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87.67% La Leyenda del Scire / Chapter 64: Capítulo 29: Esas sensaciones que regala el amor verdadero  

Chương 64: Capítulo 29: Esas sensaciones que regala el amor verdadero  

Fons, Ash, Residencia Harch - 24 de Abril - Año 526

 

Tensión. Tal vez... Una extraña sensación de incertidumbre. Casi como incomodidad. Vlas miró a Leah varias veces, ella igual. Ninguno supo cómo comenzar. E incluso con las señales de Lara, se perdieron ante la intensa mirada de Rhys... Sólo faltaba él. Tenían que hacerle saber sobre su relación. Aunque él ya lo supiera, y hubiese dicho que no le importaba demasiado, pero... Rhys era tan impredecible... ¿Quién sabía con qué podía salir?

 —¿Y bien? —preguntó Rhys, luego de aclararse la garganta.

 —Si los miras como si quisieras intimidarlos va a ser casi imposible que salga que esas palabras salgan de sus bocas —indicó Lara, con una sensación risueña en su tono de voz.

 —Yo no intimido a nadie... ¿Quieren que esboce una sonrisa? Tranquilos, ya lo hago —dijo, haciéndolo, irónicamente.

 —Vamos, Rhys... No seas así, tómate las cosas en serio —pidió Vlas.

 —¿Ven? Uno habló, sabía que iba a funcionar —replicó Rhys, aun con más sarcasmo.

 —¿Te molesta algo, papá? —Leah preguntó esta vez.

 —Para nada, pero tengo algunas dudas... Aunque, comencemos por el inicio... ¿Son novios? —preguntó, cruzando sus brazos.

 —Algo así —Vlas respondió, mirando a Leah de reojo. Ella asintió ligeramente—. Bueno, lo somos... Pero, queríamos que ambos estuvieran de acuerdo en primer lugar, luego podríamos decidir cómo llamarnos.

 —Vlas, yo te lo dije, ¿Cierto? —Rhys preguntó, recordando esa charla que habían tenido días atrás en el palacio.

 —Sí, pero... Sólo me lo dijiste a mí... Somos dos, Rhys... Quiero que Leah también lo sepa —explicó el chico.

 —Sólo diles lo que piensas, Rhys... No des vueltas, si tú ya tienes una opinión formada hace mucho tiempo —dijo Lara, alentando a su esposo.

 —¿Saben? Sí, tengo una opinión formada hace mucho tiempo... Desde que se conocieron de hecho, ¿Cierto, Vlas? —le preguntó a su hermano, girando un poco su cabeza—. ¿Qué te dije esa vez?

 —Rhys... —dijo Vlas, apenas recordó las palabras de su hermano—. Ya decidí lo que quiero para mí. —Se puso de pie, osado—. Y es Leah —aseguró, con su firme mirada clavada en el rostro de su hermano, sonriente. Esa charla con su madre vino a él, esos sentimientos, su seguridad y su anhelo... El sueño que quería vivir. Tanto. Tanto que pasó hasta llegar a ella. Tanto que quiso ocultar. Esos sentimientos que le hicieron daño. Tanto que sufrió en el pasado. Y desde que ella se apareció en su vida. Sólo quería eso... Ya no quedaba nada a discusión. «Es ahora o nunca», pensó... Y se decidió—. Yo la amo... Y quiero ser feliz junto a ella.

 Suspiros... Silencio. Eso siguió luego de su declaración. Vlas desvió un poco su mirada de Rhys. Tal osadía fue sólo un instante, rápidamente se sintió tan tímido como tantas veces. Justo logró ver a Lara... Ella estaba pasmada, boquiabierta. Pero no borraba esa sonrisa de su rostro.

 —Vaya. —Rhys rompió el silencio—. Eso era lo único que necesitaba escuchar. —Luego de ponerse de pie, caminó hasta su hermano—. Cuídala... Si la haces sufrir... Jamás te lo perdonaré —sentenció. Y siguiendo su camino, abandonó la habitación.

 «Lo dijo», pensó Vlas. Se quedó parado en su lugar. Oyó los pasos de Lara luego de escuchar la puerta de salida. Rhys ya se había ido.

 —Fue muy lindo lo que dijiste, espero cumplas tu promesa, Vlas... Cuida de Leah, por favor —dijo ella, para luego hacer lo mismo que su esposo.

 Vlas se dio la vuelta luego de percatarse que sólo quedaba Leah en la habitación. Vio su rostro, cálido, hermoso, mirándolo con ternura, con un poco de rubor bajo sus mejillas. Y una fogosa brillantez en sus ojos. «La amo... No estoy equivocado», pensó.

 —Eso... Eso fue... Hermoso... Vlas. —Ella se enredó en sus palabras. La emoción apenas permitió expresar un poco de su alegría, pero ni mil palabras iban a ser suficientes para describir lo que todo lo dicho por Vlas la hizo sentir—. ¿Qué fue eso? No... No puedo expresarlo... Perdón. —Las lágrimas comenzaron a surgir.

 Vlas la abrazó. Ella apretó con fuerza el cuerpo del chico. Cuando se decidió en decirle lo que sentía, aquel día de la gala, jamás pensó que esa declaración de su parte llegaría tan rápido. Jamás pensó que eso la haría sentir tan feliz... Ser amada, era hermoso... Hermoso como amar... Hermoso como decidir que el amor era lo que anhelaba para su vida. Era hermoso como la vida misma. La que Vlas dejó en claro que necesitaba de ella... Que exigía por ella. El chico la amaba. Eso era tanto. Pocas personas pudieron amarla. Pocas personas se lo habían dicho... Y de quien más lo esperó... Fue de él... Y había llegado. Con tanta seguridad, con tanta decisión... Nunca había visto tal firmeza en él... Y todo lo que había dicho, era cierto... Él no mintió, no lo iba a hacer jamás.

 «Si tú me amas... Yo te voy a amar».

 —Está bien... Esta bien, bonita... Es cierto, te amo... Perdón por haber sido tan abrupto, perdón por no consultártelo antes... Perdón por parecer un egoísta... Pero ya no podía aguantarlo más... Perdón. —Vlas sabía que le debía disculpas, todas las que existieran.

 —No es necesario... Si tú me amas, ¿Por qué deberías disculparte? Es suficiente, para todo... No se necesita nada más... Gracias, Vlas... Gracias por amarme —dijo ella, esa suavidad en su voz reflejó su emoción, y Vlas supo que no estaba llorando por tristeza, sino que por alegría.

 —Te amo hace tiempo, te estoy pidiendo perdón por no haberme dado cuenta antes, ese sí es necesario —explicó Vlas.

 —¿Hace tiempo? —Leah descubrió su rostro, el de él estaba cerca, sus ojos clamaban respuesta.

 —Sí... Desde ese día... —Vlas estuvo a punto de decirlo. «Zenda, perdón por lo que voy a decir... Pero no puedo seguir mintiéndome a mí mismo», pensó. Ya iba a poder aclarar las cosas con ella. En ese momento, era el momento de Leah—. Desde ese día en el que te conocí —aseguró.

 En ese tiempo amaba a Zenda. Era algo que tenía en claro. Ella murió por él, y su alma estuvo en duelo por mucho tiempo. Y en esta tenía una herida que jamás iba a sanar. Sin embargo, él no podía controlar su corazón, y aunque su razón clamara orden, este no le iba a hacer caso. Ante tal desconcierto, se concentró en Zenda, no quiso pensar en nadie más esos últimos días a su lado, porque sabía que la iba a perder... Y amarla, era lo único que quería hacer, darle ese amor... Hasta el final. Sólo a ella. Sintió que lo merecía, por lo que ella iba a hacer por él.

 Fue confuso con Leah al principio. Su figura le atrajo, eso era algo de lo que se dio cuenta al instante. Cuando sus miradas se cruzaron, y el ambiente no pudo evitar congelar el tiempo entre ellos. Cada vez que Leah estaba ahí, era extraño. Porque él estaba enamorado de Zenda, pero... Sentía que la necesitaba, que ella era una pieza más, que ella... Que ella iba a estar ahí, pasara lo que pasara. Claro que no sabía que la amaba. Estaba encerrado en esa burbuja de indecisiones y dilemas, entre decidir si perder a Zenda, o morir. Tal vez por esa razón no quiso irse por ese lado, por el lado de Leah. Porque si decidía lo contrario a lo que finalmente decidió... Nada hubiera importado, y, egoístamente, la hubiese hecho sufrir.

 Sintió culpa al inicio. Culpa de haberse enamorado de Leah tan rápido, creyendo que le faltaba el respeto a la memoria y al amor de Zenda, sin percatarse de que, enamorarse de otra persona no dictaba que se iba a olvidar de aquella a quien más amó. Justificó muchos de esos sentimientos iniciales con el deseo de Zenda, más no con su propio juicio. Que si amaba a Leah, no importaba demasiado lo que sintió por Zenda, porque eran dos personas distintas, y así... Todos podían amar lo que fuera... Se lo dijo ese día luego de esa pesadilla y el pedido de ayuda de su Scire... No la amaba por que amó a Zenda... La amaba porque ella era Leah... No fue un reemplazo. Jamás lo iba a ser.

En un momento en su vida, ambas se cruzaron... Las amó al mismo tiempo... Y eso, eso era mayor prueba de que ninguna significó lo mismo. Y que amar a Leah no era consecuencia de haber perdido a Zenda, no era consecuencia de su soledad... No era consecuencia de su tristeza... Era consecuencia de ella misma. De ser la hermosa chica que fue con él, de haberse preocupado por su bienestar desde el inicio, de estar a su lado, consolar su pena... De ella haberlo amado... La amaba porque quería merecer ese amor.

