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38.35% La Leyenda del Scire / Chapter 28: Capítulo 25: El pasado nos une y el destino nos separa – El «Séptimo Impacto» I  

Chương 28: Capítulo 25: El pasado nos une y el destino nos separa – El «Séptimo Impacto» I  

Remia, Crystel, Residencia Di Rem - 30 de Junio - Año 525

 

—Es mañana —dijo Rygal sentado en su escritorio. Cole se encontraba a sus espaldas, apreciando la ciudad a través del ventanal del fondo—. Creo que sabes por qué te llamé, ¿Cierto?

-—Más o menos, ¿Qué tienes planeado? —preguntó.

—Debilitar a Rhys Windsor —respondió Rygal sirviendo un vaso de Whisky. Lo sacudió un poco y lo tomó de un trago.

—¿De qué manera? —Cole se dio la vuelta.

Su padre lo miraba con seriedad. Ahí fue cuando le alcanzó un vaso.

—Lara Harch —sólo dijo eso.

—¿No estás pensando que lo haga, no es así? Es la esposa de Rhys... Lo más importante de su vida, lo que más protege... Si a ella le pasara algo... Él no dejaría nada.

—Justamente por eso quiero que lo hagas... ¿Sabes? Si le haces el suficiente daño a Lara como para que él no tenga que quitarle los ojos de encima, Rhys deberá decidir entre estar pendiente de Vlas, o pendiente de la chica Harch... Eso mantendrá su mente lo suficientemente dubitativa como para que cualquier plan que haga, no sea perfecto, y tenga fisuras que podamos usar... Para llevarlo a su límite —explicó Rygal, levantándose de su lugar—. Rhys es bastante precavido y además inteligente, no deja ni un espacio a errores, pero cuando se deja llevar... Comete locuras, que luego se vuelven imposibles de arreglar... Ellos serán útiles, pero primero se necesita que Vlas domine su Scire, y Rhys es el perfecto candidato para hacerlo, si logro llevarlo al límite, no se quedará en Remia... Haré que se alejen unos dos o tres años... Y así, mi objetivo estaría más cerca.

—¿Dos o tres años? ¿Crees que volverán? —preguntó Cole.

—Si, el propósito de Rhys es matarme, pero no puede sólo hacerlo porque sí, necesita motivos que adhieran al asesinato de alguien tan importante como yo, intentará buscarlo tomando el lugar como rey de Remia, la traición es un gran motivo... Eso es una parte fundamental de mi plan, que él quiera convertirse en el rey significa que intentara tomar Rem en algún momento, ahí es el lugar perfecto para terminar con todo esto, ahí será donde acabaré con Rhys Windsor, y al fin podre quitar esa piedra de mi camino. —Rygal se paró al lado de Cole—. Tu Scire también forma parte de mi propósito, ten cuidado con Rhys, si te ve no dudará ni un segundo en asesinarte —advirtió.

Cole lo miró apartado. Rhys y Rygal siempre tenían un aura de oscuridad a su alrededor. Un aura de oscuridad capaz de absorberte en un instante.

—Entiendo, prometo que no te defraudaré... Padre —dijo Cole, activando su sello y desapareciendo en frente de Rygal.

—Espero que así sea... Cole... No me defraudes... —Sonrió

 

Después...

 

Remia, Crystel, Distrito Comercial - 30 de Junio - Año 525

 

—Mira donde te vengo a encontrar, Lara Harch.

Lara volvía de una reunión empresarial que había ocurrido en la mañana, el mediodía había pasado con rapidez y ya era plena tarde. Quiso tomar un camino más corto y terminó por llegar a un lugar que no conocía, casi no había personas. Ahí fue cuando paró para buscar la dirección en su GPS, pero alguien la interrumpió.

—Vaya, vaya... Tanto tiempo, Cole —respondió, esbozando una sonrisa.

—Parece que estás feliz de verme, Harch —indicó Cole, quitándose el sombrero.

—No, jamás estaría feliz de verte... Sólo me pareció gracioso que después de tanto tiempo volvieras —explicó Lara, quitándose las gafas—. ¿A qué se debe este encuentro? —preguntó con curiosidad.

—Quería hablar con Rhys, pero parece que no le gusta mi presencia desde lo que pasó con nuestro hermano, y aunque sea fuerte, no soy tan arrogante como para luchar contra él —respondió Cole, comenzando a caminar hacia ella.

—Y si, después de todo lo que nos hiciste en el pasado, ¿Cómo quieres que te tratemos? —Lara se cruzó los brazos. Él no era tan estúpido como para intentar atacarla... Por eso estaba tan tranquila.

—El pasado es pasado, ya no soy la misma persona que fui en la guerra, Lara Harch... He cambiado más de lo que crees —aseguró Cole, sacando sus manos de los bolsillos de su pantalón, y al alzarlas, mostró su sello.

—Con que a eso viniste —dijo Lara, colocándose su guante... Al parecer él sí era bastante estúpido—. ¿Quieres que te humille como hace seis años? —jugueteó, situándose en posición de ataque.

—Veamos cuanto has progresado... Harch —soltó Cole, hundiendo su pie, con esa fuerza salió disparado hacia ella levantando un par de rocas en el camino.

 Intentó lanzar dos puñetazos que Lara esquivó fácilmente, agregándole una patada giratoria al combo que Lara pudo bloquear con su antebrazo. En el preciso instante que ella lo bloqueo, Cole concentró Energía del Alma en su puño, y atestó un golpe en el estómago de Lara, haciendo que ella intentara esquivarlo saltando hacia atrás. Ese ataque hizo que se alejara de él momentáneamente.

—Veo que al tener un Scire eres más preciso y rápido al reforzar tus golpes con energía —señaló Lara, echando un vistazo a la mano de Cole. Esta seguía cerrada.

—Tú escudaste tu abdomen con tu propia energía, eres más rápida de lo que pareces, y de lo que fuiste. —El halago de Cole vino con una sagaz sonrisa.

—Eso no es todo —dijo Lara, dando un salto hacia él

En el aire, le lanzó una doble patada. Cole esquivó el primer golpe, y luego bloqueó el segundo, tomando la pierna de Lara en el proceso, en respuesta a esta acción, Lara, usando por primera vez su guante en el combate, tocó la mano de Cole con él, y la congeló al instante, esto hizo que se zafara del agarre en su pierna, y pudiera empujarse hacia atrás, alejándose otra vez.

—¡Ah, mierda! —Cole se quejó, derritiendo el hielo con vapor expulsado de su Scire—. Por fin usaste tu as bajo la manga... Reina de Hielo —agregó, sacudiendo su mano.

—Te dije que eso no era todo —declaró Lara, acomodando su cabello. Luchar con el pelo suelto era una odisea.

—Ahora el apodo con el que te identificaban en la guerra cobra más sentido, parece que Rhys no perdió el tiempo contigo, y yo creyendo que solo eras su perro faldero. —Cole esbozó una sarcástica sonrisa—. ¿Ya no corres detrás de él todo el tiempo? Parece que luego de que se casaran dejaste de lado tu figura sumisa... Eras tan linda cuando actuabas así, no voy a negar que me volvías loco... Aunque ahora, te ves ardiente... Deja a Rhys y vente conmigo... Quizás podría satisfacerte mejor —agregó, a lo que Lara respondió con una expresión de desagrado.

—Me das tanto asco, eres un ser repugnante... Nunca llegarías al nivel de un hombre como Rhys... Te quedas pequeño a su lado —ella replicó, y su sarcasmo también quiso verse acompañado con una sonrisa—. Además, te encanta hablar de más... No recuerdo haberte escuchado burlarte de mí cuando te di esa paliza. —Lo miró seriamente.

—No infravaloré tu fuerza en ese momento, pero tal como dije antes, Rhys también te ayudó aquella vez, nunca pudiste hacer nada sola... Ni siquiera salvaste a tu padre de su muerte inminente.

Esas palabras quedaron en el aire unos segundos. Cole sonrió cuando vio los ojos de Lara agrandarse, y su ceño fruncirse, ella estaba envuelta en furia.

Sin responder nada, Lara comenzó a correr hacia él lanzando puñetazos que Cole esquivaba fácilmente. La calma la había abandonado, y comenzó a golpear más fuerte y rápido, dificultándole cada vez la defensa a Cole.

 Luego de que Cole ya no esquivara suficientes golpes, y comenzara a bloquearlos, Lara creó unas nudilleras de hielo con púas, golpeando el antebrazo de Cole y causándole una herida. Sin parar, y al ver que Cole ya no usaba su brazo izquierdo, golpeó sus costillas, enterrando las púas, vio que Cole no reaccionó, y notó que esté había parado de esquivar golpes. Cuando alzó su mirada hacia él rostro de él, vio una sonrisa, y sin darse cuenta que había quedado desprotegida recibió un gancho de este que la hizo caer al suelo, ya en el suelo, Cole intento golpearla con una patada que Lara bloqueó con la rodilla e impulsándose con sus manos respondió al ataque de Cole con una patada desde el suelo que impacto sobre la herida en sus costillas que ella había causado con anterioridad, haciendo que Cole retrocediera y cubriera el corte, que no paraba de sangrar, con su mano.

—Que sea la última vez que menciones a mi padre... Si lo haces de nuevo, déjame decirte que esa herida que te causé en el abdomen se verá como un raspón comparado con tu cuerpo entero.

Esa amenaza no era intimidante en sí, intimidante era el tono de voz, y el rostro de Lara en el momento el cual la hizo. Ella estaba irreconocible.

—Parece que te enojaste, no pensé que podrías herirme siquiera, creo que te subestimé, Lara Harch... No me gusta halagar a Rhys, pero debo decir que hizo un buen trabajo contigo, aun así, esto ni siquiera es mi verdadera fuerza.

Cole se alzó unos centímetros del suelo. Pero la sorpresa de parte de Lara vino cuando de su espalda salieron dos sombras puntiagudas que parecían tener vida propia.

—Ja, con que controlas las sombras, obviamente alguien que con un Scire podría hacer algo por el estilo.

—Así es, comienza a rezar, Lara Harch. —Alzó su mirada, y clavó en ella—. Porque aquí se termina todo —aseguró, moviendo su mano, y dirigiendo las sombras hacia Lara.

Lara comenzó a esquivar las sombras, intentando apartarse lo suficiente de la luz del sol, para que estas ya no surtieran efecto, pero desgraciadamente se encontraban en un lugar casi sin árboles.

 «Tendré que crear una sombra yo misma», pensó, cuando tocó el suelo y levantó parte de la tierra, creando una pared lo suficientemente alta para que bloqueara la luz del sol que llegaba hacia ese lugar.

—¡Wow! Bloqueaste la luz del sol —Cole festejó, irónicamente—. Lástima que el fuego también ilumina —dijo, encendiendo un anillo de fuego alrededor de ellos que hizo volver la luz.

«Maldita sea», maldijo Lara, levantando sus palmas y creando un vórtice de aire sobre ellos, a eso le sumó una salida de agua que se dispersó por todo el lugar mediante el vórtice, apagando todo el fuego.

—¿Eso era todo? —preguntó Lara comenzando a jadear. Todo eso la hizo utilizar demasiada energía, sus reservas eran tan bajas que cuando algo así sucedía comenzaba a cansarse muy rápido.

—No esperaba que hicieras una estrategia así de rápido, pero parece ser que esa corriente que creaste te consumió mucha energía, tus reservas ya disminuyeron bastante, no creo que puedas seguir usando esos trucos por mucho más tiempo —aseguró Cole, lanzando un ataque hacia la pared que Lara había creado, destruyéndola totalmente—. Y sí, eso era todo, Lara... Ahora es momento de que este combate llegué a su fin... Esta vez en serio —agregó, comenzando a mover las sombras de nuevo.

—Así es, es momento de que llegue a su fin.

Cole paró su movimiento al escuchar una voz a sus espaldas, esta venía acompañada de unos pasos que sonaban fuerte en el terreno.

—Vaya, tenemos un espectador, ¿Te está gustando el combate? —preguntó Cole, dándose vuelta.

—El combate estaba entretenido, pero cada vez que abres la boca lo arruinas, imbécil —respondió Mya, siguiendo su camino.

Sin irresolución, pasó al lado de Cole, él la miró de reojo, pero no la atacó, nadie estaba tan loco para hacer eso sin tener un contrataque ya preparado, era mejor prevenir.

Mya caminó lentamente hasta pararse al lado de Lara, y estirando su mano delante de ella, dejó en claro que había llegado para protegerla.

—Oh, ¿Y tú quién eres? No pareces ser más que una mocosa habladora —dijo Cole, mosqueado con su presencia.

—Soy Mya Draghi, no creo que me conozcas, pero tampoco quisiera que lo hagas, me caes mal, además, lastimaste a Lara... Y si haces eso, automáticamente te conviertes en mi enemigo —proclamó, con un frío y tajante tono de voz.

—Una más... Es gracioso que tengas el ímpetu de venir y enfrentarme, muy valiente, ¿Quieres acabar igual que Lara?

—¿Como Lara? Por lo que yo estaba viendo hace un momento, ella te estaba humillando. —Mya lo miró, haciéndose la confundida—. Quizás estaba espectando otra pelea.

—Parece que tienes un problema en la vista entonces —dijo Cole, alzando sus sombras de nuevo—. Quizás puedas ver esto —agregó, dirigiéndolas hacia Mya esta vez.

 Mya, sin moverse, esperó las sombras de Cole. Cuando llegaron a ella alzó su mano, y con sólo un movimiento basado en un chasquido de dedos, dirigió una intensa luz hacia ellas haciendo que perdieran su forma, y volvieran a Cole.

—Gracias a esta habilidad de fuego puedo desintegrar tus sombras, funciona tal como una granada de fogueo... Puedes intentarlo cuantas veces quieras, puedo darte muchas demostraciones —explicó Mya, con una flama en su mano—. No me subestimes, dulzura... Soy mucho más fuerte de lo que parezco —añadió, con arrogancia.

—Con que tú también puedes usar Energía del Alma —manifestó Cole, desactivando su sello, ante esto, sus sombras desaparecieron también—. Ya se me pasó el tiempo peleando con Lara, y no creo que sea el momento de pelear contigo, nos encontraremos en otro momento, Mya Draghi —agregó, y desapareció frente a ellas.

—Que cobarde, huyó —maldijo Mya, dándose la vuelta—. ¡Lara! ¿Estás bien? —La preocupación por Lara en ese momento era mayor.

—Sí, estoy bien, sólo que me cansé mucho peleando contra ese tipo —respondió Lara, casi cayéndose por no poder mantenerse de pie.

—Ten cuidado —dijo Mya, tomándola de la cintura y sosteniéndola.

—Gracias Mya, si tú no hubieras aparecido, no sé si hubiese podido enfrentarlo más tiempo.

—Parece muy fuerte, esa habilidad de sombras la vi antes, ¿Es la misma que uso Rhys una vez, cierto? Es condicionada.

—Si, él también tiene un Scire, eso quiere decir que tenía más habilidades que no quiso usar por alguna razón, con mis bajas reservas de Energía del Alma tener un combate a largo plazo con él habría llevado a mi derrota.

