Remia, Crystel, Residencia Windsor - 19 de Junio - Año 525
Rhys bajó a la planta baja, no sabía muy bien qué hora era, pero no era tan tarde... Su madre estaba en la casa, la vio pasar de una habitación a otra mientras caminaba por el pasillo... Tenía algo que hablar con ella, pero antes de eso necesitaba saber cómo estaba Vlas.
—Mamá... —la llamó, al entrar a la habitación.
Clio se encontraba acomodando algunos libros en los estantes recostados a las paredes de la habitación. Ella se dio la vuelta al oír su nombre.
—¿Qué sucede cariño? —preguntó, dejando de lado lo que estaba haciendo, y volviéndose a su hijo.
—¿Has podido hablarle? —preguntó él, ni siquiera fue necesario que mencionara su nombre, ella iba a entender.
—Oh... No, anoche dejé algo de comida en su puerta, hoy también... Pero no da respuesta —respondió Clio, con su voz un poco afligida.
—Vaya, sabía que esto sucedería. —Rhys rascó su nuca. Hacía dos días sucedía lo mismo con su hermano, ya comenzaba a preocuparse—. Sé que te hace sentir mal que él esté actuando así, mamá... Perdón por eso, a mí también me duele verlo en ese estado.
—No es tu culpa, cariño... Era inevitable, ahora sólo queda ayudarlo a salir adelante, y apoyar lo que él quiera, sin importar la decisión que tome. —Clio posó su palma en la mejilla de su hijo, y sonrió débilmente.
—Mamá... —musitó Rhys, él sabía a qué se debía ese gesto. Era miedo—. Está bien, me siento igual... Pero, es el deseo de Vlas, y sí él quiere priorizar la vida de ella, no podemos hacer nada.
—No puedo perder otro hijo, Rhys... No quiero volver a pasar lo que pasé cuando Demian se fue, o cuando no estuviste a mi lado estos últimos diez años... Ahora que los tengo a mi lado, ¿Por qué tengo miedo de quedarme sola otra vez? ¿Por qué nada puede salir bien por lo menos una maldita vez en nuestras vidas, Rhys? No podemos ser felices... ¿Qué hicimos para merecer este castigo?
«No llores mamá... Todo estará bien», pensó Rhys. Abrazó a su madre apenas ella comenzó a llorar. Ella se aferró a sus brazos, y él sostuvo su tristeza... La compartió. «¿Todo estará bien? Quizás soy demasiado optimista».
Diez años atrás usó las mismas palabras para con Demian, y él no tuvo salvación frente al destino que les aguardaba, esa maldición que no tenía final. Ese parecía ser su único poder, maldecir a quienes más amaba con simples palabras esperanzadoras... Él no era su madre, sólo ella podía ser capaz de otorgar esperanza, él era un demonio, y su sentencia era la tragedia, aquella que los iba a atormentar hasta que pudiera acabar con todo para siempre. Por eso no quiso decir nada, y se tragó el consuelo, así como el dolor que le causaba verlos sufrir.
Era mentira que todo estaría bien, él sabía que si Vlas elegía la vida de Zenda por encima de la suya... Su alma se desvanecería por la eternidad, y sólo quedaría su recuerdo en sus vidas. Comprendía la actitud de su madre, comprendía que ella, más que nadie, quería que Vlas no tomara esa decisión, porque amaba a Vlas más de lo que amaba a cualquier persona. Él también amaba a Vlas, pero de la misma manera, aceptaba lo que fuera que él quisiera para su vida, porque amarlo significaría dejarlo ir... Si ese era su deseo.
—No llores, mamá... Estoy aquí, no me iré de aquí —dijo, en su lugar, acariciando el cabello de su madre que caía por su hombro, con ella recostada al suyo, donde sus lágrimas ya lo habían empapado.
—Gracias, mi amor... Gracias por estar aquí... Te necesitaba.
«Claro que sí, mamá... Claro que sí». Él hizo lo que ella, y recostó su cabeza en el hombro de su madre, prologando su abrazo el tiempo que fuera necesario... Para ambos.
—¿Interrumpo algo? —La pregunta venía de una voz, detrás de ellos.
Rhys se dio la vuelta, sin soltar a su madre, detrás suyo, parado en la entrada de la habitación, se encontraba su padre... Los miraba con extrañeza.
—De hecho... Sí —asintió, volviendo su mirada hacia delante.
—Rhys, está bien... —Clio se separó de él, y luego apoyó su mano en el antebrazo de Rhys al notar como su hijo cerró sus puños, casi tensando su cuerpo.
—¿Qué quieres, Rygal? —preguntó, a secas, quería una respuesta rápida.
—¿Puedes venir a mi oficina? —preguntó su padre, el movimiento de sus manos hacia él le dio más demanda a su pregunta.
Rhys titubeó, la mirada de Rygal era filosa, eso significaba que en realidad quería hablar de algo serio, quizás tener, de una vez por todas, esa charla que se debían desde hacía diez años atrás. No habían podido hacerlo todas las veces que se cruzaron en Fons en ese lapso de tiempo... Las palabras de ambos se vieron reemplazadas por golpes, ataques, y sus poderes... La charla no sucedió, sólo se enfrentaron en una guerra, que no tuvo una conclusión certera para ninguno de los dos... Y ese momento, era el indicado para al fin dejar muchas cosas en claro.
—Sí, ahora voy. —Rhys se decidió.
—Te espero ahí —dijo Rygal, y se fue de la habitación. Se escuchó cerrarse la puerta de su oficina unos momentos después.
Rhys caminó unos metros, hasta la entrada, antes de traspasar el umbral de la puerta, se dio la vuelta, para encontrarse con la mirada de su madre, esta se encontraba repleta de intranquilidad.
—Ten cuidado cariño... —le pidió con una suave voz.
—Sí mamá... Quédate tranquila, estaré bien —aseguró Rhys, lanzándole una sonrisa tranquilizadora.
Su madre le respondió con otra. Luego de esto, salió de la habitación, y se dirigió a la oficina de su padre... A enfrentar la realidad.
Mientras tanto...
«Dos días sin ver la luz del día. ¿Qué me sucede?».
Vlas mantuvo su mirada fija en el techo, se había acostumbrado a la oscuridad de su habitación, su mirada le permitía un poco de ayuda para identificar ciertas figuras que se trasladaban de una lado al otro sobre él. Había tenido un sueño donde ese techo se caía sobre él una noche, pero este no le hacía daño, era un portal, que lo trasladó al futuro. Fue algo difuso, no pudo divisar muy bien la situación... Él caminaba por un sendero, blanco puro, oía risas, gritos y chiflidos a su lado, no eran sonidos molestos, era algo que él parecía querer escuchar, como si lo hubiera vivido en otro sueño. Él camino que estaba recorriendo comenzaba a alzarse en algunos escalones, así como su mirada, el blanco del suelo se convirtió rápidamente en un dorado brillante, mezclado con un rojo carmesí desvanecido, el hermoso paisaje de un atardecer. Y frente a esa imagen, entre ese cielo, y su mirada... Una chica vestida de blanco, aguardando por él... A cada paso que él daba, llegando a ella, ella alzaba el tul que cubría su rostro... Pero al mismo tiempo, su figura se desvanecía frente a sus ojos... Él parecía nunca llegar a ella, mientras más rápido caminaba, más lejos se encontraba... Y ella, más rápido desaparecía... «Zenda...», intentó decir, muchas veces... Pero no la alcanzó... Y ella desapareció... Cuando él pudo llegar a su lugar... Donde sólo yacía en el suelo... Ese brazalete de Ave Fénix... Siempre fue ella, aunque él no pudo ver su rostro.
«¿No soy fuerte? Saber que puedo llegar a perderla hace que no pueda seguir». Ya no quería pensar en lo mismo, era lo único que tenía en su cabeza desde hacía dos días, y no podía pensar nada más que lo distrajera de tal permanente sensación de vacío. Él siempre creyó que ella estaría a su lado para siempre; su sueño, una vida a su lado, siempre lo vio muy real, inevitable, porque sabía que ambos se amaban con el alma... Pero no... Amaba tanto a Zenda que se terminó volviendo una maldición, y el único futuro que pudo prever para ellos era uno donde estarían separados... Para siempre.
Si la perdía, se perdería a sí mismo, no existía una razón por la que vivir si ella no estaba en su vida, no podría cumplir su promesa, ni tampoco su propósito, o su felicidad... Todo se iría a la borda, no le quedaría nada, ¿Y qué haría solo en el mundo sin ella? ¿Cómo iba a seguir adelante?
—Vlas, ¿Estás ahí?
Vlas escuchó que llamaban a la puerta, por el tono de voz femenino, notó que era Lara, pero no respondió, no tenía ganas de hablar con nadie, y aunque él sabía que eso era algo que estaba mal ya que en momentos así era cuando más necesitaba el apoyo de alguien más, no tenía el valor suficiente para ver el rostro de otra persona y no pensar en Zenda, era cobarde. Mucho más de lo que pensaba.
—Lo repito de nuevo, quizás no me oíste, ¿Puedo pasar? —preguntó otra vez. Vlas tampoco respondió—. Se que me estás escuchando, Vlas, así que me quedaré aquí en la puerta hasta que me abras —agregó.
Vlas escuchó un movimiento en su puerta, para luego sentir como la espalda de ella se apoyó en esta. Realmente lo había hecho.
—No es necesario que te quedes, Lara... Estoy bien, puedes irte—respondió, intentando sonar sincero, pero era imposible. Aunque ni siquiera lo sabía, ¿Por qué le estaba mintiendo?
