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41.56% Cultivación prohibida (+18) / Chapter 106: Destino

Chapter 106: Destino

–Tu bastón es una arma progresiva. Algunos las llaman evolutivas. Todos sueñan con una arma así, pero nadie sabe como crearlas. Nunca es igual. Una rama. Una espada defectuosa. Una lanza creada precariamente. Por alguna razón, esas armas se sincronizan con su dueño, para siempre.

Nunca había oído hablar de algo así. Ni sé muy bien que significa. Me quedo esperando a que continúe.

–El arma crece con su amo. Quizás haya un límite, o quizás no. Lo que es importante es que ahora tienes una arma para toda la vida, llegues al nivel que llegues, que solo puedes usar tú– explica.

–Si solo la puedo usar yo, ¿qué problema hay con que otros la vean?– pregunto confundido.

–Es lógico que pienses así, pero solo porque eres joven e inexperto. A lo primero que tienes que temer es a la envidia. Otros podrían no aceptar que tuvieras un arma así. Que hayas sido un esclavo puede hacerlo peor. Quizás podían intentar destruirla. Quizás incluso peor.

Tiene sentido. Muchos han muerto por envidia, aunque menos que por codicia. Ni lo había pensado.

–El otro motivo es aún más peligroso. Por ello, no sabrá esto nadie aparte de mí y el patriarca. Encontrar un arma de este tipo no puede ser simple suerte, implica destino. Eso significa que hay un destino asociado a ti. Poderosos que vieran esa arma se darían cuenta, y no se puede saber que harían. Podrías estar en peligro ante quienes quieran hacer uso de tu destino.

Tengo que decir que ha conseguido asustarme. Bueno, el que tenga un destino no es tan sorprendente. Tengo la Residencia. Lo que asusta es todo eso de quienes quisieran hacerse con mi destino. ¿Qué harían si supieran lo de la Residencia? Siento escalofríos solo de pensarlo.

La pregunta que me hago es, ¿puedo fiarme de ella? Supongo que no tengo más remedio. Aunque quisiera, no hay nada que pueda hacer al respecto. Además, no tendría por qué habérmelo explicado si tuviera malas intenciones.

–Le agradezco sus consejos. Tendré cuidado– le aseguró, haciendo una reverencia.

Ella sonríe. Me había estado mirando fijamente. Sigo sintiendo que puede ver a través de mí. Me hace sentir incómodo.

–No eres tonto. Ni idióticamente orgulloso como algunos discípulos. Puedes escuchar y pensar. Quizás es una bendición que empezaras siendo un esclavo. Puedes irte– me alaba inesperadamente.

Vuelvo a hacerle una reverencia. De respeto y agradecimiento. Ahora, mi bastón resulta precioso. Debo acostumbrarme al nuevo y seguir usando el viejo. Más cosas para hacer.

—————

Shi explica que le han ofrecido una especie de grabación erótica. No era barata. Al parecer, de unas estudiantes bañándose. Tomada a escondidas. Las gemelas se han sentido especialmente indignadas.

Luego me han escuchado sorprendidas mi conversación con la anciana. A ellas puedo explicárselo sin problemas.

–Así que nuestro niño es realmente especial– dice Song, mirando y acariciando el bastón.

–Siempre supe que no era como los demás– le sigue Liang la broma, también acariciando el bastón.

–Es normal, es parte de nosotras. ¡Lo dimos todo para dar a luz!– añade Shi.

–¡Es increíble! ¡Lo hicimos nosotras! Al menos un poco– exclama Yu, que no les sigue la corriente.

–Tendríamos que ponerle un nombre. No podemos dejar a nuestro niño sin él. ¿Qué tal pequeño Kong? ¿O Kong erecto?– propone Yi.

Suspiro. Aunque no puedo dejar de sonreír. Bromean, pero también hay algo de verdad. Ellas lo arreglaron. Lo prepararon. No sé qué parte es gracias a ellas, ni qué parte gracias a la propia rama. La anciana dijo que nunca se había podido averiguar el proceso. Por cierto, no sé su nombre. Tampoco ninguna de las chicas. Al parecer, siempre ha sido un misterio la guardiana del pabellón de armas.

–Gracias– les digo, abrazándolas.

Incluso a Ma Lang, aunque no colaborara en hacerlo. Parecía algo decepcionada, así que la pellizco ligeramente. Me mira sorprendida. Está a punto de quejarse. AL final no lo hace. Me sonríe. Es una sonrisa preciosa.