«Amé a Zenda, amé a muchas personas... Amo a Leah, amo a muchas personas... Es lo que queda... No dejar de amar... Ya que, ¿Qué quedará para mi vida si no tomo esa decisión», pensó. Ahogarse en la desesperación de sentirse culpable por amar a una persona era una tontería. Zenda siempre formaría parte de esa etapa de su vida que dejó atrás, pasando a formar parte de su recuerdo con esa decisión. Zenda iba a ser el amor de su vida, claro que sí. Sin embargo... La vida era larga, una vida larga que ella quiso para él... Y en esa vida, donde sus decisiones sólo importaban en base a sus deseos, quería que Leah formara parte... Quería que ella caminara a su lado... ¿Por qué? Porque amó a dos personas en su vida... Una ya no estaba, y le dejó el resto del camino luego de ese final... Y otra... Otra sería ese reinicio que necesitaba... Ese motor que le daría significado a sus sueños, a su vida.

Una fue Zenda... Otra era Leah... No sabía si iba a vivir tanto tiempo... Pero tampoco se iba a preocupar por eso... Ya sabría qué hacer en el futuro si tal vez amaba a otra persona... La vida era impredecible... Y él... Ya había tomado una decisión... La cual no iba a cambiar... Y tal como Rhys le había dicho: «El amor no se olvida». Tan certero... Él nos las iba a olvidar jamás.

—Vlas... Yo... Creo que tengo que decirte algo también. —Ella fue ciertamente honesta, su mirada no se separó de la de su novio, porque sabía que lo que iba a decir, tal como él lo hizo... Iba a ser importante, para ambos—. Te amo... Vlas. —Y había algo más—. Desde que te conocí.

Vlas sonrió. Y comenzó a reír, con fuerza. Y con el brillo de sus ojos cada vez más acentuado. Ella era mágica... No la quería perder... No la quería lastimar... Y sí, obviamente la iba a cuidar. Nadie se iba a tener que preocupar por eso, jamás. Leah sería la madre de sus hijos, su esposa... Su compañera de vida... Hasta el final... Y pelearía contra el mundo de ser necesario... Por ella.

—Quédate a mi lado, Leah Foster... Por la eternidad. —Cuando su risa cesó, el abrazo en el que estaban entrelazados, fue suficiente. Y recostó su rostro en el hombro de ella, sintiendo su suave y pequeña mano acariciar su cabello... Eso... Eso era todo lo que quería sentir.

—Lo haré... Vlas Windsor... No te dejaré solo. —Ella sonrió junto con su declaración... Fue honesta, y eso era lo que más feliz la ponía.

«Siempre que me necesites... Estaré ahí».

 

Días después...

 

Fons, Ash, Residencia Harch - 26 de Abril - Año 526

 

 —Veintinueve años... ¡Feliz cumpleaños!

 Rhys apenas había abierto sus ojos esa mañana, cuando algunos intrépidos rayos de sol invadieron la habitación que compartía con Lara.

 Cierto. Lara... Ella era quien se había lanzado encima suyo al grito de: «¡Feliz cumpleaños!». Como hacía todos los años.

 —Lara, por Sun... Eso dolió. —Todavía semidormido, él se dio la vuelta en la cama, intentando acomodarse para que su esposa quitara su peso de encima suyo. En el correr del embarazo ella había crecido, y no era lo mismo que antes... ¿Pero por qué pensaba eso? Él la iba a amar igual—. Primero que nada, buenos días —dijo, cuando al fin pudo sentarse en la cama, con Lara a su lado.

 —Y qué buenos días... ¿Cierto? —ella dijo, emocionada.

 —Ey, estás más emocionada tú que yo —dijo él. Y era entendible, ¿Quién estaría emocionado el día de su cumpleaños? Al menos era el pensamiento que él tenía—. Un año más viejo que el anterior, maldita sea, y yo que creí que iba a ser joven toda la vida —dijo, entre queja y queja.

 —Eres un aguafiestas, Rhys... Más se notará que te estás volviendo viejo si comienzas con esas actitudes histéricas —indicó su esposa.

 —No me digas eso, por favor, me haces sentir mal —bromeó Rhys, llevándose su mano a su corazón, emulando dolor. 

 —Tu regalo. —Lara rápidamente tomó una caja que había dejado encima de la mesa de luz—. Espero te guste —dijo, dejándosela a su esposo en las manos.

 —Veamos. —Rhys comenzó a romper el papel de regalo, hasta llegar al último pedazo, y descubrir el regalo en su totalidad—. Una taza —dijo, insípidamente—. De nuevo.

 —Ey, me esforcé este año, no es culpa mía que no te guste recibir regalos —protestó Lara.

 —Lara, una cosa es que no me guste recibir regalos, otra muy distinta es que me regales tazas todos los años.

 —Pero mira, esta vez es distinto... Tiene una leyenda. —Ella tomó la taza y la giró, hasta que ambos pudieron ver lo que decía.

 —«Para el mejor papá del mundo» —Rhys leyó. ¿Qué era eso que su cuerpo había sentido? Al parecer el regalo le había movido un poco el corazón. Era lindo. Tan... Cursi... Típico de Lara—. Todavía no soy papá —dijo, obviando lo que había sucedido con Leah, sabía que Lara no se refería a eso con ese regalo.

 —Pero lo serás, y no sabes hace cuanto tiempo he esperado para regalarte algo parecido —declaró Lara, emocionada.

 —Qué bonita, gracias entonces... ¿Sabes? Intentaré con toda mi voluntad ser capaz de hacerle honor a esta frase —dijo Rhys, sacudiendo la taza en sus manos.

 —Lo harás, yo confió en ti... Ahora, vamos, te hice el desayuno también. —Lara se puso de pie, y sacudió a Rhys, con felicidad, para luego caminar hacia la puerta, y salir de la habitación.

 Rhys se quedó sentado en la cama. Confundido, consigo mismo, y con ese extraño intercambio con su esposa. Pero no podía evitar agradecer internamente por tenerla en su vida. Es que, ella era eso que él no expresaba, esa efusividad, tal ternura, tal cariño. Sólo lo hacía con ella, y si Lara no fuera parte de su vida, ¿Quién sería capaz de recibirlo? Seguramente nadie, sólo se lo guardaría para él. Eso le daría cierta angustia, un poco de tristeza, se sentiría más solo que de costumbre... Algo que Lara jamás le permitía. Y por eso... Aunque Lara fuera todo eso que él muchas veces renegaba, era ella, y sólo con ella podía aceptarlo... La excepción a la regla de su vida. La única capaz de romper el caparazón de Rhys Windsor en pedazos... Y abrazar su verdadera esencia... Lo más profundo de su alma. 

 Luego de un baño bajó hacia la cocina. ¿Por qué había tanto ruido? Aunque más que ruido... Era eso... Voces... No podía ser cierto.

 —Vaya, están todos —dijo, cuando al estar pasando por la puerta logró ver a Leah, Vlas y Lara en la cocina. Ellos voltearon luego de oír su voz—. Díganlo rápido... Saben que no soy amante de tales muestras de cariño —dijo, sacudiendo su mano, intentando quitarle importancia a la situación.

 —¿Que digamos qué? —preguntó Vlas, dirigiéndole una mirada insólita—. ¿Tú sabes algo, Leah? —le preguntó a la chica a su lado.

 —No, ¿De qué hablas, Rhys? —preguntó ella, con la misma mirada que Vlas tenía.

 —¿Eh? No me digan que no lo recuerdan. —Rhys, sin seguir su camino, quedó pasmado ante las miradas e ingenuidad de los chicos, ¿No se acordaban de su cumpleaños? Dirigió la suya a Lara, ella estaba detrás de la barra de la cocina, cargando con ella un plato con un pastel en una mano, y una taza de café en otra... Esa taza—. Lara... Creí que... —apenas comenzó.

 —¿Creíste qué? —preguntó su esposa.

 —Creí que se los había dicho... Sin ir más lejos, ¿Cómo lo pudieron olvidar? —preguntó, desanimado, ¿Eso lo había logrado que ellos no recordaran esa fecha? Se sentía triste, no lo iba a negar.

 Los tres estallaron en risas apenas oír su atónita pregunta. «¿Qué sucede en este lugar?», pensó, cuando sólo las carcajadas de su familia se escuchaban en la habitación.

 —Ey... ¿Qué pasa? No entiendo nada —preguntó, desconcertado. Todo era tan extraño.

 —Les dije que mentía, obviamente le encanta ser el centro de atención, pero lo niega —declaró Lara, casi con un tono de voz orgulloso—. Les dije a los chicos que hicieran como que no recordaban tu cumpleaños, ya que tú siempre dices que no te gusta que te saluden o recibir regalos en este... Pero como lo sé yo, lo sabes tú, y lo sabemos todos... En realidad, sólo te haces el que no le importa, a final de cuentas... Amas ser amado, Rhys Windsor.

 —¿Ustedes me hicieron una broma en el día de mi cumpleaños? Eso es mala suerte, para aquellos que hacen la broma de hecho, el cumpleañeros recibe esa suerte, es una antigua leyenda Indil —comentó Rhys, comenzando a caminar la parte de la cocina donde ellos estaban.

 —Feliz cumpleaños, papá. —Leah fue la primera en saludarlo—. Mira, te hice esto —añadió, sacando de debajo de su asiento una caja, no tan grande, del tamaño de un libro quizás.

 —¿Qué es? —preguntó Rhys, desatando poco a poco el moño que la cubría—. Oh... ¿Soy yo? —preguntó, al sacar el retrato dentro de la caja en su totalidad.

 «Vaya, esta chica dibuja demasiado bien, parece tan realista», pensó, al apreciar mejor el retrato. Seguramente había usado una foto de él como base, pero incluso parecía que sólo la había copiado con su energía, ella era demasiado talentosa.

 —Vlas me ha ayudado mucho a pulir mi habilidad en retratos, usamos una foto tuya de las que tienes en tu habitación como modelo —indicó la chica, emocionada.

