Remia, Crystel, Hospital Norte - 22 de Junio - Año 525
—Gracias por quedarte con ella, Leah —agradeció Rhys, entrando a la habitación. Su hermano lo siguió.
Vio a Leah sentada al lado de la cama donde Lara se encontraba acostada.
—Oh, Rhys, se supone que no permitían visitas —dijo Leah poniéndose de pie. Notó que Rhys venía con Vlas.
—Emm, sucedieron cosas —respondió Rhys echándole una mirada de reojo a su hermano. Ambos intercambiaron unas sonrisas.
—Ya veo —dijo la chica, convencida—. Por cierto... Hola Vlas —saludó, acompañando su saludo con una dulce sonrisa.
—Hola Leah. —Él respondió igual.
—¿Qué le sucedió? —Rhys preguntó, comenzando a caminar hacia la cama, hasta pararse al lado de ella.
—El colapso se debió a una apendicitis, tuvieron que operarla —explicó Leah— La operación fue hace una hora, desde ese momento ella está descansando y yo decidí quedarme hasta que tú vinieras —agregó.
—Cierto, ella me dijo que tenía dolor de estómago, ayer... Debí haberle dicho que viniera al hospital más temprano —recordó Rhys—. ¿Te quedarás? —preguntó, volteando hacia Leah.
—¿Es necesario? —preguntó la chica.
—Yo me voy a quedar, si quieres puedes irte, no lo sé.
—Iré a la cafetería, puedo esperar ahí, para que no haya tantas personas en la habitación —indicó Leah.
—Claro... Ya que vas, ¿Vlas, puedes ir con ella? Tráeme un café y una botella de agua —dijo sacando algunos billetes de su bolsillo.
—Sí, puedo... ¿Sólo eso? —preguntó Vlas, sosteniendo la puerta, a punto de salir de la habitación.
—Sí, eso, gracias de antemano —asintió Rhys.
Leah había salido antes, lo estaba esperando afuera de la habitación, parada en el pasillo.
—Ahora vuelvo.
Vlas no había hablado con Leah desde el día anterior, tampoco se había referido a lo que ella hizo esa noche por él... Ni siquiera le había agradecido, él sabía que ella no estaba enterada de su conocimiento sobre ese suceso, porque para ella, él durmió toda la noche. Quería ser agradecido con ella, pero al mismo tiempo, no sabía cómo comenzar con el tema... Había pensado algunas opciones, o tal vez sólo preguntarle. Rhys se lo había dicho también, podía comenzar por ahí. Aunque a ella no parecía importarle demasiado, probablemente no hubiera querido que él se enterara tampoco, por eso no le había dicho nada tampoco.
Ella estaba a unos pasos delante suyo, caminando casualmente, Vlas creyó que había olvidado que él iba detrás suyo, pero cada cierto tiempo volteaba a verlo, y le sonreía cálidamente. La idea de que ella no quería contarle sobre lo sucedido ese día vacilaba en la mente de Vlas, en realidad ella siempre era simpática con él, pero esos ligeros gestos en su rostro, su sonrisa y sus ojos fulgurando al encontrarse con su mirada le daban otra perspectiva de la situación... Quizás ella sí quería hablar del tema.
—Leah... —comenzó. Ella se dio la vuelta apenas él dijo su nombre—. El otro día... Me enteré de lo que hiciste por mí... Debería agradecerte. —Trató de sonar tranquilo, aunque en realidad, lo que ella había hecho merecía mucho más que un simple agradecimiento con palabras.
—Oh, te enteraste. —Ella volvió su mirada hacia adelante—. No fue nada... Lo hice por ti.
—Lo sé, por eso quería agradecerte, en realidad nosotros nos conocemos pocos, ni siquiera sabías por qué estaba así, o qué pensaba, no hablamos, pero... Estabas ahí, sosteniendo mi mano... Tan suave y cálida al mismo tiempo... Estoy seguro que sonreí inconscientemente varias veces en la noche... Pero no es necesario que me lo digas... Puedes guardártelo para ti. —Mantuvo su mirada encima de ella, de espaldas a él. No vio su rostro, pero la oyó reír, al tiempo que se inclinaba un poco para adelante y colocaba una mano en su rostro—. Fue muy lindo de tu parte, Leah... Eres una gran persona.
—Lara y Rhys me enseñaron algo... Si puedo, debo... Tu estabas ahí, y yo podía hacerlo, así que lo hice, no hay demasiada explicación... Sé lo importante que eres para Rhys, también estaba tu madre a tu lado... Los vi a ambos muy mal por ti, no quería que siguiera pasando, y a veces, un simple detalle puede ser fundamental... No intento colgarme la medalla de buena persona, Vlas... Tu podrás darle el propio valor que quieras a lo que hice por ti, yo no espero nada a cambio... Lo hice porque quise, y porque creí que lo necesitabas.
Ella volteó, Vlas se había parado en el camino. Sus ojos verdes de nuevo le parecieron los ojos más hermosos que vio en su vida. «Eres una gran persona», le dijo, y ella pensaba lo mismo de él, por eso, había hecho eso en primer lugar. Ella ya sabía todo lo que él pasaría, Rhys se lo había contado, y ella no podía parar de pensar en eso, en que esa persona que había conocido hacía tan poco tiempo, y que le había parecido tan maravillosa, podría tomar una decisión que involucre su vida... Que involucre su muerte.
Era triste, tan trágico como injusto, y verlo cada día más cerca de ese destino la angustiaba un poco, porque creyó haberse alejado lo suficiente de la muerte luego de lo que pasó ella misma en su vida. Y no... Ya que, a pesar de no tener esa unión que tenía con las personas a las que más amaba, a aquellas que apreciaba, quería y admiraba. E incluso sintiendo que, en ese momento, Vlas era para ella sólo el hermano de Rhys... ¿Por qué le causaba tal sensación saber que podía morir? ¿Justo él? ¿Por qué él? No se lo merecía. Y no era su pensamiento de no querer volver a ver muerte el que daba respuesta a esa sensación, o el de saber lo mucho que eso afectaría a Rhys, por consiguiente a Lara, y a ella de igual manera.
No era por eso, no era por nada de lo que ella había vivido en el pasado y le traía estremecedores recuerdos... No era por su empatía tampoco, ni por él y su simpatía... Era ella, ella era la que sentía que no quería que él se fuera tan pronto... Su corazón se quería negar, y cada día que pasaba, que se acercaba a él, y de igual manera se alejaba, la dejaba en una encrucijada. Ya que no quería acercarse a él, y tomarle cariño, o lo que fuera que él le causara, ya que... Si él elegía ese destino... Ella sufriría... Mucho... Y se daría cuenta de algo de lo que quería renegar, ya que él, ella, y nadie, quería pensar en eso en ese momento tampoco... Y eso era que... Que él le había comenzado a gustar.
—Sí... Creíste bien... Lo necesitaba... Gracias Leah.
Ella vio esa sonrisa iluminar su rostro. Y una lágrima cayó por el suyo.
—De nada... Vlas.
Más tarde...
—¿Está sola, señorita?
Leah había estado mirando su taza de café unos minutos, girando su cuchara por el borde, todavía con ese intercambio que tuvo con Vlas en su cabeza. Él se acercó a ella luego de notar la lagrima en su mejilla, y con su pulgar, con extrema delicadeza y suavidad, la limpió. Luego no dijo nada más, y la acompañó a la cafetería, compró lo que tenía que comprar para Rhys, en silencio, de paso también pagó su café. Y se despidió de ella asegurando que debía volver a su casa apenas le dejara esas cosas a Rhys, y que quizás no se volverían a ver en el resto del día... Ella asintió, y recibió un beso en la mejilla de su parte. Y él se alejó del lugar, no sin antes regalarle una última sonrisa.
—¿Mya? —Leah alzó su mirada, ella sabía, sólo con su tono de voz, quien era la persona que le había hecho esa pregunta.
—Vi a una belleza sentada en la mesa de una cafetería y pensé que era mi oportunidad —bromeó la chica, sentándose a su lado—. ¿Qué tal chica? Tanto tiempo.
—Ey, ¿Qué haces aquí? ¿No estabas en Fons? —preguntó Leah, aun sorprendida de que su mejor amiga estuviera a su lado.