En cuanto a Wan. Bueno. Está con las plantas que nos han regalado. Emocionada, ha dicho que siempre le compremos a Gan Ren. Ya veremos.

También les explico que Tai Feng ha salido de casa. Me lo he encontrado antes de volver. Estaba hablando con Pen cuando ha aparecido con Yawen. Pen se la ha llevado a dar una vuelta. Ahora las dos están en una situación similar. Siguen siendo esclavas, pero sin serlo del todo.

Parece que ya dominan la técnica de cultivo. Han "estudiado" a marchas forzadas. Así que ahora ella necesita algo de tiempo para asentar la cultivación que recibe. Por ello, ya no pueden estar todo el día encerrados. Supongo que seguirán por la noche.

A Yawen se la veía feliz. Sonreía bastante. Pero poco más sé de ella. Pen se la ha llevado enseguida.

Tai Feng me ha vuelto a agradecer veinte veces o más. Me ha asegurado otras tantas que me devolvería los puntos. Que no aceptaría un no. El resto del tiempo, no ha dejado de hablar de Yawen. Yawen esto. Yawen lo otro. Yawen es preciosa. Yawen es inteligente. Yawen es…

Por suerte, tenía cosas que hacer. Llevaba unos días casi sin salir. Tiene que entrenar. Ahora está más motivado que nunca. Para proteger a Yawen. Para hacerse más fuerte juntos. Sin duda, está enamorado de ella. Espero que les vaya bien.

Me las quedo mirando. ¿Qué siento yo por ellas? Solo el imaginarme perderlas hace que se me encoja el corazón. De repente, me encuentro que todas me están mirando fijamente.

–¿Qué… Qué pasa?– pregunto sorprendido.

–Nos estabas mirando, pero también distraído. Eres tú el que tendría que decir qué pasa– responde Song, con las manos en forma de jarra en la cintura.

–Yo… Solo pensaba que no podría vivir sin vosotras y… Bueno…

Nos quedamos mirándonos un rato más. Resulta algo incómodo. Ellas se han sonrojado. Quizás yo también. Me acaban besando. Una a una. Varias veces. Turnándose. Me dejan en el suelo, recuperando el aliento.

–Es culpa tuya– ríe Shi.

–No puedes decir eso de repente y no esperar consecuencias– me regaña Liang, sonriendo.

–Tonto– susurra Yu.

–Así aprenderá– añade su hermana, sin mirarme.

–Nunca aprende. Quizás es uno de sus puntos buenos– se burla Song.

Lang aparta la mirada. No se atreve a decir nada. Es la que está más roja. Las siguientes son las gemelas.

—————

Las devuelvo y miro a ver qué hace Wan. Para mi sorpresa, está en el suelo, totalmente quieta. La traigo. Compruebo que respira. No se mueve, excepto sus ojos. Que me miran.

–¿Wan? ¿Estás bien? Espera, llamaré a las chicas…

Lo voy a hacer, pero ella empieza a parpadear. Como en pánico.

–¿Quieres que las llame?– pregunto, extrañado.

Ella parpadea un par de veces. No sé qué quiere decir.

–A ver. Parpadea una vez si es sí. Dos si es no. ¿Entendido?

Parpadea una vez.

–¿Quieres que las llame?

Dos veces.

–¿Estás bien?

Una vez.

–¿Qué ha pasado?

No parpadea. Claro. No puede responder así. A ver. Junto a donde estaba ella, hay un recipiente. Espera. Dijo que haría la paralizante. No me digas que…

–¿Has probado la poción paralizante contigo?

Una vez.

–De verdad… No sé que voy a hacer contigo…– suspiro, mientras acaricio su cabello.

Ella me mira fijamente. Muy fijamente. ¿En serio?

–¿Qué quieres? ¿Que tenga sexo contigo?

Una vez.

–¿Ahora? ¿Así? ¿Contigo paralizada?

Una vez. Es una pervertida. Y yo también por hacerle caso.

Empiezo a explorar todo su cuerpo. A comprobar que, aunque está paralizada, es igual de sensible. Se estremece cuando añado qi. Puedo jugar con sus enormes pechos a voluntad. No puede quejarse. Puedo mover su cuerpo. Abrir sus piernas. Exponerla completamente. Su cara está roja. Su respiración se ha acelerado.

–¿Quieres que pare?

Dos parpadeos.

