La noche anterior a la batalla entre Rudeus y los templarios, Carlise Latreia había regresado a su casa luego de unas semanas en el cuartel general templario y había vuelto muy cabreado.
—Mi señor, bienvenido —dijo el mayordomo.
—¿Dónde está mi esposa? —dijo Carlise Furioso
—Ella está tomando el té en el jardín.
—Ve a buscarla inmediatamente y dile que debemos hablar muy, pero muy seriamente.
—Sí, mi señor —dijo el mayordomo y fue a buscar a Claire. Cuando llegó con la condesa, Carlise habló bastante molesto.
—Déjame solo con mi esposa y salgan de la mansión.
—Lo que ordene, mi señor—una vez se marcharon, la condesa habló.
—¿Qué pasó, Carlise? ¿Sucede algo? .
—Deja de tomarme por un idiota, Claire. ¿Dónde está Zenith?.
—Estaba conmigo en el jardín tomando el té.
—Regresala inmediatamente con su familia.
—No lo haré, yo me haré cargo de ella. Zenith, en su estado, es una carga para su esposo y su hijo.
—¡MIERDA, CLAIRE!, cuantas veces te dije que no hicieras eso. No quiero que mi hija sea ultrajada de esa manera, aun si es que con eso va a recuperar la memoria. Prefiero que se quede en ese estado. ¿Dónde está ella? DÍMELO AHORA, si no regresas a nuestra hija a su familia, yo, yo, pediré el divorcio —.
—TE HAS VUELTO LOCO CARLISE—grito Claire desesperada ante esto.
Justo en ese momento, Zenith entró a la mansión, y vio a su padre ahí parado, luego de más de 20 años. Ella se acercó a Carlise, mirándolo a los ojos, y le acarició el rostro. Luego pasó su mano por la barba de su padre y sonrió.
Carlise no pudo ocultar sus sentimientos y rompió en llanto ahí mismo.
—¿Cómo puedes ser tan cruel y tratar de hacer eso con nuestra hija, que mierda pasa por tu cabeza Claire, tu no eres asi?
—No lo voy a hacer, Carlise —dijo Claire, llorando también—. No lo haré, te lo juro. Lo intenté, pero me repugna, no puedo.
—Escucha, ella debe regresar con sus hijos. El cardenal me dio un informe sobre Rudeus y el chico no miente: mató a la diosa del agua, en la guerra por el trono de Asura , por Dios santo. Y Aisha es triple avanzada; ella podría derrotar por sí sola a la mayoría de los caballeros. Ella ya de por si ya es un problema. Imagina a ese chico que rivaliza con tipos del rango divino, ¿porque le quitaste a su madre? .
—El chico quería abrir un negocio aquí, y es amigo del nieto del papa. Si lo relacionaban con el tratamiento que tenía planeado para Zenith, todos sus planes se irían a la basura, ademas no quice decirle sobre el tratamiento . Lo mejor para él, si es que esto sale a la luz, es que no esté relacionado conmigo. Por lo mismo, hice que me odiara y lo expulse de la familia ; no quiero a nuestros nietos en problemas por mi culpa.
—Escucha, amor, el cardenal permitió que Zenith sea revisada por la niña bendita. Mañana la llevaremos a mediodía a la catedral y ella la revisará. Si Zenith está consciente, se la vas a devolver a su hijo y harán las paces, ¿de acuerdo?
—Está bien, —dijo Claire, que cayó de rodillas llorando.
Esa noche cenaron los tres, y Carlise se sentía muy feliz al ver a su hija comer sola y ser independiente.
—Ella se ve bien, solo que no se comunica.
—Sí, por lo mismo he desistido del tratamiento que usó esa elfa para recuperar su memoria. Además, me recuerda y a ti también. Lo noté cuando te acarició y sonrió; conmigo hizo lo mismo cuando la volví a ver.
—Bien, hablaremos con nuestro nieto, y vas a pedirle disculpas, ¿entiendes? .
—No, yo lo hice por su bien, no debo disculparme por algo que hice en beneficio de mi familia.
—Deja de ser tan testaruda, y disculpate, ¿acaso no quieres conocer a nuestros bisnietos? yo sí, ademas quiero hablar con él personalmente.
—Ummmfff, el chico es idéntico a Paul. ¿Es cierto que el chico es amante de la reina de Asura, y el padre del príncipe bastardo? —preguntó Claire con mala cara.
—En ese momento, Zenith golpeó fuertemente la mesa, se paró, miró intensamente a los ojos a Claire y se fue a su cuarto.
—Creo que se molestó. Deja de criticar a su hijo —dijo Carlise. —Bien, como sea, mañana la llevaremos a la catedral y luego hablaremos con Rudeus —.
—Por cierto, Rudeus amenazó con secuestrar a la niña bendita cuando le quite a Zenith.
—Mmmm, ya veo, será mejor que no le digas eso a nadie, no quiero más problemas con el Cardenal.
—Therese lo sabe.
—Mmmmm, espero que no haga nada estúpido —pensó Carlise.
Al día siguiente, mientras estaban en la catedral, se toparon con un joven sacerdote del papa, que cuando vio a Zenith, ardió en rabia.
—Conde Carlise, Condesa Claire, ¿qué significa esto?
—¿Y tú quién te crees que eres, para hablarnos así? —dijo Claire.
—Soy el padre Cliff Gromoire. Señora Zenith, ¿está bien? —preguntó Cliff. —Zenith lo miró y le acarició el cabello al joven sacerdote. —Así que es verdad, secuestraste a la madre de Rudeus. Él está furioso, devuélvanle a su madre. Y usted, Conde Latreia, ¿no le da vergüenza hacer esto? Desde cuándo los abuelos le quitan la madre a un hijo, eso no es de creyentes de Milis.
—Silencio, ¿cómo te atreves? —dijo Claire.
