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36.98% La Leyenda del Scire / Chapter 27: Capítulo 24: Esa estrella brillante que jamás se apagará – Días finales III  

Chương 27: Capítulo 24: Esa estrella brillante que jamás se apagará – Días finales III  

Remia, Crystel, Apartamento «104» - 26 de Junio - Año 525

 

—Despertaste. —El alivio invadió a Zenda cuando vio a Vlas abrir sus ojos. Lo miró con una sonrisa de par en par.

—¿Eh? ¿Qué haces aquí, linda? —preguntó Vlas, confundido, e intentando alzar su cabeza en la almohada.

—Tu hermano me contó todo, quédate tranquilo —respondió Zenda, ayudándolo a sentarse—. ¿Recuerdas algo de lo que sucedió o tu pregunta fue totalmente sincera? —preguntó, alcanzándole un vaso de agua. Vlas lo vació de un trago.

—Sí, recuerdo la mayoría... Ese maldito... Fue todo tan rápido, ni siquiera me pude defender —maldijo Vlas, apretando el puño con impotencia.

—Ey, cálmate, ya pasó, ahora estás bien, eso es lo importante. —Zenda tomó su mano. Intentando calmarlo.

—Zenda. —Vlas alzó la mirada. Cierto... Ella estaba a su lado... Recién caía. Ella le sonrió y su corazón volvió a latir, se sintió agradecido, y la quería sentir, a ella... Sólo a ella.

—¿Si? —preguntó Zenda, confundida. Vlas ya la había abrazado incluso antes de terminar la pregunta, y ella necesitaba un abrazo de Vlas, ya lo extrañaba... Su preocupación fue mucha y al fin se había ido—. ¿Estás bien? —preguntó riendo.

—Pensé que no te vería más... Imaginé lo peor antes de perder la conciencia, no quería que nos separáramos sin despedirnos... No quería... Mierda. —Vlas se aferró a ella. Esa suavidad en su respuesta lo hizo despejar dudas, lo hizo sentirse en el cielo.

—Ey —dijo ella, separándose de un poco de él, necesitaba mirarlo a los ojos para decirle lo que quería decirle—. Ya hablamos de eso... Y creo que quedo claro lo que al menos yo quiero. —Lo miró con cierta conformidad.

—Sí... Entendí perfectamente tu postura, pero también hicimos una promesa, y como dije anteriormente... «No quería irme sin despedirme de ti» —Él repitió sus palabras... Esta vez, más sinceras que nunca.

Zenda lo comprendió y sonrió en señal de entendimiento.

—Dejemos eso para más tarde, ¿Sí? Quiero saber cómo te sientes, ¿Estás bien? —preguntó ella, analizándolo con la mirada. Estaba mucho mejor que días atrás, Rhys no hacía nada más que curarlo, por lo que sus heridas ya habían dejado de verse.

—Mejor que nunca... De hecho esperaba verme peor —dijo él levantándose de la cama, caminó hasta la esquina de la habitación y se miró en un espejo. No tenía una sola cicatriz.

—Rhys fue quien te salvó, también te curó... Antes de irse me dijo que cualquier movimiento inusual que note le avisara lo más rápido posible, estaba muy preocupado —contó Zenda.

—Le tendré que agradecer cuando vuelva... Por suerte está aquí, no sé qué hubiera pasado si no él no llegaba —dijo Vlas, bajando el rostro. Dejó de ver su reflejo.

—Rhys nunca permitiría que alguien te haga algo malo... Hablé con él mientras estabas dormido, le expliqué lo que pensaba sobre todo lo que estaba sucediendo, y lo entendió perfectamente... También noté que se preocupa mucho por ti, aunque no lo demostrara tanto estaba nervioso esperando a que despertaras... Sacaste la lotería con un hermano como él.

—Lo sé, estoy agradecido de que así sea, porque después de todo lo que tuvo que pasar, él más que nadie se merece lo que tiene, una esposa como Lara que lo apoya en todo y siempre está con él, alguien como Leah que le devolvió lo que era el calor de una familia, y todas las personas que lo siguen y confían en él, su gran voluntad y perseverancia lo hicieron llegar a donde está ahora, y así debería haber sido antes de la muerte de Demian... Antes de cometiera todos esos errores de los que nunca dejará de arrepentirse —aseguró Vlas, con un poco de aflicción marcada en su voz. Zenda estaba a su lado, tan solo con mover un poco su mano encontró la de ella... Y la apretó.

 Zenda se dio cuenta de que él no estaba del todo animado, se notaba en su rostro y en su propia actitud que no se sentía seguro con todo lo que estaba sucediendo. Su relación era tan fuerte que solo con esa acción, la de tomarle su mano, ella sabía que debía hacer algo por él, debía ayudarlo a despejarse e ignorar la situación actual, necesitaban un tiempo a solas.

—¿Quieres que salgamos los dos solos? —sugirió Vlas.

A ella la tomó por sorpresa, estaba por preguntarle lo mismo.

—Estaba esperando que lo dijeras —respondió ella, con una sonrisa.

—Mejor así, ¿Puedes esperarme afuera? Me iré a cambiar... Debo de tener algo de ropa por aquí —dijo Vlas, dando una mirada alrededor de la habitación—. Espera... Esta no es mi casa, ¿Dónde estamos? —preguntó, percatándose que era un lugar desconocido.

—Creo que es el departamento donde Leah se está quedando, o algo así dijo Rhys —respondió, Zenda señalando una foto colgada.

—Son Lara y Rhys —dijo Vlas, acercándose al portarretratos

—Sí... Y Leah... Vaya... Son una familia hermosa —dijo Zenda, parándose a su lado.

—Ni que lo digas... —respondió él, mirando fijamente la foto.

 Eran Lara y su hermano, saliendo de algún tipo de salón, sus manos estaban juntas, en los brazos de ellos estaba Leah, ella se veía más pequeña que en ese momento, la foto era vieja. Tal vez un par de años... Estaban vestidos como una pareja recién casada, y su felicidad se notaba incluso desde la foto. Zenda tenía razón, eran una familia hermosa.

Vlas no podía creer el trasfondo que esa foto tenía detrás, después de todo, los tres habían estado solos, lo habían perdido todo, su pasado los había lastimado, y se encontraban perdidos, no tenían a nadie alrededor, sólo había personas igual de lastimadas que ellos, y así fue como sucedió... Esos sentimientos de dolor fueron los que los hicieron tan unidos, cada uno era la vida del otro, cada uno amaba al otro, cada uno significaba demasiado para el otro... Eran los tres pilares de una sola fuerza.

 Vlas no se equivocaba al pensar que su hermano había cambiado, Rhys era impresionante, luego de haberlo perdido todo se levantó del golpe más duro de su vida, ayudó a las personas que lo rodeaban y estaban en su misma situación, a ser felices junto a él, les prometió un futuro donde iban a poder vivir sin preocupaciones... Él se lo había planteado, ese era el destino de Rhys, ese era el destino que él había buscado, esa era su manera de cambiar su mundo y de arreglar su camino... Aquel que perdió tiempo atrás... Él sueño que tantas personas buscaban, y que por esa misma razón lo seguían, porque Rhys era el único capaz de lograrlo... Y él debía ayudarlo... Zenda se lo había dicho, ese también era su destino, él había sido elegido para eso... Y no iba a poder cambiarlo.

Pero quizás si Zenda.

—Bueno, voy a salir... Te espero afuera.

Zenda estaba por abrir la puerta cuando oyó la voz de Vlas detrás de ella.

—Zenda, espera —él la interrumpió.

Ella se volvió hacia él. De espaldas... Lo miró confundida... ¿Le estaba hablando?

—¿Qué sucede?

—¿En serio tú quieres que tome esa decisión? ¿Quieres que ponga mi vida por encima de la tuya? —él preguntó, sin quitar la mirada de la foto de su hermano.

—Creo que quedo muy en claro lo que pienso Vlas, sigues con lo mismo.

Él seguía de espaldas, sintió que él valor vino sin mirar a Zenda. Ella lo notó y caminó hasta él.

—¡Necesito que me lo digas! ¡Dime qué quieres que te eli...! —pidió... Estaba a punto de voltear.

—Quiero morir por ti... —Ella llegó primero, e interrumpió su ímpetu, posando su mano en la espalda del chico. Vlas sintió ese suave tacto y se dio la vuelta, la firme e inalterable mirada de Zenda lo atrapó—. Quiero hacerlo, no soy una suicida, pero así es la vida, así es mi vida... Todo ocurre por algo, ¿Cierto? —preguntó... Y su sonrisa volvió.

—Pero Zenda... ¿Por qué? No puedo entender por qué, si lo tienes todo para ser feliz por el resto de tu vida, ¿Por qué terminarla así?

Esa cuestión era la que intentaba deducir desde que ella le dijo que aceptaría su muerte. Nunca pudo comprender la razón detrás de esos deseos.

—Porque así lo decidí Vlas, tengo todo para ser feliz... Sí, lo sé... Pero también tengo todo para que ustedes sean felices, ¿Crees que sin ti este futuro será claro? Tu hermano te necesita... Y esto lo hago por el bien de todos, ya te lo había dicho... Por el bien de Kora y de mi familia, por tu propio bien, y el de los que me rodean, prometí que viviría para que me recuerden, Vlas... Si muero de esta forma sé que todos sabrán de mí por siempre, y que nunca me olvidarán, eso es lo que anhelo... Quiero que mi vida haya tenido sentido... Un sentido que yo elegí.

Él no podía dejar de admirar la determinación en sus ojos... Era única, no podía contra ella. Nunca lo haría.

—Pero yo sí te recordaría, sea como sea tu muerte, yo nunca me olvidaría de ti, jamás, pase lo que pase siempre vivirás en mí —aseguró el chico. 

—Lo sé, por eso no puedo permitir que tu mueras antes que yo... Lo siento si te dejo solo, pero tampoco quería que tú me dejaras sola a mí, fui egoísta en ese sentido, creí que serlo alguna vez en mi vida no haría mal... Aun así, ya estoy preparada, ya conseguí todo lo que quería, quizás me quedaron cosas por hacer, pero lo importante siempre estuvo ahí... Personas que amo y me aman, ya fui la mejor en lo que más me gustaba, quizás nunca fui la chica más seria del mundo, pero porque intenté vivir todo el tiempo con felicidad, y no puedo quejarme de eso, ya que mi actitud me hizo pasar los mejores momentos de mi vida, ya aprendí y enseñé, reí, lloré, tuve miedo y tuve valor... Conocí la felicidad y la tristeza... Pero lo más importante en mi vida siempre fue el amor... Ese amor que conocí diez años atrás —dijo, tomando el rostro de Vlas y secando sus lágrimas. El chico siempre se ponía sentimental en esos momentos—. Diez años atrás conocí al amor de mi vida... Esa persona que me hizo ver el mundo desde un punto de vista diferente, con quien tengo los mejores recuerdos y experiencias, con quien agradezco haber pasado tanto tiempo, quizás lo único que siempre tuve miedo de dejar ir, creo que aunque lo conocí más que nadie, nunca fue una comprensión total, porque él supo encontrar su camino, él supo conocerse a sí mismo también... Mi contrario, pero mi otra mitad, una parte de mí que incluso yéndome de este mundo no podré olvidar —agregó, mirando fijamente a Vlas.

