—Soy Calix Elver. Estaré custodiando a Su Alteza hoy —dijo un chico que no parecía tener más de dieciséis años, haciendo una reverencia—. No había manera de que tuviera más de dieciséis años.
—Regresa tan pronto como termines —dijo Demetrio—. No me importa que te pasees. Es solo que no conoces mucho las costumbres...
—Lo entiendo —dije—. Volveré pronto. Pero...
—¿Qué?
—Calix, ¿cuántos años tiene?
—¿Qué edad tienes? ¿Dieciséis? —Demetrio preguntó, mirándole.
—Sí, Su Alteza —respondió él—.
—¿Por qué está aquí un chico de dieciséis años? —pregunté—. Él... aún no tiene dieciocho años. ¿Pero por qué está en la escuadra de caballeros? Debería seguir en entrenamiento o algo así.
—Si Su Alteza está preocupada por mi habilidad, puedo garantizarle que puedo protegerla muy bien —dijo Calix—.
—Suspiré—. No estoy preocupada por tu habilidad. Simplemente... Si no tienes dieciocho años, no deberías estar haciendo estas cosas.
—Podemos hablar de eso más tarde —dijo Demetrio—.