—Sé que estás mintiendo, Vlas, se nota en tu tono de voz... Déjame pasar, necesitas hablar con alguien y no puedes quedarte ahí encerrado toda la vida, haciendo eso no resolverás los problemas, tan solo los estas esquivando, y déjame decirte que esa forma de actuar no es la de una persona fuerte, sino de un cobarde —dijo Lara.
Lo había dicho... Todos lo veían de esa manera.
—¡¿Y qué si soy un cobarde?! Cada uno tiene su forma de afrontar las situaciones, esta es la única forma de no ver como lastimo a las demás personas.
No podía hacerlo, eso era mejor que verla y seguir encariñándose con ella. Porque si eso llegaba a suceder, tendrían que matarlo para separarlo de su lado... No podría dejarla ir.
—¿La dejarás enfrentarse a todo esto sola, Vlas? No es algo propio tuyo... Si realmente la amas debes replantearte lo que estás haciendo y entender que ella también se siente sola.
Sintió que las palabras de Lara eran acertadas. Era algo que había pensado, pero que desechó al instante, cuando el miedo lo volvió y la cobardía lo volvieron a asediar. ¿Qué estaba haciendo? Había aceptado que era un cobarde, para bien o para mal, aunque sólo asumiendo lo que él sentía, sin ver más allá, impidiendo a su mente encontrar soluciones, encerrado en la negación. Él no sabía lo que Zenda estaba sintiendo en ese momento, ni lo que iba a sentir cuando lo supiera... No sabía nada. La estaba dejando sola. Estaba siendo egoísta... ¿Cómo actuaría ella si la dejaba sola en un mundo que no conocía sin darle una sola explicación? ¿Por qué sólo pensaba lo que a él le iba a pasar? Ella también sufriría... Y él , él había prometido no hacerlo. Ese no era él, él haría cualquier cosa por Zenda... Eso significaba el brazalete... Esa unión más allá de la muerte... Ella no iba a irse de su lado, podía intentar seguir adelante con ella, era lo había pensado cuando estaba con Rhys... Sólo ella podría darle lo que le faltaba, sacarlo de ese agujero... Llenar ese vacío... Sólo ella le daría tranquilidad.
—Tienes razón, fui un imbécil, y un cobarde... Pero no puedo hacer nada para pensar en otra cosa, el tiempo se está volviendo mi peor enemigo —dijo, abriendo la puerta.
Lara se puso de pie y lo enfrentó.
—¿Puedo pasar? —preguntó ella, con una sonrisa.
—Por favor —respondió el chico, haciéndose a un lado, y dejándole paso hacia su habitación.
—¿Sabes, Vlas? No está mal sentir miedo a veces, de hecho, es lo más normal del mundo, nadie puede hacerlo todo, ser cobarde no es un defecto, la mayoría de veces puede verse como una virtud, ese tipo de sentimientos es lo que hace a una persona más humana, así como deja paso a la sensibilidad, y la sensación de querer amar, a pesar de todo —dijo Lara, sentándose en el borde de la cama—. Hay una frase que tu hermano siempre repite, creo que lo marcó mucho: «Sentir miedo, odio, dolor o cualquier tipo de sentimiento que creamos negativo es lo correcto... Todas tienen su contraparte, existe la valentía, existe el amor... Existe la felicidad... Sin una, no hay otra, y de esa manera, se necesitan de todas para subsistir... Así como vemos lo bueno, debemos ver lo malo, todo es parte de una sola cosa, de algo más grande, e ignorando la base de nuestros sentimientos... No se puede sentir nada más», probablemente sea por experiencia propia, no hay nadie más indicado para decir eso que él mismo.
—¿Él dijo eso? —preguntó Vlas, sorprendido. Por más de todo lo que le dijo días atrás, él seguía creyendo que Rhys no parecía ser alguien con pensamientos así.
—Sí, aunque no lo creas, él también sintió miedo y se sintió inútil, de hecho, es más débil de lo que parece, sólo se hace el fuerte porque controla sus emociones bastante bien, pero en el fondo es igual a todos... Un simple ser humano... Quizás tiene características que lo pueden hacer ver superior... Pero de nada te sirven en este tipo de situaciones... Donde todo se va de tus manos —explicó Lara.
—Rhys es extraordinario, sigo sin creer que haya salido adelante luego de todo lo que tuvo que pasar... Después... De haberlo perdido todo. —Vlas bajó su mirada, recordando las palabras de Rhys, sobre lo de Demian... Él también cayó, mucho más bajo todavía, pero volvió, y siguió adelante, porque no tenía salvación... Él no era como su hermano, quizás no caería tan bajo, pero... ¿Podría seguir adelante igualmente?
—Él creé que tú también podrás, Vlas —aseguró Lara. Ella se acercó a él, posando su mano en el hombro del chico—. Rhys me lo ha dicho varias veces, él sabe perfectamente que eres más fuerte que él, y que podrás encontrar una solución a todo esto —agregó esbozando una sonrisa al momento en el cual Vlas alzó su mirada de nuevo.
—Pero no hay una solución para esto, Lara, uno de los dos deberá morir... Y ella no lo merece, no merece sufrir.
Él sintió que lo decía sin fundamento, ya que en realidad había pasado más tiempo lamentándose que pensando en una solución. Pero no podía solamente hacer la vista gorda de la situación. En ese momento cualquier tipo de decisión se volvería en una desgracia para cualquiera... Terminaría por hacer sufrir a más personas de las que estarían involucradas.
—Tienes razón, ya no hay una forma de revertirlo, pero si hay una forma de aligerar la carga que tienes, y que sea más fácil tomar una decisión —ella dijo, convencida.
—¿Cuál? —Ver a Lara tan convencida despertó cierta curiosidad en Vlas.
—Cuéntale... Si le dices todo lo que estas pasando, y lo que pasará, podrán entender a lo que se enfrentan, y ayudarse mutuamente... Como te dijo Rhys, solo no podrás salir adelante nunca, ella necesita alguien para apoyarse antes de que esto suceda, ese eres tú, tienen que aprovechar el último tiempo que les queda juntos, Vlas... Es eso o arrepentirse toda la vida. —Lara se levantó de la cama—. Piénsalo Vlas, no la dejes sola, ella te ama y sé que tú también, salgan adelante juntos. —Caminó, acercándose a la puerta—. Te dejaré que lo pienses... Si necesitas una opinión externa o más ayuda puedes pedírmelo... Estaré ahí, ¿Bien? —preguntó, dándole una mirada por encima de su hombro.
—Sí, Lara, gracias por eso.
—Por nada... Nos vemos luego, Vlas. —Abandonó la habitación, y cerró la puerta detrás.
Lara lo había dejado sin palabras, no pudo argumentar nada en contra de lo ella que dijo. Ni siquiera amagar a encontrar una postura al menos un poco distinta, ella lo había dicho todo, y él se sentía un imbécil, un imbécil que se creyó capaz de poder encontrarle una solución a todo lo sucedido, haciendo nada. Debía dejar de lamentarse, dejar de llorar, de retroceder, de negarse... Debía comenzar a actuar, cubrir ese vacío, sentir que si al final, lo perdía todo, al menos hizo algo para evitarlo... Por el futuro incierto que aguardaba cada vez más cerca, debía pelear contra sus sentimientos... Dejar de pensar en ese destino horrible que les esperaba... Pensar en lo que les quedaba, en el presente, en los sentimientos que encendían la chispa de su alma. Por eso debía ir a por ella, debía decírselo, y enfrentarlo juntos... Era lo único que podía hacer.
Era lo único que debía hacer.
Mientras tanto...
—Esperaba este momento hace años. —Rhys cerró la puerta al entrar a la oficina de su padre, y caminó por una alfombra que marcaba el camino hacia el escritorio de Rygal, en el centro de la gigante habitación.
No era nada de otro mundo, las tres paredes que lo rodeaban no se veían, estaban cubiertas por grandes bibliotecas que ocupaban todo el lugar, apenas un hueco para la puerta, y nada más. Estas estaban repletas de libros. La única pared libre era la de atrás, donde un gran ventanal se hacía notar, este daba hacia el patio trasero de la mansión, logró distinguir la fuente que se alzaba en el centro de este. También había algunos cuadros originales de pintores famosos. Rhys sabía que su valor era alto.
En el medio de la habitación estaba el escritorio de Rygal. Un inmenso mueble de madera de roble. Demasiado ancho, y alto como una mesa. Tenía detalles en los bordes de la parte superior, una línea de oro que la rodeaba, las patas eran de metal. Sobre él había una computadora con dos monitores, una montaña de papeles organizados en una esquina. Varios lapiceros, y una botella de whisky, también había dos vasos.
Rhys se sentó en uno de los sillones que flanqueaban el escritorio. De cuero negro, eran muy cómodos, quizás lo mejor de esa oficina que irradiaba un aura lúgubre y oscura.
—Déjame decirte que yo también, Rhys, las cosas no quedaron bien entre nosotros —respondió Rygal, ya sentado en el escritorio. Se estiró sobre este y destapó la botella de whisky—. ¿Tomas Rhys? —preguntó estirando un vaso luego de servirlo.
—No... No tomo alcohol —Rhys lo rechazó, alzando su palma.
—Vaya... Que interesante —rio Rygal.
—De verdad... Bien, aquí estoy, no creo que me hayas llamado para ofrecerme un vaso de whisky... ¿De qué quieres hablar? —inquirió Rhys, se dejó llevar un poco con su seriedad.
—Sí, claro... Tenemos que arreglar algunos problemas, que vienen desde hace diez años... Y ahora que volviste creo que es el mejor momento —respondió Rygal, tomando un sorbo de su vaso.