—Aun así pudiste manejar la situación bastante bien, hasta lo heriste y lo hiciste retroceder muchas veces, ¿Él es el tipo que atacó a Vlas? —preguntó Mya, a lo que Lara asintió—. Eso tiene aún más mérito, eres fenomenal Lara. —Expresó una gran admiración en su halago.

Lara era, para Mya, la mujer más fuerte y admirable que conocía. Cuando años atrás Rhys pretendió hacerse cargo de ella, su desconfianza con los hombres la llevó a negarse rotundamente. Tan así que incluso lo atacó varias veces para que se alejara de ella. Diferentes sucesos en su vida confluyeron en que ella no fuera capaz de confiar en las demás personas, y no era capaz de confiar en nadie porque hasta eso se le había quitado. Rhys insistió, no paró de insistir, por mucho tiempo, hasta que comprendió que el problema no era ella, sino él... Ahí fue cuando Lara entró en escena.

Esa mujer elegante que un día hizo presencia frente a ella era hermosa, Mya se sintió hasta atraída por ella. Incluso ni siquiera recordaba que fue lo primero que ella le dijo, porque frente a su belleza no pudo reaccionar. Con el tiempo entendió la situación muy bien. Ella era la esposa del chico lindo que insistía con que ella formara parte de su «equipo». No era como él, ella realmente le daba confianza, la trató como a alguien más, no insistió, le dio la posibilidad de elegir, fue mucho más humana que todos aquellos que la trataron como basura, y le quitaron la capacidad de confiar que la llevó a no ver las verdaderas intenciones de Rhys.

No pudo evitar asemejar la figura de Lara con la de su madre, esa forma de tratarla, de hacerla sentir segura, esa forma de demostrarle que no estaba sola.

Ella se unió al equipo por Lara, se unió al equipo por lo que ella fue capaz de hacerle sentir. Se unió al equipo para, además de pelear por ella y su hermana, pelear por Lara. Esa mujer que la había ayudado más que nunca cuando estaba perdida, esa mujer que le dio la mano cuando el mundo entero le dio la espalda. A Lara le debía mucho, por eso la protegería toda la vida. Como en ese momento. La confianza que había tomado con el paso del tiempo fue consecuencia de las palabras que ella le dijo el día que se conocieron: «No pretendas que los demás crean en ti si antes no eres capaz de hacerlo tú misma... No tienes que demostrarle nada a nadie, solo a ti... Y a lo que tú quieres ser».

Nada a nadie... Solo a ella misma, la única persona que viviría su vida. Allí fue cuando decidió su camino... Un propósito claro y una meta firme respaldadas por su personalidad... Además, si ella no podía sola, aun con todo lo que había logrado, ellos estarían ahí, a su lado, apoyándola más que nunca... Fue gracias a su propia confianza que consiguió las confianza de ellos, no los iba a perder, porque si los perdía... Se perdería a ella misma.

—Gracias, pero, ¿Podemos dejar los halagos para más tarde? Por favor, llévame con Rhys —pidió Lara, apoyando su mano en el hombro de la chica.

—Oh, claro —dijo Mya, ayudándola a levantarse—. Ven, toma mi mano —agregó, afianzando su brazo aún más a su cadera.

—No creo que pueda caminar así —dijo Lara, parando—. Casi no siento mis piernas —agregó, recostándose más a Mya. Ella notó que sus piernas estaban temblando.

—No creo que sea necesario que te lleve —indicó Mya, sintiendo una gran cantidad de energía acercándose al lugar. Cuando alzó su mirada, apreció como Rhys aterrizaba frente a ellas

—¡Lara! —el gritó de Rhys fue retumbante. Al Mya mirar su rostro, divisó la preocupación haciendo presencia en él—. ¿Qué te sucedió? —preguntó corriendo hacia ella. Apenas llegó tomó su mano.

—Peleó con un tipo poderoso, y usó casi toda su energía —explicó Mya, dejando a Lara en brazos de Rhys.

—¿Un tipo poderoso? —preguntó Rhys, confundido.

—Sí... Cole —respondió Lara, recostándose a Rhys 

—¿Eh? ¿Cole? ¿El mismo Cole que conocemos? —preguntó anonadado. Su preocupación se había desvanecido ante la incredulidad.

—Si, dijo que quería hablar contigo, pero que tú te lo hubieras tomado a mal por lo que pasó con Vlas, y luego tuvimos un breve combate... Pude herirlo, y contenerlo por un tiempo, pero usé demasiada energía y ya no me quedan fuerzas —explicó Lara—. Por suerte llego Mya y evitó algunos ataques haciendo que Cole se fuera —agregó señalándola.

—¿En serio fuiste capaz de herir a Cole? —preguntó Rhys, con una sonrisa—. Esa es mi chica —agregó, levantándola en sus brazos.

—¿Puedes llevarme hacia tu casa? Necesito descansar —pidió Lara.

—Si, es lo que haré —dijo Rhys, activando su sello— Ey, Mya... Gracias por esto, si no hubieras llegado no sé qué habría pasado —asintió, dirigiendo su mirada a la chica.

—Por nada, cuida a Lara y tengan cuidado, ese imbécil no quedó tranquilo —advirtió Mya.

—Quédate tranquila... Soy Rhys, conmigo no se hará el fuerte, por algo atacó a Lara y a Vlas antes de ir a por mí... En ese caso ten cuidado tú, ya te reconoce y puede que intente atacarte como hizo con Vlas y Lara.

—Ten por seguro que no saldrá ileso si llegara a atacarme, aunque en lo posible intentare evitar cruzármelo.

—Mejor así, nos vemos después —apenas dijo eso, Rhys notó que Lara había caído dormida—. Vaya, al parecer realmente fue algo agotador para ella —señaló, entre risas.

—Admiro la valentía de esa mujer, incluso sabiendo que él era más fuerte que ella y con una notable desventaja como lo es su baja cantidad de Energía del Alma, se plantó ante él y le dio pelea —indicó Mya.

—Nadie la volverá a lastimar de nuevo —aseguró Rhys, apretándola contra su pecho.

Estaba furioso, por más que Lara fuera capaz de defenderse y cuidarse sola, había personas más fuertes que ella capaces de dañarla demasiado... Capaces de incluso, arrebatarle la vida. Aunque esquivó ese pensamiento rápidamente, él sabía que mientras su presencia estuviera con Lara nunca sucedería algo así... Pero antes de todo eso, debía acabar con las amenazas, pero no podía comenzar a tomar decisiones, ya que la elección de Vlas era demasiado valiosa en lo que a su futuro asediaba. Todavía tenía que protegerlo a él de su padre antes de proteger a los demás, por ello llamó a Kit, Dean y Mya, ellos le daban seguridad y confianza en Remia, tal como se la dieron en Fons.

Dean se iba a hacer cargo de cuidar a Leah, Mya no dejaría que nadie tocara a Lara, y Kit era aquel que lo informaba y recorría Remia en busca de amenazas externas. Ellos sí que eran útiles y leales, a tan solo un día del suceso más importante de su vida ellos todavía lo ayudaban a sobrellevar la presión.

—Debería irme, Vlas está solo en la casa... Kit y Dean se encuentran en lo de Leah, puedes ir ahí... En la noche quizás los necesite a los tres... ¿Entendido? —preguntó, elevándose lentamente.

—Entendido Rhys, nos vemos luego —se despidió Mya, antes que Rhys desapareciera junto con Lara—. Ten cuidado por favor.

 

Mientras tanto...

 

VLAS

 

 Zenda y yo... Comenzamos a salir. Luego de ese pequeño accidente que tuve decidimos no perder más tiempo tratándose de nosotros. Iba a durar poco tiempo, pero ella lo pidió así, y yo prometí ayudarla a cumplir su deseo. Comprendía principalmente a lo que ella se refería con: «Estar juntos». También comprendía que lo hacía por mí. Quizás la persona que prometió no romperle el corazón fui yo, quizás la persona que más sufriría nuestra separación iba a ser yo, quizás... Solamente quizás, nunca en mi vida la iba a superar... Sólo quizás. Suponer era demasiado cuando del destino se trataba. Nunca pude suponer lo que nos estaba por suceder, nunca pude ver en mi vida una pisca de tragedia después de lo sucedido con Demian, me convencí a mí mismo de que no era capaz de volver a sufrir, porque ella iba a estar a mi lado... Supuse mal.

 Igualmente, ella insistió, quería que, al menos, lo nuestro si haya significado algo, y que no todo quedara en la nada. Ponerle etiquetas a lo que yo sentía por Zenda nunca se me hizo necesario, pero tampoco nunca se me hizo fácil. No sabía que quería de ella, no sabía si quería que siguiera siendo mi amiga, no sabía si quería que fuera mi novia, no sabía si iba a terminar siendo mi esposa... No sabía nada, porque suponer ante eso, también era demasiado.

 Yo pretendía dejar que todo siguiera su curso, permitir que mi vida con ella no sufriera de altercados innecesarios, dar rienda suelta a los sentimientos, porque eso fue lo que ella me enseñó a hacer... Pero dejarle ese trabajo al tiempo no funcionó, porque al final, todos nuestros sueños se desmoronaron al chocar contra esa pared llamada destino... ¿Qué carajos era eso? ¿Qué mierda significaba que tenía que permitir que mi destino me quitara la oportunidad de ser feliz? ¿Por qué tenía que hacerlo? ¿Por qué tenía que ser miserable ante este? ¿Por qué no podía pelear contra él?

 Porque no iba a ganar.

 «A veces no tenemos control sobre el destino, y no podemos hacer nada más que ceder ante él».

 Cuando le pregunté a mi hermano por qué nosotros estábamos destinados a sufrir, sólo eso me respondió. Yo sabía que Rhys no me quiso hacer una broma, ni dar una respuesta vaga, solamente, no sabía por qué... Y ahí fue cuando comprendí todo... Si ni siquiera Rhys pudo contra «eso»... ¿Cómo iba a poder yo? Si no tenía ni causa para acabar con la consecuencia, y la consecuencia ya era inevitable.

 Con esa idea en mi cabeza, hice caso omiso al tiempo, hice caso omiso a que, después de todo, no tenía sentido encasillar lo que sentía por Zenda en algo... Hice caso omiso a que nuestra historia iba a concluir pronto, por eso la ayudé... Y le contamos a su familia. 

 Primero fue Kora: «Yo lo sabía, siempre lo supe... Espero sean felices juntos chicos, son el uno para el otro».

 Luego sus padres: «Siempre apoyaremos tu felicidad Zenda... Solamente pedimos que no la lastimes, Vlas».

 Nadie, nadie era capaz de entendernos, pero con Zenda nos pusimos de acuerdo en no hacerlos sufrir antes del apremiante suceso que haría de la vida de todos... Dolor.

Por eso, solo podíamos estar nosotros dos juntos... Frente al inminente final. Frente al destino, frente a la muerte... «Nada nos separará jamás». Ya estaba cansado de suponer, así que dejé de hacerlo... Y solamente me dejé llevar, como Zenda hubiera querido.

 

Remia, Crystel, Residencia Allen - 30 de Junio - Año 525

 

—Adiós, nos vemos mañana —Zenda se despidió de su familia al salir de su casa.

Vlas, recostado en la pared frente a su puerta, alzó la mirada cuando la escuchó cerrarse, pero esa forma de despedirse le hizo ruido en su cabeza... «Nos vemos mañana».

Ella acababa de mentir.

—¿No te despediste de Kora? —preguntó Vlas, notando la sonrisa en su rostro. No debió hacer esa pregunta, porque cuando lo hizo esta desapareció al instante—. No es necesario que respondas eso. —Evadió la charla sentimental que esa pregunta iba a desatar, no quería angustiar a Zenda, otra vez.

—No pasa nada, puedo explicarlo... No lo hice porque si lo hubiera hecho tendría que haberle explicado todo, y eso llevaría a muchas cosas... Y ella lloraría, mis padres también, y como ya te dije, aunque luego de todo esto sufran... Quisiera que lo último que pueda ver de ustedes sea una sonrisa —respondió, comenzando a caminar por el pasillo hasta las escaleras.

Vlas entendió su punto, no respondió nada, era exactamente lo que él pensaba. Sin moverse, la vio pasar a su lado. Aunque ella intentaba ocultarlo, su tristeza era tan obvia, demasiado, el contraste que esta producía a causa de la verdadera personalidad de Zenda lo hacía percatarse de eso.

Comenzó a caminar detrás de ella en silencio, con su cabeza baja y su mente en blanco. A veces se le hacía difícil darse el permiso a sí mismo para actuar. Odiaba estar acostumbrado a, incluso estando con ella, ser demasiado reservado en sus emociones. Pero ella era capaz de todo, por eso la salvación vino con una risa haciendo presencia en su cabeza... Él alzó su rostro, y era ella.

—¿Qué sucede? —preguntó, con curiosidad. Quería saber la razón por la cual ella reía.

—Esa fue la última vez que vi a Kora... Y sólo le dije: «Pásame la chaqueta»... ¿Qué fue eso? —respondió, sin parar de reír.

—¿Y por qué ríes?

—Para no llorar... Porque no quiero tener este sentimiento en mí, no quiero que el último día de mi vida se base en la tristeza... Por eso me intento convencer de lo contrario.

—Te comprendo... Yo tampoco quiero llorar el día de hoy... Porque no te quiero angustiar.

—No me vas angustiar, sólo siento que estoy siendo una gran egoísta, mentirosa y capaz de lastimar a las personas que ama solamente por el miedo a quedarse sola, y morir sin motivo... Únicamente quiero que el mundo gire en torno a mí por un día, Vlas... Por mi último día.

Vaya, así que eso era lo que ella realmente sentía.

No podía esquivar sus emociones, Zenda no era capaz de mentir, él sabía que estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para conseguir no llorar, para no sentirse miserable o perdida. Ella no fue capaz de decirle a su hermana ni a sus padres, no fue capaz de al menos, permitirse un adiós... Porque al saber que no podía esquivar sus emociones también sabía que no iba a salir adelante luego de eso.. No iba a poder morir, no iba a poder darle su vida a Vlas... Y se terminaría quedando sola, era contraproducente, pero era lo que ella quería, y solamente había alguien que podía estar para ella en ese momento.

—Si tú eres una gran egoísta, yo también lo soy... Si tú eres una mentirosa, yo también lo soy... Si tú eres capaz de lastimar a las personas que ama por miedo a quedarse sola y morir sin motivo... Yo también lo soy... Estamos juntos en esto, Zenda, no estás sola, nunca lo estuviste, ni lo estarás... Cargaremos con esta mentira hasta el final, porque si esta mentira nos da felicidad... ¿Qué podemos hacer? Seremos mentirosos sin importar lo que nos rodea... Por una vez en la vida, sólo pensemos en nosotros, Zenda... Nos lo merecemos.

Ella entendía lo que Vlas quería decir. Ella siempre fue inocente, sincera, incapaz de hacer lo que en ese momento estaba haciendo. Pero incluso con la fragilidad de su mentira, no pensó que fuera capaz de hacer algo más, extrañamente, la vio como la única opción, la única opción de no resignarse ante su deseo, la única opción de dejarse caer en el mar sin sentirse ahogada... No respirar, no desesperarse, no abrumarse... Sólo caer, caer y caer, hasta que ya no tuviera forma de volver. Hasta que ya no pudiera nadar de nuevo a la superficie.

