablando con tanta confianza, eso no pudo haber sucedido sólo porque la chica era la hermana de Dean, se habían tenido que relacionar antes sí o sí, y más conociendo la actitud algo reservada de Leah. Ella no tenía muchas amigas, más allá de Mya.

—Oh, eso... Cuando Dean apenas se unió al equipo de papá, ellos eran muy pequeños, no tenían hogar, y se habían escapado de un orfanato, por lo tanto, estaban en problemas, así que esos meses en los que papá y mamá se encargaron de arreglar esa situación, y mientras le conseguían un hogar y eso, ellos se quedaron en la casa de mamá... Ahí nos hicimos amigas —contó Leah.

—Ya veo. —Vlas movió su cabeza hacia delante—. Por cierto, me gusta mucho ese color de ojos, no sabía cuándo agregarlo a la charla, lo siento —dijo, refiriéndose a la chica.

—¿Cierto? Son hermosos, a ella le quedan mejor, no le dan la apariencia intimidante que Dean posee, ella se ve más tierna y linda. —Leah concordó con él, y de paso, se deshizo en elogios a la chica.

—Los heredamos de mi mamá —dijo la chica, en un suave tono de voz. Los halagos siempre la ponían vergonzosa.

—¿Tu mamá? —preguntó Leah, sorprendida.

Ella sabía que ellos; Dean y Cassie, nunca hablaban de su madre o su padre, más que nada de parte de Dean, él vio la muerte de ambos, y, según sus propias palabras, lo perdió todo sin poder hacer nada, ese pensamiento hacía que se martirizara siempre que podía, de tal manera, Cassie sólo lo hacía para no hacerlo sentir triste ante tal recuerdo, ya que a ella le afectaba mucho más ver a su hermano en ese estado que recordar a sus padres, ya que no recordaba nada de ellos, y ese dolor ante la pérdida de ambos... Nunca lo sintió.

—Sí, Dean me contó que ella era una mujer hermosa, y que... Tal vez, cuando yo crezca sea igual o más hermosa que ella —declaró la chica, sus mejillas se fueron tornando cada vez más rojas.

—¿Él habla de sus padres? —Leah preguntó, de nuevo.

—Más que antes, sí... Desde ese día en realidad, siempre que le pregunto me cuenta lo que recuerda de ellos, se lo ve emocionado, antes no lo hacía... Apenas los mencionaba... Supongo que, su recuerdo ya no le afecta tanto —respondió Cassie, y una sonrisa se dejó ver en su rostro.

El pastel de cumpleaños llegó a la mesa ni bien ellas terminaron de hablar. Dean lo dejó sobre esta y prendió todas las velas que este llevaba con un llama de sus dedos. Mya, como cumpleañera, se acercó a este, y todos la rodearon, mientras le cantaban el «Feliz cumpleaños». Luego de esto vino compartirlo, un poco de charla también, con todos. Hablaron de uno que otro tema, se rieron de muchas cosas, el alcohol ya le había afectado a la mayoría. Vlas quiso tomar poco, la última vez que se sobrepasó con este tuvo pesadillas, y aunque esa vez acabó en la habitación de Leah, tal vez si lo hacía de nuevo no iba a terminar tan bien.

Casi al final de la noche, cuando todos estaban en las últimas. Dean les ofreció que se quedaran a dormir. Todos aceptaron, menos Kit, según él, al otro día tenía que trabajar temprano, y si se quedaba iba a ser imposible que se levantara. Luego de él irse, organizaron las habitaciones. Dean les dejó la habitación grande, la suya, a Mya y Cassie, ellas dormirían ahí y él dormiría en la habitación de Cassie. La única habitación libre de la casa se las dejó a Vlas y Leah, no sin antes bromear con que necesitaban «intimidad» y miles de cosas más que sólo él llegó a comprender en su actitud alcoholizada.

—¿Cómo terminamos así? —preguntó Vlas, con su cabeza apoyada en una de las almohadas del futón que Dean les había prestado para que pudieran dormir al menos cómodos, ya que la habitación estaba vacía, no tenía ningún mueble, ni siquiera una cama.

