Remia, Crystel, Residencia Allen - 20 de Junio - Año 525
Zenda había estado mirando su celular por horas.
Cada vez se le hacía más extraño que Vlas no haya dado señales de vida desde ese día que salieron juntos. La preocupación nació en ella ya en el segundo día, pero en ese momento, en el cual había transcurrido más de una semana, la preocupación inicial pasó a convertirse en miedo.
—No llamará... Deja de mirar el teléfono como una loca.
Escuchó la voz de Kora quien tomó asiento a su lado.
—¿No crees que es extraño? Digo, él no ha pasado más de dos días sin hablarme jamás, ¿Y si le sucedió algo? —Ahí estaba su miedo. No pudo evitar que su voz palpitara a medida que expresaba su duda hacia lo que con Vlas haya sucedido.
—Zenda cariño... Mira, si hipotéticamente a Vlas le hubiera sucedido algo, ¿No crees seríamos las primeras en enterarnos? —preguntó Kora—. Además de eso, ¿Por qué no sólo llamas al teléfono de su casa? Cualquier persona que te atienda ahí sabrá si algo sucedió con él.
Kora tenía razón, de hecho eso fue lo primero que Zenda pensó hacer una semana atrás, pero había un pequeño detalle que le impedía llevar a cabo esa acción.
—No conozco su número de teléfono —respondió Zenda, con un ambiente más desalentador que antes.
—¿Ir a su casa?
—No sé dónde vive de hecho... No estamos en Ajax, Kora.
—Zenda, por Sun... Existe algo llamado internet, que tiene una herramienta muy útil a la cual llamamos GPS... ¿No has intentado usarlo? —preguntó irónicamente. Más allá de la preocupación por Vlas, la conversación tenía un tono gracioso para Kora.
—Crystel es el doble de grande que Ajax... ¿Y si me pierdo? No conozco nada de esta ciudad —respondió Zenda, con algo sensatez, suficiente para ella.
—Por Sun, mira lo que te preocupa —dijo Kora, entre risas—. Te iba a decir que podría acompañarte hacia su casa, pero probablemente ni siquiera esté ahí.
—¿Cómo? ¿Por qué no estaría?
—¿Recuerdas los que nos dijo el día que su hermano volvió? Que intentaría pasar todo el tiempo posible con él hasta julio, que se supone es cuando su hermano se va de nuevo... Seguramente esté con él en este momento, y no le presta demasiada atención a su teléfono por la misma razón, no creo que quiera que algo externo interrumpa sus buenos momentos con su hermano... Él estaba muy emocionado y feliz de que Rhys volviera y pudieran recuperar lo perdido en los últimos diez años.
—¿Tú crees? Y si es así, ¿Entonces por qué no me avisó de antemano?
—Porque es su hermano, Zenda... Es lo único que él deseaba que sucediera desde que los conocimos, quizás se fueron de vacaciones, a Basil o a Leto... Puede que también a Fons, recuerda que su hermano vive ahí... O algún otro destino turístico, las Islas de Tala o el hogar de su familia en la Isla Rem... Ellos son millonarios, pueden ir a cualquier lugar.
—Cierto... Tienes razón, quizás sólo la está pasando bien con Rhys... Quizás sólo eso... —dijo Zenda bajando la mirada.
Kora la notó decepcionada.
—¿Estás celosa de que Vlas ya no pase tanto tiempo contigo? —preguntó Kora riendo. Si su suposición era cierta ya era el colmo.
Zenda la miró extrañada, intentando buscar un sentido a esa pregunta, pero se dio cuenta rápidamente, con la expresión de su hermana, que la había hecho en serio.
—Kora... ¿Cómo voy a estar celosa de Rhys? Es estúpido, es como si Vlas estuviera celoso de ti —negó rotundamente.
Eso hizo reír a su hermana aún más.
—De hecho, Vlas sí ha estado celoso de mi... Pero hasta cierto punto es entendible, a ustedes les gusta pasar tiempo juntos, les gusta hacerlo solos también, y cuando entra en la ecuación una persona como Rhys o yo se complica, pero eso también es parte de la vida, tienes que comprender que para Vlas no eres la única persona importante en su esta... Quizás la más... Pero no la única.
—Eso lo sé Kora... No eres la única que me lo ha hecho saber, hace diez años vengo escuchando de su parte todo el tema y conflicto interno que él posee con Rhys... Sé todo lo que sufrió por extrañar a su hermano y ahora su felicidad me hace feliz... Pero aunque Rhys sea una persona genial, sea el mejor hermano del mundo, sea interesante, millonario, carismático o famoso... Siento que no es el ambiente de Vlas, y pensar que él no podrá acostumbrarse a eso me hace preocuparme un poco por él, no queriendo que su ilusión se desarme... —explicó Zenda.
Su hermana entendió su preocupación y se acercó más a ella. Posó su mano sobre su pierna y recostó su cabeza en el hombro de su hermana.
—Como tu hermana mayor creo que tengo que darte algunos consejos en torno a tus pensamientos para calmar tu preocupación... Vamos con lo obvio; Vlas no se sentirá incomodo en ese ambiente, es el ambiente de su familia, está ahí desde que nació, está más que acostumbrado... Segundo punto; en realidad nadie tiene un lugar fijo, somos seres que vivimos cambiando y evolucionando, y más las personas de nuestra edad, creo que Rhys lo explicó muy bien el otro día, a veces necesitamos ver otros panoramas, salir un poco de la monotonía, y a Vlas le gusta ese lugar, porque aquí viene el tercer punto... No importa el dónde, el cuándo o el cómo, sólo importa el quién, y eso él lo tiene más que claro, cuando lo único que deseas es pasar tiempo de calidad con una persona que te importa le quitas interés a todo lo que te rodea, ahí él ambiente deja de tener sentido, porque sea el cielo o el mismísimo infierno, mientras estés con esa persona especial siempre será un buen lugar.
»Y quédate tranquila, Vlas no se va a olvidar de ti, ni te va a cambiar por su hermano, cuando él comience a extrañarte te llamará, y sé que tú le contestarás y pasarán un increíble tiempo juntos también, porque tú lo amas Zenda, y él te ama a ti... No vas a perderlo, pero Vlas está creciendo, está madurando y el mundo a su alrededor se está ampliando, no iba a vivir para siempre en la burbuja de Remia, era obvio que algo así sucedería, y también te sucederá a ti, o a mí, y tendremos que aprender a balancear nuestra vida y ordenar nuestras prioridades, es lo normal... Es lo inevitable.
Zenda entregó toda su atención a la reflexión de su hermana. Ella era lista, comprensiva, más despierta que los demás, y extrañamente desde ese día en el que perdió su primera partida de ajedrez también se había vuelto más libre y madura. Ella adoraba tenerla de hermana, su hermana mayor, aunque sólo fuera cinco minutos más grande que ella. Pero Kora era su voz de la razón, era su pilar, lo que hacía que no cayera de la nube de fantasía en la que casi siempre vivía, idealizando su vida, buscando el positivismo a todo e intentando ser feliz a su manera.
Ella siempre vio el mundo de una manera diferente, ignorando ese lado que no le gustaba, prefería no saber mucho y ser feliz a ser sabia pero triste y afligida por saber que al final, no le rodeaba más que tragedia. Siempre pensó que ese era su mayor defecto, a veces creía que tenía que ser un poco más firme, menos infantil, menos Zenda. Pero no quería, ella tenía muchas personas a su alrededor que la amaban y apreciaban así como era, y mientras ellas estuvieran a su lado no le encontraba demasiado sentido a cambiar.
Además de eso tenía a Vlas y a Kora. Su misma hermana lo había dicho, había que encontrar un balance, y viendo el alto uso de la razón de Vlas y la madurez de Kora comprendió que quizás, sólo quizás, ellos también la necesitaban a ella de la misma manera, y los tres juntos formaban una sola manera de ser, la cual a ella le encantaba formar parte.
Probablemente en algún momento de su vida dejaría atrás a esa niña que fue por mucho tiempo, quizás Kora tenía razón y era inevitable el cambio, pero hasta que ese momento no llegara viviría como Zenda. Vlas la amaba, Kora la amaba, sus padres la amaban y ella también... No quería cambiar... No quería dejar de ser feliz.
—Lo entiendo hermana... Dejaré que él decida cuando llamarme... Esto también es importante para él, y sería una tonta si sólo estorbo su felicidad... Él lo prometió, pero al final fue más una promesa mía que otra cosa... Yo no permitiré que Vlas sea infeliz.
Mientras tanto...
Remia, Crystel, Residencia Windsor - 20 de Junio - Año 525
—Debes ver esto, Rhys —Clio llamó a Rhys, cuando lo vio pasar por el pasillo, ella se encontraba parada en la puerta de la habitación de Vlas—. Anoche le pedí que se quedara a su lado, iba a ser sólo por un rato, pero al final el informe que tenía que hacer me tomó más tiempo... Está aquí desde ese momento. —Señaló dentro de la habitación cuando su hijo se acercó a su lado.