 Ese mar se veía inmenso, azul y brillante, reflejaba un cielo infinito, un cielo cercano, que se alzaba sobre ella con grandeza, la invadió la serenidad. Una serenidad anhelada, la calma en el culmen de un alma. Quizás su pasado, presente y futuro debían confluir y acabar ahí, entre los recuerdos más felices de su vida, sabiendo que tenía a Vlas, a su hermana y a sus padres todavía con ella, sabiendo que aunque se fuera... Ellos de todas maneras iban a ser felices y la iban a recordar... ¿Cierto?

—Eres mi cómplice —dijo ella, soltando una ligera risa. Se sintió nerviosa, incluso melancólica.

—Siempre lo fui —respondió Vlas, acercándose a ella. Él le dio un abrazo acariciando su cabello en el proceso. Ella cerró sus ojos y se dejó caer en los brazos de Vlas, apoyando su cabeza en el pecho de su novio—. ¿Puedo hacerte una pregunta?

—¿Qué? —preguntó Zenda, quedándose en su lugar.

Su pregunta apenas se escuchó.

—¿En serio no le dirás nada a Kora?

—Si, claro que lo haré... No la dejaré sola sin explicaciones —respondió metiendo su mano en su bolsillo. Vlas bajó la mirada hasta divisar su movimiento, al parecer ella no tenía nada ahí—. Oh, cierto, está en mi cartera... —rio, buscando en esta—. Todo lo que tengo para decirle lo escribí aquí —añadió, sacando un sobre de papel

—¿Una carta? —Vlas la apreció con extrañeza.

—Si, toma, quiero que se la des en mi funeral —dijo Zenda, entregándosela.

Ella abrió su mano y la dejó ahí. Vlas dudó en aceptarla.

—¿Segura? No quiero que se lo tome a mal, y que me odie cuando sepa que yo siempre supe todo y nunca se lo conté ni hice nada para evitarlo —dijo, dejando en evidencia su inseguridad.

—Quédate tranquilo —respondió Zenda, tomándolo de las manos—. Ahí explico perfectamente lo que yo quiero, Kora entenderá y sabrá que tú hiciste lo posible para que esto no fuera así, pero era inevitable —agregó, alzando su mirada hacia los ojos de Vlas.

Ese accionar de ella, le dio algo de tranquilidad.

—Entiendo, se la daré —aceptó Vlas, tomando la carta. Y guardándola en su bolsillo.

—Necesito que me prometas algo más —pidió, sin soltarle las manos. Luego de guardar la carta, Vlas alzó su mirada otra vez, y asintió ligeramente esperando la cuestión—. ¿Lo harías?

—¿De qué se trata?

—Quiero que cuides a Kora.

Ya se la veía venir.

—¿Qué la cuide? —preguntó Vlas— ¿De qué forma?

—Conozco lo suficientemente bien a Kora como para darme cuenta de sus sospechas a que algo está pasando... No puedo decirle esto, ya te lo expliqué, pero sé que ella será quien más sufrirá luego de que todo pase... Me duele mentirle, pero no tengo otra opción... Lo que quiero que hagas es que estés con ella en esos momentos, no es necesario que la consueles ni nada por el estilo, sólo quiero que ella sepa que tu estas ahí, que aunque yo ya no pueda estar para ella, sepa que nunca estará totalmente sola.

—No estoy muy seguro, creo que debería alejarme de ella después de todo esto, no quiero seguir haciéndola sufrir luego de que tú no estés.

—Sólo quiero que la cuides, que la protejas para que nada malo le pase, no necesitas estar cerca de ella para eso, puedes estar del otro lado del universo, pero cuando prometes cuidar a alguien, no importa donde sea que estés, siempre estarás ahí —dijo Zenda, de nuevo asediando con su mirada los ojos de Vlas.

 El brillo de sus pupilas encantó a Vlas, y entendió que Zenda le estaba pidiendo algo que sabía que ella no podía hacer.

Zenda no quería ver a su hermana en peligro, o sufriendo, y sabía que si ella no estaba, Vlas podía hacer ese trabajo. Su único pendiente en el mundo que dejaba atrás era no poder despedirse de su hermana, ella sabía lo duro que era vivir en una mentira, y se arrepentía de no poder haberle contado todo a Kora, por esa razón dejaría todo lo que tenía para que ella no sufriera, y viviera en paz, ella sabía que Vlas entendía sus petición, pero también se ponía en el lugar de él.

Vlas no quería seguir lastimando a Kora, ella era muy importante en su vida, poseía un sentimiento muy intenso en base a ella, y esa preocupación era genuina, no quería seguir quitándole felicidad cuando le había quitado la mitad de su mundo, aun así, sería egoísta dejarla de lado y no apoyarla en esos momentos, entendía lo que tenía que hacer, mas no quería seguir equivocándose... Estaba entre un ser o ser.

—Lo haré... Te lo prometo, linda —se decidió, con una sonrisa.

—¿En serio? —preguntó Zenda, dejando salir su emoción.

—Quizás no seamos muy sinceros con nuestros sentimientos, pero ambos nos queremos mucho, y la aprecio más de lo que parece... No voy a permitir que corra peligro o que se sienta sola nunca, si me necesita ahí estaré, si quiere que me aleje también lo haré, pero nunca permitiré que algo malo le suceda... ¿Me crees?

—Claro que lo hago, Vlas... Gracias —agradeció Zenda, dándole un abrazo.

Vlas se quedó en su lugar. Apenas movió sus brazos para responder ese abrazo.

Proteger a Kora, en muchas maneras, significaba más de lo que Zenda pretendía. Porque él no la quería proteger solamente por el pedido de Zenda, quería protegerla porque la quería, porque conocía las consecuencias de lo que estaba por suceder, por él. Y más allá de todo, por Kora. Porque no quería, al igual que a su hermana, arrebatarle su futuro.

 «Prefiero morir antes que lastimarlas otra vez».

 

Mas tarde...

 

Remia, Crystel, Apartamento «104» - 30 de Junio - Año 525

 

 Mya tocó el timbre del apartamento apenas llegar. Esperó algunos minutos hasta que escuchó algunos pasos acercándose a la puerta, y al final se abrió. Era Kit.

 —Ey Mya, no nos vemos desde lo sucedido en el hospital, ¿Qué haces por aquí? —preguntó este con simpatía.

 —¿Qué tal, Mr. K? ¿A ti también te envió Rhys aquí a esperar hasta esta noche? —preguntó Mya.

 —Sí, ¿Pasas? Dean y Leah están dentro —preguntó, dejándole paso.

 —Sí, claro —respondió Mya, entrando a la casa—. ¿Se enteraron lo de Lara? —preguntó, mientras caminaba por el pasillo que llevaba a la sala de estar, Kit iba detrás de ella.

 —Hace un rato recibimos el llamado de Rhys, nos dijo que tengamos cuidado, pero este lugar es impenetrable por donde sea, hay un sello barrera alrededor del edificio —explicó Kit.

 —¿Él lo colocó?

 —Lo hizo a distancia, desde su casa.

 —¿Eh? ¿Es eso posible? —preguntó Mya sorprendida.

 —Rhys hace posible lo imposible —respondió Kit, cuando ambos llegaban a la sala.

 Mya entró y vio a Dean y Leah jugando cartas. Al parecer ambos se encontraban tranquilos, ya que reían mientras jugaban.

 —Por cierto, no le digas nada a Leah sobre lo sucedido con Lara, Rhys nos pidió expresamente que no la preocupemos.

Mya apenas escuchó lo que Kit susurró en su oído.

 —Entiendo —asintió, mirándolo de reojo.

Él sonrió.

 —Necesito que la distraigas unos minutos, quiero hablar con Dean sin que ella sospeche que algo malo está sucediendo... ¿Puedes? —preguntó, sosteniendo su mirada.

 Mya no respondió nada, pero asintió con firmeza.

 —Chicos, llegó Mya —avisó Kit, adelantándose a ella.

Dean y Leah dejaron de lado su juego y alzaron sus miradas.

 —Ey Mya —Leah la saludó, sonriente como siempre.

 —Hola chica, ¿Ahora te estás quedando aquí? —Mya caminó hacia ella, y se sentó a su lado—. ¿Te cortaste el cabello? Te queda hermoso —declaró, señalando el cabello de la chica.

 —Gracias Mya, creí que era momento de cambiar de peinado, estuve a punto de pintarlo también, pero no encontré ningún color que me gustara —respondió Leah, con cierta modestia.

 —No es necesario, así está perfecto, el tinte de cabello casi siempre arruina el color original, y tu rubio es hermoso, de hecho, me gusta más ese color que el mío.

 —Aunque ambas podemos admitir que el de Lara es el más hermoso —dijo Leah, riendo.

 —Tienes razón en eso —complementó Mya, también riendo.

 Kit notó lo rápida que había sido Mya para quitar a Leah del eje de la situación. Ella la mantendría alejada de los problemas mientras ellos se organizaban para la tarea de esa noche.

 Aprovechando el accionar de Mya, se acercó lentamente a Dean y le tocó el hombro. Él se percató de esa sensación y alzó su rostro, Kit le pidió silencio con un dedo sobre sus labios y con un ligero movimiento de cabeza le señaló la salida.

«Sígueme», entendió Dean cuando leyó sus labios.

 Dean hizo lo propio y se puso de pie, ambos abandonaron la sala con rapidez, Leah y Mya todavía seguían entretenidas en su charla, por suerte ella pudo comprender su pedido y le dio algo de ayuda, porque por más que Leah fuera una chica capaz de entender la situación, era vulnerable a muchas cosas, y la seguridad de Lara era una de esas, no iba a dejar que la intranquilidad la invadiera ante un suceso aislado del que Rhys ya se había hecho cargo.

 —¿Qué pasa? —preguntó Dean, mientras ambos caminaban por el pasillo.

Kit no le había dado más respuesta luego de pedirle que lo siguiera, y la curiosidad lo invadió.

 —Dunch... Es el lugar, ya salieron las noticias, ahí caerá el ultimo asteroide, los militares están evacuando la ciudad, cuando esta esté vacía debemos estar ahí, Rhys considera que eso sucederá antes de la medianoche... Ya que después de esa hora sucederá el séptimo impacto —explicó Kit al ambos llegar a una habitación lo suficientemente alejada de la que estaban Leah y Mya.

 —Dunch está a tres horas, ¿Nos dará el tiempo para llegar antes de la media noche? 

 —Si, pero deberíamos partir temprano, ¿Qué hora es?

 —5:30 p.m —respondió Dean, mirando su reloj.

 —A las 8:00 p.m deberíamos salir... Es mejor estar temprano, por si sucede cualquier tipo de altercado que impida desempeñarnos con libertad.

 —¿Y qué haremos con Leah? ¿Es seguro dejarla sola aquí un día como hoy? Y más sabiendo todo lo que ha sucedido estos últimos días —preguntó Dean, dejando salir su preocupación.

 —Ella estará bien... Rhys es precavido, y si hay a alguien a quien ha estado protegiendo todo este tiempo es a Leah, mientras tenga su sello activado nadie podrá acercarse a ella.

 Dean escuchó las palabras de Kit y un poco de tranquilidad vino hacia él.

 —¿Mya vendrá con nosotros? —preguntó ilusionado.

 —Ella es la más fuerte... Debe venir con nosotros —aseguró Kit—. Aunque tú no te quedas atrás, si tan solo tuvieras más resistencia, cuando aprendas a usar tu energía con más eficiencia te volverás imparable... Nadie tiene una habilidad como la tuya —añadió desarmándose en halagos hacia su amigo, quien lo miraba con una gran sonrisa de agradecimiento.

 —Como si tu fueras débil, Kit... Tu habilidad también es potencialmente invencible, y con la cantidad de energía que tu posees, eso te deja en un lugar superior al de los demás —respondió Dean, dejando un rastro de admiración en sus palabras.

 —Por algo Rhys confía tanto en nosotros, ¿Cierto?

 —Cierto... Y yo confió en él más que nada en este mundo, entregaría mi vida las veces que sean necesarias si él me lo pidiera —aseguró Dean, con determinación.

 —¿Tú crees que algún día todo esto se va a acabar?

 —¿De qué manera?

 —Yo también confió mucho en Rhys, y tengo fe ciega de que lo logrará, pero eso no significa que al final estará ahí con nosotros, ¿Podremos seguir sin él?

 —Creo que eso es lo que él pretende... Para eso nos entrenó, ¿Cierto? Para que nos valgamos por nosotros mismos en este mundo, esté o no esté él.

 —Lo sé, pero no era eso a lo que me refería, si sucede eso, ¿Qué haremos cuando ya no esté?

 —Seguir adelante supongo, Rhys significa mucho en mi vida, pero no es lo único que hace presencia en ella, debo cuidar a Cassie y darle un futuro con muchas posibilidades, en el que sea capaz de superarse a sí misma, sin importar todo lo que haya sucedido en su pasado... Todo lo que hago es por ella, por eso mismo estoy aquí ahora, apoyando a Rhys, porque él me dio esa seguridad, nadie más lo ha hecho, y por el futuro de mí y de mi hermana lucharé a su lado siempre —declaró Dean.

 Kit bajó su mirada algo desilusionado con él mismo, si tan solo tuviera un mínimo de la determinación de su amigo, quizás su vida obtendría algo más de sentido, quizás no tendría miedo de seguir adelante solo... Quizás ni siquiera necesitaría buscar tanto en su pasado inexistente.

—¿Y «eso»? ¿Sigues con esa idea en tu mente? —preguntó Kit con cierta prudencia.

Él sabía que a Dean no le gustaba hablar sobre la muerte de su padre, y menos sobre lo que tenía pensado hacer para quitarse el peso que esta le había dejado encima. Aunque admiraba la determinación de su amigo, nunca apoyó ese deseo, porque lo apreciaba demasiado como para aguantar verlo hundirse en la oscuridad de esa manera.

 —Mas que nada... Necesito estar en paz, Kit... Necesito quitar de la cabeza esa idea de que no puedo hacer nada por mí mismo... ¿Tu estarás ahí luego de que eso pase, cierto? No quisiera perderme en el camino, no quisiera lastimar a Cassie por algo de lo que ella no tiene la culpa... Dime que estarás ahí, que no me dejarás solo —pidió Dean, mirando a su amigo a los ojos, con súplica.

 —Claro que estaré ahí, Dean, aunque no es una idea que apoye en su totalidad, no soy nadie para impedirte hacerlo, no entiendo tu dolor, y no sé lo que pensaría si estuviera en tu lugar, probablemente me sentiría igual... Pero eso no quita que siempre serás mi mejor amigo, caemos los dos o ninguno, nunca te dejaré solo —respondió Kit, con una sonrisa.

 Conoció a Dean luego de unirse al equipo de Rhys. En esa época apenas tenía dieciséis años, la guerra había terminado y él vivía en la calle, hasta que Rhys apareció y lo salvó. Dean ya formaba parte del equipo de Rhys hacía meses, en ese tiempo él era muy distinto al Dean actual, era irascible, desconfiado, y violento. Inclusive tuvieron una pequeña pelea el primer día que se encontraron a causa de un altercado sobre el lugar que Dean ocupaba. Rhys los separó ese día, pero era muy difícil que ellos se llevaran bien, siempre tenían una que otra discusión. Hasta que Mya llegó.