Saboreo su vagina. Juego con sus pechos. Los besos son fríos sin que pueda responder. La penetro. Acelero cuando me lo pide. Hemos acordado un guiño por la izquierda cuando quiere que acelere. Uno por la derecha si quiere que frene. No ha guiñado por la derecha.

Resulta extraño. Sus gemidos son más guturales. No puede mover la lengua. Su vagina sí se moja. Su cuerpo se puede estremecer. Convulsionar cuando se corre.

Puedo disfrutar de sus carnes vibrando. De sus enormes pechos botando, si no los agarro. Ni una queja. Claro que no puede. Parpadea varias veces cuando se lo digo. No puedo dejar de reírme

Tengo la sensación de que podría ser posible inhibir la droga. Pero no sé como hacerlo. ¿Quizás me falte cultivación? Como sea, tampoco está tan mal. La prefiero despierta, pero no está mal variar un poco. Abusar de ella con su consentimiento.

Me cuesta saber si debo entrar más o menos profundo. No puedo leer sus reacciones. Así que me limito a disfrutar de ella. A no ser que se queje. Su vagina no me aprieta tanto como otras veces. Aunque también puedo moverme con más libertad. Entrando hasta el fondo una y otra vez. Sintiéndola. Haciendo que me sienta.

Me quedó a su lado después de llenarla. Dejando que se recupere. Me pregunto cuando durará el paralizante.

–Pervertido– me acusa con voz baja al cabo de un rato.

–¿Ya puedes moverte?– le pregunto.

–Solo un poco. Me duele todo. Por tu culpa– me acusa.

–Ja, ja, ja. Tú decías que acelerara– contrataco.

Ella desvía la mirada. Aunque solo por un momento.

–¿Me… Me besas?– me pide.

¿Cómo negarme? Sin duda, son mucho mejores los besos cuando ella colabora. Cuando su lengua me ataca. Cuando se enrosca en la mía. Aún le cuesta un rato moverse perfectamente. Por suerte no hay efectos secundarios.

La regaño un poco. Me asegura que ha sido un accidente. Me encojo de hombros. Pero le hago prometer que irá con cuidado. Ella asiente sin mirarme. Diría que está sonriendo.

—————

–Supongo que me pasaré luego– dice Bei Liu.

–Vale. Si mañana no aparece Kong, planeamos como asaltarlo– amenaza Bi Lang.

–Más le vale aparecer. Si no, ¡aprenderá de que estamos hechas!

Está en la entrada de su cabaña. Despidiéndose de su amiga. Entra al cabo de un momento. Yo estoy dentro. Escondido. Esperándola. La asalto por la espalda.

–¿Y de qué estás hecha?– le pregunto provocativamente.

–¡Iiiiiiih! ¡Kong! ¡Te tengo dicho que no me asustes así!– se queja Bei Liu.

–¿Entonces te suelto?– le pregunto.

Le estoy acariciando una de sus tetas. La otra mano baja por su estómago.

–Aah. No seas malo. Llevabas mucho tiempo sin venir a vernos. No pares– me pide.

–Bien. Esta noche eres mía– le aseguro, mientras mi mano llega a su entrepierna

–¡¡Aaaah!! ¿Y… Lang?

La verdad es que son como hermanas. Se quieren mucho.

–Lang será mía mañana. Hoy es tu turno. A no ser que no quieras– amago con irme.

–¡Ni se te ocurra! ¡¡AAAAaaaahh!!

Mi mano se mete entre su falda. Aparta su tanga. Acaricia su abertura. Ella gira el cuello. Para buscar mis labios. Sus manos buscan mi culo por atrás.

Su blusa no tarda en caer al suelo. Su falda, enrollada sobre su estómago. Sus piernas abiertas. Rodeando mi cabeza. Mi lengua saborea su néctar. Dos dedos la penetran. Ella gime.

–¡¡Aaaaaaah!! ¡Kon! ¡Así! ¡Aaaah! ¡¡¡AAAAAaaaahh!!!

Cuando se corre, me levanto. La cojo de las piernas. La atraigo hacia mí. Ella me mira. Su lengua pasa sobre sus labios, lujuriosa. Sus pies se cruzan en mi espalda. Sus manos acarician mi tórax. Su vagina recibe mi miembro.

No solemos estar solos. Hoy disfrutamos el uno del otro. La follo dominándola. Me cabalga luego. Hablamos mientras se recupera. Habla bastante de su amiga. También de que ahora las miran diferente.

