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6.54% El diario de un Tirano / Chapter 11: ¿Batalla final?

Chapter 11: ¿Batalla final?

  Después de una lucha interminable con los más furiosos monstruos del laberinto, niveló sus estadísticas en las adecuadas para enfrentar a los soldados fantasmales, se equipó con una armadura de cuero oscuro, de brazales plateados y guanteletes dorados y, como arma, su preciada espada de dos manos. El combate fue intenso, pero sus más de mil intentos dieron como resultado en su absoluta victoria y, como ya conocía la costumbre del "rey", rápidamente se deshizo de sus altas estadísticas, reiniciándolas a sus números originales.

  --Esta será mi primera pelea real --Borró todos sus puntos seguros--, me di cuenta muy tarde que revivir, me hizo idiota, pensado que podría intentarlo cuántas veces quisiera, pero hoy todo cambia. Hoy si me asesinas, será el final, ya no hay marcha atrás, ya no hay nada que me espere en este maldito lugar --Se colocó en guardia al notar que el "rey" se encontraba a cinco pasos de su posición--. Porque si muero hoy, todo se termina para mí.

  --Bonito discurso --Su mano extrajo de la nada un espada de hoja carmesí, algo que sorprendió a su oponente-- y, por ello te daré una muerte honrosa.

  --Gracias.

Se miraron por un solo segundo, porque en el siguiente la batalla comenzó. La espada carmesí chocó contra la espada larga, presionándose, pero sin obtener la victoria.

  --Lo sabía, entre más fuerte fuera, más débil sería en contra tuya. --Sonrió lleno de alegría.

  --Nada cambia, solo estás ralentizando  tu muerte.

El "rey" golpeó el pecho de su oponente, lanzándolo a besar el suelo con su espalda. Se aproximó con rapidez, intentando clavar su espada en su pecho, sin embargo, el amigo de los árboles rápidamente giró hacia un lado, esquivando. Los ataques eran muy rápidos, certeros y brutales, por lo que no intentó hacerse el valiente y probar suerte, todo lo hizo con base en su conocimiento acumulado de los últimos doscientos cincuenta años, creando en un segundo las mejores estrategias y, en el mismo segundo eligiendo la mejor, pero aquello no representaba una ventaja real en contra de su oponente, ya que era igual o más habilidoso que él.

Ambos activaron sus habilidades, neutralizándose al mismo tiempo. Corrieron y se atacaron, salieron volando, creando una pequeña destrucción en la sala del trono, pero aún con la intensa batalla, sus miradas no flaqueaban en lo más mínimo. Cayeron, se levantaron, gritaron, era un espectáculo, no permitiéndose perder la concentración ni por un segundo. 

  --Lo admito, eres hábil. --Dijo el "rey".

  --Ahora sí hablas. --Se acercó, impactando su puño en su casco negro.

El "rey" devolvió el golpe, acertando con fuerza en la boca del estómago. El amigo de los árboles escupió una gran bocanada de aire y saliva, recibiendo un rodillazo en su rostro al flexionarse por el dolor, retrocedió, mirando el techo mientras intentaba recuperar el control de su cuerpo. Lo hizo, bloqueando con su espada el corte que se dirigía a su cuello, volvió a bloquear y, lo volvió a hacer por tercera vez, sus manos dolieron por la vibración, pero la adrenalina le impidió pensar demasiado en ello. Activó su habilidad de intimidación, acompañada de un rugido devastador, pero el "rey" no se quedó quieto, el mismo creó de la nada una cúpula ilusoria, que lo protegió del fuerte ataque. El joven de la espada larga entrecerró los ojos, limpiando la sangre de su frente, rápidamente se lanzó hacia atrás, evadiendo el ataque próximo. Explotaron con sus auras de pelea, chocando entre sí y, lanzando sus habilidades más poderosas al mismo tiempo, las cuales se repelieron, creando una furiosa explosión en su centro. Gritó enfurecido, estaba dando todo, pero aún con ello no podía conseguir la ventaja.