Ella era peor que Dean cuando de malhumor se trataba, y también era más fuerte que ambos, tuvieron que unirse para que ella no los pasara por arriba, y ahí fue cuando se hicieron muy amigos, les encantaba molestar a Mya juntos, consiguieron una buena química, y cuando el entrenamiento con Rhys comenzó, ambos avanzaron mucho, en ellos, en su amistad y en sus habilidades.

 Mya se les terminó uniendo, ellos sabían que lo haría tarde o temprano. Los tres se hicieron amigos muy íntimos. Unidos por la admiración y lealtad hacia Rhys, y el anhelo de seguir adelante buscando cada uno su identidad venciendo los fantasmas del pasado. Los tres conocían el conflicto interno de cada uno, aunque Kit siempre se sintió algo diferente a ellos, la búsqueda hacia su identidad era totalmente inversa a la de ellos, no predominaba la venganza, ni la tragedia, era más que nada esperanza y melancolía. Pero aunque fueran tan diferentes a él, eran sus amigos, y tal como se lo había hecho saber a Dean un montón de veces, también se lo había hecho saber a Mya. No importaba nada de lo que sucediera en sus vidas, él los iba a apoyar siempre, porque sabía que ellos también lo harían... Si así fuera con él.

 —Eres mi mejor amigo, Kit, sabes lo mucho que te quiero, ¿No es así? —preguntó Dean, respondiendo a la sonrisa de Kit.

 —Claro que lo sé, chico... Yo también te quiero mucho —respondió Kit, pasando su brazo alrededor del hombro de su amigo—. Acompáñame, debemos avisarle a Mya lo de Dunch —añadió, comenzando a caminar de regreso.

 —Sí, claro... Ey, ¿Crees que le gusto a Mya?

 —No, para nada.

 —Eres muy malo, Kit.

 —No del todo, solamente soy realista.

 —Sabes que realmente me gusta... No es una broma.

 Kit paró su caminata y dirigió su mirada hacia Dean, sonrió luego de que este hiciera lo mismo. 

 —¿Cuándo le vas a decir? —preguntó.

 —No lo sé —respondió Dean, bajando el rostro—. Es complicado, Kit... Tengo miedo de decírselo ya que si ella me rechaza podría arruinar nuestra amistad, y no quiero que eso suceda.

 —Lo entiendo, Dean, es normal tener ese miedo... Y también es cierto que las cosas podrían cambiar si ella te rechaza, pero eso no significa que su amistad tenga que terminar —dijo Kit, dándose la vuelta y tomando a su amigo de los hombros, en respuesta a ese movimiento Dean alzó su rostro—. Mira, si realmente valoras tu amistad con Mya, entonces sabes que ella también valora esa amistad, un rechazo no tiene que ser el fin de todo, además, ¿No crees que estás siendo muy pesimista? ¿Qué tal si ella siente algo por ti también? Te estarías perdiendo de una gran oportunidad —añadió, intentando alentar a su amigo.

 —Eso sería genial, pero más allá de la esperanza de que algo así suceda, mi miedo no es irracional... Es Mya, Kit... Es muy intimidante —declaró, Dean algo retraído.

Kit distinguió su leve estremecimiento y no pudo evitar reír.

 —Vaya, en realidad a lo que le tienes miedo es a Mya, no al rechazo... ¿Sabes qué, Dean? No actuar también cuenta como una forma de rechazo hacia ti mismo, si nunca lo intentas la única pregunta que invadirá tu cabeza será: «¿Qué hubiera pasado si...?», y eso te puede llegar a atormentar más de lo que parece.

 —Suena aterrador, pero creo que lo deberé intentar —asumió Dean, tragando saliva. Iba a ser una tarea dura.

 —Ey, no importa su respuesta, yo voy a estar ahí, si te rechaza entonces tendremos que salir de fiesta y ahogar las penas en alcohol, ¿No es así? —preguntó Kit, entre risas.

 —Claro que sí, no voy a perder el tiempo —respondió Dean, correspondiendo a las risas de su amigo.

 Entre el sonido entremezclado de sus risas se perdieron por el pasillo hasta la sala donde Leah y Mya se encontraban. Sintieron necesario un poco de diversión antes del suceso de esa madrugada. Pronto todo iba a cambiar, quizás esos eran los últimos momentos de paz.

 

Unas horas más tarde...

 

Remia, Crystel, Residencia Windsor - 30 de Junio - Año 525

 

—¿Puedes mover las piernas, cariño? —preguntó Rhys, entrando a la sala.

Había llevado a Lara a su casa, la curó con su sello y luego tuvo que salir a la ciudad a encargarse de algunas cosas. En ese recorrido se percató del hecho de que los medios ya estaban cubriendo la noticia de la inminente caída del asteroide en Dunch, fue ahí cuando le avisó a Kit el lugar de reunión de esa madrugada.

Buscó a Cole por todo Crystel, incluso viajó hasta Rem. Pero él no se encontraba en ningún lugar, la tierra se lo había tragado. Rhys sabía que eso había sido trabajo de su padre, el Scire que Cole poseía le fue otorgado por Rygal, no había otra manera. Eso significaba una sola cosa; Cole formaba parte central del plan de Rygal también, más allá de todo lo que sucedió en el pasado, en ese momento ellos estaban aliados, y Rygal no dejaría que Rhys le hiciera daño a Cole, por eso esa noche sería el punto de inflexión, porque por más que quisiera evitar pensar en eso, sabía que ellos tenían algo planeado para intentar llevarlo contra las cuerdas mientras el séptimo impacto ocurría. Intentarían distraerlo y así arremeter contra Vlas, él usaría eso a su favor, sabiendo que Rygal no podía permitir que Cole muriera en sus manos no se alejaría mucho de él, por lo que si estaba con Cole no estaría con Vlas, de esa manera ya lo alejaba de su objetivo, porque aunque Vlas fuera importante, el Scire de Cole lo era más.

De todas formas, Rhys ya se había hecho cargo de todo, había dejado bajo resguardo a Leah, los chicos estarían con él, y Lara estaría a salvo en Fons, porque la enviaría ahí apenas pasara la medianoche. Ella se encontraría más segura en su hogar, tomaron esa decisión en conjunto luego de lo sucedido con Cole. Sólo debía concentrarse en evitar el impacto del asteroide, y luego del suceso, asistir a su hermano, esa era su prioridad.

—Mas que hace unas horas —respondió Lara.

Ella se hallaba sentada en el sillón de la sala. Vlas se encontraba junto a ella. Horas antes, cuando llegó a su casa junto a Zenda encontró a Rhys asistiendo a Lara. Mientras Zenda tomaba un baño se quedó con ellos, ahí Rhys lo puso al día con los sucesos ocurridos entre Cole y ellos, su verdadera identidad y la razón por la cual su padre era tan peligroso. Luego se fue unas horas y le pidió que cuidara a Lara en su ausencia. Pero ya había vuelto, para poder responder a todas las dudas que había dejado en su mente luego de aquellas declaraciones.

—¿Sucede algo, Vlas? —preguntó Rhys, percatándose de la extraña actitud algo abstraída de su hermano.

—Todavía sigo sin creer que ese tipo te haya atacado, Lara... Y menos puedo creer que él sea nuestro hermano, es todo tan increíble —dijo Vlas, intentando procesar la información que Rhys le había dado.

 Cole Di Rem, nacido como Cole Vernom por parte de su madre, era el medio hermano de Rhys y Vlas, nació seis años después que Rhys y seis años antes que Vlas, el mismo año que Demian, sólo unos meses después. Él era hijo de su padre, Rygal, y de Francis Vernom, una trabajadora sexual de Fons. Rygal no planeaba hacerse cargo de su hijo, además de que no podía aceptar a un niño fruto de una infidelidad de la que ni siquiera Clio Windsor estaba enterada. Por ello, Cole vivió toda su infancia con su madre en el burdel. Quizás ese ambiente fue el que hizo que su mente se viera un poco afectada, la temprana muerte de su madre también ayudó a su desvarío mental.

Cole, al igual que sus hermanos y su padre, había nacido con Energía del Alma, aunque de pequeño nunca se percató de su naturaleza, esto hizo que no fuera capaz de controlarla hasta su adolescencia, cuando conoció a su hermano, Rhys. Él, sintiéndose algo culpable por la irresponsabilidad de su padre se hizo cargo de su hermano un tiempo, en ese tiempo lo entrenó y lo ayudó a controlar mejor su energía, fue ahí cuando también conoció a Lara, ya que llegó a vivir con ambos.

 Varios sucesos que los involucraban a ambos, directa e indirectamente, hicieron que terminaran por separarse, y que Cole, luego de sentirse traicionado por su propio hermano, le tomara mucho odio a Rhys, prometiendo algún día volver y tomar venganza. Tiempo después, se volvieron a encontrar, en la guerra, como enemigos, Cole vio la oportunidad perfecta para al fin llevar a cabo su propósito y acabar con Rhys para siempre, pero antes de esto tuvo que enfrentarse a ella. En el combate contra Lara él se vio abismalmente superado, y Lara terminó por salir victoriosa, pero todo cambió cuando Rygal apareció para salvar a Cole antes de que Rhys lo rematara, desencadenando así el enfrentamiento entre ellos, que llevo al final de la guerra.

 Rhys no lo había vuelto a ver de nuevo, tampoco se había preocupado por él, aunque tenía un ligero sentimiento de arrepentimiento, siempre creyó que no debería de haber sido cruel con él, después de todo, podía llegar a entender el accionar de Cole, ya que él pasó por algo muy parecido, pero desistió de pensar en eso, no tenía tiempo para hacerlo cuando su mente estaba enfocada en otras cosas, el problema principal con Cole desencadenó en Rhys un inacabable conflicto interno a causa de la pelea que tuvo con su padre, por eso, aunque Rhys no quería volver a verlo, había algo dentro de sí mismo que dictaba lo contrario. Pero ya no tenía excusas, esa contradicción se había acabado con la reaparición de su hermano, más cruel y con más odio que nunca, con un Scire y también más fuerte que antes, por lo tanto... La pesadilla de Rhys apenas comenzaba.

—Perdón por no decírtelo antes, pero no quería que tuvieras otras cosas en tu cabeza cuando ya estabas muy ocupado con el tema de tu decisión, pasando tiempo con Zenda, e intentando continuar a pesar de todo... No tenía sentido cargarte con más problemas—dijo Rhys, sentándose junto a Lara.

—Lo sé, no pasa nada, tuviste tus razones, aunque todavía no puedo creer todo lo que me estés contando, no puedo entender las acciones de nuestro padre; ¿Por qué mataría a Demian? Es una versión que jamás imagine que conocería de él, es una doble cara, una máscara, ¿Acaso es la misma persona con la que viví dieciséis años de mi vida? ¿Cómo no me di cuenta antes? Mierda —maldijo Vlas, tomándose la cabeza y escondiéndola entre sus piernas.

Agobio, eso era lo que lo invadía en ese momento, mientras recorría su vida en un instante de su mente, no paraba de encontrar detalles que le mostraban sucesos extraños de los cuales nunca fue capaz de percatarse... En ese momento comprendió lo poco que conocía del mundo, y lo alejado de la realidad que se encontraba, si todo fue tan obvio todo el tiempo significaba que vivió en una mentira... Una mentira en la cual él se dejó caer.

—No es necesario que pienses en eso ahora, Vlas... Déjame ocuparme de esto hasta que al menos estés más tranquilo, o hasta que todo esto pase, puedes tomarte el tiempo que sea necesario —dijo Rhys, aunque comprendiendo el sentimiento de su hermano, intentando hacer lo posible para que se concentrara en lo que realmente importaba en ese momento.

—No puedo sólo mirar para otro lado cuando tú estás haciendo todo el trabajo, Rhys... Ahora más que nunca sé que debería ayudarte, no necesito que me lo pidas, yo quiero hacerlo —manifestó Vlas, apretando los puños con rabia. Se sentía demasiado impotente.

—Tranquilízate Vlas, ahora mismo no estoy haciendo todo el trabajo solo, Lara y mi equipo me están ayudando también, ahora no es el momento para que tú te involucres, todavía falta tiempo, sé que tu entiendes, por favor no intentes ninguna locura —pidió Rhys.

—Me molesta no poder hacer nada ahora, ¿Por qué no puedo? Me pasó lo mismo con Zenda... Estoy harto de ser tan inútil, no soy lo suficientemente fuerte como para arreglar mis problemas, y por mi culpa todas las personas que me rodean sufren —cuestionó Vlas, con su sangre hirviendo, ese enojo que venía acumulando hacía mucho tiempo comenzó a desbordarlo—. No quiero que nadie más muera a mi lado —agregó, con la voz quebrada.

—Vlas... —dijo Rhys, sentándose a su lado. Lara, también comprendiendo la situación, lo acompañó—. ¿Qué estás diciendo? No has hecho nada para que tu tengas la culpa de esto, no eres el causante, eres la víctima, lastimosamente la vida es así de cruel, es una prueba de riesgo para demostrar que tan fuerte somos, y aunque no lo creas, tú eres muy fuerte, esa fuerza es la que te hizo continuar y llegar hasta donde estas hoy, no tires todo tu camino por la borda por un sentimiento erróneo... Por mucho que pierdas, no te dejes vencer chico... Eres más que eso, recuérdalo, recuérdalo... No lo olvides —agregó, apoyando su mano en el hombro de su hermano.

—En unas horas tendré que ver morir al amor de mi vida, ya no podré verla nunca más, intenté no llorar todo este tiempo para no hacerla sentir mal, pero ya no puedo aguantarlo, no puedo seguir fingiendo que todo está bien... No puedo —declaró Vlas.

Las lágrimas acompañaron su frustración, y el llanto hizo eco en la habitación, contrarrestada por el silencio de Rhys y Lara, quienes lo miraban con cierta aflicción. Incluso ellos se sintieron conmovidos con el sufrimiento de Vlas. El conocimiento de la razón de ese sufrimiento era lo que les impedía hacer algo para consolarlo, porque hicieran lo que hicieran, todo seguiría igual, no iban a cambiar el futuro.

 Rhys continuó unos minutos en silencio, dejando que su hermano se desahogara. Aunque ya había visto a Vlas en esa situación, seguía destrozándolo verlo así, su hermano era la persona más pura del mundo, quizás nunca pensó siquiera hacerle daño a alguien, o hacer sufrir a las personas que lo rodeaban, siempre prefirió tragarse su dolor para que nadie tuviera que pasar por esa horrible sensación de vacío, y que lo acompañaran muchas sonrisas.

Verlo de esa forma, afrontando los momentos más duros que una persona puede llegar a pasar, lo hacía entender lo sensible y frágiles que podían llegar a ser los seres humanos, no lo quiso ver consigo mismo, pero también le sucedió, como todas las personas que conocía, todas habían tenido una pérdida de esa magnitud, fueron distintas formas de afrontarlas, y aunque el dolor se les hizo inevitable y eterno, siguieron adelante de todas maneras.