—San Milis dijo que la familia está por sobre todo y esta mujer ya tiene una familia, un esposo, hijos y nietos que la aman. ¿Cómo se atreven a hacer eso? Esto es un pecado. San Milis jamás habría permitido un comportamiento como este, el dijo muy claro, la familia es lo más importante,. Como se atreven—decía Cliff muy molesto a tal punto que Claire agachó la cabeza.
—Escuche, padre —dijo Carlise, más calmado—. Yo me enteré anoche de esto y traje a mi hija para que la bendita vea sus recuerdos. No alejaremos a Zenith de su familia, le doy mi palabra.
—Rudeus está molesto, muy molesto. Él es mi mejor amigo, y créame que no lo queremos como enemigo de Milis.
El vino con la misión de integrar al sagrado pais de Milis a la alianza para cuando Laplace renazca, y ustedes, con este acto, están entorpeciendo esa misión. ¿Acaso no entienden lo grave de este asunto? ¿Por qué le han secuestrado a su madre?.
—Padre, ¿podemos hablar a solas? —dijo Claire, y Cliff la condujo a una oficina, mientras Carlise se quedaba afuera cuidando a Zenith.
En la oficina, Claire le contó todo a Cliff: por qué expulsó a Rudeus de la mansión , por qué secuestró a Zenith, la pelea, el tratamiento del que leyó, la elfa qué recuperó su memoria , todo. Cliff rápidamente se percató de que hablaba de lo que pasó con Elinalise, que también fue encontrada en un cristal.
Mientras Claire lloraba, Cliff le habló.
—Lo que haces es horrible, Condesa ; sin embargo, te has arrepentido a tiempo . No comparto lo que hiciste; sin embargo, lo hiciste por tu hija. Escucha, Perugius la revisó y yo fui testigo de eso. Ella está bien. Si quieres que San Milis te perdone, por este pecado , devuelve a esta mujer a su familia y reconcíliate con tu nieto.
—Lo hare, Gracias, padre —dijo Claire, mientras bajaba la mirada.
Al momento en que salían, y Cliff hablaba con ellos antes de pasar a la audiencia con la bendita, de pronto apareció Therese maltrecha.
—Hija, ¿qué te ha pasado? —preguntó Carlise, pálido.
—Fue Rudeus. Se llevó a la bendita. Rápido, hay muchos heridos, necesitamos ayuda —dijo, regresando al jardín .
—Querida, quedate aquí con Zenith —le dijo Carlise a Claire. —Padre, por favor, ayúdame —le dijo a Cliff, y junto con algunos caballeros de la catedral y más sacerdotes, acudieron rápidamente a los jardines. El escenario era de guerra, todo estaba destrozado.
—¿Qué sucedió aquí? —preguntó Carlise a su hija.
—Le conté al cardenal qué Rudeus habría dicho que secuestraria a la bendita si no le devolvían a Zenith y ordenó cortarle los brazos y sellarlos. Lo atrapamos en un círculo imperial, pero salió de ahí como si nada. No tenía espadas, aún así derrotó a los dos templarios santos del cardenal e hizo añicos a los guardianes de Anastasia, con técnicas del Dios del norte qué jamás había visto, peleando solo con un martillo . A mí me noqueó y, cuando desperté, la niña bendita había desaparecido.
—SON UNOS IDIOTAS —Le grito Cliff mientras curaba a los caballeros—. ¿Cómo pudieron pensar que derrotarían al hombre que rechazó ser el Dios de la muerte, y tal vez sea uno de los Dioses del norte o Reidar, en un futuro cercano? ¡MALDITOS IMBECILES ! —les gritaba Cliff.
—Como te atreves a hablar así a la capitana, le dijo "cabeza de basurero".
—¡Tú cállate, idiota!. Por tu culpa, la bendita no está. Rudeus no tenía planeado eso; él confiaba en ti —le dijo, apuntando con su dedo a Therese—. Lo traicionaste y ahora has puesto a la iglesia en una frágil situación con el Dios Dragón y el reino de Asura por tu irresponsabilidad , malditos estúpidos —gritaba Cliff mientras quitaba la espada de la pierna del caballero empalado en un árbol y lo curaba.
—Él jamás te va a perdonar, capitana —le dijo Cliff a Therese, provocando que esta desviara la mirada hacia su padre, que también la miraba decepcionado.
Therese solo agachó la cabeza, mientras lágrimas corrían por sus ojos.
Luego de curar a los caballeros, Cliff, como poseído, les dio un sermón. Unas horas antes estos hombre jamás habrían permitido que un cura del papa los sermoneara de esa manera, pero por los últimos eventos, solo agacharon la cabeza y lo escucharon en silencio.
Justo en ese momento llegó el cardenal.
—Como te atreves, tu un simple sacerdote, a hablarle así a los templarios, dijo ofuscado.
—Eminencia —dijo Cliff—.
—Serás castigado.
—Nadie castigará a nadie —dijo de pronto el papa Harry Grimoire. Quien había llegado acompañado del comandante de los caballeros blancos de la catedral .
—Su santidad —dijo el cardenal, haciendo una reverencia.
—Puede que esté debilitado en el juego de poder , pero sigo siendo el papa de la Iglesia, y lo que habéis ordenado , cardenal, al atacar a un general extranjero que venía en una misión diplomática, es una grave violacion a tratados internacionales, ruega que Rudeus no este informado ahora en la embajada de Asura de tu ataque.
—Pero, santidad, quería secuestrar a la bendita.
—Eso es falso, él no tenía esa intención; solo lo dijo por la rabia de que le arrebataron a su madre, —dijo mirando a Carlise.— Yo lo convencí de que hablara con la capitana Latreia, y ella lo llevó a una cobarde trampa, que imagino que no lo hizo por cuenta propia, ¿no, cardenal?—El cardenal solo desvió la mirada.
—"Comandante Nash Venit",— dijo el cardenal,— "cierre las salidas de la ciudad, busque a la niña bendita y mate al secuestrador", —gritó el cardenal.