—No puede ser... —rio Rhys, al lograr divisar el panorama.
Leah se encontraba dormida, había dejado la silla detrás de ella, en su lugar, se recostó al lado de la cama de Vlas, en el suelo, y apoyó su cabeza cerca de la del chico. Su mano aún seguía apretando la de él también... Si bien, ellos tenían casi la misma edad, a Rhys le causó gracia que la situación pareciera la de una madre cuidando a su hijo enfermo... Como muchas veces hizo Lara con ella... O su madre con él.
—Debe estar muy incómoda en esa posición, ¿Por qué no la llevas a su habitación? —sugirió Clio, dándole unos toques con su codo a su hijo, quien se había quedado mirando la situación con una sonrisa en su rostro.
—Debería... —respondió él, dándose paso dentro de la habitación—. Vaya, pesas más que antes, chica —dijo riendo, al mismo tiempo que la alzaba en sus brazos.
—¿Qué sucedió contigo, Rhys? Diez años te cambiaron tanto... Mírate, nunca creí que te vería a esta edad actuando como un padre, ni casado, cuidando a tu familia... Todo pasó tan rápido, aún recuerdo esos días cuando eras un niño, o tu adolescencia... Al final, nada de lo que se suponía estabas destinado a ser sucedió, y sólo elegiste tu camino... El que te hace feliz... Estoy muy orgullosa de ti.
Clio miró a su hijo con un cierto encanto enmarcado en su rostro. El de Rhys sonriente. Lo miró de la misma manera que lo vio años atrás, para ella siempre sería su pequeño... A pesar de lo mucho que había crecido, y madurado, encargándose de su propia vida, uniéndola con Lara, y compartiéndola con Leah... Ese chico que estaba frente a ella era su hijo, y por más que haya cometido tantos errores en su vida, de su tortuoso camino, de ese destino que se veía a la lejanía, tan trágico como oscuro... Sin importar nada de eso, ella estaba segura que él todavía guardaba la misma calidez que cuando niño, ese amor, esa genuinidad.
«Siempre podrás elegir lo que quieras para tu vida, cariño... Tu felicidad, no depende de nadie, sólo de ti». Él apenas tenía quince años cuando ella le dijo eso, tenía miedo, y no sabía a dónde dirigirse, inducido bajo la influencia de Rygal, taladrando su mente con la idea de que si no lograba grandes cosas sería una decepción... Ella siempre confío en él, no necesitaba que él fuera el rey para que pudiera sentirse orgullosa, a pesar de ella misma haber marcado su destino al elegir su nombre. No subestimaría jamás el talento de Rhys, ni nada de lo que su propia mente pudiera elegir, eran las decisiones que tomó en su vida bajo su propio juicio las que en ese momento lo habían dejado en ese lugar, y si él eligió vivir así... Significaba que eso lo hacía feliz... Y ella estaba satisfecha con eso.
—¿Cómo no ser un buen padre y esposo con ellas? —Movió su cabeza, señalando a su hija en sus brazos... Al parecer ella había estado muy cansada, ni siquiera se percató que él la había movido de su lugar—. Si son las chicas más hermosas del mundo.
—Eso me lo decías a mí. —Clio se cruzó de brazos.
Rhys comenzó a reír. Su madre tenía razón, siempre le dejaba en claro lo hermosa que era en el pasado, aun lo seguía siendo, pero el hecho de tener a Lara y Leah a su lado, hizo que no fuera la única mujer en su vida. No significaba que la relegaba a un segundo plano, sólo que, a pesar de ser su madre, él también amaba de igual manera a su esposa y a su hija. Todas eran importantes en su vida.
—Lo sé, lo sé... No te pongas celosa por eso, mamá —declaró, con una media sonrisa cómplice.
—Desde que te enamoraste de Lara ha pasado eso, siempre te quise sólo para mí, supongo que aprendí a dejarte ir con el tiempo... Creciste muy rápido, y no estaba preparada para que te fueras de mi lado, creo que todo eso que sentí sólo era un forma de ocultar esa sensación de soledad que tu partida me dejó... No lo sé, ya no quiero pensar en eso, ya que has vuelto, y recordar esos días es doloroso. —Clio bajó su mirada, con un poco de pena, casi como si su recuerdo fuera una aguja en su corazón, que pinchaba cada que hacía un poco de presión... Era intenso, y permanente.
—Es mejor que no lo hagas si eso te duele, mamá... Ya te lo dije ayer, estaré a tu lado desde ahora, cuando me necesites, podré tomar tu mano, y ofrecerte un abrazo... Es lo menos que puedo hacer por ti después de todo lo que me has dado.
—Gracias cariño... Eres tan lindo. —Clio pasó a su lado, no sin antes darle un beso en la mejilla—. Puedes llevarla a su habitación, me quedaré con Vlas.
—Okey, nos vemos luego, mamá.
Rhys salió de la habitación, con Leah todavía en sus brazos. Caminó unos metros solamente, la habitación de ella se encontraba al lado de la de Vlas. Al entrar, caminó despacio, el suelo de madera era muy ruidoso al pisar fuerte, y la había llevado hasta ahí, que se despertara sería una tontería. Le causó gracia que ella ya había decorado un poco la habitación, algunos de sus dibujos se encontraban pegados en las paredes, y en su escritorio, había varios más... Ella era muy creativa.
—Rhys... —dijo ella, cuando él la dejó en la cama, el movimiento la hizo despertarse.
—Intenté que no te despertaras, perdón —él se disculpó, moviendo un poco su almohada, hasta dejarla debajo de su cabeza.
—No pasa nada, gracias por traerme.
—Te iba a doler el cuerpo si seguías durmiendo en el suelo, no es nada. —Él sonrió, dándole una caricia en su mejilla luego de agacharse a su lado—. Gracias por quedarte al lado de Vlas toda la noche, sabes que no era necesario.
—Sólo quería ayudar... ¿Estuvo mal?
—No, no, ¿Cómo estarías mal? Fue muy lindo de tu parte... Ahora mamá ya está con él de nuevo, puedes descansar, ¿Sí? —dijo, poniéndose de pie.
—Sí, gracias... Hasta más tarde. —La chica cerró sus ojos, fue bajando su tono de voz, casi murmurando al final.
—Claro, nos vemos luego, chica. —Rhys caminó hasta la puerta, estiró su mano hasta llegar al interruptor, y luego de apagar la luz, abandonó la habitación.
Al otro día...
Remia, Crystel, Residencia Windsor - 21 de Junio - Año 525
—Ey, saliste a la realidad, ¿Cómo te encuentras?
Rhys había salido con Lara esa mañana, al volver a su casa al mediodía, luego de haber dejado a Lara en las oficinas oyó varias voces en la sala. Se llevó una gran sorpresa cuando al entrar a esta vio a su hermano, a su madre y a Leah charlando.
—Rhys... Estoy bien, mamá me dijo que era una buena idea que bajara, justo estaba Leah, y estábamos hablando... ¿Tu? —preguntó su hermano.
—Fui a llevar a Lara a una reunión —respondió Rhys, tomando asiento en un sillón que flanqueaba el sofá grande, donde ellos estaban sentados.
—Ya veo... Luego quisiera hablar con ella, tengo que darle las gracias por lo de ayer... Me fue de mucha ayuda.
—Sí... Ella estaba preocupada por ti, le caerá bien saber que ya saliste de tu habitación, volverá en una o dos horas. —Rhys miró a su hermano, él estaba extrañamente animado, había una ligera sonrisa en su rostro. Luego de todo lo sucedido días atrás, y el hecho de que su madre y Lara lo hubieran tenido que ayudar a animarse, no pudo evitar pensar que quizás él no estaba tan bien como lo decía, y ocultaba cosas—. Por cierto... —quiso comenzar, pero paró.
—¿Qué pasa? —preguntó Vlas, notando la actitud de su hermano, supo qué quería decir, su mirada era obvia.
—No, nada... Tonterías. —Rhys sacudió su cabeza.
—Hazla... No pasa nada, puedes preguntar eso que quieres saber... De hecho, nosotros no hemos hablado sobre eso, y siento que es necesario que me digas tus preocupaciones, tú sabes más que nadie qué se siente en momentos así, y sé que quieres lo mejor para mí... Puedes hacerlo —aseguró Vlas. Su madre estaba a su lado, mirándolo con cierto cariño, al mismo tiempo que apretaba su mano, él se aferró un poco más a esta al decirle eso a su hermano... Iba a necesitar más apoyo que nunca cuando tuviera que expresar esa decisión.