Vlas iba a tener que aprender a vivir con ese dolor, y ser capaz sobrellevarlo, y él iba a estar ahí para ayudarlo, tal y como se lo había prometido, porque su hermano era su esperanza. Estuvo perdido mucho tiempo, y él fue su luz. El mundo ya le había quitado todo, y él no iba permitir que eso volviera a suceder, porque quizás, sufrir era necesario si al final la vida le daba sentido a todo lo que vivieron... Él no haría que todo fuera en vano, él los protegería hasta el final... Él les daría esa felicidad, para que nadie sufriera de nuevo otra vez.

—Creo que deberías dejar de fingir —habló Lara, rompiendo el silencio, y tomando la atención de los hermanos—. Si le mientes diciéndole que todo está bien cuando en realidad no, estás perjudicándote a ti y las estás perjudicando a ella, si ella se va sin saber que tú guardas todo eso, no será una despedida sincera, y créeme, que por más que intentes ignorarlo, si no te desprendes de esos pensamientos, te perseguirán toda tu vida, y se entrometerán en tu camino, haciéndote perder el rumbo, y si lo pierdes una vez, puede que jamás vuelvas a retomarlo —añadió, dirigiendo su mirada a Rhys, él la miró con una sonrisa melancólica.

—¿Y si sólo la hago sentir triste, y se va sintiendo aún más dolor? —cuestionó Vlas. Una y otra vez.

—No lo hará si tú estás con ella, si tú estás ahí, ella no se sentirá así, te lo he dicho tantas veces que todavía no entiendo porque sigues preocupándote por eso, te lo diré una última vez... Ella sólo te necesita a ti, y tú a ella, deja de querer encontrarle una vuelta a todo, se aman y listo, no hay forma de explicar eso —respondió Rhys, poniéndose de pie—. Es tu decisión Vlas, nunca te equivocaste, siempre diste lo mejor de ti en cada situación, sé que ésta no será distinta, recuerda lo que te dije: «Piensa en ella y en ti... No importa el resto», ayúdala a irse con una sonrisa, Vlas, cumple esa promesa... Al menos deja que su muerte tenga sentido al final —agregó, para luego abandonar la sala.

 Vlas y Lara quedaron en silencio mirándose entre ellos, sin creer las palabras de Rhys. Vlas ya había conocido ese lado de su hermano, aun así le seguía pareciendo extraño verlo actuar de esa forma.

—Haces que tu hermano se convierta en otra persona, Vlas, eso es sorprendente —dijo Lara, para luego ponerse de pie también—. Cree en ti, pequeño... Rhys tiene razón, tú podrás salir adelante, y sé que Zenda también piensa lo mismo, ve con ella y pasen los últimos momentos que les quedan juntos, no te arrepientas más tarde —agregó saliendo de la habitación, dejando a Vlas solo.

«Al menos deja que su muerte tenga un sentido al final...». Vlas se repitió la frase de su hermano

—Vaya, creo que es lo único que puedo hacer.


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Chương 29: Capítulo 26: El interior de tu alma y la imagen de tu mente – El «Séptimo Impacto» II   

Remia, Crystel, Residencia Windsor - 30 de Junio - Año 525

 

—Supuse que estarías aquí —dijo Lara saliendo al balcón.

Allí Rhys se encontraba apoyado a la barandilla con su mirada colgada en el cielo, apreciando la caída del sol, y la entrada de la noche.

—Necesitaba tomar aire fresco, luego de todo eso sólo me queda esperar... Estoy algo cansado, me ha tenido un poco ansioso la decisión de Vlas, y no he podido dormir mucho pensando que hacer mañana... Anoche tuve un ataque de pánico —respondió Rhys, ante su última declaración Lara le dio una rápida mirada.

 —¿Volvieron? ¿Por qué no me dijiste? —preguntó, Lara expresando su preocupación.

 Rhys sufría de ataques de pánico desde hacía muchos años atrás. Estos comenzaron en su niñez: Trastorno de ansiedad generalizada. Ese fue su diagnóstico luego de buscar ayuda especializada. Cuando comenzó la terapia intentó mayormente buscar el origen de esta. Fueron muchos sucesos acumulados que terminaron por desatar una extraña manera de afrontarlo: Preocupaciones, presión, estrés, y esa sensación de soledad que siempre lo azotaba, sentía que nadie en el mundo era capaz de comprenderlo, y en consecuencia, esto lo hacía alejarse de todos, haciendo, de la misma forma, que cada vez su condición empeorara más, quedándose aún más solo que antes... O así fue, hasta que conoció a Lara.

 Él no le contó a ella lo que sufría al principio, de hecho, se sentía algo inseguro ante su padecimiento, siempre creyó que eso lo volvía más débil, algo vulnerable ante los demás, por eso su resignación, y su actitud superadora. Pero no podía, era algo que se salía de su control, y en la intimidad esta situación empeoraba.

 A veces era imposible calmarlos, y la sensación de muerte inminente invadía su mente, no lo dejaba salir al exterior, no lo dejaba seguir adelante, era una cadena que lo ataba a un vacío, y que no permitía que se soltara, y mientras más quería salir, más profundo caía. Lo único que podía disminuir estos sentimientos era que su madre estuviera a su lado. Esos años fueron horribles, porque no sabía lo que quería, no sabía lo que lo hacía seguir adelante, era inercia, no podía pensar, porque cuando comenzaba no paraba de hacerlo, y de tantos pensamientos en su cabeza se tornaba todo borroso, y sus ataques de pánico empezaban de nuevo, y paraban, y continuaban, y paraban, y continuaban, era un horrible círculo de autodestrucción. Un laberinto sin salida.

 La primera vez que sufrió uno frente a Lara ella no se percató, corrió hacia un baño y se encerró ahí, ella lo encontró y ayudó a calmarlo, le prometió estar para él en todo momento, y darle su mano para que saliera adelante, pero él sabía que no era así, porque al otro día sucedería lo mismo, y el día después también, y así hasta que ya no supiera como iba a terminar. Pero no todo duraba para siempre, y pasó mucho tiempo hasta que por fin pudo superarla.

 

RHYS

 

 Trece años atrás, cuando era adolescente, la secundaria era el único lugar en el mundo en el cual me sentía aislado. Mis mejores amigos se encontraban ahí: Ashley, Jake, David, y obviamente ella, Lara. Pero, de todas maneras, no era el lugar en el que más tranquilo podía sentirme. Todo iba demasiado rápido, y mi cerebro lo analizaba muy lento, pero tenía que ponerme a la velocidad de lo que me rodeaba, por eso a veces mi cabeza comenzaba a dar vueltas, y razonaba las situaciones en segundos, me forzaba a mí mismo a comprender algo que quizás, no era necesario, porque lo único que me hacía sentir un poco de paz era ese deseo de querer despegarme de todo y desaparecer, pero como sabía que no podía, me convencía de que debía quedarme ahí, eso formaba una confusión enorme en mi interior, una confusión enorme que terminaba por hacer que mi mente y mi cuerpo se desconectaran, y que el mundo se apagara por un instante... Sentía que me sumergía en un océano inmenso, ahogándome, con mi pie atado a una roca que no me permitía salir a la superficie, que no me dejaba escapar.

 Mi garganta se cerraba, mi pecho se hundía, mi vista se volvía borrosa y mi cabeza estallaba. Y cuando me concentraba demasiado en mi respiración... Sentía que moría.

 A veces, solo quería ese sentimiento de nuevo, quería sentir como todo se acababa lentamente, como mi vida podía dar un giro inmenso si tan solo yo quisiera, pero... ¿Qué quería?

 Viví años buscando eso, años en los cuales mi padre me presionaba, en los cuales yo no comprendía el peso y las consecuencias de las expectativas, ni tampoco me daba cuenta de que no siempre tenía que dar la talla, de la innecesaria manera de intentar siempre ser el mejor. No me daba cuenta de la libertad que estaba perdiendo, y que si seguía ese camino, jamás volvería a conseguir.

 Cuando conocí a Lara mi mente hizo ese clic necesario para no permitir mi renuncia a todo lo que me estaba sucediendo, para no rendirme. Ella supo de mi condición luego de verme raro por algunos días. Un día de esos, en medio de un ataque de pánico ella entró al baño donde me encontraba. Ella fue mi salvación en ese momento, yo había superado mi condición meses antes de conocerla, pero luego de lo sucedido con ella, mi padre comenzó a presionarme de nuevo, las nuevas expectativas nacieron, no quería ser una decepción, y no pude evitar caer de nuevo... Pero Lara estuvo ahí, en todo momento, varios años, y nunca me dejó solo, por lo que sin ella... Quizás no lo hubiera logrado.

 

Mientras tanto...

 

 «¿Por qué no me dijiste?».

 —No lo sé, sólo no quería molestarte, fue de madrugada, y fue algo efímero, no duró más de cinco minutos, solamente me sentía un poco agobiado, no era para tanto —respondió Rhys, negando ligeramente con su cabeza.

Quería quitarle importancia a la situación, en ese momento no importaba mucho él, pero sabía que Lara no lo iba a dejar esquivar el tema, y se preparó para escuchar el discurso de ella.

 —Rhys, cuando te sucedan ese tipo de cosas debes de decirme, siempre lo has hecho, no te lo guardes para ti, porque haces que me preocupe en vano... Espero no haya próxima vez, pero si llega a suceder de nuevo, dímelo, ¿Si? —preguntó Lara, dejando en vilo su mirada frente a los ojos de Rhys.

 Ese gesto de súplica que ella tenía en su rostro lo terminaría por matar, debía decirle que sí, para que ella estuviera tranquila haría lo que fuera, porque amaba verla sonreír, por encima de todo.

 —Claro, mi reina... Lo haré —asintió Rhys, dándole un beso en la frente, al mismo tiempo que la acercaba con un abrazo.

 —Queda poco tiempo, Rhys... En diez minutos ya será primero de julio y el séptimo impacto se llevará a cabo... ¿Cómo crees que están?

 —No lo sé, pero mejor dejémosle eso a ellos, debo encargarme de todo lo externo a lo que suceda en la mente de Vlas; el asteroide, Rygal, Cole, y desde ahora hasta que nos volvamos a Fons en unas semanas... Vlas sabrá qué hacer con eso, estoy seguro de que tomará la decisión correcta, confió en él.

 —Es una lástima que tengan que sufrir, ¿Cierto? Serían la pareja perfecta, y probablemente formarían una hermosa familia... El destino es muy cruel a veces.

 Un silencio se adueñó del lugar, Rhys no respondió, sólo devolvió su mirada hacia el frente de nuevo, Lara se limitó a acompañar a Rhys quedándose a su lado. Luego de estar así unos minutos se dio cuenta de que estaba él llorando, divisó una brillante lágrima corriendo por su mejilla, su mirada todavía se encontraba perdida en el horizonte.

—¿Sabes? Cuando vi a Zenda por primera vez supe que ella sería quien perdería la vida, se notaba en su espíritu, es una persona muy pura para un mundo como este, su sonrisa parecía darle color al mundo de Vlas, ella fue quien evitó que él quedara atrapado en las sombras, lo convirtió en alguien mejor, le devolvió esas ganas de vivir que había perdido con la muerte de Demian y mi partida... Por esa razón, ella siempre me recordó tanto a él, su inocencia, su pureza, su optimismo, su forma de ver el mundo... Dime, dime que no te recuerda a la de Demian... No sé por qué, pero no puedo pensar en otra cosa cuando me doy cuenta de eso, creo que ahora comprendo a Vlas más que nunca —soltó Rhys, sorprendiendo a Lara.

—Tienes razón, se parecen demasiado... Y por eso es aún más injusto, porque ninguno de los dos merece un final así... De todas maneras, Vlas supo hacerse más fuerte con la muerte de tu hermano, él dice que fue Zenda quien lo hizo todo, pero ambos sabemos que eso no hubiera pasado si él no hubiera tenido la voluntad de querer levantarse, la misma voluntad que tu hermano y que tú, si Vlas realmente cree que fue gracias a Zenda, espero que cuando ella ya no esté a su lado recuerde lo mejor de ella, y lo ponga en práctica, porque el simple hecho querer morir por él demuestra su fortaleza mental, y esa voluntad inquebrantable, ella era un arcoíris en la tormenta... Vlas puede llegar muy lejos si aprende a tomar lo mejor de esto.

—Ojala así sea, la determinación de Demian era única, y la de Zenda igualmente, si Vlas consigue aprender de ellos, nada lo parará —aseguró Rhys, con una sonrisa.

 Luego de la afirmación de Rhys quedaron en silencio por unos minutos, mirando el cielo, esperando que el momento llegara... Y así fue, ya que de repente un inmenso estruendo se escuchó azotando la ciudad, el cielo comenzó a tornarse más oscuro de lo que estaba. Y la presión descendió.

—¿Ya es la hora cierto? —preguntó Lara, alzando su mirada, apreciando como la oscuridad comenzó a desaparecer, para pintar el cielo de un brillante color casi imposible de describir, era una mezcla de todo, y al mismo tiempo de nada. Tan hermoso.

—Si, ya es primero de julio —asintió Rhys, dirigiendo su mirada hacia el reloj en su muñeca.

—Veo que ya comenzó —declaró Lara, señalando una lluvia de estrellas acompañando el color que se había formado en el cielo, también una extraordinaria estela infinita se dibujó a través de toda la atmosfera, donde al final se veía el inmenso asteroide dirigiéndose al norte... Era un espectáculo increíble.

—Efectivamente... El séptimo impacto ha comenzado —aseguró Rhys, percatándose de la sensación que invadía su cuerpo.

Mucha energía del alma comenzando a asediar por todo el lugar, cuando abrió su palma y apreció su Scire lo confirmó... Este no paraba de brillar.

 «Hoy se da inicio a una nueva era, Vlas».

 

Mas tarde...

 

Remia, Dunch, Distrito Central - 1 de Junio - Año 525

 

 Luego de cumplirse la hora exacta para el séptimo impacto, Rhys hizo todo lo que tenía planeado hacer. Primero colocó un sello barrera alrededor de la casa de su familia en Crystel, debía asegurarse de que nada interrumpiera a Vlas mientras él estuviera lejos, y permitirle que tomara su decisión sin ningún tipo de contratiempo. Luego, como le había avisado con anterioridad, envió a Lara a Fons para que estuviera segura en su hogar, ella volvería cuando todo se acabara, para ayudarlo a lidiar con las consecuencias del suceso. Y por último, se digirió a Dunch, ahí estarían Mya, Kit y Dean esperándolo para luego intentar evitar el impacto total del asteroide, y que no destruyera en su totalidad la ciudad como si había sucedido con Ajax.

 La ciudad al norte de Crystel, Dunch, se encontraba totalmente vacía, ya que a causa de las anteriores caídas, el gobierno había tomado precauciones en torno a la caída de nuevos asteroides, por lo que pudieron predecir el que se estaba acercando a la tierra, por esa razón tuvieron el tiempo suficiente para evacuar a la población de Dunch y sus alrededores antes del impacto.

