Fons, Ash, Residencia Harch - 18 de Octubre - Año 525
Rhys estaba, como todas las mañanas, sentado en la mesa de la cocina tomando su desayuno. Lo hacía por costumbre, gracias a su poder él en realidad no necesitaba comer, ni dormir, ni ejercer cualquier otra acción cotidiana de un ser humano. Pero le encantaba sentir el placer que le daba levantarse descansado y poner el café a calentar mientras iba al baño a tomar una ducha refrescante y renovadora que lo ponía a tono con un nuevo día. Después de eso, bajaba hasta la cocina otra vez, servía su café negro en la taza negra de porcelana que Lara le había regalado para alguno de sus tantos cumpleaños, preparaba un sándwich de jamón con queso cortándole los molestos bordes al pan, y se sentaba en la mesa que daba hacia la puerta trasera apreciando el inmenso jardín de rosas que Lara tenía en su patio... Todas las mañanas eran iguales, y jamás se sintió tan agradecido de que así fuera.
—Cada día pienso aún más que mi esposa es un zombi —lanzó esas palabras acompañadas de una risa cuando escuchó unos pasos adentrarse en la cocina.
Al voltear la silla que estaba de espaldas a la puerta apreció a su esposa parada con sus manos apoyadas en la mesa y en un bostezo que parecía nunca acabar.
—Oh, Rhys... No me di cuenta que estabas aquí —dijo Lara, con una dulce voz mañanera, y una brillante sonrisa semidormida—. Buenos días, cariño. —Se acercó lentamente a su silla y se inclinó para saludarlo con un beso.
—Buenos días mi amor, ¿Dormiste bien?
—Algo así, parece que esta mañana llegó Leah, y aunque intentó no hacer demasiado ruido la escuché igual —respondió, dirigiéndose hacia el fogón de mármol que se encontraba en la esquina de la cocina.
—Oh, ya veo, quizás porque vino con Vlas, yo noté la presencia de ambos al mismo tiempo —indicó Rhys, tomando un sorbo de café.
—¿En serio? —preguntó, con una leve sorpresa.
—Sí, de hecho creo que la situación aumentó a más y ahora están ambos en la habitación de Vlas —dijo, sonriendo con sutileza.
—No, por favor, dime que no están durmiendo juntos —rio Lara, dejando la cafetera en su lugar, y comenzando a caminar hacia la puerta.
—Ve y confírmalo tú misma... Sólo tienes que abrir la puerta y admirar el paisaje.
—Ni que lo digas, esto no me lo puedo perder —declaró Lara, acelerando su paso a medida que subía las escaleras.
Unos minutos después…
Cerca de cinco minutos pasaron cuando Rhys sintió los pasos de Lara bajando las escaleras otra vez. Alzó su mirada para vislumbrar el rostro de sorpresa que su esposa seguramente tenía, y no pudo reír cuando la vio entrar con su mano tapando su boca, y sus mejillas rojas.
—Te lo dije, ¿O no? —preguntó Rhys, entre risas.
—Realmente creí que lo decías en broma, no sé qué decir. —Lara se dirigió de nuevo hacia la cafetera, y sirvió su café—. ¿No crees que son muy lindos juntos? —preguntó, sentándose al lado de Rhys, con una naciente placidez.
—Creo que es el mejor momento para que estén juntos.
—¿Tú dices que llegaran hasta ese punto? Quizás sólo quieren ser amigos.
—Tú y yo también éramos amigos, Lara —rio Rhys.
—Es una situación diferente Rhys... Demasiado diría yo... Vlas viene de una pérdida terrible, y eso involucró demasiado el amor que sentía hacia otra persona... Enamorarse otra vez puede llegar a tornársele complicado.
—Sí, lo sé, sólo lo decía como una curiosidad... Aunque viéndolo de una forma positiva al menos sabemos que Vlas ya no se sentirá solo.
—Así es... ¿Sabes por qué llegaron juntos en la mañana?
—Le pregunté a Kit si ayer fueron juntos y me dijo que no... Él fue con Vlas después de que yo se lo pidiera, y luego de una charla lo convenció a que lo acompañara en el festejo, parece que al final decidieron venir juntos ya que venían al mismo lugar.
—Ya veo, ¿O sea que Vlas terminó relacionándose con ellos?
—Eso parece. —El rostro de Rhys cambió, y ligeramente una sonrisa de alivio se pudo divisar en él—. Kit también me contó que habló algo sobre sus sentimientos, y que también bailo con ellos en la pista, por lo que veo... Ya comenzó a tener más confianza —agregó, jugando con el borde de su taza.
—Y por lo que yo veo... Estás feliz por eso —aludió Lara, acariciando su mano.
—Más que nunca... Si Vlas comienza a ser más abierto con los demás quiere decir que puede que comience a encontrar el equilibrio en sí mismo, eso suena algo extraordinario para él... Tú sabes que su felicidad es mi prioridad.
—Sí, lo sé más que nadie... De hecho yo también estoy feliz por algo, al parecer Leah lo está ayudando, estoy demasiado orgullosa de esa chica. —Sonrió, con algo de modestia.
—La hemos criado bien... Me sorprende que lo haya ayudado más de lo que creí que lo haría, espero sigan así.
—Yo igual —correspondió Lara, recostándose a Rhys, cuando la mañana comenzaba a acabarse.
Ya se estaba volviendo el momento de que se fuera a trabajar.
Unas horas después...
—Parece que la resaca golpea fuerte, ¿Cierto?
La fuerte voz de Rhys resonó en su entrada a la cocina, apenas desvió su mirada hacia la mesa vio a Vlas con su cabeza apoyada en ella y cubriéndose el rostro con sus brazos.
—Oh, Rhys... Realmente sí, no debí tomar demasiado. —Vlas levantó su brazo haciendo un abertura para ver a su hermano parado junto a él. No quiso levantar su cabeza, esta le dolía demasiado y un sólo movimiento bajaba la sangre con rapidez—. ¿Por qué nunca me dijiste que en Ash no hay edad reglamentaria para tomar alcohol? Creo que me dejé llevar con esa ventaja.
—Quizás porque jamás me preguntaste —respondió Rhys sarcásticamente, mientras movía hacia atrás una silla y tomaba asiento a su lado.
—Claro, tienes razón.
—¿Qué tal estuvo tu noche? —preguntó Rhys, revolviéndole el cabello de Vlas con su mano.
—Fue algo extraña, viéndolo de manera correcta... Fue la primera vez que salí de fiesta, y también la primera vez que tomé alcohol, pero se podría decir que la disfruté —respondió Vlas, levantando su cabeza con delicadeza. Acaricio su nunca cuando apoyó su espalda en el respaldar de la silla, y suspiró.
—Ya veo —dijo Rhys, apreciando todo su movimiento—. ¿Qué tal los chicos? ¿Te cayeron bien?
—Sí, demasiado... Kit fue quien me convenció de ir, parece que entiende a los demás y eso lo hace ser un buen chico, muy amigable y empático... Dean es algo enérgico, eso me cae bien, quizás le quitaría algo de sus chistes malos o su hiperactividad, pero me sigue pareciendo una buena persona... Y Mya, bueno, ella me sigue pareciendo extraordinaria —respondió, sonriendo, con una inmensa emoción desprendiéndose de su voz de la misma manera.
No quiso agregar a Leah en su respuesta, sintió que ella se merecía un párrafo aparte, porque lo que había sucedido en la mañana todavía lo tenía un poco confundido. Y más cuando recordaba todo eso que pasó entre ellos en Remia... Y esa mirada que le regaló el último día que se vieron.
—Kit me dijo que hablaste con ellos sobre lo que te sucedía y...
—Lo siento Rhys, yo quería decirte todo lo que sentía pero... —En medio de su disculpa, sintió el brazo de Rhys apoyándose en su hombro.
Cuando miró a Rhys este tenía su mano apoyada en su mandíbula, y el codo en la mesa, lo miraba con gracia, mientras movía su mano evitando que él siguiera hablando.
—No tienes por qué disculparte, Vlas... Si hay alguien que tiene que disculparse soy yo por haberte puesto presión para que controlaras tus poderes... Mira, si no quieres hacerlo no tienes que hacerlo tampoco, yo no me voy a decepcionar de ti, ni mucho menos, seguiré aún más orgulloso ya que eso diría que enfrentaste tus miedos y decidiste lo mejor para ti... No voy a intentar convertirte en un segundo Rhys Windsor, no es algo que quiera ni deba hacer... Así que viéndolo de esa forma, si eso es lo que quieres para ti, lo respeto y apoyo... Tú eres lo más importante que tengo, y siempre estaré ahí para ti sin importar nada de lo que suceda contigo o conmigo... Te lo dije aquella vez en Remia, y todavía sigue en pie, seguirá en pie hasta el final de mis días.
Rhys lo miraba con amor y orgullo, a medida que pronunciaba las palabras que Vlas no sabía que necesitaba. No tardó demasiado en enorgullecer a su hermano, al final lo único que tenía que hacer para que Rhys lo halagara era ser él mismo... No ser Rhys, no ser nadie más... Ahí tenía la respuesta que había buscado cuando aquella pregunta había aparecido en su cabeza la noche anterior... Tenía que ser Vlas Windsor, ese que viviría y pelearía por él.
—Rhys —suspiró, con una felicidad inmensa dominando su cuerpo.
No dijo nada más y sólo se inclinó para darle un abrazo a su hermano. La comodidad fue más cuando los brazos de Rhys lo resguardaron, y este golpeó su espalda con unas palmadas.
—Haría hasta lo imposible por ti hermano... Ni Rygal, ni el destino, ni el mundo entero, ni un Scire... Ni siquiera un dios se interpondrá en mi camino... Tú serás feliz... Te lo prometo.
La enorme seguridad que Rhys portaba en sus palabras convenció a Vlas y supo que esa promesa era cierta, y hasta sagrada para Rhys, él sabía que no mentía cuando se refería a él, a Lara, a Leah o a su madre... Pero recordó algo que él mismo también había prometido meses atrás... Y eso no podía quedar en suspenso hasta que él mismo decidiera cómo actuar... Era una decisión que ya había tomado, y de la que no daría marcha atrás.
—Tengo una promesa hacia ti desde hace mucho tiempo, y un Scire que me ayudará a cumplirla, Rhys... No estarás solo enfrentándote a todo eso... Yo pelearé a tu lado... Como tu hermano, como tu mano derecha... ¿Sí? —preguntó, enmarcando en su rostro su decisión.