—Vlas... Tan solo quedan diez días... Y no te quiero arrinconar a que tomes una decisión apresurada, mucho menos presionarte, sé lo que eso se siente, pero el tiempo corre, y así, como este, las oportunidades también... No sé lo que piensas Vlas, y entiendo que sea tu decisión, y todo eso... Pero... ¿Qué harás? —preguntó Rhys.
Vlas tragó saliva, notó que su mano temblaba, pero la de su madre le dio algo de tranquilidad al envolverse en esta, la otra mano de ella se posó en su hombro. Se sentía seguro, aunque sólo con su presencia, no con sus propias palabras. Lo había meditado horas el día anterior. Esa noche había tenido el mismo sueño que días atrás, el de Zenda desvaneciéndose en su camino al altar. Pero esta vez, él sí llegaba a ella, apreciaba su rostro, y su sonrisa, para luego oír de su parte: «Nos volveremos a ver, Vlas», con el inmenso cariño que ella siempre le expresaba, y así, en lugar de ella, desvanecerse él en sus brazos... Siendo su brazalete colgando en su muñeca, que sostenía su mano, lo último que logró ver.
Al despertar, no sintió esa amargura que había sentido con los anteriores sueños, no supo por qué, pero se sintió aliviado. Dio un largo suspiro, y volvió a recostarse en su cama, no se había percatado de que alguien estaba a su lado, pero cuando miró a su lado, para volver a acomodarse en su posición, la vio a ella... Durmiendo a su lado, en el borde de su cama. Sonreír fue lo único que pudo hacer, sabía que había oído su voz en la madrugada, inconscientemente, pero ella estaba ahí, y no soltaba su mano, esta era suave, tan pequeña dentro de la suya... Estuvo minutos mirando su rostro, a su lado, durmiendo plácidamente, quiso ayudarla a recostarse en la cama, creyó que en esa posición iba a estar incómoda, pero más incómoda estaría si se despertaba y se percataba que estaba durmiendo a su lado, así que sólo borró esa idea de su cabeza. Fue cerrando sus ojos poco a poco, ella se difumino lentamente de su mirada a cada instante, y al final, se volvió a dormir... Soñó con Zenda toda la noche.
—Se lo diré, Rhys... No puedo tomar una decisión sobre la vida de otra persona, y menos si es Zenda, esto también la afecta a ella, es egoísta pensar en lo que yo quiero cuando su opinión también cuenta... No quiero dejarla a su merced, sola, sin ningún tipo de explicación, la haría sufrir demasiado... ¿Y qué sentido tiene todo esto si ella sólo sufrirá por mi decisión?
—Lo entiendo... Y está bien, creo que es una decisión acertada, mientras estés seguro de lo que haces, Vlas... Estaré de acuerdo contigo siempre, pero sabes que debes hacerlo pronto... Tan solo quedan diez días.
—¿Diez días? —Vlas miró a su hermano confundido, también miró a su madre y a Leah. Ellas estaban igual de confundidas que él.
—Sí, el primero de julio será la caída del séptimo impacto, y antes de ese día... Debes tener la decisión —reveló Rhys.
Vlas dejó de lado el sentimentalismo y el apenado juicio que comenzó a formarse en su cabeza luego de hablar con Lara el día anterior. Reflexionó sobre la idea de hablarlo con Zenda consciente e inconscientemente, casi como si fuera lo único que tenía en su cabeza, desde hacía muchos días. Había intentado hacerse de valor para enfrentar la situación, aun el miedo de cómo Zenda iba a reaccionar lo acogía, el miedo de que ella se alejara de su lado, de perderla, incluso sabiendo que... No iban a tener un final feliz.
A pesar de su inseguridad y miedo, de todo lo que tenía que esforzarse para mantenerse firme ante la situación, decírselo era la decisión que había tomado, porque sabía que ella saldría lastimada de todas maneras, como él, pero, al menos... Podrían enfrentar el dolor juntos si ambos tenían el mismo conocimiento de la situación. Por esa razón, tener la noción del tiempo que les quedaba era esencial, su vida, hasta ese día, iba a ser una carrera contrarreloj en donde contaba cada segundo, y no podía seguir perdiéndolos por insensateces.
—Le diré hoy, no puedo esperar más —se decidió apoyando sus manos en el posa brazos y poniéndose de pie.
Su hermano lo miró desde abajo, todavía sentado en el sillón.
—¿La vas a llamar? —preguntó Rhys.
—Sí, le voy a pedir que nos encontremos en algún lugar —respondió Vlas colocando su mano en el bolsillo de su pantalón—. Espero me conteste, no he respondido ninguna de sus llamados o mensajes desde ese día, ojalá no este enojada conmigo por ignorarla... No era mi intención —agregó, sacando su teléfono celular. Buscó a Zenda en sus contactos, ella estaba en los más recientes, tenía cerca de treinta llamadas perdidas de su parte.
«Mierda, debe estar muy preocupada por mí», pensó, mientras sostenía su celular, tocar el botón de llamada parecía una odisea... ¿Qué sucedería desde ese momento? Escuchar su voz lo iba a destrozar, ¿Podía ser fuerte? Era sólo eso, una llamada, pero... Una llamada que sentenciaba ese final.
—¿Quieres que vaya contigo? Por si sucede algo inesperado —Rhys le consultó, luego de ponerse de pie.
—En realidad... Quiero esperar a que Lara vuelva —contestó Vlas—. Quiero pedirle a ella que vaya conmigo.
Esa respuesta dejó algo de perplejidad en el rostro de su hermano.
—¿Eh? ¿Lara? —preguntó Rhys confundido.
—Sí, fue ella quien me hizo decidirme en decirle... Además, es más tranquilizadora en ese sentido, después de todo, no sé cómo reaccionará Zenda... Si ella está ahí, puede ayudar —respondió Vlas, enfilando hacia la puerta luego de colocarse el celular en su oreja al comenzar la llamada—. Me atendió, iré a hablar, nos vemos en un rato —agregó, antes de abandonar la sala.
—Okey... Suerte —respondió Rhys, apreciando a su hermano alejarse, algo estupefacto—. Ja... Lara —rio, mirando a su madre y a Leah, ellas reían—. Esta chica.
—Mamá sabe apelar a la sensibilidad, Rhys, deberías aprender de ella —bromeó Leah.
—Nunca tuviste esa virtud, no debes sentirte mal, es sólo que a ella se le da mejor tratar con los demás... Eso es algo que admiras de ella, lo has dicho muchas veces —expresó Clio.
—Lo sé... —Rhys volteó su rostro, su mirada se dirigió a la puerta de nuevo—. Él necesita la ayuda de todos... Es mejor que así sea.
Unas horas después…
Lara llegó. La propuesta de Vlas fue fácilmente aceptada por ella, y se hizo cargo de llevarlo, y estar cerca de él y ella, por si sucedía cualquier cosa.
—Tengan cuidado, por favor —pidió Rhys apoyado en la puerta.
Vlas y Lara ya estaban preparados para irse.
—Sí, lo tendremos, Rhys —respondió su hermano. Él se encontraba hacía rato algo inquieto, no podía quedarse parado en un solo lugar, pasó de estar al lado de Rhys, hasta al lado de Lara, y luego en medio de ambos—. No sé cómo saldrá esto y estoy un poco nervioso... Iré al auto... ¿Sí?
—Sí, claro... Hablaré algo con Rhys y voy —avisó Lara.
—Entiendo. —Vlas se alejó corriendo hacia el auto.
—Se los digo en serio, tengan cuidado, si llega a pasar algo inesperado avísame, estaré allí lo más rápido posible.
Era la segunda vez que Rhys hacía el mismo pedido. Lara lo miró con una sonrisa y asintió.
—Quédate tranquilo, mi amor, mientras yo esté no le pasara nada malo —aseguró Lara.
—No me refería sólo a Vlas, para ella también será difícil de procesar... Sé que Vlas tendrá las cosas bajo control, pero aun así quiero que estés alerta, ella tampoco se merece lo que le está por pasar, y puede reaccionar de una forma inesperada, ¿Me entiendes?
—Entiendo, tú también ten cuidado, esta vez no estoy yo para cuidarte... Ni hagas una estupidez, y cuida de Leah —respondió Lara, entre risas.
—Sí, claro... ¿Sabes? Se llevó bien con mamá, están hablando en la sala ahora... Quizás la deje un rato con ella, hay algo de lo que debo encargarme —explicó.
—Sea lo que sea, ten cuidado... ¿Sí?
—Sí, mejor vayan ya o llegarán tarde —dijo Rhys, señalando el auto.
—Sí, nos iremos, nos vemos más tarde. —Lara se despidió con un beso y se dirigió hacia el auto.