—Bien... De todas formas antes de que hablemos sobre nuestros problemas déjame decirte que quiero que seamos serenos y no nos dejemos llevar... Lo último que necesitamos es una pelea en este momento.
—Opino lo mismo —concordó Rygal—. Aunque la última vez que intentamos hablar tranquilos, fuiste tú quien perdió el control —agregó, en tono sarcástico.
—No creo que asesinar a una persona sea una buena forma de «intentar de hablar tranquilos» —respondió Rhys, poniéndose a tono con su padre al usar también la ironía—. Igualmente pasó mucho tiempo... No pretendo caer otra vez en un truco así.
—Eso parece Rhys... Pero entonces, ¿Qué fue lo que sucedió en el muelle? —preguntó Rygal, y Rhys estalló en carcajadas. Rygal también lo acompañó.
—Por Sun... Sabía que traerías ese tema a la conversación —respondió Rhys, riendo sin parar—. Tú más que nadie sabe lo que sucedió ahí, no te hagas el tonto —agregó calmando su risa. Volviendo a su carácter irónico.
—Luego de ese día en Fons no te vi luchar otra vez... Creí que podría tener una muestra de tu nuevo poder... Pero ellos no fueron competentes —dijo Rygal, cruzando los brazos y recostándose en su silla.
—Ellos eran basura, eran asesinos los cuales no me hubiera importado menos sus vidas, se lo merecían, por intentar matar a Vlas.
—Cierto, aunque, tú también entras en ese grupo, en el de los asesinos... ¿No estás siendo hipócrita?
Vaya sonrisa. Ese tono cínico y arrogante comenzó a hacer presencia en la charla.
—No dije que yo no soy una basura, las personas pueden juzgarme como quieran, y si quieren matarme que lo intenten, yo responderé igual, no me dejaré vencer —respondió Rhys, comenzando a irritarse. Esa manera de ser de Rygal siempre lo molestaba, era de lo más odioso.
—Entiendo... No hablaremos más sobre tus métodos, después de todo yo no estoy tan apartado de ese grupo tampoco —dijo Rygal—. Cambiando de tema... Vlas, ¿Le has dicho, no es así? —preguntó, cambiando el tinte de la conversación. Su tono de voz se tornó serio rápidamente.
—No podía ocultárselo, era eso o dejar que se volviera loco intentando entender lo sucedido... Como yo... De ti mejor no hablo, no te conozco lo suficiente —respondió Rhys—. Frente a todo esto tuve hacia él algo que tú nunca sentiste por nadie... Empatía —agregó, mirando a su padre con recelo.
—Rhys, eres bastante inteligente, y entenderás que Vlas es distinto a ti, obviamente él no podría salir adelante solo, algo que tu si hiciste, supongo que gracias a la chica Harch, pero no voy a entrar en ese tema... Si ese es tu miedo, yo te digo que a Vlas no lo dejaría solo, no podría permitir que otro de mis hijos se convierta en un asesino a sangre fría, ¿En qué tipo de padre me convertiría eso a mí?
Otra vez ese cinismo dejando huella en la voz de Rygal. No pudo molestar más a Rhys.
—Mira... Sólo te diré una cosa, no convertirás a Vlas en tu cordero, haré lo imposible para alejarlo de tu lado en cuanto su decisión se haya confirmado. —Rhys se puso de pie rápidamente y apoyó sus manos con fuerza en el escritorio de Rygal—. Así que tenlo en claro Rygal Di Rem... Vlas no es igual a mí, pero tampoco es igual a ti, él decidirá con quien contar cuando pierda todo, ¿Has entendido? Y si tengo que declararte la guerra para que él no pierda el camino, lo haré, tú sabes que cumplo mis amenazas... Sabes que si tengo que matar, no lo pensaré dos veces —agregó entre dientes.
Su furia estalló en esos brillantes ojos verdes, que miraban los fríos ojos plateados de Rygal. Este sonrió al final.
—Ya lo hiciste hace seis años, Rhys, ¿Qué te hace pensar que esa guerra terminó? —preguntó Rygal, haciendo reír a Rhys otra vez.
—Sabes perfectamente que en ese momento perdiste, Rygal... Tu plan falló, y te sigues arrepintiendo hasta el día de hoy —respondió Rhys con cierta burla—. Esa guerra terminó cuando te destruí en el campo de batalla y no te quedó más opción que huir... ¿Lo recuerdas, cierto? —agregó, dándose la vuelta
—Habrás ganado la batalla Rhys, pero la guerra apenas comenzaba, esto no es igual que esa vez, ahora no estamos en Fons, estamos en mi zona y estás solo —dijo Rygal su tono de voz se volvió amenazante.
—Te equivocas, el mundo entero es mi zona, y aunque no lo creas, siempre pelee solo, no soy un héroe ni nada por el estilo, sólo protejo a los que me importan, todavía tengo mucho que pagar, y si tengo que entregar mi vida para lograrlo lo haría una y mil veces... Ya lo dije antes, pero te lo dejo más claro, Rygal... A Vlas no se te ocurra tocarlo o nosotros dos tendremos problemas. —Su gélida mirada sentenció su amenaza al caer en Rygal una última vez.
«No mientes... Prodigio... Nunca lo haces», pensó Rygal, apreciando el firme semblante de su hijo... Tan frío como un glaciar.
—Alguno tiene que cumplir con su amenaza, Rhys... Yo tengo mi propósito bien en claro, sé lo que quiero y haré lo imposible para conseguirlo, ¿Cuál es el tuyo Rhys?
—Acabar contigo para siempre... Y no queda mucho tiempo para que eso suceda —aseguró Rhys, apretando su puño.
—Te deseo suerte en eso, yo tampoco me quedare de brazos cruzados... No bajes la guardia, cualquier cosa puede suceder desde ahora, confió en que podrás entretenerme Rhys Windsor... O quizás debería llamarte Demonio de Remia —indicó Rygal, entre risas.
—Llámame como quieras, Rygal Di Rem, no importa cómo me decidas hacerlo... Lo último que verás antes de morir es mi rostro... Y ese sí que no va a cambiar... Tenlo en tu mente... Sabes que soy tu mayor maldición.
Rhys dijo eso y salió de la habitación al instante... Ese sonido final de la puerta cerrándose marcaba una sola cosa... La tormenta apenas estaba comenzando
Después...
Al caminar por el pasillo hacia su habitación, Lara escuchó unos pasos detrás de ella. Miró atrás pero no había nada. Ignoró el ruido y siguió caminando.
—Deberías tomar un trabajo como psicóloga Lara, te va bien en eso —dijo Rhys recostado en la pared.
Lara lo vio al doblar en una esquina y pegó un salto del susto.
—Ay... Eras tú, maldita sea —suspiró aliviada... Ese era el ruido que había escuchado más atrás.
—¿Quién más iba a ser?
—Nadie, ¿Qué haces aquí? Creí que habías salido con Leah —preguntó Lara siguiendo con su camino.
Rhys se unió a ella.
—Ya volvimos... Fue rápido.
—Hmm... Ya veo, ¿Está en su habitación?
—Sí, compró algunas cosas que necesitaba para una maqueta o algo así, también comimos un helado, estaba extraña hoy, sabes... Preguntó mucho por Vlas... Por cierto, hablando de eso, debería agradecerte.
—¿Si? ¿Por qué? —Lara lo miró confundida.
—Hiciste lo imposible... Convenciste a Vlas de que hablara con Zenda... Eres extraordinaria. —Sonrió Rhys.
—Era tan simple como entender su posición, tiene mucho miedo, Rhys, es algo muy difícil y traumatizante para un adolescente de apenas dieciséis años —explicó Lara, aún seguía preocupada por el chico.
—Sí, lo sé, no quise intentar hablar con él porque me pidió que lo deje un tiempo a solas para que medite y tome una decisión. —Rhys se paró y pasó su brazo alrededor de la cintura de Lara—. Me prometió que no haría una locura, y confío en él más que en nadie, desde este punto es su decisión, no puedo entrometerme, estaré para lo que necesite, así que sólo me queda esperar hasta el día del séptimo impacto —agregó llevándola más hacia él.
—¿Qué te sucede Rhys? ¿Hay algo que te preocupa? —preguntó Lara con curiosidad. A Rhys lo rodeaba un extraño aura de inseguridad.
—Es sobre lo que hable con mi padre... Pensándolo bien, creo que no fue una buena idea provocarlo, hubiera sido una mejor opción no gritarle en la cara mi plan... Ahora sabe que en algún momento pelearemos, le estoy dando tiempo para que piense un plan, sin siquiera tener yo uno —respondió Rhys, apoyando su cabeza en el hombro de Lara. Se sentía demasiado abrumado.
—Suerte que te diste cuenta que no es normal hacer eso... Fue una locura, yo te dije mil veces que luego de lo sucedido en Fons él no se quedaría a esperar que vuelvas para amenazarlo... ¿Quién sabe? Quizás hasta su plan ya está ideado hace más tiempo del que piensas —dijo Lara, acariciando el pelo de su esposo—. Aunque, de mi parte, admito que no me molesta que hagas eso mientras te pongas cariñoso conmigo —agregó entre risas.
—Ya veo... Entonces tendré que tratar a mi esposa con el amor que se merece —respondió Rhys, levantando a Lara en sus brazos.
—Espera, ¿Qué haces? —rio ella con su rostro sonrojado.
—Te llevo hacia la habitación —respondió Rhys sonriente—. Dijiste que te gusta que sea cariñoso contigo.
—Extrañaba que actuaras así, amo tus momentos románticos. —Lara acaricio su rostro. El coqueteo inicial se consolidó aún más a medida que avanzaba la situación.