El tipo lo miró con odio (ya que era un integracionista , puesto que su padre fue salvado por un demonio hace años) y se inclinó. Luego miró al papá, que le sonrió, y se marchó a cumplir la misión.
—"Será mejor que pasemos a una audiencia", dijo el papá, "y ver qué haremos por esta grave situación".— Y así entraron todos a la catedral....
.
Tomé a la niña bendita, desplegué un pergamino y me teletransporté al edificio de mercenarios. Ahí estábamos, frente a frente, sentados entre unos barriles y unos abrigos.
—Qué lindo lugar.
—¿Nunca has salido de la catedral?
—Muy pocas veces, solo para inquisiciones o peregrinaciones.
—Eso es triste, pero debo preguntar: ¿por qué saliste? Yo podría ser un asesino y ejecutarte ahora mismo.
—No lo eres, te he mirado a los ojos y sé que no lo eres. De hecho, había visto los recuerdos de uno de los guardias y vi que el cardenal ordenó hacerte una inquisición, así que había salido a parar eso. Pero cuando llegué, bueno, habías golpeado a todos. Por cierto, ¿están vivos?,¿ Cierto? .
—Eso creo, no los ataqué para matar.
—Te agradezco por ello, ellos son mis amigos.
—Escucha, bendita, debo salir y buscar a mamá, a Cliff, a mi hermana y unos amigos, y huiremos a la Sharia. Luego volveré para negociar tu regreso y un tratado de paz. Una vez calmados, regresarás. No te preocupes, estarás bien, no te haré ningún daño.
—No es necesario, simplemente llévame como tu rehén a la catedral y exige ver al Papa.
—¿Por qué me ayudas?
—Bueno, me agradas, eres mi amigo, me hiciste esa hermosa figura y me hablaste de Eris. No quería que mis amigos se pelearán entre si.
—¿Estás segura de que es por eso?
—La verdad es que te debo la vida.
—¿De qué hablas? Apenas te conozco hace unas semanas.
—Sí, pero tú salvaste a Eris con ese Superd, y la trajeron a Milis, y ella salvó mi vida. Así que tanto tú como ese guerrero Superd también me salvaron. Les debo esto, y San Milis siempre nos observa y él dice que debemos pagar nuestras deudas.
—Ya veo.
—Tú no desvías la mirada cuando miras a mis ojos.
—No tengo nada que ocultarte, no soy un Milis.
—¿Puedo mirar?
—Mmmm, siéntete libre,— dije, y ella me empezó a mirar fijamente.
—Vaya, Eris, te abandonó. Estuviste muy triste. Mmmm, veo que le rompiste el corazón a esa chica rubia, pero veo que te disculpaste y te perdonó. Vaya, con dos chicas ferales.
—Fueron solo besos, —dije.
—Ya veo, te casaste, así que ahí rescataste a tu mamá, con razón la amas y la proteges tanto . Así que tienes dos esposas, —dijo con una vos de reproche, ¿en serio, con las dos al mismo tiempo?.
—Oye, seguro ya has visto eso cuando el cardenal te obliga a espiar los pensamientos de los curas y obispos opositores .
—Bueno, sí, pero en serio, sexo con dos mujeres, por san Milis.
—Pffff, eres peor que Cliff.
—Así que ese es el Dios humano, es malvado, te hizo pelear con Orsted. Ya veo, Eris regresó, fuiste a Asura, esa mujer, la reina, te ama, vaya, qué raro.
—¿Qué sucede?.
—Cuando trato de ver tus recuerdos con ella, veo blanco, es decir, como si no recordarás muchas cosas de ella.
—Mmmmm, qué raro, yo recuerdo todo lo que pasé con Ariel.
—En fin, mataste a Aubert, vaya, has matado a mucha gente.
—Sí, pero todos eran malos.
—Lo sé, los envió ese ser maligno.
Oh, por Dios, otra esposa, vamos amigo, cuatro mujeres, por san Milis, los Asurano son muy liberales.
—Ya te dije que no soy un Milis, y ahí es normal, hay muy pocos hombres, por cada mujer, y de hecho hay muchas mujeres que tienen vida de pareja con otras chicas.
—Lo sé, San Milis acepta las relaciones entre el mismo sexo, pero aggggggj, en serio, los cuatro juntos, ¿y Eris hace eso? Bueno, al menos se nota que se aman todos.
—¿Ya viste Todo, contenta?.
—Sí, salvo por tus orgías sexuales, pero eres una buena persona y un buen padre y veo que tu misión es hacer aliados para enfrentar a Laplace para que Orsted mate a ese ser maligno.
—así es, un segundo ¿como Therese se entero que dije que te secuestraria cuando discutí con Claire? .
—Esas fueron órdenes del cardenal.
—¿Cabe la posibilidad de que el papá o el cardenal sean apóstoles del hombre Dios? .
—No, eso llevaría a la ruina a la Iglesia. Puede que su santidad no sea buena persona, pero jamás le haría caso a una deidad así, y el cardenal tampoco.
¿Tal vez el papa le llevó el chisme al cardenal con algún caballero para que yo me deshiciera de él? . Mmmm, al diablo lo que sea. Un segundo , si eres del bando del cardenal, ¿no se supone que odies a los demonios?.
—No los odio, simplemente estoy en el bando del cardenal desde que soy una bebé, y ellos me protegen.
—Escucha, si él cardenal se vuelve papa...
—Lo sé, se va a deshacer de mí.
—No lo permitiré, le dije—, haciendo que me sonriera. —Oye, ¿puedes curar a mi mamá si ves sus recuerdos?
—No, lo siento, solo puedo ver recuerdos. No leo la mente y no sé qué estás pensando ahora, solo veo tus acciones pasadas, yo no puedo curar.
—Ya veo, eres un detector de mentiras.
—Jejeje, así es, ya es hora llevame a la catedral como tu rehén, y te ayudaré a solucionar esto lo juro por san Milis.
—Y, ¿qué hay de los templarios? ¿Y si nos atacan?.