Rhys todavía se encontraba inseguro, con Rygal por ahí podía suceder cualquier cosa. Pero confiaba en Lara, conocía su fuerza y no encontró mejor persona para encargarle a Vlas que ella... Sólo deseaba que las cosas salieran bien... Diez días y todo cambiaría, para todos. No podía dejar de pensar en cómo afrontar la situación. Lo único que podía hacer en ese momento era apoyar a Vlas, él lo necesitaba y le daría toda su ayuda.
El auto arrancó a lo lejos, él se quedó parado en la puerta apreciando como se alejaba, con la mano en alto, hasta que se perdió de su vista en unos segundos, todavía quedó con su mano en alto cuando su teléfono vibró.
Un mensaje: «Estoy en Remia».
—Bien... Esto apenas comienza.
Más tarde...
Remia, Crystel - 21 de Junio - Año 525
—Se siente extraño hacer esto —dijo Vlas rompiendo el silencio que se había formado entre él y Lara en el viaje en coche.
—¿Hacer qué? —preguntó Lara. Ella no quitó la mirada de la carretera.
—Decirle a la persona que más amo que dentro de diez días nos separaremos para siempre... Sin otra oportunidad —respondió Vlas, su mirada se desvió un poco, hasta apreciar el paisaje de Crystel por la ventanilla. Pudo divisar el agua brillante del rio que separaba los suburbios de la zona céntrica, hasta que todo se volvió cuidad de nuevo cuando terminaron su camino por el puente.
—No del todo —contestó Lara, llevándose la atención de Vlas—. Aunque si es inevitable que uno de los dos pierda su vida, no se separarán, siempre se recordarán estén donde estén, y sus memorias siempre seguirán ahí para consolarlos; las enseñanzas, sus sentimientos y los recuerdos de los momentos que vivieron juntos estarán siempre en su alma, eso hace imposible que se separen, ustedes dos ya son uno solo — agregó.
Vlas sonrió ligeramente, ella tenía razón, y tenía tanta razón que lo que dijo hizo que una solitaria lágrima cayera por su mejilla.
—Se merece el mundo, y hasta más, me duele tanto saber que puedo llegar a quitarle un futuro hermoso, donde hasta podríamos estar juntos... Ese es su sueño, sabes... También el mío —dijo Vlas, cuando la nostalgia se hizo presente en su mente, otra vez. Eso sólo lo hacía dudar cada vez más de su valentía para decírselo... Si él sentía eso con sólo pensarlo... ¿Qué sería de ella?
—Una pérdida es algo que se puede superar, pero la persona no se olvida, yo creo que lo último que quiere alguien que dejó este mundo es que te arrepientas de lo sucedido y te culpes por algo de lo que ni siquiera tenías control... Ya no habrá vuelta atrás, en ese momento sólo quedará mirar hacia adelante, y hacer lo imposible para llegar a cumplir tus sueños sabiendo que esa persona te está viendo orgullosa en algún lugar, luego de haber dejado todo por ti... Solo hay que tener un poco de esperanza y voluntad —respondió Lara, esta vez, su mirada se dirigió a Vlas. Él la miraba con cierta concordancia en sus ojos.
—Cierto, tu perdiste a tus padres, ¿No? Veo que tú eres más fuerte de lo que pareces Lara, esa no es una pérdida de la que se recupera fácilmente —aseguró Vlas, su mirada poco a poco se convirtió en una de admiración.
—Si, al principio fue difícil, principalmente con mi padre, era una persona que admiraba mucho, además de que su muerte fue muy injusta —respondió Lara, recordando a su padre. Siempre que lo hacía un nudo se formaba en su garganta.
—¿Injusta? ¿Qué le sucedió? —preguntó Vlas con curiosidad.
—Fue asesinado por una organización criminal, lo mataron sólo por intereses personales de los líderes, él fue una víctima del sistema corrupto en el que vivimos... De la peor cara del mundo. —Lara apretó con fuerza el volante, también apretó sus dientes luego de decir eso. Ese recuerdo hacía hervir su sangre.
—Lo siento por eso, no me imaginaba que fuera tan así... Estoy descubriendo la verdadera cara del mundo en el que vivimos, la misma que Rhys vio hace diez años y por la que se convirtió en lo que nadie quisiera, tengo miedo de que me pase lo mismo, o a Zenda —dijo el chico, con una inminente inseguridad. Otra vez.
—No sucederá —declaró Lara. Sus palabras eran firmes, seguras e imposibles de refutar. Vlas se sorprendió frente a su declaración—. Sé que Rhys te lo repitió muchas veces a esto, pero nunca te convertirás en algo así si estamos contigo, Rhys sabe lo que se siente vivir eso, y la horrible sensación que deja, algo que arrastras por toda tu vida, y no creo que quiera lo mismo para su hermano —dijo ella, mirando a Vlas de reojo.
Este asentía con su cabeza. Quizás intentando convencerse a sí mismo.
—Sí, lo sé, él me lo dijo... Aun así, ¿Cómo sé que nunca perderé la razón y me volveré loco? Es algo imposible de predecir.
—Tienes razón, pero esa no es tu naturaleza, tu alma es muy pura, necesitarías un golpe muy fuerte en tu vida para que te sucediera algo así... Mírate ahora por ejemplo, tienes un peso enorme sobre tus hombros, y en diez días tendrás que tomar la decisión más importante y difícil de tu vida, aun así estas tranquilo y sabes que no es el momento para perder el tiempo y actuar como un descerebrado... Tienes voluntad, Vlas, eso es invaluable —dijo, sin poder evitar soltar una risa. Vlas le respondió igual.
—Suena a otra persona cuando lo escucho, no parece que sea yo quien actúa así, por dentro sólo quiero que todo esto termine lo más rápido posible, y que Zenda y yo estemos juntos al fin, sin importar el lugar, o el momento... Sólo juntos, de una vez por todas... No puedo dejar de pensar en nuestro futuro —manifestó Vlas, jugando nerviosamente con sus dedos.
Lara lo notó y supo que no mentía. Así, estiró su brazo, y posó su mano sobre las suyas. Estas se calmaron.
—Te entiendo... Cuando me enteré de lo que había sucedido con Rhys hace diez años no lo podía creer, solo pensaba en una forma de revertir lo que estaba sucediendo, no había día en el que no me arrepintiera de no haber estado con él y haberlo ayudado luego de su decisión —dijo Lara, negando lentamente con su cabeza—. Cuando al fin lo pude ver no caía en cuenta de que esa persona que estaba frente a mí era Rhys, era totalmente diferente, se notaba en sus ojos, tan apagados y cansados, su frialdad me daba estremecimientos... En ese momento decidí que no podía seguir viéndolo así, lo hice recapacitar y lo ayudé en todo, él no quería estar en ese estado, iba contra su voluntad, sus sentimientos lo habían dominado y no sabía cómo controlarlos, parecía un cuerpo sin espíritu, su única finalidad en la vida era conseguir más poder para revertir su destino, lo entendí en el momento, aun así, sabía que estaba mal... Pero ahora que está a mi lado, y viendo en retrospectiva las situaciones que nos llevaron a este momento, estoy feliz de que así sea —agregó, finalizando con una sonrisa.
—Estoy agradecido contigo, Lara, sin ti probablemente Rhys no se habría recuperado de ese abismo en el que estaba, y seguramente nuestro reencuentro no habría sido nada parecido al que tuvimos, ni todo lo que está pasando ahora sería igual... Aun así, todavía extraño que estemos los tres juntos, extraño a Demian, y cada día que pasa todavía no encuentro una lógica a su muerte, Rhys inconscientemente me dijo que fue asesinado, tardé en darme cuenta que podría haber sucedido así, supongo que él era mucho para un mundo como este, donde reina la maldad y la crueldad, alguien tan inocente como él no podría haberlo aguantado.
La mirada de Vlas se dirigió hacia fuera del auto de nuevo. Ya comenzaba a ver la arena. Estaban a punto de llegar.
—Cuando conocí a Demian hace trece años también vi lo mismo a lo que tú te refieres, él parecía alguien totalmente diferente a cualquier tipo de persona que haya conocido antes, no era alguien que se mereciera lo que le sucedió, yo tampoco sé la verdad sobre su muerte, pero al igual que a ti ,Rhys también me dio indicios de que pudo haber sido un asesinato —respondió Lara.
—Algún día podré saber lo que sucedió con mi hermano, todo lo que rodea su muerte es muy misterioso, además, según lo que Rhys me dijo, sobre lo de sacrificar una vida y que esa haya sido Demian, suena a que alguien lo mató para que Rhys consiguiera esos poderes, o hasta podría haber sido él mismo quien se suicidó para no tener que ser una carga para Rhys, después de todo, él pensaba más en los demás que en él mismo —teorizó Vlas. Nunca pensó que luego de diez años, aun la muerte de su hermano seguiría dándole de qué pensar... Incluso sabiendo que todo lo que le sucedió nunca quedó en claro. Al mirar una vez más para afuera del choche notó que llegaban al lugar. Lara frenó el auto en un estacionamiento—. Parece que tendremos que dejar la conversación para más tarde —añadió.