Rhys lo miró con una sonrisa fascinada, y su respuesta vino llena de ilusión.
—¿Entrenarás tu Scire? —preguntó, con sus brillantes ojos verdes aún más brillantes que de costumbre, parecían un collar de esmeraldas recién pulidas.
—Justo de eso quería hablarte, tomé una decisión con respecto a mis poderes —Vlas titubeó
—¿Si? ¿Cuál? —indagó.
—Los voy a aprender a controlar... En la mañana tuve una charla con Leah y comprendí que lo mejor para mí es sacarle provecho a este poder, ya que si no lo hago no respetaría los deseos de Zenda, quien se sacrificó para dármelos, ni tampoco los míos, que son varios; entre una promesa hecha hacia Kora, que es volver a Remia por ella, y también otra hacia ti, que es ayudarte con tu sueño... Y todo lo que eso conlleve... Para eso debo hacerme fuerte, tengo la mejor herramienta en la palma de mi mano, y sé que aunque al principio sea difícil, no me rendiré sin intentarlo. —Era la primera vez en meses que le hablaba a su hermano con firmeza y honestidad, ya se había olvidado de la sensación de alivio que eso otorgaba.
—Ya veo... Así que, ¿Cuándo comenzarás? —preguntó Rhys.
—Leah puede controlar la energía, ¿Cierto?
—Yo le enseñé, aprendió rápidamente, ella es bastante buena... ¿Por qué lo preguntas?
—Quiero que ella me ayude con lo básico, luego seguirías tú que me ayudarías a controlar mi Scire, pero primero quiero darle prioridad a manipularla mejor, ¿Estás de acuerdo?
—Totalmente, si Leah acepta puede enseñarte, sabe suficiente como para ser tú maestra, deberías preguntarle, y si no se niega tienen toda mi aprobación.
—Yo ya acepté, sólo queríamos esperar tu opinión —dijo Leah, haciendo presencia en la sala al aparecerse detrás de los hermanos. Se acercó a la silla de Vlas—. Vlas quería comenzar en la tarde —añadió, apoyándose en el respaldo de esta.
—Así que se complotaron para hacérmelo saber —rio Rhys sacudiendo su cabeza en negación—. Estos chicos de ahora... Bueno, ¿Qué más podría decir? Obviamente que acepto, además creo que sería lo más correcto... Lara últimamente está muy ocupada con demasiadas reuniones, y yo tengo que encargarme de un problema.
—¿Qué tipo de problema? —preguntó Vlas, curioso.
—Es un fantasma del pasado que volvió a fastidiar en mi vida otra vez... Un tipo que enfrenté hace unos años y cometí el grave error de dejarlo vivo.
—¿Y cómo sucedió? Es extraño que una persona que haya peleado contigo en ese pasado siga con vida —preguntó Leah.
Vlas miró a Leah con concordancia, él también pensaba exactamente lo mismo.
—Hace unos años cuando estuve Filii Dei conocí a un tipo que quería conseguir un Scire a toda costa, nunca supe sus verdaderas razones para hacerlo, pero darle paso a que invada la nación de mi mejor amiga era algo que no me podía permitir.
—¿Artemisa? —preguntó Vlas.
Rhys nunca llamó mejor amigo a nadie, de las únicas personas que Vlas alguna vez tuvo conocimiento que eran sus amigos fueron: Ashley Crown, Jake Lauren, y Artemisa Filii Dei. Pero entre todos ellos, Artemisa fue a quien más conoció, él era un niño, pero todavía la recordaba, la vio por última vez unos meses antes de que Rhys se fuera de Remia, por lo tanto, su recuerdo era vigente en su mente, así como el de Rhys... Él se llevaba bien con Artemisa, ella lo trataba muy bien, ya que según ella, le recordaba a su hermana menor, Hera... Y él admiraba mucho a Artemisa de la misma manera, más que nada, porque ella fue la primer amistad de Rhys, y según él, mucho tiempo atrás, su primer amor.
Artemisa fue la princesa del Imperio Filiideiense en su juventud, y la emperatriz en la actualidad, luego de asumir el trono tras diez años de preparación, después de la muerte de su padre cuando ella apenas era una niña. Tal vez por esa razón ella era tan comprensible con Rhys. Él le contó muchas veces que cuando era pequeño, Artemisa significaba su mayor liberación, la única persona con la cual él podía ser él mismo, la única persona que compartía su angustia, su presión, su destino... Ella, como él, tenía que cumplir esas expectativas que se le habían marcado cuando fue designada como heredera al trono, y estar siempre a la altura se volvió una obligación, tantas miradas, tantas palabras, sin significado, o con tanto significado que se volvían vacías. Rhys tenía razón, ella lo comprendía más que nadie, pero así mismo, ninguno era bueno para el otro, sufrir lo mismo no era una compensación, al final, ninguno se quería retractar de su destino, y siguieron aguantando todo eso que les caía encima por tal responsabilidad... Ellos se ayudaban con lo que podían, ellos... Ellos no tenían escapatoria, no tenían otra visión del mundo.
Y así, se separaron. Rhys conoció a Lara, y ella le mostro esa parte del mundo necesaria para que él pudiera elegir lo que quería para su vida. Y Artemisa hizo la suya, sin Rhys... De la misma manera, encontrando a alguien que la pudiera guiar por otro rumbo, sin encerrarse para siempre en la cárcel que su vida había formado en su mente... «Ella eligió su camino... Y yo no formaba parte de este... Y ahora es feliz... Bien por ella», Rhys le dijo, y él no quiso decir nada más ese día, ni siquiera supo por qué le preguntó por ella en primer lugar, sólo surgió, pero eso, esa respuesta... Fue suficiente para saber lo que su hermano sentía... Lo que siempre sintió.
—Sí... Ella... —Rhys dio un vistazo al suelo, pero en un instante, volvió su mirada a su hermano—. Amenazaron su mandato... Sólo le di una mano.
—¿Peleaste con ese tipo? —preguntó Vlas, bajando la línea de sus pensamientos a la conversación que estaba teniendo con su hermano.
—Sí... Controlaba Energía del Alma pero no era la gran cosa... Acompañé a Artemisa en la defensa a su palacio y me quedó sólo él, me fue fácil vencerlo y salvar Filii Dei, Artemisa todavía tiene esa deuda conmigo... Pero el tiempo pasó y volví a Fons para no volver a escuchar de él de nuevo... Hasta la Guerra de Fons, había regresado con la idea de comenzar una invasión a la capital, esa vez no fui tan piadoso como en la anterior, y de nuevo le gané, pero como dije, no fui piadoso, y con la idea de que no volviera a intentar invadir una nación de nuevo, usé el Possessionem y le quité su poder, aun así, parece que ahora lo obtuvo de nuevo y se está ocultando mío, creo que planea una nueva invasión... Por Sun... Parece que no se cansa —suspiró Rhys, con gran molestia.
—¿Se puede recuperar de nuevo tus poderes luego de perderlos? —preguntó Vlas, no saber casi nada de la energía le causaba varias confusiones.
—Sí, con «perder tus poderes» Rhys se refiere a la anulación de la manifestación de energía, él no le quitó sus poderes, sólo se los bloqueó con su propia energía, por esa razón si alguien con un Scire hace de igual manera ese procedimiento pero en reversa, termina anulando la energía de Rhys, el Possessionem se desvanece, y la persona puede usar sus poderes de nuevo —explicó Leah, con lujo de detalle.
Vlas la miró sorprendido. Ella realmente era buena en eso, Rhys no había mentido on su afirmación. Iba a tener una gran maestra.
—¿Y qué es eso de «anular» la energía? —La confusión de Vlas se hacía cada vez más evidente.
—Eso podrás saberlo cuando comiences tu entrenamiento con Leah, ella te explicará toda la teoría para que luego lo puedas pasar a la práctica, ahí entenderás lo que te estamos explicando —respondió Rhys, empujando su silla hacia atrás y poniéndose de pie—. Bueno... Ahora que sé que te dejo en buenas manos puedo encargarme de esos problemas... Suerte Vlas, nos vemos luego —agregó, al rodear la mesa y enfilar a la salida, para al instante abandonar la habitación.
—Adiós Rhys —se despidieron ambos, al unísono.
—Bien Vlas, ¿Estás listo para empezar tu entrenamiento? —Leah se inclinó hacia él y le preguntó con una gran emoción.
—¿Ya? —preguntó Vlas, echándole un ojo a su reloj—. Apenas son las 2:00 p.m —indicó.
—Sí, no podemos perder más tiempo... Ve a cambiarte de ropa, ponte algo deportivo, te espero afuera en treinta minutos —ordenó ella, antes de erguirse de nuevo e irse por la puerta.
—Así será, maestra. —Con su cabeza todavía reventando, se puso de pie y siguió las órdenes de Leah, caminando paso a paso hacia su habitación.
Treinta minutos después…
Vlas se vistió con ropa que ni siquiera recordaba que tenía, un pantalón negro que formaba parte chándal de tela, del cual no tenía la prenda superior, y una sudadera vieja color gris que usaba cuando practicaba deportes. Salió de su habitación y bajó hasta la planta baja, escuchó algunos golpes. Corrió hacia la parte trasera de la casa y se encontró con una inmensa habitación que él sabía perfectamente que no estaba antes. Entró y vio a Leah parada al lado de una pizarra.
—Ya volví —avisó, subiendo los escalones de la entrada después de cerrar la puerta detrás de él.
—Bien, toma asiento ahí —señaló Leah, dándose la vuelta.
A Vlas le sorprendió la organización del lugar. No era una habitación grande, quizás tenía el tamaño de su dormitorio pero tenía el doble de mobiliario. Vio muchas cajas de madera alrededor, de ellas sobresalían algunas armas, eran puntiagudas, probablemente espadas o alabardas. A él lo rodeaban algunas sillas más aparte de la suya, estas estaban de frente a la antes mencionada pizarra en la que Leah estaba escribiendo. En las paredes había muchas cosas colgadas, cadenas, escudos, algunas espadas, en una esquina de la habitación también se encontraban algunos muñecos de entrenamiento. Pero lo más impresionante era el inmenso ring que ocupaba la mayoría de la habitación... ¿Iban a pelear?
—¿Qué es esto? ¿Una sala de torturas? —bromeó Vlas, tomando asiento.