Se ve que algunos las trataban con desdén. Pero han subido bastante rápido desde la última vez. Eso las ha hecho ganar respeto. Sigue habiendo quienes las miran mal por su forma de vestir. O por disfrutar del sexo. Aunque ahora solo lo hagan conmigo. Pero la fuerza es lo que más se respeta. Y ellas han demostrado que pueden mejorar rápido. Que quizás podrían superar a muchos de ellos. Aunque sea con mi ayuda.

–¡No veas la cara que puso!– se ha reído.

Habla de una estudiante que le cae especialmente mal. Cuando vio que las dos había subido de etapa y la habían superado, se marchó enfadada.

Poco después, volvemos a follar por tercera vez. Esta vez más dulce. Las primeras dos han sido más apasionadas. Se sienta sobre mí y lo hacemos muy despacio. Muy íntimo.

Nuestros labios besándome sin parar. Nuestras manos disfrutando de la piel del otro.

–¡Aaaah! Si me viera Lang, se reiría. ¡¡Aaaaah!!

–Me ocuparé de ella mañana– amenazo –. ¿Te asegurarás de que esté disponible? Pero no le digas nada, será una sorpresa.

–Será fácil. ¡Aaaaah! Je, je. Eres un poco malo. ¡Aaaaaahh!

–¿Solo un poco? Tengo que mejorar entonces– vuelvo a amenazar.

Ella sonríe. Ataco su cuello. Por el lado en el que no está su cola morada. Lo beso y muerdo. También su oreja. Ella lame la mía. Provocativa. Juguetona. Luego nuestros labios vuelven a encontrarse.

La dejo moverse. Despacio. No como antes. Exploro con delicadeza su interior. Cojo sus nalgas con firmeza. Son duras y flexibles. Ella se arquea hacia atrás. Llega al clímax cuando la lleno.

Se queda abrazada a mí. Incluso cuando nos tumbamos. Su cabeza contra mi pecho. No tardo mucho en notar algo húmedo. ¿Está llorando?

–¿Liu? ¿Qué pasa?– le pregunto preocupado.

–Nada… Solo… 

–¿Solo?

–Yo… No quiero que acabe. No sé qué haré cuando te canses de mí, de nosotras. Como todos– solloza, sin mirarme.

Me la quedo mirando unos segundos. La abrazo con más fuerza.

–Ahora eres mía. No pienso dejarte ir. No me voy a cansar de ti. No te vas a librar de mí– le aseguro.

–Todos dicen lo mismo– protesta casi en un susurró.

–Yo no soy todos. Soy Kong. Y tú eres mía para siempre– afirmo con tanta seguridad como soy capaz.

Ella asiente. No sé si está convencida. Yo sí lo estoy. No debe haber sido fácil para ellas. Por mucho que a veces parezca que actúan despreocupadas.


Chapter 107: Días tranquilos

Por la mañana, no hay ni rastro de su momento de debilidad. Aunque no quiere moverse. Dice que está cansada. Que es muy pronto.

Está sobre la cama. Bocabajo. Le abro las piernas. Empiezo a saborearla con la lengua.

–¡Aaaah! ¡Kong! ¿¡Qué haces!? ¡Nooo! ¡AAAAaaaah!

Se queja, pero no se mueve. Ni se resiste. Ni me pide que pare. Pronto está mojada.

Dado que no quiere moverse, me la follo así. Me pongo sobre ella. La penetro. Empiezo a moverme. Ella también mueve un poco sus caderas. Muerde la almohada. No dejo de penetrarla. La mantengo un rato al límite. Haciéndole suplicar por más. Mi cuerpo contra el suyo. Es cálido. Suave. Me gusta acariciarlo despacio mientras la penetro. Sentirlo con mis dedos. Con mis labios.

La llevo hasta el orgasmo. No me detengo. No le doy tregua. Me ha asegurado de que no tenía nada que hacer por la mañana. Así que se puede quedar descansando. Después de varios orgasmos. Y llena de mí.

Se despide sin moverse. En la misma posición. Se ríe cuando se lo digo. Y me echa las culpas. No puedo decir que no tenga razón.

Aún no ha salido el sol. Vuelvo a mi cabaña. Shi, Liang y Song están despiertas. El resto duermen. Así que llamo a las tres. 

–No te preocupes. Dales tiempo. Acabarán entendiendo que nunca las abandonarás– asegura Shi, la que mejor me conoce. Mejor incluso que yo mismo.