—Las cosas se pondrán feas en unos días, Rhys nos llamó... Creo que Kit también está por aquí —respondió Mya, alcanzando algunas de las galletas que Leah estaba comiendo—. ¿Qué tal todo por aquí? ¿Te ha caído bien la familia de Rhys?
—Bueno, en realidad... Sólo he conocido a su madre y a su hermano, su padre es complicado, y si lo vi dos veces es mucho —contó Leah.
—¿Su hermano? ¿El tan famoso Vlas Windsor? ¿Y qué tal? ¿Es todo lo que él dijo que es? —Mya la azotó a preguntas.
Leah notó que se veía emocionada.
—O sea, quizás... No lo sé... Es un buen chico, estuvo aquí hace un rato de hecho, es extraño que no te lo hayas cruzado en el camino.
—Espera... Ese chico que estaba aquí hace unos momentos, el que te saludó con un beso en la mejilla, ¿Era él? —Mya se inclinó en la mesa, acercándose al rostro de Leah.
Ella se retrajo lentamente en su lugar, la mirada de Mya estaba sobre ella, y exigía respuesta. «¿Por qué dije eso? Maldita sea», pensó. Ahora iba a tener que explicarle toda la situación a Mya. Y a ella que no le gustaba suponer cosas.
—¿Lo viste? —preguntó, en voz baja.
—Es hermoso, no puede ser... Es como ver a Rhys de otra manera, quitándole todo lo sexy que es, y agregándole algo más, no lo sé, algo así como ternura pura... Me lo crucé en la entrada, pasó de largo, pero al verlo pensé: «Ese chico es igual a Rhys», no se me ocurrió jamás pensar que era su hermano... Debí haberle pedido su número —dijo Mya, algo decepcionada consigo misma. Volvió a su lugar, y al apoyarse en el respaldar de su asiente, cruzó sus brazos.
—Mya, es muy pequeño para ti... Además, a ti te interesa otra persona, ¿No es así? —preguntó Leah, entre unas cómplices risas que Mya acompañó.
—Ese tonto, no lo he visto por meses, lo único que hace es salir de fiesta y llevarse una que otra chica a su casa todos los fines de semana... Me desagrada tanto esa actitud que tiene, le está dando un mal ejemplo a su hermana, ella es una chica tan linda e inocente... Y él es un grandísimo estúpido —bufó Mya, cada que recordaba el actuar de él quería ir y golpearlo en el rostro, la ponía muy molesta.
—Vaya, es un grandísimo estúpido y te encanta... Ni pensemos lo que pasaría si fuera más como Kit. —Leah no podía dejar de sonar insinuante, bromear sobre la vida amorosa de Mya era lo que más disfrutaba siempre que se juntaban a hablar.
—Si eso fuera así, me hubiera enamorado de Kit y no de él, ¿No crees? —preguntó ella, con algo de obviedad marcada en su irónico tono de voz.
—Tú no eliges de quien enamorarte, Mya... Y si te gustan los chicos malos como Dean, no es que puedas hacer mucho para quitártelo de tu cabeza —respondió Leah—. Además, obviemos el hecho de que tú tampoco haces mucho para escapar del estereotipo de chica mala... Te vistes de cuero, manejas una motocicleta y eres fría como un glaciar siempre que hablas con él... ¿Qué quieres que piense de ti?
—Leah, por Sun... Soy oficinista, visto de faldas, camisas y tacones todo el tiempo, a veces sólo quiero ser diferente a lo habitual... Está bien probar distintas cosas de vez en cuando, manejar una motocicleta sólo es una consecuencia de eso, vestir de cuero también, aunque... Lo de ser fría con él... —dijo, bajando su mirada. En ese momento comenzó a reír ligeramente—. Quizás deje de serlo cuando él deje de ser un mujeriego, no puedo tomarlo en serio con ese pensamiento siempre presente en él... Ni siquiera puedo presentarle a una amiga que cuando menos me doy cuenta ya se la llevó a la cama... Y si te soy sincera... Eso me da mucha desconfianza de lo que él piense de mí.
—Bueno, en ese caso tienes razón, yo tampoco saldría con una persona así, pero... Tú no le has dado una oportunidad para que al menos demuestre lo contrario... Él no sabe que le gustas, en realidad, piensa todo lo contrario, y es entendible de su parte también que salga con otras chicas, no debes culparlo por ello, es joven y sólo se divierte, es normal.
—Normal o no, es desagradable, ¿Por qué se fija en todas ellas y no en mí? ¿Acaso no me ve atractiva? Yo no puedo cambiar mi forma de ser para que él se fije en mí, si no le gusta como soy... Supongo que es un amor no correspondido. —Mya miró hacia su costado, no quería parecer una amargada frente a Leah, pero en realidad, pensar en eso si le daba algo de pena. Y pensar en que no podía hacer nada para revertir la situación era aún más frustrante.
—Eres hermosa, Mya... Si él no lo ve es porque es un tonto, pero, ¿Sabes qué? No debes sentirte mal por eso, el que debería sentirse mal por dejar pasar una oportunidad contigo es él, de eso no hay dudas... Ni las habrá, ya verás que el tiempo te dará la razón. —Leah intentó animarla, yendo hacia su lado, y posando su mano en su hombro. Al Mya darse la vuelta, dejó escapar una sonrisa.
—Tú siempre quieres verle el lado bueno a todo, Leah... Eres muy linda. —Mya empujó un poco su silla para atrás, y se puso de pie—. Aunque, mejor dejemos ese tema para otro día... Quiero hablar con Rhys, ¿Está con Lara en la sala, cierto? —preguntó.
—Debería, me dijo que se iba a quedar ahí.
—¿Me acompañas?
—Claro —accedió Leah.
—Por cierto, me distrajiste del tema principal cuando empezamos a hablar de mí, pero, todavía tengo una duda... ¿Por qué Vlas Windsor te dio un beso en la mejilla cuando estaban solos? ¿Acaso te involucraste con él? Es el hermano menor de tu padre adoptivo, Leah, no te tenía así —Mya bromeó, golpeando un poco a Leah con su codo, su mirada se volvió sugerente.
—Ey, ¿Cómo sería capaz? No digas esas cosas. —Leah rápidamente giró su rostro, este se había tornado color rojo, lo que Mya decía la avergonzaba un poco—. Pasaron algunas cosas, y él... Él me dio las gracias, nada más... Está enamorado de otra chica, y la ama mucho, jamás se fijaría en mí.
—Si tú dices, yo tiraría una moneda al aire y vería que tan cerca estás de la realidad, nada se puede asegurar, y menos cuando se trata de otras personas de las cuales no sabes demasiado.
—No pasará, Mya... No intentes convencerme, estoy segura de lo que pienso de él, y de lo que él piensa de mí.
—Eres terca, chica... Pero está bien, ilusionarse es malo... Si no es lo que crees, al final, sólo saldrás lastimada —declaró Mya, su tono bromista desapareció, intentando sonar tan sensata como convencida... Pero ni ella misma quería aceptar esa realidad.
Leah no dijo nada. Al notar la reacción de Mya supo que decirle lo mismo una y otra vez era inútil, ella iba a seguir pensando lo mismo, y no se iba a desenamorar de Dean sólo porque él no se fijara en ella. «Que ironía»¸ pensó, también recordando lo que le había sucedido a ella, en ese encuentro con Vlas... Y con todo lo que venía pasando con él.
Sus miradas, sus sonrisas, pasar una noche juntos fue lo último que pensó que sucedería, y aunque no de la manera que los demás pensarían, sucedió. Era extraño, porque ambos podían asegurar que no vieron nada más que simple empatía entre ellos con esas acciones. Vlas estaba tan concentrado en lo que le pasaría a él y a Zenda que ella sólo estaba en un segundo plano en su mente, pero aun así, tuvo el tiempo suficiente para darle las gracias, y para dejarle en claro lo que pensaba de ella, sin demasiadas vueltas. Él era sincero, quizás era una consecuencia de conocer su destino, de no ver un futuro prolongado, y comenzar a aferrarse al presente que le quedaba, para no tener arrepentimientos... Algo que quizás ella si tendría si no se daba cuenta rápido de lo que sentía... Si no lanzaba esa moneda al aire... ¿Arriesgarse era sensato? Seguro no, nada de lo que pensaba era sensato... Pero quería recibir una mirada de sus ojos, una vez más... Y quizás, guardarla en su mente... Por mucho tiempo más... Como prueba de lo que fue sentir esa sensación por primera vez... Como prueba de que Vlas existió... Así como esos sentimientos, que también fueron reales.