—Quizás, depende de cómo tú lo tomes, después de todo, es un entrenamiento complicado —respondió Leah, tomando un fibrón de una de las cajas debajo de la pizarra—. Antes que nada te daré una guía teórica sobre cómo funciona la energía, luego de eso te enseñare a manipularla —siguió, volteando otra vez, dándole la espalda a Vlas.
Vlas dirigió su mirada hacia ella... La única vez que se fijó en su figura fue cuando la conoció meses atrás en Remia, y en ese momento estaba concentrado en demasiadas cosas como para observar con atención a Leah. Ella estaba algo distinta, obviamente más alta, su cabello estaba más largo también, y llegaba hasta debajo de sus hombros. Él no podía ignorar el hecho de que ella tenía un hermoso cuerpo, el caso de que fuera alta le daba una figura casi ideal, sus piernas eran largas, sus caderas y pecho se ampliaban y dejaban resaltar su cintura delgada... Ella podría perfectamente ser modelo, además tenía un gran sentido de la moda. Aunque casi siempre usaba el mismo estilo de ropa, cómo él había notado en Remia, sólo faldas y suéteres, pero de todas formas le quedaban excelentes.
—Bien... ¿Empezamos? —preguntó Leah, mirando a Vlas de reojo. Había escrito algunas cosas en la pizarra.
Apenas escuchó esas palabras, Vlas bajó la mirada con rapidez, su rostro se puso rojo, y algo de vergüenza lo invadió. Si Leah se había dado cuenta de cómo la estaba mirando ya podía comenzar a cavar su propia tumba.
—Sí, claro —respondió, sin levantar la mirada—. ¿Es difícil de entender?
—No lo creo... Si lo pudo entender alguien como Dean, a ti se te será demasiado fácil —ella rio.
—Ya veo.
—Bueno, presta atención... Te voy a pedir que te abstengas de preguntas hasta que termine de explicar, así que todas las dudas que tengas recuérdalas para preguntarme luego, ¿Entiendes? —preguntó, y Vlas asintió, sin decir nada—. Mira, comencemos con lo básico... Supongo que Rhys ya te explico que la energía te permite manipular el espacio a nivel atómico, algo extremadamente complejo y a la vez peligroso, ya que debes aprender a diferenciar elementos a tu alrededor y dentro de tu cuerpo, además de movimientos de partículas, espacios, posición, fuerza, etcétera... Son conceptos básicos de química y física pero eso no es necesario que lo sepas hasta que puedas al menos manipular tu energía, por eso vamos con ello... La energía viene del alma, de ahí su nombre, para las personas que nacen con la capacidad de manipularla la forma de activarla es con un golpe en el pecho, ahí está el nudo principal, en tu corazón, tú la despertaste cuando Cole te golpeó, sé que suena algo cruel pero eso no duele, la energía acumulada en tu pecho amortiguará el impacto y luego de este saldrá disparada por todo tu cuerpo, como un choque eléctrico, por lo que este se dormirá y estarás noqueado por unos minutos, así es como se despierta esta —Leah se explayó en su explicación.
—¿Puedo preguntar ahora? —preguntó levantando la mano. Luego de escucharla atentamente tenía varias dudas.
—Sí, quítate todas las dudas que tengas, yo las responderé, y cuando estés seguro de todo comenzaremos con la práctica.
—Entiendo, entonces, ¿Cómo es que se puede controlar la energía? ¿Sólo la debo manifestar?
—Fácil... Mira mi mano. —Se sentó a su lado, y colocó su palma hacia arriba—. Cuando la controles podrás concentrarla en cualquier parte de tu cuerpo... Como ya sabes, el límite del alma corporal son seis metros, por lo que de aquí a seis metros todo lo que me rodea es mi propia energía... Este límite se puede aumentar o disminuir dependiendo la necesidad, mientras más extensa sea tu aura más energía necesitarás, de esta manera, sí sólo la limitas alrededor de tu cuerpo saldrá con mucha más fuerza. —Luego de su explicación, movió su mano frente a la mirada de Vlas.
Vlas se concentró en ella hasta que lo que pasó a continuación lo asombró. Leah encendió una pequeña llama en su palma que podía cambiar de color soplándola. Vlas tenía ciertos conocimientos en química, pudo notar que lo que ella estaba haciendo era cambiar los gases que componían la llama para que su color se alterara. Quizás era un procedimiento básico, pero hacerlo con la palma de la mano seguía siendo sorprendente.
—Eres muy buena en esto Leah. —El chico se maravilló.
—Gracias, pero eso es lo primero que se aprende, también puedo convertir un pedazo de madera en una hoja o manipular el metal y darle diferentes formas... Pero vamos, eso sólo es de principiante, un poseedor del Scire puede saltarse todos esos pasos —dijo Leah, poniéndose de pie. Comenzó a caminar hacia una caja de las que estaban en la esquina de la habitación—. Esto es lo importante. —Se acercó de nuevo, pero esta vez con dos guantes.
—¿Guantes? ¿Quemaste tu mano? ¿Estás bien? —Vlas se acercó con preocupación, al advertir que lo que Leah había hecho anteriormente podría haberle hecho daño.
—No, quédate tranquilo, aunque eso era una flama estaba totalmente hecha de mi energía, era mi cuerpo, no puede lastimarme —respondió ella, con despreocupación—. Estos guantes se llaman Nio... Están creados totalmente de la Energía del Alma de un poseedor del Scire... Sirven para potenciar la Energía del Alma de un usuario ordinario, como yo, o los chicos, y Lara —añadió, dándole uno a Vlas.
—Así que «Nio» —dijo, apreciando el guante en su totalidad, forma, tela, tamaño... Parecía ser un guante normal—. «Alianza», eso significa su nombre en shi —adicionó, como curiosidad.
—Si, Rhys me dijo algo por el estilo, también su nombre original, en el idioma del Scire... «Unio Aeterna» si mal no recuerdo.
—Ya veo, ¿Los creó Rhys?
—Exactamente... Quizás creas que parecen inútiles, pero no del todo... A veces un usuario de Energía del Alma se ve demasiado condicionado por sus propias reservas de energía, Lara es un gran ejemplo de esto... Esto conlleva que no puedan explotar con totalidad su alma corporal, limitándolos a uno o dos metros como máximo... Ahí es cuando los Nio sirven de ayuda —respondió, colocándose un guante—. Pedimos algo de poder prestado a Rhys, esto amplía no sólo nuestras reservas, también nuestro alcance y daño en ataques o habilidades, sin contar de que sirven también como localizador, Rhys puede saber dónde estamos en todo momento, y al tener su sello también puede usar la teletransportación en nosotros o él mismo llegar a donde sea que nos encontremos —añadió, activando su energía y el sello dibujado en el guante comenzó a brillar.
—Wow, eso es muy interesante... ¿Y cómo funciona? —Él la miró con atención.
—¿Ves el sello que tiene dibujado? —preguntó Leah, posando su dedo sobre el sello.
—Sí —respondió Vlas, él no lo había notado antes, pero cuando lo hizo, algo extraño produjo que su corazón comenzara a latir con fuerza y rapidez, causando que un escalofrío recorriera su cuerpo—. Es el mismo que Cole tenía... El sello de Rhys... El del Scire... El Infinesse —agregó, en voz baja.
—Lo sé, es un sello de sangre, es lo que le activa la unión que nos permite pedir prestado poder de un poseedor del Scire.
—¿Sello de sangre? —preguntó, confundido—. Rhys no me dijo que también se podía hacer eso.
—Quizás pensó que para entenderlo necesitas saber más sobre la Energía del Elma, porque si, como dije antes, el guante esta hecho totalmente de Energía del Alma de Rhys, cuando yo hice ese sello de sangre parte de su poder se me fue dado y así potencié mi energía, pero esto tiene contras, el poder del Scire sigue siendo de Rhys, por lo que cuando yo uso ese guante también tengo su energía en mi cuerpo, y aunque ambos sabemos que Rhys jamás lo haría, para alguien que tenga planes de traición puede ser usado para controlar el cuerpo de la persona a quien le dio su poder.
—Entonces... ¿Cómo es posible que puedas usarlo con libertad si estas limitada por el poder de Rhys?
—Ahí viene lo siguiente, como dijimos hoy con él, la Energía del Alma sólo puede ser anulada con la misma cantidad de energía pero de otra persona, por eso cuando se activa el sello de sangre y la energía de Rhys entra en mi cuerpo, yo activo la mía y termino por anular la suya, haciendo que el sello no se pierda, porque es mi energía y está dentro de mi cuerpo, en pocas palabras la hago parte de mí, haciendo así el control de Rhys nulo.
—Ahora si entiendo todo, ¿O sea que la energía de Rhys no es la suficiente como para que tu cuerpo la reconozca?
—Exacto, Rhys sólo entrega el 1% de su energía, para que al utilizar el mismo porcentaje de la mía para anularla no afecte mi funcionamiento con el otro 99% que me queda.
—Pero... ¿No es necesario que yo use ese guante, cierto?
—No, tu sello funciona igual que este guante, por lo que tú no tienes que hacer ese proceso, pero yo sólo te enseñaré a usar el alma corporal, Rhys supera los límites de esta, es lo que le permite usar la teletransportación y su Possessionem... Eso sucede gracias a que él es capaz de controlar las otras dos áreas del alma, pero ahí ya no es mi terreno —Leah se quitó el guante y acabó con su explicación.
—Claro, así que ya podemos empezar a entrenar —declaró, poniéndose de pie, emocionado.
—Si no tienes alguna otra pregunta entonces empecemos... Ven por aquí —indicó, guiándolo hacia una esquina de la habitación donde había varias cajas apiladas—. Ayúdame con esto. —Bajó algunas, y Vlas estiró los brazos para cargarlas.
—Vaya... Sí que están pesadas.
—Le pedí a Rhys que cree algunas armas pero se pasó, no sé porque hizo tantas —respondió Leah, de cabeza en una caja—. Aquí está —dijo, volviendo a su lugar.
—¿Puedo dejarlas? —preguntó Vlas, su cabeza estaba escondida detrás de la pila de cajas.
—Sí, claro.
—Wow... Estaban demasiado pesadas —suspiró aliviado—. ¿Qué sacaste? —preguntó, mirando a Leah.
—Esto —respondió ella, desenvainando una espada de acero brillante, relucía frente a la luz, y cuando Vlas acercó su rostro lo vio reflejado.