—Fue una noche bonita, desde el cumpleaños de Kit no teníamos una reunión con los chicos, ya las extrañaba —respondió Leah. Ella se encontraba recostada en la otra almohada.

—Esta habitación está oscura, y es extraño que la casa esté tan silenciosa —dijo Vlas, girando su rostro hacia arriba, no vio nada, ni siquiera supo si estaba apreciando el techo o alguna otra cosa.

—Bueno, Mya ya se había acostado a dormir luego de llevar a Cassie a la habitación, el único que quedaba era Dean, supongo que estaba limpiando la casa o algo, aunque creo que ya se fue a dormir también.

 —¿Lo tenías así?

 —¿Cómo?

 —Tan responsable, te juro que desde lo conocí me hice una figura de él en mi mente, una figura de un chico rebelde, sabes... Es gracioso y carismático, pero tiene cierto tono de que no le importan muchas cosas, no lo sé... Es extraño, diría que es algo así como Rhys, pero sé que Rhys es así porque es un tipo egocéntrico desde nacimiento, sin embargo... Dean no es egocéntrico, es más bien... Escapista.

 —¿Escapista?

 —Sí, no lo conozco demasiado bien para confirmarlo, pero entre lo que dijo Kit de él, sobre que es un chico que sólo quería dispersar ese enojo que poseía a través de una máscara, y luego lo que dijo su hermana, eso de que cambió desde lo que pasó en la coronación... ¿No crees que es algo interesante? Dean no parece alguien que actúe al azar, nadie lo hace en realidad, todas las actitudes tienen un trasfondo y una intención.

 —Mya me ha hablado un poco de su cambio, en realidad no es muy concreta con ese tema, porque dice que no le gusta hablar de Dean cuando él no está, pero, me ha dicho cosas interesantes... Él tenía varias formas de divertirse antes, creo que ya lo dejaron en claro los chicos muchas veces, él era un mujeriego, salía mucho de fiesta, a veces usaba drogas y siempre se lo veía con un cigarrillo en la boca... Ya no es ese Dean, no sé hace cuanto tiempo, según Mya, desde una charla que tuvieron en Remia, donde ambos, bueno... Se declararon sus sentimientos... Yo sé que él la ama, no es algo secreto para nadie, aun así, no sé si tal cambio haya sido sólo por Mya, creo que... Hay algo más allá que eso.

 —Mya es una buena chica, ella lo ama también, y al parecer ha estado para él desde ese momento, no sé si tal cambio fue sólo por ella, pero lo que es claro es que ella ha tenido una gran influencia en este.

 —Ciertamente —asintió Leah, ella también había volteado su rostro hacia arriba—. «Solecito» —rio.

 —¡Ey! —protestó Vlas—. ¿No te molestó? Creí que te había molestado, no te habías referido a eso en toda la noche.

 —No me molestó, para nada, en realidad sólo estuve pensando... Hasta Mya tiene una forma específica de llamarnos a ambos, y ella sólo es nuestra amiga —respondió Leah, volteando a él. Él ya lo había hecho antes, y aunque la habitación estaba a oscuras, logró divisar su rostro—. Vlas, pongámonos un apodo que sólo podamos utilizar nosotros —propuso.

 —¿Un apodo que sólo podamos utilizar nosotros? ¿Cómo qué? —preguntó Vlas, la propuesta le había interesado, él sentía que llamarla «bonita» era un cliché, y había estado pensando muchas formas de llamarla, pero todas volvían a lo mismo.

 —No lo sé, algo así como, «cariño» o «mi amor», pero que tenga que ver con nosotros, algo que sólo le dirías a tu pareja, yo podría llamar así a Rhys o a Lara, no lo sé... ¿Me entiendes?

 —Lo hago... —respondió Vlas, pensativo... Era una tarea difícil, sin embargo, no tenía que ser algo sumamente original, mientras fuera algo que sólo le pudiera decir a ella, tendría sentido e iba ser significativo... Tal vez algo como—: ¿Y qué tal «cielo»?