 Rhys llegó a Dunch diez minutos después de la medianoche, el lugar se encontraba desierto, ningún ruido externo al sonido del pedazo de roca cayendo desde el cielo, nada. Buscó a los chicos volando por la ciudad, los encontró sentados en un banco en el medio de una plaza, apreciando el cielo, al parecer lo habían esperado mucho tiempo.

—¿Cómo va la situación? —preguntó, aterrizando frente a ellos.

Los tres alzaron la mirada al mismo tiempo, y sonrisas se dibujaron en su rostro.

—Apareciste —declaró Kit, con emoción.

—Claro, no los iba a dejar aquí y que el asteroide los golpee de lleno... Por cierto, ¿Revisaron bien cada rincón de la ciudad? ¿No queda nadie?

—El centro está totalmente vacío, cuando llegamos faltaban evacuar los distritos Norte y Oeste, pero en el correr de dos horas quedaron vacíos también, así que solamente quedamos nosotros en la ciudad —explicó Dean, dejando ver un mapa donde habían señalado los lugares que visitaron. Estaba casi todo pintado.

—¿Y aquí? —preguntó Rhys, señalando la esquina sur del mapa.

—Esa zona fue destruida junto con Ajax con las primeras caídas, no la contamos —respondió Mya.

—Cierto... Bien, entonces sólo queda encargarnos de eso —dijo, señalando hacia arriba.

—¿Vas a parar eso? —preguntó Kit. sorprendido.

—Haré lo posible, no usaré mis Rexyss, tampoco mucha energía, por lo que será un gran desafío.

—¿Y nosotros? —preguntó Dean.

 Rhys los miró rápidamente, y volvió su vista hacia el cielo de nuevo.

 —Tomen esto —respondió, sacando algunos guantes de su bolsillo.

 —¿Unos Nio? —preguntó Mya, percatándose de la diferencia entre esos guantes y unos normales, esos eran los guantes de los cuales Rhys les habló cuando los entrenó.

 —Ya es momento de que pasen al siguiente nivel, ¿No creen? —preguntó Rhys, con una sonrisa—. ¿Recuerdan cómo usarlos, cierto?

 —Si —respondieron los tres al unísono.

 —Bien, necesito que cada uno se coloqué en un lugar tal que si dibujo un contorno pueda formar un triángulo equilátero donde yo esté en el medio, ¿Comprendieron? —explicó Rhys.

 —Si, ¿Cuánto debe de medir cada lado? —preguntó Dean.

 —Cien metros, intentaré formar una pirámide uniendo la energía de todos a través de hilos invisibles, yo seré el vértice, el lugar donde el asteroide chocará y se desintegrará gracias a la unión de la energía de todos, usaré un sello barrera, pero debo de tener cuidado, será un poco más débil que uno normal, ya que tengo dos más activados, por eso necesito de un poco de la energía de cada uno de ustedes.

 —Okey, vamos —señaló Kit, y los tres se fueron a sus posiciones.

 Rhys se quedó ahí mismo, cuando sintió que ellos ya se encontraban en sus lugares alzó sus pies del suelo, y levemente comenzó a elevarse. El rango antes de perder el contacto de la energía de ellos sin usar sus Rexyss era de trescientos metros, por eso cuando llegó a ese límite se mantuvo suspendido ahí. El asteroide todavía estaba lejos, pero según sus cálculos, no tardaría más de cinco minutos en llegar hasta ese punto.

 «Es el momento», afirmó, uniendo sus manos con sus dedos entrecruzados.

 —Unionis... Uitta... Nodum... Vinculum... Connection... Deus omnipotens... Aeternitas... Infinitus... Scire, entrégame tu poder —pronunció los encantamientos necesarios que en esa situación potenciaban su Energía del Alma y la de sus subordinados.

 El Scire, además de ser un poder difícil de controlar, también era uno difícil de comprender, tan así que incluso poseía su propio idioma, ese idioma del cual venían los encantamientos que Rhys había pronunciado. Así como sus encantamientos, también poseía movimientos propios, como el chasquido de dedos, el golpe de palmas, la unión de manos, o el movimiento de dedos. Conocer a la perfección cada uno de esos pasos daba una gran ventaja en el control de la energía, ya que si en una especifica situación alguien era capaz de seguir al pie de la letra cada uno de los pasos necesarios para potenciar su energía, esta era capaz de aumentar hasta incluso el doble de la que en ese momento se poseyera.

 Rhys lo había hecho, y por esa razón, el sello barrera que antes había creado se amplió y se reforzó, eso ayudó a su propio uso de la energía, y a no agotar las reservas de los chicos.

 El procedimiento no era instantáneo, aunque casi nunca superaba el minuto de duración, tampoco era menor a treinta segundos, por eso, cuando se cumplió, luego de Rhys haber hecho todos y cada uno de los pasos, el asteroide ya se encontraba a menos de dos minutos de llegar a la posición de Rhys.

 A menos de un minuto del impacto, Rhys dejó de ocultar la barrera, ya que eso le consumía energía, y la hizo visible, la pirámide de energía se alzó hasta el cielo. Esta comenzó a formarse desde la base, primero rodeó a Kit, Dean y Mya, quienes no podían creer lo que los rodeaba y se alzaba por encima de ellos, nunca antes habían visto una demostración tan colosal del poder de Rhys, porque sabían que aunque ellos estuvieran ayudando en ese momento, él podría haberlo hecho solo de igual manera. Las paredes que actuaban como caras laterales los cubrieron, y las líneas que representaban las aristas partieron de ellos hasta unirse encima de Rhys, en ese punto donde él había concentrado toda la energía de los cuatro, ahí... Donde el asteroide chocó.

 La colisión dejó paso a un inmenso estallido que resonó en el lugar, aturdiendo los oídos de todos. Al momento el cual el asteroide comenzó a intentar sobrepasar la barrera fue cuando, por primera vez, se notó la dificultad de la ocasión, porque el cuerpo de los chicos comenzó a sentirse abrumado, como si la presión disminuyera con cada centímetro que este avanzaba. Pero sabían que algo así terminaría sucediendo, por eso, ante todo, no cedieron y comenzaron a reforzar la barrera, dándole paso a la circulación de la energía hacia Rhys.

 Dean fue el primero en alzar su mirada, y su mandíbula se fue de lugar al apreciar como poco a poco el asteroide comenzaba a desintegrarse.

 —¡¿Qué mierda?! —exclamó, con su vista invadida de un poder que quizás lo iba a dejar ciego.

Era Rhys, Rhys con su mirada, destruyendo un asteroide... ¿Cómo era capaz de eso?

 —¿Acaso está haciéndolo sólo con su mirada? ¿No se supone que no usaría sus Rexyss? —preguntó Kit, siguiendo los pasos de Dean, él tampoco podía creerlo.

 —No está usando sus Rexyss, si los usara todo esto se acabaría en un segundo, en realidad está ampliando su sello barrera alrededor suyo aprovechando la energía que recibe de nosotros, ¿O no se dieron cuenta de que la pirámide está comenzando a debilitarse? —explicó Mya.

 El sello barrera era una habilidad básica del Scire, se trataba de una barrera que se creaba a través de Energía del Alma alrededor de lo que el usuario deseara, como un objeto, un lugar, o sí mismo. Esta era indestructible, hasta cierto punto, ya que lo único que podía llegar a traspasarla era la suficiente cantidad de energía como para que un ataque rompa la defensa.

 La técnica insignia de Rhys. Nadie era capaz de usar las barreras como él, por el simple hecho de que él siempre tenía activada una alrededor de su cuerpo, esto lo hacía intocable, ya que era una respuesta automática a cualquier amenaza que el Scire encontrara. Esto hizo que por mucho tiempo fuera afinando el uso y utilidad de esta, hasta el punto de poder modificar algunas de sus características. Como usarla como velo para ocultar cosas que sucedieran dentro de estas, y que sólo fueran capaces de ver usuarios de energía, o fusionarlas con su Scire para poder agregarle algunas de sus habilidades y hacerlas más versátiles, también para proteger las marcas de su sello repartidas por el mundo, o inclusive para amortiguar o reducir el daño causado por ataques o explosiones de alto alcance, una explosión atómica por ejemplo, o al igual que en ese momento... El impacto de un asteroide.

 Lo que en ese momento estaba haciendo era ampliar la barrera a su alrededor para que el sello actuara, ya que al no poder tocar el asteroide a causa de que no sabía muy bien cómo reaccionaría su sello a la radiación emanando de él, no podía usar la habilidad que más necesitaba en ese momento, ya que tampoco pretendía utilizar sus Rexyss, pero como la barrera al fusionarse con el Scire actuaba como una extensión de su propio cuerpo, podía tocar el asteroide sin hacerlo y así poder hacer uso de su técnica de desintegración, esa que sólo podía usar tocando el objeto que pretendía desintegrar.

 —Chicos... Estamos en presencia del ser humano más fuerte de todos los tiempos, y no saben lo agradecido que estoy de ser contemporáneo a alguien como él.

 Las palabras de Dean eran solo halagos y halagos hacia Rhys.

Kit lo miró de lejos y sonrió, él pensaba exactamente lo mismo. Y sabía que Mya, por más que no lo demostrara, se sentía igual ante lo que estaban apreciando.

El poder de un dios.

Poco a poco el plan de Rhys comenzó a surtir efecto, aunque lo que temía también empezaba a hacerse realidad. La radiación del asteroide no era normal, después de todo, el asteroide tampoco lo era, era una respuesta del universo al nacimiento de un nuevo poder, por esa razón, esta radiación fuera de la normalidad era capaz de hacer efecto rebote ante la Energía del Alma, aunque ya había desintegrado casi la mitad del asteroide, todo lo que este emanaba lentamente comenzaba a traspasar la barrera de Rhys, y las consecuencias se hicieron notar, como algunas quemaduras en su rostro y su ropa desquebrajándose. Pero quedaba poco, y no podía echarse atrás en ese momento.

«Mierda, vamos... Solo un poco más, un poco más». El toxico ambiente no le permitía respirar, a causa de esto, el uso de su energía disminuía al mismo tiempo que el asteroide traspasaba la barrera. 

Como la principal fuente de energía en el cuerpo era la sangre, la mala circulación de esta volvía a los usuarios menos diestros en el uso. No poder respirar hacía que Rhys no obtuviera el suficiente oxígeno para que su circulación trabajara con normalidad, y la amplia utilización de energía en la barrera tampoco permitía que alterara su sistema cardiovascular intercambiando oxigeno por otro tipo de gases en su cuerpo. En ese momento era cuando no utilizar todo su poder, o sus Rexyss, le pasaba factura.

 —Chicos, ¿No sienten como que Rhys se está sobreesforzando más de la cuenta? —preguntó Mya, notando que Rhys ya comenzaba a aplicar sus manos en su defensa, y que la ampliación de la barrera se había pausado.

 —Creo que la radiación está comenzando a hacerle efecto, no está usando la totalidad de su energía, quizás sólo tenga en uso el 10% de todas sus reservas... Eso es una locura, incluso para él, el 10% de su poder ya es más grande que el de nosotros tres juntos —respondió Kit.

 —¿Cuánto están usando ustedes? Yo cerca de mi 40% —informó Dean.

 —Casi lo mismo —respondió Mya.

 —Igual —adhirió Kit.

 —Entonces creo que es una decisión unánime... ¿Ampliamos el compartimiento de energía hacia Rhys? Esto hará que pueda reforzar la barrera sin preocuparse de caer inconsciente por la mala circulación en su cuerpo —propuso Dean.

 —Ustedes deberían de ampliarla hasta el 50%, yo puedo utilizar un poco más, quizás un 65%, creo que eso será suficiente para que Rhys termine el trabajo —respondió Kit.

 —Si, hagámoslo —asintió Mya.

Y a la señal de Kit, los tres ampliaron la cantidad de Energía del Alma que otorgaban a Rhys.

 «Has el resto, Niño Maravilla», pensó Mya, esbozando una sonrisa.

 Rhys, tras un inmenso esfuerzo para mantener el nivel que había llevado por minutos sintió como ligeramente se le estaba tornando más fácil otra vez. No pudo evitar mirar hacia abajo y apreciar como todos sus pupilos lo miraban con una gran sonrisa de admiración. Así que habían sido ellos. 

 «Tontos, les dije que no utilicen toda su energía... De igual manera, muchas gracias».

 —¡ARRGHHHH! —Rhys gritó liberando toda su fuerza y la de sus subordinados juntas. Amplió la barrera al doble, ya casi comenzaba a ver borroso, y su mente no reaccionaba, pero solo quedaba una quinta parte del asteroide... Era sólo un esfuerzo más, un esfuerzo más y podría terminar—. Es sólo eso... Sólo...

Quizás no podría llegar al final.

 —¡Rhys! —gritaron los tres chicos al unisonó cuando divisaron como la barrera se rompió y el cuerpo de Rhys comenzó a caer en picada.

 —Mya, tu bola de fuego —dijo Kit, señalando el pedazo que todavía quedaba del asteroide.

 Mya comprendió a lo que se refería, pero había usado mucha de su energía, y se le haría imposible lanzarle un ataque a eso sin que este no le hiciera efecto.

 —No puedo Kit, no tengo la suficiente energía —explicó Mya, corriendo hasta su lado.

 —Yo puedo lanzar un rayo, pero no creo que sea tan potente como para destruir lo que queda —dijo Dean, también acercándose a ellos.

 Ninguno sabía muy bien que hacer, el resto que Rhys no pudo destruir del asteroide caía sin freno, así como el cuerpo de este mismo, tardaría en llegar al suelo, pero no podían seguir perdiendo tiempo, ya que aunque lo atraparan no les daría la velocidad para huir antes de que el impacto los atrape.

 —Tengo una idea... —soltó Kit dando un fuerte aplauso y tomando la atención de los demás—. Tengo la suficiente energía como para hacer un último disparo de mi sangre, lanzaré un pequeño dardo comprimido que cuando choque con el asteroide se expanda y lo destruya dejando solo pequeños fragmentos de este, cuando toquen suelo no harán daño a nadie, pero no será tan potente ni tan rápido, así que necesito de la ayuda de ambos... Mya, tú tienes potencia... Kit, tú tienes velocidad —dijo, dándole una mirada a cada uno—. ¿Me ayudan en esto? —preguntó, estirando su mano al centro.

 —Voy a salvar a Rhys —asintió Dean, apoyando su mano sobre la de Kit.

 —No si yo lo hago antes —añadió Mya, haciendo lo mismo.

 —Bien, prepárense —declaró Kit, dando unos pasos hacia el frente.

 Estiró su mano que antes había cortado en su palma, y dejó salir su sangre hasta formar un pequeño dardo en forma de flecha. Luego apuntó al cielo e intentando esquivar a Rhys lo lanzó.

 —Listo, ahora les toca a ustedes —avisó.

 Mya y Dean le hicieron caso, y ambos lanzaron sus ataques. El fuego de Mya fue lo primero que abrazó al dardo, no era mucho, pero todavía faltaba la parte de Dean, por eso, cuando el rayo lo tocó, el dardo tomó más velocidad, pero al mismo tiempo el fuego de Mya se hizo más fuerte, esa ayuda de Dean había sido el último detalle de su ataque en conjunto.

 —Mierda... Eso casi me deja en cero —dijo Dean, comenzando a notar la fatiga y pesadez haciendo presencia en su cuerpo.