—Emm, Leah... Yo no sé usar esto —declaró Vlas, mirando la espada con confusión.
Cuando niño, analizó muchas veces la idea de comenzar esgrima, había comenzado a practicar artes marciales bajo la tutela de Rhys, a él no le gustaba pelear, pero su hermano lo convenció, y no le desagradó la idea, además de que Rhys era muy bueno. Cuando pensó aprender esgrima, así como Rhys también lo había hecho de joven, sucedió todo de la nada, Demian murió, Rhys se fue, su familia se quebró... Y nunca acabó de entrenar, dejó todo a medias... A veces, practicaba sólo, pero sin la tutela de alguien que realmente supiera tales disciplinas, no lograba nada. Además, la mayoría de veces, practicar aquello que su hermano le enseñaba, le traía recuerdos de él... Y para no sentirse triste cada vez... No lo hizo de nuevo en todos esos años que estuvo alejado de Rhys... Hasta ese momento, en el que Leah se lo propuso.
—Lo sé, por eso primero debes aprender a maniobrarla para luego hacerlo con tu energía en ella. —Ella se la entregó.
—¿Con mi energía? —Vlas preguntó, su conocimiento era tan nulo, que ni siquiera supo cómo tomar la espada apropiadamente. Ella lo acomodó un poco en una buena postura.
—Exacto, la mejor forma para controlar la energía es con un vínculo, encontrando algo para concentrarla en eso sin tener que desatarla completamente, ya que si lo haces puedes perder el control, y terminar muy mal.
—Entiendo, entonces, ¿Debo aprender a usar la espada?
—Sí, ahora mismo empezamos... Ven, atácame, intenta golpearme con la espada. —Leah se posicionó en una postura para pelear.
—Leah, ¿Vas a pelear de pollera? —Vlas señaló su vestimenta, no era ropa como para tener una pelea.
—Pues claro... No voy a dar saltos acrobáticos, solo esquivaré una espada —respondió ella, riendo—. ¿Entonces? Vamos, te estoy esperando —alentó a Vlas.
—¿Segura? —preguntó él, algo nervioso.
—Sí, déjame decirte que ni siquiera podrás rozarme, al ser un novato en el uso de la energía, yo todavía soy superior a ti, incluso tú siendo un poseedor del Scire... Pero necesito que lo hagas para ver qué tal es tu estilo y nivel.
—Bien... Allá voy —dijo Vlas, lanzándose al ataque.
La espada era pesada por lo que tuvo que sostenerla con las dos manos e intentar mantener el equilibrio para no caerse. Y si, realmente Leah tenía razón, le era casi imposible seguir sus movimientos, y cuando parecía estar cerca de golpearla ella tomaba un camino totalmente distinto con una gran velocidad, haciendo que Vlas pierda la brújula. Notó un patrón en el movimiento de Leah, ella nunca doblaba al mismo lugar dos veces seguidas, por lo que sí una vez lanzaba su ataque a la derecha, la segunda vez tenía que hacer lo mismo, ella no iría a la izquierda otra vez. No le salió, Leah vio a través de su plan y con rapidez dio un salto hacia atrás cuando él intentó hacer su movimiento, su cuerpo se desbalanceó con esa finta, caminó intentando recuperarse hasta que se tropezó con sus propios pies y cayó contra el suelo de cara.
—Por Sun, Vlas... Realmente creí que serías un principiante, pero no que fueras tan patético para luchar. —Leah soltó algunas carcajadas mientras se acercaba a él, boca abajo en el suelo.
—Es que, siento que no estoy hecho para luchar con armas, no soy Rhys, él hizo esgrima cuando era adolescente, por eso es tan bueno con la espada, mi mayor fuerte es mi propio cuerpo —declaró Vlas dándose la vuelta, luego de ese movimiento se sentó en el suelo cabizbajo, abatido.
—Ya veo, ¿Y qué tal una cadena? —preguntó ella, buscando en otra caja.
—¿Una cadena? —Vlas la miró confundido. Quizás estaba demasiado cansado para entender lo que ella le había dicho pero estaba seguro de que no se había equivocado.
—Sí... Como esta —respondió Leah, sacando una cadena larga con una cuchilla afilada en su extremo y un brazalete en el otro, supuso que era para atarla a su mano.
—Wow... Me gusta ese estilo. —Vlas le dio una mirada con extrañeza, jamás había visto un arma igual.
—Es interesante... Mira, la cadena mide cinco metros, pero si te acostumbras a ella con tu energía puedes ser capaz de multiplicar su tamaño hasta el que tú quieras, sirve para ataques de largo y corto alcance, y al ser de metal puedes usarla defensiva y ofensivamente al mismo tiempo, es un arma poco común ya que es algo difícil manipularla cuando se encuentra en el aire, al no ser rígida como una lanza no se puede controlar muy bien, pero tú puedes usar tu energía para resolver ese problema... ¿Qué dices? ¿Lo intentas? —preguntó, colocándole el brazalete en su muñeca derecha y entregándole el otro extremo con la cuchilla de acero afilada.
—Sí... ¿Qué tendría que hacer? —preguntó Vlas, apreciando la cadena colgar de su mano.
—Ven. —Leah lo tomó del brazo y lo llevó con ella hacia el ring—. ¿Ves ese muñeco que está en la esquina? —preguntó señalando los muñecos de entrenamiento que antes Vlas había notado.
—Sí.
—Lánzala hacia él, cuando logres engancharlo jálalo con fuerza hacia ti, y si realmente eres bueno en artes marciales quiero que le des una patada con la planta del pie luego de dar un giro... Así —explicó Leah haciendo una demostración del movimiento. Vlas se percató de que ella era muy buena en artes marciales, le salió a la perfección. Probablemente Rhys la había entrenado en el pasado—. Oh... Había olvidado que vestía una pollera, ¿No se vio nada? —preguntó, riendo.
—Para nada —respondió Vlas encogiéndose de hombros. En realidad si había sucedido, pero intentó ignorar la situación.
—Bien, ahora hazlo tú.
—Entiendo... A ver que sale —dijo Vlas, ubicándose exactamente a cinco metros del maniquí—. Concéntrate en la cadena, hazla parte tuyo y lánzala... Uno... Dos... Tres —contó, para al final lanzar la cadena siguiendo las indicaciones de Leah.
Cuando la cuchilla llegó al muñeco esta se introdujo en su pecho y se abrió como si fuera un gancho para que al tirar de la cadena no se soltara. Vlas jaló fuerte para traerlo hacia él pero tuvo que hacer el doble de esfuerzo cuando notó que este estaba demasiado pesado. Con el muñeco en el aire Vlas se dio cuenta de que ya no era necesario jalar, sino toda la fuerza haría más efecto en el muñeco y este pasaría de largo. Lo vio venir hacia a él automáticamente sin freno, cuando este estaba a un metro le dio la espalda y al sentir que la cadena se tensaba dio una vuelta e intentó golpearlo en el rostro... No llegó, se había pasado mucho con la fuerza y el muñeco se había ido muy arriba, al no tener una forma de frenarlo terminó cayendo encima de él con brusquedad.
—Mierda —maldijo, cuando sintió un fuerte impacto en sus costillas.
—Debo decir que para ser la primera vez fue bastante más prometedor que con la espada —declaró, Leah caminando de regreso a él— ¿Estás bien? —preguntó, agachándose a su lado hasta quitarle el muñeco de encima.
—Sí, gracias —respondió Vlas, tomando el lado izquierdo de su abdomen luego de un ligero quejido.
—¿Te lastimaste ahí? —preguntó Leah, preocupada.
—No, para nada, sólo fue el golpe, se irá rápidamente. —Él lo ignoró.
—Será mejor que lo verifique —dijo Leah, sentándose a su lado—. Ven aquí. —Levantó su sudadera y se sorprendió al apreciar el definido cuerpo de Vlas—. Vaya... Tienes músculos —rio, bajando su sudadera de nuevo. Él no tenía ningún daño. Pero su cuerpo... ¿No tenía sólo dieciséis años? La genética siempre tiraba para su lado, era imposible que estuviera tan bien físicamente.
—Era deportista, practicaba baloncesto, ¿Recuerdas que te lo dije? —él aludió, con obviedad.
Ella lo miró todavía colgada en sus pensamientos. Su mirada subió y bajó varias veces, sólo concentrada en él. ¿Había crecido tanto en tan pocos meses? Cuando todavía estaban en Remia, él apenas sobrepasaba su altura, y no se encontraban en tanta diferencia en cuanto a tamaño. Pero... Desde que habían vuelto él se veía tan diferente, cada día notaba su cambio, como si no lo hubiese visto por meses, y al final, siempre lo veía el día anterior. Debía darle tal la responsabilidad de su crecimiento a su poder, seguramente él también entrenaba, y no se dejaba estar... Quería darle las gracias por preocuparse por eso. Si le parecía atractivo antes, ¿Qué podía pensar ahora? Estaba más cerca de la madurez que meses atrás, y eso ciertamente la hacía sentir extraña en torno a él. Casi como más atenta a él... ¿Enamorada quizás?
El día anterior, cuando bailó a su lado, quiso besarlo, lo vio toda la noche con una sonrisa, apreciando con maravilla sus intensos ojos verdes, que brillaban como las luces del lugar. Luego él sólo estuvo a su lado por el resto de la noche, sin soltarle la mano, y pasó de verse tan atractivo y varonil, a tierno y cariñoso. Al final de la noche durmieron juntos, y no fue como esa vez en Remia, cuando ella se quedó a su lado esa noche tan fría y triste para él, tomando su mano por horas, hasta durmiendo a centímetros de su cabeza. No fue como esa vez, no iba a ser como cualquiera otra, si es que volvía a suceder. Con Vlas, todo era distinto, y eso era lo que hacía que ella quisiera conocerlo más aun, más que la anterior, y así, con cada momento que pasaban juntos, más... Y más.
«¿Es sensato, Vlas? ¿Puedo enamorarme de ti?», pensó la noche anterior, cuando escuchó su: «Te quiero». Eso sería una pregunta que en algún momento tendría una clara respuesta, y esperar era lo único que podía hacer. Porque como no lo hizo ese día cuando se despidió de él en Remia, tampoco lo iba a hacer en ese momento, en plena búsqueda de él de su propia identidad. No quería colocarlo en una encrucijada, respondiendo esos sentimientos que ni ella comprendía... Primero, ella debía comprender qué significaba estar enamorada, o si al menos lo estaba. Y luego, él podía entenderla, compartir sus sentimientos, o sí no era correspondido... Sólo serle claro... Y así, ella no se ilusionaría... No sufriría por amor... Aunque el momento llegaría... Ya no era una niña... No iba a volver a serlo de nuevo.