 No estaba tan oscuro, lo supo cuando sus ojos se acostumbraron a la falta de luz de la habitación, y encontró los de Leah al voltear a ella. Brillantes y osados, como siempre, aunque, de la misma forma, encantados y embelesados.

 —«Cielo» —ella musitó, y de sus labios se escapó una sonrisa.

 

Más tarde...

 

Fons, Ash, Casa de Dean - 7 de Mayo - Año 526

 

 Vlas salió de la habitación a media madrugada. Leah se había dormido unos minutos atrás, y él necesitaba ir al baño urgentemente. Luego de salir del baño quiso tomar un poco de agua, y cuando caminó hacia la cocina notó la luz de la sala encendida.

 —Es horrible dormir en ese futón, ¿Cierto? —le preguntó Dean, con su voz viniendo del centro de la sala.

 —Ey, Dean, ¿Qué haces despierto? —Vlas se inclinó en la mesada hasta divisarlo sentado en el sillón que justo no se veía desde la cocina.

 —Muchas cosas, pero mayormente, tomando las cervezas que quedan. —Dean alzó la botella que llevaba en su mano—. ¿Quieres acompañarme?

 —Claro. —Vlas se sentó a su lado y tomó una botella.

 —¿Qué tal todo, príncipe? Veo que tu relación con Leah va viento en popa, y tu entrenamiento también, tal vez no te des cuenta, pero emanas un aura monstruosa —indicó el joven. Sabía que Vlas era un Windsor, el hermano de Rhys y el hijo de Rygal, así como también el poseedor del Scire, por tal motivo, no se sorprendió de notar el abrumador poder del chico—. Rhys ha estado haciendo un buen trabajo contigo.

 —¿Tú crees? En realidad no hemos entrenado mucho últimamente, Rhys ha estado ocupado con algunos temas políticos de Fons, sabes que es amigo de Lee y Ashley, además de que Lara ya es parte del Consejo, por lo que cuando ellos llaman a su ayuda él acude. —Vlas dio algunos sorbos.

 —Sí, claro... Alguien con tal influencia siempre tendrá muchas cosas de las cuales ocuparse, yo no podría encargarme de tanto, jamás —aseguró Dean.

 —Tienes una buena organización en este lugar igualmente, así comienza todo el mundo, Rhys tiene sus prioridades bien claras, eso es lo que hace que pueda encargarse de tantas cosas al mismo tiempo, él sabe qué es lo realmente importante —expresó Vlas.

 —Bueno, Lara lo ayuda mucho también, no es que hace todo solo, ella es una magnifica mujer, y con él, una gran esposa, cuando tienes a alguien así a tu lado, supongo que las cosas se te facilitan un poco —Dean reconoció.

 —Sí, se podría decir que sí —Vlas concordó con él—. ¿Tú la tienes? —preguntó, interesado en la respuesta de Dean. Rápidamente la imagen de Mya invadió su mente, tal vez ya sabía la respuesta.

 —Sí... Tal vez... No lo sé —Dean titubeó—. Cassie me ayuda mucho, sin embargo, ella es mi prioridad, así que, las cosas que hago por ella no son parte de su responsabilidad, por lo que no me puede ayudar tanto en eso.

 —¿Ella es tu prioridad? —Vlas le dirigió su mirada.

 —Cassie es lo único que tengo, nada más que ella importa en esta vida, todo lo que llegué a tener, se fue, y sólo me quedó ella, siempre será mi prioridad, a pesar de todo. —No dejó de lado su firmeza en ningún momento.

 —¿Y Mya? —Vlas preguntó, con atrevimiento, él sabía que tal vez había sido un poco intrusivo en la privacidad de la vida de Dean, pero lo que él sentía por Mya era algo que saltaba a la vista, y Dean no se lo iba a poder negar.

 —¿Qué pasa con ella? —preguntó el joven, esbozando una sonrisa.

