Connor quería taparle la boca con su mano, pero no lo hizo porque el extranjero hacía de su guardia. No debería estar diciendo esto ahora, cuando el rey ya estaba molesto por ello y el capitán de la guardia les había advertido que señalaran a cualquiera que hablara sobre esclavos.
—Creo que podría haber algo mal contigo. Has venido al lugar indicado ya que tenemos un médico cerca que puede ayudarte. Sígueme —dijo Connor, caminando alrededor de su mesa para liderar el camino.
Había demasiados observando y escuchando lo que se decía para que él pudiera advertir a Rosa que tuviera cuidado con lo que hablaba y a quién se acercaba. El rey no iba a permitir que nadie arruinara la tregua que estaba ocurriendo. Personas como ellos eran fáciles de descartar.