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24.31% Cultivación prohibida (+18) / Chapter 62: Retorno

Chapitre 62: Retorno

He sellado mi etapa hasta la siete. Como el estudiante. Por si acaso. Me he asegurado de que siga durmiendo. Y lo hemos traído.

–¡Ah! Tian. ¡Ya estoy mojada! ¡Viólame!– suplica.

Tiene el aspecto de una mujer en sus veintes. Debe de tener algunas decenas más. La reconozco. Era una de las encargadas de proteger el campamento. Puede que esté en la etapa siete del reino del Alma. Incluso más. Hubiera sido difícil escapar de ella.

Está de pie. Ligeramente inclinada. Sus manos atadas con una cuerda. Que sube hasta una rama sobre ella. Es probable que pueda deshacerse de ella con facilidad. Su piel es bastante blanca. Parece que así se consideran más hermosas. Su cuerpo bien proporcionado. Pechos abundantes pero no excesivos. Culo respingón pero no enorme. Cerca del estándar de belleza de los estudiantes.

Supongo que es lo que cabe esperar. A partir de cierto nivel, se puede remodelar el propio cuerpo. Hasta cierto punto. Y muchos lo hacen por motivos estéticos. Lo que, en cierta forma, los hace demasiado parecidos. Aunque esa es mi opinión. No obstante, es la primera vez que tengo un cuerpo así a mi alcance. A alguien imposible. Y peligroso.

–¡¡Aaah!! ¡Tan duro!– gime cuando la penetro –¡Aaah! ¡Haré lo que quieras! ¡Solo no me pegues más!

De hecho no la he pegado. Pero supongo que es lo que quiere. Uso algo de qi al follarla. Pero no mucho. Tampoco quiero que tenga demasiado placer. Que sospeche. Le doy una palmada en las nalgas.

–¡¡Aaah!! ¡¡Más fuerte!! Digo… ¡No! ¡No me pegues más! ¡Seré obediente!

Es un juego un tanto pervertido. Lo peor es que las chicas están mirando. Espero que no estén cogiendo ideas. Y Ning está con el estudiante inconsciente. Haciéndole una felación. No le ha molestado en absoluto. Parece más bien excitada. Y curiosa.

Yo sigo follando a la estudiante. Es una pena, pero no puedo absorber su qi. Es muy denso. Supongo que su nivel es demasiado alto para mí.

No es tan estrecha como las chicas. No se ha esforzado en serlo. Pero el peligro es excitante. El estar follándome a quien no debería acercarme. A quien no sabe que soy yo. A quien grita de placer sin saberlo.

Sus pechos son firmes y suaves. Toda su piel es extremadamente suave. Su pelo rosado cae sobre su espalda. Su culo se mueve con lujuria. Algo rojo de mis azotes.

–¡Aah! ¡Mis tetas! ¡Por favor! ¡Aah! ¡No me pellizques los pezones!– pide negándolo.

Y hago lo que me pide. Pellizcarlos. Están duros. Erectos. Juego con ellos. Los aprieto. Entre mis dedos. Contra su pecho. También los froto. Y no me olvido de golpear sus nalgas.

–¡Sí! ¡Aaah! ¡Así! ¡Aaaah! ¡Tian! ¡Hoy estás increíble! ¡Ah!

El tal Tian se corre en la boca de Ning. Inconsciente. Esta saborea el semen con curiosidad. La llevo al orgasmo antes de correrme en ella. Uno no muy intenso. Pero que disfruta.

–¡Aaaaah! ¡Ssssssiiií! ¡HHHHAAAAaaaahhh!

Inmediatamente las devuelvo a todas y me alejo. Sin ni siquiera darme tiempo a vestirme. Espero que se crea el escenario. O, por lo menos, que nos dé suficiente tiempo.

Su amante está en suelo. Con su miembro manchado de su propio semen. Como si se hubiera caído tras el orgasmo. Tardará en despertar. Eso nos dará tiempo. Cuando lo haga, no sé que pensarán. Deberíamos de estar lejos. Ha sido bastante excitante. Lástima del qi. Lástima que no me pueda quedar ese culo. Esas tetas. Ese cuerpo.

Subimos por el río. Para no dejar huellas. Yi junto a mí. Vigilando. Y se ríe de mí. Sigo desnudo de cintura para abajo. Cuando estamos suficiente lejos, llamamos a las otras. Su mirada es traviesa. Divertida. Burlona. Yo suspiro.