 —¿Ella no forma parte de tus prioridades? —inquirió Vlas.

 —Bueno. —Dean inclinó su cabeza, su mirada se dirigió al suelo—. Más o menos.

 —¿Más o menos bien? ¿O más o menos mal?

 —Mya tiene su vida, muchas cosas de las cuales se encarga por sí misma, y sus propias prioridades, no quiero agobiarla con tonterías de niño enamorado, ella lo sabe, y aunque sí, puede considerarse una de mis prioridades... Siento que ella misma es independiente de todos, y tal independencia le impide ser la prioridad de alguien.

 —También va en su anhelo, ¿Nunca le preguntaste sobre eso?

 —Sí, pero ambos concordamos con que en este momento no estamos para algo así.

 —¿Para una relación?

 —Claro —Dean asintió—. Pero ella está ahí, igualmente, y se preocupa por mí como si realmente fuera mi novia, pasa más tiempo en casa que en la suya, Cassie hasta parece su hija, la cuida tanto... Yo había esperado algo así para ella hace mucho tiempo, Cassie jamás tuvo la experiencia de tal afecto maternal, y me gusta que Mya entienda eso y esté para ella, pero al mismo tiempo tengo miedo de no saber manejarlo, y que todo se acabe.

 «Ahí viene», pensó Vlas, recordando las palabras de Kit y Leah.

 —¿Cómo vas llevando todo eso de tu pasado y lo que pasó en la coronación?

 —Intento no pensar demasiado en eso, en lo que pasó, sino más bien en lo que pasará... En Cassie, y, aunque quiera decir que no, es algo imposible negar lo importante que es para mí, así que también en Mya.

 —Pero, aunque no intentes pensarlo... Pasó, y eso te dejó algo, ¿Cierto?

 —Me dejó un vacío enorme —Dean respondió, al instante—. Un vacío enorme que intento llenar con la presencia de ambas en mi vida, con vivir el día a día apuntando hacia adelante, un vacío que intento... Dejar atrás, pero, no lo sé... Se siente tan irreal esta paz que estoy sintiendo, es como que... No fuera lo que me merezco. —Miró sus manos, tan limpias, tan... Vacías. Las mismas manos que se encontraban manchadas de sangre aquel día.

 —Te mentalizaste demasiado para asesinarlo, ¿Cierto?

 —Ni que lo digas, han pasado diez años desde que todo comenzó, y hasta hace un mes... Yo tenía la certeza de que me convertiría un asesino, de que... Al fin podría darle ese descanso a mi padre, de dejar de pensar en si podía, o no podía... En deshumanizar a Dean Jackson hasta el punto en el cual vomitaba con sólo pensar en hacerlo... Y ahora... Estoy aquí, sentado en el sofá de mi sala, luego de haber festejado el cumpleaños de una persona a la que amo pero de la que tengo miedo hacerle saber de mi amor... De hablar de mi hermana, de al fin darle esa idea de lo que fueron nuestros padres, que ella, pueda, al menos... Elegir qué sentir al recordarlos... De admirar más a Rhys por haberme salvado de ese destino, de sentir que no decepcioné a nadie, ni a Kit, ni a Mya, pero... De que me perdí, y que ahora no tengo nada a lo que aferrarme, y me siento vacío... Muy vacío.

 —La venganza no era algo bueno a lo que aferrarse, Dean... Por lo menos, escapaste de ese infierno, y ahora... Puedes elegir un camino que tú desees seguir... Sin estar condenado, sin estar obligado... Nada más, ya no tienes el peso de la muerte de tu padre en tus espaldas, ahora todo tiene un nuevo sentido, ¿No es así?