La batalla tomó un respiro cuando ambos sujetos se retiraron a diez pasos uno del otro para recuperar el aliento. Uno sangraba de rojo, mientras el otro había perdido parte de la armadura de su brazo izquierdo. Ambos se miraban con intención asesina, no eran enemigos reales, pero cada uno tenía sus motivaciones para luchar y, eso era suficiente para que uno matara al otro.

  --Ríndete, no podrás matarme. --Dijo con un tono frío y bestial.

  --Sí eso fuera así, no pedirías mi rendición. --Exhaló con pesadez--. Admítelo, estás asustado.

  --Solo quería mostrar mi agradecimiento por entretenerme, pero parece que es momento de volverte uno de mis sirvientes. --Su tono perdió todo rastro de emoción, volviéndose tétrico y siniestro.

Se quitó el casco, mostrando a un individuo con un rostro similar al humano, con la diferencia de que sus ojos eran más grandes, no poseía el iris, ni la pupila, todo el globo ocultar era color rojo, con la ilusión de que de ellos salían llamas que podrían incinerar hasta el lugar más frío. La tez de su piel era grisácea, con dos puntos como nariz y una boca repleta de colmillos, poseía una cabellera extinta de cabellos, si se decía que tenía cien, era decir muchos, pero aquellos no se movían por la gravedad universal, era como si tuvieran su propia mente, flotando con lentitud.

  --¿Qué eres?

  --Pregunta equivocada.

Se lanzó a la batalla una vez más. El amigo de los árboles volvió a bloquear, contratacando casi de inmediato. Su cuerpo fue golpeado, cortado y atravesado, pero no flaqueó, ya que había logrado asestar cortes certeros en su enemigo. Al sentir que la muerte reclamaba su cuerpo, rápidamente extrajo una fruta dorada de su inventario y, con total rapidez la consumió, no esperando ni un solo segundo, ya que no lo tenía y debía ser inteligente al ocupar el tiempo que poseía. Se recuperó casi al instante, evadiendo con rapidez el ataque próximo. Tropezó y casi perdió el brazo, pero su rápida reacción le brindo una segunda oportunidad. Activó sus habilidades, explotando con su energía de guerrero, pero no fue el único, el "rey" también lo hizo, enfrentándose con todo su arsenal de habilidades. Luces rápidas, golpes certeros, sangre derramada, toda la sala estaba repleta de daños, ya no poseía la anterior atmósfera elegante e imponente, ahora solo era otra sala más, destruida por los amantes del caos.

El amigo de los árboles cayó de rodillas, su cuerpo dolía demasiado, la fatiga era extrema y, al saber que ya no podía comer una fruta más porque la estaría desperdiciando, le provocó un mal sentimiento, pero al notar que a su enemigo le faltaba un brazo, una sensación de victoria invadió su cuerpo, aún cuando a él le costaba hasta respirar. El "rey" se acercó, furioso y, con una mirada decidida, era la primera vez que era mutilado y, ese sentimiento de deshonra lo estaba consumiendo por dentro.

  --Tu muerte no será gloriosa.

Se colocó justo a un paso del individuo arrodillado, quién observó la lejanía, donde su espada descansaba, una sonrisa abatida se dibujó en su rostro, lo había intentado, en verdad lo había hecho, pero parecía que aquello al final no había servido de nada. El "rey" se arrodilló, alejó por un momento la espada de su cuerpo, quería que ganará velocidad.

  --Te diré un secreto --Se acercó a su oído y, en el mismo instante impactó con su arma la panza de su enemigo, quién gimió y dejó salir de su boca una pequeña cantidad de sangre--. Soy... --Sus ojos se abrieron de par en par, pero antes de enterarse de lo que había pasado su cuerpo cayó a un lado, con una pequeña daga clavada debajo de su mentón.

  --Me importa... una mierda... quién seas...

Sonrió, perdiendo el conocimiento al caer de espaldas.

A los pocos segundos un poderoso rayo blanco descendió para envolver su cuerpo, iluminando toda la anteriormente majestuosa sala...