—Sí... Ya llegamos — manifestó Lara apagando el auto—. ¿Bajamos? —añadió, abriendo la puerta y bajándose del vehículo.
—Sí, me parece que Zenda ya está aquí, espera que la llamaré. —Vlas sacó su teléfono y le escribió un mensaje.
Ella no había llegado todavía. Deberían esperar.
Unos minutos después…
Remia, Crystel, Bahía de la Libertad - 21 de Junio - Año 525
Quince minutos pasaron. Lara y Vlas se encontraban sentados en un banco sobre el malecón, a pocos metros de la arena. La tarde comenzaba a concluir y dejaba paso al atardecer. Otra vez el cielo se teñía de un brillante color carmesí... Vlas recordó su sueño.
—Ahí viene, ¿No es ella? —preguntó Lara, señalando a una chica que se veía a lo lejos.
—Si, es ella —respondió Vlas, mientras hacía señas con sus manos para que Zenda lo ubicará.
Ella lo notó y se acercó rápidamente. Vlas sonrió, pero su corazón no reaccionó de igual forma y se encogió. La vio acercarse y esa sensación de vacío imposible de llenar volvió a su azotar sus sentimientos. El hermoso rostro de Zenda brillaba con su gran sonrisa al pararse frente a ellos, y Vlas no pudo borrar esa sonrisa en su rostro. Era melancolía... Era dolor.
—Ey, Vlas, lo siento por llegar tarde, es que Kora no encontraba su abrigo —se disculpó Zenda, algo agitada a causa de correr hacia el lugar.
—No pasa nada, linda, igualmente nosotros llegamos hace algunos minutos —respondió Vlas, poniéndose de pie.
«Con que "linda"... Este chico es un caballero», pensó Lara, con una sonrisa interna. Recordando como había tratado a Leah ese día.
—Mejor así —suspiró ella, aliviada—. Hola Lara, tanto tiempo —saludó a Lara.
—Hola Zenda... Supongo que es momento de que me retire y los deje hablar a solas —expresó Lara, dándole una mirada a Vlas—. Iré al estacionamiento, Vlas, toma esto —agregó, dejándole un botón en su mano.
—¿Qué es esto? —preguntó Vlas, analizando el objeto con curiosidad. No parecía tener ninguna cualidad especial.
—Si sucede algo sólo toca el botón, estaré aquí lo más rápido que pueda —respondió ella, lanzándole un guiño—. Suerte —dijo en voz baja, y se alejó del lugar.
Minutos más tarde…
Remia, Crystel, Distrito Central – 21 de Junio - Año 525
«Ya están juntos», escribió Lara a Rhys.
«Estate atenta, y como dije antes, si sucede algo inesperado no dudes en decirme», respondió Rhys.
«Quédate tranquilo, esto no es lo mismo que en Fons», contestó Lara.
«Okey, confió en ti, Lara, sé que no habrá problemas».
«Solo descansa, ahora es momento de que me encargue yo, nos vemos más tarde», Lara envió el último mensaje.
—Lo de Vlas es un destino inevitable, y depende sólo de su decisión... Con cada día que pasa se vuelve más fundamental prepararse para las consecuencias que esta acarree —aseguró Rhys, parado en la cima de un edificio, mientras contemplaba la ciudad.
—¿Tú crees que se puede desatar otra guerra como la de Fons en respuesta a lo que él decida? —preguntó un chico, detrás de Rhys.
—Esa guerra no fue por un Scire, pero si fue por Rygal... Mi padre está detrás de todo siempre, y aunque hayamos podido parar la Guerra de Fons, no pudimos evitar las miles de muertes y las consecuencias que esta dejó, y al haber truncado los planes de Rygal sólo desatamos más ira en él... Debemos estar listos, la guerra contra Rygal puede darse en cualquier momento... No significa que sea apenas Vlas tome su decisión, pero, puede ser un factor determinante —Rhys explicó, cambiando a un tono serio—. Kit, sólo esperemos hasta que Vlas se decida, luego de eso comenzaremos a planear una estrategia para enfrentar a Rygal... Es necesaria... Siempre lo fue —agregó, dándose la vuelta, y enviando su mirada al chico que se encontraba detrás de él.
—¿Se lo dirás a los chicos? Ellos siguen en Fons —preguntó Kit.
—Lo haré... Mientras tanto, mantente al margen, tal vez necesite de ti pronto.
—Claro, lo haré Rhys... Nos vemos luego. —Kit dejó sus palabras en el aire, y desapareció del lugar.
—Gracias chico. —Rhys volteó, a apreciar la ciudad de nuevo—. Sólo debemos esperar —musitó—. Todo este sufrimiento pronto se acabará.
Remia, Crystel, Bahía de la Libertad - 21 de Junio - Año 525
—Ey Lara, ¿Qué haces por aquí? —preguntó Kora viendo a Lara llegar al estacionamiento. Ella se encontraba sentada sobre un muro de piedras que rodeaba el recinto.
—Oh, hola Kora, supongo que lo mismo que tú, vine a acompañar a Vlas para que hable con Zenda —respondió Lara guardando su teléfono en el bolsillo de su jean mientras se acercaba a ella.
—Ah, ya veo, ¿Qué crees que hablaran? Estoy preocupada por Zenda, ella se veía nerviosa al venir... Vlas no le ha estado hablando y la llamó de la nada para pedirle que se reúnan, ella ya se hizo algunas ideas —comentó Kora, dejando demasiado en claro su preocupación.
Lara se percató que ella realmente quería a su hermana. Esa preocupación tan genuina era la mayor prueba de tal amor.
—No lo sé del todo, Vlas no quiso decirme, pero supongo que es algo en lo que ellos dos están involucrados, no lo sabremos hasta que terminen —respondió Lara intentando evitar la verdadera razón.
—Sí, tienes razón, espero que sea una declaración —declaró Kora emocionada.
—¿Una declaración? —preguntó Lara, ciertamente confundida.
—Sí, supongo que te has dado cuenta, porque es obvio para todo el mundo, menos para ellos, pero Vlas y Zenda se aman, no entiendo porque dan tantas vueltas, si lo único que quieren es estar juntos —aseguró Kora.
Lara sabía a lo que se refería Kora, ya que ella pensaba lo mismo, aun así viendo el panorama actual, una declaración por parte de cualquiera de los dos solo lastimaría al otro al saber que no iban a poder estar juntos. Ella sabía lo que Vlas tenía para decir, pero si Zenda se le adelantaba quizás este no podría hacerlo y la situación se complicaría... Parece que esa fue la principal preocupación de Rhys cuando se refería a una «reacción inesperada».
—Sí, yo también pienso lo mismo, son el uno para el otro, aun así el orgullo parece ser parte de los dos y será difícil que acepten sus sentimientos —sostuvo Lara.
—En eso tienes razón —dijo Kora, riendo—. Oye Lara, ¿Puedo hacerte una pregunta? —preguntó, llamando el interés de Lara.
—Sí, claro, ¿Qué sucede? —preguntó ella, con curiosidad.
—¿Cuándo conociste a Rhys? —preguntó Kora desatando la risa de Lara—. Lo siento, no pensé que reaccionarias así —agregó, mientras Lara intentaba calmar sus carcajadas.
—No, lo siento, pensé que sería otra cosa y me había preocupado —respondió Lara un poco más calmada—. Respecto a tu pregunta; mira, yo conocí a Rhys en primero de preparatoria, él tenía quince años y yo diecisiete... Quizás creas que es una diferencia de edad algo complicada, de hecho lo fue por al menos tres años... Eso hizo que no formalizáramos nuestra relación hasta que él cumpliera los diecinueve y yo los veintiuno.
—Ya veo... Entonces se conocen hace demasiado tiempo... Eso se nota, más que nada porque pasan la mayor parte del tiempo juntos, ya que están casados, y el otro día pude apreciar que tienen una química y confianza entre ustedes muy grande... Creo que incluso es mucho mayor a lo que podemos llamar amor —respondió Kora, tomando un sorbo de agua de la botella que había llevado con ella.
—La verdad que sí, Rhys es una de las personas más importantes de mi vida, junto con Leah... Él estuvo conmigo en los momentos más duros de esta, y creo que eso significa más que cualquier tipo de relación romántica que pueda tener con él, aun sabiendo que es mi esposo y todo lo que eso conlleva —admitió Lara, con una nostálgica sonrisa dibujándose en su rostro.
—Wow... Di en el clavo, realmente me esperaba que su relación fuera tan fuerte, pero saber que siempre te apoyó es algo lindo... Incluso sabiendo que se enamoraron siendo muy jóvenes.