—Y yo te amo a ti, Lara Harch —afirmó Rhys, abriendo la puerta de la habitación y al entrar, la cerró detrás de él.
Más tarde...
Leah se acercó a la puerta de la Vlas, dudó si tocar. Rhys le había dicho que Vlas no salía de su habitación desde hacía días, ni hablaba con nadie. Ella pensó que quizás podía decirle algunas palabras, al menos ayudarlo un poco, no significaba que se sintiera con el ímpetu de ser la única que él escucharía, pero mientras fuera al menos un poco receptivo con sus palabras, era suficiente.
No recibió respuesta luego de tocar dos veces, seguramente estaba durmiendo, o la estaba ignorando, eso era más factible... Miró el picaporte, este estaba a medio girar, dejando en evidencia que la puerta no estaba completamente cerrada... Quizás si entraba.
—Oh... Perdón... Creí que... —tartamudeó, cuando luego de entrar, vio a una mujer sentada en la cama de Vlas, junto a ella, el chico, recostado en sus piernas, en un sueño profundo, ella estaba acariciando su cabello, era muy cálida, se podía apreciar con el cariño que lo hacía.
—Creíste que estaba solo —Clio aludió, esbozando una simpática sonrisa ante la chica.
—Sí, Rhys me dijo que se sentía mal, que no había hablado con nadie... Quise venir a ver cómo estaba —explicó Leah, dando algunas pasos más dentro de la habitación.
—¿Eres Leah, cierto? —Clio preguntó.
—Sí, Leah Foster... Usted es...
«¿La madre de Rhys y Vlas?», pensó. No podía ser otra persona, era igual a ellos, sus ojos verdes, su cabello castaño... Esa hermosura.
—Clio Windsor... Soy la madre de Rhys, Demian y Vlas... Puedes llamarme Clio, linda, he oído muchas cosas de ti —declaró Clio.
Leah percibió una extraña emoción en sus palabras, como si estuviera esperando ese momento.
—¿De mí? —preguntó confundida.
—Rhys me contó algunas cosas de ti, y de Lara... Cuando habla de ustedes se vuelve muy sentimental, no lo había visto así en años.
—Sí... Es muy lindo con nosotras, me gusta mucho estar a su lado... A veces parece frío, o reservado, pero cuando una sonrisa ilumina su rostro se vuelve otra persona, parece mágico... Es algo que se debe de tomar en cuenta cuando se habla de él.
—Lo sé... Claro que lo sé, hace mucho tiempo... Desde que era un niño, y miraba sus ojos, llenos de misticismo, se podía ver su alma, algunos detalles que sólo se permitía mostrarle a contadas personas... Si tú eres una de ellas, significa que eres muy importante para él, pequeña.
—Sí. —Leah bajó su mirada, sonriente—. Para ellos... Me gusta sentirme querida por ambos, y me gusta quererlos también... Ellos son igual de importantes para mi —aseguró.
Clio dejó su mirada sobre ella, notó que era una chica muy bonita, parecía sencilla, y muy educada, sin contar su carisma, había entablado una charla con ella y ni siquiera se habían visto antes, no sabía si ella era capaz de percibir las intenciones de las personas, o era muy inocente como para percatarse de la naturaleza de estas, aun así, se sintió aliviada de que la chica no tuviera esos prejuicios... Aunque de la misma manera, se sintió confundida de haber tenido miedo de que la chica viera lo peor de ella misma, sin conocerla.
Con Leah parada frente a ella, viéndose tan tierna, aun siendo una adolescente, recordó esos días en los que pensaba lo hermoso que hubiese sido si uno de sus hijos nacía niña. Antes del nacimiento de Demian tuvo una charla con Rygal: «¿Te gustaría que fuera niña?», le preguntó. Él nunca respondió esa pregunta, pero no fue necesario... Era lo único que él quería, ella siempre lo supo, porque las mujeres eran su debilidad... Como su madre, y ella. Haber tenido una niña hubiese significado un gran cambio en su vida, en su relación con Rygal, y en la misma dinámica maternal que tenía con Rhys, Demian, o Vlas, si hubiesen llegado a ese punto. Y no se definía solamente porque fuera una niña, o porque todos sus hijos eran varones, se marcaba principalmente por la extraña sensación de ella de querer sentir la satisfacción de hacer aquello que su padre no hizo con ella en su crianza.
Ella sabía lo que una mujer experimentaba, desde que era niña, hasta que se volvía adulta, cada una de las situaciones que marcaban su persona, aunque fuera un ser humano como cualquier otro, ya que si algo le había enseñado criar a tres hijos, era lo complicado que se tornaba no entender lo que ellos sentían, esas situaciones en su niñez y adolescencia que ella misma jamás experimentó, y de las que, a pesar de hacer lo posible para que la vieran como un apoyo, no pudo formar parte. Ella quería sentirse necesitada por ellos, a pesar de ser mujer, pero en ese momento, ellos necesitaban más a su padre que a su madre... Y él tampoco estuvo ahí.
No se consideraba una mala madre, hizo lo que pudo, con lo que tuvo, e intentó que a pesar del contexto en el que se criaron, sus hijos no tuvieran dificultades en su vida, ni se vieran afectados por sus propios problemas, o los de su padre. No haber tenido una hija fue sólo sueño que no llegó a realizarse, y no se arrepentía de haber tenido a Rhys, Demian y Vlas... Siempre los iba a amar, hasta el último de sus días, ellos significaban su vida, la razón por la que nunca se rindió... Mirar al pasado con nostalgia era en lo que se basaba su vida desde que Demian comenzó a formar parte de su recuerdo, no iba a poder soltar ese dolor jamás, y viviría su vida entera aferrada a aquello que él la hizo sentir como madre, a sonreír cada que imaginaba su rostro, y anhelar escuchar su voz, al menos una vez más... Porque el pasado, ya era pasado, olvidarse de él no tenía sentido, y arrepentirse era necesario... Y así, no volver a cometer esos errores que cometió en este mismo... Prefería que existiera un único pasado que no podía olvidar... Dos, era mucho para cualquier persona... Dos... Ya no le daría sentido a seguir.
—Ya veo... Pero, viéndote ahora, ¿Por qué viniste, linda? ¿Acaso te importa Vlas? —preguntó. Su mirada se desvió a su hijo, dormido bajo el calor de sus manos.
—Es el hermano de Rhys... Si es importante para él... También me importa a mi —dijo la chica, muy decidida en sus palabras.
«Me hubiera gustado tener una niña como ella», pensó, y esbozó una sonrisa, en silencio.
—¿Quieres quedarte a esperar a que se despierte? Yo debo encargarme de algunas cosas, y no quiero dejarlo solo... Si tú te quedas con él, confiaré en ti, bonita —propuso Clio, encontrando la mirada de la chica, entre duda y confusión.
—¿Está bien? Digo... Quizás él no quiere —preguntó Leah, moviendo sus ojos hacia Vlas.
—Está bien, él necesita estar acompañado... Además, está dormido... Sólo no quiero que se despierte, y la soledad de la habitación lo invada de nuevo... Yo volveré más tarde, ¿Sí? —Clio se puso de pie, y acercó una silla al borde de la cama de Vlas.
—Está bien —Leah asintió—. Yo lo cuidaré... Clio —aseguró.
—Que linda... Gracias, no será mucho tiempo, nos vemos en un rato, Leah.
Clio abandonó la habitación rápidamente. Leah se sentó en la silla, y apreció a Vlas un largo rato, él estaba demasiado dormido, en toda la conversación con Clio ella no lo vio moverse, sólo murmuró algo inentendible luego de que su madre lo acomodara de nuevo en su lugar, y al ella apoyar su cabeza en la almohada, él dejó caerla un poco hacia el borde de esta. Su rostro apuntó a ella.
Ella aprovechó, y tomó su mano, posándola en su regazo, con cuidado de no despertarlo. Intentó hacer lo mismo que su madre estaba haciendo, lo hizo con suavidad, su tacto se volvió lento, su mano se afianzó a la de él... Y hasta lo vio sonreír inconscientemente. Ella también sonrió al notar ese detalle, al parecer a él le gustaba eso.
—Nunca fui buena para consolar a otra persona, Vlas... Espero esto sea suficiente —musitó.
Él no la oyó, no era lo que ella quería tampoco, aunque sabía que en algún momento él lo sabría... Y eso estaba bien... Ella sólo quería ayudar.
—Descansa Vlas... Estaré aquí.
Remia, Crystel, Residencia Allen - 20 de Junio - Año 525
Zenda había estado mirando su celular por horas.
Cada vez se le hacía más extraño que Vlas no haya dado señales de vida desde ese día que salieron juntos. La preocupación nació en ella ya en el segundo día, pero en ese momento, en el cual había transcurrido más de una semana, la preocupación inicial pasó a convertirse en miedo.
—No llamará... Deja de mirar el teléfono como una loca.
Escuchó la voz de Kora quien tomó asiento a su lado.
—¿No crees que es extraño? Digo, él no ha pasado más de dos días sin hablarme jamás, ¿Y si le sucedió algo? —Ahí estaba su miedo. No pudo evitar que su voz palpitara a medida que expresaba su duda hacia lo que con Vlas haya sucedido.
—Zenda cariño... Mira, si hipotéticamente a Vlas le hubiera sucedido algo, ¿No crees seríamos las primeras en enterarnos? —preguntó Kora—. Además de eso, ¿Por qué no sólo llamas al teléfono de su casa? Cualquier persona que te atienda ahí sabrá si algo sucedió con él.
Kora tenía razón, de hecho eso fue lo primero que Zenda pensó hacer una semana atrás, pero había un pequeño detalle que le impedía llevar a cabo esa acción.