«Mya, lo que dijiste fue un presagio —se dijo, recordando las palabras de su amiga—. Supongo que es un amor no correspondido».
Mientras tanto...
—Estoy de nuevo. —Vlas entró a la habitación, llevando consigo dos vasos de café, y la botella de agua que su hermano le había pedido.
—Que bien, gracias tonto... ¿Y Leah? —preguntó Rhys, notando que él venía solo.
—Se quedó en la cafetería, dijo que estaba tranquila de que tu estuvieras aquí con Lara, pero que de todas maneras esperaría ahí —respondió Vlas.
—Claro, me lo esperaba, es normal en ella siempre estar ahí, atenta a lo que suceda, a pesar de todo, no sé muy bien de dónde sacó ese pensamiento, no es por tratarme de insensible a mí mismo, pero no sé tratar mucho con las personas... En cambio, ella y Lara son confiables, son confortables también, ni siquiera deben decir algo, con sólo ellas estar a tu lado, puedes sentirte mejor... Me pasa con mamá también, y no es porque las ame mucho, que de hecho sí lo hago... Sólo pasa, y no hay otra explicación.
—Ella dijo que lo aprendió de ustedes, de ti y Lara... Y que en realidad no lo hace por ella, no espera nada a cambio, sólo quiere ayudar.
—Lara fue una buena madre con ella, todo lo que Leah es hoy en día es resultado de su crianza, y de todo el amor que le otorgó... Yo sólo estuve ahí en momentos específicos, intentando hacer mi papel de padre lo mejor que podía, pero entre tantas cosas que pasaban por mi cabeza, la mayoría de veces no quería que eso las afectara, y de esa manera... Estuve alejado de ellas mucho tiempo, por puras tonterías, si hubiera sabido en ese momento que a ellas no le importaba involucrarse en lo que me estaba pasando con tal de ayudarme, no lo habría hecho... Pero ya pasó, y desde ese momento, mi figura como padre, como esposo, y como persona misma ha tomado un rumbo distinto, siento que he madurado... No sé de qué manera, pero no soy el mismo que seis años atrás, eso es algo que tengo muy en claro... Y ellas son las razones de tal cambio, por eso no quiero decepcionarlas, por eso intento ser para ambas eso que necesitan en su vida... Porque ellas son para mí lo que yo necesito, y no sería justo no devolverles todo lo que han hecho por mí.
Rhys sostuvo la mano de Lara en todo momento, apreciando su rostro, aquel que había estado junto a él siempre, y que con cada recuerdo de su vida, de su pasado, y de tantas cosas que marcaron lo que era, no quería dejar de apreciar jamás. Su felicidad por sus logros, su tristeza por sus caídas, ese amor que siempre le otorgaba, que ella aseguraba sólo él merecerlo. Ella era la mujer de su vida, y de todas las que pudiera tener. Y ni aunque pasaran mil años, tendría sentido pensar en otra persona que no fuera ella para que lo acompañara para siempre. Porque Lara estaba herida, porque Lara había sufrido, porque Lara había vivido una trágica vida inmerecida, y porque a pesar de todo eso, Lara no lo dejó solo, con sus demonios, con su oscuridad, con sus problemas, con nada... Y porque si Lara sacrificó todo por él... Él iba a sacrificar todo por ella... Porque era la promesa que le había hecho, y porque como sus vidas se unieron al final, con cada una de esas experiencia marcadas en su piel, estremeciendo su espíritu y consumiendo su alma... Ya no era únicamente la vida Rhys, o únicamente la vida de Lara... Era la vida de Rhys y Lara, una sola... Como su sueño, aquel que compartían... Como su amor... Como todo lo que ambos amaban, como todo lo que los lastimaba... Eran ellos, contra el mundo... Y contra el destino que clamaba que se separaran en algún momento... Pero ante ello... Sus deseos se sostenían por su determinación... «Porque te amo... Porque te amaré para siempre», aseguró él... Muchas veces.
«Es ella... Lara Harch, el amor de mi vida... La razón de mi poder... La razón de mi existencia».
—¿Sabes? Con todo lo que me dijiste hoy, y con lo visto, puedo formar mi propia perspectiva de tu siendo un gran esposo, porque de Lara depende todo lo que te rodea, porque ella es lo más importante de tu vida, y eso salta tanto a la vista que es imposible no darse cuenta... Sin embargo, lo que me dices ahora, hablas de Leah con tanto amor, y mencionas tu papel de padre con ella... Y realmente, no sé si estoy equivocado, Rhys, pero... No te veo siendo padre.
Vlas rio al notar que Rhys negaba con su cabeza frente su declaración, con una sonrisa en su rostro, quizás dándole la razón, o quizás recordando algunas cosas que enmarcaban una explicación más razonable a lo que él pensaba. Ya que, como lo dijo, no era más que su propia perspectiva.
—De hecho yo tampoco podía hacerlo, por mucho tiempo, y creo que hasta hoy no me veo reflejado en esa figura para ella, porque tenemos una dinámica algo más sencilla... Como si fuera su hermano mayor, no tengo la confianza que Lara si tiene con ella, por ejemplo, y creo que eso es crucial para considerarme su padre... Y eso aún... Aún no ha sucedido —dijo, llevando la mano de Lara hasta cerca de su rostro, ahí le dio un beso... Y con algo de resignación, asintió, en silencio. Hasta que volvió a hablar—. Pero le tomé cariño, no existe sólo el amor romántico, como el que siento por Lara, ni el familiar, como el que siento por ti y por mamá... Ella me enseñó otro tipo de amor, y aunque dije que no me siento todavía una figura paterna para ella, ese amor que me enseñó, es la base para desear, con todo mi alma, serlo algún día, que ella me elija de esa manera, y que al igual que con Lara, me vea como su padre... Ese amor tendría sentido, y me daría una gran felicidad... Pero no quiero apurarla con eso, y mucho menos forzar un sentimiento que ella no posee, así que mientras tanto, seguiré cuidándola de la misma manera que cuido a Lara, viéndola crecer bajo mis ojos, con orgullo, y que ella algún día se convierta en una gran mujer, como su madre.
—Vaya Rhys, parece que Lara te transmitió sus costumbres, tú nunca habías actuado así, hablar de amar a otras personas de esa manera, ni habías dejado en claro ese deseo de convertirte en un padre, o ser para Leah esa persona en quien pueda confiar, además de Lara... Tú, has cambiado... Y como ya lo dijiste, ella es la razón de tal cambio —dijo Vlas, su mirada se dirigió a Lara.
Ella seguía durmiendo profundamente, ni siquiera se había enterado de todo lo que habían dicho de ella, y de su familia en general, su hija y su esposo.
Cuando Vlas vio a Lara ese día en el que su hermano volvió a su hogar apenas pudo darse cuenta de algunas cosas, su belleza y su simpatía resaltaban ante todo, y él, en ese momento, no se esperó jamás que ella fuera tan importante para Rhys, asumió que sólo era su pareja, y la imagen que tenía de Rhys en el pasado difuminó un poco la primera impresión que tuvo de Lara, y aunque fuera su novia o algo más, no importaba, ya que él creía que a Rhys no le importaban las chicas. Pero estaba muy equivocado, y al final, Lara era para Rhys, su mundo entero. Y él lo pudo ver, conocer a Lara más de lo que pensó, encontrar en ella tantas virtudes que se alzaban más allá de su belleza, o de la gran mujer que era... Y en sólo un mes, pudo comenzar a admirarla, con todo lo que ella hizo por él, y por su hermano... A lo mejor era demasiado pronto para asumirlo, pero pocas personas habían hecho tanto por él sin ser parte de su familia, e incluso dentro de esta, pero... Ella, así como se había vuelto importante para Rhys, muchos años atrás, podía volverse importante para él también... Y así, ver en ella, lo que veía en Rhys, al ambos procurar su bienestar... A pesar de todo... Lara no era sólo la esposa de Rhys, Lara era mucho más.