—Sí, lo había olvidado —respondió Leah, parándose otra vez. Un simple sacudón de cabeza dejó de lado todo lo que estaba pensando. Podía hacerlo en otro momento—. Entonces... ¿Cómo calificarías tu primer uso de la cadena? —Extendió su mano.
—En realidad sí que fue difícil, sólo con la fuerza que tuve que hacer para levantarlo se me fueron las energías —respondió Vlas, tomándola y poniéndose de pie.
—Eso se puede arreglar cuando empieces a controlar tu energía, cuando puedas manipularla por todo tu cuerpo puedes concentrarla en lugares específicos para poder acrecentar tu fuerza física o resistencia, dejando de lado que en parámetros generales estas aumentan descomunalmente.
—Claro, parece que hay mucho por practicar todavía... Entonces elijo las cadenas para seguir, me sentaron bien, además parecen ser más flexibles de lo que creía, si puedo alargarlas cuando controle mi energía ni siquiera debo acercarme a mi objetivo en una lucha real, y si las refuerzo con energía pueden llegar a ser indestructibles.
—Sí, por eso deberás seguir... ¿Viste eso que hiciste hoy? —Señaló el ring.
—¿Lo del muñeco?
—Sí, tienes que hacerlo hasta que te salga a la perfección, luego de eso te enseñare como direccionar energía por tu cuerpo, para como conclusión del entrenamiento, infundirla en la cadena.
—Entiendo, ¿Y cuánto me tomara hacerlo?
—Por lo rápido que vas progresando, yo diría que un mes.
—¡¿Un mes de solo lanzar la cadena?! —preguntó, cuando su mandíbula se desligó de su rostro, y se cayó de la sorpresa.
—Parece mucho tiempo, ¿No es así? —preguntó Leah, entre risas—. Pero créeme, es muy necesario... Primero debes acostumbrarte a ella para luego poder hacerlo con cualquier tipo de objeto de forma automática, si tu cuerpo recuerda el proceso te será muy fácil —añadió, tomando una cuchilla cerca de ella y en un rápido movimiento, la lanzó hacia la cabeza del muñeco.
Vlas apenas distinguió lo que pasó, no pudo seguir el movimiento del arma, pero cuando dirigió su mirada al muñeco todo su cuerpo se paralizó del asombro... La cabeza del muñeco ya no estaba, el ataque de Leah se la había arrancado totalmente
—Acabo de hacer una nueva nota mental... Nunca meterme contigo —dijo, todavía mirando el muñeco sin poder creer lo que ella había hecho.
—Se llama práctica... Tienes que tener confianza en ti mismo y creer que fácilmente podrás llegar a ese nivel cuando termines tu entrenamiento. —Leah le quitó importancia a lo que hizo y comenzó a caminar hacia la salida—. Iré a tomar un baño, el entrenamiento por hoy ha terminado... Mañana aquí a la misma hora, intentaré que al menos pases dos horas al día haciendo lo del muñeco, ¿Estás de acuerdo? —Buscó su confirmación dándose la vuelta y lanzándole una mirada a sus ojos. Vlas hizo lo mismo y asintió.
—Sin problemas.
—Bien, mejor así, nos vemos más tarde en la cena. —Elevó su mano, y su saludo se perdió luego de que abandonara la sala y cerrara la puerta detrás de ella.
—Nos vemos luego Leah.
Vlas respiró hondo y se lanzó al suelo de nuevo. Su cuerpo casi ni respondía a sus pedidos, estaba demasiado cansado. Esa noche dormiría con demasiada placidez.
Remia, Crystel, Residencia del Clan Windsor - 3 de Noviembre - Año 525
La mansión Windsor estaba silenciosa. A Rhys le pareció extraño, más sabiendo que en ella vivían ocho personas, sin contar a los empleados. Y en plena tarde, cuando más repleta debería estar, ni una sombra, ni un suspiro... Nada de nada. Era un día de semana, quizás todos habían salido, lo entendía viniendo de sus tíos, ellos trabajaban hasta tarde en la empresa, Amelia quizás estaba en la universidad, y su madre en el Parlamento, o en una reunión. Theresa y Dyna no trabajaban, pero visitaban la casa de su familia seguido, el clan Dire. Tal vez se habían llevado a Joy y Joe con ellas.
«Justo hoy no hay nadie», pensó Rhys. Seguía caminando por los oscuros y silenciosos pasillos de la casa. Cuando era pequeño y a veces se quedaba junto a su madre en ese lugar, le daba algo de miedo caminar por las noches por esos pasillos para ir al baño, o a la cocina, ninguno tenía una ventana que diera hacia el patio, para encontrar algo de luz se necesitaba llegar a los extremos de la casa, donde estaban los balcones, o entrar a las habitaciones, cada una tenía uno. Ya que luego de la medianoche, las luces de los pasillos dejaban de funcionar.
La que él compartía con su madre y sus hermanos quedaba al final del pasillo principal de la segunda planta, aquel que tenía todos esos portarretratos de la familia. Probablemente fue eso lo que lo hizo enamorarse de su madre en el pasado, cuando encontró una foto suya de joven, probablemente de no más de dieciséis años. Ella era muy hermosa a esa edad, y siempre creyó que si él no hubiese nacido como su hijo, tal vez habría tenido la oportunidad, tan vaga como imposible.
Cuando él nació ella tenía diecinueve años, y seguía siendo hermosa, a pesar de todo, y mientras él más crecía, más notaba eso que nunca había notado alguna vez en otra mujer. Su madre le gustaba, y mucho, pero él siempre renegaba de tal sentimiento: «Es tu madre, ¿Por qué carajos piensas en eso?», siempre se preguntaba, sabiendo que eso que pensaba era indebido, no era algo que quería pensar, pero tampoco podía hacer nada para ignorar lo obvio, y mientras más crecía, más se alejaba de ese pensamiento, y el amor por su madre dejaba de sentirse tan vacío, resumido a sólo ese enamoramiento de ese niño que veía el rostro de su madre como el más hermoso del mundo. Este amor se profundizó más al entrar en su adolescencia, y entre cada retazo de sensibilidad que su madre dejaba en sí, como esa forma de asegurar a cada instante que lo amaba, que hiciera lo que hiciera, él la iba a enorgullecer. Entre tantos sentimientos tan confusos, buscando eso que lo identificara, eso que marcara su propio camino, encontrara sentido a su nombre... Entre ese viaje truncado, lleno de rostros borrosos que no buscaban nada de sí, sino que sólo veían a Rhys Windsor como algo que les diera validación, tener la amistad del príncipe era la base de la influencia en Remia, nadie se quería quedar atrás en ese sentido, y todo era tan superficial... Y entre todo eso... Sólo ella acarició su cabello y miró sus ojos, su rostro era el único no borroso, el único que veía más allá en sí mismo, que encontraba en su propio extravío... Su camino... Como nadie lo había encontrado jamás... Como sólo ella pudo haberlo visto desde el primer día... Cuando lo tuvo en brazos, y marcó su destino.
Renegaba ese sentimiento de amor, de querer no haber nacido como su hijo para enamorarse suyo, renegaba pensar en no ser su sangre... Lo hacía sentir mal, cuando cada vez que él le preguntaba si lo amaba, ella respondía lo mismo: «Con mi vida, mi amor... Por siempre». Y eso era algo claro, algo que ella nunca negó... Algo que saltaba a la vista... Y que hasta el mismísimo Rygal tenía en cuenta, de lo que nunca se iba a olvidar tampoco... Ya que sí él no hubiese nacido, nada aseguraba que su madre podría haber sido feliz... Ya que, como se sabía, según ella se lo dijo, muchas veces, tantas veces, que hasta se le había grabado en la mente con fuego... Él fue toda su felicidad... Y luego de que nació... El sentido entero de su vida entera. De principio a final... Cada paso a su lado. Sufrir por su sufrimiento. Llorar por su perdición. Reír por su felicidad... ¿Qué sentido tenía pensar si la amaba? Si era obvio, era obvio que la amaba... La iba a amar por siempre, porque nadie más que ella ponía tanto valor en su vida... Nadie más que ella velaba tanto por su felicidad... Nadie más que ella comprendía todo lo que lo atormentaba... Ese deber, ese destino... Que sólo ella podía definir... Que sólo ella podía anhelar.
«Te amo... Mujer de mi vida». Algún día se lo iba a poder decir.
—Aquí estabas... Mamá —dijo, al encontrar esa foto que estaba buscando—. Hace años no estaba por aquí... Ya había olvidado ese hermoso rostro. —Acarició la foto, con suavidad.
Su mayor anhelo era que si algún día tenía una hija. Ella fuera exactamente igual a su madre... La chica más hermosa del mundo.
—Siempre hacías lo mismo.
Una voz recorrió el pasillo hasta llegar a sus oídos. Él sonrió al percatarse de quien era la dueña.
—Como para no... ¿No te parece la perfección hecha mujer? —preguntó, con su mirada sin despegarse de tal imagen.
—La tía es hermosa desde joven... La más hermosa de la familia, es un regalo divino, pero eso es algo que tú nunca te cansas de recordar, así que no tiene demasiado sentido seguir remarcándolo. —Amelia se paró al lado de su primo—. ¿Qué hacías por aquí? —preguntó.
—Vine a visitar a mamá, ¿Ella no está? No hay nadie al parecer, la casa está vacía —indicó Rhys, volviendo el portarretrato a su lugar... Quiso llevárselo consigo, algún día lo iba a hacer.
—Está en el Parlamento, papá y Archie en la empresa, y mamá y Theresa en Dunch, fueron a visitar a la familia —Amelia le informó.
—Ya veo... Es lo que había pensado. —Rhys volteó hacia su prima— ¿Y tú? ¿Qué haces sola en la casa?
—Acabo de volver de la universidad, oí a alguien hablando solo y supe que eras tú, era la única persona en el mundo que muestra introspección de esa manera, y es interesante oírte, tú crees que los demás no lo hacen. —Amelia rio varias veces en medio de su aclaración.
—¿Me has oído hablar solo? ¿Y qué has oído? ¿Qué puedes saber de mi como para sospechar que es una forma de introspección? —Rhys la miró repleto de atrevimiento.