Él había parado de llorar y solo sonreía. En pausa. Quizás no había más explicaciones para su amor, ya lo había descrito de tantas formas que los sinónimos se le acabaron... Pero siempre lo fue, nunca dejó de serlo jamás... Siempre fue eso que nunca quiso perder, pero que en algún momento llegaría a su final, porque cada inicio tenía su final, pero si podía elegir ese final no perdería la oportunidad... «Una última vez Zenda... Una última vez», rogó dentro de sí.

—¿Y quién es esa persona? —preguntó él, sin borrar su sonrisa.

—Vlas Windsor —respondió Zenda, devolviéndole la sonrisa. Con la brillantez de sus ojos deslumbrándolo.

—Que afortunado... Lo envidio —él replicó, riendo.

—Eres un tonto, ¿Lo sabes? —Ella se acercó a él.

—Sí, un tonto que te ama, gracias por todo, Zenda... Esas palabras no significan nada comparado con todo lo que te debo. —Él la tomó de la cintura.

—No me debes nada, todo lo que hice fue porque te amo, te ayudé al igual que tú a mí, no hay intereses detrás de eso, gracias por ayudarme a cumplir mi deseo, ahora soy yo quien está en deuda contigo.

—Me salvaste la vida, jamás podré devolverte eso, jamás tendré tu brazalete de regreso.

—Eso no importa, Vlas, este brazalete te pertenece a ti, por eso luego de que ya no esté quiero que lo uses, si no lo haces tú... Que no lo haga nadie.

—Me hiciste renacer, después de todo no estaba tan equivocado con lo que pensaba cuando te lo entregué, ¿Qué habría sido de mi sin ti?

—Eso ya es imposible de saberlo, lo importante es que estamos aquí y ahora, juntos, y sabemos que por más que pase lo que pase no nos separaremos jamás.

—Nunca aprendí a estar solo, me acostumbré a ti, por eso creo que jamás volveré a ser el mismo luego de que no estés, aun así, me estás regalando tu vida, demostrando que sí... Tú siempre serás el amor de mi vida.

El discurso de Vlas fue interrumpido cuando los labios de Zenda tocaron los suyos. Esta vez era diferente, no era igual que en la playa, esta vez sabía que no era un sentimiento de necesidad, sino de agradecimiento, de comodidad, el beso que había esperado tanto tiempo. Nunca olvidaría eso, era imposible para él olvidarse del primer beso con la persona que tanto amaba, y que en poco tiempo iba a perder.

 El beso se aplazó por un tiempo donde ninguno de los dos quiso separarse del otro, aunque después de todo, era inevitable que así sería, mejor disfrutar el momento.

—¿Ya despertó? —Se escuchó una voz resonando en la habitación, y los sorprendió a ambos—. Oh, lo siento, vuelvo en otro momento.

Era Leah. Apenas los vio, salió de la habitación lo más rápido que pudo y cerró la puerta detrás de ella. Se quedó parada apoyada en el picaporte, no sabía si girarlo de nuevo, quizás había interrumpido un momento intimo entre ellos.

 «Carajo, ahora voy a parecer una entrometida que no tiene respeto», pensó, apretando su mano con firmeza, esa duda de abrir de nuevo la puerta seguía ahí, pero esta desapareció cuando de adentro se sintió un forcejeo en el picaporte, ella estaba impidiendo que la puerta se abriera, por lo que lo soltó. Ahí fue cuando Vlas abrió la puerta y quedaron mirándose cara a cara.

—Oh, Leah... Eras tu —dijo él, soltando algunas risas— ¿Necesitabas algo? —preguntó con soltura.

A Leah le sorprendió que a él no le importara demasiado que ella los hubiera visto segundos atrás.

—No... Sólo quería saber si estaban bien, escuché voces y supuse que ya habías despertado —respondió Leah intentando evitarlo con la mirada—. Pero parece que ya estás bien, que suerte... Perdón por interrumpirlos, si necesitas algo sólo tómalo, estás en tu casa —agregó, bajando la cabeza y dándose la vuelta, sin esperar respuesta de parte del chico solamente desapareció por el pasillo.

—Sí, claro, gracias Leah —agradeció Vlas, al verla alejarse con rapidez la miró confundido. Ella había actuado muy extraño.

—¿Qué sucede? —preguntó Zenda, apareciéndose detrás de él.

—Nada... Era Leah, quería saber si ya había despertado, al parecer escuchó nuestros murmullos.

—Oh, ya veo... ¿Sabes? Me gusta el estilo de Leah... Su ropa es bonita, sé que es cara, las marcas que usa son de lujo, probablemente sea ropa que Lara le compra, pero sólo ella sabe usarlas de esa manera... Ella es una chica muy hermosa, ¿No crees? —Al escuchar esa pregunta de Zenda, Vlas se dio la vuelta y la miró con una sonrisa—. ¿Qué? ¿Por qué me miras así?

—Por nada, sólo me pareció extraño que me hicieras esa pregunta... Y si, la verdad que es linda, solo un ciego podría negarlo —respondió él, alzando sus hombros con obviedad.

—Vlas... ¿Puedo hacerte una pregunta? —inquirió Zenda.

—Si, claro... ¿Qué pasa?

—¿Tú sabes que yo no tengo ningún problema con que decidas ser feliz, cierto? —preguntó, en un bajo tono de voz, parecía reflexiva.

—Emm... ¿A qué te refieres con «ser feliz»? —Vlas preguntó confundido. Esa pregunta lo había sacado de foco.

—Digo, tú sabes... Quiero que sigas con tu vida más adelante, con otra persona, o solo si prefieres, pero no quiero que vivas desdichado, ¿Tendría sentido que todo acabe así para nosotros si tu terminas siendo infeliz?

—Si, claro que lo entiendo linda, pero, ¿Te replanteaste todo esto ahora que viste a Leah?

—No, bueno... Es que... Quizá sí... La vi y pensé que probablemente tú te fijarás en otras chicas como ella alguna vez... Después de todo eres joven, atractivo, y tienes cierto lado tierno y sensible que es bastante cautivador... No quisiera que vivieras el resto de tu vida en una soledad negativa, no quiero que pierdas tu luz.

Ella no se escuchaba triste, más bien prudente, su deseo parecía más un consejo que una inseguridad, Vlas no pudo evitar sorprenderse.

—No lo sé, linda, será extraño, algo complicado, ¿Enamorarme? Vaya, decirlo de esa manera suena algo imposible... Pero no te preocupes, no voy a vivir en una soledad negativa, estarán Rhys y Lara, Kora, mamá... Quizás me falte la mitad de mi mundo, pero... ¿Qué más podemos hacer?

—No pensar en eso... Distrayéndote, haciendo cosas que te gusten, divirtiéndote... Algo así como, pasar todo el día fuera, conmigo... ¿Qué dices? —Ella sonrió al pasar sus brazos por alrededor del cuello de Vlas. Y arrimando su rostro al de él, le dio un beso.

—Claro que sí, linda... ¿Me esperas afuera? Me cambio y voy —preguntó, entrando a la habitación de nuevo.

—Okey, apúrate —insistió Zenda.

—Lo haré.

 

Algunas horas después...

 

Remia, Crystel, Distrito Central - 26 de Junio - Año 525

 

 Vlas y Zenda decidieron salir a recorrer la ciudad juntos. Pasaron por todos los lugares que frecuentaban cuando siempre que salían: El parque de diversiones, una heladería, y el centro comercial. Pasaron toda la tarde riendo, y sin recordar todo lo que estaba pasando a su alrededor. Les hacía bien estar juntos e ignorar el hecho de que solo faltaban cuatro días para que sus vidas cambiaran para siempre. Vlas recordó las palabras de su hermano y entendió que había momentos donde se necesitaba ser egoísta, y sólo pensar en él y ella.

 Luego de pasar un día inolvidable junto con ella, agradeció haber dejado de ser tan terco y permitirse ceder a sus sentimientos, Rhys tenía razón, ellos dos se necesitaban, y Vlas lo notó cuando después de tanto tiempo, por fin pudo demostrar una sonrisa no forzada. Por fin dejó de sentirse vacío.

—No me divertía tanto hace mucho tiempo —declaró Zenda, recostada al hombro de Vlas.

Él tenía su mano posada sobre la suya, acariciando su brazalete con cuidado. Cuando ella alzó un poco su mirada notó que él tenía sus ojos brillosos.

—Yo tampoco, necesitaba un día así, más que nada —él respondió, esta vez bajando hasta tomar su mano. El sol cayendo ante ellos dejó paso a un hermoso atardecer.

—¿Volvemos? —preguntó Zenda.

—Vamos —respondió Vlas, poniéndose de pie.

Ella se quedó sentada, y se llevó una gran sorpresa cuando de la nada Vlas la levantó en sus brazos.

—Espera... Eso me tomó por sorpresa —dijo Zenda riendo.

—Déjame llevarte así el resto del camino —pidió Vlas, acompañándola en las risas.

—¿No te cansarás?

—No, tengo una resistencia bastante alta —aseguró, sonriente.

—No tienes que decírmelo, entonces sí... Si no te molesta puedes llevarme, de hecho, yo tampoco quería caminar —asintió Zenda, recostándose en el pecho de su chico.

—Mejor así entonces —dijo Vlas, levantando la mirada—. Oh, mira el cielo —agregó señalando las estrellas que hacían presencia en la noche.

—Jamás miramos las estrellas juntos, ¿Cómo nunca lo hicimos? —preguntó Zenda, su mirada también se alzó, y lo acompañó en su apreciación.

—Ahora lo estamos haciendo... Estamos haciendo todo lo que alguna vez no —respondió él, bajando su mirada hasta los ojos de ella. El brillo de la noche los hacía ver tan hermosos.

—Seguramente recordarás todo lo que hacíamos cuando ya no esté —declaró ella, con una cálida sonrisa.

—¿Me escuchaste ese día? —él pregunto, algo asombrado.

—Nadie se duerme en menos de un minuto —respondió Zenda—. Aun así, tu sabías que estaba despierta, por eso lo dijiste, ¿Cierto?

—No tenía sentido que te dijera algo así de importante y que no me escucharas. —Él sonrió

—«No te soltare jamás» —ella parafraseó lo dicho por él ese día—. Gracias por esas palabras, las necesitaba, no te lo había agradecido en el momento, por eso te lo digo ahora. —Su mano ya se encontraba acariciando el rostro de Vlas.

—No es necesario que lo hagas —dijo él, acercando su rostro al de ella—. Sólo prométeme que cuando no estés y yo mire las estrellas para recordarte, estarás ahí, esperándome, y siempre que pida por ti me darás una señal —agregó, con sus labios a centímetros de los de la chica que tenía en brazos.

—¿Tengo que decírtelo? —preguntó Zenda, sonriendo. A lo que Vlas asintió, apoyando su frente en la de ella—. Es algo obvio, pero allá voy... Prometo que cada vez que mires al cielo estaré viendo todo lo que hagas, te felicitaré con señales en las noches y estaré orgullosa de todo lo que logres, estaré para ti cuando lo necesites, solo mira el cielo y cuando identifiques la estrella más brillante, esa seré yo —agregó, dándole un suave beso en sus labios.