Mya se paró a su lado, y pasando su mano alrededor de su torso lo sostuvo antes de que se cayera.

 —No es momento de que caigas ahora, tonto —dijo ella, con una sonrisa.

 —Vaya, al parecer te gusta tener que salvarme siempre, chica ruda —rio Dean.

 —Ey, ustedes, dejen de coquetear, hagamos una ronda, debemos amortiguar la caída de Rhys —dijo Kit, dándose la vuelta.

 —Pero el ataque todavía no ha impactado —respondió Dean.

 —Ya lo hará, pero antes de que eso suceda Rhys tocará el suelo... Y no podemos permitir que eso suceda. —Kit se movió hasta ellos y estiró sus brazos.

 Mya y Dean hicieron lo mismo, y al cruzarse los brazos de los tres y tomarse de las manos formaron un colchón humano. Rhys debía caer justo ahí.

 —Ahí viene... Alejen sus cabezas y estiren más sus brazos —dijo Kit, señalando hacia arriba, para que en un instante después de su orden Rhys cayera en sus brazos. Sin ningún daño colateral.

 —¡Vamos! —festejó Mya, ayudando a los chicos a dejarlo en el suelo—. Kit, al parecer el ataque ya impactará... Debemos ver el espectáculo. —Señaló al asteroide.

Tenía razón, su ataque conjunto estaba a punto de chocar... Y así fue.

 El dardo impactó en el pedazo de roca y entró a toda velocidad. Kit podía controlar los movimientos de este desde la distancia, por eso, cuando confirmó que este había llegado al núcleo del asteroide lo expandió... Y en ese momento el asteroide estalló, con cientos y miles de pedazos de rocas volando a todas partes.

 —Lo logramos. —Dean esbozó una gran sonrisa.

 —Si... Lo hicimos —respondió Mya, caminando hacia él—. ¿Te sientes bien? Parece que te vayas a desmayar —preguntó preocupada.

 —Estoy bien, no pasa nada, solamente debo descansar un poco —contestó Dean, apoyándose en un banco a las cercanías, lanzó su cabeza para atrás y suspiró.

 —Ey, no te vayas a morir ahora —bromeó Mya, agachándose a su lado.

 —No lo haré, todavía me queda algo por hacer en este mundo... —respondió él riendo.

Apenas terminó su risa su cuerpo se deslizó hacia la izquierda y cayó sobre Mya.

 —Dean, por Sun... ¿Dean? —Mya lo movió con fuerza, pero el chico no respondió, había caído dormido—. Kit, ven aquí, Dean se durmió —llamó a Kit, alzando su mano.

 —¿Eh? —La confusión se hizo parte de Kit al notar la mano alzada de Mya y escuchar su nombre—. ¿Qué sucede? —preguntó, acercándose a sus amigos.

 —Se durmió —ella indicó.

 —Vaya, este chico. —Kit no pudo evitar reír.

 —¿Qué haremos con él? —preguntó Mya, señalando a Rhys, quien se encontraba acostado en el lugar que había caído antes—. ¿Se recuperará?

 —Cuando vuelva en sí sólo necesitará regenerar sus quemaduras y optimizar su cuerpo con la energía que le queda... Recuerda que todavía tiene el 90% restante que no usó, sin contar sus Rexyss —explicó Kit.

 —¿Debemos dejarlo aquí? ¿Y si llega a ponerse fea la situación? El séptimo impacto ya terminó... Eso sólo significa una cosa —dijo Mya, dirigiendo su mirada a Kit.

Él se dio cuenta de lo que se refería y le devolvió el gesto.

 —Se supone que un sello se activará automáticamente apenas Vlas obtengas su Scire, si él no despierta antes, Lara será teletransportada a Remia de nuevo, y los sellos barreras que están activos en este momento se desintegraran, ya que eran solamente una medida preventiva a algún ataque o daños consecuentes del asteroide.

 —Entonces debemos de volver con Leah, sólo como precaución, ¿No crees?

 —Sí... Pero creo que antes deberías de ir tú, llévate a Dean contigo, yo me quedaré aquí con Rhys, esperaré que Lara aparezca —dijo Kit, quitándose su guante. También sacó un papel de su bolsillo—. Toma, estos son los encantamientos de la regeneración, Rhys me dijo que si los pronuncias al mismo tiempo que tocas a la persona que quieres curar con tu energía activada, esta se llevara a cabo —agregó, dejando el papel en su mano, y el otro guante.

 —¿En serio funciona? —preguntó Mya sorprendida.

Por lo que ella entendía, una habilidad como la regeneración solo podía llevarla a cabo un poseedor del Scire, inclusive dentro de ellos, sólo algunos con una gran destreza en el control de este eran capaces de usarla.

 —Rhys me dijo que no importa el nivel que poseas en cuanto a energía se trate, mientras tengas la base de un poseedor del Scire y los encantamientos, las habilidades se podrán llevar a cabo... Eso sí, no es algo muy conveniente en batalla, porque es un proceso lento, y ambos sabemos que en un combate lo único que no sobra es tiempo.

 —Cierto... ¿Tengo que usar ambos guantes? —preguntó ella, notando que Kit no había dejado en claro la razón por la cual le dio su guante. 

 —Podrías hacerlo con uno solo, pero sería un proceso aún más extenso, por eso te doy el mío, lo imbuí con un poco de mi energía, para ayudarte y que no tengas que usar toda la tuya.

 —Vaya Miracle, sí que eres alguien precavido, eso me hace pensar... ¿Lo haces por algo más que sólo querer ayudarme? —preguntó Mya, acercándose más a él.

Kit sonrió y acercó su rostro al de ella.

 —No lo sé, quizás quiero que me des un agradecimiento luego... Tú sabes, algo así como que le pidas a Wanda que actúe como mi doctora si llego a quedarme sin energía —respondió Kit, lanzándole una guiñada.

 —Eres un pervertido K, tú sabes que ella es dos años menor a ti, y de todas maneras quieres... —paró.

 —¿Quiero qué? —insistió Kit.

 —Déjate de jugar imbécil, es Rhys... Se despertó —respondió Mya, señalando a Rhys.

 Kit se dio la vuelta rápidamente para apreciar a Rhys sentado en su lugar, y tomándose la cabeza.

 —Rhys... Despertaste, ¿Te sientes bien? —preguntó Kit, cuando luego de correr hacia él se agachó a su lado.

 —Ja, mejor que nunca... —respondió Rhys, alzando su mirada. Mya y Kit se miraron rápidamente al notarlo—. Deben irse de este lugar ya mismo... El sello que dejé cronometrado se activó, y Lara fue teletransportada al apartamento, tomen a Dean y vayan con ellas, tengo que encargarme de algo antes —añadió, apoyando sus manos en el suelo y levantándose de un salto.

 —¿Qué pasa? —preguntó Kit, dándose cuenta de que Rhys se veía demasiado enérgico de la nada como para apenas haberse levantado. Sin contar que tenía sus Rexyss activos.

 —Eso pasa. —Alzando su dedo índice, señaló hacia enfrente de ellos—. El momento llegó —añadió, esbozando una complaciente sonrisa.

 Cuando Mya y Kit miraron hacia donde él señalaba, apreciaron como en la línea del horizonte se alzaba un pequeño grupo de personas, frente a ellos caminaba Cole, con la misma sonrisa que Rhys poseía. No había duda de que eran hermanos, no había dudas de que ambos eran hijos del mismo padre... Porque esa sensación de oscuridad ahogó el ambiente de la nada, cuando el Scire de ambos se activó al mismo tiempo.

 —Es él —musitó Mya, entre dientes—. Es el tipo que lastimó a Lara.

 —Cole Di Rem —adhirió Kit, a su vez sintiendo un leve estremecimiento cuando Rhys pasó a su lado.

 Él se paró, con un firme semblante y la frente en alto. Un aura de decisión y confianza se formó a su alrededor, que también se mezcló con la de oscuridad y sed de sangre que ya poseía. 

 —Toma Kit —soltó, lanzándole un botón, el mismo que Lara usó con Vlas.

 —¿Qué hago con esto? —preguntó Kit, atrapándolo en el aire.

 —Es un botón de teletransportación automática, tengo uno para cada una de mis marcas, ese es el de Lara... Ella se encuentra marcada, júntense los tres y apriétalo, serán enviados a ella en un instante —explicó Rhys, sin darse la vuelta.

 —¿Estarás bien, Rhys? —preguntó Mya, algo insegura, no porque Rhys pudiera perder, eso era imposible, si no por el hecho de que la situación podría írsele de las manos, y él perdería los estribos... Otra vez.

 —Quédate tranquila, linda... No me pasará nada —respondió, guiñándole el ojo al momento de darse la vuelta. Mya sonrió y ese gesto la tranquilizó hasta el punto de hacerla ruborizarse. Él le había dicho linda—. Ahora vayan... Curen a Dean y háganle saber a Lara lo que está pasando, no tardaré mucho —añadió, volviendo el rostro hacia delante.

 Kit y Mya asintieron a su orden e hicieron lo que les dijo. Ambos corrieron hacia Dean, Kit lo tomó de un lado y ella del otro. Divisaron una última vez a Rhys. Se convencieron de que él estaría bien, y al cruzar sus miradas ambos asintieron, Kit tocó el botón, y tal como Rhys les dijo... Desaparecieron al instante, dejando a Rhys solo en el lugar.

 —Parece que te decidiste... Cole —declaró Rhys, cuando su hermano y algunos soldados que parecían ser de la mafia se pararon frente a él.

Apenas los separaba unos metros, una distancia razonable para Rhys, sabía que si se movía solamente un poco podría acabar con ellos con facilidad, pero Cole no era un idiota, y él lo sabía más que nadie, por eso no actuó.

—Ya estaba decidido hace tiempo, solamente estaba esperando el momento indicado, Rhys Windsor... Y al final, el momento llegó, esperaba esto desde hace seis años —respondió Cole, dando algunos pasos más, hasta quedar a un metro exacto de Rhys.

Rhys admiró su valentía, pero con su mirada arrogante y soberbia le dio un vistazo de arriba abajo, con cierto desprecio reflejado en ese gesto. Cole se percató de esto, y rio.

—Así que viniste a eso... Espero esta vez no hayas traído un reemplazo, ya sabes que eso no funciona.

—No, esta vez soy el original, él mismo que peleó con tu amada Lara... Tampoco terminé mi pelea con ella, pero no tardé mucho en hacerle daño, un poco más y no la contaba, si no hubiera aparecido esa chica arrogante —dijo, entre dientes. Todavía seguía enojado por esa situación.

—¿Intentas provocarme con lo de Lara? Eso es algo muy bajo de tu parte, enfrentarte a dos chicas que no poseen un Scire y de todas maneras huir con el rabo entre las patas... Es muy humillante si lo ves de esa manera, ¿No es así? —preguntó Rhys, entre ironía, burla y sarcasmo.

Cole no pudo evitar fruncir el ceño ante la respuesta de su hermano, pero no podía actuar, porque no la iba a contar.

—No lo sé, sólo puedo decir... Vaya que tu esposa se mueve muy...

Una mano atrapó su cuello cuando estaba por terminar su frase.

Rhys sabía lo que él pretendía decir, sabía cómo pretendía actuar, pero también se había percatado de algo, incluso más bajo que los dichos de Cole. Por eso apretó su mano con fuerza, y el cuerpo de Cole se desvaneció como ceniza entre sus dedos.

—Con que «soy el original», inclusive en este momento sigues mintiendo, eres una sucia y tramposa rata, Cole —declaró Rhys, alzando su mirada a un alto pilar que sostenía un farol, en el medio de la plaza, ahí se encontraba Cole parado de brazos cruzados, con una sonrisa en su rostro.

—Sólo quería ver que tanto había progresado mi hermano, y no podía arriesgarme a salir herido antes de luchar, si hace seis años eras un monstruo, no me imagino ahora, todos sabemos lo que sucedió contigo al final de la guerra, y eso te volvió invencible... Prodigio Divino.

Esas palabras...

«Prodigio Divino», pensó Rhys recordando ese momento.

Rygal lo había dicho, muchos años atrás, pero ese concepto luego de su partida pasó a convertirse en una maldición, porque para Rygal cambió su significado, y para Rhys también. Luego de vencer a Rygal rompió esa maldición, pero eso no establecía haber destruido ese apodo en su totalidad, porque tomó incluso más sentido que antes... Prodigio Divino... Esa descripción pasó de ser su mayor maldición a convertirse en su bendición, en su única forma de encontrarse con sí mismo, en su figura.

Tenía que agradecerle algo a Rygal, de todas maneras, ya que aunque lo maldijo de muchas formas también le dio varias herramientas para que pudiera convertirse en lo que era, si no fuera por él jamás hubiera tomado en serio su propio talento, jamás hubiera ambicionado tanto, y jamás hubiera explotado en su totalidad su prodigiosa mente... Lo odiaba, lo odiaba con su vida, más que a nada en el mundo, en el universo, pero tenía que darle la derecha en eso, quizás se lo debería agradecer, después de todo, Rygal era su padre, más allá de todo lo sucedido entre ellos, al menos hizo algo bueno por él... Y no lo iba a dejar pasar de tal manera.

—Sabes lo que decir eso significa, tu padre te lo habrá dicho, e incluso sabiéndolo sigues pretendiendo luchar contra mí... ¿Qué sucede en tu cabeza? Eres un suicida —declaró Rhys, entre risas. No intentaba salvarlo, sólo quería hacerlo ver incluso más estúpido de lo que era.

—¿Tú crees? Demuestra tu fuerza Rhys, pelea conmigo —propuso Cole, señalándose a sí mismo con su dedo índice.

—Con mucho gusto —respondió Rhys, con total predisposición—. Pero primero deberías dejar de huir de mí —añadió con reticencia.

—Claro que lo haré, pero antes de eso deberás pelear con ellos —dijo, señalando a las personas que lo acompañaban.

Rhys ya veía venir eso, sabía que Cole no traería a veinte usuarios de Energía del Alma sólo porque sí, pero enfrentarse a ellos para poder destruir a Cole luego era una buena propuesta. Hacía mucho tiempo no luchaba en serio, y quería por lo menos tener un calentamiento antes de un combate, aunque deduciendo el poder de ellos sabía que no le durarían más de un minuto... Eran débiles, demasiado podría decir.

—¿Sólo eso? Sabes que no me pararás con esto —respondió Rhys, señalando al mini ejército de Cole con desprecio.

—Si, lo sé, pero qué importa, al menos podré desgastarte, probablemente tenga más posibilidad —explicó Cole, con obviedad.

—No me será siquiera necesario usar mi energía... Verás como los venzo usando solamente mi fuerza física, no tardaré demasiado Cole, pronto estarás bajo mis pies —aseguró Rhys, crujiendo sus dedos al momento que se preparó para enfrentar a los subordinados de Cole.

—Lo que tú digas, aquí te espero —declaró Cole, levantando vuelo y viéndolos desde arriba.

Rhys quedó parado en su lugar, esperando que lo atacaran, pero nadie se movía, y Cole, desde arriba, sólo lo miraba con una sonrisa.