—Eso es algo que se va uniendo a ti cuando pasas mucho tiempo con una persona, vivimos juntos hace seis años, Vlas, y antes de nuestro casamiento también lo hicimos por un año, cuando éramos jóvenes...Te acostumbras, y tomas todo lo que te parece agradable de esa persona como ejemplo, e intentas hacerlo funcionar en ti mismo —señaló Rhys—. Supongo que tú también tienes actitudes de las que Zenda te ha hecho acostumbrar, o pensamientos que sólo comenzaste a replantearte cuando ella apareció en tu vida, ¿O me equivoco? —preguntó, su mirada rápidamente se dirigió a su hermano.
—Tienes razón, su sentido del humor por ejemplo —dijo Vlas, sonreír fue una consecuencia directa de traer a Zenda a sus pensamientos—. A veces pienso que solo ella sabe cómo hacerme reír... La mayoría de veces que dejo de lado la seriedad e intento ser más ocurrente y suelto es con ella.
—Vlas... Lo que ustedes sienten el uno por el otro es único, ese amor no es algo que se deba tomar a la ligera... Sucede una sola vez en la vida, y nadie quiere desperdiciar cada uno de esos momentos que pueden ser valiosos, en el futuro, o en el presente, con esa persona... O cuando ella ya no esté —Rhys dijo, de la nada. Su hermano lo miró sorprendido. Él sabía que Rhys mayormente no tomaba partido en las decisiones de los demás, pero al parecer esta vez tenía algo que decir—. Sé que dije que no interferiría en esto y que dejaría que meditaras sobre tu situación... Pero siento que deberías ir y hablar con ella... ¿Sabes? Yo puedo ver más allá de las emociones, sé que estás preocupado por ella y no puedes sacártela de la cabeza, no intentes algo que sabes que es imposible de hacer, Vlas... Eso sólo te hace más daño del que quieres recibir —agregó, volviendo su mirada hacia adelante.
Vlas bajó su rostro vencido ante las declaraciones de su hermano. Porque él sabía que lo que Rhys decía era verdad. Él sabía lo que sentía, más que nadie. Pero esos sentimientos de querer alejarse de Zenda no habían desaparecido todavía, era un conflicto con tantas sensaciones y consecuencias viniendo de cualquier lado que lo hacían querer abandonar todo para siempre. Pero no podía, por su amor hacia Zenda, por su propio egoísmo y orgullo... Por su propio destino. No podía dejar atrás dieciséis años en los que vivió de todo solamente por una decisión que tomaría en un segundo, no podía desistir, aunque de eso se tratara ese momento, de vivir hasta desistir, hasta que su corazón no permitiera más sensaciones, más angustias, más dolor... Hasta que vea esa luz al final del túnel, hasta que encuentre la felicidad... Hasta ese momento no podía desistir, no podía dejar de caminar en la cornisa, ni podía dejar de alejarla de su lado... Aunque su propia contradicción pareciera su perdición.
—¿Y cómo sé que eso es lo que ella quiere? —preguntó, ya comenzaba a sentirse inseguro, otra vez.
—¿No es obvio? —preguntó Rhys, poniéndose de pie y acercándose a su hermano. Se agachó frente a él, y acaricio su cabello—. Ella quiere estar contigo, el beso que te dio no significaba que quería que te alejaras, sino que te pedía que te quedaras con ella y no la dejaras sola... Ella también está confundida y triste, supongo que no se lo ha dicho a nadie y está enfrentando esto sola.... Al menos tú nos tuviste a nosotros, yo te ofrecí toda mi ayuda, y Lara te ayudó a salir de tu habitación aun después de lo sucedido, mamá estuvo a tu lado en todo momento, hasta Leah puso su grano de arena... En este caso quien debe estar con ella y ayudarla, eres tú, el amor de su vida, y probablemente la única persona en el mundo que en este momento comprende lo que ella está sintiendo.
—Tengo miedo, Rhys.
La declaración de Vlas se hundió en un mar de angustia saliendo de su garganta.
—Lo sé, lo sé, es lo normal, y no lo harás desaparecer como si nada, enfrentarlo es la única manera... Y en este caso, tú sabes cuál es la única manera de enfrentarlo —dijo Rhys, poniéndose de pie otra vez.
Vlas alzó su cabeza y miró a su hermano. Este le respondió con una sonrisa comprensiva.
—¿Y si la lastimo más? ¿Si estando cerca de ella solamente empeoro las cosas? —Las cuestiones inseguras de Vlas no acababan.
—Deja todo eso de lado... En primer lugar, tú nunca la lastimaste, sino que todo lo contrario, le confesaste todo para no hacerle daño... Esto no es tu culpa, ni la de ella, deja de creer que la lastimarás si están juntos, tú necesitas estar con ella y viceversa, en una situación así, pensar en una solución es una pérdida de tiempo... Ya no hay ni habrá vuelta atrás, ahora sólo tienes que aprovechar los últimos momentos que tienen para estar juntos para no arrepentirse luego de que todo haya pasado, deja que tu corazón tome las decisiones, el momento de ser lógico y razonable se acabó, se acabó hace demasiado tiempo, sólo piensa en ella y en ti, en nada más... Eso es lo único que debe importarle a ambos, ya que solo eso importará cuando lo único que les quede de cada uno sean los recuerdos de su hermosa historia.
Rhys le extendió la mano luego de su discurso. Vlas lo miró y titubeo. Él nunca había visto a su hermano tan serio y razonable, aun así todo lo que decía tenía tanta lógica. Él pasó por lo mismo y culpa de que no siguió su propio consejo, se terminó arrepintiendo de lo que no hizo.
No era momento para ser el Vlas de siempre, no era el momento para ser cauteloso, no era el momento para ser egoísta. Eso lo hizo pensar en lo mucho que se estaba martirizando, no podía evitar pensar que Zenda estaba sufriendo sola, y él solo intentaba eliminar su culpa. Vaya engaño.
La amaba, pero más que eso, la necesitaba, si ella no estaba con él en un momento así, nadie lo iba a estar jamás. Ella era su más preciado tesoro y perderlo significaría tirar su vida a la borda, lo que menos quería hacer. Él no sabía lo que ella sentía, pero nunca lo sabría si seguía actuando así y dejando de lado sus sentimientos. Quizás había una sola manera de saberlo... Y quizás... Su decisión dependía de tal conocimiento.
—¿Entonces? —preguntó Rhys—. Si estas preocupado por Lara, quédate tranquilo, yo me quedaré con ella, si surge algún imprevisto vendrá Leah, no debes preocuparte.
—Creo que sí, quiero ir con ella —Vlas asintió, en voz baja, casi concluyendo su meditación.
Rhys sonrió.
—Al fin... Ella está en su casa, ¿Iras ahora? —preguntó.
—Sí, es ahora o nunca, Rhys —dijo su hermano. Por primera vez, dejando ver en él una gran determinación.
—Sé que es difícil para ti, Vlas... Pero sólo quiero que hagas lo que en verdad sientes ganas de hacer, no que finjas algo que se nota a kilómetros que es falso —explicó Rhys, acercando su mano a su hermano, hasta lograr apoyarla en el hombro del chico—. Tu sonrisa, por ejemplo... Es forzada, intentas demostrar que todo está bien cuando no es así.
—No es algo que haga a voluntad... Es inconsciente.
—Inseguridad y angustia intentando esconderse... Si tienes que llorar hazlo, no es una señal de debilidad, no guardes tus sentimientos, explotarán en el momento menos indicado... Créeme. —Su recomendación sonaba demasiado genuina, como una experiencia propia.
—Sí, lo haré —asintió Vlas—. Rhys, ¿Puedo pedirte algo? —preguntó, esta vez él dándole una mirada a su hermano.
—Lo que sea. —Rhys aceptó, con seguridad.
—Aún no sé qué decisión tomaré, pero tengo una leve idea, sólo voy pedirte que... Pase lo que pase, si yo llegara a morir, quisiera que protegieras a Zenda, un poder de esa magnitud será buscado por muchas personas ambiciosas de poder e intentarán matarla tal y como lo hicieron conmigo en el muelle... Confío en ti para que hagas lo que tal vez yo no logre hacer, no quiero que el triste destino que nos espera a ambos siga luego de que alguno muera, así que por favor, Rhys... Prométeme que harás lo que yo no, y protegerás a Zenda si muero —pidió Vlas, estirando la mano frente a Rhys, esperando que él hiciera lo mismo.
Tan solo un apretón de esta convertiría cualquier cosa que dijera su hermano... En una promesa.