Me han hecho explicarles con detalle mi noche con Bei Liu. Su preocupación por que las deje. Parece que todas han empatizado. ¿Quizás piensan igual? ¿O lo pensaban cuando eran esclavas? Bueno, en aquel entonces, incluso podíamos morir en cualquier momento.

–A vosotros tampoco os pienso dejar ir– aseguro.

–Ni nosotras a ti– me sonríe abrazándome Liang.

–No podemos. Serías un desastre sin nosotras– asegura Song, también rodeándome con sus brazos.

–Eres nuestro– me abraza Shi.

Me tiran contra la cama. Se ríen. Me desnudan. Ponen en práctica que soy suyo. Incluso marcándome entre risas con sus dientes y sus labios.

Ma Lang es la siguiente en despertarse. Aún está medio dormida cuando la traigo. Cuando la beso. Aunque eso no le impide devolver el beso. Mirarme con deseo.

Se arrodilla delante de mí. La penetro desde detrás. Su cuerpo alzado. Mis manos en sus amplios y mullidos senos. Mis labios buscando su cuello. Su oreja. Sus hombros. Sus manos en mi cabello. A veces gira la cabeza para pedirme un beso.

Yu se sienta sobre mí. Aunque soy yo quien se mueve. Se queda apoyada en mi hombro. Mordiéndolo a ratos. A ratos gimiendo.

A Yi sobre la cama como a Bei Liu. Bocabajo. Estirada. Yo encima. Penetrándola desde atrás.

A Wan igual. Como Yi. Aún estaban durmiendo. Así que las fuerzo a despertarse con sexo. El culo de Yi era más delicado. El de Wan, más voluminoso. Ambas acaban llenas de mí.

—————

Hoy ha sido un día tranquilo. Follar a las chicas. Hablar con ellas. Hacer copias. Follar a mis esclavas. Practicar. Comer, charlar y jugar con las chicas y mascotas. Practicar. Follar a Shu. Practicar. Follar a mis esclavas. Charlar, jugar y follar con las chicas.

Sus meridianos están cada vez mejor. Las gemelas lo comprueban de vez en cuando. Todas aseguran que notan la diferencia de poder, de como circula el qi. Y todos hemos aprendido a ocultarlo. Es fácil hacerlo. Un poco más difícil hacerlo con precisión.

A lo que sigo sin acostumbrarme es a la mirada de los esclavos. Me miran como si fuera su ídolo. Las chicas dicen que es normal, que les he dado esperanzas. Yo me siento un tanto incómodo. Da la sensación que tienen altas expectativas en mí. Se nota la presión. Espero que se les pase un poco con el tiempo.

Los estudiantes, por otra parte, son en su mayoría más bien lo contrario. Algunos me miran con desprecio. Con superioridad. Me da igual, siempre y cuando me dejen en paz. Aunque no estoy seguro de que vaya a suceder. De hecho, ya pasó una vez.

Hay otros que simplemente me ignoran. Que les da igual. Es cierto que mi cultivación a mi edad no es mala, pero tampoco excepcional. Hay miles mejores que yo. Claro que no saben que he subido de nada a Alma en un año.

Las salamandras van creciendo. Aunque pueden pasar años hasta que salgan del agua. Les han perdido el miedo a las chicas. Se acercan cuando llegan. Quizás porque les dan de comer. Se siguen escondiendo si aparecen Terror o Rayitas.

Esas dos también siguen comiendo, jugando y durmiendo. Las gemelas están haciendo marcas cada día, a ver si crecen. La respuesta es que sí. Un poco cada día. Sin detenerse.

Ahora duermen apaciblemente. Mientras yo espero escondido en la cabaña de Bi Lang. Ha tardado un poco. Ha venido con Bei Liu.

–Bueno, yo me voy ya– dice está.

–¿Se puede saber qué pasa? Ayer no viniste, y hoy no te quieres quedar. Estás rara…– inquiere Lang, suspicaz.

–Sí que me gustaría quedarme, pero… Lo entenderás pronto. ¡Mañana me cuentas!

Se da media vuelta y se va, sin darle opción.

–¡Liu! ¿Qué has querido decir? Algo no me está contando…– murmura para sí mientras entra.

En cuando cierra la formación y la puerta, salgo de detrás y la cojo.

–¡¡Iiiih!! ¡Kong! ¡Me has asustado! ¿¡Qué haces aquí!?