No lo harán si te ven conmigo. Créeme, soy muy valiosa, ademas acabaste fácilmente con los guardianes de Anastasia, quienes son los más fuertes de la orden tenplaria .
—¿Esos mequetrefes? ¿Qué hay de los caballeros expedicionarios y los caballeros de la catedral?.
—Esas órdenes militares no sirven a la iglesia, sino al santo país de Milis.
—¿Y los caballeros sagrados?
—Son de la facción del papa y sirven en las fronteras; ellos y los expedicionarios no están aquí.
—Bien, si tienes razón, será mejor solucionar esto. Me preocupa Aisha, Geese y Wendy ahora mismo.
—Vamos, entre más rápido, mejor —dijo la bendita.
Así que tomé mis espadas y mis dagas mientras estaba ahí y colgué el Mjolnir en mi espalda.
Así salí armado de pies a cabeza de la sede de mercenarios, con la bendita a mi lado. En lo que a mí respecta, iba a la catedral, preparado para la guerra.
—Deberías tomarme del brazo para que parezca tu rehén.
—Oh, cierto —dije, tomándola de su brazo—, las calles están vacías, ¿no crees?.
—Los caballeros deben haber cerrado los accesos a la ciudad—decía la bendita.
—Por cierto, ¿Cómo te llamas?
—No tengo nombre.
—¿Y tus padres?.
—No los recuerdo, solo recuerdo estar siempre aquí acompañado de los caballeros y Therese.
—¿Tienes novio?.
—No, me dijo sonrojada, tomando una postura muy infantil.—Creo que nunca lo tendré—dijo con una mueca de sonrisa, ocultando su tristeza (pobre mujer) .
—Los caballeros parecen muy apegados a ti.
—Oh, sí, de hecho, hay varios enamorados de mí; uno de ellos es Ghost, el del casco de calavera.
—Mira tú, te lo tenías guardado, ¿eh?.
—Sí, hay muchos que me aman en secreto. Nunca me lo han dicho, pero lo veo en sus pensamientos; algunos tienen fantasías algo sucias conmigo.
—Jajajajaja.
—Deja de reírte, —me dijo, algo enojada.
—Lo siento, es que no me imaginé a esos tipos con esos pensamientos. Por cierto, ¿no deberías denunciarlos?
—No, claro que no. Es natural que tengan esos sentimientos; ellos jamás me harían daño y son mis amigos. No quiero que me los quiten.
—Entiendo, —le dije. —Diablos, esto me da mala espina; puede que nos estén haciendo una trampa.
—Ya te dije que si me llevas de rehén, no se atreverán a atacarte.
—Caminamos un poco más y, cuando faltaba un poco para llegar, fuimos avistados por un templario. —LA NIÑA BENDITA HA REGRESADO, RUDEUS VIENE CON ELLA—grito poniendo en alerta a toda la orden y los caballeros de la catedral que también estaban ahí.
Rápidamente, mientras llegábamos al frente de la catedral donde está la entrada principal, fuimos rodeados por caballeros templarios, mientras los caballeros de la catedral resguardan la entrada de esta.
—¡RUDEUS, MALDITO! ¿CÓMO TE ATREVES A TOMAR A LA NIÑA BENDITA? ¡DESGRACIADO PAGANO, HEREJE! ¿CÓMO TE ATREVES A TOCARLA? NI SIQUIERA YO LA HE TOCADO—Dijo uno de ellos, un comentario bastante raro, si me preguntan .
—Vaya, eso es algo raro para estar enojado, ¿no crees? —le dije a la bendita.
—Ese es el de las fantasías sexuales conmigo.
—Oh, ya veo. Será mejor hablar —dije, así que empecé a elevar la voz—.
—SOY EL GENERAL RUDEUS GREYRAT, EXIJO HABLAR CON SU SANTIDAD SOBRE EL COBARDE ATAQUE CONTRA MI PERSONA . TRAIGO A LA NIÑA BENDITA COMO PRUEBA DE QUE VENGO EN PAZ . SIN EMBARGO, SI NO SE ME ESCUCHA, NO PUEDO GARANTIZAR SU SEGURIDAD.
—¿Eso estuvo bien? —le pregunté a la bendita.
—Sí, solo mantente cerca de mí.
—¿CÓMO TE ATREVES? —dijo de pronto uno de los caballeros que desenfundo su espada .
—¡NO TE ATREVAS! —le grité, mientras tomaba a la bendita del brazo y la acercaba a mí.
Esto valió que rápidamente los caballeros desenfundaran sus espadas, yo también desenfundé mi sable. Este acto puso muy nerviosa a la niña bendita, y rápidamente los templarios guardaron sus armas, es tal como ella dijo estos idiotas jamás harán nada que pueda hacerle daño.
—Vamos, ¿qué hacen, MATESMOLO? —grito un templario, arengando a sus compañeros—. Ya no debe tener maná y somos cientos, y él es solo uno; no podrá con todos.
—Estas demente,— le dijo uno de sus compañeros,— tiene a la niña bendita y humillo a los guardianes de Anastasia.
—¿Él es un apóstol?—pregunte a la bendita por el agitador.
La niña bendita lo miró y lo negó.— No solo es un templario leal a su santidad.
—Ya veo —dije mientras guardaba mi sable y tomaba el Mjolnir, lanzándoselo al agitador, dándole en el pecho y destrozando su armadura. El golpe lo lanzó contra un pilar y quedó inconsciente, mientras el Mjolnir regresaba a mi mano ante la mirada estupefacta del resto de caballeros, que empezaron a murmurar entre ellos.
—¡ESCUCHEN, LES REPETIRÉ , IDIOTAS!. EXIJO VER AL PAPA. FUI ATACADO COBARDEMENTE Y ESTOY FURIOSO. Y NO SOLO ESO, EXIJO DE REGRESO A MI MADRE Y HARÉ DE ELLA UN PROBLEMA DE MILIS. ¿QUIÉN SE CREEN QUE SOY? .