 —La más brillante... Tal como lo fuiste toda tu vida... Zenda.

 

Después...

 

Remia, Crystel, Residencia Allen - 26 de Junio - Año 525

 

 —Puedes dejarme aquí —Zenda indicó, cuando Vlas paró en la puerta del apartamento en el que se estaba quedando su familia.

 —¿Tus padres están dentro? —él preguntó, bajándola de sus brazos.

 —Probablemente... ¿Por qué lo preguntas? —Lo miró con insinuación—. ¿Acaso quieres pasar a mi habitación? Vaya que eres astuto, Vlas Windsor. —Su sonrisa dejó ver toda su sugerencia.

 —Ey... No pienso en eso. —Él bajó su rostro, que rápidamente se había tornado color rojo—. Sólo preguntaba... No quería dejarte sola.

 —Está bien... Kora está dentro, si la necesito sé que vendrá a mi lado... Pero tranquilo, luego del día de hoy seguramente me vaya a la cama con una sonrisa.

 —Que bien... Entonces... ¿Mañana paso por ti?

 —Sí... Te llamaré cuando despierte... Quiero ir a un jardín botánico... Vi que hay una cerca del Distrito Comercial... ¿Me llevarás? —preguntó, dejando salir toda su emoción.

 —Claro que sí, linda... Te llevaré —Vlas asintió, con una sonrisa. Verla de esa manera siempre lo ponía en ese estado... Pero evitar sentirse melancólico era imposible... Y no quería romper en llanto frente a ella—. Bueno, tendría que irme... Mi madre se preocupará si llego muy tarde, y luego de lo que pasó... Es mejor que no siga haciéndolo.

 —Sí, claro... Te amo... Saluda a tu mamá de mi parte —ella se despidió, a medida que entraba a la casa.

 —Lo haré... Nos vemos... Mi amor.

 Antes de que ella cerrara la puerta, vio su sonrisa por última vez en el día, y al fin... Pudo suspirar, y casi, dejarse llevar por el llanto... Pero no lo hizo... No lo iba a hacer... Ella ya lo sabía, y ya lo habían decidido... Por lo que... ¿Qué sentido tenía seguir haciéndolo? Si el destino ya estaba marcado... Y ella... Se iba a ir... Desde ese día, no iba a parar... Todos los días los pasaría con ella, haría lo que ella le pidiera, la llevaría a donde ella le pidiera... Sin soltar su mano, sin dejar de apreciar su sonrisa... Los últimos momentos que le quedaban... Los viviría como si al otro día no pudiera despertar... O quizás... Eso era lo que quería.

 —Mierda... ¿Cuándo se va a acabar esta pesadilla? Quiero dejar de llorar.

 Seguir haciéndolo tenía sentido... Y dejarse llevar era su único consuelo... Esas lágrimas por Zenda eran su mayor acto de amor... Acompañado por el recuerdo que la nostalgia por el brillo de esa estrella inextinguible le causaba.

 Ese brillo que apreciaría por el resto de su vida.


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Chương 28: Capítulo 25: El pasado nos une y el destino nos separa – El «Séptimo Impacto» I  

Remia, Crystel, Residencia Di Rem - 30 de Junio - Año 525

 

—Es mañana —dijo Rygal sentado en su escritorio. Cole se encontraba a sus espaldas, apreciando la ciudad a través del ventanal del fondo—. Creo que sabes por qué te llamé, ¿Cierto?

-—Más o menos, ¿Qué tienes planeado? —preguntó.

—Debilitar a Rhys Windsor —respondió Rygal sirviendo un vaso de Whisky. Lo sacudió un poco y lo tomó de un trago.

—¿De qué manera? —Cole se dio la vuelta.

Su padre lo miraba con seriedad. Ahí fue cuando le alcanzó un vaso.

—Lara Harch —sólo dijo eso.

—¿No estás pensando que lo haga, no es así? Es la esposa de Rhys... Lo más importante de su vida, lo que más protege... Si a ella le pasara algo... Él no dejaría nada.

—Justamente por eso quiero que lo hagas... ¿Sabes? Si le haces el suficiente daño a Lara como para que él no tenga que quitarle los ojos de encima, Rhys deberá decidir entre estar pendiente de Vlas, o pendiente de la chica Harch... Eso mantendrá su mente lo suficientemente dubitativa como para que cualquier plan que haga, no sea perfecto, y tenga fisuras que podamos usar... Para llevarlo a su límite —explicó Rygal, levantándose de su lugar—. Rhys es bastante precavido y además inteligente, no deja ni un espacio a errores, pero cuando se deja llevar... Comete locuras, que luego se vuelven imposibles de arreglar... Ellos serán útiles, pero primero se necesita que Vlas domine su Scire, y Rhys es el perfecto candidato para hacerlo, si logro llevarlo al límite, no se quedará en Remia... Haré que se alejen unos dos o tres años... Y así, mi objetivo estaría más cerca.

—¿Dos o tres años? ¿Crees que volverán? —preguntó Cole.

—Si, el propósito de Rhys es matarme, pero no puede sólo hacerlo porque sí, necesita motivos que adhieran al asesinato de alguien tan importante como yo, intentará buscarlo tomando el lugar como rey de Remia, la traición es un gran motivo... Eso es una parte fundamental de mi plan, que él quiera convertirse en el rey significa que intentara tomar Rem en algún momento, ahí es el lugar perfecto para terminar con todo esto, ahí será donde acabaré con Rhys Windsor, y al fin podre quitar esa piedra de mi camino. —Rygal se paró al lado de Cole—. Tu Scire también forma parte de mi propósito, ten cuidado con Rhys, si te ve no dudará ni un segundo en asesinarte —advirtió.

Cole lo miró apartado. Rhys y Rygal siempre tenían un aura de oscuridad a su alrededor. Un aura de oscuridad capaz de absorberte en un instante.

—Entiendo, prometo que no te defraudaré... Padre —dijo Cole, activando su sello y desapareciendo en frente de Rygal.

—Espero que así sea... Cole... No me defraudes... —Sonrió

 

Después...

 

Remia, Crystel, Distrito Comercial - 30 de Junio - Año 525

 

—Mira donde te vengo a encontrar, Lara Harch.

Lara volvía de una reunión empresarial que había ocurrido en la mañana, el mediodía había pasado con rapidez y ya era plena tarde. Quiso tomar un camino más corto y terminó por llegar a un lugar que no conocía, casi no había personas. Ahí fue cuando paró para buscar la dirección en su GPS, pero alguien la interrumpió.

—Vaya, vaya... Tanto tiempo, Cole —respondió, esbozando una sonrisa.

—Parece que estás feliz de verme, Harch —indicó Cole, quitándose el sombrero.

—No, jamás estaría feliz de verte... Sólo me pareció gracioso que después de tanto tiempo volvieras —explicó Lara, quitándose las gafas—. ¿A qué se debe este encuentro? —preguntó con curiosidad.

—Quería hablar con Rhys, pero parece que no le gusta mi presencia desde lo que pasó con nuestro hermano, y aunque sea fuerte, no soy tan arrogante como para luchar contra él —respondió Cole, comenzando a caminar hacia ella.

—Y si, después de todo lo que nos hiciste en el pasado, ¿Cómo quieres que te tratemos? —Lara se cruzó los brazos. Él no era tan estúpido como para intentar atacarla... Por eso estaba tan tranquila.

—El pasado es pasado, ya no soy la misma persona que fui en la guerra, Lara Harch... He cambiado más de lo que crees —aseguró Cole, sacando sus manos de los bolsillos de su pantalón, y al alzarlas, mostró su sello.

—Con que a eso viniste —dijo Lara, colocándose su guante... Al parecer él sí era bastante estúpido—. ¿Quieres que te humille como hace seis años? —jugueteó, situándose en posición de ataque.

—Veamos cuanto has progresado... Harch —soltó Cole, hundiendo su pie, con esa fuerza salió disparado hacia ella levantando un par de rocas en el camino.

 Intentó lanzar dos puñetazos que Lara esquivó fácilmente, agregándole una patada giratoria al combo que Lara pudo bloquear con su antebrazo. En el preciso instante que ella lo bloqueo, Cole concentró Energía del Alma en su puño, y atestó un golpe en el estómago de Lara, haciendo que ella intentara esquivarlo saltando hacia atrás. Ese ataque hizo que se alejara de él momentáneamente.

—Veo que al tener un Scire eres más preciso y rápido al reforzar tus golpes con energía —señaló Lara, echando un vistazo a la mano de Cole. Esta seguía cerrada.

—Tú escudaste tu abdomen con tu propia energía, eres más rápida de lo que pareces, y de lo que fuiste. —El halago de Cole vino con una sagaz sonrisa.

—Eso no es todo —dijo Lara, dando un salto hacia él

En el aire, le lanzó una doble patada. Cole esquivó el primer golpe, y luego bloqueó el segundo, tomando la pierna de Lara en el proceso, en respuesta a esta acción, Lara, usando por primera vez su guante en el combate, tocó la mano de Cole con él, y la congeló al instante, esto hizo que se zafara del agarre en su pierna, y pudiera empujarse hacia atrás, alejándose otra vez.

—¡Ah, mierda! —Cole se quejó, derritiendo el hielo con vapor expulsado de su Scire—. Por fin usaste tu as bajo la manga... Reina de Hielo —agregó, sacudiendo su mano.

—Te dije que eso no era todo —declaró Lara, acomodando su cabello. Luchar con el pelo suelto era una odisea.

—Ahora el apodo con el que te identificaban en la guerra cobra más sentido, parece que Rhys no perdió el tiempo contigo, y yo creyendo que solo eras su perro faldero. —Cole esbozó una sarcástica sonrisa—. ¿Ya no corres detrás de él todo el tiempo? Parece que luego de que se casaran dejaste de lado tu figura sumisa... Eras tan linda cuando actuabas así, no voy a negar que me volvías loco... Aunque ahora, te ves ardiente... Deja a Rhys y vente conmigo... Quizás podría satisfacerte mejor —agregó, a lo que Lara respondió con una expresión de desagrado.

—Me das tanto asco, eres un ser repugnante... Nunca llegarías al nivel de un hombre como Rhys... Te quedas pequeño a su lado —ella replicó, y su sarcasmo también quiso verse acompañado con una sonrisa—. Además, te encanta hablar de más... No recuerdo haberte escuchado burlarte de mí cuando te di esa paliza. —Lo miró seriamente.

—No infravaloré tu fuerza en ese momento, pero tal como dije antes, Rhys también te ayudó aquella vez, nunca pudiste hacer nada sola... Ni siquiera salvaste a tu padre de su muerte inminente.

Esas palabras quedaron en el aire unos segundos. Cole sonrió cuando vio los ojos de Lara agrandarse, y su ceño fruncirse, ella estaba envuelta en furia.

Sin responder nada, Lara comenzó a correr hacia él lanzando puñetazos que Cole esquivaba fácilmente. La calma la había abandonado, y comenzó a golpear más fuerte y rápido, dificultándole cada vez la defensa a Cole.