 —Tengo diecinueve años, Vlas... Desperdicié muchos de mi vida en un propósito sin sentido que revivía a cada instante una imagen que me daba mucho dolor, y para sosegar tal dolor, hice tantas cosas tan hedonistas y superficiales... Lastimé a Cassie y a Mya, preocupé a Kit, y llevé a que Rhys tuviera que resolver las cosas por mí, por idiota, por terco, por inmaduro. —Dean cerró su puño—. Obviamente falta mucho para que pueda decidir qué camino realmente tomar para mi vida, falta mucho para que este sentimiento que conseguí luego de librarme de tal peso tenga sentido en mí, falta mucho para sentir que puedo amar a Mya, que puedo ser para Cassie ese ejemplo a seguir... Falta mucho, y me resigné a esperar... No quiero volver a caer en eso... Y al menos, ellas están a mi lado.

 Fueron días los que estuvo encerrado en su habitación luego de lo sucedido en la coronación. Kit lo había llevado desde Pines, donde había estado los primeros días en la propiedad de Lara, hasta su hogar, a las afueras de Ash. Cassie intentó animarlo luego de que él no quisiera salir de su cama, varias veces, pero ver su rostro, saber que la hizo sufrir, que la hizo llorar, lo hacía despreciarse, lo hacía anhelar haberlo hecho, haber matado a Michael, y al fin sentirse miserable, pero con significado, ya que en ese momento se sentía miserable, pero no tenía explicación. Así como no tenía explicación su vacío, su futuro en blanco, su depresión.

 Uno de esos días intentó ponerse de pie, logró abrir la ventana, pero la luz del sol lo encandiló. Como lo encandiló ese día en el medio del desierto. Y cesó sus intentos de salir adelante, volvió a su cama... Y se atrincheró en ese lugar por semanas. No podía pensar, todo lo que pensaba volvía al inicio, nada concluía en lo que él quería que concluyera, y volvía a recordar el rostro de sus padres, el de Michael, sus manos llenas de sangre, y las lágrimas de Mya y Cassie. Todo era un ida y vuelta, un lugar del que no podía salir, su mente no ayudaba para nada, y su alma, quería dejar de sentir que nada tenía sentido... Que toda su vida había sido en vano, y desde ese momento, no tenía nada... Nada.

 Mya lo visitaba seguido. Ella en realidad sólo limpiaba la casa y cuidaba de Cassie mientras él se encontraba en su propio mundo encerrado en su habitación, cada vez peor. Ella entraba a esta a veces, limpiaba un poco, le llevaba algo de comida, que él no comía, y se iba. No le decía nada. «¿Sigues enojada conmigo?», le preguntó un día, de la nada, no quería una respuesta certera, pero al menos quería oír su voz, había visto poco a Cassie ya que sus intentos de animarlo habían cesado, y se sentía más solo que nunca. «No voy a hablar contigo hasta que salgas de esa cama», le respondió ella, siguiendo con su limpieza, y ambos volvieron a quedarse en silencio. Ella abandonó su habitación unos minutos después, y él volvió a quedarse solo... Otra vez con tantas ideas estúpidas en su mente, que sin conclusión... Sólo buscaban una, una conclusión... Demasiado fácil, ¿Cierto?

 Pero no... Su vida había perdido mucho sentido, demasiado, fueron diez años de su vida, día tras día, repleto de ira, de odio, de rencor, y la venganza había escarbado hasta lo más profundo de su alma, lo había consumido, y cada vez que se miraba al espejo sabía que esa persona que estaba ahí, había sobrevivido a tal infierno, o de alguna manera seguía de pie... Reconocer su propia voluntad no era algo que quería hacer, él no pudo haberlo hecho jamás, ya estaba decidido desde el momento en el cual logró hacerlo caer... No iba a parar hasta matarlo, él no iba a parar... Ellos lo hicieron parar.

 «Mya... ¿Me ayudas?», él le extendió su mano. Ella volteó a él, sorprendido al igual que emocionada, «¿Qué?»¸ le preguntó, pero no esperó una respuesta, y lo ayudó. Cuando Salió de su habitación, Cassie lo recibió con lágrimas en sus ojos, y él no pudo evitar contagiarse de estas. Eso era una emoción, una emoción, algo que no sentía hacía semanas, al final, no estaba tan vacío como creía. Esa noche tuvieron una cena los tres juntos, Cassie le hizo muchas preguntas de sus padres luego de que él se ofreciera a responder todas, y así pasó hasta que ella cayó dormida en el sillón de la sala. Era tarde, así que también le ofreció a Mya quedarse... Y esa noche... Sucedió.