SOY EL COMANDANTE EN JEFE DEL EJÉRCITO DEL DIOS DRAGÓN Y SU REPRESENTANTE LEGAL —dije mostrando mi brazalete—. ESTABA AQUÍ EN MISIÓN DIPLOMÁTICA, BUSCANDO UNA ALIANZA CONTRA EL PRONTO RENACIMIENTO DE LAPLACE, CUANDO FUI EMBOSCADO. EXIJO UNA EXPLICACIÓN Y UNA COMPENSACIÓN AHORA; DE LO CONTRARIO, YO, COMO COMANDANTE DEL EJÉRCITO DE ORSTED, CONSIDERARÉ HOSTILES A LAS ÓRDENES MILITARES DE MILIS Y, NO SOLO ESO, LOS CONSIDERARÉ COMO SECUACES DE LAPLACE .
Esto último, al parecer, los descolocó, pero nadie dijo nada; todos estaban pálidos mirándome.
—¡Rápido, háganse a un lado! —gritó de pronto un tipo, que resultó ser uno de los caballeros de Anastasia, Procesión funebre—. ¿Qué demonios hacen rodeándolo? ¿No ven que esta con la niña bendita?
—¡A un lado! —gritó de pronto Therese, que cuando me miró, bajó la cabeza. Junto a ella había un hombre de unos 55 años, con una armadura más elaborada y con símbolos de la iglesia; obviamente, era un pez grande.
—¿Tú quién eres? —le grité al caballero mayor.
—Soy Carlise Latreia, comandante en jefe de la orden del templo.
—Soy Rudeus Greyrat.—El tipo me miró con sospecha mientras Therese le decía algo.
—Rudy, preséntate como corresponde a tu abuel...
—¡SILENCIO! —Le dije apuntando la con el dedo—¿ Y ELLA QUIÉN SE CREES PARA HABLARME ASÍ? SOY GENERAL Y ELLA ES SOLO UNA CAPITANA, QUE ESA MUJER NO ME VUELVA A DIRIGIR LA PALABRA.
Carlise miró a Therese, que tenía los ojos llorosos, y luego volvió a mirarme, con algo parecido al orgullo en sus ojos, hizo una mueca de sonrisa y finalmente me habló.
—General Greyrat, disculpe nuestra educación, ustedes , déjenlo pasar. Gritó a los templarios que se hicieron a un lado,— y llegue junto a ellos y entramos a la catedral
Mientras los caballeros me abrían paso, llegué junto al Comandante Latreia.
Cuando entrábamos a la Catedral, rápidamente nos vimos escoltados por los caballeros de Anastasia y Therese, esta última, estaba junto a Carlise.
Empezamos a caminar por unos pasillos que parecía un laberinto.
—Oye, bendita, este camino es muy laberíntico, ¿no crees?
—Así es, fue construido así para que su santidad y yo podamos escapar ante un ataque.
—Ya veo —dije mientras los idiotas se derretían en cumplidos por la niña bendita, que ya la debe tener peludita porque tiene casi mi edad.
—Veo que los curaron, y recuperaron sus dientes —les dije a los caballeros, que ya no se mostraban agresivos contra mí y se sobresaltaron ante este comentario, de hecho podía ver que Ghost y cabeza de basurero me tenían miedo, por cierto todos iban sin casco, y todos son feos, de hecho procesión fúnebre es el por así decirlo el más guapo, y el más feo, el cabeza de basurero, algo como una mezcla entre Frank Ribery, con los ojos de Mezut Ozil, pero verdes , para que se hagan una idea .
—¿Cuánto falta? Ya llevamos caminando por minutos—dije .
—Falta poco —dijo cortantemente Carlise.
—Más te vale, si me están llevando a una trampa, los haré pedazos —dije mientras la electricidad chisporroteaba del Mjolnir.
—Comandante, no sea maleducado con él; tiene a la bendita en su poder y esta vez viene con sus espadas —empezaron a protestar los guardianes—. Mire cómo dejó mi armadura de caballero,— mire a procesión fúnebre. Solo le dejó sus espinilleras; cortó su armadura sagrada y su espada solo con sus manos. —¿Y si, por su irrespetuosa respuesta, le hace algo a la bendita?
Los quedé mirando, algo sorprendido por esta reacción. ¿Realmente me tienen tanto miedo? Bueno, les di la paliza de su vida, pero su actitud es muy humilde ahora y de mucho temor por la bendita.
—¡Ya cállense! —les gritó Therese, mientras Carlise se dio la vuelta y me miró a los ojos. Lo miré bien; tiene cierto aire a mamá, sobre todo en sus gestos y su sonrisa, cuando Zenith estaba sana. El tipo es unos centímetros más bajo que yo, pero más corpulento. Me da la impresión de que este tipo no es como los típicos nobles de cuna que he conocido; me da la sensación de que este tipo si sabe que es estar en los pantalones de la gente común .
—Ya falta poco, Rudeus —me dijo de manera más amable.
—Está bien, eso espero. Odiaría tener que volver a golpearlos.—los amenace. Ya a estas alturas luego de todo lo que había pasado, ademas de la traición de Therese, ya todo me daba lo mismo.
Solo caminamos un poco más y llegamos a una gran puerta donde Carlise hizo una pequeña oración y habló.
—"Su santidad, he venido con el general Greyrat y la niña bendita."
—"Háganlos pasar,"— se escuchó que decían tras la puerta.
—"Adelante," —me dijo Carlise y entré tras el, mientras tomaba del brazo a mi nueva amiga. Dentro, nos topamos con una gran cantidad de peces gordos: estaba el papa Harry, Cliff, un tipo regordete vestido como el papa que asumo que debe ser el cardenal (pensé que vestían de rojo como en la iglesia católica), un caballero de armadura blanca y un parche en el ojo, varios obispos, caballeros templarios de alto rango, y ahí en medio de ellos, estaba sentada la maldita vieja fósil viviente de Claire, que me miraba fríamente como siempre. Solo de verla, electricidad recorría mi cuerpo, pero ¿qué diablos hace esta mujer aquí?. Pero esos pensamientos desaparecieron cuando vi a mamá,sentada al lado del maldito T-Rex, con su mirada perdida mirando el techo.