—¿Qué sucede con tus hombres, Cole? ¿Acaso me tienen miedo? —preguntó Rhys, con arrogancia.

—Oh, ¿Ya estabas listo? Lo siento, solamente creí que tendría que matar a un niño para que destruyas otro ejercito —preguntó Cole, entre risas.

Pero en ese momento apreció como el rostro de Rhys cambió de expresión en un instante. El ambiente se congeló con su mirada.

—¿Ah, sí? Con que esas tenemos, Cole... No sabes el error que acabas de cometer —afirmó Rhys, frunciendo el ceño. Hasta que su rostro esbozó una media sonrisa intimidante.

«Es momento», pensó. Y no dudó.

Sin decir nada, comenzó a acercarse a los soldados lentamente, con su ira desenfrenada emitiendo un aura oscura y cruel. Cada paso sonaba como una aguja de un reloj, marcando un momento decisivo... El momento de terminar con todo.

—Ahora... ¡Ataquen! —ordenó Cole, alzando su voz.

 «Espadas, cuchillos y lanzas... Vaya, ¿Acaso retrocedimos quinientos años?», pensó Rhys, notando que quienes corrían a atacarlo no tenían armas que pudieran hacerle algún tipo de daño a distancia.

 Rhys, apreciando la horda que se abalanzaba sobre él, comenzó a correr hacia ellos, pretendiendo un choque, que jamás ocurrió, porque se escabulló entre los huecos que ellos dejaban, esquivando espadazos, cortes y ataques de lanzas, quizás algún que otro puñetazo. Ellos eran rápidos, eran usuarios de energía después de todo, pero no se le hizo muy difícil esquivar cada uno de sus ataques.

 Cuando llegó al medio notó que una ronda se había formado a su alrededor, y que todos apuntaban a él. Eso no hizo más que aumentar su adrenalina, y darle más y más ganas de luchar.

 —Bien, creo que es momento que deje de jugar... Lo lamento por sus vidas, pero tendré que dejarme llevar un poco —declaró Rhys, ubicando a su primera víctima, o quizás víctimas, porque enterrando su pie en el suelo se impulsó para salir disparado hacia ellos, fue un movimiento fluido, con una velocidad imperceptible, atacó a dos usuarios y les quitó sus armas—. Les aconsejo que corran —agregó, con una espada en cada mano, miró a su alrededor y levemente la ronda que se había formado en torno a él se desarmó, algunos de ellos se estaban comenzando a alejar, otros ya se habían percatado de quien era la persona con la que pretendían pelear.

—Eso es inhumano —dijo uno de los tipos, su voz temblaba

—Es Rhys Windsor... El Demonio de Remia —respondió uno de sus compañeros, cuando al mencionar su apodo cambió su rostro a uno de pánico.

Un pánico sensato, porque lo que sucedió a continuación le dio la razón.

Rhys comenzó a correr entre sus contrincantes, cortándolo todo a su paso, su velocidad era tanta que ni siquiera usó su energía para reforzar las espadas, rápidamente vio como caían uno a uno aquellos que intentaban responder con un ataque. Su personalidad arrogante brillaba junto con su destreza, junto con su fuerza, junto con su monstruosidad... Nunca nadie debía de meterse con Rhys Windsor, y no había otra manera que aprenderlo que no sea por las malas.

Rhys incluso antes de aprender a utilizar su Energía del Alma era un ser humano bastante superior al promedio. Siempre puso su entrenamiento físico como base ante todo, porque sabía que la Energía del Alma más que aumentar el poder que se poseyera, también amplificaba la fuerza física, velocidad, percepción, reflejos y todo lo que tuviera que ver con el cuerpo humano, por lo que si alguien era débil físicamente, la energía no podría hacer mucho para transformarlo en algo sobrehumano.

Con dieciséis años él ya había afinado lo suficiente sus cinco sentidos como para ser capaz de percibir hasta el más mínimo detalle a su alrededor... Por eso no se le tornó difícil, incluso entre todo el alboroto que sus contrincantes habían formado, percibir ese ataque que se dirigía hacia él a distancia... Dos balas, una de cada costado.

Entre el movimiento que hacía esquivando los ataques de los demás, también se le sumó esa ligera inclinación de su cabeza que hizo que las balas que iban dirigidas a esta pasaran de largo, impactando con dos de sus rivales... Vaya, incluso los ataques que iban hacía él estaban de su lado.

Cuando pudo divisar de donde venían las balas alcanzó a encontrar dos francotiradores en la cima de unas construcciones que rodeaban el campo de batalla. Con destreza, lanzó sus espadas a los dos francotiradores que estaban preparándose para disparar un nuevo ataque, los destruyó sólo con ese lanzamiento. Tomó dos espadas nuevas de los otros caídos, para luego sin parar, acabar uno tras otro a todos los rivales que fueran a atacarlo.

Cuando notó que ya quedaban pocos enemigos, caminó hasta ellos y se paró a unos metros. Su apariencia era lúgubre, de terror, tan intimidante como asombrosa, su rostro y ropas bañadas en sangre, sus manos sosteniendo las espadas que goteaban a cada paso, sus ojos afilados, helados y oscuros... Su presencia imponía respeto y hegemonía... El Demonio de Remia había regresado.

Bajando los brazos soltó las espadas que sostenía, y con una pizca de clemencia en su alma, antes de dejarse llevar por completo, les dio un ultimátum.

—Este es su momento de retirarse, si no quieren terminar como todos ellos, huyan... Antes de que ya no tengan salvación —declaró, con la mirada perdida.

Quedaban solamente seis de los veinte iniciales, pero ante el aviso de Rhys, ninguno se inmutó, quizás fue el miedo, o el respeto, o el honor de morir por las manos de Rhys, pero ninguno cedió, y todos se prepararon para atacarlo una última vez.

—Ya veo... —musitó Rhys, agachándose y tomando un cuchillo que se encontraba en el suelo—. Parece que decidieron quedarse... Entonces conocerán su final —añadió, y su filosa mirada cortó el ambiente, esa mirada hizo una sola cosa... Los sentenció a su muerte.

 

Al mismo tiempo...

 

Remia, Crystel, Residencia Windsor - 30 de Junio - Año 525

 

—¿Alguna vez pensaste que dormiríamos juntos? —la pregunta de Zenda rompió el silencio que se había formado en la habitación.

Vlas se encontraba pensativo, no tan melancólico, quizás un poco triste, aunque ella todavía se encontraba a su lado, de todas maneras, la hora de decidir se acercaba cada vez más, pero tampoco lo tenía muy ansioso, no sabía cómo sentirse, y frente a la pregunta de su novia, sintió una leve distracción de sus pensamientos.

—Si, un poco lo anhelaba, pero siempre pensé que terminaría sucediendo cuando estuviésemos casados... Y viviéramos juntos, con nuestros hijos, hasta el final... —respondió hasta que su voz casi se dejó de oír.

Sentía como con cada palabra se quebraba un poco más, y antes de romper en llanto prefirió no seguir, y abrazar un poco más fuerte a Zenda.

—Lastimosamente no podremos cumplir nuestro propósito —respondió ella, notando la actitud de Vlas, apretó su mano y se recostó en su pecho—. ¿Sabes? Desde que me lo dijiste siempre tuve una pregunta en mi cabeza, ¿Realmente te querías casar conmigo o sólo era un capricho?

Vlas rio.

—Al principio era un capricho, como un reto a mí mismo, tú sabes, era un niño, pero estaba enamorado de ti, demasiado... Aunque con el pasar del tiempo se convirtió en un propósito, en mi motivo de vida, y al enfrentar mi futuro sólo quería una cosa, quedarme a tu lado por siempre —respondió, girando su rostro y mirándola a los ojos.

Zenda quedó en silencio por un rato.

—Te escuché cuando estabas hablando con tu hermano y Lara sobre mí, y sobre lo que sentías —declaró, tomando a Vlas por sorpresa.

—Oh... Lo siento por mentirte, no quería que te sintieras mal al saber lo que realmente sentía yo, lo he ocultado porque me has recalcado todo el día que no querías sentirte triste, y creí que si yo sí lo estaba, tú no podrías evitar hacerlo.

—No lo sientas, de hecho, veía raro que no te afectaba todo lo que estaba sucediendo conmigo, contigo o con tu hermano, no me di cuenta que tú estabas tan pendiente de mí que dejaste de lado tu propia estabilidad emocional, yo fui egoísta al no haberte hecho saber eso, y pretender que sólo pensaras en mi... Mas sabiendo que la persona que debe decidir eres tú, y que inevitablemente te martirizarás por eso, porque así funciona la mente, somos más débiles de lo que parece, y ante un suceso así es cuando más se demuestra.

—Igualmente, ese sentimiento sólo me acometió hoy, ahora que estoy contigo no siento lo mismo, esa es la razón del porqué no quiero dejarte ir, tú me quitas cualquier tipo de tristeza, si estoy contigo no pienso en nada más, y anhelo que jamás acabe... Por eso no puedo dejar de pensar, ¿Cómo podría seguir luego de esto?

—Yo quiero que sigas, Vlas... Debes saber que no puedes dejarte llevar por esos sentimientos, si pudiste superar la perdida de tu hermano, podrás superar la mía, tienes a Rhys, a Lara, a Kora, a tu familia, no estás solo, nunca lo estarás... Yo no quiero que tú pierdas esa sonrisa, me lo prometiste, ¿Cierto? Lo último que veríamos de cada uno sería una sonrisa, hagámoslo por los dos, tú tienes toda una vida por delante, quiero que seas feliz, Vlas, quiero que me superes y no te sientas culpable toda la vida por algo de lo que no podías hacer nada... Quiero que esto no sea en vano —respondió Zenda, tomándole la mano con fuerza a medida que se daba la vuelta en su lugar, y se sentaba en sus piernas. Cuando quedaron enfrentados sus miradas se cruzaron y Zenda le sonrió—. Sólo dame la mano, y deja que el tiempo pase, ya no tiene sentido limitarnos, quiero estar contigo por y para siempre... Demuéstrame tu amor, Vlas... Te entrego mi vida —le susurró al oído con deseo.

 A Vlas le tomó por sorpresa la actitud de Zenda, sabía por dónde iba la situación, y aunque suponía su mayor muestra de confianza, su unión, su demostración más grande de cariño... No estaba totalmente seguro de lo que estaba por suceder, y no pudo evitar intentar aplazar la situación.

—¿Sabes? Tu sonrisa es un regalo, Zenda... Gracias a ti, mi vida es lo que es, gracias a ti, pude soñar y anhelar mi felicidad, pude amar más allá de lo que pensaba que podía, pero no estoy totalmente seguro de lo siguiente, siento que eso ya sería otro paso, y no quiero que lo hagas solamente por mí, ¿Estás segura de esto? ¿Tú también lo quieres? —preguntó mirándola a los ojos.

Buscando su confirmación, una señal... Buscando el «sí».

—Nunca dejes de sonreír, no pierdas esa felicidad que hay en ti, yo no te entregué la felicidad, ni ella depende de mí, sólo la alimenté un poco, siempre fue una consecuencia de tu esfuerzo... Desde ahora es momento de que tú veas que eres lo que eres gracias a ti... Yo ayudé, y lo hice porque te amo, pero eso no era suficiente, ya que sin tu fortaleza y fuerza de voluntad nada hubiera sido posible... Vive Vlas, hazlo por ti, vive y sé feliz... Te amo, y te amaré por siempre, mi vida —respondió Zenda, cuando sin dejar que Vlas respondiera, sólo se acercó a su rostro y unió sus labios a los suyos, dejando paso a un intenso beso, demostrando su seguridad, respondiendo la pregunta de Vlas y permitiendo que ambos llegaran al siguiente nivel.

Superando la línea de su amor, ambos volviéndose uno por la eternidad.

 

Después...

 

Remia, Crystel, Residencia Windsor - 1 de Julio - Año 525

 

VLAS

 

 Ya nada tenía sentido, todo lo que me había pasado en mi vida no tenía sentido, Zenda le quitó todo el sentido, derrumbó mi teoría, me dejó en jaque. Todavía seguía sin entender como había logrado cada cosa. Mi seguridad se había convertido en un escudo para esconder mi verdadero yo, siempre tuve miedo de perder lo que más amaba, y lo que me mantenía a flote. Sabía que el día que algo así sucediera nada iba a ser igual, aun así, si ella me decía que no la necesitaba para ser lo que yo quería ser, me debía replantear lo que seguramente era una equivocación mía. ¿Había logrado todo gracias a mi propia fuerza de voluntad, o sólo era dependiente de ella?

No importaba lo que sucediera desde ahora en más, todo cambiará de todas formas, debía demostrar de lo que realmente estaba hecho, debía demostrar lo que le prometí, debía ser la persona que ella vio aquél día el cual me salvó, debía ser de quien se enamoró, debía ser yo. Vlas Windsor.

 Zenda estaba dormida a mi lado, esperando su muerte... Era extraño, se veía tan inocente, tan tranquila... Supongo que cuando aceptas algo de tal manera no sientes ningún tipo de arrepentimiento, y sólo miras hacia el futuro con una sonrisa... Espero poder lograr algo así algún día. Espero poder aprender a vivir como ella.

 Acabábamos de convertirnos en uno, realmente había sido un momento único. Tanto la amaba que no podía aceptar vivir sin ella cada día desde ahora, pero debía aceptarlo y pensar en sus palabras: «Vive Vlas, hazlo por ti, vive y sé feliz». Esas palabras resonarían en mi cabeza por la eternidad, o hasta el final de mis días. Y viviría toda mi vida pensando en su sonrisa, sin más.

Tendría que seguir adelante, cumplir con la promesa que le había hecho, ser feliz, vivir mi vida, y cuando llegara el momento en el cual mi futuro sea el que siempre anhelé, cuando llegue el momento del final... Mostrárselo a una estrella brillante... Por una noche eterna. 

Ya había pasado la medianoche cuando escuché un intenso estruendo que saturó mis oídos. Sabía lo que era, por eso salté de la cama con rapidez y alcé la persiana de mi habitación. No podía creer lo que veía en el cielo, un destello de luces tal y como una aurora en el invierno, sumado a un estruendo que parecía venir de Dunch, la ciudad vecina.

 «El séptimo impacto», pensé. Ya sabía lo que eso significaba, Rhys había mencionado mil veces lo que sucedería luego de que ese suceso ocurriera. Ante esta realización, mi corazón se encogió, sentí como levemente comenzaban a invadirme esos sentimientos que estaba intentando esquivar.

 Por instinto, mire hacia la cama, Zenda yacía dormida, descansaba en tranquilidad, se veía hermosa. Frente a esto, un sentimiento de angustia comenzó a surgir dentro de mí, era la última vez que la vería con vida, era la última vez que podría sentirme bien con su presencia.

Fue involuntario, al parecer no podía hacer nada ante lo que estaba por suceder. Mi cuerpo comenzó a dormirse solo, y estaba comenzando a ver borroso, era hora de enfrentarme a mis miedos y decidir para siempre mi destino... Y el de Zenda. La besé por última vez cuando ya me encontraba en mi límite, para luego caer inconsciente a su lado.

Esperando despertar en un mundo donde todo hubiese sido un sueño.


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