Me pongo la ropa de esclavo. Está más rota que de costumbre. Es algo que han hecho estos días. Además de ensuciarla con tierra. Saco los excrementos del simio. Huelen mal. Riendo, empiezan a restregarme con ellos. Yo no lo encuentro tan divertido.

Luego añaden tierra. Y agua. Hasta que tiene el aspecto de haberse ido estropeando mi "camuflaje" por el camino. También me he puesto uno de los anillos de carga. Lleva algo de comida dentro. Raciones secas, una medio comida. Y algo de agua. También una de las peores dagas. Una lanza semirota. Unas pocas pieles y plantas de poco valor. Y algunos enseres personales, que estaban en el propio anillo.

Tiene que parecer que lo he sacado de un estudiante que no llevaba mucho. Pero que he podido sobrevivir con ello. También dejamos parte de los excrementos dentro.

Se ríen, pero sus rostros están preocupados. Hay muchas cosas que pueden salir mal. Ojalá simplemente nos pudiéramos haber quedado. Es inútil pensar en ello. Solo podemos seguir adelante.

–Limpiaros las manos. Huelen mal– bromeo.

Sus manos no son nada comparadas conmigo. Pero ya me voy acostumbrando. Me sonríen. Se despiden. Aunque no con un beso. Supongo que no es fácil acercare a mí ahora mismo. Las envío de vuelta. Solo Shi me acompaña un rato más. Hasta que empezamos a detectar estudiantes.

–Suerte– me desea antes de volver.

—————

–¿Qué es esto?

–¡Qué asco! 

–¡Qué mal huele!

Son varias de las reacciones de quienes me voy encontrando. Me está bien. No se acercan y no me crean problemas. Solo me miran desde lejos. Incrédulos. Me dan ganas de reír.

Llego hasta la entrada del campamento. Me detienen quienes la guardan. Se tapan la nariz.

–¿Quién eres? ¿Por qué cojones hueles tan mal?– pregunta uno de los que está de guardia.

–¡Vete de aquí! ¡Es insoportable!– exclama el otro.

–¿Qué está pasando? ¿Pero qué…? ¿Quién eres?– pregunta otro, acercándose y tapándose la nariz.

Es uno de los maestros. Ni idea cuál es su nivel.

–Esclavo Kong. Etapa uno, señor– me presento.

Me mira incrédulo. Dudo que sepa de mí. O dónde estaba asignado.

–¿Por qué estás… así?

–Para sobrevivir. Los estudiantes murieron. Para que no me atacaran las bestias, usé sus excrementos. Había oído que podía engañarlas así– respondo.

Por suerte, aquí aún puedo mentir. Espero que no me lo hagan repetir cuando vuelva. Se me quedan mirando. No debe de haber muchos esclavos que hayan vuelto solos. Quizás sea el primero. Tardan unos segundos en reaccionar.

–Ve al río a lavarte. Tú, tráele algo que ponerse a este esclavo. El anillo… Luego me lo das.

Me inclino ante ellos y voy hacia donde me dicen. Es curioso, me cuesta hacer ese gesto. Antes lo hacía sin pensar.

Es un río que corre junto al campamento. Voy hacia la parte de abajo. No quiero molestar a los otros esclavos.

Sacarme la mierda de encima es engorroso. Está bien enganchada en el pelo. Han hecho un buen trabajo. Demasiado bueno. Un esclavo llega junto a mí. Deja ropa en la orilla. Ropa de esclavo.

–¿Qué ha pasado?– me pregunta con curiosidad.

Es Tou. Nos conocemos de hace unos años. No es que seamos íntimos amigos, pero nos llevamos bien. Hemos trabajado juntos muchas veces. Es cuatro años mayor que yo. Y más alto y fornido.

–Nos atacaron hienas. Me mandaron como cebo. Conseguí subir a un árbol. Por alguna razón, me dejaron estar. Supongo que había presas más fáciles. Cuando salí, no quedaba nadie. Había sangre. No sé si alguno sobrevivió– le explico la historia que hemos adaptado.

–¿Liang?

Bajo la mirada y niego con la cabeza. Tengo que parecer triste. A pesar de que Liang está ahora mismo corriendo desnuda. Detrás de Rayitas. Creo que quiere bañarla.

–Tómate tu tiempo. Ahora mismo no tienes tareas asignadas. Y puedes decir que costaba de salir. Lo siento– se despide Tou.