—"MAMÁ," —dije en voz alta mientras me acercaba a ella con la bendita aún sostenida a mi lado .
—"Espere, Rudeus," —me dijo el papa con voz amable, —"por favor, tomen asiento."—dijo dándome una cálida sonrisa, sin embargo ya no confío en nadie en esta sala, salvo por Cliff y la bendita, Therese, que era mi familia me traicionó, así que no confío en nadie.
Apreté el agarre del brazo de la bendita y me senté con ella, mientras miraba a mi alrededor. Si estos imbéciles planeaban algo, usaría la gravedad; tomaría a mamá, a Cliff y a la bendita, y saldría con magia de gravedad, tal como escapamos del laberinto de la biblioteca. Me llevaría a Aisha, Geese, Wendy y Huiriamos a la Sharia, y la próxima vez vendría con Eris, Zanoba y Paul para obligar a estos idiotas a bajar las tensiones por la fuerza.
Mientras miraba alrededor haciendo el plan de escape,, mis ojos se clavaron en los de Claire, quien desvió la mirada al ver mi expresión de profundo odio. Quería a mi madre de regreso.
—Es bueno que estén todos reunidos; así será más rápido —dijo de pronto la bendita, sacándome de mis pensamientos—. Así veré quién es enemigo y quién no.
—Bien, empecemos con esto —le dije susurrándole mientras tomaba aire y empezaba a hablarles a todos estos tipos—.
— Creo que ya todos saben quién soy, pero por si lo olvidaron, lo repetiré; soy el General Rudeus Greyrat, Comandante en jefe del ejército del dios dragón Orsted y su representante Legal, dijo volviendo a mostrar mi brazalete .
El dios Dragón Orsted , como sucesor del Dios dragon Urupen, ha previsto el renacimiento de Laplace dentro de 80 años y ha encomendado a sus generales hacer alianzas por el mundo, para que esta vez la humanidad y las otras razas estén unidas ante él y así salvar innumerables vidas. Por eso fui enviado aquí en una misión diplomática, con la tarea de establecer una alianza con el santo país ; sin embargo, me he visto atacado sin provocación alguna . Esa mujer,— dije apuntando a Claire, —secuestró a mi madre, y no conformes con eso, el cardenal ordenó cortar y sellar mis brazos a esa mujer que esta ahí, —dije apuntado a Therese, quien agachó la cabeza—. Me vi en la obligación, de protegerme y darle un paliza a sus guerreros más fuertes, después de eso me lleve a la niña bendita conmigo; sin embargo, aquí estoy con ella, en señal de que no planeo hacerle daño ni a ella ni a nadie. Aunque, si ustedes planean seguir intentando atentar contra mí vida , la de mis amigos, —dije mirando a Cliff,— o mi hermana que están aquí en la ciudad, no podré asegurar la seguridad de esta mujer, —dije apuntando a la bendita , mientras daba un chasquido con los dedos y electricidad salía de la punta de mi indice, formando una esfera azul de puro plasma eléctrico que emitía el sonido característico de la electricidad.
—"En caso contrario, con la autoridad que me ha dado el Dios dragón Orsted, no tendré más remedio que declarar a la iglesia y al reino de Milis como secuaces de Laplace, y declarar el estado de guerra entre las fuerzas del Dios dragón y la Iglesia de Milis, y comenzar acciones bélicas contra las órdenes expediciónarias y misioneras del santo país de Milis en los reinos que son miembros de la alianza contra Laplace, la cual incluye al reino de Asura y los países nórdicos.
Así que, exijo la devolución inmediata de mi madre, que es una mujer casada bajo las leyes de Asura, una disculpa de ese tipo, por atentar contra mi persona y hacerme usar la fuerza —dije apuntando al cardenal, —y una compensación económica.
"Si entran o no a la alianza, ya me da lo mismo; si quieren enfrentar a Laplace solos y caer, ya es problema de ustedes. No intervendremos para auxiliar a Milis, cuando Laplace renazca" .—dije finalmente mirando a los ojos del cardenal que se veía tranquilo pero sus escalofríos delataban su miedo.
—Espere, General —dijo el papa—. El atentado contra su vida no fue obra del país de Milis ni de la iglesia, sino solo de un sector. Jamás esta iglesia y país rechazarían una alianza contra el enemigo jurado de la humanidad y a pesar de ser integrador, quiero que sepa que la iglesia de Milis sea quien sea quien este al mando jamás se aliaria con Laplace .
Pero antes de debatir, porque no nos presentamos primero, hay mucha gente aquí que usted debería conocer — dijo mirando a Cliff,quien se puso de pie y me miraba nervioso.
—Soy el padre Cliff Grimoire, nieto del papa Harry Grimoire. Nos presentaremos uno a uno; empecemos por usted, eminencia, —dijo dirigiéndose al cardenal, un tipo regordete de unos 50 años.
—Soy el cardenal Le Blanc (sí, casi todos en Milis tienen apellidos franceses; la diferencia es que en Milis se bañan). Soy ayudante de su santidad —dijo con una sonrisa amable y volvió a sentarse.
Me causa curiosidad; él y el papa tienen una sonrisa amable, voz suave y dan la impresión de que son muy buenas personas. Sin embargo, es una fachada. No me extrañaría que el papa sea quien me delató cuando dije que podría secuestrar a la bendita, y el cardenal había ordenado matarme, cayendo en el plan de Papa que es deshacerse de el. Aunque ahora el cardenal parecía estar intimidado por mi presencia.
—Comandante, es su turno —dijo Cliff.
—Me llamo Belmont Nash Venit, comandante de la compañía Flecha de los Caballeros de la Catedral.