 —¿Mi habitación? —preguntó Rhys, dirigiendo su mirada a Lara. Si alguien les había permitido el paso no era nadie más que ella—. ¿Tienes algo que ver en esto, Lara?

 —Rhys, ella se esforzó en esto... Un «gracias» al menos, ¿No crees? —Lara lo miró, cruzando sus brazos, obviamente con intenciones de golpearlo, ¿Por qué él era tan complicado? A veces sólo quería hacerlo entender, pero él no ayudaba.

 —¿Un «gracias»? —Rhys preguntó, bajando su mirada de nuevo al retrato. «Por Sun, que atractivo soy», pensó, esbozando una sonrisa—. Es probablemente el mejor regalo que me han dado en mucho tiempo, chica... Gracias, admiro tu esfuerzo —declaró, al fin.

 —De nada, papá. —La chica le regaló una brillante sonrisa, su emoción aumentó aún más.

 Que ella le dijera «papá» todavía le era chocante, aunque debía comenzar a acostumbrarse, cada vez quedaba menos para que otra personita se lo dijera todos los días de su vida. A veces pensaba que jamás iba a acostumbrarse, que, tal vez... No iba a estar preparado, pero borraba tales pensamientos ya que eso sólo lo hacía sentirse algo triste de la misma manera, y charlarlo con Lara no era algo que quería, sólo la preocuparía, y ella estaba emocionada a la vez que preocupada con todo lo que estaba sucediendo. Él sabía que iba a tener errores, esa figura y pensamiento que tenía de sí mismo de ser perfecto se había desvanecido mucho tiempo atrás... Aun así, haría lo posible para ser para su hijo la figura paterna que él jamás pudo tener.

 —Yo, no tengo un retrato, tampoco una taza que diga que eres el mejor padre del mundo, pero tengo esto. —Vlas dio algunos pasos hacia adelante, hasta pararse cerca de Rhys, ahí... Le extendió la mano abierta—. Feliz cumpleaños, Rhys, supongo que lo quieres de vuelta —añadió.

 —Pero eso es tuyo —dijo Rhys, sin tomar eso que su hermano llevaba en su mano.

 —Es tuyo, te lo debí haber devuelto cuando volviste a Remia, sin embargo, cuando lo encontraste me lo diste de nuevo... Rhys, tú cumpliste tu promesa, por lo tanto... Esto debe volver a su dueño original —Vlas insistió.

 Rhys siguió con su mirada posada sobre ese botón de plata que su hermano le estaba devolviendo. Cuando lo encontró en Remia sólo se puso feliz de saber que Vlas todavía lo guardaba, pero haber estado concentrado en todo lo demás, no le dio la importancia significativa que tal acción tenía. Él realmente pensó no volver jamás a su hogar luego de habérselo dejado a su hermano, casi once años atrás. Sintió que eso debía ser lo único que dejara atrás, el único recuerdo que él iba a poder guardar, de lo que fue su hermano, de lo que fue su vida. Pero, al final, sí volvió, volvió a su hogar, por su madre, por su hermano... Y cumplió su promesa.

 «Tal vez es momento de terminar con esa etapa», pensó, debatiendo en sí mismo si tomar o no ese botón. Si lo hacía, se iba a sentir aliviado, aun sabiendo los cientos de errores que cometió en el pasado, en esos diez años en los cuales la promesa se mantuvo en vilo. Y si no lo hacía, la promesa iba a seguir vigente, tal opción de tener que irse de nuevo existiría. De irse de nuevo, y tener que volver, una y otra vez... ¿Eso era lo que quería? No, no era lo que quería... Irse de nuevo era inadmisible, por Lara, por Leah, por Vlas, por su madre, y por esa personita que le iba a decir «papá».

 «Toma ese botón, es el primer paso». Era el primer paso, si quería ser un buen padre, si quería ser feliz, si quería cumplir todas las promesas que vinieron luego de la que le hizo a su hermano... Tenía que hacerlo... Cerrar esa etapa, de una vez por todas... Admitir... Que lo único que quería era ser feliz, y dejar de huir de esa sensación... Tal vez hipócrita... Tal vez inmerecida... Pero... Era lo que quería... Y su vida era sólo suya... La vida que había elegido vivir. Con ellas. Con él... Con todos.

 —Gracias, Vlas. —Tomó ese botón—. Cumplí esa promesa, y ahora estás aquí a mi lado, en mi cumpleaños... Con mi familia —dijo, y su mirada recorrió los rostros de todos—. Gracias por acompañarme este día... En realidad, no es que odie los cumpleaños, sólo que... Desde que Demian ya no está a mi lado, estos perdieron un poco de sentido... Todos los años él me despertaba con un desayuno, pasábamos el día juntos y al final lo terminábamos en casa tomando helado y jugando videojuegos... Y este es el año número diez que lo vivo sin él, así como su aniversario de muerte, y su cumpleaños... Es un día importante, donde lo recuerdo demasiado... No odio los cumpleaños, odio la sensación de pérdida que estos me otorgan, de angustia... De haberlo perdido... Lo siento por pensar en eso antes de pensar en todo lo lindo que rodea este día para mí, como que ustedes estén a mi lado, o un año más que tengo de vida... Lo siento, pero a veces... Me pongo un poco sentimental.

«Y a veces, otro poco sincero... Aun sabiendo que les estoy mintiendo», pensó, luego de terminar su discurso.

—Que lindo cuando te pones así —declaró Lara, acercándose a él desde la espalda. Pasó sus brazos por los hombros de su esposo y acercó su rostro al de él, hasta darle un beso en la mejilla—. Eres todo para nosotros, tonto... No debes pedir disculpas, te comprendemos —aseguró.

—Lo hacemos, papá. —Leah se acercó a él, y se unió a Lara en su abrazo.

—¿Sólo chicas? —preguntó Vlas, amagando a unirse al abrazo.

—Ven aquí tonto. —Rhys logró alcanzar su brazo y lo llevó consigo—. Los amo —le dijo, a los tres, fundidos en un abrazo.

—Nosotros también, Rhys... Te amamos —Lara habló por todos.

El silencio invadió la sala, melancólica y enternecedora. Con una invaluable emoción dejada en claro.

La luz del sol apenas cruzaba las cortinas de la cocina que daba hacia el patio trasero. Pero era suficiente para que cayera sobre ellos. Iluminando el abrazo como ese mismo abrazo iluminaba la vida de Rhys... La de todos. Como iluminaba su amor. Y aquel sentimiento que aún quería recuperar.

 


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Chương 65: Capítulo 30: La unión de la familia, el deber, y el sacrificio  

Fons, Raven, Residencia Relty - 28 de Abril - Año 526

 

—Sabes que Lee se afianzó al trono, han pasado más tres semanas desde lo sucedido en la coronación, pero todo lo que hizo para despejar dudas ayudó en su resurgimiento, desde ese anuncio dos semanas luego, y el dinero que obtuvo para la reconstrucción de la capital... Las masas están contentas, las demás casas comenzaron a confiar en él desde esa reunión, hemos perdido apoyo, Troy... El clan Relty se está convirtiendo en la oveja negra del Reino de Fons.

 —¡Maldita sea, ya lo sé! —Troy Relty lanzó el vaso de whisky que estaba sosteniendo en su mano, enojado, en consecuencia a todo lo que su hermano le estaba diciendo. Y mucho más—. Mierda, Luke... ¿No puedes venir con mejores noticias? Nuestro padre fue asesinado hace casi un mes, y no hubo culpables, no hubo consecuencias, los responsables se salieron con la suya, ¿Y no tienes ni un poco ira por lo injusto que fue todo?

 —Troy, ¿Qué podemos hacer? Tú fuiste el que dio la orden de no relacionarnos con el nuevo gobierno, ni siquiera fuiste a la reunión que llamó luego de lo sucedido en Ash... Lee movió sus fichas, nosotros no, era esperable que esto sucediera. —Luke Relty trató de hacerlo entrar en razón.

Él era más tranquilo que su hermano, y aunque sí tuviera cierto enojo por la situación con su padre, no era el líder del clan, no podía tomar decisiones como sí lo hacía Troy. Pero a él ya lo había cegado la furia. Y la única palabra que había dicho en más de tres semanas en cuanto a tal situación no era nada más ni nada menos que: «Venganza».

—Luke tiene razón, Troy... Esto es culpa tuya —adhirió Megan Darma. Ella se encontraba recostada al escritorio de la oficina que perteneció a su padre, y que había pasado a ser de Troy desde su asesinato—. Sven me dijo que Rhys Windsor estuvo en la reunión.

—No vuelvas a nombrar a ese malnacido —ordenó Troy, alzando su dedo índice, casi a centímetros del rostro de su hermana. Su enojo seguía aumentando.

—No te la agarres conmigo, Troy, yo sólo estoy aquí porque tú me llamaste, ¿Qué quieres que haga? Si el enojado eres tú —respondió su hermana.

—Veamos. —Troy respiró hondo, intentando calmarse. Dio algunas vueltas por la habitación, hasta que tomó asiento en su silla, y suspiró. Varias veces—. Lo que sí sé es que podemos aliarnos con alguna que otra familia del reino —comentó—. Erika se encargará de su hermano, veremos qué responde el clan York... De paso, Felix está comprometido con la hija de Karl, su heredera, y ellos tienen una alianza, por lo tanto, tal vez el clan Froyd se una a nuestra causa... Megan. —Dirigió la mirada a su hermana—. En tus manos queda el clan Darma —señaló.

—¿Qué? —Megan le devolvió la mirada, en su lugar, con confusión.

—Sven te hará caso a todo lo que le digas, supongo que tendrás tus métodos, ¿Cierto? —respondió Troy, con sarcasmo.

—¿Qué estás insinuando, Troy? —Megan exigió respuesta.