*Has heredado la voluntad del arquitecto*

Su cuerpo apareció repentinamente, yaciendo en una superficie pastosa, a la luz del sol.


Chapter 12: El trato gentil humano

  Abrió los ojos, su respiración era agitada y el sudor refrescaba su espalda, pecho, brazos y rostro. Lo primero que hizo fue voltear a ambos lados, encontrándose con la oscuridad de una pequeña sala, donde la única fuente de luz era la vela dentro del candil sobre la mesa de madera a dos pasos de él. Tragó saliva al pensar lo peor, sintiendo la impotencia en su corazón por haber sacrificado todo y no haber conseguido nada.

  --Parece que después de todo, no puedo escapar.

Golpeó hacia abajo con su puño, pero tan pronto como su mano cayó y tocó la suave superficie, las fuertes emociones de repente se esfumaron. Su rostro expresó sorpresa al notar algo que por la situación había pasado por alto, algo tan simple como que estaba acostado, en un objeto no tan plano, pero con una superficie relativamente cómoda, mejor que el pasto donde recurrentemente dormía. Rápidamente hizo por levantarse, notando que en su anterior punto ciego una pequeña abertura dejaba entrar un rayo de luz lunar.

  --¿Dónde mierda estoy? --Se preguntó.

*Aur aur...

Volteó a ambos lados al escuchar esos extraños gemidos, preparándose para asesinar a quien se atreviera a emboscarlo, pero el desconcierto fue inmediato al notar la oscura y acostada silueta a unos pasos frente a él, que al parecer estaba dormida. Hizo por abrir su inventario, pero nada ocurrió, lo volvió a intentar y, al igual que la anterior vez, nada pasó. Forzó una sonrisa, respiró profundo e intento abrir la interfaz a la que estaba tan acostumbrado, pero lo único que logró obtener, fue un extraño mensaje.

*Tu nivel es demasiado bajo*

  --¿Qué?

Se quedó de pie, estático, sin saber cómo actuar, la silueta se movió, dejando salir otro gemido extraño. Volvió a respirar con profundidad, acercándose al no tener otra opción, dio un paso, luego dos y, al completar el tercero su confusión se hizo presente. Aunque el lugar era oscuro, sus incursiones en cuevas y lugares de poca luz le habían agudizado la visión nocturna, permitiéndole vislumbrar con ligera dificultad las facciones de la silueta, sintiendo demasiado extraño la similitud del sujeto acostado que tenía consigo mismo, solo que con más cabello.

  --Ey --Dijo en un tono bajo, pero no sé atrevió a acercarse un poco más, después de todo, la nueva criatura era desconocida para él--, ey... Abre los ojos --Alzó un poco la voz, la silueta volvió a moverse, dejando salir de su boca un tenue ronquido, inmediatamente dio un paso hacia atrás al sentir que podía ser un ataque mental, pero después de dos segundos, se dio cuenta de que nada había pasado, por lo que volvió a su sitio anterior--. Cosa como yo, responde. --Acercó su mano, pero justo al estar a unos pasos del hombro de la silueta.

El sujeto abrió los ojos y, al notar la extraña sombra acercando su extremidad, sintió un escalofrío, no teniendo más remedio que gritar.

  --Aaaahhh.

  --Aaaahhh. --El también gritó, estaba claro que lo habían tomado por sorpresa.

Rápidamente retrocedió, colocándose en guardia, pero lo que no se esperó fue que la silueta no desprendiera de ella ni intención asesina u hostil, aparte de que tenía bastantes aberturas en su defensa.

  --Por fin despertaste, que alegría. --Dijo después de un bostezo, sonriendo con sinceridad.

Su expresión se tornó nuevamente en la confusión, ya que no había comprendido ni una palabra que había salido de la boca de la silueta.

  --¿Te sientes mejor? --Se acercó, estirando su mano.

Inmediatamente retrocedió, golpeando con sus nalgas la pequeña mesa de madera, junto con el candil y su vela y, que por suerte no tiró. La silueta expresó confusión al notar lo alarmado que estaba el joven, era como un animal herido que teme ser atacado, o al menos eso le parecía.