—«Protegeré lo que más amo, incluso si tengo que convertirme en lo que más odio» —Rhys citó sus anteriores palabras—. «Jamás me retractare de mi palabra...», quédate tranquilo, hermano... Pase lo que pase, yo estaré pendiente a todo, no hubiera vuelto si no me importara, tus deseos son mi prioridad, y si deseas que ella sea feliz, los respetaré... Así que sí, prometo que la protegeré con mi vida si al final eres tú quien entrega la suya —agregó, tomando la mano de Vlas.
Él no tenía dudas de que Rhys aceptaría, pero eso no evitó que sonriera. Con sinceridad.
—Gracias, hermano —agradeció—. Creo que es momento de que me retire, y vaya con ella —agregó, al darse vuelta y enfilar hacia la puerta.
—Espera... —Rhys lo interrumpió, a punto de que girara el picaporte.
—¿Qué sucede? —preguntó Vlas, confundido.
—Será más rápido si usas las teletransportación —respondió su hermano alzando su mano, su sello brillaba.
—Pero no hay manera de que lo pueda hacer, no es como si tuvieras un sello en la puerta de su casa, ¿Cierto, Rhys? —preguntó Vlas, esbozando una sagaz sonrisa.
—Lo coloqué ahí cuando las llevamos de vuelta luego de lo del muelle... Fue por seguridad —explicó Rhys—. ¿Y bien?
—Entiendo, úsala entonces —Vlas permitió.
—Okey. —Rhys activó su sello—. No olvides lo que te dije, sólo piensa en ella y en ti, nada más importa —agregó antes de chasquear sus dedos.
—Lo sé, gracias tonto. —Y con esas palabras en el aire, su figura se desvaneció, y desapareció del lugar.
—Este chico —dijo Rhys negando con su cabeza.
—Que complicado se vuelve todo cuando no tienes manera de escapar, ¿Cierto?
Esa pregunta vino de detrás de él. Se alegró en demasía cuando volteó y vio a su esposa mirándolo con cariño.
—¡Lara! —exclamó, lanzándose hacia ella.
—Espera, ten más cuidado, acabo de salir de una operación. —Lara estiró un poco sus brazos, alejándolo en el proceso, casi ni tenía fuerzas.
—Oh, sí, cierto, lo había olvidado... Es que me había preocupado demasiado —Rhys se disculpó, arrodillándose al lado de su esposa, apoyando sus mano en el rostro de ella—. ¿Estás bien? —preguntó, acariciando su mejilla.
—Mejor que nunca —respondió Lara, quitándose las sábanas de encima de un movimiento—. No recuerdo nada, sólo sé que me operaron por la cicatriz que tengo en mi vientre —agregó, alzando su prenda superior, dejando ver las vendas que cubrían su abdomen.
—Parece ser que tuviste un colapso debido a una apendicitis, tuvieron que operarte, o eso me dijo Leah —explicó Rhys, ayudándola a sentarse, colocando una almohada en su espalda.
—¿Se fue? —preguntó ella refiriéndose a Leah.
—Sí, hace unos momentos, pero está en la cafetería esperando —respondió Rhys—. ¿Hace cuánto tiempo estás despierta?
—Desde que le ofreciste usar la teletransportación a Vlas —respondió, al mismo tiempo que Rhys le alcanzaba un vaso de agua—. Me pareció raro que se lo propusieras, se supone que utiliza demasiada energía... ¿O usaste la alternativa? —preguntó, tomando un sorbo.
—Algo así... ¿Recuerdas que borré la memoria de Zenda y Kora? —preguntó Rhys. Lara soltó una pequeña risa y asintió—. Vlas me preguntó si no sabía algo al respecto, tuve que explicarle cómo funcionan mis poderes y la Energía del Alma, eso llevó a que termine utilizando la teletransportación para hacerle una demostración —agregó.
—¿Solo querías lucirte, cierto? —preguntó Lara, con una sonrisa.
—¿Yo? No, nunca lo haría. —Rhys se hizo el desentendido—. Aunque supongo que quizás un poco sí —agregó con otra sonrisa.
—Cuando eres alguien especial tienes derecho a lucirte... Eres la persona más fuerte del planeta, tienes un poder único, y además de eso, me tienes a mí como esposa, si con todo eso no tienes el ego en las nubes, no lo entendería —indicó Lara.
—¿Sí? ¿Y qué es lo más especial entre todas esas cosas? —preguntó Rhys, pasando su mano por el suave cabello de Lara.
—Obviamente que yo sea tu esposa, no lograras algo así en mil vidas —atestó ella, orgullosa—. Además, no sé si recuerdas cuál de los dos fue quien más insistió para que saliéramos juntos... No me hagas utilizar esa carta de nuevo.
—Me rindo, no tengo nada que contradiga eso —declaró Rhys, poniéndose de pie—. Iré al baño rápido, ahora que despertaste estoy más aliviado, puedo pasar por la cafetería para ver a Leah, ¿Quieres algo? —preguntó, mientras caminaba hacia la puerta.
—No, gracias.
—Okey, en un rato vuelvo —dijo Rhys, abandonando la habitación.
Minutos después...
—Ey, fui hacia la cafetería pero no había señales de... —decía Rhys, mientras entraba a la habitación, pero paró cuando vio un rostro conocido—. Mya, ¿Qué haces aquí? —preguntó, sorprendido.
—Hola Rhys, ¿Me trajiste un café? Gracias —respondió la chica, quitándole el vaso que él llevaba en la mano.
Él había pasado por la maquina en el camino.
—Emm, no... De hecho lo compre para mí, pero puedes quedártelo —dijo Rhys, cerrando la puerta—. Reitero, ¿Qué haces aquí? —preguntó.
—Estaba cerca del distrito, llegué ayer en el vuelo de la noche, como no recibí noticias tuyas recordé que Lara estaba aquí cerca, en una reunión, cuando la llamé para preguntarle si podía visitarla no me atendió, así que llamé a Kit y él me dijo que tú le habías enviado un mensaje diciéndole que estabas aquí porque Lara había tenido un problema... Así que no pensé dos veces la posibilidad de venir, me había preocupado demasiado pero al final ya se encontraba mejor —explicó Mya, mientras vaciaba su vaso de café, a grandes sorbos—. Ay... Está sin azúcar.
«Vaciaste el vaso», pensó Rhys.
—Claro, ¿Y cómo entraste? La recepcionista me dijo que no podía recibir visitas —preguntó Rhys. Mya estaba sentada en la silla que él había dejado al lado de la cama de Lara, y Leah estaba parada a su lado, así que terminó tomando asiento en el sofá de la habitación. A una esquina.
—Le pregunté por Lara, me dio el número de la habitación y me permitió entrar sin problemas... Antes pasé por la cafetería, y justo estaba Leah. —Mya dirigió su mirada a Rhys, luego a Lara, y comenzó a reír.
—¿De qué te ríes? – preguntó Lara, mirándola con confusión.
—Es que me preguntó por Rhys, parece que se enamoró de él —respondió Mya—. Me dijo si no conocía a un joven de cabello castaño y ojos verdes que había entrado minutos antes, que le dijera que cuando se fuera pasara por la recepción, que tenía algo que decirle —añadió, causando las risas de Rhys de la misma manera.
—Vaya... Parece que no he perdido mi toque —soltó orgulloso.
—¿Qué? ¿Es una broma cierto? —preguntó Lara, su voz se tornó molesta.
—Mamá, ¿Estás enojada? —preguntó Leah, entre risas.
—Para nada.
—Claro que sí... No se notan tus celos, Lara, aun así, quédate tranquila, Rhys tiene ojos sólo para ti —respondió Mya.
—Ey, no pueden hablar de esa manera sobre mí, ¿Acaso se olvidan de que yo estoy aquí? —preguntó Rhys, del otro lado de la habitación. La conversación entre las chicas lo había dejado a partir.
—No, de hecho tengo una pregunta para ti, ¿Por qué nos llamaste para que viniéramos a Remia? Sé que Kit ya está aquí, no sé si también ya llamaste a Dean —preguntó Mya.
—Ya lo debes de saber, Mya... Sabes que el séptimo impacto es en nueve días, no sé qué planea Rygal, ni sé cómo esto repercutirá en Vlas, o en la nación, necesitaré de ustedes para mantener la situación a raya si es que yo debo concentrarme en Vlas —explicó Rhys.