—Tienes tres hijos y apenas tienes veinticinco años, Sven te quiere para una sola cosa, Megan... Dale lo que quiere, y él estará a tus pies, después de todo... Es para lo único que sirves —aludió Troy, su sarcasmo llegó a su límite con tal declaración.

—¿Eso piensas de tu hermana? Eres un ser desagradable, Troy —declaró Megan, su voz fue suave, eso que su hermano le había dicho fue doloroso... Realmente la había decepcionado.

—Troy, Megan tiene razón, no puedes decirle eso... Es nuestra hermana —aclaró Luke, detrás de ellos, en una de las sillas que rodeaban la mesa de reuniones.

—Sí, y como parte de esta familia, tiene un rol que debe cumplir... Megan, has lo que debes hacer, y déjate de tonterías, eres mujer, eres su mujer, ¿Tú crees que realmente papá firmó un matrimonio concertado porque creyera que amabas a Sven? Para nada, lo hizo porque sabía que mientras formaras parte de esa familia, ellos tendrían que estar de nuestro lado... Así funciona el mundo, Megan, lo siento por romper tus ilusiones de novia enamorada —Troy fue afilado, lo dijo como si realmente no le importara lo que estaba diciendo. Megan cambió su rostro en su totalidad—. No vayas a llorar —dijo, notando ese gesto en el rostro de su hermana.

—¿Todo esto es porque rechacé tu propuesta de matrimonio? —preguntó Megan, con su voz a punto de quebrarse.

«Tal vez», pensó Troy.

El primer hijo de la familia Relty. Siempre, desde pequeño, supo que sería el heredero del imperio. Sin embargo, no era más importante que su padre, era el heredero, sí, pero la sombra de Gino Relty era inmensa, y fuera quien fuera la persona que lo sucediera, jamás iba a ser siquiera una mínima parte de lo que él fue. Troy sabía eso, y vivió resignado toda su vida a tal verdad, procurando, al menos, ser lo suficientemente competente como para que el nombre que su padre dejó en la cima siguiera así por mucho más tiempo. Sin importar todo lo que tuviera que hacer para sostener ese legado... Nunca iba a superar a Gino Relty... Pero no sería un fracaso.

Muchas veces, de niño, de adolescente, hasta de joven, cuando su padre presionaba tanto sus habilidades para crear un «heredero a la talla», sentía que no valía tanto la pena, si hiciera lo que hiciera siempre sería apuntado con el dedo como «el hijo de...». Sin embargo, era bastante orgulloso, y en base al nombre y estatus de su familia, sentía la imperiosa necesidad de hacerse notar, porque su familia era la responsable de que él fuera lo que fuera, de que, a pesar de nunca estar a su altura, ser el elegido por su padre para continuar con su legado... Su familia... Era lo más importante... Su familia... Era su mundo. Su responsabilidad... Nada más, ni nada menos.

Él era el mayor de cuatro hermanos: Luke, Megan y Nate. Y como su familia, estos formaban parte fundamental de aquello que debía sustentar su propósito, y claro que los amaba, al mismo tiempo que protegía y procuraba su bienestar. Era necesario mantener una familia unida para mantener un estatus. Era una obligación. Sin embargo, entre ellos tres, entre sus padres, entre todos los miembros de su familia... Sólo una persona resaltaba para él, su presencia, era aquella que lo tenía en vilo y le daba sentido a su pensamiento positivo ante el valor de una familia: Megan Relty. Su hermana menor.

En Fons, las leyes de matrimonio eran complicadas, aunque no tan delimitadas para las casas reales. Para los civiles, el matrimonio entre familiares estaba prohibido, aun existiendo las leyes que autorizaban el matrimonio igualitario, o con una diferencia de edad considerable, a través de un consentimiento, sólo si la parte menor de edad sobrepasaba los dieciséis años y no había una diferencia de edad mayor a los ocho años. Sin embargo, para las cases reales, todo esto cambiaba. El matrimonio igualitario se seguía manteniendo, aquellos que cambiaban eran: El matrimonio entre familiares y el matrimonio infantil.

En el caso del matrimonio infantil, la edad de consentimiento descendía hasta los catorce años y la diferencia de edad hasta los diez años. Por otro lado, el matrimonio entre familiares, estaba permitido, sólo si el cabeza de clan firmaba un permiso especial que permitiera tal unión dentro de su propia familia, donde se hacía responsable de todas las consecuencias que tal acto podría llegar a acarrear.

Troy se enamoró de Megan en su adolescencia. Ellos se llevaban tres años, y cuando él se comprometió con Erika York, a sus dieciocho años, comprendió lo que significaba tener que hacer ciertos sacrificios por su familia. Él no amaba a Erika, su padre se la presentó en una de las reuniones de él y sus socios, uno de ellos era el líder del clan York, Ren, el padre de Erika. Pero asumió la responsabilidad que su padre había dejado en él, y aceptó el compromiso con Erika, a pesar de que amara a Megan.

Megan era una chica hermosa en su adolescencia, pero, en realidad, amarla no se basaba solamente en que le pareciera tan bella, eran muchas cosas, que con el pasar del tiempo, olvidó. Él sabía que lo que sentía por ella estaba prohibido, porque era su hermana, porque su padre lo mataría, por las miradas del mundo entero, por la decencia, por su propio rol en su familia, aquel que su padre le había otorgado, y que perdería... Junto con todo. Aun así, por una vez en su vida, quiso dejar de pensar siempre en lo «mejor» para su familia, y quiso, dejarse llevar.

«No... Somos hermanos, Troy... No puedo hacerlo». Las rosas cayeron al suelo. Ese anillo jamás obtuvo dueña. Lo que su hermana le respondió ese día luego de que él le propusiera casarse fue lo que él esperaba escuchar, pero, ¿Por qué era tan doloroso sentirse rechazado de esa manera? Eso era sensato, era lo que cualquier persona hubiese hecho en el lugar de su hermana... Sólo él se hizo ilusiones. «¿No me amas, Megan?», le preguntó. «Claro que te amo, pero como familia, Troy... Es lo que somos, y todo lo que se aleje de eso... Está mal».

 Un año después de que ella rechazara su propuesta, Megan se casó con Sven Darma, el heredero del clan Darma, un joven de Sunrise con mucho dinero y poder, que también había asistido a la universidad con Troy, él lo conocía a la perfección. Y al parecer, su hermana estaba enamorada de él, ya que ellos, incluso antes de comprometerse, habían tenido una relación a escondidas... Y Megan estaba embarazada. El corazón de Troy se destruyó en mil pedazos con esa noticia. Y todo lo que vino después, fue aún peor; una boda, dos hijos más, y la renuncia de Megan al clan Relty, yéndose a vivir a Sunrise con su esposo.

 El corazón de Troy se volvió frío. La única vez en su vida que no quiso seguir su deber, esa responsabilidad impuesta por su padre por haber nacido como su primer hijo, siendo su sombra. Y que, en su lugar, quiso dejarse llevar por sus sentimientos, fue un fracaso, fue... Lo peor que pudo haberle pasado. De tal manera, decidió, jamás volver a ceder a lo que su corazón pidiera, jamás volvería a confiar en sus sentimientos... Su deber, era lo único que iba a importar, y lo que tuviera que hacer para que ese deber siguiera en pie. Asi mismo, se casó con Erika, y concibió un hijo, que actuaría como su heredero, lo criaría igual que su padre lo crio a él. También, vengaría la muerte de su padre, ya que, luego de volverse el líder de su clan, ese legado que él le había dejado, debía cumplirse... El clan Relty, no podía caer... Eso, estaba en sus manos.

 —¿Propuesta de matrimonio? —preguntó Luke, repleto de confusión. ¿Acaso ellos no eran hermanos? Sus hermanos ¿De qué estaban hablando?

 —Megan. —Troy, alzando la voz, clamó su atención—. ¿Elegiste darle la espalda a tu familia?

 —Troy. —Megan se puso de pie, se había dado cuenta de la mirada de su hermano, hacía varios minutos—. Luke, necesito hablar con nuestro hermano, déjanos solos, por favor —pidió, sin quitarle la mirada de encima a Troy.

 —Lo haré, pero luego me van a tener que explicar lo de la propuesta de matrimonio... Por Sun, esto es maravilloso. —Luke abandonó la habitación rápidamente.

 —No voy a hacer lo que me pides, Sven es el líder de su clan, él sabe lo que es mejor para su familia, y yo... Yo no estoy de acuerdo con tus métodos, Troy... Jamás avalaría una alianza entre nuestras familias —manifestó ella.

—¿Sí? ¿Por qué? ¿Sven tiene miedo de lo que Lee Ex Fons, el nuevo rey, pueda hacerle a su familia? Que no sea imbécil, somos tres familias contra la Familia Real, cuatro con la suya si es que quiere apoyar nuestra causa, como ya te dije... Es su única opción —indicó Troy.

—No, el problema no es Lee Ex Fons. —Ella trago saliva, sabiendo que lo que estaba a punto de decir haría estallar la furia de su hermano—. Es Rhys Windsor.

—¿Qué te dije de nombrarlo? —preguntó su hermano, entre dientes. Cada vez que oía el nombre de ese tipo, la imagen de su padre, muerto, sobre su una mesa inundada en su sangre, con su cuello abierto de un lado al otro, venía a su cabeza... Y no podía controlar su ira.

—Es la verdad, Troy... Todos lo vimos, todos lo oímos... ¿Te vas a enfrentar a él? Vas a terminar igual que papá, y eso lo sabes.

—¡Cierra la maldita boca! —Troy demandó, luego de pararse habiendo pateado su silla, hasta apoyar su mano sobre el cuello de su hermana—. Ese hijo de puta mató a nuestro padre delante de nuestros ojos... ¿Y apoyas su actitud? No me voy a quedar de brazos cruzados, maldita puta... Así que, me harás caso, te cogerás al imbécil de Sven Darma, y lo convencerás de que se alíe con nuestra familia. —Luego de su pedido, la soltó.