  --No te haré daño. --Dijo con un tono tranquilo y dulce.

Calmó su corazón, tratando de escuchar sus instintos y, como lo intuía, estaban en silencio, siendo la única respuesta factible, que la silueta no representaba ningún peligro. Después de pensarlo por dos segundos dio un paso al frente, pero tan pronto que lo hizo, la puerta de la habitación se abrió de golpe y, en el marco de la puerta se encontraba una silueta similar a él, solo que con su estómago más inflamado y con cabello en su mentón y pecho. Inmediatamente se percató del palo de madera con una línea plana de metal anexado en la punta superior, por lo que sin dudar un solo segundo se volvió a colocar en guardia.

  --Espera padre, es el joven que rescatamos. --Dijo rápidamente la dama.

El hombre barbón dejó salir un suspiro de alivio, bajando el arma y perdiendo por completo su espíritu de lucha. El joven con el vendaje en el pecho no sabía que era lo que estaba pasando, primero lo presionaban a ponerse en guardia, para después entregarse por completo a él al bajar sus defensas, estaba claro que nunca había visto esa rara técnica.

  --¿Quiénes son ustedes? ¿Y por qué se parecen a mí? --Preguntó, no atreviéndose a bajar la guardia.

Padre e hija se observaron y, al igual que anteriormente había pasado con el joven, no entendieron ni una sola palabra que dijo.

  --Disculpa ¿Qué? --El padre fue el primero en hablar.

El joven lo miró, sintiendo la misma confusión que ellos, pero por extraño que pareciera, comenzó a perder la fuerza de sus brazos y piernas, no tardó ni dos segundos para que cayera al suelo, siendo la dama acercarse con una expresión de preocupación lo último que observó.

∆∆∆

Abrió los ojos, pero al instante que hizo por pararse, una mano lo llevó de vuelta a la cama.

  --Aún no te encuentras bien, debes descansar --Dijo ella con un tono calmo y suave. El la miró, no sabiendo qué hacer o que decir--. Sabes, cuando te encontramos, pensábamos que estabas muerto --Sus ojos color miel mostraron un ligero signo de preocupación, que inmediatamente fue remplazado por un brillo alegre--, pero para sorpresa de mi padre y de mí, no fue así.

  --No entiendo. --Fue lo único que podía decir, esperanzado de que ahora sí le entendiera.

Observó sus alrededores y, luego a ella, en su mente ya había obtenido más de diez maneras de poder asesinarla sin sufrir un solo rasguño, sin embargo, dentro de él, en su pecho para ser específico, tenía el sentimiento de que la persona enfrente suyo era alguien que no buscaba hacerle daño, por lo que dudó, terminando por confiar en su instinto.

  --Parece que padre tenía razón, no eres de estas tierras. --Llevó un paño blanco a su estómago, limpiando con gentileza la mancha roja que palpitaba.

Sintió un ligero punzón al ser tocado, pero nada más, bajando la mirada para conocer el porqué de la sensación y, para su sorpresa, tenía una enorme herida con costra y sangre a la altura de su abdomen, sintió un poco de curiosidad del origen de aquella herida, teniendo los recuerdos de los últimos días algo borrosos.

  --Gracias. --Trató de sonreír, pero la mueca que mostró en su rostro fue la causante de una bella risa de la dama. Volvió a expresar confusión, no entendiendo aquella repuesta.

  --En verdad eres gracioso, jaja.

Su sonrisa se desvaneció en el momento en que sonó la primera campanada, acompañada por otras dos.

  --Me tengo que ir, así que espérame y, no hagas movimientos bruscos, o me enojaré. --Hizo un lindo puchero, una expresión que el joven no entendió.

Observó su espalda desaparecer al cruzar el umbral de la puerta, sintiendo un pequeño vacío inexplicable en su corazón, era la primera vez que experimentaba el afecto humano después de dos siglos, era algo normal que se sintiera así.


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