Lamento un poco tener que mentirle. Siempre nos duele la pérdida de un compañero. Por mucho que estemos acostumbrados. Pero no podemos sino seguir adelante.

Aunque más lo lamentaré con Shu y Ai. Quieren mucho a Liang. Les dolerá creer que ha muerto. Pero no puedo decirles la verdad. Podrían verse obligadas a confesarla.

Yo sigo lavando el pelo. Sumergiendo la cabeza. Hay un rastro de suciedad desde mi posición. No me demoro mucho. Sé que estarán esperando para hacer preguntas. Mejor no irritarlos. En cuanto está el pelo limpio, me visto y vuelvo

—————

–Así que os atacaron una manada de hienas, y a ti te mandaron fuera. Y te dejaron en paz cuando te subiste a un árbol– confirma Xie Ming, el maestro de antes.

–Así es, señor– respondo.

Espero que no dude. No debería tener motivo de hacerlo. Solo soy un esclavo en la etapa uno. ¿Qué otra explicación podría haber?

–Realmente tuviste suerte. ¿Y el anillo? ¿Murieron todos?– me sigue interrogando.

–El anillo lo cogí de un estudiante muerto. De lo que quedaba de él. O ella. Había muchas manchas de sangre cuando las hienas se fueron, pero puede que algunos sobrevivieran– respondo.

De hecho, algunos sobrevivieron, al menos por un tiempo. Y Rong está viva. La esclava de un esclavo.

–Parece que murieron todos. No ha vuelto ninguno de su grupo. Solo tú has sobrevivido. Un esclavo en la etapa uno. Te usaron para salvarse, y te salvaron a ti. Que irónico– dice con una sonrisa agridulce.

Suspira. Me lo quedo mirando. No puedo hacer nada hasta que me lo ordene. Supongo que se ha creído la historia. Sería mucho menos creíble que estoy en la etapa nueve. O que tengo un espacio con varias chicas dentro. Por mucho que sea la verdad.

–Vuelve con los esclavos. Hay trabajo por hacer. Volvemos en tres horas.

–Sí, señor– acato las órdenes.

Antes no me dolía tanto hacerlo. Tengo que reprimir ese impulso. Solo un mes más. Voy hacia el maestro de esclavos. A ver que tareas me tocan.

–Mira, es el esclavo-mierda– dice una voz.

–Ja, ja. Deberías haberlo visto. Todo cubierto de mierda– se burla otro.

Bueno, mientras solo sean palabras no me preocupa. Espero que no vaya a más.

–Pues a mí me parece admirable. Que un esclavo en la etapa uno haya conseguido volver… Hay que reconocérselo– me defiende otra voz.

–Gracias– pienso para mí. Aunque no sepan la verdad.

–Sí, sí, Tai Feng. Aunque sea emmierdado– ríe otro

Así que Tai Feng es el estudiante que me ha defendido. Etapa siete. Pelo rojo atado en una cola. Rostro rudo. Cuerpo robusto. No lo recuerdo. Eso es bueno. Quiere decir que, probablemente, nos deja en paz. Los otros son un tanto infantiles.

—————

Me dedico a recoger tiendas con otros tres esclavos. No hablamos mucho. Respetan mi duelo. Aunque sea ficticio. Han muerto varios esclavos. Algunos como cebos. Otros junto a sus grupos. Algunos, vete a saber. Quizás simplemente apaleados. Aquí se puede dar cualquier excusa. Solo tienen que pagar por haber perdido una propiedad de la secta.

También parece que han habido más bajas de estudiantes de lo normal. Aunque no excesivas. Soy responsable de algunas de ellas. Y no es que me sienta culpable. De repente, pasan junto a mí dos rostros conocidos. Uno tiene un vendaje en la cabeza.

–¿De verdad no te acuerdas de nada, Tian?– susurra una voz.

–No. Nada, Mei'er– reconoce él.

–Es una pena. Estuviste muy bien. Mejor que nunca– lo alaba ella.

–De nada– pienso para mí.

Aunque no sé si le haría mucha gracia de saber la verdad. Mejor que nunca lo sepa.

Aún me siguen señalando algunos estudiantes. No es bueno. Es mejor no llamar la atención. Que no sepan que existes. Tendré que cambiar el peinado una vez vuelva. Quizás cortármelo. Quizás una cola. Lo tengo lo suficientemente largo. No me lo han cortado desde que empezamos la expedición. Con suerte y un poco de suciedad, no me reconocerán.