–Ayer asalté a Liu, y ahora te toca a ti– le susurro al oído, queriendo sonar amenazante.

–Aaah. Así que por eso… ¡Aaaah! ¡Kong!

Le doy la vuelta. La empujo contra la pared. La beso. Ella salta. Pone sus piernas alrededor de mi cintura. Rodea mi cuello con sus brazos.

Estamos un rato besándonos. Sin soltarla, decido que es mejor llevarla sobre la mesa. Subirle la falda. Apartar su tanga. Excitarla hasta que está mojada. Penetrarla. Follarla como si no hubiera un mañana. Con pasión. Sin tregua.

Luego la llevo en brazos hasta la cama. La desnudo mientras se recupera. Contemplo su precioso cuerpo. Beso la peca que tiene sobre el labio. Recorro las líneas de bronceado, no tan pronunciadas como Bronceada. De repente, se pone sobre mí.

– Ya te has divertido bastante. Me toca a mí– declara.

Me desnuda del todo. Juega con mi miembro. Se lo mete. Me cabalga. Me besa. Entrelaza sus dedos con los míos, Apasionada. Se fuerza a continuar incluso tras un orgasmo. Incluso tras otro. Acaba agotada sobre mí cuando la lleno de nuevo.

Como en el caso de su amiga, lo hacemos una tercera vez al cabo de un rato. Despacio. Íntimo. Y también acaba llorando en mis brazos por la misma razón. ¿Seguro que no son hermanas? Incluso a la mañana siguiente tampoco quiere moverse.

La pongo bocarriba para follarla. Para verla gemir. Para contemplar sus ojos verdes. Y para dejarla así cuando me voy. Sin intención de levantarse.

—————

Solo espero que los días sigan pasando con la misma tranquilidad. Para mí es un paraíso. Hace unas semanas aún era un esclavo. Ahora puedo estar con las chicas cuando quiera. Bueno, si me dejan. Y follarlas. También a mis esclavas. A mis dos pervertidas. A la sádica y la masoquista. A Shu, Ai y Ken. Espero que pronto también a Sai, Dandan y An.

Obtengo muchos puntos regularmente copiando cuadernos. Quizás menos que la gente en reinos superiores. Sin duda, más que la mayoría en mi reino, al menos en etapas bajas.

Podría comprar ya otra arma. Ojalá pudiera hacerlo para alguna de las chicas. Pero sería muy sospechoso. Incluso lo sería si las gemelas reunieran tantos puntos de repente. Al menos, todas tienen armas más a o menos decentes para Génesis.

Ken me estuvo comentando que los esclavos están más relajados. Entre gemido y gemido. Ahora los molestan menos. Podría ser mejor, pero era peor. Me gustaría hacerlas subir más rápido, pero un año es lo mínimo que no es sospechoso.

Ha pasado poco más de una semana desde que compré el bastón. Desde que descubrí lo de mi bastón evolutivo. Practico todos los días con los dos. Para acostumbrarme a uno. Para "entrenar" el otro. Aún está en lo que sería la etapa 8 de Génesis. Ahora que lo sé, puedo notar como va mejorando.

Hace unos días, subí a Ma Lang a 9. Ayer fue Ning. También subí a Pu Rong a 8. Ning fue al burdel a informarse. Hoy empieza. Me tiene preocupado.

Creía que no me afectaría, pero no es así. Por una parte, me molesta un poco que se follen a una de mis esclavas. Aunque en el pasado no pensara en ello. Me forzara a no hacerlo. Por otra, me preocupa que le pase algo. Que alguien la reconozca. Aunque sé que es imposible. Su cara ha cambiado. Su cultivación no coincide con lo que era.

Ella está entusiasmada. La expectativa de follar todo el día le ilusiona. La verdad es que no sé qué pensar. Me temo que no sea como ella cree. Rong no hablaba de ello muy feliz. Supongo que es demasiado tarde para echarse atrás.

La invoco en un lugar apartado. Lleva un vestido bastante sexy. Se pone una capa encima. La veo entrar en el burdel. Me quedo un rato fuera, decidiendo qué hacer.

Debería ir a crear algunas copias. Mejor no. No estoy suficiente despejado. Sería demasiado fácil que fallara. Voy disfrazado, así que entro en el burdel.