 

Semanas atrás...

 

Fons, Ash, Casa de Dean - 26 de Abril – Año 526

 

 Dean se encontraba durmiendo en el futón de la vacía y oscura habitación restante y solitaria que su casa tenía. Dormiría en su habitación, como lo venía haciendo hacía semanas, pero Mya se quedaba en su casa esa noche, y como buen anfitrión terminó dejándole su cama.

 —¿Estás despierto?

 La puerta de la habitación se abrió, y por primera vez desde que se había acostado, vio un poco de luz viniendo desde ese lugar.

 —¿Mya? —preguntó Dean, colocando su antebrazo apenas por encima de sus ojos, la luz que cayó en su rostro de repente lo encandiló.

 —Oh, estabas despierto. —Ella caminó dentro luego de cerrar la puerta y desaparecer la única luz que había logrado entrar a la habitación—. ¿Te molesto? —preguntó, parándose justo al lado del futón.

 —Emm, no... ¿Pasa algo? —preguntó él, confundido, luego de alzar su mirada hacia ella. Estaba oscuro, pero la pudo ver igual... ¿Ella estaba usando un negligé?—. Mya, tu ropa.

 —Oh, es lo que uso siempre para dormir, ¿Algún problema? —Ella se arrodilló a su lado.

 Dean logró ver el rojo en sus mejillas. Ella obviamente estaba haciendo eso obligada, no sabía si por sí misma, o quería hacerlo sentir bien sin pensar en lo que ella quería... No sabía nada, pero... Lo estaba haciendo.

 —No, para nada... ¿Y a ti?

 —No, a mi no... ¿Puedo...? —Ella tanteó el futón—. ¿Puedo acostarme? —preguntó, y la suavidad de su voz dejó paso a un silencio. Algo cómodo.

 —¿Quieres? —Dean se aseguró de que fuera totalmente de su parte, él no pretendía aprovecharse de lo que fuera que ella quisiera hacer.

 —Sí —ella asintió, y se recostó a su lado. Justo había otra almohada por ahí, ella la tomó y la colocó bajo su cabeza—. ¿Cómo te sientes?

 —Bien, algo incómodo, ya me había acostumbrado a mi cama, y ahora me duele la espalda —respondió él, entre risas.

 —Podemos ir si quieres —dijo Mya, y al mismo tiempo bajó su mano, intentando ubicar la de Dean.

 —¿Qué pasa contigo, Mya? ¿A qué quieres llegar? —Dean apenas se giró un poco, había percibido las intenciones de Mya desde el inicio, por eso tomó su mano antes de que ella lo hiciera, y se acercó más a su cuerpo.

 —Te sientes solo, lo sé... También vacío... Solamente quiero ser tu compañía, no pude serlo cuando estuviste esos diez años luchando solo contra tal martirizante dolor, y yo... Sólo quería hacértelo saber. —Ella se fue moviendo cada vez más a él, cuando tuviera la oportunidad, lo haría.

 —¿Hacerme saber qué?

 —Te amo, Dean... Te debía esa respuesta, ¿Cierto? —Con su pregunta aprovechó para, con un rápido movimiento, pasar sus piernas por encima suyo y verse encima de él.

 —No era obligación que me la dieras en este momento, Mya... Yo, puedo esperar.

 —Yo no... Quería decírtelo ahora, Dean... ¿Tiene sentido que sigamos perdiendo tiempo? Hace no más de un mes casi mueres en una pelea, casi, te llevas al límite, casi te conviertes en un asesino... No ibas a seguir a nuestro lado luego de eso, seguramente te hubieses ido, a otro lugar, lejos, para no dañarnos... No lo iba a permitir, Dean... No lo voy a permitir jamás, ¿Está bien? —Ella apoyó sus manos en el pecho del chico, sabía que se estaba poniendo eufórica cuando notó que lo estaba haciendo con mucha fuerza—. Oh, perdón. —Las levantó despacio.