—Ya veo... No he entrenado mucho últimamente, el trabajo me tiene exhausta, pero pedí vacaciones de dos semanas, así que podré estar aquí el tiempo que necesites, y de paso entrenar un poco... Me enteré que Kit aprendió a usar su Zona Vacía —Mya reveló.
—Sí, estuvo entrenando conmigo los meses antes de que pensara volver a Remia, como tú y Dean ya saben usarla él era el único que faltaba, ahora los tres están casi al mismo nivel, mientras sigan entrenando, podrán seguir haciéndose más fuertes —aseguró Rhys.
—Con su técnica de sangre, usar la Zona Vacía será una gran ventaja para él. —Lara se unió a la conversación.
—Él es fuerte... Dean es más fuerte todavía, creo que su habilidad es la más fuerte que vi en una persona sin Scire —Mya dijo, convencida.
—Eso es porque no conoces a Jean Blake —replicó Rhys.
—Vaya, ese tipo —adhirió Lara.
—¿Es el chico que maneja el fuego? Me dijiste que algún día podría llegar a su nivel, pero, lo de él no tiene comparación... Puede crear una bola de fuego del tamaño de una ciudad, mi ataque más fuerte apenas llega al tamaño de una casa de dos pisos.
—Eso es bastante —consideró Rhys.
En ese momento, la puerta se abrió y sonaron unos aplausos detrás de Rhys y Mya, ellos voltearon, y antes de que pudieran deducir quien era, él habló primero.
—Ese ataque casi me mata una vez, así que puedo asegurar que sí... Es bastante —dijo Kit, entrando a la habitación.
—Ja... Tenías que ser tu —Mya rio, al saludarlo cuando él pasó a su lado.
—Ey, Kit, viniste —dijo Rhys, chocando los cinco.
—Sí, y traje a alguien —dijo el chico, dejando entrar a otra persona a la habitación.
—Ey, ¿Qué tal? —saludó otro joven.
—¿Dean? —preguntó Lara, sorprendida—. ¿Qué haces aquí?
—Parece que tenías ganas de conocer Remia también, ¿Cierto? —preguntó Rhys saludándolo como a Kit.
—Exacto, Kit me dio el mensaje que dejaste para mí, y sabiendo que ya todos estaban aquí, decidí que era momento de venir, llegué esta mañana —respondió Dean, acercándose a Mya—. Hola Mya, hace tiempo no nos veíamos —la saludó, esbozando una sonrisa.
—Sí, hace tiempo no nos veíamos Dean —concordó ella, apreciando esos ojos lila, junto con esa brillante sonrisa, y maldiciendo por dentro estar enamorada de él... No podía verlo de otra manera y eso era frustrante, porque sonrió de igual manera... Leah tenía razón.
—Ey, ahora estamos los seis juntos de nuevo después de tanto tiempo, ¿No se siente nostálgico? —preguntó Leah, con una sonrisa.
—Pienso lo mismo —adhirió Rhys.
—Cierto... Entonces, ¿Nada nuevo por aquí? ¿Alguna que otra noticia? —inquirió Kit.
—Oh, estábamos hablando sobre que aprendiste a usar tu Zona Vacía —mencionó Lara.
—Cierto... Eso, le pedí ayuda a Rhys para que me ayudara a controlar mi Zona Vacía hace unos meses, ya tuvimos una práctica con Dean de hecho. —Señaló al chico detrás suyo—. Al principio pensé en pedirle ayuda a Dean, o a ti, Mya, pero al final vi más sensato pedírselo a Rhys... Él es el único que tiene un Scire, y para un poseedor es algo básico de aprender, es algo que viene agregado a su poder, por eso decidí que quien me enseñara a dominarla debería ser alguien con experiencia y capacidad.
—Es entendible, Kit, no es un secreto ni una mentira que Rhys probablemente sea el mejor y más versátil usuario de Energía del Alma de la historia, y a su vez, el poseedor del Scire más fuerte de todos los tiempos, y también debería expresar el alivio que, al menos, yo poseo en cuanto a tu deseo de querer hacerte más fuerte, de hecho, en estos momentos es lo que más estaríamos necesitando —manifestó Lara, tras esto, un silencio contemplativo se hizo notar en la sala.
—Igualmente, tengo una duda. —Dean tomó la atención de todos—. Para dominar exitosamente tu Zona Vacía necesitas de una absurda cantidad de energía, a Mya y a mi nos tomó demasiado tiempo por la misma razón, de hecho casi morimos varias veces, ¿No lo sentiste muy arriesgado? —preguntó, mirando a Kit con algo de curiosidad.
—No, eso es justamente lo de menos —intervino Rhys, comenzando a caminar hacia la ronda que se había formado alrededor de la cama de Lara.
—¿Estás diciendo que había otra manera de hacerlo sin sacrificar tanta energía? —preguntó Mya, sorprendida—. ¿Por qué no me lo dijiste antes? No habría casi muerto tantas veces —agregó, tomando un último sorbo de café. Ya se había olvidado del hecho que este estuviera amargo.
—Tampoco, de hecho es la misma manera, sólo que si hablamos de reservas en Energía del Alma, Kit nos sobrepasa a todos, tiene tanta cantidad que probablemente el entrenamiento que Mya y Dean sufrieron, para él fue demasiado fácil —explicó Rhys, y todos lo miraron con gran sorpresa.
—Oh, eso sí que no me lo esperaba, igual, ahora tengo otra duda, ¿O sea que Kit es capaz de superarte? —preguntó Dean, esta vez un poco confundido.
Kit se echó a reír en respuesta a la pregunta de su amigo.
—Eso es imposible Dean, como dijo Lara, Rhys está a otro nivel, además, ninguno de nosotros sería capaz de superar a un poseedor del Scire —dijo, demasiado seguro.
—En realidad, sí es posible superar a un poseedor del Scire —declaró Rhys, y ante sus palabras, todos volvieron sus miradas a él otra vez—. El poder del Scire sólo potencia la Energía del Alma, eso sí, la potencia demasiado, es incluso injusto para las demás personas que la manipulan, pero si un poseedor no puede controlar su energía a la perfección, nunca podrá sacarle el máximo provecho a un poder como el Scire, necesitas ser muy habilidoso para controlar algo de esa magnitud, esa es la razón por la creo que el poder elige a personas tan talentosas, y que además poseen Energía del Alma desde nacimiento, sin esas condiciones sería imposible que una persona sea más fuerte que alguien que posea Energía del Alma y tenga un gran control sobre ella.
—¿Y qué sucede con tu hermano? —preguntó Dean, haciendo que todos lo miren esta vez.
—Vlas es especial en ese sentido también, no estoy totalmente seguro de que viva después de la elección, la única forma de ver su potencial al máximo es que Zenda muera, aun así, es la opción menos factible, Vlas es alguien que siempre piensa en él más que en los demás, pero esta personalidad únicamente desaparece cuando ella entra a la situación... Vlas elegirá la felicidad de Zenda sobre todo... Siempre... Eso me lleva a saber que su elección ya está decidida desde que la conoció —explicó Rhys.
—¿O sea que Vlas se elegirá a él? —preguntó Dean otra vez.
La pregunta que nadie quería hacer, pero la cual todos querían la respuesta.
Y llegó.
—Así es... —respondió Rhys, bajando su rostro.
Todos notaron la apremiante tristeza de Rhys. Por eso nadie dijo nada. Ellos sabían que sólo debían esperar, nadie podía predecir a Vlas, e intentar decir algo en ese momento podría ser hasta delicado en el futuro.
Y la habitación se apropió del silencio, con esas miradas llenas de confusión y de indeterminación, creadas a partir de un sueño que pronto llegaría a su final, porque la frase: «Proteger a todos». Ya no significaría lo mismo nunca más.
Remia, Crystel, Residencia Allen - 22 de Junio - Año 525
«Mi hermano es impresionante», pensó Vlas, cuando apareció frente a la puerta del edificio donde residían los Allen.
Entró a la construcción y caminó por el lobby. Subió al ascensor y marcó el piso número «15». Cuando llegó caminó por el pasillo buscando la puerta que correspondiera al apartamento, hasta que la encontró al final del pasillo... «Allen» se leía en ella. Tardó en tocar el timbre, todavía no estaba completamente seguro de lo que estaba haciendo, pero ya había ido hasta ahí, no había marcha atrás. Lo hizo.