No puedo dejar de pensar que he matado a varios de ellos. De pensar que soy superior a ellos. Que solo el tener que disimular, y que tengo el estatus de esclavo, les permite burlarse de mí.

Respiro hondo. Tampoco hay para tanto. ¿Qué más da? Lo que piensen no importa. El orgullo es un estupidez. Hemos visto morir a muchos estudiantes inútilmente por ello. Aunque pudiera, no hay motivo para matarlos. A no ser que vaya a más. Tengo que asumir cuanto antes que vuelvo a ser un esclavo. No vaya a hacer una estupidez.

—————

Finalmente, volvemos. Seguimos el camino de la ida. Alguien activa el portal desde el otro lado. Lo cruzamos. Todos los esclavos estamos bastante cargados. Podrían habernos ayudado usando los anillos. Haber disminuido la carga. Pero a pocos les importa. Y, a quienes lo hagan, no tienen el poder de decisión. Supongo que para eso estamos los esclavos. Antes no dudaba tanto.

Aparecemos en el punto de partida. A unas horas de la secta. Hemos atravesado la pared de piedra gracias a un portal. Aquí ya no hay nada que temer. Quizás un esclavo solo podría correr peligro. Hay bestias que podrían compararse con alguien en la etapa dos. Con todo el grupo, ninguna se va a acercar.

Por una parte estoy deseando llegar y descansar. Y empezar a prepararme para alcanzar al reino del Alma. Por la otra, temo el momento de hablar con las amigas de Liang. Espero que, si algún día saben la verdad, me perdonen.


Chapitre 63: De vuelta

Cuando llegamos, los estudiantes van a descansar. O a intercambiar sus ganancias por puntos de contribución. O quizás a visitar a amigos, familiares, amantes… O ir de putas. O putos. Los esclavos tenemos trabajo que hacer.

Yo me estoy con el grupo que se encarga de guardar los diferentes suministros. Como tiendas de acampar. O utensilios de cocina. De momento, solo los llevamos. Nosotros u otros esclavos se encargarán de limpiar, reparar y almacenar.

Es un tanto agotador. Ha sido una larga caminata. Y ahora a llevar todo esto. Sin descanso. Yo lo aguanto bien. En realidad estoy en la etapa nueve. Pero los que están en la uno están sufriendo. Y los que ni siquiera han llegado, están agotados. Ayudo lo que puedo, pero sin mostrar mi poder. Tengo que disimular.

Hago ver que estoy agotado cuando vuelvo a mi habitación. Miro de reojo a Shu y Ai, aunque simulo no verlas. Sin embargo, tal y como me temía, poco después alguien llama a la puerta.

–¿Kong? ¿Podemos pasar?– se oye la voz de Shu.

No tiene sentido demorarlo. Tarde o temprano habrá que hacerlo. Respiro hondo.

–Pasad– accedo, con voz cansada. O al menos eso intento que parezca.

Ellas entran y me miran. Su rostro preocupado. Supongo que se temen lo peor.

–¿Liang?– pregunta Ai, casi en un murmullo.

Yo niego con la cabeza. Sin mirarlas. De hacerlo, no sé si podría mentirles. Pero no puedo decirles la verdad. Si las interrogaran, aunque fuera por otra causa, igual tendrían que confesar.

Se quedan un momento quietas. Congeladas. Pálidas. Incapaces de reaccionar. Es cierto que los esclavos estamos acostumbrados a perder amigos. Pero eso no quiere decir que no nos duela. Si seguimos como si nada, es porque no tenemos otro remedio. No podemos quedarnos en la cama llorando. Por mucho que queramos.

Shu se tira a mis brazos. Llorando. Me abraza. Ai hace lo mismo poco después. No puedo sino abrazarlas. Darles palmaditas en la cabeza. Acariciar su cabello. Incluso acabo llorando, contagiado por ellas. Puedo sentir su pena. Me siento terriblemente culpable por hacerlas pasar por esto.

Acaban durmiéndose abrazadas a mí. Ni siquiera puedo pensar en sexo. Aunque lo había estado deseando días atrás. Sobar las enormes tetas de Ai. El culo de Shu. Pero ahora no puedo sino pensar en consolarlas.