Megan cayó al suelo, entre tos y arcadas. Estuvo a punto de perder la conciencia mientras su hermano la sostenía del cuello, estrangulándola cada vez con más fuerza. Apenas logró volver en sí luego de que él la soltara, su mirada seguía borrosa, y quiso vomitar.

—Troy... ¿Qué...? ¿Qué pasó contigo? —preguntó, alzando un poco su mirada. Su hermano la mirada desde arriba, con sus gélidos ojos azules, tan insensibles como crueles. Ese no era su hermano... ¿Dónde estaba?

—No te acatas a tu deber, sólo te di un empujón... Tienes una semana para traerme una respuesta de Sven... Y espero. —Volteó, antes de salir por la puerta—. Que sea positiva —dijo, para luego abandonar la habitación.

Megan quedó dentro. Sola... Y lo único que pudo hacer, fue llorar.

 

Días después...

 

Fons, Ash, Palacio Real - 1 de Mayo - Año 526

 

 —¿Cómo has estado con todos estos documentos que tienes que firmar? —preguntó Ashley, mientras caminaba hacia dentro de la oficina de su hermano. Con una caja repleta de más documentos.

 —¿Sigues trayendo más? Carajo, me voy a terminar muriendo en este lugar —dijo Lee, con su voz arrastrándose, emulando el sonido de un quejido.

 —Apaga ese cigarrillo, o quemarás las hojas si una brasa llegara a caerse. —Ashley acercó el cenicero que estaba sobre el escritorio hasta el rostro de su hermano.

 —Sí, lo que usted diga, jefa. —Lee le hizo caso, y soltó el cigarrillo de sus labios, este cayó en el cenicero—. Por cierto, hay algo que quiero hablar contigo.

 —Sí, claro, dime —respondió Ashley, sentándose en la silla de enfrente a la de Lee, al otro lado del escritorio—. ¿Es sobre esto? —preguntó, señalando los archivos.

 —No, es sobre una información que llegó a los oídos de Felix York, y él me lo dijo a mí, pero por ahora son sólo rumores —aclaró Lee, con su concentración dedicada a los documentos.

 —¿Qué pasó? —preguntó Ashley, con interés.

 —Sven Darma quiere matar a Troy Relty —reveló el rey.

 —¿Qué? —Ashley casi salta de la sorpresa—. ¿Qué sucedió? —Buscó más información.

 —No lo sé muy bien, pero el rumor que se está esparciendo es que, al parecer, Troy Relty se pasó con su hermana... Tú me entiendes —insinuó Lee, golpeando ligeramente su escritorio con su puño.

 —¿Con Megan? ¿Le pegó? —preguntó Ashley, aun sin creerlo.

 —Estrangulamiento de hecho, al parecer tuvieron una discusión sobre el rumbo que la familia iba a tomar luego de lo que sucedió con Gino y el liderato de Troy, pero tú sabes, Troy parece ser de esos tipos a los que no se le puede decir qué hacer, y no aceptó las críticas de su hermana —contó Lee.

 —Había un rumor que decía que ellos dos estaban en un romance, ¿Cierto? —Ashley creyó recordar.

 —Sí, pero eso fue hace mucho tiempo, luego de la guerra de hecho, pero quedó en eso, en un rumor... No lo sé, Ashley, si Sven quiere asesinar a Troy significa que las dos familias se verán envueltas en una guerra interna... El clan Darma tiene aliados, y el clan Relty también... Lo último que necesitamos es una guerra civil cuando pudimos evitar una hace no más de un mes... ¿Es sensato llamar a una reunión? —consultó Lee.

 —Tal vez... No creo que el clan Relty haga presencia, pero si lo hace Sven podemos hacer lo posible para que se quite esa idea de la cabeza, y no lo sé... Encuentre otra forma de ajustar cuentas —dijo Ashley—. Aunque, ¿Recuerdas cómo reaccionó ese día cuando quise intervenir en lo que dijo sobre mí? No creo que me tomen tan en serio, Rhys tuvo que defenderme —añadió. No es que tuviera ciertas inseguridades, pero no podía negar lo obvio, y ella era novata en ese sentido, no tenía demasiado voz ni voto en el Consejo, así como tampoco tenía una influencia marcada.

 —Está bien, Rhys se percató rápido ese día, e intervino antes que yo, pero Ashley, soy el rey, y te elegí como mi mano derecha, ellos deben aceptarlo, y si no lo respetan... Haré que lo hagan, quédate tranquila en ese sentido... Ellos no son estúpidos. —Lee se puso serio, sus palabras no habían sido banales, era algo que realmente pensaba, y planeaba llevar a cabo si sucedía.

 —No puedes pasar por encima de todos sólo porque eres el rey, Lee —declaró Ashley.

 —Ellos no pueden pasar por encima de mí, ya que soy el rey... Y eso es suficiente —respondió Lee—. Llama a una reunión para mañana... Quiero que se presenten todos... Llama al clan Relty también... Tal vez a Troy se le ocurra querer venir... Yo me encargo del resto —ordenó, y se puso de pie rápidamente.

 —Así será, su majestad —asintió Ashley, también poniéndose de pie.

 —Tomaré un descanso... Luego terminaré con esto, nos vemos más tarde, linda. —Lee camino hasta la salida, y abandonó la oficina.

 —Nos vemos más tarde, hermano. —Ashley hizo lo mismo.

 

Al otro día...

 

Fons, Sunrise, Residencia Darma - 2 de Mayo - Año 526

 

 Megan entró a la oficina de su esposo, Sven. Él la había llamado algunos minutos atrás, cuando ella estaba tomando un baño luego de levantarse. No había nadie en esta, ni siquiera la luz estaba encendida. Tal vez Sven ya se había ido. Era extraño, porque siempre se iba luego de las 10:00 a.m, y apenas pasaba de las 9:30 a.m.

 —Ey. —Sven apareció detrás de ella.

 —Oh, aquí estabas —dijo Megan, al sentir la mano de su esposo sobre su hombro—. Creí que ya te habías ido.

 —No voy a la empresa hoy, de hecho, tengo que volar hasta Ash, Lee llamó a una reunión —explicó Sven, mientras acomodaba varias carpetas que se encontraban sobre su escritorio. Megan se había quedado en su lugar—. En el llamado especificó que esperaba que asistiera yo, especialmente... Supongo que es por todo este tema con tu hermano.

 —¿Y vas a ir? —preguntó la joven.

 —Claro, es el rey... Debo ir, es mi deber como parte del Consejo y como cabeza de clan... El resto es algo de lo que puedo encargarme, además, creo que es entendible que Lee prevea un enfrentamiento entre dos familias tan importantes en su reino —expresó Sven.

 Megan dio algunos pasos hacia la parte del escritorio, ahí había un asiento de más, aparte de la silla de Sven. Este era un sillón individual, algo minimalista, de madera revestido con felpa, color bordó. En este, a veces se sentaba el secretario de Sven, cuando tenían reuniones, o sus hijos cuando querían pasar tiempo con su padre. Las pocas veces que ella lo había usado era cuando pasaba la noche con su esposo en la oficina. Muchas veces él se encontraba ocupado en temas de su empresa, y ella, queriendo su compañía, siempre se quedaba a su lado, por el tiempo que fuera necesario.

 —¿Enfrentamiento? Es sólo de un lado, Sven... Él quiere una alianza —corrigió ella, tomando asiento.

 —¿Sabes? Es extraño verte en ese sillón... Luego de todas las veces que hicimos el amor en él —señaló Sven, esbozando una sonrisa.

 —Eres un idiota. —Ella se cruzó de brazos. Quiso sonreír ante la ocurrencia de su esposo, aunque no lo hizo, al percatarse de que tal vez él lo había dicho sólo para desviar la conversación que ella había planteado—. ¿Por qué desviaste el tema?

 —Megan —Sven suspiró su nombre—. Ven, quiero decirte algo —dijo, luego de tomar asiento en su silla, acariciando su regazo.

 —¿Qué pasa? —Megan le hizo caso, y al ponerse de pie caminó hasta el lugar de su esposo, para sentarse en sus piernas.

 —Hay dos razones por las que no diré nada en cuanto a la propuesta de tu hermano: La primera es que yo sé muy bien cuál es el camino que quiero que mi familia tome, y sus ideas no me representan, ¿Una alianza para hacer caer al rey y a Rhys Windsor? Es una tontería, no le va a salir, haga lo que haga terminará arruinando todo lo que Gino Relty, a pesar de su peligrosa ambición, logró construir, y yo caeré con él... Y la segunda —dijo, con su mirada concentrándose en el rostro de su esposa. Ella tenía el cabello negro, este se envolvía en ondas alrededor de su rostro, casi cubría su hombros, ocultando detrás de este esos penetrantes ojos azules, en un tono oscuro fascinante—. ¿Cómo está tu cuello? —preguntó.

Su mano se deslizó suavemente por el rostro de Megan, bajando hasta ese lugar, donde antes tuvo los moretones oscuros sobre su pálida piel, que le causó el ataque de su hermano. Ese día la furia lo invadió apenas verla llegar a su casa entre lágrimas, herida... Admitir que iba a matar a Troy Relty fue sólo una consecuencia de su enojo, tal vez, se había pasado, aunque... Si pudiera hacerlo, lo haría.

—Está bien, el dolor pasó, y ya casi no se notan las marcas —respondió ella, con su mano alcanzando la de Sven, ambas se unieron en ese lugar.

—Entiendo que sea tu familia, Megan, entiendo que lo ames porque sea tu hermano, entiendo que te sientas confundida, entre dolor, decepción, y ese sentimiento fraternal que él presentó en el pasado... Pero esto no puede volver a suceder, Megan... Nuestros hijos no pueden volver a verte herida, mucho menos sabiendo que la causa de tales heridas es tu propio hermano... Es desagradable, es... Triste.