—De hecho sí, todo esto nació en nuestra adolescencia, cuando todos tenemos algún sentimiento que no sabemos cómo apareció y es la primera vez que lo sentimos, pero se siente bien y no quieres que se vaya, ¿Tú has tenido alguno? —preguntó Lara.
—Supongo... —respondió Kora, giró un poco su rostro, como desinteresada—. Nunca tuve un interés de ese tipo, pasé la mayoría de mi vida practicando ajedrez, y no me relacioné con más personas además de Zenda y Vlas, quizás algunas personas del colegio, aunque son más compañeros de clase que otra cosa... Soy algo reservada, no soy de sociabilizar mucho —agregó.
—Entiendo tu punto, eso quiere decir que ahora que estás hablando conmigo es un avance, ¿No? —preguntó Lara, soltando algunas risas.
—Algo así, cuando perdí mi primera partida de ajedrez entendí que no siempre las cosas me iban a salir bien, y que alguna vez necesitaría de los demás, ahí fue cuando comencé a acércame más a las personas y relacionarme con ellas, haciendo esto he estado aprendiendo a encontrarme a mí misma, encontrar nuevos pasatiempos y abrirme un mundo entero que no conocía... Y se siente bien, he podido estar bien conmigo misma —respondió Kora, recordando su partida con Rhys, y la gran cantidad de consecuencias que eso atrajo. Tampoco pudo evitar pensar en Vlas... Aun con lo que su hermana le había dicho de él días atrás.
—Rhys me contó sobre esa partida que te ganó, al principio me moleste con él por haberte hecho eso, pero mis molestias desaparecieron luego de que contó lo que hizo Vlas, eso fue admirable, supongo que ahí fue el momento en el que decidiste tomar otro rumbo, ¿Cierto?
—Si, Vlas me dijo palabras tan hermosas que me hicieron darme cuenta que no necesito de ser la mejor en algo para disfrutarlo, y menos aferrarme a una sola cosa en mi vida, tener una única razón por la que seguir termina siendo perjudicante para uno mismo, ya que cuando la pierdes se dificulta el volver a levantarse y seguir adelante, y más cuando sabes que no tienes nada además de eso, un vacío enorme es lo único que consigues al actuar de esa forma, y siendo sincera, no quiero eso para mí —respondió Kora.
Lara se llevó una gran sorpresa al oír todo lo que ella dijo. Si era sincera consigo misma, no vislumbraba un racionamiento así en ella... Pero al parecer era más sensata de lo que pensaba.
—Me alegro por ti Kora, me pareces una chica muy decidida y talentosa, si eso decidiste para tu vida, solo me queda desearte lo mejor —dijo Lara, regalándole una sonrisa.
—Gracias Lara, no perderé ese camino que decidí para mí.
Ella sonrió también. Alzó su mirada al horizonte, él sol comenzaba a ponerse, la tarde caía bajo sus miradas... Esa tarde de un día que no olvidarían jamás.
Mientras tanto...
—Vlas, ¿Estás bien? Desde que nos quedamos solos estás actuando distante —preguntó Zenda.
Ella realmente estaba preocupada. Primero esas semanas que estuvo sin hablarle, no contestándole ningún mensaje o devolviéndole alguna llamada. Quiso dejarlo pasar, Kora la convenció de que él en realidad estaba con su hermano, y probablemente no estaba concentrado en su celular. Pero esa tarde, cuando recibió su llamada bajo el pedido de que se vieran, comenzó a sentir un poco de miedo, su voz no era la misma de siempre, sin contar que él no le dio ningún tipo de explicación, sólo le dijo que se vieran, y cuando ella aceptó, confirmó la ubicación y cortó. Y desde que Lara se había ido y ellos se quedaron solos, Vlas no había dicho ni una palabra, y ella no podía evitar que esa actitud de su parte se le tornara extraña, él no dejaba de hablar nunca, y más cuando estaba con ella.
—Sí, no pasa nada, vamos a caminar por la orilla, tengo algo que contarte —respondió Vlas, tomándola de la mano.
—Okey, vamos. —Ella lo siguió, apretando su mano con fuerza, no comprendía muy bien el motivo, pero él dejaba en vilo cierta necesidad de hacerlo. Apenas ella la tomó, él se aferró a su mano, como nunca antes.
Mientras caminaban por la orilla del mar, la cabeza de Vlas daba mil vueltas, no sabía cómo comenzar la conversación ni como incorporar el tema, estaba nervioso, pero con la presencia de Zenda se sentía tranquilo a la misma vez. Luego de darse cuenta de eso, comenzó a querer que ese momento no acabara jamás. Diez días y tenía que poner en una balanza sus vidas, él sabía más que nadie lo que Zenda había hecho por él, todo lo que superó gracias a ella, lo hizo lo que era, y no podía quitarle la vida, sería muy egoísta de su parte... Pero... ¿Ella pensaría lo mismo que él?
Con esa idea frenó, y se sentó en la arena, mirando hacia el horizonte que se alejaba de ellos, esperando que Zenda hiciera lo mismo.
—Vlas, ¿Te sucede algo? —preguntó Zenda, otra vez, sentándose a su lado.
—¿Recuerdas el libro del que estábamos hablando en el mirador antes de la caída de asteroides en Ajax? —preguntó Vlas, ignorando la pregunta de Zenda.
—Emm... Si lo recuerdo, «Una historia que se repite», o algo así, no soy muy buena con mi acento de shi —respondió Zenda, citando el nombre del libro.
—Exacto, supongo que recuerdas de que se trataba, ¿No? —preguntó Vlas.
—Sí, también... Lo de la «bendición genética», ¿No es así? —respondió Zenda, tratando de recordar.
—Yo dije que me parecía algo no tan imposible, y tú me dijiste que sonaba muy estúpido y fantástico —aseguró Vlas, dirigiendo su mirada a ella.
—Sí Vlas, era ficción, aunque sonaba algo un poco creíble no dejaba de contener fantasía... Sigo pensando lo mismo... Pero eso no importa, ¿A qué viene todo esto? —preguntó Zenda. Él no así nada más que confundirla.
Quería que dejara de hablar en condigo, él ni siquiera le había explicado por qué estaban ahí y de la nada salía con el tema de un libro al cual no le dieron mucha importancia en el correr de casi un mes... ¿Qué le sucedía?
—Estás errónea Zenda, en realidad si es posible... Aunque no estoy seguro que sea totalmente cierto lo que dice la historia, la primicia de la «bendición genética» es cierta... Hasta cierto punto, es complicado —explicó Vlas, tratando de no sonar como un loco fantasioso.
Zenda continuaba mirándolo extrañamente, la conversación ya se estaba volviendo bastante absurda.
—Vlas, no entiendo nada de lo que te estás refiriendo, ¿Cómo puede ser real que alguien tenga poderes sobrenaturales? Por Sun, deja de decir esas cosas... Creí que me habías llamado para algo importante. —Ella sintió que Vlas estaba jugando con ella, no podía tomarse en serio lo que él estaba diciendo, la imagen razonable y lógica de Vlas había desaparecido y había pasado a creer en mitos antiguos. Era demasiado irónico.
—Rhys en el muelle —sólo dijo eso. Y Zenda lo miró de inmediato—. Acaso me vas a decir que eso que vimos fue mentira —agregó, en un tono inexplicablemente serio.
—¿Qué sucede con eso? —preguntó Zenda, confundida.
—¿Cómo? ¿No recuerdas lo que sucedió?
Eso había sido bastante sorpresivo, Vlas había notado la insólita honestidad en la pregunta de Zenda. ¿En serio no recordaba lo sucedido?
—Sí, fuimos a un restaurante con tu hermano, su esposa y su hija, comimos y nos volvimos, nada de otro mundo —respondió Zenda con una marcada indiferencia—. Supongo que al decir «Rhys en el muelle» te refieres a cuando desapareció y volvió una hora después... Pero, ¿No había ido al baño? —preguntó, convencida de que esa era su verdad.
A Vlas ya no le quedaban más dudas. Sabía lo que estaba pasando... Quiso maldecir.
—Zenda, ¿Me puedes esperar un momento? Voy a hacer una llamada rápida, quédate aquí, ahora vuelvo —dijo, poniéndose de pie.
—Sí, ignoraré el hecho de que estés tan extraño, aquí te espero —respondió Zenda.
Él asintió, en silencio, antes de salir corriendo. Se alejó lo suficiente como para que Zenda no oyera su conversación, y saco su teléfono el bolsillo de su pantalón. Necesitaba una explicación coherente y había una sola persona que podía tenerla... Así que llamó.
—Hola —atendió Rhys, del otro lado de la línea.
—Rhys, soy Vlas —respondió su hermano.
—Oh, Vlas, ¿Sucedió algo con Lara o contigo? Ya voy para ahí.
Se oyó un movimiento y la línea casi se cortó.