—No conozco su número de teléfono —respondió Zenda, con un ambiente más desalentador que antes.
—¿Ir a su casa?
—No sé dónde vive de hecho... No estamos en Ajax, Kora.
—Zenda, por Sun... Existe algo llamado internet, que tiene una herramienta muy útil a la cual llamamos GPS... ¿No has intentado usarlo? —preguntó irónicamente. Más allá de la preocupación por Vlas, la conversación tenía un tono gracioso para Kora.
—Crystel es el doble de grande que Ajax... ¿Y si me pierdo? No conozco nada de esta ciudad —respondió Zenda, con algo sensatez, suficiente para ella.
—Por Sun, mira lo que te preocupa —dijo Kora, entre risas—. Te iba a decir que podría acompañarte hacia su casa, pero probablemente ni siquiera esté ahí.
—¿Cómo? ¿Por qué no estaría?
—¿Recuerdas los que nos dijo el día que su hermano volvió? Que intentaría pasar todo el tiempo posible con él hasta julio, que se supone es cuando su hermano se va de nuevo... Seguramente esté con él en este momento, y no le presta demasiada atención a su teléfono por la misma razón, no creo que quiera que algo externo interrumpa sus buenos momentos con su hermano... Él estaba muy emocionado y feliz de que Rhys volviera y pudieran recuperar lo perdido en los últimos diez años.
—¿Tú crees? Y si es así, ¿Entonces por qué no me avisó de antemano?
—Porque es su hermano, Zenda... Es lo único que él deseaba que sucediera desde que los conocimos, quizás se fueron de vacaciones, a Basil o a Leto... Puede que también a Fons, recuerda que su hermano vive ahí... O algún otro destino turístico, las Islas de Tala o el hogar de su familia en la Isla Rem... Ellos son millonarios, pueden ir a cualquier lugar.
—Cierto... Tienes razón, quizás sólo la está pasando bien con Rhys... Quizás sólo eso... —dijo Zenda bajando la mirada.
Kora la notó decepcionada.
—¿Estás celosa de que Vlas ya no pase tanto tiempo contigo? —preguntó Kora riendo. Si su suposición era cierta ya era el colmo.
Zenda la miró extrañada, intentando buscar un sentido a esa pregunta, pero se dio cuenta rápidamente, con la expresión de su hermana, que la había hecho en serio.
—Kora... ¿Cómo voy a estar celosa de Rhys? Es estúpido, es como si Vlas estuviera celoso de ti —negó rotundamente.
Eso hizo reír a su hermana aún más.
—De hecho, Vlas sí ha estado celoso de mi... Pero hasta cierto punto es entendible, a ustedes les gusta pasar tiempo juntos, les gusta hacerlo solos también, y cuando entra en la ecuación una persona como Rhys o yo se complica, pero eso también es parte de la vida, tienes que comprender que para Vlas no eres la única persona importante en su esta... Quizás la más... Pero no la única.
—Eso lo sé Kora... No eres la única que me lo ha hecho saber, hace diez años vengo escuchando de su parte todo el tema y conflicto interno que él posee con Rhys... Sé todo lo que sufrió por extrañar a su hermano y ahora su felicidad me hace feliz... Pero aunque Rhys sea una persona genial, sea el mejor hermano del mundo, sea interesante, millonario, carismático o famoso... Siento que no es el ambiente de Vlas, y pensar que él no podrá acostumbrarse a eso me hace preocuparme un poco por él, no queriendo que su ilusión se desarme... —explicó Zenda.
Su hermana entendió su preocupación y se acercó más a ella. Posó su mano sobre su pierna y recostó su cabeza en el hombro de su hermana.
—Como tu hermana mayor creo que tengo que darte algunos consejos en torno a tus pensamientos para calmar tu preocupación... Vamos con lo obvio; Vlas no se sentirá incomodo en ese ambiente, es el ambiente de su familia, está ahí desde que nació, está más que acostumbrado... Segundo punto; en realidad nadie tiene un lugar fijo, somos seres que vivimos cambiando y evolucionando, y más las personas de nuestra edad, creo que Rhys lo explicó muy bien el otro día, a veces necesitamos ver otros panoramas, salir un poco de la monotonía, y a Vlas le gusta ese lugar, porque aquí viene el tercer punto... No importa el dónde, el cuándo o el cómo, sólo importa el quién, y eso él lo tiene más que claro, cuando lo único que deseas es pasar tiempo de calidad con una persona que te importa le quitas interés a todo lo que te rodea, ahí él ambiente deja de tener sentido, porque sea el cielo o el mismísimo infierno, mientras estés con esa persona especial siempre será un buen lugar.
»Y quédate tranquila, Vlas no se va a olvidar de ti, ni te va a cambiar por su hermano, cuando él comience a extrañarte te llamará, y sé que tú le contestarás y pasarán un increíble tiempo juntos también, porque tú lo amas Zenda, y él te ama a ti... No vas a perderlo, pero Vlas está creciendo, está madurando y el mundo a su alrededor se está ampliando, no iba a vivir para siempre en la burbuja de Remia, era obvio que algo así sucedería, y también te sucederá a ti, o a mí, y tendremos que aprender a balancear nuestra vida y ordenar nuestras prioridades, es lo normal... Es lo inevitable.
Zenda entregó toda su atención a la reflexión de su hermana. Ella era lista, comprensiva, más despierta que los demás, y extrañamente desde ese día en el que perdió su primera partida de ajedrez también se había vuelto más libre y madura. Ella adoraba tenerla de hermana, su hermana mayor, aunque sólo fuera cinco minutos más grande que ella. Pero Kora era su voz de la razón, era su pilar, lo que hacía que no cayera de la nube de fantasía en la que casi siempre vivía, idealizando su vida, buscando el positivismo a todo e intentando ser feliz a su manera.
Ella siempre vio el mundo de una manera diferente, ignorando ese lado que no le gustaba, prefería no saber mucho y ser feliz a ser sabia pero triste y afligida por saber que al final, no le rodeaba más que tragedia. Siempre pensó que ese era su mayor defecto, a veces creía que tenía que ser un poco más firme, menos infantil, menos Zenda. Pero no quería, ella tenía muchas personas a su alrededor que la amaban y apreciaban así como era, y mientras ellas estuvieran a su lado no le encontraba demasiado sentido a cambiar.
Además de eso tenía a Vlas y a Kora. Su misma hermana lo había dicho, había que encontrar un balance, y viendo el alto uso de la razón de Vlas y la madurez de Kora comprendió que quizás, sólo quizás, ellos también la necesitaban a ella de la misma manera, y los tres juntos formaban una sola manera de ser, la cual a ella le encantaba formar parte.
Probablemente en algún momento de su vida dejaría atrás a esa niña que fue por mucho tiempo, quizás Kora tenía razón y era inevitable el cambio, pero hasta que ese momento no llegara viviría como Zenda. Vlas la amaba, Kora la amaba, sus padres la amaban y ella también... No quería cambiar... No quería dejar de ser feliz.
—Lo entiendo hermana... Dejaré que él decida cuando llamarme... Esto también es importante para él, y sería una tonta si sólo estorbo su felicidad... Él lo prometió, pero al final fue más una promesa mía que otra cosa... Yo no permitiré que Vlas sea infeliz.
Mientras tanto...
Remia, Crystel, Residencia Windsor - 20 de Junio - Año 525
—Debes ver esto, Rhys —Clio llamó a Rhys, cuando lo vio pasar por el pasillo, ella se encontraba parada en la puerta de la habitación de Vlas—. Anoche le pedí que se quedara a su lado, iba a ser sólo por un rato, pero al final el informe que tenía que hacer me tomó más tiempo... Está aquí desde ese momento. —Señaló dentro de la habitación cuando su hijo se acercó a su lado.
—No puede ser... —rio Rhys, al lograr divisar el panorama.
Leah se encontraba dormida, había dejado la silla detrás de ella, en su lugar, se recostó al lado de la cama de Vlas, en el suelo, y apoyó su cabeza cerca de la del chico. Su mano aún seguía apretando la de él también... Si bien, ellos tenían casi la misma edad, a Rhys le causó gracia que la situación pareciera la de una madre cuidando a su hijo enfermo... Como muchas veces hizo Lara con ella... O su madre con él.
—Debe estar muy incómoda en esa posición, ¿Por qué no la llevas a su habitación? —sugirió Clio, dándole unos toques con su codo a su hijo, quien se había quedado mirando la situación con una sonrisa en su rostro.
—Debería... —respondió él, dándose paso dentro de la habitación—. Vaya, pesas más que antes, chica —dijo riendo, al mismo tiempo que la alzaba en sus brazos.
—¿Qué sucedió contigo, Rhys? Diez años te cambiaron tanto... Mírate, nunca creí que te vería a esta edad actuando como un padre, ni casado, cuidando a tu familia... Todo pasó tan rápido, aún recuerdo esos días cuando eras un niño, o tu adolescencia... Al final, nada de lo que se suponía estabas destinado a ser sucedió, y sólo elegiste tu camino... El que te hace feliz... Estoy muy orgullosa de ti.
Clio miró a su hijo con un cierto encanto enmarcado en su rostro. El de Rhys sonriente. Lo miró de la misma manera que lo vio años atrás, para ella siempre sería su pequeño... A pesar de lo mucho que había crecido, y madurado, encargándose de su propia vida, uniéndola con Lara, y compartiéndola con Leah... Ese chico que estaba frente a ella era su hijo, y por más que haya cometido tantos errores en su vida, de su tortuoso camino, de ese destino que se veía a la lejanía, tan trágico como oscuro... Sin importar nada de eso, ella estaba segura que él todavía guardaba la misma calidez que cuando niño, ese amor, esa genuinidad.