—¿Nash Venit? Disculpe, ¿Qué es usted de Galgard Nah Venit? —pregunté.
—Él es mi padre, es comandante de los Caballeros Misioneros.
—Ya veo, su padre me ayudó a mí y a unos amigos hace años para poder partir al continente central, —le dije al tipo, que me miraba sin expresiones. Tenía una cara dura, llena de cicatrices y con un parche en un ojo. Luego me presentaron a otros comandantes y capitanes de las órdenes de la catedral y del templo, unos obispos, hasta que llegamos a la maldita momia.
—Lady Claire, podría presentarse —le dijo Cliff.
—Soy la condesa Claire Latreia, y ella es mi hija Zenith Latreia. Ruego disculpen su educación, pero ella está enferma y no puede expresarse —dijo y luego volvió a tomar asiento.
—Bien, ya que todos estamos presentados —dijo el papa—, quisiera saber qué fue lo sucedido —dijo, mirándome a mí.
—Lo que ya les dije: traje a mi madre para que viera a su familia, y esa mujer —dije, apuntando al maldito dinosaurio— la secuestró. Sí, lo admito, estaba invadido por la ira, fui a recuperarla y esa mujer negó que estuviera con ella, obviamente mentía . Dije que secuestraría a la bendita, producto de la rabia , pero mis amigos me dijeron que no lo hiciera.
Así que decidí confiar en esa otra mujer, a quien creía una amiga —dije, apuntando a Therese. —Cuando tuve noticias de que esa anciana iba a casar a mi madre con otro tipo, y sabiendo la condición de mi madre, ademas de que ya está casada con mi padre por las leyes de Asura, decidí venir a hablar con esa tipa. Ella me encerró en un círculo imperial, según ella, por órdenes de ese sujeto —dije, apuntando al cardenal. — Ya me habían prohibido portar mis armas, así que se aprovecharon de eso y me emboscaron cobardemente, y me hicieron un juicio ilegal, donde estaban también 2 espadachines santos del cardenal. Así que no tuve más opción que defenderme ; sin embargo, no los maté, solo les di una paliza.
—Ya veo —dijo el Papa—, pero ¿por qué secuestraste a la niña bendita?
—No la secuestré, ella vino por su propia voluntad conmigo.
—¿Es eso cierto, niña bendita? —preguntó el Papa.
—Así es, miré a Rudeus a sus ojos y vi que él no es malvado, solo estaba preocupado por su madre y sus amigos, así que decidí ayudarlo.
—Ya veo —dijo el Papa, sonriendo.
—Comandante Nash Venit —dijo el pontífice —, ¿por qué se le hizo venir?
El tipo en armadura se puso de pie y miró al cardenal con cara de odio.
—Estoy aquí porque el cardenal me ordenó traer el cadáver de quien había secuestrado a la niña bendita. Según sus órdenes, Rudeus Greyrat planeaba asesinar a la niña bendita; sin embargo, el general se encuentra aquí con la bendita sana y salva, alegando que fue emboscada por los guardianes de Anastasia por órdenes del mismo cardenal. Ahora está aquí, furioso, exigiendo el regreso de su madre. En vista de esto, yo, como comandante de la compañía Flecha, mantendré a la orden de la catedral Neutral en este asunto, dijo, mirando al cardenal y tomando asiento. El papa se veía sonriente.
—Eminencia, ¿podría usted explicar por qué tomó esa decisión unilateral contra un general del Dios Dragón y el representante de este?
La pelota con sotana se puso de pie, mientras daba una amable sonrisa.
—Se me informó que él pretendía secuestrar y asesinar a la niña bendita, aprovechando su parentesco con la capitana de los guardianes de Anastasia, así que ordené su detención.
—Pero eminencia, el general está aquí con la bendita sana y salva y ella no vio maldad en él.
—Bueno, supongo que mi informante exageró un poquito.
—¿Y quién le dio el informe? Eminencia.
—Fue la capitana Therese . Me dijo que los guardias de la familia Latreia siguieron al General Greyrat por órdenes de la condesa y lo escucharon planear un secuestro.
"Maldita perra, pensé; el maldito T-Rex fue quien me delató. Ella debió mandar a esos idiotas a vigilarme y me escucharon. Y esa perra de Therese, la muy maldita, ¿por qué no habló conmigo primero? La malparida puso a ese maldito cardenal por sobre su propia familia, y así decía quererme, odio cuando dicen palabras de amistad para después apuñalarme por la espalda ".
—Ya veo —dijo el papa—. Sin embargo, eminencia, su precipitación nos ha puesto en un grave problema.
—Solo actué en consecuencia del informe recibido, su santidad. Nuestra misión es proteger a la bendita.
—Pero eso debió discutirlo conmigo eminencia, soy el santo padre y usted tomo una decisión muy mala . Escuche, Rudeus, la Iglesia de Milis evaluará la alianza con el Dios dragón y la alianza , ademas veremos el tema del libro y la figura. Pero créame que jamás estaríamos en contra de una alianza contra Laplace.
—Entiendo —le dije. —¿Bendita, alguno es apóstol?.
—No, nadie —me dijo, susurrando.
—En cuanto al tema que nos trajo aquí, todo esto es consecuencia de las acciones de los Condes Latreia, —dijo el papa— Al parecer, todo esto es su culpa. ¿Tienen algo que decir? .
Ellos se miraron a los ojos y luego miraron a Zenith.
—"Esto fue obra de mi esposa, yo no tengo nada que ver",— dijo Carlise, tirando a la vieja a los leones, debe tenerlo muy aburrido la maldita momia y debe pensar que así se deshará de ella. —Sin embargo, como jefe de familia, asumo toda la responsabilidad, y quiero pedir que solo nosotros dos seamos castigados y nadie más. La familia Latreia no tiene nada que ver con esto",— dijo Carlise, tratando de dejar fuera de esto a Therese y sus otros hijos.