Me aseguro de que no despierten y llamo a Liang, Song y Shi. Shi me mira y sonríe. Me besa suavemente en los labios. Song me abraza por detrás. Liang me da un beso en la mejilla y se las queda mirando.

–Lo siento– les pide perdón en voz baja, aunque no puedan oírla.

Les acaricia suavemente el pelo. Suspira. Y se acerca a mí. Estoy sentado a un lado. A pesar de la situación, de sentirme culpable y algo deprimido, no puedo dejar de excitarme. Los pechos de Song se aprietan contra mi espalda. Shi está sentada junto a mí. Sonriendo afectuosamente. Desnuda. Y Liang, también desnuda, se acerca a mí.

–Oh. Parece que está despertando– comenta como si nada, mirando hacia mi entrepierna.

Shi alarga la pierna. Me acaricia el miembro con el pie. Song se mueve a mi espalda. Puedo sentir sus pechos masajeándome. Liang se sienta sobre mis piernas. Coge el miembro con la mano. Me mira.

–No ha sido tampoco fácil para ti. Tenemos que animarte un poco– me sonríe.

Pero no puedo ver mucho más su dulce sonrisa. Sus labios bajan y se cierra sobre mi miembro. Lo chupa con suavidad. Acariciándolo con la lengua. Envolviéndolo.

Shi me hace girar la cabeza hacia ella. Reclama mis labios. Mi lengua. Mientras sus pechos se aprietan contra mi brazo.

Song sopla en mi oreja. La muerde. La lame. Sensualmente. Sin dejar de restregar sus pechos. 

No tardo en estar totalmente erecto. Liang se levanta y se sienta sobre mí. Agarrando mi pene. Para guiarlo a su interior. Está mojada. Se mueve despacio. Envolviéndome con su vagina. Mientras me ataca la otra oreja.

Mi mano libre llega hasta sus nalgas. Acaricio su piel. La estrujo. La suelto. Disfruto de su tacto. De su elasticidad. A veces bajo por su pierna. Acariciándola. Con un poco de qi. O por su espalda.

Mi otra mano consigue llegar a la entrepierna de Shi. Ella da un respingo. Inmediatamente, abre un poco más las piernas. Aceptándome. Sin dejar de atacar mi boca. Una mano acaricia mi culo. La otra se mueve por mi tórax. Recorriéndolo. A veces apretando. A veces solo tocándolo con la punta de los dedos. Poco a poco, se va mojando.

Las manos de Song compiten con la de Shi en mi tórax. Acariciándome desde atrás. Sin dejar mi oreja. Después me vengaré de ella.

Liang sigue suave. Pero va acelerando a medida que se acerca al orgasmo. Suelta mi oreja. Pero no se aleja mucho. Oigo sus gemidos ahogados muy cerca. Su respiración agitada.

–¡Aah! ¡Kong! ¡Aah! ¡Aaah! ¡¡¡AAAAAAaaahhh!!!

Su cuerpo se estremece. Su vagina me aprieta. Estoy a punto de correrme en ella. Pero quiero aguantar un poco más.

Shi está a punto de llegar también a un orgasmo. Me muerde la lengua. Aunque con suavidad. La escondo por si acaso. Liang ha empezado a moverse de nuevo cuando Shi se estremece.

Esta vez Liang es más intensa. Su cuerpo se mueve casi con violencia cada vez que baja. Cada vez que la penetro hasta el fondo. Muevo mi mano a su espalda. La atraigo hacia mí. Para notar su piel restregándose a la mía. Su aliento en mi cuello.

Sube y baja salvajemente a medida que llega al orgasmo. Su vagina envuelve mi miembro con fuerza. Lo aprieta. Me resulta difícil resistir más. Y tampoco quiero. Exploto dentro de ella. Llenándola. Estremeciéndonos los dos.

–¡¡¡AAAAAaaaaaaahhhhh!!!– gime con fuerza.

Mientras, Shi se mueve sobre mis dedos. He parado un momento y ella ha empezado a hacerlo. Está totalmente mojada. La dejo hacer mientras me besa. Mientras sostengo durante un rato a Liang.

–Es su turno– me dije finalmente ella.

–¡Iiiih!– exclama Shi, cogida por sorpresa.

–¡Kong!– se queja Song.

Cuando Liang se ha levantado, me he abalanzado sobre Shi. A traición. Tirándola sobre la cama y penetrándola.