 Luego de que Cole ya no esquivara suficientes golpes, y comenzara a bloquearlos, Lara creó unas nudilleras de hielo con púas, golpeando el antebrazo de Cole y causándole una herida. Sin parar, y al ver que Cole ya no usaba su brazo izquierdo, golpeó sus costillas, enterrando las púas, vio que Cole no reaccionó, y notó que esté había parado de esquivar golpes. Cuando alzó su mirada hacia él rostro de él, vio una sonrisa, y sin darse cuenta que había quedado desprotegida recibió un gancho de este que la hizo caer al suelo, ya en el suelo, Cole intento golpearla con una patada que Lara bloqueó con la rodilla e impulsándose con sus manos respondió al ataque de Cole con una patada desde el suelo que impacto sobre la herida en sus costillas que ella había causado con anterioridad, haciendo que Cole retrocediera y cubriera el corte, que no paraba de sangrar, con su mano.

—Que sea la última vez que menciones a mi padre... Si lo haces de nuevo, déjame decirte que esa herida que te causé en el abdomen se verá como un raspón comparado con tu cuerpo entero.

Esa amenaza no era intimidante en sí, intimidante era el tono de voz, y el rostro de Lara en el momento el cual la hizo. Ella estaba irreconocible.

—Parece que te enojaste, no pensé que podrías herirme siquiera, creo que te subestimé, Lara Harch... No me gusta halagar a Rhys, pero debo decir que hizo un buen trabajo contigo, aun así, esto ni siquiera es mi verdadera fuerza.

Cole se alzó unos centímetros del suelo. Pero la sorpresa de parte de Lara vino cuando de su espalda salieron dos sombras puntiagudas que parecían tener vida propia.

—Ja, con que controlas las sombras, obviamente alguien que con un Scire podría hacer algo por el estilo.

—Así es, comienza a rezar, Lara Harch. —Alzó su mirada, y clavó en ella—. Porque aquí se termina todo —aseguró, moviendo su mano, y dirigiendo las sombras hacia Lara.

Lara comenzó a esquivar las sombras, intentando apartarse lo suficiente de la luz del sol, para que estas ya no surtieran efecto, pero desgraciadamente se encontraban en un lugar casi sin árboles.

 «Tendré que crear una sombra yo misma», pensó, cuando tocó el suelo y levantó parte de la tierra, creando una pared lo suficientemente alta para que bloqueara la luz del sol que llegaba hacia ese lugar.

—¡Wow! Bloqueaste la luz del sol —Cole festejó, irónicamente—. Lástima que el fuego también ilumina —dijo, encendiendo un anillo de fuego alrededor de ellos que hizo volver la luz.

«Maldita sea», maldijo Lara, levantando sus palmas y creando un vórtice de aire sobre ellos, a eso le sumó una salida de agua que se dispersó por todo el lugar mediante el vórtice, apagando todo el fuego.

—¿Eso era todo? —preguntó Lara comenzando a jadear. Todo eso la hizo utilizar demasiada energía, sus reservas eran tan bajas que cuando algo así sucedía comenzaba a cansarse muy rápido.

—No esperaba que hicieras una estrategia así de rápido, pero parece ser que esa corriente que creaste te consumió mucha energía, tus reservas ya disminuyeron bastante, no creo que puedas seguir usando esos trucos por mucho más tiempo —aseguró Cole, lanzando un ataque hacia la pared que Lara había creado, destruyéndola totalmente—. Y sí, eso era todo, Lara... Ahora es momento de que este combate llegué a su fin... Esta vez en serio —agregó, comenzando a mover las sombras de nuevo.

—Así es, es momento de que llegue a su fin.

Cole paró su movimiento al escuchar una voz a sus espaldas, esta venía acompañada de unos pasos que sonaban fuerte en el terreno.

—Vaya, tenemos un espectador, ¿Te está gustando el combate? —preguntó Cole, dándose vuelta.

—El combate estaba entretenido, pero cada vez que abres la boca lo arruinas, imbécil —respondió Mya, siguiendo su camino.

Sin irresolución, pasó al lado de Cole, él la miró de reojo, pero no la atacó, nadie estaba tan loco para hacer eso sin tener un contrataque ya preparado, era mejor prevenir.

Mya caminó lentamente hasta pararse al lado de Lara, y estirando su mano delante de ella, dejó en claro que había llegado para protegerla.

—Oh, ¿Y tú quién eres? No pareces ser más que una mocosa habladora —dijo Cole, mosqueado con su presencia.

—Soy Mya Draghi, no creo que me conozcas, pero tampoco quisiera que lo hagas, me caes mal, además, lastimaste a Lara... Y si haces eso, automáticamente te conviertes en mi enemigo —proclamó, con un frío y tajante tono de voz.

—Una más... Es gracioso que tengas el ímpetu de venir y enfrentarme, muy valiente, ¿Quieres acabar igual que Lara?

—¿Como Lara? Por lo que yo estaba viendo hace un momento, ella te estaba humillando. —Mya lo miró, haciéndose la confundida—. Quizás estaba espectando otra pelea.

—Parece que tienes un problema en la vista entonces —dijo Cole, alzando sus sombras de nuevo—. Quizás puedas ver esto —agregó, dirigiéndolas hacia Mya esta vez.

 Mya, sin moverse, esperó las sombras de Cole. Cuando llegaron a ella alzó su mano, y con sólo un movimiento basado en un chasquido de dedos, dirigió una intensa luz hacia ellas haciendo que perdieran su forma, y volvieran a Cole.

—Gracias a esta habilidad de fuego puedo desintegrar tus sombras, funciona tal como una granada de fogueo... Puedes intentarlo cuantas veces quieras, puedo darte muchas demostraciones —explicó Mya, con una flama en su mano—. No me subestimes, dulzura... Soy mucho más fuerte de lo que parezco —añadió, con arrogancia.

—Con que tú también puedes usar Energía del Alma —manifestó Cole, desactivando su sello, ante esto, sus sombras desaparecieron también—. Ya se me pasó el tiempo peleando con Lara, y no creo que sea el momento de pelear contigo, nos encontraremos en otro momento, Mya Draghi —agregó, y desapareció frente a ellas.

—Que cobarde, huyó —maldijo Mya, dándose la vuelta—. ¡Lara! ¿Estás bien? —La preocupación por Lara en ese momento era mayor.

—Sí, estoy bien, sólo que me cansé mucho peleando contra ese tipo —respondió Lara, casi cayéndose por no poder mantenerse de pie.

—Ten cuidado —dijo Mya, tomándola de la cintura y sosteniéndola.

—Gracias Mya, si tú no hubieras aparecido, no sé si hubiese podido enfrentarlo más tiempo.

—Parece muy fuerte, esa habilidad de sombras la vi antes, ¿Es la misma que uso Rhys una vez, cierto? Es condicionada.

—Si, él también tiene un Scire, eso quiere decir que tenía más habilidades que no quiso usar por alguna razón, con mis bajas reservas de Energía del Alma tener un combate a largo plazo con él habría llevado a mi derrota.

—Aun así pudiste manejar la situación bastante bien, hasta lo heriste y lo hiciste retroceder muchas veces, ¿Él es el tipo que atacó a Vlas? —preguntó Mya, a lo que Lara asintió—. Eso tiene aún más mérito, eres fenomenal Lara. —Expresó una gran admiración en su halago.

Lara era, para Mya, la mujer más fuerte y admirable que conocía. Cuando años atrás Rhys pretendió hacerse cargo de ella, su desconfianza con los hombres la llevó a negarse rotundamente. Tan así que incluso lo atacó varias veces para que se alejara de ella. Diferentes sucesos en su vida confluyeron en que ella no fuera capaz de confiar en las demás personas, y no era capaz de confiar en nadie porque hasta eso se le había quitado. Rhys insistió, no paró de insistir, por mucho tiempo, hasta que comprendió que el problema no era ella, sino él... Ahí fue cuando Lara entró en escena.

Esa mujer elegante que un día hizo presencia frente a ella era hermosa, Mya se sintió hasta atraída por ella. Incluso ni siquiera recordaba que fue lo primero que ella le dijo, porque frente a su belleza no pudo reaccionar. Con el tiempo entendió la situación muy bien. Ella era la esposa del chico lindo que insistía con que ella formara parte de su «equipo». No era como él, ella realmente le daba confianza, la trató como a alguien más, no insistió, le dio la posibilidad de elegir, fue mucho más humana que todos aquellos que la trataron como basura, y le quitaron la capacidad de confiar que la llevó a no ver las verdaderas intenciones de Rhys.

No pudo evitar asemejar la figura de Lara con la de su madre, esa forma de tratarla, de hacerla sentir segura, esa forma de demostrarle que no estaba sola.

Ella se unió al equipo por Lara, se unió al equipo por lo que ella fue capaz de hacerle sentir. Se unió al equipo para, además de pelear por ella y su hermana, pelear por Lara. Esa mujer que la había ayudado más que nunca cuando estaba perdida, esa mujer que le dio la mano cuando el mundo entero le dio la espalda. A Lara le debía mucho, por eso la protegería toda la vida. Como en ese momento. La confianza que había tomado con el paso del tiempo fue consecuencia de las palabras que ella le dijo el día que se conocieron: «No pretendas que los demás crean en ti si antes no eres capaz de hacerlo tú misma... No tienes que demostrarle nada a nadie, solo a ti... Y a lo que tú quieres ser».

Nada a nadie... Solo a ella misma, la única persona que viviría su vida. Allí fue cuando decidió su camino... Un propósito claro y una meta firme respaldadas por su personalidad... Además, si ella no podía sola, aun con todo lo que había logrado, ellos estarían ahí, a su lado, apoyándola más que nunca... Fue gracias a su propia confianza que consiguió las confianza de ellos, no los iba a perder, porque si los perdía... Se perdería a ella misma.

—Gracias, pero, ¿Podemos dejar los halagos para más tarde? Por favor, llévame con Rhys —pidió Lara, apoyando su mano en el hombro de la chica.

—Oh, claro —dijo Mya, ayudándola a levantarse—. Ven, toma mi mano —agregó, afianzando su brazo aún más a su cadera.

—No creo que pueda caminar así —dijo Lara, parando—. Casi no siento mis piernas —agregó, recostándose más a Mya. Ella notó que sus piernas estaban temblando.

—No creo que sea necesario que te lleve —indicó Mya, sintiendo una gran cantidad de energía acercándose al lugar. Cuando alzó su mirada, apreció como Rhys aterrizaba frente a ellas

—¡Lara! —el gritó de Rhys fue retumbante. Al Mya mirar su rostro, divisó la preocupación haciendo presencia en él—. ¿Qué te sucedió? —preguntó corriendo hacia ella. Apenas llegó tomó su mano.

—Peleó con un tipo poderoso, y usó casi toda su energía —explicó Mya, dejando a Lara en brazos de Rhys.

—¿Un tipo poderoso? —preguntó Rhys, confundido.

—Sí... Cole —respondió Lara, recostándose a Rhys 

—¿Eh? ¿Cole? ¿El mismo Cole que conocemos? —preguntó anonadado. Su preocupación se había desvanecido ante la incredulidad.