—Hace mucho tiempo me separé de mi familia, Sven... No es como que realmente necesitara de ellos para seguir adelante, pero... Nunca fueron malos conmigo, y ante todo, siempre fui la consentida de papá y de mamá... No lo sé, a veces siento que Troy fue dejado de lado muchas veces por nosotros, sólo porque era el mayor, y el heredero, y no podía vivir la vida normal que nosotros vivíamos... No fue su culpa, todo lo que pasó... Él jamás lo mereció.

—Tú tampoco tienes la culpa, Megan... Tú, tú sólo fuiste sincera con él, comprendiste lo que significaba que fueran familia, algo que él sólo vio como un deber... La extraña manía de querer mantener un legado por sobre todo arruinó la mente de tu padre, y ahora... Sigue él, con las mismas enseñanzas, con el mismo camino... ¿Crees que Rhys Windsor no se hará cargo de él si pretende hacer lo mismo que Gino hizo? Tú estabas ahí, yo estaba ahí... No voy a pretender que me preocupo por él, es grande, sabe, más que nadie, lo que significa querer llevarle la contraria a Rhys Windsor... Pero, me preocupo por ti, porque sé que te lastimaría perder a tu hermano, como fue perder a tu padre... Ya que, a pesar de sus errores, los amaste de igual manera... Pero es así, Megan... Troy no tiene salvación. —Sven notó el brillo en los ojos de su esposa, y tragó saliva, sabiendo que lo que estaba a punto de decir, le iba a romper el corazón—. Y si no tiene salvación... Su único final es la muerte.

Megan bajó su mirada. No sintió angustia, nada parecido. ¿Por qué negarse? Si ella misma había pensado lo mismo desde ese día, le dolía saber que su hermano apuntaba a ese destino, y así, como la perdición que lo aguardaba a él, a su familia también. Quedaba resignarse, porque ella no era más una miembro del clan Relty, y porque Troy poseía esos aires de grandeza que lo convencían de poder enfrentar a Rhys Windsor y a Lee Ex Fons, haciendo que, de igual manera, su pertinacia ante su deber y el estatus de su familia nublaran su sensatez.

«Sólo espero que te des cuenta a tiempo, Troy», procuró, internamente. Sabiendo... Que no se iba a cumplir.

 

Más tarde...

 

Fons, Ash, Palacio Real - 2 de Mayo - Año 526

 

 —Todavía se me hace difícil saber cuándo debo comenzar las reuniones. —Lee tomó asiento en la silla que indicaba su posición. En la punta de la larga mesa de vidrio que ocupaba casi todo el espacio de la sala del Consejo. Frente a todos los integrantes de este—. Cada vez que tomo asiento todos están hablando entre todos y se siente extraño tener que dar la orden del silencio —expresó, y sus manos se dejaron a la vista, luego de apoyarlas sobre la mesa—. Pero aquí estamos... Comienza la reunión.

 —Sí, su majestad —como un discurso paralelo, todos asintieron al mismo tiempo.

 Lee dio un vistazo a la mesa, y a los presentes a su alrededor. Casa York, casa Froyd, casa Darma, casa Minuis... ¿Casa Harch? Ni Rhys ni Lara habían hecho presencia. Era extraño, él se aseguró de avisarle a ambos, personalmente inclusive. Su presencia en la reunión iba a ser considerable, después de todo, el tema a tratar les involucraba directamente, en base a todo lo sucedido con Gino Relty luego de la decisión de Rhys Windsor para proteger a Lara y Ashley.

 —Faltan personas, todavía —indicó Felix.

 —Sí, Lara Harch. —Clara notó lo mismo.

 —Escuché que aún hay un vacío de poder en el clan Harch, están buscando un sucesor, luego de la muerte de Ferral, el hijo de Michael —comentó Bash.

 —Dicen que tal vez Vince, el hermano menor de los Harch, regrese, esto a pedido de Lara Harch —adhirió Felix.

 —Son sólo rumores, por ahora la única líder del clan Harch es Lara Harch... Y si ella no puede presentarse, normalmente debería enviar a su reemplazo —dijo Lee, intentando desvanecer las dudas y los comentarios que se habían plantado sobre la mesa.

 —Rhys Windsor —Sven se dio el permiso de decir algo por primera vez desde el comienzo de la reunión.

 —¿Me llamaron?

Como si se tratara de un presagio, como una invocación. Las palabras de Sven fueron la revelación necesaria para que Rhys se hiciera paso dentro de la sala del Consejo. Su voz fue suficiente para que todos los presentes voltearan a la entrada, apreciando su caminata, aunque... No venía solo. En realidad él era el acompañante de la verdadera poseedora del asiento perteneciente a la casa Harch.

—Lady Lara de la casa Harch... Bienvenida de nuevo —Lee le dio la bienvenida, extendiendo sus brazos un poco por encima de la mesa—. Tanto tiempo.

—Tanto tiempo, Lee Ex Fons... Su majestad —respondió Lara, parando para hacer una especie de reverencia—. Veo que hay muchas personas nuevas en este lugar, ya me siento la más vieja entre tantos chicos jóvenes —dijo, dando una caminata alrededor de la mesa, pasando por detrás de cada uno de los presentes—. ¿Este es mi asiento? —preguntó, al llegar a su silla.

—El de la casa Harch —respondió Rhys, jalando la silla hacia afuera, para luego ayudar a su esposa a sentarse en esta.

—Gracias, cariño.

Mientras el matrimonio tenía su intercambio, los demás miembros presentes en la sala del Consejo los miraban entretenidos. Rhys Windsor y Lara Harch eran, dentro de todo, luego de la Familia Real, las dos personas más famosas de la nación. Eran celebridades con un gran renombre, con influencia, dinero, poder y conexiones. Por lo tanto, verlos en persona, era sorprendente para cualquier individuo que supiera de ambos, a pesar de ser un miembro de otra familia importante en Fons incluso. De tal manera, nadie les podía quitar los ojos de encima.

—¿Llegaremos hasta ese punto? —Felix se inclinó un poco a su costado, ahí estaba Clara sentada a su lado. Su prometida.

Ella rio, apenas pudo ser percibido por Felix únicamente, y su mano pasó por debajo de la mesa hasta tomar la de su prometido.

—Espero. —Sonrió.

Lara se acomodó en su asiento luego de que Rhys lo moviera para atrás. Él se alejó de ella luego y sentó en otro lugar, en una silla al lado de Ashley, a uno o dos metros de su esposa. Ella volteó su rostro al sentir que él no estaba más a su lado, y se encontró con su sonrisa cuando lo ubicó. «¿Por qué no te sientas a mi lado? Eres mi esposo», ella pensó, obviamente confundida, ya que, a pesar de ella ser la consejera real a la que pertenecía el lugar de la casa Harch, Rhys tenía la misma o incluso más influencia que ella dentro de esa mesa. Entendía el hecho de que probablemente él lo hizo porque ese era su lugar, y porque él sólo fue su reemplazo la reunión anterior, siguiendo la lógica que él siempre usaba, la de no tener que involucrarse en la política de una nación que no era la suya, y haciéndolo sólo por ella, de una forma en la cual su figura política no se relacionaba para nada con la suya tampoco.

Remia era Remia. Fons era Fons. Y las casas Windsor y Harch, ambas casas más grandes e importantes de sus respectivos reinos, no tenían una unión entre ellas más allá que el matrimonio independiente de Rhys Windsor y Lara Harch, aun sabiendo que el hijo que ambos esperaban tendría los dos apellidos, y podría decidir de cuál familia formar parte. Tal unión, de igual manera, no afectaba las relaciones diplomáticas entre estas, ya que Rhys había dejado de ser parte de su clan oficialmente desde que abandonó Remia casi once años atrás. Por lo tanto, la única unión que alguna vez existió entre estas fue cuando Thomas estaba vivo e hizo negocios con Clio Windsor y Rygal Di Rem. Aunque eso no era trascendente en la carrera política de Lara, ni la de su clan, se basaba mayormente en negocios, no afectó para nada la decisión de Lara de comenzar a tomar partido en la política de su clan, ni de aceptar el puesto en el Consejo de nuevo.

Cuando Lara era joven y su padre ocupaba ese puesto en el Consejo, ella sabía que algún día debería de reemplazarlo, cuando él la definiera como su sucesora, por lo tanto, tuvo que tomar una preparación aparte de sus propios estudios en la universidad para dirigir la empresa. Cuando la guerra comenzó, ella tenía veintitrés años, y apenas había hecho lo suficiente para mantener a raya sus capacidades, no era Rhys, por lo tanto, no era tan fácil llevar tanto en su mente, y su propio sueño rivalizaba con sus responsabilidades. Luego de la guerra, de la muerte de sus padres, de sus altibajos emocionales, de su casamiento y de volverse una mujer de familia, no quiso volver a tener que llevar una vida tan intensa, así que le dejó a cargo el puesto del Consejo a su clan, pero como se sabía, la incompetencia de Michael arruinó todo, y luego de que él ya no estuvo para ser ese impedimento y separación de ella con su clan, tuvo que volver a tomar sus responsabilidades, revivir su figura política y convertirse en consejera real... Ya, de una vez por todas, siendo aquello que su padre fue en el pasado completamente... Directora Ejecutiva de su empresa, líder de su clan, y consejera real.

—Es una reunión repentina, ¿No es así, Lee? Avisaste apenas ayer sobre que teníamos que venir hoy —preguntó Lara, apenas tomar asiento.

Ella sabía que era su primera vez en ese lugar, pero no quería quedarse bajo nadie, por lo tanto, si tenía el poder para hacerlo, iba a solicitar respuestas a sus dudas. A Lee, o cualquier persona de las que estaban sentadas en la mesa. 