—No, no, no, cálmate, estoy bien —aseguró Vlas—. No ha pasado nada... Todavía.
—Ya veo, mejor así, entonces, ¿A qué se debe ésta llamada? —preguntó Rhys, confundido.
—Estoy con Zenda, y le pregunté si recordaba lo que sucedió en el muelle... —Vlas comenzó a explicar.
—Y no recuerda nada, ¿Cierto? —Rhys terminó por él.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Vlas, sorprendido. Sabía que su hermano tenía que ver con eso, pero le sorprendió que fuera tan rápido. ¿Le había leído la mente?
—Mira Vlas, te lo explicare más tarde, cuando vuelvas, no creo que pueda expresarme con total claridad en una llamada telefónica... Solo te diré que por más que intentes que recuerde lo sucedido no lo hará, esa memoria ya no existe en su cabeza —explicó Rhys.
Vlas suspiró al oír eso... El imbécil de su hermano le había borrado la memoria.
—¿Acaso le borraste la memoria? —preguntó, con la respuesta ya confirmada.
Si Rhys era posible de algo así ni siquiera necesitaba preocuparse por demasiadas cosas en su vida. Podía resolver todo controlando mentes.
—Algo así, pero ahora no puedo explicártelo, te lo explicaré cuando vuelvas, ¿Si?
—Sí, claro, entiendo, pero recuerda que me debes una explicación —remarcó Vlas.
—Sí, no lo olvidaré, tú solo habla con ella, que no recuerde ese momento no interferirá en absoluto.
—Lo haré, adiós —terminó, y cortó.
«¿Borró su memoria? Por Sun, este tipo es increíble», Vlas se quedó pensando en lo que su hermano había hecho, mientras volvía hacia donde estaba Zenda.
La vio a lo lejos sentada en la arena, jugando con esta, con su rostro tan bello como inocente... Quería salir corriendo de ese lugar... Desaparecer, para siempre, y que ella jamás volviera a oír de él... Y aunque que quedara como el villano de su historia, al menos no la lastimaría tanto como si lo haría al contárselo... Pero... Pero... ¿Por qué? La vida era injusta, y él no podía hacer nada frente a tal destino... Que chocaba, y destruía su revalidad, y sueños... Destruía todo... Todo lo que quiso vivir con ella.
—Volví —avisó, sentándose a su lado de nuevo.
—Oye, con respecto a lo que estábamos hablando hace un rato, ¿Puedes decirme de una vez por todas que sucede? —demandó Zenda, ella intentaba no sonar muy autoritaria, pero la confusión que la actitud de Vlas le estaba creando no le gustaba del todo, y quería respuestas rápidamente—. Tu actitud está muy rara hoy y sólo haces que me confunda más con tus preguntas extrañas.
—Sí, lo haré sencillo —respondió Vlas decidido a decirle, o casi—. ¿Estás bien ahora, no te sientes incomoda o algo por el estilo? —agregó preocupado.
Era importante saber que cuando Zenda supiera todo, ella estuviera en un estado neutral, él no sabía cómo reaccionaría y prefería prevenir su respuesta para saber cómo actuar antes de que todo se le fuera de las manos, y así como él mismo... No supiera qué hacer.
—No, como dije anteriormente, solo estoy confundida por tu actitud solamente. —Ella clavó su mirada en él. Esos ojos azules parecían de cristal, con un brillo radiante.
—Está justificada... A mi actitud me refiero, es que tengo algo muy importante que decirte, pero a la vez, también es muy difícil, y tengo miedo de la reacción que tengas al saberlo... Porque puede ser, o mala o muy mala, no hay punto medio —dijo Vlas, devolviéndole esa mirada que ella definió inicialmente.
—Sea lo que sea, estoy preparada, estás tú aquí, nada malo me pasará, ¿Cierto? —preguntó Zenda, sonriente, y el brillo en sus ojos resplandeció más aun.
«No... Esa sonrisa no», él rogó internamente. Esa sonrisa acabaría con él para siempre, no le permitiría contarle nada, no le permitiría siquiera que sus palabras salieran de su boca. Su pecho se contrajo en respuesta al impacto de ese hermoso rostro en su corazón. Con solo ese gesto se dio cuenta de la inocencia de Zenda, esa inocencia que él amaba, esa inocencia que no la hacía advertir lo que estaba por venir, y esa inocencia que le demostró lo mucho que la lastimaría, aun así, la lastimaría mucho más si solo tomaba esa decisión sin haberle dicho nada, si solamente la dejaba sola sin explicación... Si... Rompía esa promesa, que tanto le significaba.
—Lo siento Zenda... Lo siento por todo, no te mereces esto. —Su voz se quebró en ese momento. Se acercó a ella y con un abrazo demostró su vulnerabilidad ante la situación. Todo se estaba volviendo más difícil de lo que él creía que sería.
—Vlas... ¿Qué te sucede? ¿Seguro que estas bien? —preguntó Zenda, devolviéndole el abrazo. Su voz se escuchó más preocupada que antes, ella no podía hacer más que eso, la extraña actitud de Vlas solo aumentó, y su confusión igual.
—No puedo hacer nada, no puedo evitarlo, no quiero perderte. —Ese lamento venía acompañado de unas desesperadas ganas de no separarse de ella. Pero no fue así.
Con esas palabras, Zenda comprendió que la situación no era sólo Vlas actuando de una manera diferente, esta iba escalando al mismo tiempo que su preocupación y naciente miedo. ¿Qué significaba «perderla»? ¿Acaso lo decía literalmente? Vlas no podía estar hablando en serio. Era mucho más que eso, ella lo sabía, pero sólo esas palabras quedaron en su mente... Perderla... Con que eso significaba tanta complicación y vueltas en su declaración... Se iban a separar.
—Espera... —Ella interrumpió el abrazo y lentamente se separó de él, esas ansias de encontrarle respuesta a lo dicho por Vlas no cesaban, pero no quería escuchar algo malo... De todas formas, no se iba a quedar con la incertidumbre, debía afrontar lo que sea que él tuviera para decirle—. ¿Perderme? ¿Qué estás diciendo?
—No sé cómo comenzar con esto... Comenzaré por el principio, obviamente, espero que lo entiendas y que sepas que pase lo que pase estaré siempre a tu lado... No pretendo dejarte sola jamás.
—No entiendo nada de lo que dices, pero te escucho, dime lo que tengas que decirme, si eso hace que dejes de actuar así... Adelante.
Con esas palabras de Zenda, Vlas se decidió y procedió a explicarle todo lo sucedido.
Mientras más iba avanzando en el relato el rostro de Zenda cambiaba, llegó a mostrar una expresión de miedo, confusión, tristeza, enojo y dolor al mismo tiempo. Ella no podía creer lo que Vlas estaba diciendo, no quería creerlo. Aunque sabía que Vlas nunca mentiría con algo de esa magnitud, sonaba algo totalmente increíble y a la vez imposible de asimilar. Quizás tomárselo a la ligera al principio fue un error. Creer que Vlas estaba siendo extraño fue un error, después de todo tenía demasiado sentido su actitud... Porque ese momento llegó.
Quería que parara, que no siguiera hablando, que no llegara hasta ese momento... Pero cuando escuchó esa frase cruzó ese límite el cual ya no le permitiría volver atrás.
«Alguno de nosotros dos deberá morir...».
Si, eso fue lo que derrumbó su inocencia, su optimismo, su fantasiosa mente que siempre intentaba buscarle el lado bueno a todo, eso fue lo que en retrospectiva anulaba cualquier promesa que antes se hubieran hecho entre ambos, cualquier lugar al que quisieran llegar, cualquier momento que quisieran pasar juntos... Eso fue lo que destruyó todos sus sueños... Para siempre.
—Pensé que te lo tenía que decir, después de todo, es una decisión de ambos, no puedo solo decidir sobre tu vida sin consultártelo antes, y no puedo decidir sobre la mía sin que conocieras mi destino... Porque mis sentimientos por ti jamás cambiarán, y no te mereces sufrir por mi culpa —explicó Vlas, terminando con el relato, mientras Zenda estaba cabizbajo sin reaccionar— Ey, ¿Estás bien? —Vlas se acercó lentamente y le tocó el hombro. Un escalofrió recorrió su cuerpo con la respuesta de Zenda.
—Suéltame. —Con un movimiento tosco ella quitó la mano de Vlas de encima suyo.
—Lo siento... Lo siento Zenda, es lo único que puedo decirte ahora, no tengo una forma de resolverlo, y es culpa mía que reacciones así, puedes odiarme todo lo que quieras, todo es culpa mía... Y eso no va a cambiar.