En la planta, baja hay un bar. Se puede entrar simplemente a tomar algo. Estoy simulando que estoy en la siete de Génesis. Así que pido un vino espiritual básico. No es muy caro. Puede ser beneficioso. Aumenta un poco el qi. Más que la absorción normal. Aunque habría que beber mucho para que fuera relevante.

Hay varios estudiantes. La inmensa mayoría de incógnito. Y del sexo masculino. Aunque también se ven las figuras de mujeres entre las ropas.

Puedes sentarte en una mesa o estar en la barra. A un lado, están las putas. Y putos. Alguno solo sexo heterosexual. Otros homosexual. Siento un escalofrío. Me ha traído malos recuerdos que creía olvidados. Otros ambos.

Llevan un cartel con el precio y los servicios. Oral, vaginal, anal, dando o recibiendo. Ning no está. ¿Aún no ha llegado?

–¿Has visto la nueva? Está bastante buena– comenta alguien cercano.

–¿La de pelo azul? Me gusta su piel blanca. No tenía reparos en mostrar su cuerpo. El vestido revelaba bastante. Tiene un cuerpo precioso. Aunque me gustan más tímidas.

–Ja, ja. Yo las prefiero así. Aunque es un poco cara, como todas las nuevas. Quizás otro día.

–Bueno, no le faltarán clientes. Creo que hay cola.

–Siempre lo mismo. Todos quieren probar las nuevas.

Me quedo esperando. Algunas me guiñan un ojo o se insinúan. Algunos también. No estoy muy tentado. Tengo más que suficiente sexo. Hay alguna de etapas superiores. Podría resultar útil. Pero igual una profesional se da cuenta si le absorbo qi. Hay un cartel que prohíbe cualquier tipo de cultivación sin permiso expreso. Con algunas amenazas.

Al cabo de diez minutos, vuelve a aparecer Ning. Sonríe. Se insinúe en su posición. Alguien se la lleva.

Varios se agolpan ante uno que ha aparecido. No son muy discretos.

–¿Qué tal la nueva? ¿Está tan buena como parece?–pregunta uno.

–¡Y tanto! ¡Está buenísima! ¡Y es una fiera! ¡Insaciable! Su técnica con la boca es increíble. Y su coño, apretadísimo. Apenas he podido aguantar. Se nota que le encanta el sexo. Es de lo mejor que he probado.

–¿No exageras? Yo creo que estás presumiendo por ser el primero.

–Pruébala verás.

–Yo quiero probarla. Estoy el quinto.

–Ja, ja. Prepárate. A ver si duras más de dos minutos. A mí me ha dejado seco.

Estoy un rato más. Y dos clientes más. No parece que ella esté sufriendo. Le dije que podía parar cuando quisiera. Los clientes parecen satisfechos.

Aún sigo preocupado, pero no puedo hacer nada. Tampoco puedo quedarme eternamente. Quizás vuelva luego.

—————

Rong, Rui y Hai han tenido que pagar por mi frustración. Aunque Rui parecía encantada de hacerlo. Sus modestos pechos botaban sin cesar. Cada vez que penetraba su húmeda vagina.

Los de Rong eran más espectaculares. No he decidido cuándo parar de hacerlos crecer. Siempre puedo encogerlos de nuevo si me paso. Aunque su culo ya es suficiente. También gemía de placer. Aunque no es tan apasionada. Su cuerpo es mío. Su alma no.

Hai solo ha aguantado una vez. Aún tengo trabajo con sus meridianos. Subirá de etapa mucho antes de acabar. Sus pechos van tomando forma y volumen. Más firmes. Ella está encantada. O lo estaba hasta que se ha desmayado.

Al final no me traigo a Bronceada para una sesión extra. La dejo entrenando. Lo hace con bastante pasión. Es muy erótica también. Lleva ropa para mantener sus líneas de bronceado. Pero se adivina el movimiento de sus pechos por debajo.

Son más eróticas las chicas practicando desnudas. Los pechos de Song son más salvajes. O los de Lang. Aunque esta practica menos. El resto son más modestos. Pero no menos eróticos. Lujuriosos. Tanto, que llamo a Yu, que está descansando.

–Estabas preciosa– le digo, acercándome.

Ella tarda unos instantes en reaccionar. En sonreír. En aceptar mi beso. Mis caricias. Estoy tentado de ir más allá. Pero me lo tienen prohibido.

–Será mejor que practiques o te regañarán– se ríe.

Me da un pequeño beso de despedida y la devuelvo. Es adorable.


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