Estuvo unos minutos esperando que abrieran la puerta. Hasta que por fin alguien atendió.
—¿Qué haces tú aquí? —preguntó Kora, con un tono de enojo, extraño en ella.
—¿Sucede algo? —preguntó Vlas, al darse cuenta de la actitud de Kora.
Ella lo miró aún peor.
—No respondiste mi pregunta —aclaró Kora, apoyada en la puerta, en ese momento, frunció el ceño.
—Tienes razón —asintió Vlas—. Vine a visitar a Zenda, desde ayer que no contesta mis llamadas y me preocupé, ¿Sabes algo al respecto? —agregó, escondiendo la verdadera razón.
—Con que tú no tienes nada que ver con eso —dijo Kora, fue un poco irónica en su declaración.
—¿A qué te refieres? —preguntó Vlas, confundido. ¿Ella estaba burlándose de él?
—Zenda está así desde que tuvo esa charla contigo, no sé de qué hablaron, ni tampoco me importa, pero me molesta ver a mi hermana en ese estado —respondió Kora—. Si la razón de que esté así fue alguna acción tuya quiero que me lo digas, no quiero que siga siendo lastimada —agregó, acercándose a Vlas.
Él pudo notar que realmente estaba molesta, aunque estaba a centímetros de ella podía notar su aura distante y fría.
—Kora, tú sabes que sería incapaz de lastimarla, si estoy aquí es por la misma razón que tú, quiero saber que le sucede, me preocupo por ella —explicó Vlas.
Aunque esa no era totalmente la verdad, sintió que extrañamente estaba siendo sincero ante ella, esa frase no tenía nada de mentira.
—¿Entonces no sabes lo que le sucede? —preguntó Kora, disminuyendo poco a poco su molestia.
—No, es extraño que no me contara nada, sabes el vínculo y la gran confianza que ambos nos tenemos, y aunque la conozco bastante bien, no entiendo su actitud.
Esta vez sí, esa respuesta había sido una total mentira. Se había equivocado, todavía no estaba preparado para ser totalmente sincero con ella.
—Parece ser que pensamos lo mismo —declaró Kora—. No quiere hablar con nadie, está encerrada en su cuarto desde anoche... No comió, esta mañana no desayunó y tampoco almorzó al mediodía... Ni siquiera sé si está despierta en este momento —explicó, alzando sus hombros ligeramente. Ella estaba preocupada e intranquila, y la pena la agobiaba. Vlas podía entender sus sentimientos, él se sentía igual, pero ella no conocía la razón y probablemente esos sentimientos eran diez veces más fuertes, después de todo, ella amaba a su hermana más que a nada, y verla en ese estado había de ser muy difícil—. Te dejaré pasar... Quizás tú puedes hacer lo que nosotros no —agregó entrando a la casa.
Vlas la siguió y cerró la puerta al pasar. Kora lo guio hacia dentro de la casa, y se dirigió al segundo piso donde se encontraba la habitación de Zenda. Vlas la seguía, notando que el aura distante y fría que tenía al principio había sido reemplazada por una de preocupación y nerviosismo.
—Ey, ¿A ti te sucede algo? —preguntó Vlas, tomando la mano de ella en uno de sus movimientos, parando su caminata—. Sabes que puedes contarme lo que sea, creo que ya hemos hablado de este tema —agregó, cuando ambos cruzaron miradas apenas ella se dio la vuelta.
—¿Por qué lo preguntas? —indagó Kora.
—Porque pareces angustiada... Si es por Zenda déjame decirte que estés tranquila, sé que estás preocupada por su actitud que no es normal en ella, aun así debe haber una razón detrás, y si estoy involucrado, o tengo parte de culpa te prometo que me alejaré de ella, tal como tú lo dijiste, yo tampoco quiero que salga lastimada —respondió Vlas, bajando su rostro mientras decía eso. Estaba siendo demasiado desvergonzado ignorando el hecho de que él si estaba involucrado.
—Vlas —dijo Kora.
Ella en cambio, no sabía nada, y así, alzó su rostro. Lo miró con un poco de vulnerabilidad marcada en ese brillo azul de sus ojos... Parecían querer llorar.
—¿Qu...? —no terminó de preguntar cuando Kora lo abrazó, tomándolo por sorpresa—. Kora, dímelo por favor, ¿Estás bien? —insistió Vlas.
Una sensación desesperada de pedir ayuda invadió ese abrazo.
—Me siento inútil de nuevo, pero gracias a ti y a lo que me dijiste aquella vez puedo sobrellevarlo... Se siente mal no poder entender por lo que está pasando mi hermana, siempre hemos sido muy unidas y nos contamos todo, si ella decidió no hacerme saber lo que pasa debe ser algo que pueda llegar a lastimarme... Yo sé que no está relacionado contigo, en tus ojos se ve tu honestidad cuando hablas sobre ella, tú eres el único que la puede apoyar —respondió Kora, profundizando cada vez más el abrazo—. Gracias por venir, no sabes lo aliviada que estoy... Lo siento por haber reaccionado de esa forma y pensar que podría haber sido tu culpa, ya no sé qué hacer —agregó, casi entre lágrimas, con su voz quebrándose al final.
Impotencia. Al final, ese era el sentimiento principal por el que Kora estaba pasando. Al parecer esa era la única sensación que iba a estar presente al menos hasta el día de su decisión. No iba a desaparecer, la culpa tampoco y la angustia menos. Pero Rhys tenía razón, dejarse llevar por estos sólo desencadenaba una decadente desesperanza, la cual no se podían permitir, porque estarían abandonando la principal razón por la que seguían adelante... Ser felices.
—No te preocupes por mí, no pasa nada, déjame ir a hablar con ella, veré que puedo hacer, y te avisaré lo que suceda. —Vlas intentó animarla un poco.
—Entiendo, gracias Vlas —respondió Kora, dibujando en su rostro una triste sonrisa—. Suerte —le deseó, dejándolo frente a la puerta de la habitación de Zenda.
—Gracias... —agradeció Vlas, y ella se alejó.
Vlas dio un profundo suspiro y alzó su mano... Tocó la puerta y cerró sus ojos sólo deseando que ella le abriera... Para de una vez por todas, poder hacerle frente a ese miedo y desasosiego antagónicos, que parecían querer separarlos para siempre.
—Zenda, ¿Estás ahí? —preguntó, luego de tocar la puerta, y notar que varios minutos después ella aún no había abierto.
—¿Qué haces tú aquí? —preguntó Zenda, del otro lado.
¿Esa era su voz? Sonaba demasiado ronca y atenuada.
—Por la misma razón que estuve todos estos años, me importas y me preocupa que estés actuando así —respondió Vlas, él apoyó su frente en la puerta, con su mano posada en el picaporte.
—Si te abro la puerta sólo verías la peor versión de mí, no es necesario que estés aquí, si entré en esta situación puedo salir sola —ella declaró.
Vlas, con su mirada baja, pero firme, apuntando al piso con ella, sonrío, quiso entrar y darle el abrazo más fuerte que jamás le podría dar, pero ella, ella ni siquiera le había dado una señal para que lo hiciera, quizás no lo quería.
—Vi todas las versiones tuyas, Zenda, y ten por seguro que tu apariencia es lo que menos me importa en este momento —También se permitió soltar algunas risas—. Además, déjame decirte que estás equivocada diciendo que «entraste tu sola»... Fui yo quien abrió esa puerta en primer lugar, también estoy dentro, estaré dentro hasta que ninguno de los dos lo esté, si me apoyas y te apoyo, podemos salir juntos —aseguró, y al mismo tiempo, apretó su mano, esta seguía posada sobre el picaporte—. Por favor, déjame pasar.
—La puerta está abierta —avisó Zenda.
—¿Puedo pasar? —preguntó él.
—Por favor.
Vlas entró a una habitación oscura, una habitación que contrastaba con la iluminada y colorida habitación de Zenda que él conocía, y aunque sabía que no era la de ella en Ajax, creyó que al menos tendría un poco de su identidad, pero nada... Ni siquiera eso. Al no ver nada decidió encender la luz, pero su idea se vio interrumpida cuando sintió el tacto de una mano ajena tomándolo del antebrazo y jalándolo hacia atrás.