Ella había dejado algunas cosas en el aire, de las cuales creía tener el conocimiento, aunque no era tan así, ya que ella no había hablado con él desde ese día meses atrás: «Me siento traicionada, hiciste cosas que me decepcionaron...», ella le había dicho... Pero no había tenido explicación de tales palabras... Tal vez era el momento.
—¿No te has vuelto más reflexivo con todo lo que te ha sucedido? Creí que eras un chico atormentado, Rhys... Es lo que siempre decían todos los adultos de nuestra familia... Que tú cargabas demasiado para ser tan joven, y que eso te había afectado mucho... Supongo que tal peso desembocó en todo lo que sucedió luego de tu partida... Esa persona en la que te convertiste —respondió ella, contemplando el rostro impasible de Rhys.
—Recuerdas poco de mí, Amelia... Eras una niña, esa figura idealizada que tenías de mí, y que admirabas, estaba repleta de defectos, que haya sido bueno contigo no significa que jamás cometí un error antes de irme, y que todos mis pecados ocurrieron luego... Mi camino siempre estuvo marcado por mis errores, y eso va a seguir así hasta el fin de mis días, es de lo único que puedo aprender.
—¿Tan difícil era meditar mejor la situación? Eres inteligente, Rhys... La persona más inteligente que he conocido, eres tan malditamente talentoso que es hasta injusto, eras el sueño que todo el mundo quería vivir, eras un camino de subida, que no tenía techo... ¿Por qué pasó todo eso? ¿Por qué tuviste que convertirte en eso? —El impasible rostro de Rhys ya no era impasible, su mirada de resignación la había molestado, había dejado en claro que esos errores que cometió fueron necesarios, pero... ¿Qué necesario sería convertirse en un asesino? No tenía sentido. Nunca lo iba a tener—. Yo te amaba, Rhys... Con mi vida. —¿Alguna vez había sido tan honesta con sus sentimientos? Eso salió abruptamente... Sintió la necesidad más que nunca.
—Claro que sí... Yo también, Amelia... Fuiste la hermana menor que nunca tuve, e intenté ser claro contigo, siempre... Intenté dejarte ver que lo más importante era tu camino, nada más... Pero rompí mis propios principios, y al final, no fui ejemplo de nada, para Vlas, o para ti... Es una inmensa deuda que tengo conmigo mismo, es mi mayor error... Pero, has seguido adelante sola, y lograste mucho ignorando aquello que yo dejé en ti... Gracias por admirarme, Amelia, por sentir que era tu modelo a seguir, gracias por confiar en mi... Pero ya lo dije... En realidad... Decepcioné a todos... No sólo a ti.
—No quería que me mostraras el camino, Rhys... Sólo quería que estuvieras ahí para ver el que yo misma construía... ¿Por qué no estuviste ahí? ¿Por qué te fuiste? Eras todo lo que eras no sólo por ti, todo el mundo te quería, Rhys... Todos veíamos inspiración en ti... Menos tú... Y eso es doloroso... Porque no me di cuenta... Y te perdí.
—Eras una niña, Amelia, una niña de nueve años, no podías saber todo lo que había pasado, era injusto dejarte ver todo eso, no habrías llegado a este punto con tal pensamiento... Fui yo quien eligió irse, dañar a los demás no era algo que tuviera en mente, y alejarme fue lo mejor que pude hacer.
—No fue bueno para ti... Perdiste tu humanidad, Rhys... Lo perdiste todo.
—Lo sé... Es lo que elegí... Es con lo que debo cargar... Hace mucho tiempo.
Amelia no quiso pensarlo mucho. Notó la angustia en su voz, y ese quebranto escondido detrás de tal reflejo verde en sus ojos. Encontrando en ellos una mirada, una mirada que extrañó ver, una mirada que marcó sus días en el pasado, que en el camino de nieblas que fue resultado de su ausencia, aún le siguió funcionando de guía. Sus palabras fueron crudas ese día, quizás no quería decir eso, ella no se sentía decepcionada, ella sólo se sentía adolorida, porque cuando él regresó... No pensó en ella, como ella sí en él. «Eras una niña, Amelia», seguir escuchando eso de todos era frustrante, aunque lo esperaba, pero de él... ¿Por qué tenía que ser sensato en ese momento? Ella no quería que él la siguiera viendo de esa forma, ya no era lo mismo que antes, habían pasado muchos años... Ella avanzó, el recuerdo de Rhys no fue algo que dejó atrás, esperando que cuando volviera... Este por lo menos recordara aquello que ella le dijo esa vez... Eso que no quería olvidar: «Yo seré tu heredera, Rhys... Quiero ser la reina de Remia».
—¿Qué pasa? —preguntó Rhys sintiendo el perfume ella bajo su rostro, su cabello apenas tocaba su barbilla. Ella sólo se había lanzado a él abruptamente. Y así, tan sorpresivo como esperable, le dio un abrazo.
—Te extrañaba, tonto... ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué... Me dejaste atrás? Íbamos a caminar juntos... Teníamos el mismo destino... Quería ser como tú, Rhys. —Su voz quebrada dejó paso a un nudo en su garganta que se quería desatar.
—¿Por qué se te quiebra la voz? —Acariciando un poco su cabello, notó que ella comenzó a sorber su nariz. Estaba llorando.
—Porque no quería seguir fingiendo que no quería verte... Que no me importabas... Quería... Quería que me lo dijeras —dijo ella, desconsolada.
—¿Qué querías que te dijera?
Ella paró. Dejando ver un poco de su rostro al alzarlo, buscando el de él, aquel que encontró cuando Rhys bajó su mirada, y sonrió.
—Que me amabas.
Tiempo después...
Fons, Ash, Distrito Central - 22 de Noviembre - Año 525
—Te ves cansada, Leah. —Mya notó, nunca había visto ojeras en el rostro de Leah antes. Era extraño.
—¿Tú dices? —Leah giró la cuchara alrededor de la taza de café que le habían llevado a la mesa minutos atrás—. He estado estudiando para el examen de admisión de la universidad, es complicado, y aunque Rhys y mamá me han ayudado un poco dándome esos libros que ellos usaron en el pasado, sigue siendo duro... Debo dar la talla si al menos quiero quedar entre los primeros cien —explicó, al fin dando un sorbo. Este ya estaba tornándose tibio.
—Ya veo, ¿No crees que te estás sobreesforzando? Entiendo que quieras llegar alto, pero no a costas de tu salud, nunca te había visto tan... No lo sé... Decaída —Mya indicó.
—¿Qué dices? —Leah sonrió, débilmente, ella tenía razón, pero esa situación era una que no podía evitar, su etapa de universitaria era algo que había esperado demasiado tiempo, y apenas viendo el inicio de todo, realmente se replanteó mucho si seguir adelante con eso.
«Es un sacrificio necesario, supongo que no se puede evitar», le dijo Lara cuando ella le preguntó cómo ella había vivido esa etapa, recordando por todo lo que tuvo que pasar también, como la muerte de sus padres, su separación con Rhys, y el contexto de la guerra... Ella había salido airosa, y eso era sorprendente. También buscó algunos consejos de Rhys, pero él, como siempre, sólo le dijo: «En realidad no me preocupaba mucho, casi nunca iba, estudiaba poco y pasaba los exámenes de igual manera... Se me hizo fácil». Una respuesta demasiado predecible, obviamente al gran Rhys Windsor no le iba dificultar algo así. Pero ella no era ni tan prodigiosa como Rhys, ni tenía todas las dificultades que su madre había tenido. Por lo tanto, asumió tal responsabilidad, y llegó a la conclusión de que tal como Lara se lo había dicho, era un sacrificio necesario, no iba a lograr nada si no se enfrentaba a las dificultades... Incluso ella misma se lo había dicho a Vlas... No podía siquiera pensar lo contrario.
—Okey, mejor no te digo nada más sobre eso, sé que no te gusta que te hablen de tu apariencia... Y más cuando te gusta tanto arreglarte, Lara te pegó esa costumbre —Mya señaló.
—Le encanta llevarme de compras, regalarme ropa, joyas, o maquillaje... No es que me arregle porque me guste, en realidad lo hago para no desperdiciar sus regalos —explicó Leah, al mismo tiempo, le dio un bocado al pastel que tenía al lado de su taza de café. Amaba el de cremas con fresas—. Igualmente, últimamente no me he arreglado mucho.
—¿En serio? En Remia las pocas veces que te vi siempre estabas bien vestida, a veces usabas maquillaje, ¿Lo recuerdas? Hasta cortaste tu cabello, ya lo dejaste crecer de nuevo. —Mya se estiró sobre la mesa y acarició un mechón del cabello de Leah.
—Sí... Lo recuerdo. —Leah pasó su mano por su cabello también, peinándolo detrás de su oreja al final.
—¿Por qué lo hiciste? ¿Y por qué de la nada se te fue ese interés en hacerlo? —Mya inquirió.
—Vlas... Supongo. —Leah revoloteó sus ojos.
—Y ahora que se fijó en ti ya no le ves sentido... Me parece algo bastante lógico. —Mya se dejó llevar por sus risas.
—No seas tonta... No te dije que se haya fijado en mí, te dije que últimamente nos estábamos haciendo cercanos, nada más... Con todo esto de su entrenamiento y lo que hablamos la noche del cumpleaños de Kit, lo veo muy entusiasmado, ha estado más animado, siempre está con una sonrisa, y es lindo verlo así... Él es lindo de por sí, en ese estado se luce aún más.
—Yo tenía razón cuando dije que te había cautivado... Y tú sólo te negabas, ¿Qué pasó ahora, Leah? Al final lo quieres sólo para ti, vaya que eres astuta, jamás creí que la inocente Leah Foster iba a tener ese tipo de pensamientos —Mya se jactó, orgullosa de su hallazgo.
—Quise pensar otras cosas, no cabía en mi mente saber que me enamoré suyo... Él amará a Zenda toda su vida... Tal vez nunca tenga un lugar así en su corazón, pero... Estar para él es lo mínimo que puedo hacer, no pretendo que se enamore de mi por estar ahí, a su lado, sería injusto para él, y egoísta de mi parte.
—¿Por qué sería egoísta de tu parte? Son tus sentimientos, Leah... ¿Quién no haría lo que fuera con tal de enamorar a esa persona de la cual está enamorada?