—"Y usted, condesa Latreia, no tiene nada que decir en su defensa",— dijo el papa.
Claire se quedó en silencio, enfurruñada como una niña malcriada.
—Su silencio se considerará una admisión de culpabilidad. ¿No dirá nada?
Pero Claire se mantuvo en silencio.
—En ese caso, se le considera culpable y a Lord Carlise como su colaborador. Usted, Lady Claire, será castigada y Lord Carlise deberá asumir su responsabilidad al no detenerla. ¿Eso está bien para ti, Rudeus? , —me dijo el Santo Padre.
¿Qué hay de Therese y ese tipo? —dije, apuntando al cardenal—. Ellos intentaron cortarme los brazos y ordenó asesinarme. ¿Por qué ellos no pagan? .
Cuando dije eso, el cardenal estaba sudando, tratando de mantener la compostura.
—El cardenal solo siguió el protocolo según el informe que le dio la capitana, el cual vino de un informe que le dio la condesa; actuaron para proteger a la niña bendita, sin embargo el se salto El protocolo al no informar a mi y a los obispos y veremos su situación en otro momento (Mmmmm seguro sale impune de polvo y paja) .
Miré al Papa y dije:
—Espero que no me esté usando para sus disputas políticas. Si bien soy amigo de muchos demonios, eso no quiere decir que me puedan usar para sus intrigas internas. Además, esos demonios de los que soy amigo fueron todos opositores y son enemigos jurados de Laplace.
El papa tragó saliva y sonrió.
—Por ningún motivo, Rudeus, yo solo quiero que sigamos siendo amigos y mantener una relación cordial con el Dios Dragón, el rey dragón Perugius y el reino de Asura.
—Entiendo; en ese caso, no me importa lo que pase con esas personas,— dije, mirando a Claire y Carlise. Este último pude verlo algo triste por mis palabras, lo que me hizo recapacitar. —Sin embargo, el conde Latreia no debería asumir la culpa por los pecados de su esposa y su hija menor.
—Entiendo; aun así, según nuestras leyes, debe recibir algún castigo por no detener a su esposa, aunque le aseguro que no perderá su posición, me aseguró el papa.
—Está bien, si esa es la ley,— dije.
—En ese caso, lady Claire se le condena a una pena de 10 años de cárcel por incitar al caos nacional, secuestro del familiar de un general del Dios Dragón en misión diplomática; sus acciones llevaron a poner en peligro a la niña bendita.
—Diez años —dije, impresionado.
—Así es, ella causó muchos problemas con esto; además, casi llevan al país a un conflicto internacional. Diez años es misericordioso.
—No está muy mayor para cumplir esa pena de prisión.—le dije al papa
—Podría estar en la cárcel un tiempo y después cumplir pena de prisión domiciliaria.
—"Si está bien, mientras mi madre regrese conmigo y nuestra familia, está bien", dije.
— "Alguien se opone", dijo el papa.
—"Sin protestas", dijeron todos.
—Bien, Lord Carlise, usted estará a cargo de un juicio formal contra su esposa, en los próximos días, y la condena se dará a conocer a todos los participantes de. Esta reunion. Comandante Nash Venit, arreste al conde y a la condesa y póngalos en resguardo.
Rápidamente, varios caballeros de la catedral se acercaron a Carlise y le pusieron esposas ante la mirada de Therese, que fruncía el ceño.
—Condesa, por favor, no haga difícil esto, le decía Belmont.
—Yo, yo... —decía la vieja que temblaba y cuyos labios apenas emitían palabras; su rostro se veía gris, tenía miedo. Pero me importaba un carajo. Lo que molestaba era que Therese y el cardenal salieran impunes.
—Vamos, Lady Claire, por favor —le decía Belmont cuando, de pronto, alguien se paró y se puso entre él y Claire. Belmont se hizo hacia atrás y sacó su espada, solo para ver una daga estuviera flotando a unos centímetros de su cara.
La que se había puesto frente a él era mamá, y cuando sacó la espada, de inmediato envié mi daga con gravedad.
—"Tú le tocas un pelo a mi mamá y te dejo ciego", —le dije mientras me miraba asombrado y guardaba su espada, cuando hizo eso, a traje mi daga hacia mí y la guarde también.
—"Mamá, ven conmigo", —le dije, pero ella se quedó estoica, cuidando a Claire con ambos brazos abiertos.
De pronto, me topé con la mirada de Cliff, que se veía nervioso y, a la vez, enojado por algo. No sé qué mierda pasó aquí, mientras estaba con la bendita en el distrito aventurero, pero tengo la sensación de que. Estoy perdiendo de algo, por las caras que tienen la bendita y Cliff, además de la actitud de mamá, protegiendo a Claire.
—"Ya basta",— gritó de pronto Cliff, poniéndose entre Nash Venit y mamá—"Esto es un burdo espectáculo. ¿Cómo pueden castigar así a una anciana, solo por amar a su hija? San Milis nos castigará por esto."
—"¡CÁLLATE!", —le gritó el cardenal. —"¿Cómo te atreves tú, un simple sacerdote, a hablar por San Milis?"
—¿Acaso esto es voluntad de San Milis? , un marido despreciando a su esposa y su hija quedándose para defenderla.
—Ella no es una niña; es una mujer adulta y está fuera de sí.
—Un niño siempre será niño a los ojos de un padre,— dijo Cliff, callando al cardenal.
—Comandante, arreste a ese tipo —dijo el cardenal, apuntando a Cliff.
—USTEDES LE TOCAN UN PELO A CLIFF O A MI MADRE Y LO VAN A LAMENTAR —grité, provocando que el cardenal se encontrara con mi mirada y empezara a temblar al verme ahí de pie mientras concentraba maná en mis manos.
El cardenal se sentó y los caballeros templarios siguieron en su posición.
Cliff tenía los ojos encendidos, como cuando nos sermoneaba en la universidad o cuando me casaba con otra chica, pero esta vez podía verlo indignado como nunca lo había visto.
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