—Si, dijo que quería hablar contigo, pero que tú te lo hubieras tomado a mal por lo que pasó con Vlas, y luego tuvimos un breve combate... Pude herirlo, y contenerlo por un tiempo, pero usé demasiada energía y ya no me quedan fuerzas —explicó Lara—. Por suerte llego Mya y evitó algunos ataques haciendo que Cole se fuera —agregó señalándola.

—¿En serio fuiste capaz de herir a Cole? —preguntó Rhys, con una sonrisa—. Esa es mi chica —agregó, levantándola en sus brazos.

—¿Puedes llevarme hacia tu casa? Necesito descansar —pidió Lara.

—Si, es lo que haré —dijo Rhys, activando su sello— Ey, Mya... Gracias por esto, si no hubieras llegado no sé qué habría pasado —asintió, dirigiendo su mirada a la chica.

—Por nada, cuida a Lara y tengan cuidado, ese imbécil no quedó tranquilo —advirtió Mya.

—Quédate tranquila... Soy Rhys, conmigo no se hará el fuerte, por algo atacó a Lara y a Vlas antes de ir a por mí... En ese caso ten cuidado tú, ya te reconoce y puede que intente atacarte como hizo con Vlas y Lara.

—Ten por seguro que no saldrá ileso si llegara a atacarme, aunque en lo posible intentare evitar cruzármelo.

—Mejor así, nos vemos después —apenas dijo eso, Rhys notó que Lara había caído dormida—. Vaya, al parecer realmente fue algo agotador para ella —señaló, entre risas.

—Admiro la valentía de esa mujer, incluso sabiendo que él era más fuerte que ella y con una notable desventaja como lo es su baja cantidad de Energía del Alma, se plantó ante él y le dio pelea —indicó Mya.

—Nadie la volverá a lastimar de nuevo —aseguró Rhys, apretándola contra su pecho.

Estaba furioso, por más que Lara fuera capaz de defenderse y cuidarse sola, había personas más fuertes que ella capaces de dañarla demasiado... Capaces de incluso, arrebatarle la vida. Aunque esquivó ese pensamiento rápidamente, él sabía que mientras su presencia estuviera con Lara nunca sucedería algo así... Pero antes de todo eso, debía acabar con las amenazas, pero no podía comenzar a tomar decisiones, ya que la elección de Vlas era demasiado valiosa en lo que a su futuro asediaba. Todavía tenía que protegerlo a él de su padre antes de proteger a los demás, por ello llamó a Kit, Dean y Mya, ellos le daban seguridad y confianza en Remia, tal como se la dieron en Fons.

Dean se iba a hacer cargo de cuidar a Leah, Mya no dejaría que nadie tocara a Lara, y Kit era aquel que lo informaba y recorría Remia en busca de amenazas externas. Ellos sí que eran útiles y leales, a tan solo un día del suceso más importante de su vida ellos todavía lo ayudaban a sobrellevar la presión.

—Debería irme, Vlas está solo en la casa... Kit y Dean se encuentran en lo de Leah, puedes ir ahí... En la noche quizás los necesite a los tres... ¿Entendido? —preguntó, elevándose lentamente.

—Entendido Rhys, nos vemos luego —se despidió Mya, antes que Rhys desapareciera junto con Lara—. Ten cuidado por favor.

 

Mientras tanto...

 

VLAS

 

 Zenda y yo... Comenzamos a salir. Luego de ese pequeño accidente que tuve decidimos no perder más tiempo tratándose de nosotros. Iba a durar poco tiempo, pero ella lo pidió así, y yo prometí ayudarla a cumplir su deseo. Comprendía principalmente a lo que ella se refería con: «Estar juntos». También comprendía que lo hacía por mí. Quizás la persona que prometió no romperle el corazón fui yo, quizás la persona que más sufriría nuestra separación iba a ser yo, quizás... Solamente quizás, nunca en mi vida la iba a superar... Sólo quizás. Suponer era demasiado cuando del destino se trataba. Nunca pude suponer lo que nos estaba por suceder, nunca pude ver en mi vida una pisca de tragedia después de lo sucedido con Demian, me convencí a mí mismo de que no era capaz de volver a sufrir, porque ella iba a estar a mi lado... Supuse mal.

 Igualmente, ella insistió, quería que, al menos, lo nuestro si haya significado algo, y que no todo quedara en la nada. Ponerle etiquetas a lo que yo sentía por Zenda nunca se me hizo necesario, pero tampoco nunca se me hizo fácil. No sabía que quería de ella, no sabía si quería que siguiera siendo mi amiga, no sabía si quería que fuera mi novia, no sabía si iba a terminar siendo mi esposa... No sabía nada, porque suponer ante eso, también era demasiado.

 Yo pretendía dejar que todo siguiera su curso, permitir que mi vida con ella no sufriera de altercados innecesarios, dar rienda suelta a los sentimientos, porque eso fue lo que ella me enseñó a hacer... Pero dejarle ese trabajo al tiempo no funcionó, porque al final, todos nuestros sueños se desmoronaron al chocar contra esa pared llamada destino... ¿Qué carajos era eso? ¿Qué mierda significaba que tenía que permitir que mi destino me quitara la oportunidad de ser feliz? ¿Por qué tenía que hacerlo? ¿Por qué tenía que ser miserable ante este? ¿Por qué no podía pelear contra él?

 Porque no iba a ganar.

 «A veces no tenemos control sobre el destino, y no podemos hacer nada más que ceder ante él».

 Cuando le pregunté a mi hermano por qué nosotros estábamos destinados a sufrir, sólo eso me respondió. Yo sabía que Rhys no me quiso hacer una broma, ni dar una respuesta vaga, solamente, no sabía por qué... Y ahí fue cuando comprendí todo... Si ni siquiera Rhys pudo contra «eso»... ¿Cómo iba a poder yo? Si no tenía ni causa para acabar con la consecuencia, y la consecuencia ya era inevitable.

 Con esa idea en mi cabeza, hice caso omiso al tiempo, hice caso omiso a que, después de todo, no tenía sentido encasillar lo que sentía por Zenda en algo... Hice caso omiso a que nuestra historia iba a concluir pronto, por eso la ayudé... Y le contamos a su familia. 

 Primero fue Kora: «Yo lo sabía, siempre lo supe... Espero sean felices juntos chicos, son el uno para el otro».

 Luego sus padres: «Siempre apoyaremos tu felicidad Zenda... Solamente pedimos que no la lastimes, Vlas».

 Nadie, nadie era capaz de entendernos, pero con Zenda nos pusimos de acuerdo en no hacerlos sufrir antes del apremiante suceso que haría de la vida de todos... Dolor.

Por eso, solo podíamos estar nosotros dos juntos... Frente al inminente final. Frente al destino, frente a la muerte... «Nada nos separará jamás». Ya estaba cansado de suponer, así que dejé de hacerlo... Y solamente me dejé llevar, como Zenda hubiera querido.

 

Remia, Crystel, Residencia Allen - 30 de Junio - Año 525

 

—Adiós, nos vemos mañana —Zenda se despidió de su familia al salir de su casa.

Vlas, recostado en la pared frente a su puerta, alzó la mirada cuando la escuchó cerrarse, pero esa forma de despedirse le hizo ruido en su cabeza... «Nos vemos mañana».

Ella acababa de mentir.

—¿No te despediste de Kora? —preguntó Vlas, notando la sonrisa en su rostro. No debió hacer esa pregunta, porque cuando lo hizo esta desapareció al instante—. No es necesario que respondas eso. —Evadió la charla sentimental que esa pregunta iba a desatar, no quería angustiar a Zenda, otra vez.

—No pasa nada, puedo explicarlo... No lo hice porque si lo hubiera hecho tendría que haberle explicado todo, y eso llevaría a muchas cosas... Y ella lloraría, mis padres también, y como ya te dije, aunque luego de todo esto sufran... Quisiera que lo último que pueda ver de ustedes sea una sonrisa —respondió, comenzando a caminar por el pasillo hasta las escaleras.

Vlas entendió su punto, no respondió nada, era exactamente lo que él pensaba. Sin moverse, la vio pasar a su lado. Aunque ella intentaba ocultarlo, su tristeza era tan obvia, demasiado, el contraste que esta producía a causa de la verdadera personalidad de Zenda lo hacía percatarse de eso.

Comenzó a caminar detrás de ella en silencio, con su cabeza baja y su mente en blanco. A veces se le hacía difícil darse el permiso a sí mismo para actuar. Odiaba estar acostumbrado a, incluso estando con ella, ser demasiado reservado en sus emociones. Pero ella era capaz de todo, por eso la salvación vino con una risa haciendo presencia en su cabeza... Él alzó su rostro, y era ella.

—¿Qué sucede? —preguntó, con curiosidad. Quería saber la razón por la cual ella reía.

—Esa fue la última vez que vi a Kora... Y sólo le dije: «Pásame la chaqueta»... ¿Qué fue eso? —respondió, sin parar de reír.

—¿Y por qué ríes?

—Para no llorar... Porque no quiero tener este sentimiento en mí, no quiero que el último día de mi vida se base en la tristeza... Por eso me intento convencer de lo contrario.

—Te comprendo... Yo tampoco quiero llorar el día de hoy... Porque no te quiero angustiar.

—No me vas angustiar, sólo siento que estoy siendo una gran egoísta, mentirosa y capaz de lastimar a las personas que ama solamente por el miedo a quedarse sola, y morir sin motivo... Únicamente quiero que el mundo gire en torno a mí por un día, Vlas... Por mi último día.

Vaya, así que eso era lo que ella realmente sentía.

No podía esquivar sus emociones, Zenda no era capaz de mentir, él sabía que estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para conseguir no llorar, para no sentirse miserable o perdida. Ella no fue capaz de decirle a su hermana ni a sus padres, no fue capaz de al menos, permitirse un adiós... Porque al saber que no podía esquivar sus emociones también sabía que no iba a salir adelante luego de eso.. No iba a poder morir, no iba a poder darle su vida a Vlas... Y se terminaría quedando sola, era contraproducente, pero era lo que ella quería, y solamente había alguien que podía estar para ella en ese momento.

—Si tú eres una gran egoísta, yo también lo soy... Si tú eres una mentirosa, yo también lo soy... Si tú eres capaz de lastimar a las personas que ama por miedo a quedarse sola y morir sin motivo... Yo también lo soy... Estamos juntos en esto, Zenda, no estás sola, nunca lo estuviste, ni lo estarás... Cargaremos con esta mentira hasta el final, porque si esta mentira nos da felicidad... ¿Qué podemos hacer? Seremos mentirosos sin importar lo que nos rodea... Por una vez en la vida, sólo pensemos en nosotros, Zenda... Nos lo merecemos.

Ella entendía lo que Vlas quería decir. Ella siempre fue inocente, sincera, incapaz de hacer lo que en ese momento estaba haciendo. Pero incluso con la fragilidad de su mentira, no pensó que fuera capaz de hacer algo más, extrañamente, la vio como la única opción, la única opción de no resignarse ante su deseo, la única opción de dejarse caer en el mar sin sentirse ahogada... No respirar, no desesperarse, no abrumarse... Sólo caer, caer y caer, hasta que ya no tuviera forma de volver. Hasta que ya no pudiera nadar de nuevo a la superficie.