 —Está bien... No lo hagas. —Dean tomó sus manos antes de que ella las quitara de encima suyo—. No lo hagas, yo no quiero que lo hagas. —Las envolvió en las suyas.

 —Dean.

 —Mya... ¿Puedo besarte? —preguntó, llevando una de sus manos hacia la mejilla de ella.

 —¿Y luego? —preguntó ella, y esbozó una cálida sonrisa.

 —Y luego, podríamos dormir acurrucados, o volver a nuestros lugares... No lo sé... Lo que quieras.

 —¿Y si? —Ella tomó aire—. Dean... Yo. —Le dirigió una mirada reflejada con sus intenciones, él tenía que entenderlo, no era estúpido.

 —Mya... Tranquila. —Dean se alzó un poco, levantando ligeramente su espalda del futón—. Lo entiendo... No es necesario que digas más. —Y la besó.

 Se dieron vuelta en el futón, él quedó sobre ella, y permitió que su mano trazara un rastro suave en los muslos de Mya. Lo había hecho con muchas mujeres en su vida, recordar el rostro de alguna era un arduo trabajo, sin embargo... Estaba frente a Mya. No podía dejar de mirar su rostro, ese hermoso rostro que conoció como un mocoso de catorce años cuando ella tenía ya diecisiete. Y del cual se enamoró. Ese rostro que en ese momento estaba recostado a una de sus palmas, y que tenía en él unos labios que clamaban su nombre, suavemente, aunque con fervor.

 Esa noche... Hizo el amor con Mya.

 

Presente...

 

Fons, Ash, Casa de Dean - 7 de Mayo - Año 526

 

 —Tener el conocimiento de ese deseo de no querer volver a ese lugar es un gran avance... Diez años no se van a borrar de tu mente en un mes, ni en dos... Tal vez nunca, pero... Si tú te ves capaz de seguir adelante, entonces siempre será un buen futuro —dijo Vlas. Notó que Dean se había quedado unos momentos envuelto en su mente, cabizbajo y sonriente.

 —Sí, lo será —él afirmó—. Quiero que así sea, y aunque no sepa qué aguarda ese futuro para mí, haré un esfuerzo para descubrirlo. —Pensó en Mya y sonrió de nuevo—. ¿Quieres otra? —le preguntó a Vlas, sacando dos botellas más de la caja que tenía a su lado.

 —Claro, una más —asintió el príncipe.

 No supieron cuánto tiempo más pasó. Pero podían asegurar que fue casi toda la noche, llegando al momento en el que el cielo reveló el alba... Las cervezas parecían no acabarse jamás... Como la charla, como los sentimientos... Como el futuro que les esperaba.


Load failed, please RETRY

Tình trạng nguồn điện hàng tuần

Đặt mua hàng loạt

Mục lục

Cài đặt hiển thị

Nền

Phông

Kích thước

Việc quản lý bình luận chương

Viết đánh giá Trạng thái đọc: C67
Không đăng được. Vui lòng thử lại
  • Chất lượng bài viết
  • Tính ổn định của các bản cập nhật
  • Phát triển câu chuyện
  • Thiết kế nhân vật
  • Bối cảnh thế giới

Tổng điểm 0.0

Đánh giá được đăng thành công! Đọc thêm đánh giá
Bình chọn với Đá sức mạnh
Rank 200+ Bảng xếp hạng PS
Stone 0 Power Stone
Báo cáo nội dung không phù hợp
lỗi Mẹo

Báo cáo hành động bất lương

Chú thích đoạn văn

Đăng nhập

tip bình luận đoạn văn

Tính năng bình luận đoạn văn hiện đã có trên Web! Di chuyển chuột qua bất kỳ đoạn nào và nhấp vào biểu tượng để thêm nhận xét của bạn.

Ngoài ra, bạn luôn có thể tắt / bật nó trong Cài đặt.

ĐÃ NHẬN ĐƯỢC