«Siempre podrás elegir lo que quieras para tu vida, cariño... Tu felicidad, no depende de nadie, sólo de ti». Él apenas tenía quince años cuando ella le dijo eso, tenía miedo, y no sabía a dónde dirigirse, inducido bajo la influencia de Rygal, taladrando su mente con la idea de que si no lograba grandes cosas sería una decepción... Ella siempre confío en él, no necesitaba que él fuera el rey para que pudiera sentirse orgullosa, a pesar de ella misma haber marcado su destino al elegir su nombre. No subestimaría jamás el talento de Rhys, ni nada de lo que su propia mente pudiera elegir, eran las decisiones que tomó en su vida bajo su propio juicio las que en ese momento lo habían dejado en ese lugar, y si él eligió vivir así... Significaba que eso lo hacía feliz... Y ella estaba satisfecha con eso.
—¿Cómo no ser un buen padre y esposo con ellas? —Movió su cabeza, señalando a su hija en sus brazos... Al parecer ella había estado muy cansada, ni siquiera se percató que él la había movido de su lugar—. Si son las chicas más hermosas del mundo.
—Eso me lo decías a mí. —Clio se cruzó de brazos.
Rhys comenzó a reír. Su madre tenía razón, siempre le dejaba en claro lo hermosa que era en el pasado, aun lo seguía siendo, pero el hecho de tener a Lara y Leah a su lado, hizo que no fuera la única mujer en su vida. No significaba que la relegaba a un segundo plano, sólo que, a pesar de ser su madre, él también amaba de igual manera a su esposa y a su hija. Todas eran importantes en su vida.
—Lo sé, lo sé... No te pongas celosa por eso, mamá —declaró, con una media sonrisa cómplice.
—Desde que te enamoraste de Lara ha pasado eso, siempre te quise sólo para mí, supongo que aprendí a dejarte ir con el tiempo... Creciste muy rápido, y no estaba preparada para que te fueras de mi lado, creo que todo eso que sentí sólo era un forma de ocultar esa sensación de soledad que tu partida me dejó... No lo sé, ya no quiero pensar en eso, ya que has vuelto, y recordar esos días es doloroso. —Clio bajó su mirada, con un poco de pena, casi como si su recuerdo fuera una aguja en su corazón, que pinchaba cada que hacía un poco de presión... Era intenso, y permanente.
—Es mejor que no lo hagas si eso te duele, mamá... Ya te lo dije ayer, estaré a tu lado desde ahora, cuando me necesites, podré tomar tu mano, y ofrecerte un abrazo... Es lo menos que puedo hacer por ti después de todo lo que me has dado.
—Gracias cariño... Eres tan lindo. —Clio pasó a su lado, no sin antes darle un beso en la mejilla—. Puedes llevarla a su habitación, me quedaré con Vlas.
—Okey, nos vemos luego, mamá.
Rhys salió de la habitación, con Leah todavía en sus brazos. Caminó unos metros solamente, la habitación de ella se encontraba al lado de la de Vlas. Al entrar, caminó despacio, el suelo de madera era muy ruidoso al pisar fuerte, y la había llevado hasta ahí, que se despertara sería una tontería. Le causó gracia que ella ya había decorado un poco la habitación, algunos de sus dibujos se encontraban pegados en las paredes, y en su escritorio, había varios más... Ella era muy creativa.
—Rhys... —dijo ella, cuando él la dejó en la cama, el movimiento la hizo despertarse.
—Intenté que no te despertaras, perdón —él se disculpó, moviendo un poco su almohada, hasta dejarla debajo de su cabeza.
—No pasa nada, gracias por traerme.
—Te iba a doler el cuerpo si seguías durmiendo en el suelo, no es nada. —Él sonrió, dándole una caricia en su mejilla luego de agacharse a su lado—. Gracias por quedarte al lado de Vlas toda la noche, sabes que no era necesario.
—Sólo quería ayudar... ¿Estuvo mal?
—No, no, ¿Cómo estarías mal? Fue muy lindo de tu parte... Ahora mamá ya está con él de nuevo, puedes descansar, ¿Sí? —dijo, poniéndose de pie.
—Sí, gracias... Hasta más tarde. —La chica cerró sus ojos, fue bajando su tono de voz, casi murmurando al final.
—Claro, nos vemos luego, chica. —Rhys caminó hasta la puerta, estiró su mano hasta llegar al interruptor, y luego de apagar la luz, abandonó la habitación.
Al otro día...
Remia, Crystel, Residencia Windsor - 21 de Junio - Año 525
—Ey, saliste a la realidad, ¿Cómo te encuentras?
Rhys había salido con Lara esa mañana, al volver a su casa al mediodía, luego de haber dejado a Lara en las oficinas oyó varias voces en la sala. Se llevó una gran sorpresa cuando al entrar a esta vio a su hermano, a su madre y a Leah charlando.
—Rhys... Estoy bien, mamá me dijo que era una buena idea que bajara, justo estaba Leah, y estábamos hablando... ¿Tu? —preguntó su hermano.
—Fui a llevar a Lara a una reunión —respondió Rhys, tomando asiento en un sillón que flanqueaba el sofá grande, donde ellos estaban sentados.
—Ya veo... Luego quisiera hablar con ella, tengo que darle las gracias por lo de ayer... Me fue de mucha ayuda.
—Sí... Ella estaba preocupada por ti, le caerá bien saber que ya saliste de tu habitación, volverá en una o dos horas. —Rhys miró a su hermano, él estaba extrañamente animado, había una ligera sonrisa en su rostro. Luego de todo lo sucedido días atrás, y el hecho de que su madre y Lara lo hubieran tenido que ayudar a animarse, no pudo evitar pensar que quizás él no estaba tan bien como lo decía, y ocultaba cosas—. Por cierto... —quiso comenzar, pero paró.
—¿Qué pasa? —preguntó Vlas, notando la actitud de su hermano, supo qué quería decir, su mirada era obvia.
—No, nada... Tonterías. —Rhys sacudió su cabeza.
—Hazla... No pasa nada, puedes preguntar eso que quieres saber... De hecho, nosotros no hemos hablado sobre eso, y siento que es necesario que me digas tus preocupaciones, tú sabes más que nadie qué se siente en momentos así, y sé que quieres lo mejor para mí... Puedes hacerlo —aseguró Vlas. Su madre estaba a su lado, mirándolo con cierto cariño, al mismo tiempo que apretaba su mano, él se aferró un poco más a esta al decirle eso a su hermano... Iba a necesitar más apoyo que nunca cuando tuviera que expresar esa decisión.
—Vlas... Tan solo quedan diez días... Y no te quiero arrinconar a que tomes una decisión apresurada, mucho menos presionarte, sé lo que eso se siente, pero el tiempo corre, y así, como este, las oportunidades también... No sé lo que piensas Vlas, y entiendo que sea tu decisión, y todo eso... Pero... ¿Qué harás? —preguntó Rhys.
Vlas tragó saliva, notó que su mano temblaba, pero la de su madre le dio algo de tranquilidad al envolverse en esta, la otra mano de ella se posó en su hombro. Se sentía seguro, aunque sólo con su presencia, no con sus propias palabras. Lo había meditado horas el día anterior. Esa noche había tenido el mismo sueño que días atrás, el de Zenda desvaneciéndose en su camino al altar. Pero esta vez, él sí llegaba a ella, apreciaba su rostro, y su sonrisa, para luego oír de su parte: «Nos volveremos a ver, Vlas», con el inmenso cariño que ella siempre le expresaba, y así, en lugar de ella, desvanecerse él en sus brazos... Siendo su brazalete colgando en su muñeca, que sostenía su mano, lo último que logró ver.
Al despertar, no sintió esa amargura que había sentido con los anteriores sueños, no supo por qué, pero se sintió aliviado. Dio un largo suspiro, y volvió a recostarse en su cama, no se había percatado de que alguien estaba a su lado, pero cuando miró a su lado, para volver a acomodarse en su posición, la vio a ella... Durmiendo a su lado, en el borde de su cama. Sonreír fue lo único que pudo hacer, sabía que había oído su voz en la madrugada, inconscientemente, pero ella estaba ahí, y no soltaba su mano, esta era suave, tan pequeña dentro de la suya... Estuvo minutos mirando su rostro, a su lado, durmiendo plácidamente, quiso ayudarla a recostarse en la cama, creyó que en esa posición iba a estar incómoda, pero más incómoda estaría si se despertaba y se percataba que estaba durmiendo a su lado, así que sólo borró esa idea de su cabeza. Fue cerrando sus ojos poco a poco, ella se difumino lentamente de su mirada a cada instante, y al final, se volvió a dormir... Soñó con Zenda toda la noche.
—Se lo diré, Rhys... No puedo tomar una decisión sobre la vida de otra persona, y menos si es Zenda, esto también la afecta a ella, es egoísta pensar en lo que yo quiero cuando su opinión también cuenta... No quiero dejarla a su merced, sola, sin ningún tipo de explicación, la haría sufrir demasiado... ¿Y qué sentido tiene todo esto si ella sólo sufrirá por mi decisión?
—Lo entiendo... Y está bien, creo que es una decisión acertada, mientras estés seguro de lo que haces, Vlas... Estaré de acuerdo contigo siempre, pero sabes que debes hacerlo pronto... Tan solo quedan diez días.
—¿Diez días? —Vlas miró a su hermano confundido, también miró a su madre y a Leah. Ellas estaban igual de confundidas que él.
—Sí, el primero de julio será la caída del séptimo impacto, y antes de ese día... Debes tener la decisión —reveló Rhys.