—Él no quiere salir lastimado, tampoco quiere dañar a nadie, y todavía tiene miedo, no ha pasado demasiado tiempo desde lo sucedido en Remia, el recuerdo de esa chica aún persiste en su mente... Él no ha sanado completamente, y debe hacerlo por sí sólo, yo sólo soy un obstáculo en su camino.
—Eres esa persona que le dio el empujón que necesitaba, ¿Cómo vas a ser un obstáculo? Eres aquello que él necesita, Leah. —Mya estiró su mano por encima de la mesa, y la posó sobre la de su amiga. Leah levantó su mirada, y Mya la miró fijamente—. Si tú estás a su lado, todo será mejor para él... Debes hacerlo, porque él te quiere... ¿Ya te lo dijo, cierto? Debes estar ahí para él... Él quiere que lo hagas.
—¿Tú crees? —La mirada de Leah se dejó ver vulnerable, ¿Por qué estaba tan insegura?
—Sana sus heridas, Leah... Devuélvele la valentía que necesita para enfrentar sus sentimientos... Si él te quiere, lo hará saber... Y ahí... Dejarás de tener dudas tú también... Ámalo... Y él te amará.
Días más tarde...
Fons, Ash, Residencia Harch - 24 de Noviembre - Año 525
Más de un mes había pasado desde el comienzo de su entrenamiento, y Vlas seguía practicando aquello que Leah le había pedido. Todos los días, exceptuando los domingos, ella estaba ahí esperándolo en la tarde. Vlas admiraba y agradecía su constancia, ella no tenía por qué entrenarlo y gastar el tiempo en el que podría estar descansando, en él, pero si lo hacía era por algo, y eso le terminó por agradar. Se estaba acostumbrando a pasar sus días con ella, en consecuencia, habían comenzado a tomar confianza, y al fin tenían algo en común de lo cual hablar, algo que hacían seguido en las cenas con Rhys y Lara. Leah se había vuelto algo así como una amiga para él, quizás luego de Lara y Rhys era la única persona que comenzaba a entenderlo.
Después de tantos días de entrenamiento el movimiento le salía a la perfección, también comenzaba a sentir que las cadenas se le hacían más livianas y que ya no hacía fuerza cuando jalaba, parecía que su energía estaba comenzando a acostumbrarse a su cuerpo.
—Has destruido cinco muñecos en la última semana, parece que estas totalmente listo para comenzar a usar tu Energía del Alma con más complejidad —informó Leah, acercándose a él, luego de que acabara con otro de los muñecos—. Toma —agregó, lanzándole una botella de agua.
—¿Sí? ¿Y cómo haremos eso? —preguntó Vlas, vaciando la botella en un sólo sorbo. Ella se había quedado en silencio, le pareció extraño... Hasta que lo vio venir.
—Así. —Leah sólo le lanzó un rápido puñetazo.
Vlas lo bloqueó lo más rápido que pudo, pero eso no evitó que saliera disparado contra la pared. Y ahí, apenas alzar su mirada para entender al menos lo que había sucedido. Vio venir otro. Cerrar sus ojos fue lo único que hizo, pero al abrirlos, notó que su cabeza se había inclinado ligeramente hacia un costado, y el brazo de Leah cruzaba frente a sus ojos cuando desvió su mirada. Su puño se había estampado contra la pared, y había dejado una marca.
—¡¿Qué carajos fue eso?! —exclamó Vlas, todavía atónito por la situación, miró su palma y notó que estaba roja, parecía haber atajado un fuerte disparo de un balón de futbol sin guantes. O más, tal vez una roca de un considerable tamaño.
—Si no hubieras reaccionado y recibías esos golpes totalmente de lleno, ya estarías muerto. —Leah dio unos pasos hacia atrás, y crujió los dedos de la mano con la cual había golpeado la pared.
—Y si corrías ese riesgo, ¿Por qué lo hiciste? —Vlas buscó una explicación coherente. Quizás Leah quería probarlo, pero se había excedido con su modo.
—Tu cuerpo reaccionó automáticamente, tu energía reconoció el peligro y pudiste bloquearlo a tiempo, también esquivaste el segundo en un instante, eso quiere decir que puedes controlarla, pero no a voluntad —explicó Leah, volviendo a acercarse. Él se retrajo un poco con ese movimiento de ella, pero se quedó quieto cuando supo que ella no quería hacerle daño. En su lugar, sólo tomó su mano—. Perdón por lo de la palma... Ponte esto. —Dejó una bolsa de hielo en su palma, y cerró su mano alrededor—. Apriétala fuerte, la inflamación pasará rápido.
—Gracias —dijo él, apretando su mano—. Por cierto... ¿Cómo crees que puedo hacerlo? Eso fue sólo un instinto, no creo que haya sido mi energía.
—¿Acaso piensas que sólo por instinto serías capaz de bloquear un golpe así? Eso es totalmente imposible... Mira, quiero que concentres toda la fuerza que tengas en tus puños y que me intentes golpear —dijo Leah, poniéndose en posición. Vlas la miró confundido—. Has como si yo fuera un enemigo y tienes que golpearme para que tu vida no corra peligro, con toda tu fuerza —agregó, cambiando su amigable rostro a uno serio.
—Entiendo... Pero no quiero que se salga de control, ¿Y si te hago daño? —preguntó Vlas, con una inminente preocupación.
—Es lindo que te preocupes por mí. —Sonrió Leah, con modestia—. Pero en realidad deberías hacerlo por ti, no voy a quedarme quieta esperando que lo hagas, yo devolveré los golpes que lances también.
«Claro, no es lo mismo cuando ya lo tienes previsto», pensó Vlas, sabiendo que él habría dicho lo mismo si hubiese sabido que ella lo iba a atacar momentos antes.
—¿Podemos hacer eso mañana? Hoy ya estoy demasiado cansado. —Vlas bajó sus brazos y se recostó en la pared, dejando caerse hasta sentarse en el suelo.
Leah lo miró primero con extrañeza, pero luego comprendió el cansancio que él podría llegar a tener, así que solo sonrió y cedió.
—Sólo por hoy... Y lo hago porque has estado hace más de un mes pateando muñecos sin parar, mañana comenzaremos con el entrenamiento real, así que estate preparado... Se vienen muchos golpes, y algo de sobreesfuerzo —respondió, alejándose de él en su camino hacia la puerta.
—Espera... —Vlas la interrumpió antes de que la pudiera abrir—. ¿Ya te vas? ¿No quieres ir a descansar conmigo? —preguntó, poniéndose de pie rápidamente
—¿Qué? ¿Descansar contigo? He estado un mes obligándote a forzar tu cuerpo y monótonamente golpear un muñeco, creo que lo último que quisieras ahora sería que descanse contigo —bromeó ella, con una cálida risa.
—No... Yo puedo separar lo profesional de lo cotidiano, y te estoy invitando como Leah, no como mi entrenadora.
—¿Acaso entrenar no es algo cotidiano?
—No si lo haces con un propósito, en algún momento se terminará.
—Algo de razón tienes —dijo Leah, dando un leve suspiro y dándose la vuelta—. ¿Qué quieres hacer? —preguntó. Su interés había comenzado a crecer.
—No lo sé, ir a tomar algo, por un helado, lo que quieras, puedes elegir, tómalo como un pago por entrenarme también.
—Hmm, ya veo, ¿Tú tienes dinero para invitarme o tengo que pagar yo? —preguntó, con alusión. Escuchó la risa de Vlas detrás suyo.
—Leah, soy heredero de una Familia Real, y mi clan es dueño de un conglomerado, dinero es lo que me sobra... A menos que mi padre haya congelado mis cuentas —murmuró, con ese miedo creciendo en su cabeza—. Igual eso no importaría, le pediría dinero a Rhys —añadió, dejando de lado su pensamiento.
—Bueno, acepto... ¿Tú invitas entonces? —Leah se decidió.
—Sí... Yo invito.
—Entiendo, iré a tomar un baño, ¿Me puedes esperar? —preguntó, abriendo la puerta.
—Ve... Yo esperaré abajo —respondió Vlas, mientras juntaba sus cosas, y las metía dentro de su bolso.
—Así como si fueras mi cita —dijo Leah, con una risita tierna saliendo de sus labios—. Es broma... No te lo tomes tan a pecho, ¿O en realidad quieres que se trate de una? —agregó, dándose la vuelta y en ese movimiento guiñarle el ojo.
—Lo único que quiero es que te apures, no tenemos todo el día y las tiendas cerraran... No es momento de bromas. —Intentó evitar que se notara que las palabras de ella habían hecho efecto. y que los nervios lo estaban absorbiendo mientras la seguía por el jardín del patio trasero.
—Te pusiste nervioso, tu voz comienza a temblar cuando lo haces, me he dado cuenta de eso con el correr de las semanas cada vez que bromeaba contigo... Yo desearía que aprendieras a disimular mejor —rio Leah, mientras entraba a la casa—. En quince minutos estoy lista, nos vemos luego —agregó, antes de cerrar la puerta que daba hacia la cocina.
—Aquí espero —dijo Vlas, cuando sus piernas temblantes dejaron de funcionar y cayó el suelo boca arriba—. Es buena —rio, al notar lo rápido que ella había descubierto lo que sus palabras lo hicieron sentir.
«¿Por qué sentí todo eso? Maldita sea... Ella... ¿Me gusta?», pensó, dejando el tiempo pasar dentro de su cabeza sin siquiera darse cuenta. Sólo permitiendo que Leah formara parte de sus pensamientos... Así... Como lo iba a hacer desde ese momento... Muchas veces más.
Horas más tarde...
La tarde cesaba cuando ellos volvían a su casa. Con un helado en cada mano y entre risas, el reflejo de una hermosa salida entre dos adolescentes se acentuaba en la temprana noche. Habían caminado hasta la feria de la playa ubicada en la acera de la avenida. Ahí pasaron por una heladería y compraron varios sabores de helados; frutilla, frutas tropicales, crema, chocolate, miel, y tantos otros que hasta se les olvidó la mitad de ellos.
Se sentaron en el malecón y ahí estuvieron horas y horas intentando acabar con todos los helados que compraron. Repletos de comida ambos no podían moverse, las risas no faltaron, pero un cómodo silencio se adueñó del ambiente que los rodeaba cuando el atardecer se alzó en el horizonte, y los ojos de ambos relucieron ante el magnífico color carmesí que en el cielo se formó. Vlas notó que en algún momento de la tarde mientras admiraban el cielo sus manos se unieron y no se separaron de nuevo hasta el final de la noche.