 Ese mar se veía inmenso, azul y brillante, reflejaba un cielo infinito, un cielo cercano, que se alzaba sobre ella con grandeza, la invadió la serenidad. Una serenidad anhelada, la calma en el culmen de un alma. Quizás su pasado, presente y futuro debían confluir y acabar ahí, entre los recuerdos más felices de su vida, sabiendo que tenía a Vlas, a su hermana y a sus padres todavía con ella, sabiendo que aunque se fuera... Ellos de todas maneras iban a ser felices y la iban a recordar... ¿Cierto?

—Eres mi cómplice —dijo ella, soltando una ligera risa. Se sintió nerviosa, incluso melancólica.

—Siempre lo fui —respondió Vlas, acercándose a ella. Él le dio un abrazo acariciando su cabello en el proceso. Ella cerró sus ojos y se dejó caer en los brazos de Vlas, apoyando su cabeza en el pecho de su novio—. ¿Puedo hacerte una pregunta?

—¿Qué? —preguntó Zenda, quedándose en su lugar.

Su pregunta apenas se escuchó.

—¿En serio no le dirás nada a Kora?

—Si, claro que lo haré... No la dejaré sola sin explicaciones —respondió metiendo su mano en su bolsillo. Vlas bajó la mirada hasta divisar su movimiento, al parecer ella no tenía nada ahí—. Oh, cierto, está en mi cartera... —rio, buscando en esta—. Todo lo que tengo para decirle lo escribí aquí —añadió, sacando un sobre de papel

—¿Una carta? —Vlas la apreció con extrañeza.

—Si, toma, quiero que se la des en mi funeral —dijo Zenda, entregándosela.

Ella abrió su mano y la dejó ahí. Vlas dudó en aceptarla.

—¿Segura? No quiero que se lo tome a mal, y que me odie cuando sepa que yo siempre supe todo y nunca se lo conté ni hice nada para evitarlo —dijo, dejando en evidencia su inseguridad.

—Quédate tranquilo —respondió Zenda, tomándolo de las manos—. Ahí explico perfectamente lo que yo quiero, Kora entenderá y sabrá que tú hiciste lo posible para que esto no fuera así, pero era inevitable —agregó, alzando su mirada hacia los ojos de Vlas.

Ese accionar de ella, le dio algo de tranquilidad.

—Entiendo, se la daré —aceptó Vlas, tomando la carta. Y guardándola en su bolsillo.

—Necesito que me prometas algo más —pidió, sin soltarle las manos. Luego de guardar la carta, Vlas alzó su mirada otra vez, y asintió ligeramente esperando la cuestión—. ¿Lo harías?

—¿De qué se trata?

—Quiero que cuides a Kora.

Ya se la veía venir.

—¿Qué la cuide? —preguntó Vlas— ¿De qué forma?

—Conozco lo suficientemente bien a Kora como para darme cuenta de sus sospechas a que algo está pasando... No puedo decirle esto, ya te lo expliqué, pero sé que ella será quien más sufrirá luego de que todo pase... Me duele mentirle, pero no tengo otra opción... Lo que quiero que hagas es que estés con ella en esos momentos, no es necesario que la consueles ni nada por el estilo, sólo quiero que ella sepa que tu estas ahí, que aunque yo ya no pueda estar para ella, sepa que nunca estará totalmente sola.

—No estoy muy seguro, creo que debería alejarme de ella después de todo esto, no quiero seguir haciéndola sufrir luego de que tú no estés.

—Sólo quiero que la cuides, que la protejas para que nada malo le pase, no necesitas estar cerca de ella para eso, puedes estar del otro lado del universo, pero cuando prometes cuidar a alguien, no importa donde sea que estés, siempre estarás ahí —dijo Zenda, de nuevo asediando con su mirada los ojos de Vlas.

 El brillo de sus pupilas encantó a Vlas, y entendió que Zenda le estaba pidiendo algo que sabía que ella no podía hacer.

Zenda no quería ver a su hermana en peligro, o sufriendo, y sabía que si ella no estaba, Vlas podía hacer ese trabajo. Su único pendiente en el mundo que dejaba atrás era no poder despedirse de su hermana, ella sabía lo duro que era vivir en una mentira, y se arrepentía de no poder haberle contado todo a Kora, por esa razón dejaría todo lo que tenía para que ella no sufriera, y viviera en paz, ella sabía que Vlas entendía sus petición, pero también se ponía en el lugar de él.

Vlas no quería seguir lastimando a Kora, ella era muy importante en su vida, poseía un sentimiento muy intenso en base a ella, y esa preocupación era genuina, no quería seguir quitándole felicidad cuando le había quitado la mitad de su mundo, aun así, sería egoísta dejarla de lado y no apoyarla en esos momentos, entendía lo que tenía que hacer, mas no quería seguir equivocándose... Estaba entre un ser o ser.

—Lo haré... Te lo prometo, linda —se decidió, con una sonrisa.

—¿En serio? —preguntó Zenda, dejando salir su emoción.

—Quizás no seamos muy sinceros con nuestros sentimientos, pero ambos nos queremos mucho, y la aprecio más de lo que parece... No voy a permitir que corra peligro o que se sienta sola nunca, si me necesita ahí estaré, si quiere que me aleje también lo haré, pero nunca permitiré que algo malo le suceda... ¿Me crees?

—Claro que lo hago, Vlas... Gracias —agradeció Zenda, dándole un abrazo.

Vlas se quedó en su lugar. Apenas movió sus brazos para responder ese abrazo.

Proteger a Kora, en muchas maneras, significaba más de lo que Zenda pretendía. Porque él no la quería proteger solamente por el pedido de Zenda, quería protegerla porque la quería, porque conocía las consecuencias de lo que estaba por suceder, por él. Y más allá de todo, por Kora. Porque no quería, al igual que a su hermana, arrebatarle su futuro.

 «Prefiero morir antes que lastimarlas otra vez».

 

Mas tarde...

 

Remia, Crystel, Apartamento «104» - 30 de Junio - Año 525

 

 Mya tocó el timbre del apartamento apenas llegar. Esperó algunos minutos hasta que escuchó algunos pasos acercándose a la puerta, y al final se abrió. Era Kit.

 —Ey Mya, no nos vemos desde lo sucedido en el hospital, ¿Qué haces por aquí? —preguntó este con simpatía.

 —¿Qué tal, Mr. K? ¿A ti también te envió Rhys aquí a esperar hasta esta noche? —preguntó Mya.

 —Sí, ¿Pasas? Dean y Leah están dentro —preguntó, dejándole paso.

 —Sí, claro —respondió Mya, entrando a la casa—. ¿Se enteraron lo de Lara? —preguntó, mientras caminaba por el pasillo que llevaba a la sala de estar, Kit iba detrás de ella.

 —Hace un rato recibimos el llamado de Rhys, nos dijo que tengamos cuidado, pero este lugar es impenetrable por donde sea, hay un sello barrera alrededor del edificio —explicó Kit.

 —¿Él lo colocó?

 —Lo hizo a distancia, desde su casa.

 —¿Eh? ¿Es eso posible? —preguntó Mya sorprendida.

 —Rhys hace posible lo imposible —respondió Kit, cuando ambos llegaban a la sala.

 Mya entró y vio a Dean y Leah jugando cartas. Al parecer ambos se encontraban tranquilos, ya que reían mientras jugaban.

 —Por cierto, no le digas nada a Leah sobre lo sucedido con Lara, Rhys nos pidió expresamente que no la preocupemos.

Mya apenas escuchó lo que Kit susurró en su oído.

 —Entiendo —asintió, mirándolo de reojo.

Él sonrió.

 —Necesito que la distraigas unos minutos, quiero hablar con Dean sin que ella sospeche que algo malo está sucediendo... ¿Puedes? —preguntó, sosteniendo su mirada.

 Mya no respondió nada, pero asintió con firmeza.

 —Chicos, llegó Mya —avisó Kit, adelantándose a ella.

Dean y Leah dejaron de lado su juego y alzaron sus miradas.

 —Ey Mya —Leah la saludó, sonriente como siempre.

 —Hola chica, ¿Ahora te estás quedando aquí? —Mya caminó hacia ella, y se sentó a su lado—. ¿Te cortaste el cabello? Te queda hermoso —declaró, señalando el cabello de la chica.

 —Gracias Mya, creí que era momento de cambiar de peinado, estuve a punto de pintarlo también, pero no encontré ningún color que me gustara —respondió Leah, con cierta modestia.

 —No es necesario, así está perfecto, el tinte de cabello casi siempre arruina el color original, y tu rubio es hermoso, de hecho, me gusta más ese color que el mío.

 —Aunque ambas podemos admitir que el de Lara es el más hermoso —dijo Leah, riendo.

 —Tienes razón en eso —complementó Mya, también riendo.

 Kit notó lo rápida que había sido Mya para quitar a Leah del eje de la situación. Ella la mantendría alejada de los problemas mientras ellos se organizaban para la tarea de esa noche.

 Aprovechando el accionar de Mya, se acercó lentamente a Dean y le tocó el hombro. Él se percató de esa sensación y alzó su rostro, Kit le pidió silencio con un dedo sobre sus labios y con un ligero movimiento de cabeza le señaló la salida.

«Sígueme», entendió Dean cuando leyó sus labios.

 Dean hizo lo propio y se puso de pie, ambos abandonaron la sala con rapidez, Leah y Mya todavía seguían entretenidas en su charla, por suerte ella pudo comprender su pedido y le dio algo de ayuda, porque por más que Leah fuera una chica capaz de entender la situación, era vulnerable a muchas cosas, y la seguridad de Lara era una de esas, no iba a dejar que la intranquilidad la invadiera ante un suceso aislado del que Rhys ya se había hecho cargo.

 —¿Qué pasa? —preguntó Dean, mientras ambos caminaban por el pasillo.

Kit no le había dado más respuesta luego de pedirle que lo siguiera, y la curiosidad lo invadió.

 —Dunch... Es el lugar, ya salieron las noticias, ahí caerá el ultimo asteroide, los militares están evacuando la ciudad, cuando esta esté vacía debemos estar ahí, Rhys considera que eso sucederá antes de la medianoche... Ya que después de esa hora sucederá el séptimo impacto —explicó Kit al ambos llegar a una habitación lo suficientemente alejada de la que estaban Leah y Mya.

 —Dunch está a tres horas, ¿Nos dará el tiempo para llegar antes de la media noche? 

 —Si, pero deberíamos partir temprano, ¿Qué hora es?

 —5:30 p.m —respondió Dean, mirando su reloj.

 —A las 8:00 p.m deberíamos salir... Es mejor estar temprano, por si sucede cualquier tipo de altercado que impida desempeñarnos con libertad.

 —¿Y qué haremos con Leah? ¿Es seguro dejarla sola aquí un día como hoy? Y más sabiendo todo lo que ha sucedido estos últimos días —preguntó Dean, dejando salir su preocupación.

 —Ella estará bien... Rhys es precavido, y si hay a alguien a quien ha estado protegiendo todo este tiempo es a Leah, mientras tenga su sello activado nadie podrá acercarse a ella.