 «Así que ella es Lara Harch, vaya que tiene confianza, apenas llegó y ya tomó la batuta», pensó Sven, dándole una mirada de reojo, ella justo se había sentado a su lado.

 —Han sucedido algunas cosas en los últimos días que creo que se tienen que tomar con cierta precaución para que nada desemboque en una tragedia —explicó Lee, moviendo su mirada de un lado al otro de la mesa, entre Sven, Lara, Felix, Bash y Clara.

 —A mí sí me diste los motivos —reveló Sven—. ¿Es sobre lo que pasó con Troy Relty y Megan, no es así?

 Rhys no le había prestado demasiada atención al inicio de la reunión, sin embargo, apenas Sven Darma dijo los motivos que Lee le había dado para llamar a una reunión, quiso saber más... ¿Troy Relty y Megan Darma? Ellos eran hermanos, el primer y tercer hijo de Gino Relty, respectivamente. ¿Qué podría haber pasado entre ellos como para que Lee tuviera que involucrarse de esa manera?

 —Ponme al tanto —pidió Rhys, casi en voz baja, tocando el antebrazo de Ashley, que estaba apoyado en el apoyabrazos de la silla en la que ella estaba sentada, a su lado.

 —Al parecer, Troy Relty tuvo una reunión con sus hermanos hace unos días, donde les dejó claro algunas cosas que pretendía llevar a cabo, Megan no estuvo de acuerdo, y bueno... La violentó —explicó Ashley.

 —Carajo, se fue demasiado lejos —dijo Rhys, sorprendido.

Para él, era inadmisible pasarse con una mujer, y aunque sabía que existía más de un millón de situaciones en donde eso no debería de importar, no podía, iba contra sus propios principios. Incluso en batallas que tuvo en el pasado con mujeres, en la guerra, con varias soldados, o cuando entrenaba con Artemisa y Lara, nunca fue con todo, sabiendo que si las lastimaba, se iba a sentir mal. La única chica con la que tal vez es capaz de admitir que se sobrepasó fue con Mya, ya que cuando la entrenó tuvo que golpearla varias veces para llevarla a su límite, aunque eso no estaba en él mismo, ella insistía, y tuvo que tragarse su propio orgullo y malestar porque le había prometido que haría lo que fuera para hacerla fuerte. Sin embargo, cuando estaba a solas, este malestar se convertía en desprecio hacia sí mismo, y vomitaba ante su propio accionar. Llegó a cuidarla noches enteras luego de que ella no pudiera seguir adelante en consecuencia a las heridas que él le causaba... Y estaba seguro de que ella no lo olvidaba, ya que muchas veces se lo recordó, diciendo que, ella sentía que él no la quería mucho... Obviamente mentía... Él la adoraba.

Aun así, él sabía que a otras personas no le importaba mucho el sexo de su contrincante. Sin ir más lejos, Lara, su propia esposa, había sido golpeada varias veces por hombres en distintas peleas. Y eso era lo que más le hacía hervir la sangre, porque nadie tenía el derecho de siquiera tocarle un pelo, y aquel que se atreviera, no iba a tener perdón... Iba a morir bajo sus propias manos. Por lo tanto, con ese pensamiento en su mente, descifró la situación al instante... «Ya veo», pensó, luego de caer en cuenta del verdadero motivo de la reunión.

 —Y ahora Sven quiere venganza por lo sucedido con su esposa —asumió.

 —Eres tan perspicaz y acertado que me haces enojar, Windsor —dijo Ashley, un poco molesta—. Pero sí, al parecer admitió que lo matará.

 —Y qué sentencia —rio Rhys.

 —Lee dijo que él se hará cargo, pero no sé si su actual influencia sea suficiente para mantener a raya a Troy Relty y a Sven Darma, a pesar de ser el rey y un poseedor del Scire, pero quién sabe... Veremos cómo lo maneja —concluyó Ashley.

 Ambos volvieron su atención a la reunión. Algo había pasado mientras ellos se ponían al tanto, porque Lee estaba hablando sin parar:

 —Las cosas son claras, lo que Troy hizo con Megan está mal, Sven, pero no puedes asumir que la única solución a su actitud es matarlo... No puedes matar a nadie, ni siquiera amagar a la idea, estás frente al rey, Sven, y el homicidio es un delito. —Lee se había adueñado de la voz de la reunión.

 —No dijiste lo mismo luego de que Rhys Windsor asesinó a tres personas el día de tu coronación —replicó Sven, sabiendo que lo que había dicho no era más que una simple forma de querer llevarle la contraria a Lee. A pesar de que este tenía razón.

 Lara no pudo evitar llevar la vista hacia el lugar de Rhys. Él ya la estaba mirando, como habiendo estado esperando que ella lo hiciera. Ambos cruzaron miradas luego de regalarse unas sonrisas cómplices, y así como Rhys bajó la suya, Lara volvió a concentrarse en la mesa.

 —Son situaciones distintas, y eso lo sabes —especificó Lee.

—Así es —reconoció Sven—. Pero, hay algo que Rhys Windsor me dijo en la anterior reunión cuando critiqué su actuar ante lo de Gino Relty. —Giró su rostro, y a su mirada la acaparó la figura de Lara—. «No creo que te hubieses quedado tranquilo, y menos si se hubiera tratado de tu esposa».

«Cierto, le di la razón inconscientemente», pensó Rhys, sonriendo internamente. Él sabía que Sven pensaba lo mismo que él, ¿Qué hombre no llegaría a esos límites con tal de defender a la persona que ama? Era una respuesta automática, tanto sentimental como lógicamente, y ellos, ¿Qué podían hacer ante su propio instinto?

 —Lara Harch está aquí, en la mesa del Consejo, frente a todos nosotros, ya que Rhys Windsor pasó por encima de todo y todos sólo para protegerla cuando Michael pretendía atacarla de muerte, o cuando Gino conspiraba una forma de hacerla caer si es que algo sucedía con él... Y nadie en este lugar dijo que estaba equivocado, o que su accionar fue impremeditado, hasta le dieron la razón... ¿Eso no es una hipocresía? ¿O por qué Rhys Windsor es amigo del rey y de la princesa se le perdonan todos los crímenes que cometió, o vaya a cometer? —Sven se impuso en la discusión, con su ojos verdes reluciendo ante su cuestión.

La habitación se convirtió en silencio apenas él terminó.

 «Al fin alguien lo dice», pensó Rhys, ya no quería seguir haciéndose el inocente en ese sentido, porque sabía que era un asesino, más allá de que hubiese sido para proteger a Lara y Ashley, aun así, era su propia decisión aquella de hacerlo, y aunque lo juzgaran mil personas, o sólo una, él no iba a cambiar su pensamiento, ya que aceptar sus pecados y errores era algo que él mismo sabía cómo hacer, y se basaba en su propio dilema moral que acaecía en él hacía años, desde su primer asesinato. Ni aunque Sven quisiera sentenciar y demonizar sus actos, ni aunque Lee no haya estado de acuerdo con su accionar, ni aunque hubiese traído consecuencias aún más complicadas de las que trajo... No importaba: «Acaba con todo, Rhys», le dijo Lara, y sólo le importaba lo que ella deseaba, y si mató para protegerla actuando en base a su pedido... ¿Quién iba a ser aquel que juzgara sus actos? Sólo ella. Nadie más.

 —Soy la persona a la cual te estás refiriendo, Sven... Soy la persona a la cual, Rhys Windsor... Mi esposo... Se refirió cuando dijo eso que planteaste... Soy la persona que estuvo en riesgo de muerte luego de que algunos altos mandos de la nación me quisieran quitar del camino... Y ante todo eso, soy la persona que le pidió a mi esposo que matara a Gino Relty y a Michael Harch... Ahora, te pregunto: ¿Tu esposa te pidió que mataras a Troy Relty, Sven Darma? —Lara le preguntó, y su tono de voz se volvió frío como su mirada de hielo, y su poder.

 —¿Quién eres tú para pedirme explicaciones? —Sven se puso de pie y enfrentó a Lara luego de apoyar sus manos en la mesa y empujar un poco su silla para atrás.

 —¡Ey! Ten cuidado con lo que planeas hacer... Sven Darma —advirtió Rhys, también poniéndose de pie, aunque de su lado, su movimiento fue mucho más intimidatorio.

 —Windsor, por favor... —Lee tuvo que hacer lo mismo que ambos, no iba a permitir una pelea.

 —Windsor, estamos en una reunión, no hagas una tontería. —Ashley lo sostuvo desde su antebrazo, notó que Rhys estaba tenso. No pudo evitar sentir un poco de miedo en torno a lo que estaba por suceder.

 —Está bien. —Lara alzó su mano, justo la colocó enfrente al rostro de Rhys, dejando en claro que no quería que siguiera—. Está bien, Sven tiene razón, ¿Por qué debería pedirle explicaciones? Si no tengo ninguna autoridad en este lugar —agregó, aunque su mirada no se separó en ningún momento del rostro de Sven.

 Él sabía que todo se le había vuelto en contra. Justo tuvo que provocar a Rhys Windsor, fue una estupidez reaccionar así ante la pregunta de Lara Harch. Aun así, no era Rhys Windsor aquel que lo preocupaba, era esa mirada que no se quitaba de sí... ¿Por qué Lara Harch era tan intimidante? Más que Rhys Windsor inclusive, era fría, seria... No parecía querer ceder... En ese momento entendió aquello que caracterizó en el pasado a la Reina de Hielo.

 —Sven, toma asiento... Rhys, tú también —ordenó Lee, intentando restaurar el orden inicial.

 Los dos hombres le hicieron caso, y la sala del Consejo clamó silencio de nuevo.

 —Lo siento por eso, Lee. —Rhys fue el primero en disculparse.