En cuanto a Song, ha caído junto a mí. Boca abajo. He aprovechado para atacar su entrepierna. Está mojada. Introduzco un dedo. Con el pulgar, juego por su superficie. Acaricio su clítoris por encima de los pliegues que lo protegen.

–¡¡Aaah!! ¡Kong! ¡Ah! ¡Aaah! ¡Malo! ¡Aaaaah!– se queja Shi entre gemidos.

Entro y salgo de ella. Está boca arriba. Acaricio la pierna que tiene levantada. Sobre mi hombro. Me gusta verla disfrutando. Sus modestos pechos oscilando.

–¡Malo! ¡Rencoroso! ¡¡Mmmmm!!– protesta Song, mordiendo las sábanas.

Está bocabajo. Su culo pecoso ligeramente levantado. Lujurioso. Con mi mano entrando desde allí. Moviéndose. Inspeccionado el interior de su vagina. Jugando con sus puntos más sensibles.

Liang me acaricia desde atrás. Como antes hacía Song. Sus manos sobre mi tórax. Con delicadeza. Noto sus pezones erectos clavándose en mi espalda. Sus labios besándome el cuello. Chupándolo. Incluso mordiéndolo, con suma delicadeza

––¡¡¡AAAAAaaaaaahhh!!–– gimen las dos al mismo tiempo.

Me inclino sobre Shi. Sus labios me reciben abiertos. Húmedos. Sabrosos.

–Atácala ahora– me susurra, intrigante, pícara.

Nos separamos reluctantes. Me sonríe. Saco entonces la mano de las partes de Song.

–No. Espera. ¡¡¡AAaaaaaah!!! ¡Kong!– Song gime y protesta. Aunque más que protestar, me estaba incitando.

La penetro desde atrás. Alzo más su culo. Sus pechos y cabeza están contra la cama. Mis manos se colocan sobre sus caderas. Acariciándolas. Agarrándolas. Ayudándome a empujar profundamente en ella.

–¡¡Mmmmm!! ¡Kong! ¡¡¡AAAaaaaahh!!! ¡¡Malo!! ¡¡HHAAaahhh!! ¡¡MMMmmmmMM!!– gime y se queja, más bien jugando y disfrutando.

Dejo sus nalgas y me inclino sobre ella. Encuentro sus abundantes pechos pegados a la cama. Mis manos se meten entre medio. Disfrutando de su tacto. De su textura. De su reacción cuando añado qi a sus pezones.

Su pelo naranja cae sobre su espalda y la cama. Sus brazos extendidos hacia arriba. Sus manos sujetan con fuerza las sábanas. Su vagina siendo penetrada una y otra vez. Envolviéndome. Dándome placer en cada embestida.

–¡Aaah! ¡Rencoroso! Mmmmm!– me acusa cuando le muerdo, chupo y beso la oreja.

Shi y Liang, mientras tanto, se han puesto una a cada lado. Abrazadas a mí. Besándome con suavidad. Mientras penetro a Song no con tanta suavidad.

Finalmente, Song y yo llegamos al orgasmo. Se estremece. Muerde con más fuerza las sábanas mientras descargo mi semen en ella. Mientras estrujo sus pechos.

–Pesáis…– se queja al cabo de un rato.

Me he quedado sobre ella. Y Shi y Liang sobre mí. Nos reímos. Nos besamos. Charlamos. Y nos despedimos al cabo de un buen rato. Han sido muy dulces. Por mí. Las quiero.

—————

Yi y Yu están tumbadas sobre la misma cama. De lado. Charlando. Desnudas. Sin que se den cuenta, las llamo, con cama incluida. Antes de que puedan reaccionar, me tiro sobre la cama. Entre las dos.

–¡Ah! ¡Kong! ¡Tonto! ¡Me has asustado!– se enfada Yi.

–Kong… ¡Aaah!– protesta tímidamente Yu, gimiendo en voz baja al sentir su culo siendo agarrado por mi mano.

Estoy entre las dos. Con sus dos culos idénticos en cada una de mis manos. Yu es la primera en besarme. Nuestras lenguas se entrelazan. Nuestra saliva se mezcla. Nuestros labios se solapan. Estamos casi un minuto besándonos.

Me giro. Yi me está mirando. Su cara ligeramente enrojecida. Excitada. Me ataca con sus labios. Abrazándome a la vez. Mientras me besa, noto el cuerpo de su hermana apretado contra el mío. Sigo sin soltar ninguno de sus culos.