—¿Qué sucede? —preguntó Vlas, confundido, al sentir sus piernas chocar contra algo, no era sólido, probablemente era el colchón de la cama.
—No enciendas la luz por favor, no quiero que me veas en este estado —respondió Zenda, ella apretó la mano de Vlas al bajar la suya un poco después de tomar su antebrazo... Esta le dio calidez.
—Entiendo —accedió Vlas, buscando su rostro a través del tacto—. ¿Estás llorando? —preguntó cuando lo encontró, lo que parecían ser sus mejillas tenían un rastro reciente de humedad. Eran lágrimas, lágrimas que él limpio, pero todavía no escuchaba la respuesta de Zenda.
Estuvieron así unos minutos disfrutando lo reconfortante que se sentía que estuvieran juntos. Vlas no habló, sólo le importaba que ella estuviera bien y a su lado sabía que ella nunca correría peligro. O casi nunca.
Zenda sabía que el final se acercaba, por esa misma razón se alejó de Vlas, no quería ser una piedra en su camino, ellos habían sido destinados a tener que separarse por un mandamiento del destino, ella no era nadie para enfrentarse a él, y si Vlas era ese «elegido» había una razón mucho más importante que ella misma. Aun así para Vlas no tenía sentido ver el mundo que le otorgaba ese poder si ese mundo no podía vivirlo con ella, el abandonaría su oportunidad de convertirse en un ser superior para que ella no perdiera su vida. Nunca una decisión en la cual más de una vida estaba en juego le había parecido tan fácil. Aunque de todas formas era lo más difícil del mundo.
Por primera vez desde que se conocieron no concordaban en ideas. Zenda no quería que Vlas se sacrificara por ella, él tenía esas capacidades, esas oportunidades y no quería ser quien se las arrebatara. Y Vlas, por el contrario, no quería que Zenda se sacrificara, porque no podía vivir sin ella, o al menos mostrarle lo que sería capaz de lograr. Y, aunque fuera imposible, por lo menos, cumplir un poco con ese sueño que se desvanecería junto con uno de los dos.
—No quiero perderte, Zenda —declaró Vlas, rompiendo el silencio que se había formado esos minutos tan reconfortantes, y reviviendo las palabras que le había dicho el día anterior en la playa.
—Tienes que hacerlo, por el bien de todos, si es necesario que muera para que tu llegues a la cima, lo haré Vlas, no quiero ser quien te quite esa oportunidad —respondió Zenda, aferrándose a él... Lo estaba necesitando. Las horas que estuvo sin él estuvieron a punto de volverla loca... Y él llegó, en el momento más indicado.
—No puedo aceptarlo, estás pensando en el bien común, no en el tuyo —protestó Vlas.
Su sentimiento era uno, esa impotencia le causaba una inmensa sensación de llorar, soltar cada pedazo de angustia de su alma en lágrimas, creyendo que todo se acabaría apenas se lamentara, pero sabiendo que no sería así, porque no todo era color de rosas, no todo era el cielo, existía la caída, el sentimiento de derrota, y el fin, existía la tragedia, así como la felicidad, y él... Nunca sería la excepción de nada, no podía creerse ni un poco especial.
No iba a llorar, porque frente a ella debía verse fuerte, estaba a su lado para consolar su propia pena, y si se derrumbaba frente a la desdicha de ella, ¿Qué consuelo podría darle? Por eso, en su lugar, sólo se tragó todo lo que quería sentir, y se recostó a ella, para dejarle en claro que no se iba a ir de su lado, con cada caricia, o sonrisa... Acariciando su cabello. Y sosteniendo en sus brazos su cuerpo, tan suave, liviano... E indefenso... Tan lindo... Tan sincero... Queriendo no perderla, ¿Qué sensación le daría el futuro que siquiera se asemejara a esa? Nada sería igual jamás... Sin Zenda... No volvería a amar.
—Este es mi bien, Vlas... Saber que por mí, tú y los demás que me rodean no correrán peligro, me atrevo a aceptar cualquier destino para que sea así, sería feliz viendo que ayudé a todos... Aunque no lo mereciera, aunque no fuera la última opción... Así es la vida, ¿No es así?
—Eso es un pensamiento muy altruista, no te mereces eso, tú mereces vivir una vida plena, y disfrutarla al máximo.
Vlas seguía empeñado en permitirle seguir viviendo, su negación a que ella aceptara ser quien se sacrificara era persistente.
—No quiero vivir una vida plena si no es contigo, tonto... Prefiero pasar estos últimos momentos junto a ti y que me recuerdes para siempre, luego de que termines tu tarea podemos vernos, te esperaré el tiempo que sea necesario —declaró Zenda, ella alzó su mano, y aunque la oscuridad no permitió su total vistazo, el ambiente que se había formado era suficiente para que esta llegara hasta el rostro de Vlas, y terminara acariciando la mejilla del chico—. Ese es mi deseo, Vlas... Ese siempre fue mi deseo, y quiero que me ayudes a cumplirlo —agregó con una suave voz.
Vlas comenzó a sentir que lagrimas caían por su rostro.
—¿Por qué me haces llegar hasta este punto? —preguntó, y tuvo que sonreír, para no quebrarse completamente, aunque limpiando sus lágrimas, ya que estas no dejaban de salir.
—Tu lado más humano es lo que más me gusta de ti —respondió Zenda, pasando el puño de su camisa por el rostro de Vlas. Las lágrimas habían cesado—. Quiero verlo estos nueve días que quedan... No voy a seguir escondida de ti, o encerrada sufriendo, pero quiero que me prometas que dejarás de fingir, y que serás lo más sincero posible con tus sentimientos... ¿Me prometes que lo harás? —preguntó, esta vez ella misma, con otra sonrisa.
—Prometo hacer hasta lo imposible para que cumplas tu deseo, no permitiré que llegues hasta este extremo por no lastimar a los demás, recibiré todo ese dolor si es necesario, y no seguiré mintiéndote a ti ni a nadie más, quiero que pase lo que pase, la último que veamos de ambos sea una sonrisa —respondió Vlas, abrazándola lo más fuerte que pudo con esas ganas que tenía desde el inicio, y con el sentimiento de saber que aunque no pudieran verse, ellos estarían siempre juntos, lo que ambos sentían superaba cualquier barrera.
La muerte nunca podría separarlos. Tal como la promesa de ese brazalete... De ese amor que se juraron tantos años atrás.
—¿Vlas?
—Sí, estoy aquí.
—No me sueltes... Por favor... No lo hagas, yo nunca lo haré, ni aunque tú te vayas, ni aunque no vuelvas, ni aunque te tenga que esperar por toda la eternidad, nunca me iré, siempre estaré ahí —pidió aferrándose más y más a Vlas.
Cerró sus ojos y anheló que todo acabara ahí, ninguno de los dos sufriría de nuevo, y ya no tendrían que separarse otra vez.
Pero siempre existía el día después. La vida, aunque corta, no era predecible, y nadie sabía lo que seguiría luego de un suceso tan trascendente en esta. El sufrimiento y la nostalgia seguirían ahí, los recuerdos vivirían por siempre atormentando o consolando la melancolía naciente.
Quizás Vlas podría seguir adelante sin ella. Quizás reharía su vida y formaría una familia. Quizás sería feliz. Ella jamás se opondría a eso, pero sólo quería una cosa... Que él la recordara por siempre... Nada más.
—No lo haré... —prometió Vlas.
Los minutos pasaron, y la habitación se quedó en silencio. Vlas se puso de pie y caminó hacia la pared opuesta a la cama, tocó el interruptor y encendió la luz. Ella ya se había dormido.
«Eres tan hermosa», pensó, volviendo a acercarse a ella. Apoyó su cabeza en la almohada, y la cubrió con una manta. Le dio un beso en la frente antes de dar algunos pasos hacia atrás, para dirigirse a la puerta.
—No te soltaré jamás —soltó, antes de apagar la luz, y salir de la habitación.
Era momento de que le permitiera descansar.
bình luận đoạn văn
Tính năng bình luận đoạn văn hiện đã có trên Web! Di chuyển chuột qua bất kỳ đoạn nào và nhấp vào biểu tượng để thêm nhận xét của bạn.
Ngoài ra, bạn luôn có thể tắt / bật nó trong Cài đặt.
ĐÃ NHẬN ĐƯỢC