 Él bajó su mirada hacia su puño, cerrado, apretado con fuerza. La mano de Ashley seguía alrededor de su antebrazo. ¿Cuándo ella se había vuelto tan fuerte? No iba a negar que le estaba haciendo bastante presión, las venas de su mano se habían comenzado a marcar en consecuencia a que ella estaba casi impidiendo la circulación en su brazo.

 —Me disculpo por mi actitud, su majestad. —Sven hizo lo propio, agachando su cabeza. 

 —No puedo volver a permitir que algo así suceda en una reunión en mi presencia... La próxima vez que alguno de los dos o de esta mesa altere el orden del Consejo, no pensaré dos veces la posibilidad de quitarle su puesto de consejero... Para siempre... Y nadie de su familia podrá volver a serlo de nuevo —determinó el rey, su voz seria sonó grave, casi como sombría. Impuso su posición con un simple movimiento de mano, al apoyarla con fuerza sobre la mesa.

 «¿Ese es Lee?», pensó Ashley, sorprendida. Así como lo había estado hacía días, casi semanas.

 Lee había cambiado, eso era algo que saltaba la vista, algo de lo que ella se percató al instante, porque lo conocía mejor que nadie, y porque ese chico ciertamente engreído y un poco infantil que ella aprendió a adorar en el pasado ya casi no existía en su hermano. Desde ese día de su coronación y su pelea con Yoh, él se había vuelto firme, decidido y tenaz ante sí mismo y su posición, casi como la figura inamovible que él creyó necesitar para afianzarse en su puesto, ese puesto que al inicio él renegó, pero que terminó abrazando cuando no encontró otra salida.

 Ella sabía que la responsabilidad que Lee había aceptado cargar era en demasía para aquel chico que él fue, por eso, tuvo que hacerse fuerte mental y físicamente por sí solo, tuvo que comenzar a demostrar frialdad cuando se necesitara, o piedad también, al mismo tiempo que no podía sólo dar el brazo a torcer ante cualquier situación, y ser ese que definía el destino de miles de personas. Lee no estaba preparado al inicio, por eso, su cambio fue tan abrupto, y aunque con ella, en la intimidad, seguía siendo ese Lee. No podía dejar de pensar que tarde o temprano, su posición y su figura como rey se uniría con su propia persona, e iba a tener que encontrar un balance entre ambas, volcándose a un dilema... Un dilema al cual ella le tenía miedo, porque... ¿Lee podría tomar la decisión correcta? Aunque no existiera un decisión correcta, porque cualquiera podía significar formas distintas de afrontar distintas situaciones, no quería que su hermano perdiera en su totalidad aquello que todavía le tenía los pies en la tierra y no lo hacía volcarse del todo al ego y soledad que otorgaba tener tanto poder, así como el recuerdo de Diane o de su madre, y todo lo que tuvo que sacrificar para ser rey. Ese sacrificio que llegó a cambio de hacerse cargo de su deber.

 —Lo siento, su majestad, no volverá a pasar, ya se lo dije —Sven supo que Lee estaba hablando en serio, y que, en mucho tiempo... Un rey en Fons no iba a dejar que su propio reino se le fuera de las manos.

 «Vaya, esto era lo que necesitaba para apoyar tu moción, Lee Ex Fons», pensó Sven, había esperado alguien a la talla hacía mucho tiempo.

 —Bien. —Lee se acomodó en su asiento—. Volvamos al inicio... Troy Relty, Felix me dijo algo interesante sobre él, ¿Puedes repetirlo? —preguntó, dirigiendo su mirada al joven.

 —Claro. —Felix se aclaró la garganta—. Erika, mi hermana, vino a mi hace dos días, de parte de Troy Relty, a ofrecerme una alianza... Troy Relty quiere venganza por el asesinato de su padre, y dentro de esa venganza entra derrocar al rey, o sea Lee... Se supone que necesita de al menos tres familias más además del clan Relty: El clan York, el clan Froyd, y el clan Darma —contó.

 —Eso también lo sabía. —Sven le sumó algo de información a la charla—. De hecho, esa fue la razón por la que golpeó a Megan, ella se negó a proponérmelo.

 —¿Una alianza? —Lee se reclinó en su silla, llevando su mano hasta su barbilla—. Sabía que esto iba a suceder, Troy Relty es un problema, así como lo fue Gino Relty en el reinado de mi padre... Pero es un problema que se puede mantener a raya, ya que... Nadie dentro de esta habitación está de su lado, ¿Cierto? —preguntó, su cuestión era eso, una cuestión, pero intentó hacerlo sonar como si de una orden se tratara... Una amenaza.

 Todos quedaron en silencio.

 Sólo miradas.

 Sólo tensión. Esta era tanta y tan densa que podía cortarse con una daga.

 —No estarían aquí si así fuera, Lee —dijo Ashley, siendo lo más obvia posible.

 Lee le dirigió la mirada, asintiendo internamente, con el conocimiento de que ella lo había dicho sólo para dispersar la incomodidad que se había creado en el ambiente luego de que él se hiciera cargo de mostrar, de una vez por todas, que era el rey, y que mandaba en ese lugar... Como nadie lo había hecho en treinta años.

 —Mejor así —dijo él, al final.

 —¿Qué haremos con Troy, Lee? —preguntó Lara, luego de que el ambiente fuera lo suficientemente receptivo como para que alguien le pudiera pedir respuestas al rey.

 —Lee... —Sven comenzó—. Troy no va a parar por nada, eso lo sabes... Es un Relty, y fue enseñado por su padre, desde joven, si piensan igual... Actuarán igual.

 Lee sabía lo que eso significaba. Pero, él se había propuesta limpiar la imagen de su reino, y eso apuntaba a que, ante todo... No iba a derramar sangre para mantener su puesto. Con su poder, con su influencia, con su propia figura, con eso iba a tener que ser suficiente. Como lo hizo en ese mesa tan solo unos instantes atrás.

Pero Troy no estaba en ese lugar, él no vio su decisión en sus ojos plateados, no entendió el motivo detrás de sus propias palabras, de esas órdenes directas y crudas. Y si Troy se salía de la línea, ¿Qué otra solución iba a encontrar?

 —No puedo permitir que eso suceda... ¿Qué imagen le dará Fons al mundo si la única solución que encuentra su gobernante para mantener a raya a aquello que amenaza su reinado es la muerte?

 —No es necesario llegar a ese límite. —La voz de Rhys irrumpió con fuerza en la conversación. 

 —¿Hay otra solución, Windsor? —preguntó Ashley.

 —Sí la hay... La prisión —declaró Rhys.

 —¿La prisión? —preguntó Lara—. ¿Cómo llevarás a la prisión a un usuario de Energía del Alma sin que se escape? —inquirió.

 —Me pregunto exactamente lo mismo que Lara Harch —dijo Felix, señalando a la mujer.

 —Yo igual... Danos tu perspectiva, Rhys. —Lee volteó hacia él, con el mismo interés que todos en la mesa.

 —Tal como hice en la guerra, con Yoh Tales... Puedo bloquear la energía de un usuario con mi Possessionem... Es algo básico, y la única forma de que alguien pueda siquiera revertir ese bloqueo es con un Scire... En Fons, además de Lee, y yo... No hay más poseedores del Scire, por lo tanto, será imposible que él pueda hacerlo, de tal manera, no se escapará de prisión... Aunque, Richmount es el único lugar —Rhys dio su punto de vista, detalle a detalle.

 —Richmount —musitó Lee.

 Richmount se encontraba ubicada al sur del Reino de Fons, y junto a otras tres ciudades, formaba la frontera que separaba Fons de Bellum Giant, y de paso, la cadena montañosa más larga del mundo. Esta partía desde el oeste de ambas naciones, el extremo del Gran Desierto de Infiana, y acababa por el sur de Bellum Giant, funcionando también de frontera con Magnuria por este lado. La cordillera pasaba por distintos ambientes en toda su extensión, desde la aridez del desierto en su inicio, pasando por la humedad y frondosidad de la selva en su paso por Fons, hasta acabar en el frío y blanco ambiente nevado del sur del Continente Central. Así como era la frontera más larga del mundo, también era la más peligrosa, ya que separaba a las dos naciones más grandes del mundo, y extendía esa rivalidad que llevaban desde la Primera Guerra Mundial. Richmount también era el lugar donde concluía la selva que atravesaba Fons de norte a sur, que pasaba por ciudades como Raven, Koella, Ash o Pines, de tal manera, estaba rodeada por un clima tropical, ya que de paso tenía salida al océano, ya que ahí acababa la costa oceánica de la nación que comenzaba en Pines.

Era el extremo final de Fons, y no sólo la morada de puntos estratégicos tan importantes como la aduana o el puerto, sino que también en esta estaba ubicada la base militar más grande e importante de Fons, donde residía el Ejército de Fons, comandado por Felix York, luego de la destitución de su padre. La Academia Militar a la que Lee y Felix habían asistido en su juventud era una institución anexo de tal base militar, así como la Prisión de Máxima Seguridad de Richmount... Lugar donde se encontraban encarcelados los criminales más peligroso de Fons, y algunos del mundo, aunque sólo en naciones donde la extradición estaba permitida, como Remia. Ese lugar al que Rhys quería enviar a Troy Relty.

—Debo pensarlo... Por ahora sé que Troy no intentará nada, no tiene apoyo, así que... Debo analizar la situación, no puedo sólo enviar a prisión al líder de una casa real sin motivos, y decir que planea una conspiración para derrocarme no es motivo, ya que no hay pruebas, y luego de lo sucedido en la coronación, no puedo sólo seguir tomando decisiones sin motivos, o con motivos que se pueden tomar entre pinzas... Aún no estoy tan asentado como quisiera, y por ahora... Voy por buen camino. —Lee posó su mano sobre su insignia de rey, aquella que llevaba en la solapa de su traje. El emblema de su casa: Dos espadas plateadas cruzadas detrás de una corona dorada. Su símbolo... Su insignia... Su identidad.

«Sí... Voy por buen camino».


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