—Fue más divertido de lo que creí —admitió Leah, todavía emocionada, cuando pararon frente a la puerta de la casa.
—Realmente... —asintió Vlas, con su mirada baja.
La pregunta que se había hecho esa tarde todavía seguía ahí, y él sabía que no iba a poder quitársela de su cabeza por un largo tiempo. Al no tener una respuesta concreta a esta no podía actuar... ¿Leah le estaba comenzando a gustar? Sonaba extraño, luego de lo de Zenda no pensó que algo así podía sucederle.
Estuvo cinco meses intentando no relacionarse con nadie, tenía mucho miedo de volver a sentir por alguien lo mismo que sintió por Zenda, por el simple hecho de que no quería volver a sufrir si tales sentimientos desembocaban en lo mismo que desembocaron en el pasado, y todo se terminaba volviendo una tragedia. Pero... ¿Qué podía hacer? Nunca pudo controlar sus sentimientos, y al final le sería imposible no tomarles cariño a esas personas que lo estaban ayudando en su camino.
Lara estuvo con él apoyándolo mientras intentaba reaccionar frente a la revelación de que iba a perder a Zenda, ella lo acompañó en ese momento tan importante y lo aconsejó buscando una forma de que él no sufriera demasiado. Ella ya tenía todo su aprecio, y no era porque ella era esposa de Rhys, ni porque era una hermosa mujer, ni porque le permitió quedarse en su casa y darle ayuda sin siquiera tener un vínculo de sangre que los uniera... Él apreciaba a Lara porque ella lo comprendió y se puso en su lugar, busco su bienestar sin esperar nada a cambio, eso era genuina empatía y eso era algo que él no podía ignorar.
Exactamente lo mismo le estaba sucediendo en ese momento, cuando se percataba que Leah estaba actuando de la misma manera con él. Él no sabía el motivo por el cual ella lo ayudaba, tampoco sabía porque se había vuelto tan cercana a él en tan poco tiempo... Y eso era lo que no podía responder, no podía comprender sus propios sentimientos si antes no comprendía los de ella, pero no iba a hacerlo jamás, porque los suyos eran más importantes... Y ante tal disyuntiva, entonces, ¿Cómo enfrentaría ese dilema?
—Ey... ¿Te sientes bien? —preguntó Leah, notando que Vlas había quedado en un trance por unos segundos.
—Eh sí, perdón, estaba pensando en algo —respondió él, levantando la mirada, en un momento se cruzó con la de ella—. Leah, quería decirte que me sentí muy feliz hoy y también quería agradecerte por haber aceptado mi invitación... Que tú hayas estado ahí me gustó mucho —dijo, mostrando una sonrisa.
Los ojos de Leah lo miraron con resolución, y levemente comenzaron a brillar cuando una sonrisa se dibujó en el rostro de ella también.
—Gracias Vlas —dijo, cuando todo lo que pasó siguiente a eso fue una inmensa sorpresa—. Sigue sonriendo como lo hiciste toda la tarde, ese eres tú... Felicidades por haber conseguido salir adelante aun con todo lo que sucedió en tu vida... Tienes una inmensa voluntad, y eso es admirable... Sigue así, Vlas.
El corazón de Vlas dio un vuelco cuando esas palabras salidas de los labios de Leah se colaron por su oído, y notó un tierno tono de voz dándole compañía.
Antes de decir esas palabras ella había pasado sus brazos por su cuello y se había acercado a él en un fuerte abrazo. Vlas levantó sus brazos con delicadeza, y prudentemente los apoyó en la espalda de la chica, devolviéndole el abrazo.
Así estuvieron unos minutos, él no la quería soltar... Ella tampoco, tan así que ya había apoyado su cabeza en el hombro de Vlas.
—Sin tu ayuda eso no hubiera sucedido... Esas palabras que me dijiste esa noche se quedaron guardadas en mí y no se borrarán por nada del mundo... No sabes lo que hiciste por mí ese día Leah, y no tenía palabras para agradecerte, porque no existen las palabras para agradecer ese gesto... Creo que decir gracias es muy poco, pero... Gracias Leah... Gracias por todo. —Su voz desprendía una inmensa emoción, sintió como el cuerpo de Leah se afianzaba más a él, y su corazón no cesaba los pálpitos a grandes velocidades. Quizás estaba llegando al límite de su propia euforia.
«Mya... Creo que te entiendo ahora», ella pensó.
—De nada Vlas... Siempre que me necesites estaré ahí... Lo haría de nuevo una y mil veces.
Minutos después...
«Siempre que me necesites estaré ahí». Vaya afirmación.
Leah había entrado a la casa, y Vlas se quedó afuera, sentado en la acera, pensando qué podría terminar haciendo luego de lo sucedido. Apenas Leah dijo esas palabras se separó de él, y acarició su rostro con una sonrisa encantadora, para luego darse la vuelta y alejarse hacia la puerta no sin antes despedirse de él.
Vlas podía asegurar que toda esa secuencia no fue tan insustancial como podría parecer. Ella estaba demasiado extasiada con lo que había sucedido, la noche sirvió de encubridora, pero él de todas formas apreció la expresión que ella tenía en su rostro apenas se separó de él... Su rostro estaba ruborizado, y sus ojos tenían un brillo encandilador, no paraba de sonreír incluso antes de cerrar la puerta que los separó, y acabó con el hermoso momento.
Y ahí estaba Vlas, jugando con algunas piedras que levantó de la calle, y con sólo ella en su cabeza, su pensamiento de esa tarde se trató de un presagio... Leah acababa de dar vuelta todo su mundo.
—Siempre tuve el pensamiento de que tú no eras alguien perspicaz en cuanto a los sentimientos de las demás personas, y jamás te dabas cuenta de la influencia de estos en cada situación que te rodeaba... Pero hoy dejé de lado esa teoría, tu forma de llevar a cabo esa conversación me sorprendió.
Apenas escuchó esa voz alguien se sentó a su lado.
—No sé qué me sucedió, Rhys... Es extraño, no quería que se fuera de mi lado. —Seguía con su cabeza invadida por la confusión.
—Ay... El amor... El amor —dijo Rhys, con un leve canto—. Ella tampoco quería irse de tu lado —aseguró, lanzando una piedra que terminó cayendo por el desagüe de la calle—. Si tan solo hubieran estado unos minutos más abrazados todas tus dudas se hubiesen resuelto... Porque ella no puede fingir, y tú tampoco... Son las personas más honestas que conozco, y probablemente también lo sean con sus sentimientos.
Vlas lo escuchó y su risa salió automáticamente... ¿Acaso Rhys ya se había olvidado de lo difícil que fue para él ser honesto con sus sentimientos en Remia? Eso le costó días perdidos de pasar con Zenda, le costó mucho sufrimiento, le costó alejarse de Kora y su madre, y dejar dieciséis años de su vida atrás... Jamás podría siquiera llegar a ser honesto con sus sentimientos. Era su mayor defecto.
—Ojalá... —instó Vlas, lanzándose un poco hacia atrás ayudado por sus manos al apoyarlas en la acera—. Pero no puedo ser honesto con mis sentimientos, Rhys... Si por alguna razón me enamoro de ella, no podría dar nunca el primer paso.
—¿Y lo de hoy qué fue? —preguntó Rhys, con un tono mordaz que dejó paso a una sonrisa.
—No lo sé... Un instinto. —Vlas levantó sus hombros levemente—. Me gustó que ella me diera ese abrazo. —Sonrió de tan solo recordar lo que sintió.
—Ser honesto con tus sentimientos no siempre significa demostrárselos a todo el mundo... Ser honesto con tus sentimientos significa aceptar lo que estás sintiendo por más de que no quieras ponerlos a prueba... ¿Tú has aceptado que te gusta Leah?
—Es confuso... Pero quizás sí, puede haber una posibilidad.
—Eso es ser honesto con tus sentimientos, aceptas que puedes llegar a sentir algo por ella... Si hubieras sido otro me habrías dicho: «Para nada» o «¿Estás loco? Jamás me podría gustar ella» —Rhys dijo, cambiando su tono de voz a uno gracioso con esos ejemplos—. Ella no tiene por qué saber que te gusta, pero mientras tú lo sepas y aceptes eso, siempre serás honesto con tus sentimientos.
—Entiendo... De todas maneras, sólo me falta saber si me gusta, ¿No? —preguntó Vlas, riendo.
Rhys estiró sus piernas, y apoyando sus manos en el suelo se impulsó para ponerse de pie. Vlas lo notó pararse a su lado, y levantó su mirada dirigiendo sus ojos hacia su hermano sólo un pequeño espacio siguiente a él.
—Leah Foster —Rhys la nombró en voz baja, casi como si lo hubiera dicho para sí mismo—. Ella es una chica hermosa, carismática, inocente, y demasiado soñadora... Yo la amo, ella es la vida de Lara, y Lara es mi vida... Por lo que mientras ellas estén en mi vida siempre procuraré protegerlas y permitirles que sean felices, así como quiero que tú también seas feliz... Hay muchas maneras de ser felices, quizás que tu felicidad dependa de una persona es algo restrictivo hacia uno mismo, pero no quita el hecho de que pueden ser felices juntos de todas maneras. —Pateó una última piedra y se dio la vuelta, emprendiendo su caminata hacia la puerta de entrada de la casa—. Tú sabrás que es lo mejor para ti, Vlas... Buenas noches —se despidió, y el ruido de la puerta cerrándose detrás de sus pasos avisó a Vlas de que él ya había entrado.
Ya era tarde, la luna estaba en la cima, esa noche había luna llena, una inmensa luna que brillaba demostrando casi un hermoso color dorado que iluminaba la noche. Estrellas acompañaban su presencia, y en lo más alto, justo enfrente de sí mismo... Vlas la vio de nuevo...
—Buenas noches, mi amor —dijo Vlas, estirando su brazo y cerrando el puño a continuación... Intentando alcanzar esa estrella—. Cuando pueda comprender mis sentimientos te prometo que llegaré a ser feliz... Mientras tanto no te vayas de mi lado, por favor... Tú siempre serás mi más grande inspiración y fuerza de voluntad —añadió, torciendo sus labios en una gran sonrisa... Sonrisa que lo acompañó el resto de la noche... La noche de un día que quería que no terminara jamás.
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