–¿Cuál de mis gemelas favoritas es la primera?– les pregunto.

Sé que lo deciden entre ellas. Así que acato su veredicto.

–Yu– dice Yi, casi en un susurro, ligeramente inflando las mejillas.

Supongo que ésta vez ha perdido en cualquiera que sea el juego. Es muy mona. Le beso en la nariz. Ella se retrae, sorprendida y algo avergonzada por ser tratada como una niña.

Me giro hacia Yu. Nuestros cuerpos se entrelazan. Mi pierna. Su pierna. Mi pierna. Su pierna. Mis dos manos en sus nalgas. Sus manos en las mías, desafiantes. Nuestros labios unidos.

Se mueve para ponerse sobre mí. Para introducir mi pene ya erecto en su vagina ya mojada. Se muerde el labio. Está muy sexy. Se inclina sobre mí, pero sin llegar a tocarme. Nuestros labios muy cerca, pero demasiado lejos. Sus pechos se bambolean mientras se mueve. Sus manos se apoyan en mi pecho. Las mías juegan a veces con los suyos. Otras, se mueven por el resto de su cuerpo. Explorándolo. Reclamándolo.

Acelera con su excitación. Sus pechos cada vez oscilan más rápido. Hipnóticos. Sus gemidos son sensuales. Como la calidez de sus nalgas en mis manos. Su espalda se curva hacia arriba. Se tensa. Su boca se abre más. Su respiración se acelera. Sus gemidos se hacen más fuertes. Y luego cae sobre mí, descansando un momento.

Para mi sorpresa, no continua. Aunque puedo ver su mirada reluctante al hacerlo. Sin tiempo para pensar en ello, mi miembro vuelve a entrar en otro agujero. Esta vez es Yi la que me cabalga. La que se mueve sobre mí. La que me folla. Igual de sensual que su hermana. Igual de deliciosa. De erótica. Y, a la vez, diferente. Especial. Las dos son preciosas.

Cuando se corre, también se dispone a salir. Reluctante. Pero no la dejo. Me doy la vuelta. Ella contra la cama. Quiere protestar. Pero ahogo sus protestar al embestir. Aún no se ha recuperado de su orgasmo.

–¡¡Aaahh!! ¡¡No!! ¡Kong! ¡Espera! ¡¡Aaaaah!! ¡Yu! ¡Traidora!

Yu no se queja. Esta apretada a mí. Sonriendo burlona a su hermana. Me ha susurrado que lo hiciera.

Yi no puede sino sujetarse a la cama. Su espalda arqueada. Su cabeza hacía atrás. Se tensa a cada embestida. Sus ojos cerrados. Tienes varios orgasmos pequeños, hasta que finalmente nos corremos los dos en una última explosión. Se queda sobre la cama. Exhausta. Recuperando la respiración. Yo lanzo a su hermana sobre ella.

–Tienes que cuidarla– le digo.

–No. Kong. Si haces eso. Yi seguro que…– intentan protestar Yu.

Pero no le hago caso. También tengo que darle a Yi la posibilidad de vengarse. No puedo tener preferencias. Las dos son muy sexys y apretadas. Y adorables.

La penetro por detrás. Con la hermosa vista de su culo ante mí. Su hermana la agarra.

–No… ¡Yi! ¡Déjame!

–Ni hablar– ríe ella.

Le pellizca los pechos mientras me la follo. No tarda en rendirse al placer. Como antes lo había hecho Yi. Son encantadores sus gemidos ahogados entre los pechos de su hermana, mientras está la molesta un poco. Su culo temblando a cada embestida. Su cabello rubio totalmente desmelenado.

La llevo a un orgasmo tras otro. Cada vez más excitada. Y yo también. La sensación del roce con las paredes de su vagina es demasiado estimulante. Sus gemidos, muy sensuales. Tener a las dos gemelas, irresistible.

Tras corrernos, caigo sobre ellas. Nos quedamos un rato en esa posición. Yi acaricia a su hermana el pelo, ahora con suavidad. Con mimo. Esta se acomoda en los suaves pechos de su hermana. Mis manos se mueven por las pieles de ambas. A veces nos besamos.

–No abuses mucho de Ma Lang– ríe Yi.

–Sé bueno con ella. O malo– ríe también Yu.

Las envío de vuelta, lamentando no poder pasar más tiempo con ellas. Con todas. Pero solo soy uno. Y mi tiempo es limitado


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