 Dean escuchó las palabras de Kit y un poco de tranquilidad vino hacia él.

 —¿Mya vendrá con nosotros? —preguntó ilusionado.

 —Ella es la más fuerte... Debe venir con nosotros —aseguró Kit—. Aunque tú no te quedas atrás, si tan solo tuvieras más resistencia, cuando aprendas a usar tu energía con más eficiencia te volverás imparable... Nadie tiene una habilidad como la tuya —añadió desarmándose en halagos hacia su amigo, quien lo miraba con una gran sonrisa de agradecimiento.

 —Como si tu fueras débil, Kit... Tu habilidad también es potencialmente invencible, y con la cantidad de energía que tu posees, eso te deja en un lugar superior al de los demás —respondió Dean, dejando un rastro de admiración en sus palabras.

 —Por algo Rhys confía tanto en nosotros, ¿Cierto?

 —Cierto... Y yo confió en él más que nada en este mundo, entregaría mi vida las veces que sean necesarias si él me lo pidiera —aseguró Dean, con determinación.

 —¿Tú crees que algún día todo esto se va a acabar?

 —¿De qué manera?

 —Yo también confió mucho en Rhys, y tengo fe ciega de que lo logrará, pero eso no significa que al final estará ahí con nosotros, ¿Podremos seguir sin él?

 —Creo que eso es lo que él pretende... Para eso nos entrenó, ¿Cierto? Para que nos valgamos por nosotros mismos en este mundo, esté o no esté él.

 —Lo sé, pero no era eso a lo que me refería, si sucede eso, ¿Qué haremos cuando ya no esté?

 —Seguir adelante supongo, Rhys significa mucho en mi vida, pero no es lo único que hace presencia en ella, debo cuidar a Cassie y darle un futuro con muchas posibilidades, en el que sea capaz de superarse a sí misma, sin importar todo lo que haya sucedido en su pasado... Todo lo que hago es por ella, por eso mismo estoy aquí ahora, apoyando a Rhys, porque él me dio esa seguridad, nadie más lo ha hecho, y por el futuro de mí y de mi hermana lucharé a su lado siempre —declaró Dean.

 Kit bajó su mirada algo desilusionado con él mismo, si tan solo tuviera un mínimo de la determinación de su amigo, quizás su vida obtendría algo más de sentido, quizás no tendría miedo de seguir adelante solo... Quizás ni siquiera necesitaría buscar tanto en su pasado inexistente.

—¿Y «eso»? ¿Sigues con esa idea en tu mente? —preguntó Kit con cierta prudencia.

Él sabía que a Dean no le gustaba hablar sobre la muerte de su padre, y menos sobre lo que tenía pensado hacer para quitarse el peso que esta le había dejado encima. Aunque admiraba la determinación de su amigo, nunca apoyó ese deseo, porque lo apreciaba demasiado como para aguantar verlo hundirse en la oscuridad de esa manera.

 —Mas que nada... Necesito estar en paz, Kit... Necesito quitar de la cabeza esa idea de que no puedo hacer nada por mí mismo... ¿Tu estarás ahí luego de que eso pase, cierto? No quisiera perderme en el camino, no quisiera lastimar a Cassie por algo de lo que ella no tiene la culpa... Dime que estarás ahí, que no me dejarás solo —pidió Dean, mirando a su amigo a los ojos, con súplica.

 —Claro que estaré ahí, Dean, aunque no es una idea que apoye en su totalidad, no soy nadie para impedirte hacerlo, no entiendo tu dolor, y no sé lo que pensaría si estuviera en tu lugar, probablemente me sentiría igual... Pero eso no quita que siempre serás mi mejor amigo, caemos los dos o ninguno, nunca te dejaré solo —respondió Kit, con una sonrisa.

 Conoció a Dean luego de unirse al equipo de Rhys. En esa época apenas tenía dieciséis años, la guerra había terminado y él vivía en la calle, hasta que Rhys apareció y lo salvó. Dean ya formaba parte del equipo de Rhys hacía meses, en ese tiempo él era muy distinto al Dean actual, era irascible, desconfiado, y violento. Inclusive tuvieron una pequeña pelea el primer día que se encontraron a causa de un altercado sobre el lugar que Dean ocupaba. Rhys los separó ese día, pero era muy difícil que ellos se llevaran bien, siempre tenían una que otra discusión. Hasta que Mya llegó.

Ella era peor que Dean cuando de malhumor se trataba, y también era más fuerte que ambos, tuvieron que unirse para que ella no los pasara por arriba, y ahí fue cuando se hicieron muy amigos, les encantaba molestar a Mya juntos, consiguieron una buena química, y cuando el entrenamiento con Rhys comenzó, ambos avanzaron mucho, en ellos, en su amistad y en sus habilidades.

 Mya se les terminó uniendo, ellos sabían que lo haría tarde o temprano. Los tres se hicieron amigos muy íntimos. Unidos por la admiración y lealtad hacia Rhys, y el anhelo de seguir adelante buscando cada uno su identidad venciendo los fantasmas del pasado. Los tres conocían el conflicto interno de cada uno, aunque Kit siempre se sintió algo diferente a ellos, la búsqueda hacia su identidad era totalmente inversa a la de ellos, no predominaba la venganza, ni la tragedia, era más que nada esperanza y melancolía. Pero aunque fueran tan diferentes a él, eran sus amigos, y tal como se lo había hecho saber a Dean un montón de veces, también se lo había hecho saber a Mya. No importaba nada de lo que sucediera en sus vidas, él los iba a apoyar siempre, porque sabía que ellos también lo harían... Si así fuera con él.

 —Eres mi mejor amigo, Kit, sabes lo mucho que te quiero, ¿No es así? —preguntó Dean, respondiendo a la sonrisa de Kit.

 —Claro que lo sé, chico... Yo también te quiero mucho —respondió Kit, pasando su brazo alrededor del hombro de su amigo—. Acompáñame, debemos avisarle a Mya lo de Dunch —añadió, comenzando a caminar de regreso.

 —Sí, claro... Ey, ¿Crees que le gusto a Mya?

 —No, para nada.

 —Eres muy malo, Kit.

 —No del todo, solamente soy realista.

 —Sabes que realmente me gusta... No es una broma.

 Kit paró su caminata y dirigió su mirada hacia Dean, sonrió luego de que este hiciera lo mismo. 

 —¿Cuándo le vas a decir? —preguntó.

 —No lo sé —respondió Dean, bajando el rostro—. Es complicado, Kit... Tengo miedo de decírselo ya que si ella me rechaza podría arruinar nuestra amistad, y no quiero que eso suceda.

 —Lo entiendo, Dean, es normal tener ese miedo... Y también es cierto que las cosas podrían cambiar si ella te rechaza, pero eso no significa que su amistad tenga que terminar —dijo Kit, dándose la vuelta y tomando a su amigo de los hombros, en respuesta a ese movimiento Dean alzó su rostro—. Mira, si realmente valoras tu amistad con Mya, entonces sabes que ella también valora esa amistad, un rechazo no tiene que ser el fin de todo, además, ¿No crees que estás siendo muy pesimista? ¿Qué tal si ella siente algo por ti también? Te estarías perdiendo de una gran oportunidad —añadió, intentando alentar a su amigo.

 —Eso sería genial, pero más allá de la esperanza de que algo así suceda, mi miedo no es irracional... Es Mya, Kit... Es muy intimidante —declaró, Dean algo retraído.

Kit distinguió su leve estremecimiento y no pudo evitar reír.

 —Vaya, en realidad a lo que le tienes miedo es a Mya, no al rechazo... ¿Sabes qué, Dean? No actuar también cuenta como una forma de rechazo hacia ti mismo, si nunca lo intentas la única pregunta que invadirá tu cabeza será: «¿Qué hubiera pasado si...?», y eso te puede llegar a atormentar más de lo que parece.

 —Suena aterrador, pero creo que lo deberé intentar —asumió Dean, tragando saliva. Iba a ser una tarea dura.

 —Ey, no importa su respuesta, yo voy a estar ahí, si te rechaza entonces tendremos que salir de fiesta y ahogar las penas en alcohol, ¿No es así? —preguntó Kit, entre risas.

 —Claro que sí, no voy a perder el tiempo —respondió Dean, correspondiendo a las risas de su amigo.

 Entre el sonido entremezclado de sus risas se perdieron por el pasillo hasta la sala donde Leah y Mya se encontraban. Sintieron necesario un poco de diversión antes del suceso de esa madrugada. Pronto todo iba a cambiar, quizás esos eran los últimos momentos de paz.

 

Unas horas más tarde...

 

Remia, Crystel, Residencia Windsor - 30 de Junio - Año 525

 

—¿Puedes mover las piernas, cariño? —preguntó Rhys, entrando a la sala.

Había llevado a Lara a su casa, la curó con su sello y luego tuvo que salir a la ciudad a encargarse de algunas cosas. En ese recorrido se percató del hecho de que los medios ya estaban cubriendo la noticia de la inminente caída del asteroide en Dunch, fue ahí cuando le avisó a Kit el lugar de reunión de esa madrugada.

Buscó a Cole por todo Crystel, incluso viajó hasta Rem. Pero él no se encontraba en ningún lugar, la tierra se lo había tragado. Rhys sabía que eso había sido trabajo de su padre, el Scire que Cole poseía le fue otorgado por Rygal, no había otra manera. Eso significaba una sola cosa; Cole formaba parte central del plan de Rygal también, más allá de todo lo que sucedió en el pasado, en ese momento ellos estaban aliados, y Rygal no dejaría que Rhys le hiciera daño a Cole, por eso esa noche sería el punto de inflexión, porque por más que quisiera evitar pensar en eso, sabía que ellos tenían algo planeado para intentar llevarlo contra las cuerdas mientras el séptimo impacto ocurría. Intentarían distraerlo y así arremeter contra Vlas, él usaría eso a su favor, sabiendo que Rygal no podía permitir que Cole muriera en sus manos no se alejaría mucho de él, por lo que si estaba con Cole no estaría con Vlas, de esa manera ya lo alejaba de su objetivo, porque aunque Vlas fuera importante, el Scire de Cole lo era más.

De todas formas, Rhys ya se había hecho cargo de todo, había dejado bajo resguardo a Leah, los chicos estarían con él, y Lara estaría a salvo en Fons, porque la enviaría ahí apenas pasara la medianoche. Ella se encontraría más segura en su hogar, tomaron esa decisión en conjunto luego de lo sucedido con Cole. Sólo debía concentrarse en evitar el impacto del asteroide, y luego del suceso, asistir a su hermano, esa era su prioridad.

—Mas que hace unas horas —respondió Lara.

Ella se hallaba sentada en el sillón de la sala. Vlas se encontraba junto a ella. Horas antes, cuando llegó a su casa junto a Zenda encontró a Rhys asistiendo a Lara. Mientras Zenda tomaba un baño se quedó con ellos, ahí Rhys lo puso al día con los sucesos ocurridos entre Cole y ellos, su verdadera identidad y la razón por la cual su padre era tan peligroso. Luego se fue unas horas y le pidió que cuidara a Lara en su ausencia. Pero ya había vuelto, para poder responder a todas las dudas que había dejado en su mente luego de aquellas declaraciones.