Ya se había lamentado demasiado, pero en ese momento todavía no se lo había contado a Zenda, y quizás eso era lo que principalmente lo hacía sentir culpable. Él realmente apreciaba y se tomaba en serio las promesas que hacía, y la más importante siempre fue la que tenía con ella... O las que tenía con ella, pero él sabía que rompería una de esas dos... Solamente quedaba elegir cual sería... No hacerla sufrir o salvarle la vida... O las dos al mismo tiempo.
—No, no es tu culpa, tampoco podría odiarte ni estoy enojada contigo, es complicado, Vlas... No sé por qué estoy enojada, ni con quién o qué debería estarlo, sólo es un sentimiento dentro de mí que no tiene razón... De hecho, hay muchos sentimientos dentro de mí que no sé cuál es el motivo por el que están ahí... Son muchas emociones en tan poco tiempo, no puedo dejar de pensar que esto es inevitable y que no podemos impedirlo... Y eso es muy doloroso. —Zenda apretó su puño con fuerza.
Vlas lo notó, ella estaba muy enojada, era la primera vez que la veía en ese estado.
Zenda se encontraba invadida por el mismo sentimiento de impotencia que sintió Vlas cuando se enteró. Quizás era lo único a lo cual le encontraba razón. Si Vlas no podía hacer nada, ¿Qué podría hacer ella? Se encontraba en un lugar todavía peor. O tal vez no, él tenía que tomar la decisión, eso era más duro que sólo saber que podría perderlo... Sí... Podría perderlo, claro, podría perderlo... ¿Cómo no se dio cuenta de eso antes?
—No debería habértelo dicho con tan poco tiempo de antelación, en diez días tendré que decidir y mi cabeza está en cualquier lugar menos en mi decisión, tú no tienes la culpa de nada, no te mereces estar en esta posición, es el momento que demuestre de lo que soy capaz por ti, Zenda, te amo más que nada en este mundo, eres mi vida, y sin ti no podría seguir... Pero sé que tu si podrías sin mi —con esa declaración hecha, se quedó en silencio.
Zenda lo escuchó y ese miedo previo se extendió... Él ya había decidió inconscientemente, ya lo había dejado en claro con esas palabras. Sabía que Vlas no cambiaría de opinión, aunque ella intentara convencerlo... Sabía que lo perdería... Pero al no haber otra opción tenía que aceptarlo, por más difícil que fuera... O tal vez sí había otra opción... Tal vez... Pero él... ¿Sería capaz de aceptarlo?
El silencio prolongado era cómodo, Zenda no se sentía fuera de lugar y Vlas no quería arruinar el momento. Comprendía que con sólo su presencia estaba bien, él únicamente quería estar ahí para Zenda, y que ella supiera que pasara lo que pasara, él nunca se iría de su lado... Ni aun, si la muerte los separaba.
—Vlas...
Al escuchar su nombre él levantó su rostro, y miró a Zenda... Ella lo había casi susurrado, con una suave voz.
—¿Qu...?
«¿Qué?», la pregunta no fue concluida, sólo la pudo hacer en su mente.
Un beso.
Esa pregunta fue respondida con el accionar de ella. Creyó que jamás llegaría ese momento. Diez años reducidos a unos segundos que lo hicieron sentir en el cielo por un lapso de tiempo indeterminado. Supo que ese beso no significaba nada bueno, pero era una mezcla de emociones tan importante e intensa para ambos, que más que un beso fue un punto de inflexión en lo que a su relación refería.
Ese amor era real, más en ese momento que nunca. Ese primer encuentro, ese camino que compartían, ese sueño, ese sufrimiento, esa felicidad... Todo era suyo en ese momento, todo era de ambos. Zenda era de Vlas y Vlas era de Zenda... Esperarían el final, juntos... Era lo único que les quedaba por hacer... Hacerse felices hasta el último momento.
Vlas decidió no hacer nada al respecto y tan solo le devolvió el beso a Zenda, abrazándola en el proceso mientras ella se aferraba más a él. Se sentía muy necesario para ambos.
Cayeron en la arena, Vlas sintió el peso de Zenda sobre su cuerpo y la sostuvo desde la cintura. Ella era pequeña, o al menos así le pareció. La vulnerabilidad los había vencido a ambos, y no encontraron más consuelo a su dolor que ese beso. No les importaba estar en el medio de la playa, no les importaba ensuciarse con la arena, ni les importaba que el frio viento proveniente del mar los abrazara erizando sus pieles. En ese momento comprendieron que la vida era demasiado corta como para preocuparse por esas nimiedades... Y así siguieron.
Pero la inseguridad todavía estaba allí.
—Espera... —Zenda interrumpió el beso, y se puso de pie rápidamente limpiando la arena de su cuerpo—. Lo siento, no sé por qué hice eso... Fue imprudente —añadió, y su rostro se tornó ruborizado.
—¿Imprudente? ¿Acaso no querías eso? —preguntó Vlas, todavía recostado en la arena. La súbita manera de actuar de Zenda lo descolocó.
—Sí, pero... Es que... No lo sé. —Negó bajando su rostro, sus lágrimas comenzaron a mojar la arena—. Lo siento, Vlas.... Me tengo que ir, lo siento... Adiós.
Fue rápido, apenas dijo esas palabras desapareció de la vista de Vlas.
—¡¡Espera Zenda!! —Vlas corrió detrás de ella y la alcanzo unos metros antes de llegar a la muralla que separaba la arena de la calle—. ¿Qué fue eso? —preguntó, tomando su mano.
—¿Por qué? ¿Por qué esto tiene que acabar así? No es sobre ti, Vlas, pero necesito estar sola por ahora, déjame pensarlo y luego podemos arreglarlo. —Sus palabras casi no se entendían al estar asediadas por su llanto.
—¿Por qué luego? No tenemos demasiado tiempo, quiero que lo decidamos ahora, no puedo seguir viéndote llorar, Zenda... Y no puedo seguir con mi cabeza en este dilema, me voy a terminar volviendo loco... Por favor, linda... Por favor —rogó Vlas.
Todavía no podía rendirse, pero el tiempo seguía corriendo y podría terminar arrepintiéndose, y la actitud de Zenda, aunque entendible para él, no ayudaba en nada.
—Lo siento, Vlas, no puedo hacerlo ahora, sólo necesito asimilarlo... Perdóname. —Se dio la vuelta, y limpiándose sus lágrimas se alejó del lugar.
Vlas sólo pudo verla alejarse con un único pedido en su mente: «Mira atrás».
Pero no sucedió.
Abatido, Vlas solamente se quedó parado mirando al horizonte mientras el sol se ponía, no habían pasado ni veinte minutos, había parecido una eternidad. No podía dejar de pensar en el beso y la posterior reacción de Zenda, obviamente se sentiría avergonzada, no quiso seguirla, prefirió dejarla irse, su cabeza daba muchas vueltas, a partir del día siguiente tan solo quedaban nueve días para decidirse, y la reacción de Zenda hizo que todavía se repensara más la decisión que tomaría, sabía que no podría protegerla, aun así, todavía tenía tiempo para cumplir su promesa de no romperle el corazón, aunque viendo como habían salido las cosas, parecía una opción alejada, aunque, alejada o no, haría hasta lo imposible para no marcharse con una promesa rota.
Momentos después...
—¿Ya lo sabe? —preguntó Lara, acercándose a Vlas, este se encontraba sentado sobre la arena.
—Todo... —respondió Vlas, en voz baja—. Ya lo sabe todo.
—¿Cómo reaccionó?
—Como se esperaba, con impotencia y rabia, supongo que fue un gran shock —respondió Vlas, su mano había tomado una piedra. La terminó lanzando al mar, esta ni siquiera salpicó, sólo se hundió—. No pude contenerla, y terminó yéndose sin dejar que habláramos más sobre la situación —agregó.
—Parecía estar desconcertada cuando fue a buscar a Kora, no tenía la misma mirada que siempre, y su actitud era distante, deberías llamarla más tarde, o visitarla en todo caso, sabemos que muy bien no se lo tomó... Y es mejor prevenir que lamentar —dijo Lara, con algo de preocupación.
—Sí, tengo miedo de lo que hará ahora, tendría que llamar a Kora y explicarle la situación, no quiero que cometa una locura —explicó Vlas—. Toma —dijo, extendiendo su brazo, con el botón que Lara le había dado antes en su mano.
—No, quédatelo —sugirió Lara—. Servirá de mucho cuando estés en problemas, al menos quédatelo hasta el día del séptimo impacto —agregó, dándose la vuelta.
—¿Nos vamos? —preguntó Vlas, guardando el botón en su bolsillo.
—Sí, se está haciendo tarde y Rhys se preocupará —respondió Lara, alejándose por el camino en el que había venido.
—Bien... Ahora te alcanzo.
Lanzó una última piedra al mar. Vaya, esa tampoco salpicó... Al parecer su vida no era más que una metáfora. No pudo evitar reír, era lo único que podía hacer... Ya no le quedaba más nada. Lo había perdido todo.
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