Vlas dejó de lado el sentimentalismo y el apenado juicio que comenzó a formarse en su cabeza luego de hablar con Lara el día anterior. Reflexionó sobre la idea de hablarlo con Zenda consciente e inconscientemente, casi como si fuera lo único que tenía en su cabeza, desde hacía muchos días. Había intentado hacerse de valor para enfrentar la situación, aun el miedo de cómo Zenda iba a reaccionar lo acogía, el miedo de que ella se alejara de su lado, de perderla, incluso sabiendo que... No iban a tener un final feliz.
A pesar de su inseguridad y miedo, de todo lo que tenía que esforzarse para mantenerse firme ante la situación, decírselo era la decisión que había tomado, porque sabía que ella saldría lastimada de todas maneras, como él, pero, al menos... Podrían enfrentar el dolor juntos si ambos tenían el mismo conocimiento de la situación. Por esa razón, tener la noción del tiempo que les quedaba era esencial, su vida, hasta ese día, iba a ser una carrera contrarreloj en donde contaba cada segundo, y no podía seguir perdiéndolos por insensateces.
—Le diré hoy, no puedo esperar más —se decidió apoyando sus manos en el posa brazos y poniéndose de pie.
Su hermano lo miró desde abajo, todavía sentado en el sillón.
—¿La vas a llamar? —preguntó Rhys.
—Sí, le voy a pedir que nos encontremos en algún lugar —respondió Vlas colocando su mano en el bolsillo de su pantalón—. Espero me conteste, no he respondido ninguna de sus llamados o mensajes desde ese día, ojalá no este enojada conmigo por ignorarla... No era mi intención —agregó, sacando su teléfono celular. Buscó a Zenda en sus contactos, ella estaba en los más recientes, tenía cerca de treinta llamadas perdidas de su parte.
«Mierda, debe estar muy preocupada por mí», pensó, mientras sostenía su celular, tocar el botón de llamada parecía una odisea... ¿Qué sucedería desde ese momento? Escuchar su voz lo iba a destrozar, ¿Podía ser fuerte? Era sólo eso, una llamada, pero... Una llamada que sentenciaba ese final.
—¿Quieres que vaya contigo? Por si sucede algo inesperado —Rhys le consultó, luego de ponerse de pie.
—En realidad... Quiero esperar a que Lara vuelva —contestó Vlas—. Quiero pedirle a ella que vaya conmigo.
Esa respuesta dejó algo de perplejidad en el rostro de su hermano.
—¿Eh? ¿Lara? —preguntó Rhys confundido.
—Sí, fue ella quien me hizo decidirme en decirle... Además, es más tranquilizadora en ese sentido, después de todo, no sé cómo reaccionará Zenda... Si ella está ahí, puede ayudar —respondió Vlas, enfilando hacia la puerta luego de colocarse el celular en su oreja al comenzar la llamada—. Me atendió, iré a hablar, nos vemos en un rato —agregó, antes de abandonar la sala.
—Okey... Suerte —respondió Rhys, apreciando a su hermano alejarse, algo estupefacto—. Ja... Lara —rio, mirando a su madre y a Leah, ellas reían—. Esta chica.
—Mamá sabe apelar a la sensibilidad, Rhys, deberías aprender de ella —bromeó Leah.
—Nunca tuviste esa virtud, no debes sentirte mal, es sólo que a ella se le da mejor tratar con los demás... Eso es algo que admiras de ella, lo has dicho muchas veces —expresó Clio.
—Lo sé... —Rhys volteó su rostro, su mirada se dirigió a la puerta de nuevo—. Él necesita la ayuda de todos... Es mejor que así sea.
Unas horas después…
Lara llegó. La propuesta de Vlas fue fácilmente aceptada por ella, y se hizo cargo de llevarlo, y estar cerca de él y ella, por si sucedía cualquier cosa.
—Tengan cuidado, por favor —pidió Rhys apoyado en la puerta.
Vlas y Lara ya estaban preparados para irse.
—Sí, lo tendremos, Rhys —respondió su hermano. Él se encontraba hacía rato algo inquieto, no podía quedarse parado en un solo lugar, pasó de estar al lado de Rhys, hasta al lado de Lara, y luego en medio de ambos—. No sé cómo saldrá esto y estoy un poco nervioso... Iré al auto... ¿Sí?
—Sí, claro... Hablaré algo con Rhys y voy —avisó Lara.
—Entiendo. —Vlas se alejó corriendo hacia el auto.
—Se los digo en serio, tengan cuidado, si llega a pasar algo inesperado avísame, estaré allí lo más rápido posible.
Era la segunda vez que Rhys hacía el mismo pedido. Lara lo miró con una sonrisa y asintió.
—Quédate tranquilo, mi amor, mientras yo esté no le pasara nada malo —aseguró Lara.
—No me refería sólo a Vlas, para ella también será difícil de procesar... Sé que Vlas tendrá las cosas bajo control, pero aun así quiero que estés alerta, ella tampoco se merece lo que le está por pasar, y puede reaccionar de una forma inesperada, ¿Me entiendes?
—Entiendo, tú también ten cuidado, esta vez no estoy yo para cuidarte... Ni hagas una estupidez, y cuida de Leah —respondió Lara, entre risas.
—Sí, claro... ¿Sabes? Se llevó bien con mamá, están hablando en la sala ahora... Quizás la deje un rato con ella, hay algo de lo que debo encargarme —explicó.
—Sea lo que sea, ten cuidado... ¿Sí?
—Sí, mejor vayan ya o llegarán tarde —dijo Rhys, señalando el auto.
—Sí, nos iremos, nos vemos más tarde. —Lara se despidió con un beso y se dirigió hacia el auto.
Rhys todavía se encontraba inseguro, con Rygal por ahí podía suceder cualquier cosa. Pero confiaba en Lara, conocía su fuerza y no encontró mejor persona para encargarle a Vlas que ella... Sólo deseaba que las cosas salieran bien... Diez días y todo cambiaría, para todos. No podía dejar de pensar en cómo afrontar la situación. Lo único que podía hacer en ese momento era apoyar a Vlas, él lo necesitaba y le daría toda su ayuda.
El auto arrancó a lo lejos, él se quedó parado en la puerta apreciando como se alejaba, con la mano en alto, hasta que se perdió de su vista en unos segundos, todavía quedó con su mano en alto cuando su teléfono vibró.
Un mensaje: «Estoy en Remia».
—Bien... Esto apenas comienza.
Más tarde...
Remia, Crystel - 21 de Junio - Año 525
—Se siente extraño hacer esto —dijo Vlas rompiendo el silencio que se había formado entre él y Lara en el viaje en coche.
—¿Hacer qué? —preguntó Lara. Ella no quitó la mirada de la carretera.
—Decirle a la persona que más amo que dentro de diez días nos separaremos para siempre... Sin otra oportunidad —respondió Vlas, su mirada se desvió un poco, hasta apreciar el paisaje de Crystel por la ventanilla. Pudo divisar el agua brillante del rio que separaba los suburbios de la zona céntrica, hasta que todo se volvió cuidad de nuevo cuando terminaron su camino por el puente.
—No del todo —contestó Lara, llevándose la atención de Vlas—. Aunque si es inevitable que uno de los dos pierda su vida, no se separarán, siempre se recordarán estén donde estén, y sus memorias siempre seguirán ahí para consolarlos; las enseñanzas, sus sentimientos y los recuerdos de los momentos que vivieron juntos estarán siempre en su alma, eso hace imposible que se separen, ustedes dos ya son uno solo — agregó.
Vlas sonrió ligeramente, ella tenía razón, y tenía tanta razón que lo que dijo hizo que una solitaria lágrima cayera por su mejilla.
—Se merece el mundo, y hasta más, me duele tanto saber que puedo llegar a quitarle un futuro hermoso, donde hasta podríamos estar juntos... Ese es su sueño, sabes... También el mío —dijo Vlas, cuando la nostalgia se hizo presente en su mente, otra vez. Eso sólo lo hacía dudar cada vez más de su valentía para decírselo... Si él sentía eso con sólo pensarlo... ¿Qué sería de ella?
—Una pérdida es algo que se puede superar, pero la persona no se olvida, yo creo que lo último que quiere alguien que dejó este mundo es que te arrepientas de lo sucedido y te culpes por algo de lo que ni siquiera tenías control... Ya no habrá vuelta atrás, en ese momento sólo quedará mirar hacia adelante, y hacer lo imposible para llegar a cumplir tus sueños sabiendo que esa persona te está viendo orgullosa en algún lugar, luego de haber dejado todo por ti... Solo hay que tener un poco de esperanza y voluntad —respondió Lara, esta vez, su mirada se dirigió a Vlas. Él la miraba con cierta concordancia en sus ojos.
—Cierto, tu perdiste a tus padres, ¿No? Veo que tú eres más fuerte de lo que pareces Lara, esa no es una pérdida de la que se recupera fácilmente —aseguró Vlas, su mirada poco a poco se convirtió en una de admiración.
—Si, al principio fue difícil, principalmente con mi padre, era una persona que admiraba mucho, además de que su muerte fue muy injusta —respondió Lara, recordando a su padre. Siempre que lo hacía un nudo se formaba en su garganta.
—¿Injusta? ¿Qué le sucedió? —preguntó Vlas con curiosidad.
—Fue asesinado por una organización criminal, lo mataron sólo por intereses personales de los líderes, él fue una víctima del sistema corrupto en el que vivimos... De la peor cara del mundo. —Lara apretó con fuerza el volante, también apretó sus dientes luego de decir eso. Ese recuerdo hacía hervir su sangre.