—¿Sucede algo, Vlas? —preguntó Rhys, percatándose de la extraña actitud algo abstraída de su hermano.

—Todavía sigo sin creer que ese tipo te haya atacado, Lara... Y menos puedo creer que él sea nuestro hermano, es todo tan increíble —dijo Vlas, intentando procesar la información que Rhys le había dado.

 Cole Di Rem, nacido como Cole Vernom por parte de su madre, era el medio hermano de Rhys y Vlas, nació seis años después que Rhys y seis años antes que Vlas, el mismo año que Demian, sólo unos meses después. Él era hijo de su padre, Rygal, y de Francis Vernom, una trabajadora sexual de Fons. Rygal no planeaba hacerse cargo de su hijo, además de que no podía aceptar a un niño fruto de una infidelidad de la que ni siquiera Clio Windsor estaba enterada. Por ello, Cole vivió toda su infancia con su madre en el burdel. Quizás ese ambiente fue el que hizo que su mente se viera un poco afectada, la temprana muerte de su madre también ayudó a su desvarío mental.

Cole, al igual que sus hermanos y su padre, había nacido con Energía del Alma, aunque de pequeño nunca se percató de su naturaleza, esto hizo que no fuera capaz de controlarla hasta su adolescencia, cuando conoció a su hermano, Rhys. Él, sintiéndose algo culpable por la irresponsabilidad de su padre se hizo cargo de su hermano un tiempo, en ese tiempo lo entrenó y lo ayudó a controlar mejor su energía, fue ahí cuando también conoció a Lara, ya que llegó a vivir con ambos.

 Varios sucesos que los involucraban a ambos, directa e indirectamente, hicieron que terminaran por separarse, y que Cole, luego de sentirse traicionado por su propio hermano, le tomara mucho odio a Rhys, prometiendo algún día volver y tomar venganza. Tiempo después, se volvieron a encontrar, en la guerra, como enemigos, Cole vio la oportunidad perfecta para al fin llevar a cabo su propósito y acabar con Rhys para siempre, pero antes de esto tuvo que enfrentarse a ella. En el combate contra Lara él se vio abismalmente superado, y Lara terminó por salir victoriosa, pero todo cambió cuando Rygal apareció para salvar a Cole antes de que Rhys lo rematara, desencadenando así el enfrentamiento entre ellos, que llevo al final de la guerra.

 Rhys no lo había vuelto a ver de nuevo, tampoco se había preocupado por él, aunque tenía un ligero sentimiento de arrepentimiento, siempre creyó que no debería de haber sido cruel con él, después de todo, podía llegar a entender el accionar de Cole, ya que él pasó por algo muy parecido, pero desistió de pensar en eso, no tenía tiempo para hacerlo cuando su mente estaba enfocada en otras cosas, el problema principal con Cole desencadenó en Rhys un inacabable conflicto interno a causa de la pelea que tuvo con su padre, por eso, aunque Rhys no quería volver a verlo, había algo dentro de sí mismo que dictaba lo contrario. Pero ya no tenía excusas, esa contradicción se había acabado con la reaparición de su hermano, más cruel y con más odio que nunca, con un Scire y también más fuerte que antes, por lo tanto... La pesadilla de Rhys apenas comenzaba.

—Perdón por no decírtelo antes, pero no quería que tuvieras otras cosas en tu cabeza cuando ya estabas muy ocupado con el tema de tu decisión, pasando tiempo con Zenda, e intentando continuar a pesar de todo... No tenía sentido cargarte con más problemas—dijo Rhys, sentándose junto a Lara.

—Lo sé, no pasa nada, tuviste tus razones, aunque todavía no puedo creer todo lo que me estés contando, no puedo entender las acciones de nuestro padre; ¿Por qué mataría a Demian? Es una versión que jamás imagine que conocería de él, es una doble cara, una máscara, ¿Acaso es la misma persona con la que viví dieciséis años de mi vida? ¿Cómo no me di cuenta antes? Mierda —maldijo Vlas, tomándose la cabeza y escondiéndola entre sus piernas.

Agobio, eso era lo que lo invadía en ese momento, mientras recorría su vida en un instante de su mente, no paraba de encontrar detalles que le mostraban sucesos extraños de los cuales nunca fue capaz de percatarse... En ese momento comprendió lo poco que conocía del mundo, y lo alejado de la realidad que se encontraba, si todo fue tan obvio todo el tiempo significaba que vivió en una mentira... Una mentira en la cual él se dejó caer.

—No es necesario que pienses en eso ahora, Vlas... Déjame ocuparme de esto hasta que al menos estés más tranquilo, o hasta que todo esto pase, puedes tomarte el tiempo que sea necesario —dijo Rhys, aunque comprendiendo el sentimiento de su hermano, intentando hacer lo posible para que se concentrara en lo que realmente importaba en ese momento.

—No puedo sólo mirar para otro lado cuando tú estás haciendo todo el trabajo, Rhys... Ahora más que nunca sé que debería ayudarte, no necesito que me lo pidas, yo quiero hacerlo —manifestó Vlas, apretando los puños con rabia. Se sentía demasiado impotente.

—Tranquilízate Vlas, ahora mismo no estoy haciendo todo el trabajo solo, Lara y mi equipo me están ayudando también, ahora no es el momento para que tú te involucres, todavía falta tiempo, sé que tu entiendes, por favor no intentes ninguna locura —pidió Rhys.

—Me molesta no poder hacer nada ahora, ¿Por qué no puedo? Me pasó lo mismo con Zenda... Estoy harto de ser tan inútil, no soy lo suficientemente fuerte como para arreglar mis problemas, y por mi culpa todas las personas que me rodean sufren —cuestionó Vlas, con su sangre hirviendo, ese enojo que venía acumulando hacía mucho tiempo comenzó a desbordarlo—. No quiero que nadie más muera a mi lado —agregó, con la voz quebrada.

—Vlas... —dijo Rhys, sentándose a su lado. Lara, también comprendiendo la situación, lo acompañó—. ¿Qué estás diciendo? No has hecho nada para que tu tengas la culpa de esto, no eres el causante, eres la víctima, lastimosamente la vida es así de cruel, es una prueba de riesgo para demostrar que tan fuerte somos, y aunque no lo creas, tú eres muy fuerte, esa fuerza es la que te hizo continuar y llegar hasta donde estas hoy, no tires todo tu camino por la borda por un sentimiento erróneo... Por mucho que pierdas, no te dejes vencer chico... Eres más que eso, recuérdalo, recuérdalo... No lo olvides —agregó, apoyando su mano en el hombro de su hermano.

—En unas horas tendré que ver morir al amor de mi vida, ya no podré verla nunca más, intenté no llorar todo este tiempo para no hacerla sentir mal, pero ya no puedo aguantarlo, no puedo seguir fingiendo que todo está bien... No puedo —declaró Vlas.

Las lágrimas acompañaron su frustración, y el llanto hizo eco en la habitación, contrarrestada por el silencio de Rhys y Lara, quienes lo miraban con cierta aflicción. Incluso ellos se sintieron conmovidos con el sufrimiento de Vlas. El conocimiento de la razón de ese sufrimiento era lo que les impedía hacer algo para consolarlo, porque hicieran lo que hicieran, todo seguiría igual, no iban a cambiar el futuro.

 Rhys continuó unos minutos en silencio, dejando que su hermano se desahogara. Aunque ya había visto a Vlas en esa situación, seguía destrozándolo verlo así, su hermano era la persona más pura del mundo, quizás nunca pensó siquiera hacerle daño a alguien, o hacer sufrir a las personas que lo rodeaban, siempre prefirió tragarse su dolor para que nadie tuviera que pasar por esa horrible sensación de vacío, y que lo acompañaran muchas sonrisas.

Verlo de esa forma, afrontando los momentos más duros que una persona puede llegar a pasar, lo hacía entender lo sensible y frágiles que podían llegar a ser los seres humanos, no lo quiso ver consigo mismo, pero también le sucedió, como todas las personas que conocía, todas habían tenido una pérdida de esa magnitud, fueron distintas formas de afrontarlas, y aunque el dolor se les hizo inevitable y eterno, siguieron adelante de todas maneras.

Vlas iba a tener que aprender a vivir con ese dolor, y ser capaz sobrellevarlo, y él iba a estar ahí para ayudarlo, tal y como se lo había prometido, porque su hermano era su esperanza. Estuvo perdido mucho tiempo, y él fue su luz. El mundo ya le había quitado todo, y él no iba permitir que eso volviera a suceder, porque quizás, sufrir era necesario si al final la vida le daba sentido a todo lo que vivieron... Él no haría que todo fuera en vano, él los protegería hasta el final... Él les daría esa felicidad, para que nadie sufriera de nuevo otra vez.

—Creo que deberías dejar de fingir —habló Lara, rompiendo el silencio, y tomando la atención de los hermanos—. Si le mientes diciéndole que todo está bien cuando en realidad no, estás perjudicándote a ti y las estás perjudicando a ella, si ella se va sin saber que tú guardas todo eso, no será una despedida sincera, y créeme, que por más que intentes ignorarlo, si no te desprendes de esos pensamientos, te perseguirán toda tu vida, y se entrometerán en tu camino, haciéndote perder el rumbo, y si lo pierdes una vez, puede que jamás vuelvas a retomarlo —añadió, dirigiendo su mirada a Rhys, él la miró con una sonrisa melancólica.

—¿Y si sólo la hago sentir triste, y se va sintiendo aún más dolor? —cuestionó Vlas. Una y otra vez.

—No lo hará si tú estás con ella, si tú estás ahí, ella no se sentirá así, te lo he dicho tantas veces que todavía no entiendo porque sigues preocupándote por eso, te lo diré una última vez... Ella sólo te necesita a ti, y tú a ella, deja de querer encontrarle una vuelta a todo, se aman y listo, no hay forma de explicar eso —respondió Rhys, poniéndose de pie—. Es tu decisión Vlas, nunca te equivocaste, siempre diste lo mejor de ti en cada situación, sé que ésta no será distinta, recuerda lo que te dije: «Piensa en ella y en ti... No importa el resto», ayúdala a irse con una sonrisa, Vlas, cumple esa promesa... Al menos deja que su muerte tenga sentido al final —agregó, para luego abandonar la sala.

 Vlas y Lara quedaron en silencio mirándose entre ellos, sin creer las palabras de Rhys. Vlas ya había conocido ese lado de su hermano, aun así le seguía pareciendo extraño verlo actuar de esa forma.

—Haces que tu hermano se convierta en otra persona, Vlas, eso es sorprendente —dijo Lara, para luego ponerse de pie también—. Cree en ti, pequeño... Rhys tiene razón, tú podrás salir adelante, y sé que Zenda también piensa lo mismo, ve con ella y pasen los últimos momentos que les quedan juntos, no te arrepientas más tarde —agregó saliendo de la habitación, dejando a Vlas solo.

«Al menos deja que su muerte tenga un sentido al final...». Vlas se repitió la frase de su hermano

—Vaya, creo que es lo único que puedo hacer.


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