—Lo siento por eso, no me imaginaba que fuera tan así... Estoy descubriendo la verdadera cara del mundo en el que vivimos, la misma que Rhys vio hace diez años y por la que se convirtió en lo que nadie quisiera, tengo miedo de que me pase lo mismo, o a Zenda —dijo el chico, con una inminente inseguridad. Otra vez.
—No sucederá —declaró Lara. Sus palabras eran firmes, seguras e imposibles de refutar. Vlas se sorprendió frente a su declaración—. Sé que Rhys te lo repitió muchas veces a esto, pero nunca te convertirás en algo así si estamos contigo, Rhys sabe lo que se siente vivir eso, y la horrible sensación que deja, algo que arrastras por toda tu vida, y no creo que quiera lo mismo para su hermano —dijo ella, mirando a Vlas de reojo.
Este asentía con su cabeza. Quizás intentando convencerse a sí mismo.
—Sí, lo sé, él me lo dijo... Aun así, ¿Cómo sé que nunca perderé la razón y me volveré loco? Es algo imposible de predecir.
—Tienes razón, pero esa no es tu naturaleza, tu alma es muy pura, necesitarías un golpe muy fuerte en tu vida para que te sucediera algo así... Mírate ahora por ejemplo, tienes un peso enorme sobre tus hombros, y en diez días tendrás que tomar la decisión más importante y difícil de tu vida, aun así estas tranquilo y sabes que no es el momento para perder el tiempo y actuar como un descerebrado... Tienes voluntad, Vlas, eso es invaluable —dijo, sin poder evitar soltar una risa. Vlas le respondió igual.
—Suena a otra persona cuando lo escucho, no parece que sea yo quien actúa así, por dentro sólo quiero que todo esto termine lo más rápido posible, y que Zenda y yo estemos juntos al fin, sin importar el lugar, o el momento... Sólo juntos, de una vez por todas... No puedo dejar de pensar en nuestro futuro —manifestó Vlas, jugando nerviosamente con sus dedos.
Lara lo notó y supo que no mentía. Así, estiró su brazo, y posó su mano sobre las suyas. Estas se calmaron.
—Te entiendo... Cuando me enteré de lo que había sucedido con Rhys hace diez años no lo podía creer, solo pensaba en una forma de revertir lo que estaba sucediendo, no había día en el que no me arrepintiera de no haber estado con él y haberlo ayudado luego de su decisión —dijo Lara, negando lentamente con su cabeza—. Cuando al fin lo pude ver no caía en cuenta de que esa persona que estaba frente a mí era Rhys, era totalmente diferente, se notaba en sus ojos, tan apagados y cansados, su frialdad me daba estremecimientos... En ese momento decidí que no podía seguir viéndolo así, lo hice recapacitar y lo ayudé en todo, él no quería estar en ese estado, iba contra su voluntad, sus sentimientos lo habían dominado y no sabía cómo controlarlos, parecía un cuerpo sin espíritu, su única finalidad en la vida era conseguir más poder para revertir su destino, lo entendí en el momento, aun así, sabía que estaba mal... Pero ahora que está a mi lado, y viendo en retrospectiva las situaciones que nos llevaron a este momento, estoy feliz de que así sea —agregó, finalizando con una sonrisa.
—Estoy agradecido contigo, Lara, sin ti probablemente Rhys no se habría recuperado de ese abismo en el que estaba, y seguramente nuestro reencuentro no habría sido nada parecido al que tuvimos, ni todo lo que está pasando ahora sería igual... Aun así, todavía extraño que estemos los tres juntos, extraño a Demian, y cada día que pasa todavía no encuentro una lógica a su muerte, Rhys inconscientemente me dijo que fue asesinado, tardé en darme cuenta que podría haber sucedido así, supongo que él era mucho para un mundo como este, donde reina la maldad y la crueldad, alguien tan inocente como él no podría haberlo aguantado.
La mirada de Vlas se dirigió hacia fuera del auto de nuevo. Ya comenzaba a ver la arena. Estaban a punto de llegar.
—Cuando conocí a Demian hace trece años también vi lo mismo a lo que tú te refieres, él parecía alguien totalmente diferente a cualquier tipo de persona que haya conocido antes, no era alguien que se mereciera lo que le sucedió, yo tampoco sé la verdad sobre su muerte, pero al igual que a ti ,Rhys también me dio indicios de que pudo haber sido un asesinato —respondió Lara.
—Algún día podré saber lo que sucedió con mi hermano, todo lo que rodea su muerte es muy misterioso, además, según lo que Rhys me dijo, sobre lo de sacrificar una vida y que esa haya sido Demian, suena a que alguien lo mató para que Rhys consiguiera esos poderes, o hasta podría haber sido él mismo quien se suicidó para no tener que ser una carga para Rhys, después de todo, él pensaba más en los demás que en él mismo —teorizó Vlas. Nunca pensó que luego de diez años, aun la muerte de su hermano seguiría dándole de qué pensar... Incluso sabiendo que todo lo que le sucedió nunca quedó en claro. Al mirar una vez más para afuera del choche notó que llegaban al lugar. Lara frenó el auto en un estacionamiento—. Parece que tendremos que dejar la conversación para más tarde —añadió.
—Sí... Ya llegamos — manifestó Lara apagando el auto—. ¿Bajamos? —añadió, abriendo la puerta y bajándose del vehículo.
—Sí, me parece que Zenda ya está aquí, espera que la llamaré. —Vlas sacó su teléfono y le escribió un mensaje.
Ella no había llegado todavía. Deberían esperar.
Unos minutos después…
Remia, Crystel, Bahía de la Libertad - 21 de Junio - Año 525
Quince minutos pasaron. Lara y Vlas se encontraban sentados en un banco sobre el malecón, a pocos metros de la arena. La tarde comenzaba a concluir y dejaba paso al atardecer. Otra vez el cielo se teñía de un brillante color carmesí... Vlas recordó su sueño.
—Ahí viene, ¿No es ella? —preguntó Lara, señalando a una chica que se veía a lo lejos.
—Si, es ella —respondió Vlas, mientras hacía señas con sus manos para que Zenda lo ubicará.
Ella lo notó y se acercó rápidamente. Vlas sonrió, pero su corazón no reaccionó de igual forma y se encogió. La vio acercarse y esa sensación de vacío imposible de llenar volvió a su azotar sus sentimientos. El hermoso rostro de Zenda brillaba con su gran sonrisa al pararse frente a ellos, y Vlas no pudo borrar esa sonrisa en su rostro. Era melancolía... Era dolor.
—Ey, Vlas, lo siento por llegar tarde, es que Kora no encontraba su abrigo —se disculpó Zenda, algo agitada a causa de correr hacia el lugar.
—No pasa nada, linda, igualmente nosotros llegamos hace algunos minutos —respondió Vlas, poniéndose de pie.
«Con que "linda"... Este chico es un caballero», pensó Lara, con una sonrisa interna. Recordando como había tratado a Leah ese día.
—Mejor así —suspiró ella, aliviada—. Hola Lara, tanto tiempo —saludó a Lara.
—Hola Zenda... Supongo que es momento de que me retire y los deje hablar a solas —expresó Lara, dándole una mirada a Vlas—. Iré al estacionamiento, Vlas, toma esto —agregó, dejándole un botón en su mano.
—¿Qué es esto? —preguntó Vlas, analizando el objeto con curiosidad. No parecía tener ninguna cualidad especial.
—Si sucede algo sólo toca el botón, estaré aquí lo más rápido que pueda —respondió ella, lanzándole un guiño—. Suerte —dijo en voz baja, y se alejó del lugar.
Minutos más tarde…
Remia, Crystel, Distrito Central – 21 de Junio - Año 525
«Ya están juntos», escribió Lara a Rhys.
«Estate atenta, y como dije antes, si sucede algo inesperado no dudes en decirme», respondió Rhys.
«Quédate tranquilo, esto no es lo mismo que en Fons», contestó Lara.
«Okey, confió en ti, Lara, sé que no habrá problemas».
«Solo descansa, ahora es momento de que me encargue yo, nos vemos más tarde», Lara envió el último mensaje.
—Lo de Vlas es un destino inevitable, y depende sólo de su decisión... Con cada día que pasa se vuelve más fundamental prepararse para las consecuencias que esta acarree —aseguró Rhys, parado en la cima de un edificio, mientras contemplaba la ciudad.
—¿Tú crees que se puede desatar otra guerra como la de Fons en respuesta a lo que él decida? —preguntó un chico, detrás de Rhys.
—Esa guerra no fue por un Scire, pero si fue por Rygal... Mi padre está detrás de todo siempre, y aunque hayamos podido parar la Guerra de Fons, no pudimos evitar las miles de muertes y las consecuencias que esta dejó, y al haber truncado los planes de Rygal sólo desatamos más ira en él... Debemos estar listos, la guerra contra Rygal puede darse en cualquier momento... No significa que sea apenas Vlas tome su decisión, pero, puede ser un factor determinante —Rhys explicó, cambiando a un tono serio—. Kit, sólo esperemos hasta que Vlas se decida, luego de eso comenzaremos a planear una estrategia para enfrentar a Rygal... Es necesaria... Siempre lo fue —agregó, dándose la vuelta, y enviando su mirada al chico que se encontraba detrás de él.
—¿Se lo dirás a los chicos? Ellos siguen en Fons —preguntó Kit.
—Lo haré... Mientras tanto, mantente al margen, tal vez necesite de ti pronto.
—Claro, lo haré Rhys... Nos vemos luego. —Kit dejó sus palabras en el aire, y desapareció del lugar.
—Gracias chico. —Rhys volteó, a apreciar la ciudad de nuevo—. Sólo debemos esperar —musitó—. Todo este sufrimiento pronto se acabará.
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